Notas de Autor al final del capítulo


La respiración de Maura fue tranquila y constante hasta que sintió cálidos labios sobre la cicatriz en su bíceps. Maura ronroneó cuando sus sentidos comenzaron a despertar y sintió el calor del cuerpo apegado a su espalda y una mano que se deslizaba lentamente por su costado hasta descansar sobre el abdomen.

-Buenos días -dijo Jane en voz baja, apoyándose sobre el codo, observando la sonrisa que comenzaba a formarse en los labios de Maura.

-Hmm eres tan cálida. -Apenas había espacio entre sus cuerpos, pero Maura se apoyó aún más en ella, cerrando los ojos al sentir dedos bajo su mentón que movieron su cabeza lentamente para luego sentir suaves labios sobre los suyos.

-Me está agradando mucho ser despertada de esta forma -confesó al sentir que los labios de Jane volvían a rozar la cicatriz.

-Concuerdo.

-¿Qué tan puntual es tu madre?

-Menos que tú. ¿Qué está proponiendo, Doctora Isles? -susurró con una sonrisa en los labios a la vez que Maura se giraba para rodear su cuello.

Jane apartó la mirada de aquellos ojos claros para mirar el reloj sobre la mesita de noche. Maura lo notó y su risa hizo que Jane volviera a mirarla, divertida.

-Tendrá que ser rápida, detective.

Maura ahogó una risa cuando Jane se movió rápidamente, desapareciendo debajo de la sabana.


Frankie y Jane se apoyaron en la puerta del conductor de la camioneta, mientras miraban a las tres mujeres saludarse entre sí con abrazos y besos en las mejillas.

-¿Estás seguro de que no quieres venir? -preguntó Angela mirando fijamente a su hijo.

-Segurísimo. Esto es cosa de ustedes. Además, si nos quieren sorprender con algún regalo no podemos estar presente -guiñó y Diana sonrió de vuelta.

-Recuerda llamarme cuando estén listas para volver -le recordó Frankie a su madre que puso los ojos en blanco.

-Para nada -dijo Angela y miró a las dos mujeres a su lado-. ¿Les parece si almorzamos después de esto? Estoy segura que podremos arreglarnos con un taxi.

Jane miró a Maura que se sacudió de hombros con una leve sonrisa en los labios. Angela observó a sus dos hijos y luego a las dos mujeres con expresiones muy parecidas.

-Me parece estupendo, Angela -dijo Diana.

Diana era la más joven de ellas y de la misma edad que Frankie. Sus ojos azules claros no dejaban de mirar a Frankie con una sonrisa que intentó disimular al esconderla detrás de la bufanda.

-Dejen algo de espacio para la cena -dijo el hombre.

-Estás loco -Jane resopló al subirse en la camioneta con Frankie, mirando de reojo a las mujeres hasta que entraron en el centro comercial-. ¿No es demasiado pronto para que la sueltes a los lobos?

-¿Te refieres a Ma?

-¿A quién más?

-Diana insistió. -Apartó la mirada del tráfico para mirarla con una expresión aterrorizada-. ¿Crees que la asuste? Ma puede ser mucho... oh, no, ¿crees que le preguntará sobre hijos? Es demasiado pronto para eso; aún nos estamos conociendo.

Jane soltó una carcajada.

-¿Apenas estás pensando en eso? Pensé que ya habías considerado los peores escenarios.

-No, no...

-Relájate, Frankie. Mira el lado positivo: si Diana quiere pasar tiempo con Ma, querrá decir algo, ¿no? No sé qué le hiciste a esa chica en tan poco tiempo, pero se nota que le gustas mucho.

-Ha de ser mi encantadora personalidad.

-Hmm.

-Me gusta mucho, Janie. De verdad. Es muy simpática y, lo admito, está un poco fuera de mi liga... -Jane lo interrumpió con un "bastante" susurrado entre dientes y una sonrisa divertida- ...lo que intento decir es que creo que es bueno. Solo espero que Ma no la asuste con esos temas...

-No te preocupes, por lo menos tiene a Maura de compañía -dijo, aunque se reservó sus dudas sobre si eso era algo bueno o malo en este caso.

Frankie exhaló con fuerza, un poco más calmado. La luz del semáforo cambió a amarilla y se detuvo, aprovechando para mirar a su hermana.

-¿No has hablado con ella aún?

-No.

-¿Lo has hablado con Maura?

Jane lo miró de reojo y asintió. Maura la había tranquilizado al dejarle saber que estaría a su lado sin importar cuánto tiempo le tomara hablar con Angela sobre su relación. Frankie puso el auto en marcha otra vez y la miraba de Jane volvió al auto oscuro que los seguía unos cuantos autos atrás. Eso le recordaba que tenía que hablar con su teniente.

-Pasa por la comisaria.

-Está bien, pero luego pasamos por Tommy. No quiero que se queje de que no lo invitamos a salir con nosotros.


Cavanaugh sirvió un dedo de whiskey y se lo puso enfrente. Los dos vasos chocaron y se tomaron el contenido.

-¿Mi regalo de Navidad? -colocó el vaso vacío sobre el escritorio de su jefe y se sentó.

-Me temo que sí. Estaré aquí un par de horas más. ¿De qué querías hablar?

-El agente que me ha estado siguiendo ¿por cuánto tiempo más lo hará?

Cavanaugh pareció sorprendido y eso la extrañó. Jane se enderezó en el asiento, acercándose más al escritorio.

-La vigilancia nuestra duró 48 horas.

-¿Nuestra? Eso no es posible. El mismo agente ha estado siguiéndome por una semana.

El hombre suspiró y apoyó los codos sobre el escritorio, pensativo.

-No te ha dicho... La Dra. Isles proporcionó lo necesario para mantener la protección por el tiempo que fuese necesario.

-¿Dinero...?

Su jefe asintió.

-En realidad fue ella quien recomendó a ese agente en específico. -Abrió la gaveta y sacó la botella de whiskey otra vez, sirviendo otro poco en el vaso de Jane-. Parece que lo necesitas. -Indicó el vaso y observó en silencio mientras Jane se bebía el trago, considerando sus palabras antes de hablar-. Este caso ha sido demasiado para todos, pero mucho más para ti en especial, Jane. De verdad siento que haya tenido que sacarte del caso de ese modo, pero me alegra que tus compañeros -unos de los mejores detectives en este lugar- y la doctora Isles, estén trabajando a tu lado. El agente que Maura contrató es bueno; leí su expediente y me quedé un poco más tranquilo. Creo que Maura también lo está.

-Ella se preocupa demasiado... -dijo Jane en voz baja sin pensar.

-Cualquiera en su posición lo haría, ¿No?

Jane alzó la cabeza ante la pregunta y entrecerró los ojos, intentando deducir qué era lo que estaba insinuando.

-¿Qué quieres decir?

-No estoy ciego. ¿Cómo crees que llegué a donde estoy ahora? He tenido la oportunidad de hablar mucho con la doctora Isles. Tú fuiste tema de muchas de esas conversaciones. Solo hay que mirarla a los ojos para darse cuenta.

-Sean...

Podía contar con los dedos de una mano las veces que lo había llamado por su primer nombre. Siempre era corregida, pero ese momento fue diferente porque él simplemente mantuvo la mirada sobre ella por un tiempo prolongado; lo suficiente para comenzar a incomodarla.

-También está en tus ojos, Rizzoli -dijo y quitó los codos del escritorio para apoyarse en el espaldar de la silla, visiblemente relajado-. No tengo nada que decir al respecto. No está en mi lugar tampoco y Maura no trabaja para mí. Para ser honesto, lo único que me sorprende es que tus compañeros no se han dado cuenta.

Jane hizo una mueca porque si Sean se había dado cuenta, entonces estaba segura que Frost y Korsak tenían que estar al tanto también. De no ser así estaría muy sorprendida.

-Nadie sabe, bueno, Frankie y la familia de Maura...

-¿Y el resto de tu familia?

Jane negó con la cabeza y Sean asintió en silencio. ¿Por qué le estaba preguntando aquello? En los años que lleva conociéndolo nunca lo había escuchado hacer preguntas así de personales. La broma en la oficina era que con suerte sabían su primer nombre. El hombre era muy privado, de eso no quedaba duda. Y, aún así, Jane no podía evitar sentir que aquella conversación había tomado un giro inesperado. El simple hecho de no tener esta conversación con sus compañeros más cercanos, pero sí con Sean, la dejaba estupefacta.

-Entiendo. Imagino que se debe al caso y el M.O del asesino -dedujo con la mirada perdida.

-Sí.

-Por eso le insistí para que tuviera protección. Aparte de este nuevo acontecimiento en vuestra relación, Maura es un miembro importante del equipo. Todos ustedes tuvieron protección de 48 horas, incluyendo la Dra. Isles. Ese pequeño detalle me lo guardé ya que la doctora insistió con que no era necesario.

-¿Soy la única que tiene protección en estos momentos?

Cavanaugh volvió a asentir.

-Deduzco que no sabes hasta cuándo...

-Imagino que hasta que se cierre el caso.

Jane arrugó el ceño, pensando en que tendría que hablarlo directamente con Maura. Ese tipo de protección no era barata y por mucho dinero que tuviera no se sentía cómoda sabiendo que lo estaba gastando en ella.


Las botas de Frankie se hundían en la nieve y él se quejaba con cada paso que daba. Jane se ajustó la bufanda alrededor del cuello, mirándolo desde el portal mientras se terminaba de cerrar el abrigo. La temperatura había bajado drásticamente y había comenzado a nevar, así que Angela pidió que buscaran más leña para la chimenea.

-Esto tiene candado. ¿Trajiste la llave? -Avisó Frankie tirando del candado del cobertizo como si así se fuera abrir.

-Sí. Espera un momento. -Intentó no reír ante la desesperación de su hermano y hundió su bota en la nieve, sorprendiéndose de cuánto se había acumulado en tan pocas horas-. No entiendo tu desesp... -Su mente quedó en blanco cuando alzó la mirada y se conectó con la de un hombre que estaba de pie en la esquina de la cuadra al otro lado de la calle. Apenas se le podía ver el rostro; tenía una bufanda negra que le cubría la mitad de la cara y un grueso abrigo con la capucha. Apenas se le veían los ojos, pero estaba segura que la estaba mirando. Jane permaneció paralizada y no volvió a respirar hasta que una mujer se acercó al hombre y este le pasó un brazo por encima del hombro y comenzaron a caminar juntos.

-¿Jane?

-Ya. -Se apresuró y le dio la llave ignorando la mirada confundida de su hermano. Jane agarró uno de los bultos de madera y se apresuró a entrar, seguida por su hermano que llevaba otro poco de madera.

Maura alzó la mirada de las galletas que decoraba cuando la puerta principal se abrió y Jane entró con la madera sobre el hombro. Frankie la seguía y cuando miró hacia la mesa se encontró con la mirada de Maura que tenía el ceño fruncido. El hombre apartó la mirada rápidamente y siguió las instrucciones de su hermana cuando le dijo que dejara la madera en el suelo porque ella se encargaría del resto.

Frankie se sentó en la mesa y Diana le acercó un plato con varias galletas listas para decorar, pero su atención estaba en la rubia al otro lado de la mesa que no lo había dejado de mirar como si estuvieran manteniendo una conversación en silencio. Finalmente, Frankie asintió y observó a su hermana por encima del hombro, notando la fuerza innecesaria que su hermana estaba usando al mover la madera con el atizador. Maura dejó la manga pastelera sobre el plato y se limpió las manos distraídamente, sin apartar la mirada de la morena.

Angela estaba ocupada en la cocina con su hermana Teresa y Lydia. Diana, Frankie y Tommy se encontraban en la mesa con TJ mientras decoraban las galletas y enfrente del televisor, Barry y Vince discutían con los tíos de Jane sobre lo que estaba pasando en el show.

Maura se acercó lentamente a la chimenea y se detuvo cuando Jane se puso de cuclillas, lanzando varios pedazos de madera al fuego antes de moverlos bruscamente con la vara de metal.

-Jane.

Maura dio un paso más y colocó una mano sobre el hombro de Jane que se sobresaltó por el contacto inesperado y casi pierde el equilibrio. Jane miró la mano ofrecida y la aceptó para ponerse de pie. Su mirada estaba desenfocada y en ese momento Maura supo que algo no estaba bien. Lo había presentido desde que Jane entró por la puerta y notó la expresión consternada.

-¿Estás bien?

Jane asintió mordiéndose el labio inferior, mirando hacia el lado. Maura siguió su mirada y entendió; estaban demasiado cerca. Todos parecían distraídos en sus propias conversaciones y, aunque Maura pensaba que nadie estaba pendiente de ellas, asintió con comprensión.

-Acompáñame. -Le quitó el atizador de la mano y lo colocó al lado de la chimenea-. Olvidé un regalo en mi auto -dijo un poco más fuerte, notando que Angela alzó la mirada hacia ellas antes de ser distraída por Lydia otra vez.

-No tenías que mentir para traerme aquí afuera.

Maura la miró de reojo, parecía ofendida con sus palabras.

-No mentí.

El auto estaba aparcado al doblar la esquina; había sido el espacio más cercano que habían encontrado.

-Lo siento.

-¿Qué pasó?

Jane se dobló de hombros al meter las manos en los bolsillos del abrigo. Maura abrió la puerta del lado de pasajero y le hizo un gesto con la cabeza para que entrara. Jane no alzó la mirada hasta que escuchó la puerta del conductor abrirse y cerrarse.

-Pensé... cuando salí con Frankie había un hombre allá. -Hizo un gesto hacia el otro lado de la calle, pero Maura no apartó la mirada de ella-. Me miraba fijamente y por un momento pensé... -No pudo continuar.

-Que era él.

-Comienzo a verlo en todos lados y... -Pausó al sentir que Maura tomaba su mano entre las de ellas; había estado rascándose nerviosamente la cicatriz en la palma de la mano desde que subió en el auto- ...y creo que de verdad me estoy volviendo loca -confesó con una risa ahogada y ojos brillantes, negando con la cabeza porque se negaba el llorar. No volvería a llorar por culpa de él.

-¿Qué puedo hacer?

Jane miró sus manos y el cómo Maura la acariciaba con su pulgar inconscientemente. Maura, la mujer que la hacía sentir segura, que la abrazaba cuando despertaba en el medio de la noche por las pesadillas y le susurraba al oído palabras de amor hasta que se volvía a rendir al sueño. La misma mujer que ahora intentaba ocultar con una sonrisa la insuficiencia que comenzaba a sentir, pero que, oh, era tan clara en su mirada.

-Estás haciendo todo y más, Maur. Creo que... -respiró profundamente- ...creo que Patricia tiene razón y deba alejarme completamente del caso.

Maura no pudo ocultar su sorpresa y asintió.

-Sí me dijiste que suele tener razón, tarde o temprano.

Jane asintió con una sonrisa agridulce y la mirada perdida.

-De verdad pensé tenerlo bajo control, pensé que era más fuerte que esto -dijo en voz baja con un tono quebrantado. Se quedó sin aliento al sentir una mano sorprendentemente cálida rozar su mejilla.

-Lo eres, Jane.

-No me siento así.

La mandíbula de Maura se tensó con aquellas palabras susurradas entre un sollozo. Tomó el rostro de Jane con ambas manos, limpiando la lagrima que logró escaparse de aquellos ojos oscuros, y rodeó con sus brazos los hombros de Jane, atrayéndola a ella.

-Regresemos -murmuró Jane unos momentos después-. No quiero que mi madre salga buscándonos. No me sorprendería si lo hace. ¿Qué regalo olvidaste?

-Está atrás.

Maura se bajó y abrió la puerta trasera, sacando una pequeña caja azul y se la mostró a Jane como diciendo "Ves, sí había olvidado algo".

-Es para ti, pero no te lo daré hasta mañana en la noche.

-¿Oh sí? -Colocó las manos sobre las caderas e intentó hacer un puchero-. ¿Por qué me harás esperar?

Maura sonrió y metió la cajita en el bolsillo de su abrigo rápidamente antes de entrelazar su brazo con el de Jane.

-Tienes que tener un poco de paciencia y... prefiero dártelo en privado -susurró, sorprendida de que Jane desenlazara sus brazos, pero en vez de alejarse tomó su mano para entrelazar sus dedos y ocultarlas en el bolsillo de su abrigo.

-Lo intentaré -dijo, mirándola de reojo con una sonrisa, preguntándose si el rubor en las mejillas de Maura se debía al frío o a algo más-. Amm... ¿Ese no es Cavanaugh?

El hombre cruzaba la calle con apresuro, sosteniendo un ramo de rosas en una mano y una bolsa de regalos en otra.

-¿Por qué está yendo a...? -Se calló cuando su jefe miró en su dirección y se detuvo en seco al verlas. Maura sintió que Jane apretó su mano escondida con más fuerza.

-¡Doctora Isles! ¡Rizzoli! -exclamó claramente nervioso, alternando la mirada entre las dos mujeres.

-Oh... -Fue lo único que se escuchó de parte de la rubia.

Los ojos de Jane se abrieron a la misma vez que sus labios se separaron por la sorpresa. Maura la miró, cayendo en cuenta que la mujer había llegado a la misma conclusión que ella; Angela les había dicho que había invitado a su cita para la cena de Noche Buena.

-No... -musitó Jane intentando procesar toda la información que estaba pasando por su cabeza. Su mirada se había quedado fija en las flores que el hombre sostenía. Ahora todo tenía un poco más de sentido, especialmente el por qué su jefe había hecho aquellas preguntas personales cuando hablaron apenas unas horas antes. Había tenido el presentimiento que era alguien del trabajo, pero... ¿su jefe?

-Quería decirte antes cuando hablamos, Jane...

Jane hizo una mueca sin creerse aquellas palabras.

-¿Acaso lo intentaste? -preguntó incrédula. No estaba enojada, más que nada estaba completamente sorprendida y si era honesta un poco en estado de shock. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?

-Jane.

Los tres se voltearon a mirar a Angela que sostenía la puerta de la entrada principal abierta. Jane respiró profundamente y se acercó a su jefe, llevando a Maura con ella porque no habría forma de que sacara sus manos entrelazadas.

-Hablaremos sobre esto.

Sean asintió lentamente y se dirigió hacia la entrada principal, besando a Angela en la mejilla.

-Creo que está nervioso -susurró Maura sin poder dejar de sonreír-. Nunca lo había visto así.

-Yo tampoco...

-Parece que esta noche será muy interesante, Jane -dijo con un tono divertido, dándole otro apretón a la mano entrelazada con la suya.

-Mauuuur.


N.A: Hola y Feliz Navidad! (un poquito atrasadito) Muchisimas gracias a los que me enviaron sus saludos por PM/review. Espero que hayan disfrutado de las fechas .

Perdonen la falta de actualización estos días. La verdad es que Diciembre, por alguna razón, siempre es un mes algo complicado para mí y estas semanas no he tenido cabeza para escribir. Como han podido notar el cap es "relleno" pero quería dejarles algo por el momento. De igual forma espero que les haya gustado. Feliz Año Nuevo si no nos leemos hasta entonces! Saludos!