Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.


Por obligación, serán un dragón y una víbora

49. Cuarto año: Nunca se empieza bien

Brujas y magos con sus túnicas de gala estaban esparcidos por el jardín de la mansión Greengrass. La verdad es que no había mucha concurrencia, se podría decir que no había ni una cuarta parte de los invitados de la vez pasada. Al parecer los tiempos no estaban para dar grandes fiestas. Los pocos invitados que habían eran estrictamente conocidos y mortífagos cuyas cabeza aún no tenían precio.

Narcissa obviamente también estaba entre los presentes, hablando tranquilamente con Lucina y la señora Nott. Mientras la cumpleañera se encontraba absorta con Draco, quien le insistía que fuera a saludar a los invitados.

—Hola —saludó repentinamente Paige, poniéndose a un lado de donde estaba la pareja. La pelirroja había crecido igual que Astoria, o incluso un poco más en estatura. Sonriente y radiante como siempre, Rowle abrazó a su amiga con fuerza—. ¡Felicidades!

—¡Ah! ¡Qué alegría verte! —respondió Astoria, gratamente sorprendida.

—¿Como faltar al cumpleaños de mi mejor amiga? —dijo la pelirroja, sin soltar a la Greengrass—. Aunque debería de regañarte por no escribirme mucho —se quejó y se separó del abrazo, haciendo una pequeña seña a forma de saludo a Draco, sin dejar de sonreír.

—Con permiso —murmuró el rubio, sin devolverle el saludo a la amiga de su prometida.

—¿Por qué? —preguntó Astoria, arrugando la nariz.

—Iré a saludar a quienes no has saludado —respondió—. Y ahí se acerca Dolohov —añadió con cara de evidente disgusto, mientras se alejaba con pasos largos, dejando a las dos jóvenes.

—¡Sorpresa! —gritó el castaño, tomando a la cumpleañera por los hombros, desde atrás. La Greengrass, a pesar de la advertencia de Draco, no pudo evitar sobresaltarse y dar un pequeño grito.

—Pero que forma la tuya de felicitar —le regañó Paige, mirando de mala manera a su primo.

—Bueno, se supone que el chiste era sorprenderlas, ¿no? —se defendió, colocándose al frente de las dos chicas, donde minutos antes había estado Draco.

—Si, sorprendernos, no dejarnos sordas —señaló la pelirroja.

—Tranquilos los dos —les advirtió la pequeña Greengrass—. Es una alegría verlos aquí y no quiero que se maten antes de que partamos el pastel —bromeó.

—Bien, intentaré no matarlo, pero no prometo mucho —masculló Paige, dándole un pisotón disimulado a su primo.

—¡Au! —se quejó el castaño, provocando que Rowle soltara una risa, una risa que Astoria coreó y finalmente los tres terminaron riendo.

Las tres jóvenes serpientes siguieron charlando y bromeando, hablando de todo lo que habían hecho en el verano, entre risas; a diferencia del grupo al que se había unido Draco, donde las miradas frías y muecas de disgusto estaban muy presentes. Y no era para menos cuando se encontraban hablando de Azkaban.

—Draco —llamó Theo a su amigo, cruzando miradas con su propio padre, quien estaba en ese pequeño grupo de mortífagos, en los que se incluían Thorfinn Rowle y los padres de Crabbe y Goyle—. ¿Podemos hablar? —pidió.

—Claro —aceptó enseguida, disculpándose del grupo, sin soltar la copa de hidromiel que había tomado. Siguió a su castaño amigo hasta donde en ese momento se encontraban Vincent y Gregory, los cuales comían a momentos en ese momento.

—Hola, Draco —saludó Vincent, con la boca llena, mientras Gregory solo hacía una seña con la mano, pues estaba muy ocupado con unos pastelillos.

El rubio solo asistió con la cabeza, sin darles mucha importancia y miró a Theo intrrogante.

—¿Y de qué quieres hablar? —preguntó con tranquilidad, dándole un trago a su bebida.

—Nada que no te estés imaginando ya —dijo fríamente Nott, tomando el brazo izquierdo de Daco, hundiendo sus dedos en su antebrazo, y aunque ese jesto le provocó un dolor punzante al rubio, Malfoy supo contenerse y solamente enarcó las cejas con ingenuidad.

—Mi padre me lo ha comentado a mí también —intervino Crabbe, dejando la comida de lado para ver a su amigo con los ojos llenos de avaricia.

—¿Pero qué demonios les pasa? —gruñó el aludido, sin poder evitarse sentir un bicho raro ante esas miradas, pero solo las miradas de Crabbe y Goyle, pues la de mirada azul de Theo era fría y mortal, como si estuviera enojado con él.

—Sabes que puedes confiar en nosotros, Draco —dijo Goyle, también dejando de comer—. Siempre te vamos a apoyar... ¿nos la muestras? —preguntó sonriente, a lo que Nott arrugó el entrecejo y Draco solo bufó.

—No sé de qué me hablan —mintió con falsa ingenuidad, maldiciendo mentalmente. Sabía que era obvio que ellos tres supieran o sospecharan de su condición pues sus padres eran mortífagos, pero no imaginaba que lo fueran a encarar y ofrecer ayuda. Además de que no se sentía muy confiado que digamos, ni por ser sus amigos. Que de hecho, si no fuera por eso, reclamaría el hecho de que sus padres hubieran abierto la boca más de la cuenta.

—¿Quieres que te refresque la memoria a golpes? —gruñó Theo, visiblemente furioso, con los ojos entornados y los puños cerrados con fuerza.

—¿Qué carajo pasa contigo, Theodore? —recriminó el rubio, retrocediendo unos pasos. No es que le temiera, solo era por si las dudas.

—Lo sabemos, no te hagas el idiota —rectificó el castaño—. Y me vale un sorbete lo que estos dos digan. Debes de estar mal del cerebro para haber aceptado algo así... Y no me digas que no sabes de lo que hablo, porque no me quiero ver en la necesidad de dejarte en evidencia aquí, Draco —advirtió serenamente.

Draco se quedó quieta y en silencio, con sus orbes grises fijas en los ojos azules de su amigo. Honestamente no sabía que decir.

—Bueno ¿y qué con eso? —dijo el rubio al cabo de unos seguidos de meditar y caer en cuenta de que no era buena idea torear a Theo y seguirlo negando.

—¿Como que qué con eso? —bramó el castaño—. ¡Está mal! —masculló en tono bajo para no llamar la atención.

—Será lo que sea, pero ya está hecho y eso no se discute —respondió el aludido, cruzándose de brazos.

—Pensé que querías a Astoria —murmuró Nott, entornando aún más los ojos y despidiendo veneno al hablar—. Exponer así a una niña, solo por tu capricho de ser el gran ya sabes que, es una estupidez con letras mayores.

—Disculpa, pero si soy lo que soy no es por capricho, deberías de saberlo y apoyarme, en lugar de venirme a joder más —gruñó Draco, en el mismo tono que su amigo empleaba con él. Mientras Vincent y Gregory los observaban en silencio.

—A duras penas apoyo a mi padre —remarcó Theo—. Estás mal, Draco, muy mal. Y parece que no entiendes lo que le puede pasar a Astoria.

—Nada les pasará —le cortó Malfoy—. Si esa posibilidad existiera, mi madre y sus padres no estarían tan tranquilos —argumentó a su favor.

—Están tranquilos porque tienen el mismo pensamiento que tú y todos los que están aquí —declaró—. Pero al menos deberías de tener la decencia de terminar con ella y no involucrarla en esta porquería —concluyó molesto y haciendo un gesto desdeñoso antes de alejarse de los chicos a ir a donde Daphne, quien no dejaba de mirar hacia donde estaban ellos.

—No le hagas caso, Draco —le animó Crabbe—. Nosotros estamos contigo y te apoyaremos en todo lo que quieras.

—Así es, ignora a Theo. Se ha vuelto muy sentimental desde que anda con Daphne, lo sabes —acotó Goyle.

Draco se quedó de nuevo en silencio, ignorando a sus dos amigos. La verdad es que se había quedado pensando en que Theo no estaba del todo mal. Estaba siendo algo testarudo y egoísta al permanecer cerca de Astoria en esa situación. Sin embargo, no podían culparlo, pues los propios adultos eran quienes le habían vendido la idea de que todo estaba bien y que podían estar juntos como querían, como debía de ser, pero la verdad es que eso no era cierto.

Astoria corría peligro a su lado, el peligro de que el Señor Tenebroso tomara represalias en su contra si él se llegaba a equivocar y vamos, seamos realistas, casi todos pensaban que no estaba preparado para asesinar. Sin embargo, le daban algo de apoyo, aun cuando juraban que fallaría, pero él estaba seguro de que podía con eso. Por otro lado, estaba también el factor de que si Astoria lo descubría... bueno, no se lo quería ni imaginar. Pero tampoco se quería imaginar lo que sería terminar con ellas a estas alturas, en esos momentos en los que todo parecía perfecto.

Suspiró y, sin ponerle cuidado a los gorilas que habían comenzado a comer de nuevo, se fue a buscar a Astoria. Necesitaba verla, sentirla y convencerse de que estaba haciendo lo correcto y lo mejor. Porque era lo mejor ¿cierto? Estaban hablando de que estaban prometidos y no debían de agregar tabiques a un muro que les había costado mucho tumbar tiempo atrás.

—Le haces algo a mi hermana y te mato, Draco —le advirtió repentinamente Daphne, poniéndose frente a él y mirándolo con ojos asesinos—. Te juro que te saco los ojos con mis propias uñas —amenazó.

—Tranquila, amor —intervino Theo, tomando a la rubia por la cintura y alejándola del camino del Malfoy—. No le he dicho nada —murmuró muy despacio el castaño, mirando a su amigo—. Pero sospecha —concluyó, alejándose con su novia y dejando a Draco con un nudo en la garganta.

Al parecer todo mundo se daba cuenta de que había algo malo con él, todos notaban que estaba extraño y la mayoría sospechaba de que era eso malo y extraño en él, todos menos ella. Astoria parecía ser la única que no se extrañaba de que desapareciera de repente o de que hablara con gente de mala reputación, como mortífagos. ¿Sería que de verdad no lo notaba? ¿Sería que estaba tan enamorada que confiaba ciegamente en él? ¿O quizás no quería notarlo y se negaba a si misma lo que pasaba? ¿O quizás lo notaba y no le importaba?

El rubio permaneció quieto en ese tramo del jardín, meditando y divagando, hasta que unos delgados brazos le rodearon el cuello desde atrás y unos suaves labios depositaron un beso detrás de su oreja, haciéndolo estremecer.

—¿Qué pasa, amor? —preguntó Astoria, sin soltar a su prometido—. Estás raro —comentó, provocando que el corazón de Draco comenzará a latir con fuerza ante la idea de ser descubierto. Irónicamente, también le había preocupado que ella no lo notaba y ahora que parecía ser que Tori notaba su comportamiento extraño, no parecía ser menos alarmante. Quizás Theo tenía razón y debía de terminar con ella, no era sano estarle mintiendo y vivir en esa incertidumbre, de la misma forma que no era conveniente decirle la verdad.

—Nada, princesa —respondió, sacándose de ella para girarse y mirar fijamente esos ojos verdes que lo enloquecían.

—¿Me acompañas a la cocina? —pidió mimosamente—. Quiero ir por algo —insistió ante la mirada ingenua de su prometido.

—Vamos —concedió el rubio, dejándose llevar por su novia a la cocina, donde un enorme pastel blanco descansaba en la mesa. En la superficie del pastel flotaban catorce mariposas azules de merengue, alrededor del nombre de la cumpleañera. —¿Quieres que lleve el pastel a la fiesta? —preguntó enarcando las cejas.

—No, eso lo harán los elfos —contestó la castaña.

—¿Entonces, por qué vinimos? —preguntó con ingenuidad, mirando suspicaz a su prometida.

—Quería estar a solas contigo —confesó, haciendo un puchero—. Pero si tú no quieres... —dijo, haciendo además de salir de la cocina, pero Draco la detuvo.

—Claro que quiero estar contigo —se defendió—. Pero pensé que estabas pasándola bien con tus amigos —añadió, abrazándola por la espalda. Si, bien, lo admitía, era un egoísta de primera. No podía y no quería alejarse de ella a pesar del riesgo que eso implicaba. Hundió su respingina nariz en el frondoso cabello caoba de su niña y se dejó embriagar por su dulce aroma.

—Lo sé, pero es mi cumpleaños y quiero estar contigo —argumentó la castaña, sonriendo con satisfacción ante la cercanía de su prometido—. A los demás los puedo ver luego, así que dame gusto —añadió, apoyándose hacia atrás y poniendo sus manos sobre las manos de Draco, que la rodeaban gentilmente. El rubio sonrió de lado y ladeo la cabeza para comenzar a besar el cuello de Astoria, saboreando la cremosa piel de su niña, quien se limitó a suspirar con las mejillas rojas.

—¿Pero dónde se metieron? ¡A fuera los esperan! —se escuchó la voz alterada de Daphne, fuera de la cocina.

—Ya, tranquila. Solo preguntaron por ellos, como es normal —respondió Thedore—. Pero no creo que nadie se moleste porque un par de novios se desaparezcan en una fiesta... o bueno, podrían ser dos parejas —sugirió con voz pretenciosa.

—Claro que importa, aún más en estos tiempos —gruñó la Greengrass mayor, ignorando olímpicamente la insinuación de Nott—. ¿Qué tal que la tía de Draco se auto-invito a la fiesta? —masculló.

—Creo que debemos de regresar a tu fiesta —susurró Malfoy al oído de Astoria.

—Pues ya que —bufó la castaña, sintiendo como su prometido la soltaba. La chica permaneció en el mismo logar, viendo como Draco abría la puerta de la cocina, para toparse con la otra pareja de Sltytherin—. Ya no hagas dramas, aquí estamos —declaró la Greengrass menor.

—No era drama —se defendió la rubia, mirando de mala manera a la pareja.

—Bueno, ya aparecieron, ahora volvamos a la fiesta —sugirió Theo, mientras la Greengrass tomaba de la mano a Astoria para prácticamente arrastrarla fuera del lugar. Draco se cruzó de brazos, con toda la intensión de ir detrás de ellas, pero Nott lo detuvo, tomándolo por hombro—. Pensé que después de lo que hablamos recapacitarías...

—¿Qué quieres que haga? ¿Que termine con ella? —cuestionó molesto, soltándose del agarre—. No la voy a lastimar y menos en su cumpleaños —bramó.

—Le vas a hacer más daño estando con ella en la situación en la que estás —le aclaró firmemente el castaño—. Deja de ser egoísta.

—No me digas lo que tengo que hacer y lo que no —gruñó el rubio—. Ya estoy grandecito para esas cosas, Theo. Sé lo que estoy haciendo.

—Pues la verdad no parece que estés muy consciente de lo que haces —remarcó—. Nos conocemos de hace mucho y si lo que me quieres decir es que no es asunto mío lo que haces, está bien, no me meto en tu vida, pero no dejaré que te lleves por delante a Astoria, solo por tu arrogancia —le dijo con seriedad.

—¡Ahora resulta que la quieres proteger de mí! —se burló Malfoy, rodando los ojos.

—Si tú no la quieres proteger, te recuerdo que hay varia gente que si queremos hacerlo —declaró a forma de amenaza.

—No me está gustando tu tono, Nott —dijo Draco con desdén—. Andas con Daphne, ¿no? Entonces preocúpate por la Greengrass mayor, que lo que concierte a Astoria no es de tu incumbencia —señaló desdeñosamente.

—Ahora si que me sorprendiste —resopló con fastidio y negando con la cabeza—. Tu maldito orgullo te puede más que nada. Ni siquiera sabes en que carajos te has metido y aún así alardeas. Me conoces, Draco y no soy ni Gregory ni Vincent, yo si te diré en la cara lo que pienso y de una vez te dejo claro que estás mal...

—No necesito de tus opiniones, Nott —le cortó, enfatizando el uso del apellido de su amigo, dejando en claro su molestia.

—Como quieras, Malfoy —respondió Theodore de la misma forma—. Pero no digas que no te lo advertí y ahórrate la saliva —dijo, haciendo una seña para callar a Draco antes de que este le contestara—. Ya entendí que según tu concepto, los que no están a tu favor están en tu contra y si me vez como el enemigo, bien por ti —concluyó, alejándose del rubio con pasos largos.

Draco se quedó ahí parado, observando como su amigo o ex-amigo se alejaba. Le hubiera gustado ir tras él y hacer las paces, pero su orgullo no se lo permitió. Si Theo lo atacaba y juzgaba en lugar de apoyarlo, entonces no valía la pena seguir con esa amistad, él necesitaba aliados en esos momentos, gente en quien confiar y que lo apoyaran. Necesitaba gente como Crabbe y Goyle, pues incluso aún tenía que ver de que parte se ponía Zabini, pero sobretodo necesitaba de Astoria. Necesitaba seguir conectado con la realidad, y ella era la única que lo hacía sentir normal y humano. Quizás si era egoísta, pero no se daría el lujo de perderle.

O-O-O

—¡Es hermoso! —gritó Paige, mirando el collar que Draco le había regalado a Astoria. Claro que los ojos de la pelirroja no eran los únicos que mostraban admiración ante la joya, aunque también se colaban ciertas miradas de envidia entre las damas presentes. Narcissa enarcó las cejas y miró a su hijo suspicaz, él tan solo se encogió de hombros, restandole importancia al regalo, como si no fuera la gran cosa. Aunque no había que ser muy conocedor para saber que eso había costado una buena suma de oro.

—De verdad que lo es —dijo Astoria, sin despegar sus ojos del enorme diamante azul en forma de corazón.

—¿Por qué no mejor le regalaste una casa? —sugirió Daphne con cierta burla, mirando a su futuro cuñado con sorna. Theo rió por lo bajo y parecía que también iba a añadir algo, pero se contuvo de comentar: "Y hasta te hubiera salido más barata", al recordar que estaba enojado con Malfoy.

—Porque la casa no la podía envolver y poner en la mesa de regalos —contestó con arrogancia el rubio.

—Pero si le encanta presumir —murmuró Leo, ganándose un buen codazo por parte de su prima—. ¡Au! Es la verdad —masculló.

—¿Me lo pones? —preguntó la castaña, ignorando al resto del mundo y mirando a Draco con ojos soñadores.

—Por supuesto —aceptó Malfoy, tomando el collar para colocarse detrás de la castaña y ponerle con cuidado la joya.

—Gracias —murmuró Astoria, girándose para abrazar a su prometido. Draco correspondió el abrazo, estrechando la cintura de su niña y paseando de forma desinteresa sus orbes grises por el rostro de los presentes. Su madre sonreía enternecida, quizás hasta algo emocionado, igual que la madre de Astoria. El señor Greengrass tan solo sonreía con amabilidad igual que varios de los adultos, mientras que la amiga de su novia los miraba de forma boba y el primo de esta hacía muecas despectivas igual que Daphne. Sin embargo, la mirada que más llamó la atención del rubio, fue la que estaba a un lado de su cuñada. Theo lo miraba con un infinito reproche y resentimiento.

—Se ven divinos —comentó Lucina, tomando una foto con la cámara con la que había andado todo el evento de arriba a abajo. Por obvias razones esa ocasión no habían invitado a la prensa a la fiesta, pero no por eso dejaban de perpetuar los momentos.

—Bueno, ya solo nos falta el pastel —anunció Daphne, para cambiar el rumbo de las cosas, antes de que su madre siguiera tomando fotos y llenara un álbum de los abrazos y besos de la pareja.

Draco soltó a Astoria, aún con la sensación que la mirada de Theo le producía, esa sensación de estar haciendo algo muy malo, pero disimuló su incomodidad y cooperó para que el cumpleaños de su niña siguiera el rumbo. El pastel se sirvió junto con unas tazas de té que dieron paso a largas y agradables conversaciones entre los presentes, hasta que el sol cayó. Poco a poco los invitados se fueron marchando, hasta que ya solo quedaban Narcissa, los Nott, los Crabbe, los Goyle y los Rowle en compañía de Leo, quien al parecer había pasado verano con su prima, ya que su madre había caído a San Mungo después de que encerraran por segunda vez a su padre en Azkaban.

—Fue un placer, estar esta noche con ustedes —se despedía el padre de Paige, dándole la mano al señor Greengrass.

—Nos vemos en dos días —le decía la pelirroja a su amiga, también a forma de despedida.

—Claro que si, en dos días, a la misma hora y en el mismo lugar —bromeó la castaña, abrazando a Paige.

—Por cierto, Cole me pidió que te dijera feliz cumpleaños —le murmuró Leo a Astoria, aprovechando que el prometido de esta estaba distraído. Astoria no contestó a eso, solo sonrió.

—Ya oíste a tu hermana, amor. Nosotros también nos veremos en dos días —le dijo Theo a Daphne, quien se aferraba a él, haciendo un puchero.

—No es justo. A Draco si lo dejaron quedarse aquí —se quejó la rubia.

—Él se está quedando aquí desde hace unas semanas, sería ridículo que se fuera cuando tiene todas sus cosas aquí. En cambio, yo solo traigo lo que llevo puesto —explicó el castaño, acariciando la mejilla de la Greengrass mayor.

—Ni una sola palabra a nadie —decía Draco, en voz baja, a Crabbe y Goyle—. Yo hablaré con Zabini cuando nos veamos en el expreso, ya saben —sentenció secamente. Los dos corpulentos chicos asistieron y se fueron justo como el resto de los demás invitados.

O-O-O

Descansaba sobre su pecho, mientras él miraba el fuego de la chimenea. Los padres de Astoria ya se habían retirado a dormir y Daphne había optado por dejarlos solos y en paz.

—Te debió de costar una fortuna —comentó Astoria, haciendo alucinó al collar que aún llevaba puesto y que realmente no tenía intenciones de quitarse.

—Tú lo vales —respondió tranquilamente Draco, llevando una de sus manos a la espalda de la pequeña castaña, para comenzar a acariciarla, de la misma forma en la que Astoria había comenzado a hacer círculos con sus dedos sobre su pecho.

—Mi amor —llamó la chica, mirando directamente a su prometido y sonriendo.

—¿Qué pasa, princesa? —el joven inclinó la cabeza, para mirar de igual manera a su niña.

—Ya vamos a regresar a Hogwarts —comentó con cierta voz soñadora—. Vamos a empezar un año por fin como novios, bueno prometidos.

—Cierto, el príncipe de Slytherin en sexto, con su princesa de cuarto —respondió con cierto tono burlón.

—Pero que modestia la tuya, mi príncipe verde —dijo Astoria, también soltando una risita. Draco rió con ganas ante aquello y solo negó con la cabeza.

—Poco te faltó para llamarme sapo —se burló de si mismo.

—No, ya hablando en serio. Me alegro de por fin poder empezar el año de buena manera —informó la pequeña Greengrass.

—Pues, supongo que todo saldrá bien —contestó él, deseando internamente que así fuera, pues la verdad, nunca había comenzado un año de peor manera.

—Mientras Parkinson no se meta, creo que todo saldrá a pedir de boca —añadió la castaña, haciendo un leve puchero—. Me pregunto ¿qué será eso que Zabini sabe y que la mantiene controlada? ¿A ti no te ha dicho nada?

—Nada, en lo absoluto, pero debe de ser algo muy bueno si no hemos tenido noticias de ella en todo este tiempo.

—Milagrosamente te ha dejado en paz y solamente para mí —señaló con cierta gracia en sus palabras. Saber que Draco era enteramente suyo la hacía sentirse la reina del universo y no lo negaría, menos aún cuando ese reinado ponía por los suelos a la odiosa de Parkinson.

—Mejor no hablemos de ella, ¿quieres? —intervino Malfoy, no muy cómodo con la platica sobre la pelinegra.

—Tienes razón —aceptó la niña—. Que por cierto, hablando de Hogwarts. ¿Quien crees que sea nuestro nuevo maestro de Defensas Contra las Artes Oscuras?

—Ni idea, pero seguro será algún idiota amigo de Dumbledore —apuntó desdeñosamente—. Pero al menos no nos pueden poner al zopenco de Hagrid.

—Oh, vamos —se quejó Astoria ante ese comentario—. La clase de Cuidado de las Criaturas Magicas no está tan mal. Yo, al igual que Daphne, planeo tomarla para mis EXTASIS. Como Sanadora debo de tener conocimiento de los cuidados de las criaturas —comentó.

—Bueno, al menos tendré una linda Sanadora para mi solo cuando me lastime —bromeó el rubio, ignorando por completo el hecho de que su prometida defendiera al inepto del medio-gigante. Astoria sonrió y se acomodó sobre él para comenzar a repartir besos por su mentón y cuello.

—Con eso de que te encanta lastimarte, tendré más trabajo contigo que en San Mungo —se burló la niña, con tono travieso y sin dejar de besar.

—En ese caso te pagaré muy bien en especie —remarcó Draco, echando un poco su cabeza hacia atrás para darle espacio a la dulce boca de Astoria.

—¿Uhm? ¿Si? —preguntó traviesa, llevando los besos hacia la oreja del Malfoy—. Entonces me esforzaré mucho para que me des un buen pago por mis cuidados, amor —sugirió de forma provocadora.

—Pero que traviesa eres cuando quieres, Greengrass —suspiró el chico.

—Solo contigo —le susurró a en su oído, sin poder evitar la sonrisa de satisfacción en su rostro.

—Espero que siempre sea así —comentó Draco, aferrándose a la cintura de la pequeña castaña, quien había comenzando a morder su oreja y parte de su mandíbula—. ¡Merlín! No juegues con fuego —le advirtió.

—Astoria, mi amor, no Merlín —contestó de manera burlona la chica, sin dejar de repartir mordidas y besos que poco a poco fueron correspondidos con atrevidas caricias por su cuerpo.

—Princesa —susurró Draco, tomando a la niña del rostro para mirarla fijamente, dispuesto a ponerle un alto, antes de que las cosas se tornaran a un rumbo que no podrían detener. Y no era tanto el pudor lo que lo hacía detener aquello, si no el hecho de estar marcado y que ella lo descubriera.

—Te amo —murmuró ella, inclinándose sobre él para darle un beso en los labios a Draco, llevándose por delante todos los argumentos que el chico pudo haber llegado a mencionar. El rubio correspondió finalmente el beso, sin tapujos algunos. No, no llegaría a más, sabía que no podía, aunque no negaría lo mucho que se le antojaba cruzar la línea intima con Astoria. Sin embargo, no lo haría, pero por el momento no se negaría a tocar, besar y hacer todo lo que pudiera.

Astoria no opuso resistencia ante las caricias de su prometido, al contrario, ella misma se dejó llevar hasta que las cosas se tornaron muy atrevidas y solo se quedaron mirando el uno al otro con las respiraciones aceleradas y las mejillas rojas.

—Vamos a dormir —dijo Draco, sintiendo su cuerpo sin fuerza alguna y su corazón bombeando al mil.

—No quiero —se negó la castaña, removiéndose un poco más sobre Malfoy, siguiendo con los besos y rubio cerró los ojos, dándose por vencido. Sonaría estúpido, pero aquello era demasiado para él.

Se dejaron llevar un poco más, hasta que el fuego de la chimenea dejó de arder y quedaron en completa oscuridad. Siguieron hurgando por dejado de sus ropas, hasta que se saciaron y se quedaron dormidos en el sofá. Draco abrazando protectoramente a su niña y Astoria acurrucada en los fuertes brazos de su dragón.

O-O-O

El primero de septiembre llegó antes de lo que les hubiera gustado a los chicos. Sobre todo Draco sentía la presión encima de sus hombros esa mañana soleada y fresca. Ya había arreglado y repasado una y otra vez sus planes para ese año, pero por alguna razón no terminaba de convencerse y sentirse seguro. Había mandado las monedas a las personas con las que necesitaba mantener comunicación, aunque aún le faltaba una persona clave en su plan. Una persona que debía de estar en Hogwarts o cerca de Hogwarts y que además debía de estar bajo el maleficio Imperio. Sabía como usarlo, lo había practicado durante sus entrenamientos con su tía, pero aún así los nervios y el hueco en su estomago no parecía disminuir.

Tenía ser alguien de quien nadie sospechara, alguien que pudiera moverse sin problema y sobre todo, que fuera mayor de edad, sin detector y con la libertad de hacer el trabajo sucio que él no pudiera hacer en los terrenos del colegio. Los mejores candidatos parecían ser los profesores, pero no se sentía capaz de hacerlo. Si se metía con los profesores seguramente Dumbledore lo notaría, se daría cuenta con más facilidad y no se podía dar el lujo de ser descubierto, de ponerse en evidencia. ¿Pero entonces quien sería la persona indicada para ser su lacayo? No podía ser ningún mortífago, eso era aún más arriesgado, la misma Bella lo había dicho, pues de ser lo contrario Fenry bien hubiera podido encargarse de esos trabajos.

Llegaron a la plataforma nueve y tres cuartos, donde un tren de color escarlata, el expreso de Hogwarts, lanzaba nubes de vapor sobre la gente que andaba de un lado para otro. Muchos chicos de primero que se despedían de sus familias como si nunca fuera a volver a ver, otros tantos que ya habían ido antes y tenían la costumbre de estar ahí, solo andaban buscando y saludando a sus conocidos y viejos amigos.

—Mucha suerte, queridos —se despidió la señora Greengrass, dedicándole una sonrisa a sus hijas y al Malfoy. Ambos asistieron y comenzaron a caminar sin un rumbo concreto. Las hermanas ya estaban acostumbradas a esas despedidas secas y que en veces no las acompañaran al andén, aunque para Draco seguía sintiéndose extraño esa sensación de impersonalidad. Se había acostumbrado siempre a los besos y dulces de su madre, aunque para fines prácticos en ese tiempo no era bueno mostrarse tan débil. Él ya no era un niño.

—¡Tory! —gritó repentinamente Paige, saludando con la mano, sacando de sus pensamientos al rubio.

—¡Paige! —respondió la castaña, levantando la mano y respondiendo al saludo. Draco miró de reojo a donde la amiga de su prometida y no pudo evitar apretar su mano con fuerza, cólera, al notar que cierto chico acompañaba a la pelirroja. Y no, no era precisamente el primo de Rowle.

—No, pero que fastidio —masculló Daphne, alejándose de ellos, empujando el carro de su equipaje, donde la jaula de Serp destacaba por el llamativo color dorado—. Nos vemos en el vagón —fue lo último que alcanzó a escuchar Draco, quien también quería irse en ese momento, pero entre aguantar a Greyback y dejar a su prometida a solas con él, prefería hacer de tripas corazón.

—Hola, Astoria —saludó Cole, sonriendo ampliamente y extendiéndole la mano a su amiga.

—Hola, Cole —contestó la castaña, aceptando la mano del chico y sintiendo como Draco le molía los dedos ante el fuerte apretón que le propinaba.

—Malfoy —añadió, mirando de reojo al rubio, quien lo fulminaba con la marida. El aludido rodó los ojos y ni por educación contestó.

—Voy a buscar un compartimiento —dijo finalmente al no soportar la presencia del medio-hombre lobo. No importaba que no pareciera uno, que tuviera sangre Veela corriendo por sus venas, para Malfoy, Cole era igual o peor que un sangre sucia y no lo aguantaba, por eso y por todos los problemas que le traía siempre con Astoria. Soltó la mano de su niña y se llevó su equipaje, entrando al expreso en busca de un compartimiento vació para él solo y su prometida.

Sin embargo, mientras buscaba el dichoso compartimiento, se topó con Zabini y Parkinson, quienes entraban a un compartimiento.

—Hermano, por fin te dejas ver —saludó Blaise, dejando su equipaje a mitad del camino, para ir a estrechar la mano del rubio.

—Hola, Blaise —respondió sin mucho entusiasmo el chico—. Pansy —añadió, mirando a la pelinegra, quien ahora llevaba el cabello más largo y lacio.

—Hola, Draco —la chica le sonrió y dedicándole una fugaz mirada al moreno se adentró al compartimiento, llevándose consigo su equipaje y el de Blaise.

—¿No me dirás que es lo que le sabes para tenerla tan controlada? —indagó el rubio, mirando suspicaz a su amigo.

—No, no lo haré o dejaría de tener control sobre ella —alardeó el moreno, sonriendo con arrogancia.

—Bien, bien, no me digas nada, ni que me interesara saber —bufó de mala gana, restándole importancia a las cosas.

Ambos sonrieron y casi de forma inconsciente se metió al compartimiento con Zabini y Pansy, olvidándose de Astoria y de que a ella no le haría gracia compartir el aire con la pelinegra.

—Hola —saludaron Crabbe y Goyle, quienes entraron detrás de ellos.

—Los vimos desde que estaban platicando —declaró Vincent, tomando aire como si hubiera corrido para alcanzarlos y probablemente así fuera.

—Hola —contestó Blaise, mientras Draco y Pansy solo hacían una seña con la mano.

—¿No piensas ir al vagón de los prefectos? —preguntó Malofoy, mirando a la pelinegra que estaba sentada a su lado, ya que Gregory estaba parado en el otro asiento, colocando los baúles sobre las repisas.

—No, la verdad no —respondió la aludida—. La verdad, renuncié al puesto después de que tú renunciaras, no le veo mucho chiste estar ahí... —dijo, pero se calló ese "si tú no estás", cuando los ojos de Blaise se posaron sobre ella.

—¿Se quedaron sin dos prefectos? —cuestionó Vincent con incredulidad—. ¿Eso se puede?

—Theodore y Tracy —informó Zabini, con tranquilidad—. Ellos son los nuevos prefectos de sexto, me lo dijeron cuando me los topé en el andén.

—Curioso, Theo no me dijo nada cuando lo vi —murmuró Draco para si mismo.

—¿Lo viste? —indagó Pansy, ladeándose un poco para darle toda su atención al rubio e ignorar la mirada de Blaise.

—Antes de comenzar las clases, en el cumpleaños de Astoria —respondió con naturalidad.

—Oh, ya veo —resopló la chica, volteándose ahora para mirar por la ventana y observar a los chicos que se apresuraban por haber llegado tarde.

—Siento no haber podido ir, mi madre estaba ocupada con sus presentaciones en Portugal... que por cierto creo que ya tengo otro padrastro —se burló y Crabbe y Goyle le respondieron con una sonora risa que no fue muy apoyada por los otros dos presentes.

—No te preocupes —dijo finalmente Malfoy—. Nos llegó tu carta, igual no te perdiste de mucho, casi no hubo gente —comentó el rubio.

—La comida estuvo muy buena, de eso si te perdiste —declaró Goyle, quien ya había sacado de su túnica una varita de regaliz.

—Hablando de tu novia, ¿dónde se ha quedado? —curioseó Pansy.

—Greyback —bufó Malfoy de mala gana, recordando donde se había quedado su prometida, mirando por el cristal para ver si ella se acercaba.

—¿Y la piensas dejar con él? —el moreno enarcó las cejas, mirando con ingenuidad a su amigo.

—He llegado a la conclusión de que entre más le prohíba algo, más se aferra, así que no le prohibiré nada —declaró el chico con seguridad.

—¿Entonces vas a dejar que haga lo que quiera? —Pansy sonrió con intriga, soltando veneno en sus palabras.

—No hará nada malo —aseguró el rubio, mirando de reojo a la pelinegra.

—¿Seguro? —cuestionó la chica, añadiendo un tono muy sugerente que de haber sido otro, Draco hubiera caído en la provocación.

—No careé en ese juego —resopló el muchacho, mirando a su amiga con tranquilidad y estirándose en su asiento. La aludida se encogió de hombros y rodó los ojos, como si no hubiera dicho y volvió a mirar por la ventana. Ya se comenzaba alejar de la estación y el ruido de la maquina era ligeramente más fuerte.

O-O-O

Astoria caminaba en compañía de sus tres amigos de siempre, buscando un compartimiento, olvidando por unos momentos que Draco había ido a buscar un compartimiento para ellos.

—Lo siento, chicos, los dejo, tengo que ir al vagón de prefectos —murmuró Cole, alejándose de sus amigos con una sonrisa.

—¿Te nombraron prefecto? —preguntó ingenuamente la castaña, mirando curiosa al Slytherin mayor.

—Claro, ¿a quien si no? —dijo con arrogancia, antes de perderse en el corredor del tren. Los otros chicos rieron y siguieron buscando donde ubicarse. Encontraron un compartimiento y se instalaron en uno de casi el final. Pusieron su equipaje sobre las repisas y se sentaron a platicar.

—En ninguna de sus cartas me comentó que lo habían nombrado prefecto —comentó Astoria, mirando pensativamente por la ventana.

—Bueno, al menos sé que te tomaste la molestia de leer sus cartas —dijo jovialmente Leo, ganándose una mala mirada por parte de su prima.

—Bueno, siempre lo leía, simplemente que no tenía ánimo de contestar —se justificó la castaña, sin voltear a ver a sus amigos—. Tuve muchos problemas con Draco por esas cartas —confesó, pues aunque no los estuviera mirando sentía las miradas interrogantes de sus amigos.

—Ah, por Malfoy —resopló Leo—. Claro, por Malfoy hasta nos dejarías de hablar...

—No seas tonto, Leo —le regañó Paige—. Hablando de Malfoy, ¿qué pasó con él? —cuestionó la chica.

—¿Eh? —la Greengrass parpadeó un par de veces y luego pareció caer en cuenta a lo que su amiga se refería—. ¡Morgana! Lo había olvidado...

—Genial —sonrió Leo—. Ahora sigue haciendo como que no te acuerdas de él —sugirió mordaz, recibiendo un claro golpe por parte de Paige.

—¡Merlín! Tú vas a convertirte en el abogado de Cole, abogas por él hasta en lo que no les importa —gruñó la pelirroja, mientra la castaña sonreía tímidamente al no saber que decir. Sabía que Leo no soportaba a Draco, de la misma forma que Cole, que además de todo parecía a un sentir algo más que amistad por ella, pero ella había optado por llevar un trato cordial con la situación, pues no quería terminar con Cole igual que como había sucedido con Iván.

—Bueno, supongo que no pasa nada si tardo algo más en ir a buscarlo —comentó la chica.

—Claro, lo peor que puede pasar es que él venga a buscarte —añadió de forma burlona.

—Bueno, yo solo decía —masculló Leo, sobando la pierna en la que Paige le había pateado.

—Cole es lindo, pero Draco es mi prometido y bueno, no vale la pena explicar más ¿o si? —dijo pensativamente la chica, mirando por la ventana como poco a poco se alejaban del andén. —Además que su hermano me odia.

—Claro y con los Malfoy todos te quieren —se rió el castaño, recogiendo las piernas antes de recibir otro puntapie.

—Pues de hecho si —aseguró la chica de ojos verdes, mirando retadoramente a su amigo—. Los Malfoy no son tan malos como todos los pintan.

—Dile eso a El Profesta —intervino la Rowle, resoplando con fastidio—. Han atacado y dejado por los suelos a toda las familias relacionadas con los mortífagos. Han entrado a las casas a vaciarlas de pies a cabeza, incluso a mi casa fueron a saquear, por suerte que mi padre esconde todo en el mausoleo y con los muertos no se metieron, que si no...

—Y que lo digas —bufó Leo—. Mi madre tuvo esa crisis de nervios después de que revisaran y voltearan la casa patas arriba —se quejó el castaño, apretando los puños con rabia contenida. Astoria los miró y se encogió en su asiento, sabía que incluso Draco había pasado por aquello, que habían revisado Malfoy Manor de pies a cabeza después de arrestar a Lucius, pero a ella... a ella no le había tocado aquello. Sus padres eran aurores y en lugar de ser saqueados, habían sido provistos de medidas de seguridad más fuertes y efectivas.

—Bueno, olvidemos eso, que el año ya comenzó y al menos en Hogwarts no nos harán la vida imposible —animó la pelirroja.

—¿Como qué no? —se quejó Dolvolo, mirando de forma inquisidora a su prima—. El profeta no deja de hacer malos comentarios y ya viste como nos vieron las mocosas esas de Hulfflepuff cuando llegamos al andén, parecía que tuviéramos viruela o malaria.

—Claro, esas mocosas de Hufflepuff antes eran tus amigas —le recriminó la chica, entornando los ojos—. Para que veas que no me equivoco al decir que los Slytherin solo tenemos a los Slytherin para confiar —declaró con firmeza.

—Y pensar que yo antes no me creía eso —terció Astoria, quien volvía a mirar por la ventana.

—Bueno, bien lo dice el sombrero seleccionador ¿no? —apoyó el chico, sonriendo de medio lado.

—"En Slytherin, harás tus verdaderos amigos." —dijeron los tres al mismo tiempo y luego rieron.

Siguieron hablando un poco más de diferente cosas hasta que Astoria decidió que debería de ir a buscar a Draco, no fuera la de malas que el rubio ya se hubiera molestado y comenzaran el año peleando, con lo bien que habían estado los días anteriores, disfrutando de la compañía mutua.

Salió del compartimiento y comenzó a caminar pos el corredor, mirando de reojo cada uno de los compartimientos para ver si ahí estaba Draco. Recorrió un buen tramo, sintiéndose algo irritada de no toparse con él. Incluso había encontrado el compartimiento de su hermana, quien esperaba a Theo y Trace, en compañía de Serp. Bufó y siguió buscando a Draco, pero para su desgracia se topó con cierta chica indeseable.

—Hola, Greengrass. ¿Qué tal tu verano? —preguntó con cierta burla Romilda Vane.

—Te aseguro que mejor que el tuyo —contestó de mala manera, mirándola de arriba a abajo con desdén.

—Seguro que sí, tú no te tienes que preocupar de que te ataquen los mortífagos si hasta desayunas con ellos —atacó. La castaña no hizo ninguna expresión, ya se esperaba esa clase de ataques por parte de la gente, especialmente de gente como Vane o Alina, quien estaba en el grupo de leonas que siempre la molestaban.

—Pues entonces yo de ti me cuidaba, no sea que un día se me ocurra comentar en el desayuno lo odiosa que eres —respondió con más tranquilidad y una sonrisa de victoria. Las chicas palidecieron y se apartaron del camino de la joven serpiente, quien pasó con altanería entre ellas y seguir buscando a Draco.

Siguió mirando los compartimientos, topándose incluso en uno donde estaba Harry con Luna y Neville, pero ni luces de Draco.

—Hola, Astoria —saludó Ron, quien venía caminando en dirección contraria, en compañía de Hermione, quien, aunque no saludó verbalmente si hizo una seña con la mano que la castaña de ojos verdes devolvió amablemente—. ¿Como estás?

—Bien, gracias. ¿Y ustedes? —respondió la chica, deteniéndose a mitad del pasillo igual que los leones.

—También, aquí dando nuestra última ronda al tren —comentó el pelirrojo, dándose ciertos aires de importancia.

—¿No has visto a Harry? —preguntó Hermione en vista de que no había mucho que decir entre ellos—. Lo andamos buscando —añadió con media sonrisa haciendo ademán de seguir su camino.

—Dos compartimientos más atrás —informó la chica, dándole el paso a la leona, despidiéndose con la mano de los chicos para seguir su camino, pero apenas dio unos cuantos pasos más, se topó de frente con Blaise, chocando. De no haber sido por el propio Zabini, la chica hubiera caído de sentón.

—Pero que forma la tuya de aparecerte, Astoria —se rió el moreno, soltando a la chica, quien sonreía con cierta vergüenza.

—Lo siento, andaba distraída... —se disculpó ella.

—¿Buscando a Draco? —preguntó él, aunque más que pregunta daba las cosas por hecho. La castaña asistió con la cabeza y Blaise señaló el compartimiento del que acaba de salir.

—¿Y a dónde vas? —indagó antes de entrar al compartimiento.

—Me mandó a llamar un tal profesor Slughorn —respondió Zabini—. Y te advierto que ahí adentro también están Crabbe, Goyle y Pansy —declaró antes de emprender camino al dichoso compartimiento C en el que el profesor lo había citado.

—Oh —la pequeña Greengrass suspiró y conteniendo la molestia que comenzaba a crecer en ella, se adentró al espacio que compartían las serpientes de sexto curso. Crabbe y Goyle se voltearon a verla, seguramente pensando que era la del carrito de dulces, mientras que Draco y Pansy charlaban tranquilamente, mirándose el uno al otro. Aquella intimidad entre ellos no le agradó para nada—. Hola —saludó, pronunciando una tos fingida.

—Tory —saludó el rubio, girándose para ver a su prometida—. ¿Ya te desocuparon tus amigos? —preguntó con cierto tono de reproche.

—Pues según veo a ti aún te tienen ocupado ¿no? —gruñó, cruzándose de brazos.

—No me vas a hacer una escena, ¿verdad? —se quejó Malfoy, enarcando las cejas ante los evidentes celos de Astoria.

—No, para nada, si no hace falta —masculló la chica, mirando a Pansy con desdén.

—Pero si no estamos haciendo nada malo, mocosa —informó con fastidio la pelinegra, pasándose una mano por su larga cabellera, como presumiendo.

—Claro —resopló de mala gana, girándose con toda la intensión de salir de ahí y regresar con sus amigos al otro compartimiento.

—¿A dónde vas? —cuestionó el chico, levantándose para tomar a su prometida de la cintura—. Vamos a hablar —le susurró, saliendo del compartimiento junto con Astoria—. ¿Qué te pasa? —le preguntó directamente, aprisionándola contra el la pared del pasillo.

—Me molesta que estés con ella —masculló, haciendo un puchero y desviando la mirada por la ventanilla.

—No estaba haciendo nada malo —se defendió—. Solo me quedé con mis amigos, mientras tú estabas con los tuyos.

—¿Ahora ella es tu amiga? —recriminó.

—¿No podría serlo? Tú eres amiga de Greyback y nadie dice nada —declaró el chico, sin dejar de aprisionar a la niña, de manera pretenciosa—. No quiero pelear, princesa.

—Yo no fui novia de Cole y él no nos hizo la vida de cuadritos —le defendió la niña.

—¿Ah, no? A mí me parece que si se metió más de la cuenta entre nosotros —recriminó él, frunciendo el ceño y hablando con más seriedad.

—Bien, entonces ¿quieres que deje de hablar con él? —cuestionó molesta la pequeña Greengrass.

—Jamás he dicho tal cosa, aunque admito que sería algo bueno, pero solo quiero decir que no tiene nada de malo que hable con Pansy —informó.

—Claro, pero que fácil se te olvida como nos chantajeó y todo lo que me insultó y ¡arg! —gruñó, empujando a Malfoy para quitárselo de encima y mirarle con reproche. — No quiero pelear, así que mejor hablamos después — sentenció, emprendiendo el camino de regreso con Paige y Leo. Era mejor dejar que se enfriaran los ánimos o terminarían haciéndose de palabras mayores.

Draco no dijo nada, solo se apretó el puente de la nariz y comenzó a caminar por los pasillos que se comenzaban a llenar de estudiantes ya ansiosos por la llegada del carrito de la comida. Sin embargo, él no tenía hambre, su mente indagaba entre tantas cosas que tenía que hacer, entre los planes que tenía y todo eso de lo que Astoria no se podía enterar. Arreglar el Armario Evanescente, matar a Dumbledore, mantener informado a su tía y al señor Tenebroso... No podía darse el lujo de crearse más problemas y menos con ella.

—Malfoy —dijo repentinamente Cole, sacando al rubio de sus pensamientos.

—¿Qué quieres, Greyback? —contestó de mala manera.

—Nada, solo me preguntó ¿por qué no estás pavoneandote por ahí? —comentó con cierta burla.

—No me provoques, Greyback —advirtió el rubio, entornando los ojos.

—¿Qué vas a hacer en tal caso, Malfoy? —retó él joven castaño, entornando igualmente sus ojos azules.

—No lo sé —respondió encogiéndose de hombros, como restandole importancia a la situación—. Quizás podría decirle a tu tío donde encontrarte. Me he enterado de que tienen mucho que no se ven. ¿Como te olvidas así de fácil de tu familia? —añadió con veneno y evidente amenaza.

—¿Tú? ¿Tú como sabes...? —el joven de cuarto año palideció, entreabriendo la boca con sorpresa.

—Entonces es verdad —el rubio sonrió de medio lado, con arrogancia—. Si no quieres que tu tío te haga una visita, deberías de mantenerte fuera de mi camino—amenazó claramente, haciendo una mueca de disgusto.

—¿Tú como conoces a mi tío? —indagó con cierta angustia en su voz.

—Ya sabes, contactos —sonrió, destilando toda su prepotencia.

—Pero vaya contactos los tuyos —masculló el chico menor—. ¿En qué te andas metiendo? —preguntó frunciendo el ceño.

—Eso no te importa, son cosas de mayores, Greyback —respondió Draco.

—Espero que al menos tus cosas de mayores no pongan en peligro a Astoria —declaró el joven castaño—. Porque con esas amistades que tienes...

—Debería entonces deberías apartarte a tú de ella —cortó el rubio—. Mira que ser un desdichado híbrido que se de los aires de ser un sangre limpia.

—Al menos yo no la pongo en peligro como tú —se defendió en voz baja Cole.

—Ahora todo mundo se cree critico —se quejó Malfoy, pateando el suelo con desdén y empujando al chico, para seguir su camino por los pasillos del tren.

O-O-O

—¿Así que estaba con Pansy? —preguntó Paige, mirando confundida a su amiga, quien estaba acurrucada en su asiento con los ojos llenos de lágrimas.

—Me da tanta rabia que actúe como si esa no nos hubiera hecho nada. ¡Ahora resulta que son amigos! —vociferó molesta.

—Bueno, tal para cual ¿no? —comentó Leo, con cierta burla.

—¿Tú de qué lado estás, Leo? —reclamó la pelirroja, fulminando con la mirada a su primo.

—Claro, tal para cual, ¿podrían dejarme en paz? No estoy de humor —se quejó la castaña, mirando desdeñosamente a sus amigos. Los chicos se encogieron de hombros e ignoraron a la castaña quien miraba melancólicamente por la ventana. Algún día comenzaría el año escolar de buena manera, pero mientras ese día llegara... Cerró los ojos y en algún momento, sin querer, se quedó dormida...

Una enorme sonrisa en el rostro de una pequeña niña, quien revoloteaba de arriba a abajo con unas zapatillas de ballet. No era Astoria, pero parecía ser muy diestra con el baile y su cabello era oscuro. La niña comenzó a girar sobre las puntas y con cada vuelta, ella parecía crecer y tras varios giros, la niña se había convertido en una mujer de frondosa cabellera negra y ojos oscuros. Sus facciones aristócratas y finas eran muestra de una nobleza que solo podía pertenecer a la noble casa de los Black. La mujer ya no vestía como bailarina, si no vestía de negro y no era otra que Bellatrix Lestrange quien jugaba maliciosamente con su varita.

—Acaba con ella, destrúyela, despedázala, no dejes que se interponga en tu camino... —decía la mujer con una tétrica voz que producía un eco—. Alejala de él, desaparecela, quitala de en medio, no te tientes el corazón cuando ella no lo hizo contigo... ¡Matala!— gritó, abriendo la boca como si no tuviera mandibula. El cabello negro se tornó blanco y sus ojos negros en dos joyas de color rojo. El grito se prolongó de forma aguda, como un largo y desgarrador lamento que anunciaba la muerte.

O-O-O

—Me duele la cabeza —se quejó Draco cuando regresó al compartimiento donde estaban Crabbe, Goyle y Pansy. Los dos chicos comían todo lo que habían comprado en el carrito de la comida, mientras la chica se miraba en un espejo, de forma vanidosa, acomodando cuidadosamente su cabello. Parecía estar muy encariñada con su nueva apariencia, aunque si era honesto, no había mucha diferencia a como la recordaba de siempre.

—¿Quieres que te de un masaje? —se ofreció la chica, sonriendo ampliamente.

—Uhm —Malfoy no contestó enseguida. Miró por la ventana, notando como los colores rojizos de la puesta de sol. Había pasado mucho tiempo deambulado por los pasillos y meditando muchas cosas. No se había vuelto a topar con Astoria, pero al menos había sacado algo bueno de aquello: ya sabía a quien usaría como chivo espiratorio. Había escuchado cuando un chico de tercero decía lo emocionado que estaba por poder ir a Hogsmeade ese año, sobre conocer "Las Tres Escobas" y a Madame Rosmerta. Esa era la presa perfecta para su plan, esa vieja bruja dueña de ese bar tenía contacto con los estudiantes mínimo unas cuatro veces al año y con los profesores también. La mujer podía andar a sus anchas por el lugar y nadie le diría nada porque vivía ahí, cerca de Hogwartas. Simplemente era perfecto y cuando llegaran a la estación en Hogsmeade, tenía la oportunidad para maldecirla.

—¿Draco, estás bien? —preguntó, mirando al chico que miraba fijamente por la ventana.

—Claro —bufó él, llevándose la mano a su cabeza. El punzante dolor en su sien había regresado. Era algo que le estaba taladrando la cabeza, literalmente hablando, el dolor iba y venía, lo estaba volviendo loco. Quizás era porque no había comido nada, pero aún así no tenía hambre.

—¿Quieres el masaje? —insistió la chica, palmeando su regazo para indicarle a Draco que se recostara. Él la miró y titubeó un poco, la cabeza le mataba y por la hora que era dudaba que Astoria se apareciera a hablar. Ya hablaría con ella cuando llegaran a Hogwarts, mientras, no le hacía ningún mal a nadie si aceptaba el masaje de Pansy, ¿verdad? Además le hacía falta.

—Adelante —aceptó, recostándose en el asiento y apoyando su cabeza sobre las piernas de la pelinegra.

Pansy sonrió satisfecha y comenzó a pasar sus manos por el cabello de Draco, presionando de manera estratégica su cabeza para confortarlo. El rubo se relajó comenzando a sentir sueño, aunque por su mente no dejaban de pasar ideas de lo que haría cuando bajara del expreso. Tenía que tener a esa vieja bruja bajo su control antes de la primera salida a Hogsmeade, tenía también que ir a la sala de Los Menesteres a buscar el armario evanescente que es estúpido de Peeves había arruinado y... ¡Tantas cosas que hacer! Ni siquiera había puesto un pie en el cochino colegio y ya estaba hasta la coronilla.

—¿Y ustedes? —preguntó Zabini, entrando repentinamente al compartimiento y mirando escéptico a Draco y Pansy.

—A Draco le duele la cabeza —informó la pelinegra, sonriendo. El moreno enarcó las cejas y quiso cerrar la puerta corrediza detrás de él, pero la porquería no cerro, al parecer se había atascado.

—¿Qué le pasa a esta puerta? —se extrañó Blaise, quien volvió a tirar de ella para cerrarla con más fuerza.

—Todo aquí es de segunda mano —se burló Malfoy abriendo los ojos y volteándose a ver a su amigo que peleaba con la puerta, pero sin levantarse del regazo de Parkinson, quien seguía acariciando su cabeza.

—Porquería —se quejó el moreno, quien se aferró a la puerta para cerrarla con todas sus fuerzas, pero como si alguien más la estuviera empujando al lado contrario, la puerta se abrió por completo y de un tirón, tirando a Balise contra el regazo de Goyle, quien gruñó por sus pastelillos que terminaron aplastados.

—¡Esos eran los últimos de chocolate blanco! —recriminó Gregory, empujando de mala manera a Zabini, quien pateó la puerta de mala forma al levantarse.

—¡Yo que culpa tengo de que esa cosa no sirva! —se quejó Blaise. Goyle se levantó de un tiró y con todas sus fuerzas cerró la puerta. La puerta azotó fuerte y por unos instantes los presentes hubieran jurado que los cristales se romperían.

—Ya cálmense los dos —les ordenó Draco, frunciendo el entrecejo. De por si que le dolía la cabeza y todos haciendo escándalo.

—Porquería —volvió a mascullar Zabini, desplomándose de mala manera en su asiento, a un lado de Crabbe, quien ni siquiera les prestaba atención pues llevaba un buen rato leyendo su cómic.

—Ya deja de quejarte —insistió Malfoy, soltando una pequeña risa y acomodándose mejor en el regazo de Pansy—. Mejor cuéntame, Blaise —pidió el rubio, cerrando los ojos ante el masaje que la pelinegra le proporcionaba—. ¿Qué quería Slughorn?

—Sólo trataba de ganarse el favor de algunas personas bien relacionadas —contestó Zabini, que seguía mirando con rabia a Goyle—. Aunque no ha encontrado muchas —añadió con desdén. Draco volteó a verlo y frunció un poco el entrecejo.

—¿A quién más invitó? —inquirió.

—A McLaggen, de Gryffindor... —respondió.

—Ya. Su tío es un pez gordo del ministerio —le cortó Malfoy, pero el moreno siguió hablando.

—... a un tal Belby, de Ravenclaw... —siguió resitando sin importarle que los otros hablaran.

—¿A ése? ¡Pero si es un mocoso! —intervino Pansy.

—...y a Longbottom, Potter y esa Weasley —terminó Zabini, girándose para mirar por la ventana. Draco abrió los ojos con cierta sorpresa y se incorporó de golpe, apartando la mano de Pansy.

—¿Invitó a Longbottom? —preguntó extrañado.

—Supongo, porque Longbottom estaba allí —respondió Blaise con una mueca.

—¿Por qué iba a interesarle Longbottom? —masculló Malfoy y Zabini se encogió de hombros—. A Potter, al maldito Potter... bien, es lógico que quisiera conocer al «Elegido» —se burló—, pero ¿a esa Weasley? ¿Qué tiene de especial la zanahoria con patas?

—Muchos chicos están colados por ella —terció Pansy, observando de reojo a Zabini para ver su reacción—. Hasta tú la encuentras guapa, ¿no, Blaise? ¡Y todos sabemos lo exigente que eres! —se burló, ganándose una mirada asesina.

—Yo jamás tocaría a una repugnante traidora de la sangre como ella, por muy guapa que fuese —replicó Zabini con frialdad, y Pansy sonrió satisfecha. Draco bufó y rodó los ojos ante aquello, dejándose caer de nuevo en el regazo de Pansy, más por comodidad que por el dolor de cabeza que se había esfumado desde que había comenzado a platicar con Blaise. Quizás lo que lo atormentaba eran las cosas que tenía que hacer y distraerse un rato era lo que en verdad necesitaba.

—Por lo visto, Slughorn tiene muy mal gusto. Los años ya le pesan. Es una lástima; mi padre siempre decía que en sus tiempos fue un gran mago, y él era uno de sus alumnos predilectos. Seguramente Slughorn no se ha enterado de que yo viajaba en el tren, porque si no... —sugirió.

—Yo no creo que te hubiese invitado —lo interrumpió Blaise con seriedad—. Cuando llegué a la reunión, me preguntó por el padre de Nott. Se ve que eran viejos amigos, pero cuando se enteró de que lo habían pillado en el ministerio no pareció alegrarse, y Nott no fue invitado, ¿verdad? Me parece que a Slughorn no le interesan los mortífagos —comentó con obviedad, mientras Draco soltó una risa forzada.

—¿Y a mí qué me importa lo que le interesa o lo que no? Al fin y al cabo tan sólo un estúpido profesor. —dijo, fingiendo un bostezo de aburrimiento—. Además, ni siquiera sé si el año que viene iré a Hogwarts —añadió—. ¿A mí qué más me da si le caigo bien o mal a un viejo gordo y estúpido?

—¿Qué quieres decir con que no sabes si irás a Hogwarts? —se alarmó Pansy, y dejó de acariciarlo.

—Nunca se sabe —replicó él, y esbozó una sonrisa maliciosa—. Quizá me dedique a cosas más importantes e interesantes —sugirió, notando claramente como es que Zabini, al parecer, aún no estaba al tanto de sus cosas. Le alegraba que Theo no lo hubiera puesto en contra suya, quizás lo podría convencer para que lo ayudara igual que Crabbe y Goyle. El moreno no pudo ocultar su expresión de curiosidad y casi boca abierto interrogó a su amigo.

—¿Te refieres... a él-que-ya-sabes? —preguntó Zabini.

—Mi madre quiere que acabe mi educación en Hogwarts —contestó Draco encogiéndose de hombros—. Pero francamente, tal como están las cosas, no creo que eso tenga tanta importancia. Si lo piensas un poco... Cuando el Señor Tenebroso se haga con el poder, ¿crees que se va a fijar en cuántos TIMOS y ÉXTASIS tiene cada uno? Pues claro que no. Lo que importará entonces será la clase de servicio que se le haya prestado o el grado de devoción demostrado —soltó con naturalidad.

—¿Y crees que tú podrás hacer algo por él? —repuso Blaise con tono mordaz, sin dar crédito a la forma en la que se expresaba el rubio— Pero si sólo tienes dieciséis años y todavía no has terminado los estudios.

—¿No acabo de explicarlo? Sé que a él no le importará si he terminado los estudios o no. Quizá para hacer el trabajo que él quiera encomendarme no sea necesario tener ningún título —replicó Malfoy con sobervía, buscando ganarse su apoyo. Lo último que necesitaba era que él se pusiera en su contra. Vamos, no tenía mucho tacto para decir las cosas y esa no era ninguna novedad, pero intentaba exponer la idea de forma tentadora y las miradas sugerentes de Crabbe y Goyle ayudaban.

—Ya se ve Hogwarts —anunció Pansy, dejando de acariciar la cabeza de Draco y señaló por la ventanilla. —Será mejor que vayamos poniéndonos las túnicas.

—Y a todo esto —habló Blaise, mientras bajaba su baúl—. ¿Y Astoria? —preguntó, para cambiar el tema que Draco había puesto sobre la mesa anteriormente.

—Molesta, seguramente —se adelantó a responder Parkinson.

—Si los vio así como estaban, la apoyo completamente —les regañó el moreno, quien se ponía la túnica por encima de la ropa.

—No nos vio así —se defendió el rubio, quien de repente miró hacía la rejilla con las cejas enarcadas. Por un momento le había parecido escuchar un ruido donde estaba el baúl de Goyle, pero al no ver nada, sacudió la cabeza y volteó de nuevo a ver a su amigo—. Se molestó porque le dije algo de Greyback —aclaró como escupiendo las palabras y poniéndose finalmente la túnica de Slytherin.

—Vale, que ustedes dos no pueden vivir sin discutir por algo —comentó Zabini, negando con la cabeza.

—Ya está muy trillado eso de pelear y reconciliarse ¿no? —sugirió la chica que acomodaba su bufanda con cierta coquetería.

—Más trillado están tus intentos de reconquistarme —murmuró Draco para si mismo, quien se abrochó su capa de viaje nueva cuando el tren reducía la velocidad hasta casi detenerse. Nadie más dijo nada, todos se dedicaron a tomar sus cosas para bajar del tren, sobre todo Draco se preparaba para lo que haría, era ahora o nunca lo de Madam Rosmerta.

O-O-O

—Astoria —llamó Paige a su amiga, quien se había dormido todo el trayecto.

—Princesa —insistió Cole, moviendo a la chica.

—¡No lo voy a hacer! —bramó repentinamente la pequeña Greengrass, abriendo los ojos de golpe y propinándole un manotazo a su amigo.

—¿Qué fue eso? —preguntó Leo, parpadeando.

—Nada —murmuró Astoria, frotando sus ojos para apartar el sueño. No sabía cuanto había dormido, pero si recordaba bien el sueño repetitivo que había tenido, donde Bella y otras mujeres maniáticas la incitaban a que matara. Sintió una incomoda sensación en su pecho y se estremeció, sabía que ella no era capaz pero la idea no dejaba de dar vueltas en su cabeza: "Acaba con ella, destruyela, despedazala, no dejes que se interponga en tu camino... "

—¿Estás bien? —inquirió Greyback, mirando con preocupación a la pequeña castaña.

—Claro, solo necesito despertarme —contestó en voz baja, cerrando los ojos con fuerza, intentando alejar esas voces e imágenes de su cabeza.

—Dormiste mucho —le dijo la pelirroja a su amiga, despeinandola un poco—. Te debe de doler la cabeza —bromeo—.Pero seguro que ahorita en el banquete te animas con un buen pudin de vainilla o un pastel de limón.

—La verdad, lo que me animará será ver a Draco —suspiró la Greengrass,

—Pues mientras lo ves, ponte la túnica que ya llegamos —informó secamente Cole, haciendo una mueca al escuchar el nombre del rubio.

—Vale, vayan, ahorita los alcanzo —sugirió la chica, levantándose con pereza para sacar su túnica de su baúl.

—¿No te piensas ir con nosotros? —interrogó Paige, extrañada.

—Iré a buscar a Draco saliendo de aquí, tengo algo que decirle —sentenció, arrugando la nariz cunado la imagen de Bella canturreaba nuevamente: "Matala".

—Era mejor cuando estaba dormida —masculló Leo, negando con la cabeza.

—No creo que lo encuentres —informó la pelirroja, señalando el cristal de la puerta corrediza, por donde pasaban varios alumnos. Los pasillos estaban llenos de chicos de todas las edades que querían salir del tren con todas sus pertenencias.

—Pero... —balbuceó Astoria, mirando su túnica con el ceño fruncido. No quería que Draco pasara más tiempo con Pansy, quería estar con él, sentarse con él en el Gran Comedor y comenzar bien el año, no cada quien por su lado.

—Pero si no te apuras perderemos las carretas y ni siquiera alcanzaras a comer con él —le informó con firmeza Paige, en vista de que los chicos solo miraban ecepticos a las muchachas.

—Las esperamos afuera del tren —declaró Cole, dedicándole una última mirada a las chicas antes de salir del compartimiento.

—¿Qué le pasa? —preguntó Astoria, poniéndose de una buena vez la túnica del colegio.

—Ignóralo, ha estado de mal humor desde que regresó del vagón de los prefectos, pero no nos ha querido decir que le pasó —informó la pelirroja.

—Según veo que nunca comenzaremos un año tranquilamente —bufó, cerrando su baúl y tomándolo para salir del lugar igual que su amiga. Los pasillos ya no se veían tan llenos como antes, al parecer la mayoría de los estudiantes ya habían bajado. Seguramente Draco también ya se había, así que sin decir una palabra más salió del expreso en compañía de Paige y se subió a la carroza con Leo, Cole, Coop y Artemis.

O-O-O

Draco miró como los pasillos se llenaban de gente y suspiró. Ya habían llegado, ya era hora de actuar. Goyle abrió la puerta y se sumergió en el mar de alumnos que luchaban por salir; Crabbe y Zabini lo siguieron, pero Pansy se quedó mirándolo expectante.

—¿No vienes? —preguntó al cabo de unos segundos de silencio.

—Ve tú primero —le dijo Malfoy a la chica, que lo esperaba con un brazo extendido, como si él fuera a cogerla de la mano—. Voy a esperar a Astoria —declaró, notando la mueca que la chica hacia.

—¿Dijo que vendría? —preguntó con cierto veneno.

—Si he dicho que la voy a esperar, es porque así es —aseguró el chico, sentándose cómodamente en el asiento y cruzándose de brazos.

—Como quieras —bufó Pansy y salió, dejando a Malfoy solo. Draco miró por la ventana, visualizando a los alumnos que bajaban al andén mal iluminado de Hogsmeade. Tenía que esperar, dejar que todos se fueran, y luego haría lo que había estado planeando durante todo el trayecto del tren.

El rubio suspiró y se apretó el puente de la nariz. Babjó las cortinas de la puerta, para que los del pasillo no vieran hacia adentro y luego bajó la cortina de la ventanilla. Miró nuevamente la rejilla del equipaje donde había escuchado unos quejidos cuando Goyle había bajado su baúl, frunció el entrecejo y se agachó a abrir su baúl de nuevo, pero ahora para sacar su varita.

—¡Petrificus totalus! —maldijo sin previo aviso, apuntando bruscamente hacía la rendija, quería quitarse la intriga de saber si había algo ahí. En un parpadear algo o alguien emitió un quejido ahogado y en cuestión de segundos un chico calló bruscamente al suelo, delante de los pies de Draco. El rubio hizo una mueca de asco al ver de quien se trataba. Harry Potter había quedado tirado en el piso, encima de una capa de invisibilidad que seguramente había usado para estar oculto todo el trayecto y espiarlo.

—Hm —el león estaba aturdido y paralizado, a duras penas movía los ojos para mirar a Malfoy, quien no pudo evitar sonreír de oreja a oreja.

—Ya me lo imaginaba —se jactó el rubio, comprobando con asco de que se trataba de él, era lo último que necesitaba en esos momentos, pero al menos aprovecharía la situación—. He oído el golpe que Goyle te dio con el baúl. Y cuando Zabini regresó me pareció ver un destello blanco... —dijo de manera pensativa, observando los zapatos que traía puestos Potter—. Supongo que fuiste tú quien atascaba la puerta cuando entró Zabini —lo miró con odio.

—Hm —Harry intentaba moverse con todas sus fuerzas, pero simplemente le era imposible.

—No has oído nada que me importe, Potter. Pero ya que te tengo aquí... — siguió diciendo y le propinó una fuerte patada en la cara, desquitando toda la rabia que sentía. Notó como le había roto la nariz y la sangre le brotaba a chorros por las fosas nasales.

—¡Hg! —el chico sintió el fuerte dolor en su nariz, el no poder moverse no le impedía no poder sentir y esa patada lo había dejado más aturido aún, de por si que el golpe al caerse de la rejilla le había dolido. Sentía como si una bludger lo hubiera atacado.

—Eso fue de parte de mi padre. Y ahora vamos a ver... —sacó la capa de debajo del indefenso cuerpo y se ocupó de cubrirlo bien, para asegurarse que no lo fueran a encontrar por equivocación—. Listo. No creo que te encuentren hasta que el tren haya regresado a Londres —comentó con tranquilidad—. Ya nos veremos, Potter... o de preferencia no. —sentenció, para salir del compartimiento, no sin antes propinarle un pisotón al cuerpo inerte.

O-O-O

—¿Creen que este año tendremos salidas a Hogsmeade? —preguntó Leo, quien miraba por la ventanilla de la carroza.

—Estando como están las cosas, la verdad no sé —respondió Paige analizando aquella pregunta en la que al parecer nadie se había puesto a plantear. La verdad, era que, fuera lo que fuera, las salidas a Hogsmeade eran muy entretenidas y servían de distracción cuando pasabas tanto tiempo encerrado en la escuela.

—Igual yo sigo sin poder ir —bufó Cole, mirando de reojo a su hermano.

—Deja de quejarte, solo es un año más y es decisión de nuestros padres —contestó Coop ante la mirada de su hermano mayor.

—Habrá que ver si aún tenemos un colegio dentro de un año —resopló la chica de cabello rosa que jugaba con sus mechones, sentada a un lado de Coop.

—Pero eso se llama ser positiva —inquirió con ironía Astoria—. ¿Por qué no mejor pensamos de una vez que no llegaremos a las navidades? —se burló.

—Claro, pero que miedo le vas a tener tú a el-que-no-debe-ser-nombrado —contestó de mala gana la Hufflepuff.

—No hagas esas acusaciones —le advirtió Cole a la amiga de su hermana.

—No son acusaciones, son hechos —declaró Coop—. Anda con el hijo de un mortífago.

Astoria entornó los ojos e hizo una mueca muy desagradable e impropia de ella, pero muy parecida a la que hacía su suegra cuando se molestaba.

—Yo no ando con Draco, soy su prometida y me enorgullece mucho llegar a forma parte de la familia Malfoy, digan lo que diga —sentenció de mala manera, fulminando con la mirada a los jóvenes de apenas segundo año. La voz en su cabeza volvía y una cólera la recorrió haciéndola temblar. ¿Pero qué le estaba pasando? ¿Por qué se sentía tan molesta? No podía ser simplemente por lo de Draco y Pansy, algo estaba mal en ella y la asustaba. Se cruzó de brazos, apretando fuerte las manos, mientras sus ojos verdes se perdían fuera del lugar. Solo quería llegar al castillo y ver a Draco de una vez, estar con él y dejar muy claro quien era ella.

El único problema era... ¿Quién era ella en verdad? Ella era Astoria Greengrass, Slytherin, sangre limpia, prometida de Malfoy, pero fuera de eso no estaba muy segura de quien era en verdad. Hace unos años atrás se hubiera declarado bailarina, pero ahora ya ni eso era. Arrugó la nariz y sacudió la cabeza, provocando que su cabello cubriera su rostro.

Ninguno de los presentes hizo ningún comentario ante eso, el tono frío y seco de Astoria había dejado muy en claro que no estaba de buen humor. Cole fulminó a su hermano con la mirada y él solo se encogió de hombros, murmurándole cosas a Asrtemis. Leo y Paige suspiraron y se encogieron de hombros. Lo mejor era no insistir en el mal humor que traía todo mundo ese día.

Llegaron a Hogwarts, donde, en la entrada, Filch registraba a los estudiantes uno a uno antes de que entraran al castillo. Astoria bufó ante aquello y se limitó a esperar en la linea para ser revisada, mientras con la vista buscaba a Draco. No lo encontró entre la gente, pero al menos encontró a Pansy en compañía de Blaise, por lo menos significaba que no seguían, pero entonces ¿donde se había metido? ¿por que las cosas nunca comenzaban bien?

O-O-O

Draco salió con sigilo de la estación para internarse al pueblo de Hogsmeade, concentrado en la idea de llegar a Las Tres Escobas en cuanto antes y pidiéndole a Merlín y Morgana de que el lugar estuviera vacío. Llevaba consigo su baúl y la varita en mano por cualquier cosa que se necesitara en el camino. Caminaba a prisa, evitando toparse con alguien, no quería que lo reconocieran.

Llego al local a hizo una mueca. Bien, ya estaba ahí, no quedaba de otra. Puso su mano en el pomo de la puerta y giro suavemente, notando que tenía seguro. Suspiró y levantó la varita, maldiciendo por lo bajo de que las cosas no salieran como querían.

—Alohomora —murmuró el rubio, escuchando un "clic" que indicaba que la puerta ya estaba abierta. Tomó aire y se llenó de valor, sin soltar la varita, entró al lugar, con todo y su baúl.

—¡Está cerrado! —informó Madam Rosmerta cuando la puerta rechinó al ser abierta. La mujer acomodaba unas botellas en las repisas que estaban detrás de la barra—. Mañana a primera hora estará abierto, hoy es noche de surtidos —informó, sin dejar de hacer la tarea de acomodar las cosas.

—Lo siento, pero igual no pienso comprar nada —declaró el rubio con tono jovial, poniendo seguro de nuevo a la puerta y dejando el baúl detrás de él para aproximarse peligrosamente, como una serpiente a punto de atacar.

—Oh, bueno. La posada está llena, así que, si es eso, deberá de ir a Cabeza de Puerco —informó Rosmerta, volteándose finalmente a ver al visitante.

—Tampoco vengo por eso —sonrió Draco con arrogancia, mirando a la mujer.

—¡Pero hijo! ¿Qué haces aquí? ¿Perdiste las carrozas de Hogwarts? —cuestionó ingenua y sorprendida al notar la túnica del chico que revelaba que era un estudiante del colegio y que pertenecía a Slytherin.

—No sea estúpida —bufó el rubio, levantando la varita para apuntarla. La mujer palideció, abriendo los ojos sorprendida ante aquel trato por parte de un estudiante, la verdad es que no lo había esperado—. Se confía mucho... ¿cree que por tener la gracia del viejo Dumbledore y darle posada a los aurores iba a estar a salvo? —se burló—. Lástima que ahorita sus queridos aurores están supervisando el traslado de los estudiantes. La dejaron sola...

—¿Pero que quieres? —la mujer retrocedió, haciendo un ademán de querer tomar su varita, para defenderse, pero Draco se le adelantó.

—¡Imperio! —dijo firme y claramente, viendo como la bruja se quedaba paralizada y con la mirada vacía—. Vieja estúpida, y yo que pensaba que tendría más problemas —bufó, guardando su varita y sacando de entre sus ropas la moneda de oro falsa que necesitaba para mantener comunicación con ella—. Bien, toma esto y cuídalo bien, porque lo usaremos para comunicarnos —sentenció, entregándole el galeón.

—Si —respondió secamente, carente de toda emoción. Un escalofrío recorrió al rubio, era irreal saber que la estaba controlando, que él era el que tenía todo el control sobre ella. Se sentía superior, poderoso y... ¡Merlín! No tenía tiempo que perder. Sacudió la cabeza y volvió a mirar a la mujer que ahora carecía de voluntad.

—Ahora me sirves a mí —declaró con firmeza, aunque era algo obvio—. Actuaras normal todo el tiempo, no debes de dejar que nadie note nada raro en ti, pero debes de estar pendiente de esa moneda para recibir mis órdenes. ¿Entiendes?

—Si —volvió a asistir Rosmerta.

—¡Actúa normal! —gruñó exasperado ante la forma tan hueca en la que se comportaba la mujer. Una ligera sonrisa se formó en el rostro de la bruja y su expresión se suavizó.

—Si, querido —respondió con un aire más jovial, regresando a su labor de acomodar las botellas de hidromiel.

—Mañana o pasado, cuando no levantes sospechas, quiero que vayas a Borgin y Burkes, en el callejón Knockturno y compres el Collar de Ópalo que tiene ahí, lo vas a guardar bien y esperaras a que yo te de ordenes sobre qué hacer con él, ¿entiendes? —ordenó tranquilo, sin darle mayor importancia a que la mujer no lo mirara directamente. La verdad, se sentía más cómodo así, aunque esa sensación de saber que la mujer estaba absolutamente bajo su control le seguía produciendo una extraña irrealidad. Era la primera vez que realizaba un maleficio imperdonable contra una persona y solo esperaba que fuera así de fácil realizar la maldición asesina.

—Claro, lo que digas, querido —asistió la mujer.

—Bien, bien —resopló el rubio, rascándose la cabeza. No tenía nada más planeado por el momento y si no se apuraba levantaría sospecha si no se presentaba en el banquete—. Ahora necesito que me lleves al colegio sin que nadie lo note —ordenó. La mujer dejó su trabajo y volteó a verlo con cierta ingenuidad ante la orden—. ¿Sabes aparecer? —cuestionó con cierta desesperación.

—Si, vamos —dijo en un susurro Rosmerta, caminado hacia donde estaba el rubio para tenderle las manos.

—Bien —Draco miró con desdén a la mujer, pero en vista de que no le quedaba de otra, fue por su baúl y aceptó la mano de la mujer. Fue tan solo cuestión de segundos antes de aparecer lo más próximo a los terrenos de Hogwarts, ya que estaba la barrera que protegía el colegio.

—No puedo adentrarme más —declaró la mujer con cierta aflicción.

—Está bien. Ahora regresa y como te dije, actúa normal y espera mis ordenes —indicó Malfoy comenzando a caminar a toda prisa para llegar al castillo. Malditas reglas y malditas cosas que no lo dejaban moverse con libertad en ese lugar. Debería de ser muy cuidadoso de ahí en adelante o Dumbledore podría descubrirlo.

Llegó finalmente a la entrada del colegio y miró como varios alumnos estaban ahí amontonados mientras, uno a uno, Filch revisaba el equipaje de los alumnos. Bufó y se cruzó de brazos, al menos no había llegado a mitad del banquete como pensó que sería. Quizás las cosas no habían salido del todo mal.