Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18.


Recomiendo: Fortune's Fool – Hiatus

Capítulo 42:

Parte I

Decidir

"Te di mi mano

Dijiste que nunca ibas a soltarla

Así que te dije que serías la persona con la cual formaría un hogar

Y tal vez llevaría a tus hijos conmigo

Y quizá tendríamos un hijo y una hija

Y los nombraríamos como queríamos

(…) Me diste tu palabra y dijiste que me amabas

Y que nunca me ibas a dejar ir

Así que dije, si el mundo se termina mañana

Estaría feliz de que tus labios fueran los últimos que besaran los míos…"

Edward POV

Vi la entrada a la casa y supe que debía hacerlo rápido o acabaría arrepintiéndome.

—Bajen sin hacer ruido. Mamá debe estar durmiendo —susurré, aferrado al manubrio.

Los dos se mantuvieron en silencio, sin querer hacer lo que les ordenaba. Estaba perdiendo la paciencia, necesitaba que actuaran rápido.

—Agatha, Fred, salgan —dictaminé.

Bajaron del coche con sus mochilas mientras los miraba con un nudo en la garganta, queriendo pedirles perdón por mi arrebato. Finalmente, respiré tan hondo como pude y me bajé también, porque era algo que debía enfrentar de cualquier manera.

Recibí el saludo de los perros y me quedé un buen rato con ellos. Iba a extrañarlos. Luego me dirigí hacia la habitación, donde imaginaba que Bella seguía durmiendo; esperaba que fuera así, si no sería todo más difícil. Incluso el verla entre las sábanas, tocando el lado vacío de forma inconsciente, me hizo tragar con fuerza. Y por más que busqué la manera de no caer, lo hice, me senté a su lado y acaricié su mejilla por varios segundos, grabándome su rostro tras mis dedos.

Amaba a Bella, lo hacía de las maneras más intensas posibles, pero ella necesitaba espacio, sobre todo para saber si realmente me odiaba por lo que había hecho.

Me separé, sin saber si sería posible sostenerme realmente a este tiempo lejos de su lado, de lo que significaba nuestra relación y de mis hijos.

Tragué y saqué la carta de mi abrigo, la puse sobre la mesa de noche y me paré bajo el umbral de la puerta, mirándola por última vez.

—Esto es lo más valiente que he hecho… Permitirte la paz cuando muero por estar a tu lado. Si esto significa no volver a estar contigo, lo aceptaré, pero sé que te amaré cada día más —susurré.

Me di la vuelta y respiré hondo. Bajé las escaleras, me enfrenté a Agatha y Fred, que me miraban con desolación y simplemente los abracé, no queriendo que dijeran más.

—Estaré pronto con ustedes —mascullé—. Solo es un viaje rápido. Mamá se quedará a su lado por el momento.

—¿De verdad sigues amando a mami? —preguntó Fred, agarrado de mi camiseta.

Sonreí con tristeza y le acaricié el cabello.

—La amo y nunca dejaré de hacerlo.

—¿Mami ya no? —le siguió Agatha.

Vi el gran miedo en sus ojos.

—Ella… Ella necesita de ustedes —evadí—. No la dejen, porque ella intentará protegerlos siempre.

—¿Prometes volver?

Tragué y asentí.

Continué abrazándolos, grabándome sus olores y su calor. Esperaba ser fuerte para estar lejos de mi familia e iba a intentarlo a toda costa.

Me acerqué a la puerta cuando ya escuchaba el sonido de Bella levantándose y con la garganta ennudecida me subí al coche, huyendo de su presencia, porque si me mantenía aquí y la veía, todas mis fuerzas se irían al carajo. Encendí el coche y conduje hacia la salida del vecindario, esperando que esto sirviera para sanar, así fuera lo último que hiciera.

Bella POV

Me quedé de pie, repitiendo las palabras de mi hijo. Claro que se había marchado.

Tuve que tragar y sujetarme un momento del umbral de la puerta, instada a correr y buscarlo. Pero finalmente no lo hice, solo me quedé de pie, desgarrada porque Edward tenía razón, no podía quedarse aquí si cada palabra que nos dijimos dolía. Sin embargo, contener los sentimientos era insostenible.

Y así continué por algunos minutos, mirando al horizonte, con el maldito nudo en mi garganta.

—Mamá, ¿has dejado de querer a papá? ¿Por qué se fue? Él dijo que estaría siempre con nosotros —gimió Fred, tirando de mi ropa.

Pestañeé, volviendo en sí.

—¿De verdad ya no lo quieres? —inquirió Agatha, arqueando las cejas.

Estaba muy molesta y ya comenzaba a llorar.

—¿Por qué crees eso? —inquirí, frunciendo el ceño.

—Porque es así, lo dejaste de querer… porque… porque… él se fue… se fue y papi nunca haría eso —gruñó, sollozando a la vez.

Dejé caer los hombros y me agaché para estar a la altura de ambos.

—Sigo amándolo, lo hago más que antes —susurré, luchando por no llorar—. Pero a veces… aunque dos adultos se amen, no es suficiente.

La barbilla de Agatha tembló, mientras que Fred hizo un puchero, restregándose los ojos con los puños.

—Les prometo que, aunque él esté lejos, nunca dejará de quererlos, pronto lo verán…

—¡Yo solo quiero que estén juntos! —Ella estaba tan molesta que se rehusaba a mí—. ¡Ya no nos quieres!

Atraje a ambos a mis brazos y los sostuve de forma larga, cerrando los ojos para que se calmaran. Finalmente, dejaron de llorar y solo ahí pude sacar la voz sin quebrarme.

—Los amo, a ti, a Fred y a papá —aseguré—. Pero hay cosas que ustedes no pueden entender. Lo único que deben saber es que él y yo nos queremos de una manera insoportable, pero…

—¿Por qué la gente que se quiere no está junta? —inquirió mi hijo, sobándose la nariz.

—Porque los adultos somos difíciles —susurré—. Y no vuelvas a decir que no te quiero, Agatha, ¡no vuelvas a decirlo!

Sus ojos se abrieron, mirándome de forma inocente y frágil.

—Soy tu mamá —afirmé, sujetando su barbilla—. Aunque Edward… no esté conmigo.

Decirlo me desgarraba. ¿Cómo sostenerme? Mirar el ropero sin sus cosas era… algo que me destrozaba.

—Quiero estar con papi —gimió Fred, tomándome desde el cuello—. Quiero estar con él. Es papá, mami, mi papi de verdad.

Seguía conteniéndome para no derrumbarme frente a ellos.

—Pronto lo estarás.

—¿Quieres estar con él?

Suspiré.

—Vamos a comer algo, ¿sí? Por favor, no sigamos con esto —supliqué.

Iba a derrumbarme y ellos no podían ver eso de mí.

—Les haré algo especial.

Fred me sujetó las mejillas y juntó su frente con la mía, preocupado de mi bienestar.

—Mami —susurró.

Lo abracé y lo olí, para luego recibir el abrazo de Agatha, que continuaba llorando, sin entender realmente que esto era algo que ni Edward ni yo podíamos explicar de la manera correcta.

Hice todo lo que pude cocinándoles algo mientras se ponían el pijama. Luego, les lavé los dientes e intenté que conciliaran el sueño a solas, se veían cansados y tan preocupados que pronto se vieron demasiado desanimados, pero en cuanto les di un beso en la frente a cada uno, me pidieron quedarme, en especial Agatha, que seguía extremadamente lábil a nivel emocional. Ellos habían decidido dormir juntos y abrazados, como apoyo mutuo, uno que nadie podía romper.

—Apenas cabemos los tres —dije, poniéndome en medio.

Fred abrazó mi cuello y Agatha puso su cabeza en mi vientre.

—¿Sigues enojada conmigo? —le pregunté a ella, acariciando sus rizos con cuidado.

Pestañeó y me miró a los ojos.

—Estoy triste.

—Está bien estar triste. También lo estoy.

—No quiero estar sin papi.

Hundí mis dedos en su cabello y la apreté a mí.

—Él solo se ha ido… Pero sé que te llamará pronto y que… luego lo verás…

—¿No me ha dejado?

Me reí ante lo ridículo que eso sonaba.

—Claro que no, Pulgarcita, ¿por qué lo preguntas?

—Porque se ha ido, no quiere volver, no me quiere…

—Tu padre te ama con todo su corazón, no te ha dejado, jamás va a abandonarte —afirmé, mirándola a los ojos para que notara mi completa sinceridad.

—¿Tú tampoco?

Sonreí y le acaricié las mejillas.

—¿Quién soy para ti?

—Mi mamá. Mi mamá de verdad.

Le besé la frente.

—Tú lo has dicho. Soy mamá, siempre lo seré. Tuya —le di un piquete pequeño en la nariz— y tuya —le dije a Fred, dándole un piquete, esta vez en la mejilla—. Ninguno más hijo mío que el otro. Los amo, estoy aquí, siempre lo estaré.

Ambos intensificaron sus caricias y abrazos y se acomodaron conmigo, salvaguardados por mí, a pesar de que aún extrañaban a Edward. Y yo también. Lo único que nos faltaba era su protección y su cariño… y a mí todo de él.

Sentí que Fred y Agatha ya se habían dormido, lo que por primera vez me hizo sentir la ausencia completa de Edward, así como analizar por completo todo lo que había estado pasando. Luego de ello, comencé a desesperarme, porque sentía que mi familia se iba al carajo y que ellos iban a sufrir más de lo que ya lo habían hecho.

Tuve que levantarme para refrescarme. Salí al jardín y me fumé un cigarrillo, comenzando a temblar y a sentir el llanto acumulado en mis ojos, sintiendo el vacío incesante de su ausencia. Ahora comenzaba a internalizarla y a hacerse más real, lo que se sentía cada vez peor. Ya luego de un rato no pude aguantarlo más y me eché a llorar, desesperada, como si quisiera correr adónde fuera que estuviera para ir con él. ¿Se había ido con la banda? ¿Estaba con Jonas? Quizá con su familia. Podía llamarlo, ¿no? Podía…

—Pero qué idiota —sostuve, poniéndome una mano en la frente.

No debía llamarlo, Edward necesitaba paz, por una razón importante se había ido y, como dijo una vez, él también sentía y sufría cada dolor de la misma manera que yo, como cuando perdimos a nuestro bebé. Él debía estar cansado de ser fuerte, así como también de todo lo que pude decir debido a la desesperación de cada verdad llegando de la manera en la que sucedió. También quería darme mi tiempo, el mismo que necesitaba y que le pedí. Pero no tenerlo conmigo me estaba desgarrando y yo estaba furiosa conmigo misma porque me costaba entenderme, cada sentimiento era demasiado para mí y…

—¡Demonios! —gruñí, limpiándome las mejillas mientras continuaba sollozando de forma profusa.

El mismo aire de la noche me desesperó y el frío de su sola ausencia parecía mezclarse con el del exterior, por lo que entré, seguida por los perros que no comprendían lo que sentía, pero querían acompañarme. Durante una hora me paré delante de la ventana delantera, mirando la moto estacionada y el casco colgando del manubrio. Quizá tenía la esperanza de que llegara en el coche, y aunque quizá era una egoísta que no sabía lo que quería, era imposible evitarlo. Y tras esa hora, Edward jamás apareció.

—¿Crees que esto pueda solucionarse? —le pregunté a Precioso, acariciando sus orejas—. ¿Crees que esto nos sirva?

Preciosa puso su cabeza sobre mis muslos.

—Todo ha sido tan difícil. Íbamos a casarnos, íbamos a tener un bebé… —gemí, sin aire—. Es como si nada resultara, como si el destino no nos quisiera juntos.

Sollocé con fuerza y ellos me acompañaron.

—Y cuando creí que podíamos… Era negativo. ¿Por qué? —supliqué—. ¿Por qué…?

Estaba tan agotada, quería sentirme débil, estaba cansada de ser fuerte en un día en el que era más frágil que nunca. Así que me atreví a dar unos pasos a la habitación, donde aún podía sentir el aroma de Edward, un aroma que iba a irse con el paso de los días. La sensación fue muy devastadora, en especial al ver aún los cajones y puertas abiertas. ¿Había dejado algo al menos?

Fui hasta allá y vi un par de abrigos, una de sus chaquetas de cuero y una que otra prenda en la que hundí mi nariz. Tomé una de sus camisas de leñador y me la puse, acomodándome luego en la cama, como si me abrazara a él. Cuando me giré a mirar hacia la mesa de noche, vi un sobre con mi nombre escrito en la cara frontal. Fruncí el ceño y lo tomé, sintiendo el temblor en mis manos. Era su letra. Cuando saqué la carta, fue inevitable volver a llorar, era insostenible. Tuve que tomar aire y comenzar a leer, o acabaría volviéndome completamente loca.

"Hola, nena

¿Puedo seguir llamándote así? Dime que sí, porque para mí siempre lo serás.

Sé que puedes pensar que soy un cobarde por irme de casa de la manera en que lo hice y que pensarás que lo hago como una manera de castigarte, pero no es así. Si procedo a decirte esto mediante una carta, es porque sé que, si te lo digo de frente, voy a quebrarme y no podré hacerlo.

Necesito estar lejos de ti, por más que duela, de verdad lo necesito. También ansías un espacio, y aunque sé que me desgarra no poder tenerte conmigo, ya nos hemos dicho suficiente para agregar más a esta pesada carga. Es ahora o nunca, cariño, es el momento de ver si realmente nos queremos juntos o esto tendrá otro rumbo.

No voy a negarte que me duele, que la decisión es un impulso que no puedo analizar porque sé que, de hacerlo, me negaría. Pero hay mucho en lo que pensar, en especial en ti, y quiero darte ese espacio.

Tampoco voy a mentirte, sigo amándote, tanto o mucho más que antes. Lo hago de la manera más sincera posible, con intensidad y con la pasión que tanto quiero compartir contigo. Te amo, por favor, no lo olvides, recuérdalo cada noche y en cada momento.

Por último, quiero decirte que me voy a Manhattan por unas semanas, quizá un mes… quizá dos… No lo sé. Me ofrecieron algo muy importante como periodista y esta vez usé esto a mi favor para nosotros. No voy a mentirte, antes de que todo esto sucediera quería decírtelo para que te tomaras unos días y fueras conmigo, pero las cosas no siempre suceden como queremos, ¿no? Ojalá te tuviera junto a mí, ojalá… estuvieras a mi lado…

En fin, espero me entiendas y, te digo una vez más, que te amo con toda intensidad. Ya no soy lo suficientemente fuerte para pensar en todo esto de la manera en la que estábamos. Te extrañaré, por Dios, sí que lo haré. Solo… recuérdame, ¿sí?

Diles a nuestros hijos que los amo también. Estaré llamándolos, espero que no te moleste.

Tuyo, siempre

Edward Cullen"

Apreté la carta mientras temblaba, manchándola con mis lágrimas.

Uno o dos meses fuera… Iba a ser muy lejos, ya no estaba en el estado. Sentí una angustia inmensa en mi pecho y por un segundo quise correr hacia el coche para manejar hasta el aeropuerto y darle un último adiós.

Un último adiós…

Atesoré cada palabra, sintiéndome contrariada. ¿No era esto lo que pedía? Un espacio para que ambos pudiéramos pensar. ¿Por qué ahora la realidad dolía de una manera tan inverosímil? Era desesperante.

Edward…

Miré mi anillo y lo acaricié por largos segundos, recordando nuestros sueños, pero también lo que luego sucedió. Recobrar el sentido de la realidad y traer nuevamente a mi mente lo que había pasado hacía tantos años con esa maldita mujer y con Greg, hacía que las cosas fueran todavía más difíciles.

—No sé cómo soportaré todo esto —musité—. Solo sé que te amo y que te extrañaré el tiempo que nos tome esto.

Me devolví con los pequeños y me acomodé junto a ellos, siendo lo suficientemente fuerte gracias a su calor y a su existencia. Tenía que poder hacerlo, ya era una mujer adulta y había pasado por dolores que me habían hecho la mujer que era hoy. Esto debía enseñarnos y era solo el comienzo.

.

Vi el calendario, sorprendida de cómo el tiempo había pasado desde que había visto a Edward por última vez. Ya eran quince días, quince malditos días en los que los pensamientos pasaban desde la añoranza al deseo impertérrito por correr hacia el primer avión que veía solo para ir a por él. Pero cada noche soñaba, revivía el momento en el que Greg había muerto, y en todos ellos veía a Edward ahí. El llanto de cada mañana era insostenible, por lo que mamá vino a ayudarme, en especial con Agatha y Fred.

—Bella —comentó Renée, sosteniendo el teléfono cerca de ella.

Levanté la cabeza de mi laptop, concentrada en la revisión de los últimos exámenes que había tomado a los alumnos de la facultad.

—Son Esme y Carlisle, quieren hablar contigo.

Apreté los labios.

—Diles que no puedo —susurré.

Mamá suspiró.

—¿Vas a evadirlos otra vez? Están preocupados por ti, sigues siendo…

—Sé que sigo siendo su nuera —musité en respuesta—, pero voy a llorar y ya no quiero hacerlo.

Ella suspiró y se fue con el teléfono, comprendiendo mis sentimientos una vez más.

Escuché a Agatha y Fred jugando con los perros en el jardín, pero luego el sonido del móvil de ambos hizo que se callaran.

—¡Es papá! —gritaron al unísono.

Tragué y escuché su voz, como cada día, saludándolos a cada uno en esa videollamada que me martirizaba.

—¿Cómo está mamá? —preguntó.

Cuando lo hacía, su voz se agravaba.

No habíamos hablado desde ese día, así como tampoco había visto su rostro, ni sus expresiones, ni sentido su calor…

Suspiré y cerré la laptop, para luego mirar cómo la pantalla principal de mi móvil anunciaba que quedaba solo una semana para la fiesta de lanzamiento de mi libro, lugar al que tampoco iría con Edward, el principal inspirador de mi historia de ensueño, aquella en la que él era el protagonista, mi hombre ideal.

Tocaron a la puerta y yo fui a abrir, sorprendiéndome de ver que se trataba de Victoria, James y Rosalie, que venían con golosinas y un rosé barato. El solo hecho de verlos hizo que comenzara a llorar y los abracé, por lo que me recibieron de la misma manera, como lo que eran: mis mejores amigos.

—Lo necesitaba —susurré.

—¿El vino o nuestro abrazo? —inquirió James.

Me reí.

—Ambos.

—Tu madre nos llamó. Sabíamos que querías un momento a solas, pero estar con Agatha y Fred solventando todo esto es difícil —afirmó Victoria.

—Mereces un descanso, ¿no crees? —dijo Rose.

Escuché cómo mamá les decía a los pequeños que se quedaran juntos a jugar mientras yo me relajaba un poco, lo que de cierta forma agradecí.

Mis amigos sabían lo que había sucedido, claro que me entendían, pero también lo hacían con Edward. No los culpaba, sabía que estaba interponiendo todo contra el amor de mi vida, pero no podía evitarlo, realmente me costaba ver las cosas con claridad, ahora menos que nunca, que él estaba lejos.

James abrió el vino y nos sirvió a Victoria y a mí, mientras que Rose prefirió beberse una malteada que preparó rápidamente en la cocina. Nos acomodamos en la sala, mirando el correo de invitación a mi fiesta de lanzamiento del libro de relatos eróticos.

—Debería estar feliz por él, pero siento que me falta…

—Edward —interrumpió James—. Lo sé.

Suspiré.

—Sé que fui dura con él. Quizá asumió que mis sentimientos por…

—No tienes que pensar en eso —susurró Rose—. A veces cometemos errores y esos gestos nos hacen tomar decisiones. Edward necesitaba pensar, quizá…

—¿Y cómo pienso yo? Me está costando mucho, todo lo que tengo en mi cabeza es Greg y lo que ocurrió.

—¿Crees que Edward haya querido participar en aquel fatídico día? —preguntó Vicky, sobándome la espalda.

Negué con los labios apretados.

—A veces solo creo que tengo miedo de merecerlo —musité.

James me abrazaba, hundiendo sus dedos en mi cabello lentamente.

—¿Por qué?

—Sabes por qué.

—Bells…

—Todo iba tan bien, ¿sabes? —Me sobé la nariz—. Supimos que él y yo estuvimos juntos aquel día, cuando concebimos a Fred. Si tan solo no hubiera sucedido eso, las cosas…

—¿Crees que serían diferentes? —interrumpió Rose—. Vamos, cariño, ¡yo debería estarme volando los sesos por lo que causé recurriendo a ti! Les debo todo y ustedes… ustedes perdieron a su bebé, ¡carajo! —gruñó—. No hagas que esto se pierda, Greg perdonaría el hecho de que Edward no haya podido ayudarle y le encantaría saber que ahora estás con un hombre que te ama de la manera en que él lo hace. ¿Recuerdas todas las veces que te pidió que dejaras al maldito de Dimitri? ¿Recuerdas todos los momentos en que te suplicó que no le tuvieras miedo porque quería que te amaran y respetaran como lo mereces? ¿Lo recuerdas?

Asentí, bañada en lágrimas.

—Edward es ese hombre, y aunque tuvo la mala fortuna de no poder ayudarlo, tú sabes que debió estar totalmente desvalido para no poder hacerlo. ¿Crees que Edward habría hecho algo para dañarlo, sea cual sea su pasado? Tú lo conoces mejor que nadie.

La respuesta era tan obvia.

—No, nunca se queda de brazos cruzados.

—¿Lo ves? Cariño. —Rose besó mis manos y me acarició junto a los demás—. No puedes dejar de ser feliz por el dolor que todos pasamos. Greg lo era todo para nosotros, especialmente para ti, pero quienes lo asesinaron fueron otras personas, no Edward.

Miré mi anillo, sintiendo el remordimiento ante cada pensamiento que tuve al respecto, pero especialmente las palabras que le dije debido al dolor.

—Tu familia es hermosa, Bella, mira lo que te ha costado todo, ahora tienes la posibilidad de continuar mirando hacia adelante con el hombre que más te ha amado en este mundo, el padre de tus hijos. Vamos, chica.

Vicky se acomodó delante de mí, queriendo tomar la palabra.

—Tanya también es parte de todo esto, pero debes recordar que ella ya no está, que te dio a Agatha, tu hija, ¿imaginas un mundo sin tu pequeña?

La sola pregunta tenía una respuesta clara. Claro que no imaginaba un mundo sin ella.

—Sabías la clase de ser humano que era y que odiaba a tu pequeña, no le dio el amor que tú sí, ¿sabes cómo? Porque el destino así lo quería. Esa nena solo te ha dicho mamá a ti, ¿puedes creer lo difícil que es para alguien de su edad amarte como tal? Ella ve en ti seguridad, amor… Tanya es una mierda, lo sé, pero solo trajo a Agatha al mundo, algo que, si no hubiera ocurrido, habría provocado que, quizá, Edward estuviera perdido por el mundo, y tú tendrías un hijo menos que te ama de la manera en que ella lo hace.

Asentí, comprendiendo a qué se refería.

—Tu familia es hermosa, Bells, solo… por favor, no dejes que pensar te nuble más de lo que ya estás, ¿sí?

Suspiré y me limpié las lágrimas, para luego beberme otra copa de vino.

—Ahora, ¿qué tal si cambiamos de tema para que nuestra chica no se nos deshidrate? —inquirió James, acomodándose a mi lado del sofá—. Como, por ejemplo, ¿quién es tu nuevo pretendiente, Victoria? —La molestó, provocando su rubor—. ¡Vamos, dinos!

Me reí, instándola a que lo hiciera.

—Solo llevamos… ¡Ya les diré! No ahora. —Se mordió el labio, muy nerviosa.

Todos pusimos los ojos en blanco, carcajeando a la vez.

—Al menos prométenos que es el indicado —pedí.

Suspiró.

—Creo que lo es.

Todos gritamos.

—Sí, definitivamente puede que lo sea. Quiero presentárselo a mi familia… Estoy tan nerviosa.

—¿Y nosotros? ¿Cuándo lo conoceremos? —inquirí.

Victoria me miró por unos largos segundos.

—Pronto —aseguró.

.

Los días que pasaron tras lo ocurrido con mis amigos hicieron que mi cabeza se esclareciera poco a poco. Esa noche, con el cuerpo temblándome, decidí llamar a Edward, suplicando por saber de él, sin embargo, el teléfono estaba apagado. Me desconcerté y finalmente corté, sintiendo que estaba cometiendo un error al interrumpir su paz. Él necesitaba estar lejos de mí también.

No pude volver a llamarle, la idea me revolvía el estómago y ya no quería sentirme de tal forma. Al menos… escuchaba su voz gracias a las llamadas que le hacía a los pequeños, las que eran incansables y constantes.

Ya solo faltaban dos días para la fiesta y sentía la presión constante de su ausencia. Iba a ser un día gris sin él, pero era mi logro y debía disfrutarlo a como diera lugar.

Había ido a comprar un vestido para esa noche y luego fui a dar una cátedra a la universidad. Pasaba de las cinco, por lo que el día aún estaba con la luz del sol. Mientras cruzaba una de las calles para llegar a mi coche, miré mi reloj, apurada porque los pequeños saldrían de la escuela pronto. Cuando me acomodé y puse el coche en marcha, miré por el espejo retrovisor, viendo un coche ajeno que parecía contemplar mis pasos.

Tragué, muy temerosa, por lo que apresuré el paso hacia la interestatal, dispuesta a irme pronto. La escuela quedaba cerca, por lo que sería fácil eludir a quienes sean que estaban observándome. Cuando tomé la calle principal, pude estar más tranquila, no se veía nadie cerca, salvo padres buscando a sus hijos que ya habían salido de la escuela. Esperé a Agatha y a Fred en la entrada, quienes ya debían haber salido hacía más de cinco minutos. Pero no los vi, lo que me extrañó.

Iba a entrar directamente, pero me bloqueé al ver cómo Agatha era visitada por un hombre, mientras a Fred lo mantenían alejado. Mi pequeña se veía indefensa, en especial porque la invitaban a un coche, lo noté por la manera en que apuntaban a él y ella se negaba rotundamente. La imagen me revolvió el estómago, por lo que corrí despavorida hacia ellos, sin saber a quiénes me enfrentaba, pero olvidándome de que yo también era una mujer indefensa frente a todos esos desconocidos que querían llevarse a mi hija.

—¡Agatha! ¡Fred! —chillé.

Noté que había otro coche más lejos y en él había una mujer que había visto antes. Era la madre de Tanya. ¡Eran ellos!

Habían notado mi llegada, por lo que comenzaron a acercarse otros hombres de manera amenazante. Creí que iban a hacerme daño, pero realmente era una banda de motociclistas que se interpusieron en el camino de ellos, haciéndolos alejarse para huir con sus coches por las calles. Agatha y Fred corrieron a mis brazos y yo los contuve, mientras veía a los chicos bajándose para asegurarse que estábamos bien. Cuando vi los tatuajes de uno de ellos, supe que estaba a salvo. Eran los chicos de Edward, su banda.

—Jacob… Sam… —musité, mirándolos con los ojos bañados en lágrimas.

Los dos agacharon suavemente la cabeza, mientras que las chicas se aseguraron de ver que todo estuviera bien. Eran Leah y Emily. Más allá noté a dos gorilas en motocicletas y un par más que sabía eran muy cercanos a Edward. Todos le debían lealtad y estaban aquí para defendernos.

—No podemos dejar a la chica del jefe ni a su familia desprotegidos. Nos pidió que estuviéramos pendientes de ustedes —me explicó Sam.

—Gracias —susurré—. Si no hubieran estado, quién sabe qué habría ocurrido.

—Debería llamar a Emmett —exclamó Jacob—. Es por su bien.

Asentí.

—Por favor, no le digan nada a Edward, va a preocuparse.

Todos se miraron, suspirando ante mi petición.

—Por favor —insistí.

Asintieron finalmente y me llevaron al coche, no dejándome a la deriva. Cuando conduje, mis manos temblaban, mientras miraba a los pequeños que se veían muy preocupados. Los motociclistas guiaron mi camino hasta que estuvimos seguros en casa y prometieron no irse, resguardando la rotonda. Una vez que estuve a solas con mis pequeños, simplemente me dediqué a respetar su silencio hasta que pudieran decirme qué ocurría.

—¿Se sienten mejor? —inquirí luego de llamar a Emmett para iniciar una denuncia por acoso a una pequeña de siete años. Él vendría en breve.

Agatha comenzó a llorar, abrazándome mientras que Fred le acariciaba el cabello.

—Dile, Agatha, dile a mamá.

Fruncí el ceño.

—Mami, perdón —susurró, escondiendo su rostro en mi cuello.

—No tengo nada que perdonarte.

—No te conté que ellos me decían cosas malas de ti. Siempre querían hacerte daño y me decían que ni tú ni papi me querían —exclamaba entre sollozos—. Tenía mucho miedo.

La apreté más fuerte y a Fred le acaricié el rostro.

—Lo sé. Sé que tenías miedo. Ya no importa, ahora sé que ellos estuvieron detrás de ti todo este tiempo.

—No quiero que te hagan daño, mamá.

—No lo harán.

—Quiero a papi —suplicó—, quiero que esté con nosotros, quiero mi familia, mamá. Tengo miedo. ¿Ustedes dejaron de quererse por lo que hice?

—Agatha…

—¿Dejaron de quererse? Mami, debí decir que esas personas me seguían. Nunca quise tratarte mal, mami, pero tenía miedo.

Suspiré y la callé, atrayendo a Fred para que juntos nos acomodáramos. Sentía el corazón desgarrado al imaginar todas esas veces que aquellos inhumanos ancianos habían buscado a mi hija, diciéndole quién sabe qué cosas con tal de revolver su inocente cabeza. Dios mío, y creía que Edward no estaba con nosotros por su culpa.

—También lo extraño —musité—. No es lo mismo sin él, ¿no?

Los dos negaron y se quedaron en silencio, volviendo a abrazarme, compartiéndome la sensación de desasosiego de vernos en esta posición.

¿Dónde estaba él?

.

Edward POV

Miré la fotografía del cumpleaños de Agatha. Estábamos los cuatro reunidos, sonriendo ante la cámara. Me detuve por varios segundos en el rostro de Bella, ansiándola como bien sabía hacerlo.

Vaya que la extrañaba. Vaya que me costaba el paso de los días sin escuchar su voz. Vaya que la amaba.

Respiré hondo, mirando la hora de reunión. El director de periodismo del New York Times quería concretar la oferta hoy, por lo que partí raudo en el coche. En medio de ello, imaginé la felicidad que ella sentiría si supiera que estaban dándome un trabajo de ensueño en Manhattan y que podría hacer resurgir mi carrera, la misma que perdí a causa de Tanya Denali y mis malas decisiones. Sin embargo, ella no estaba y su ausencia calaba de tal forma que la alegría que debía sentir se transformaba en nada.

Lo único que iluminaba mis días era escuchar las voces de Fred y Agatha, quienes al verme, suplicaban que volviera. Cada vez que terminaba mis llamadas, me echaba a llorar en mi cama, sin saber realmente qué hacer para remediar mis errores, pero también pensando en lo que hice mal para que Bella no fuera capaz de ver lo mucho que la amaba y era capaz de hacer por ella. A ratos pensaba en su frase, en la que me destruyó por completo: ¿nuestro amor era suficiente? A veces temía que no fuera así.

Recibí un mensaje de aliento de cada uno de mis amigos, también de mi familia, pero faltaba ella, sí. Encendí la radio, pero el solo sonido suave de la melodía me angustió, por lo que preferí calarme en el silencio.

¿Cómo se había ido todo a la mierda? ¿Todo se había destrozado el día que perdimos a Tommy?

Paré en el semáforo en rojo y junté mis manos en mi rostro, comenzando a llorar como un pequeño.

Demonios. La necesitaba conmigo.

Cuando tuve que volver a conducir, respiré hondo y seguí mi camino hasta las dependencias del periódico más importante del estado y uno de los más poderosos del país y el mundo. Suspiré y entré, sabiendo cuál era mi destino aquí.

—Edward Cullen, qué agradable verte —exclamó Gabe Johnson, el director.

—El gusto es mío, Sr. Johnson.

—Pasa, te estábamos esperando. ¿Quieres algo para beber?

—Estoy bien así, gracias.

Cuando me senté, de inmediato escuché las bondades que iba a recibir por trabajar aquí, así como lo importante que era para ellos mi antigua experiencia para dedicarme en exclusiva a mi propio departamento en el periódico. Estaba francamente sorprendido de que todo fuera de esa manera.

—La verdad, queremos ofrecerte lo que sea con tal de que te quedes con nosotros. Si necesitas una buena oferta de casa por Manhattan, déjame decirte que hay unas muy buenas y con el salario tendrás para regodearte.

Pestañeé, pensando en la realidad que se avecinaba.

—¿Casas…?

—Claro, Edward. —Gabe rio—. La idea es que te vengas aquí. Las dos semanas que estuviste con nosotros nos encantaste y te queremos en el departamento con un horario establecido, ya sabes, que puedas vivir aquí, en Manhattan.

Tragué.

Irme… Dejar a mi familia que se estaba yendo al carajo para perseguir un sueño que creí que podría completar después de una calamidad de malas decisiones en el pasado.

—Lograrás mucho aquí, Edward. ¿Qué dices?

Bella… Si tan solo estuvieras aquí. ¿Valía la pena quedarme allá si ella efectivamente me quería lejos de su vida? Quizá… Quizá ella necesitaba que lo hiciera, de esa manera iba a dejar de sentir la presión de darme una respuesta que ya no podía darme, porque aunque nunca quise dañar a su mejor amigo, participé en el proceso.

Miré al señor Johnson, que esperaba una respuesta a su cuantiosa oferta, mostrándome los papeles para firmar lo que de seguro significaba que me alejaría por completo del amor de mi vida.

.

Me bajé del coche y miré el hotel. Quería que ella estuviera conmigo en este momento, que pudiéramos saborear lo que acababa de suceder. Fue desgastante. Finalmente recordé que mañana sería un día especial para ella, porque sería el lanzamiento de su libro en una fiesta privada. ¿Cómo olvidarlo? Juntos disfrutamos de ello con cada probada de dicha y sí, era su gran sueño.

A ratos luchaba conmigo mismo para no llamarla y decirle lo mucho que la amaba, pero ya era insoportable no poder hacerlo. Iba a volverme loco.

—Edward —llamó una voz femenina.

Me giré, contrariado de escucharla.

—¿Rose?

Suspiró dentro del coche y salió, mostrándome su ya crecido vientre de embarazo.

—¿Qué haces aquí?

Se abrazó a sí misma y se encogió de hombros.

—Quería hacer algo por ustedes.

Fruncí el ceño.

—Viajé muchas horas, lo sé, Emmett se pondrá como un loco al saber lo que hice, pero no podía evitarlo, yo… Les debo mucho y siento que por mí sufrieron más de lo que cualquiera podría soportar. —Sus ojos se llenaron de lágrimas al igual que los míos—. Ya no puedo ignorar lo que pasa.

—Rosalie, no necesitabas…

—Ve con ella, Edward.

Tragué.

—Ve con ella, deja ya esto, ¡ambos déjenlo! —exclamó, muy desesperada—. Si no le di una patada a Bella para que viniera a por ti fue porque tiene que cuidar de dos pequeños de siete años, así que solo me quedas tú para que acortes esta maldita distancia y puedas ir a por ella, ¡por favor!

Vi su angustia y desesperación porque me dirigiera a Bella luego de este camino tortuoso que llevábamos a cuesta.

—Ambos se necesitan porque se aman. Bella ya no soporta tenerte lejos y sé que necesitan hablar y que la distancia en muchos ocasiones es lo más importante en estos casos, pero ustedes están perdiendo el tiempo. Ve con ella, Edward, mañana es un día importante y necesita a su bombero de ensueño para que sea el día perfecto. Sé que quieres ir, mueres por acompañarla y quedarte a su lado, pero temes que te rechace. —Puso una mano en mi brazo de forma tímida—. Pero no lo hará. Ella busca la manera de encontrarte, pero siente lo mismo que tú. Hazlo, ve tras el amor de tu vida, y no solo por lo que sienten, sino por esos pequeños que los necesitan.

Respiré hondo, mirando sus ojos ansiosos por una respuesta que yo ya tenía en la punta de la lengua.

.

Bella POV

Cuando bajé de mi coche y me encontré con el hermoso centro de eventos de Chicago, uno de los más importantes por cierto, sentí que estaba cumpliendo un sueño más. Sin embargo, algo faltaba en mi corazón.

Vi fotógrafos esperándome en la entrada, así como a mi editora, a la directora de diseño y a un sinfín de personalidades que eran importantes para mí en esa fiesta. Todos se quedaron a mirarme, viendo mi tenida despampanante y mis tacones aguja, mostrándome como la nueva escritora que llegaría al alza con mi libro de relatos que pronto llevaría a la difusión del libro de mi bombero favorito.

Ah… Mi bombero… Mi bestia.

—¡Bella! Por Dios, qué guapa estás —exclamó la editora, tomándome las manos para darme una vuelta coqueta—. Oh, ¿llegaste sola?

Asentí con la garganta apretada.

—Hoy… estoy sola —respondí con los ojos escocidos.

Todos notaron mi expresión y el tono agobiado de mi voz, por lo que se callaron al respecto.

Me ofrecieron champagne y me condujeron hacia la zona principal, un salón magnífico y decorado tal como deseaba, con dorado, negro y rojo, donde la pasión parecía ser parte de cada rincón, resaltando quién era en su máxima expresión.

—Estoy tan orgullosa de ti, Bella —dijo mi editora—. Esto será impresionante y la historia del bombero erótico llamará la atención de todas, lo que es perfecto para el libro que vendrá. Espero que me tengas capítulos jugosos esta semana.

Sonreí, deseando poder entusiasmarme de la manera en que todos esperaban, pero me costaba mucho, de alguna forma, esto no podía hacerlo fácilmente sin él, porque parte de mis logros eran producto de la inspiración que Edward trajo a mi vida.

—Sí, unos cuantos esta semana. Los detalles son jugosos —afirmé, sacándole sonrisas a todos.

La gente comenzó a reunirse, todas personalidades relevantes para la industria editorial, así como críticos y personajes importantes de la difusión de nuevas obras modernas que llegarían a monopolizar las librerías en las próximas semanas, entre ellos, la periodista estrella de Cosmopolitan, que quería cubrir el inicio de lo que ya consideraban un éxito de la literatura erótica.

—Queremos que Isabella Swan, nuestra adorada autora, diga unas palabras de bienvenida para el lanzamiento de su magnífico libro antológico de erotismo y diversión —dijo el animador de la ceremonia, invitándome a subir al escenario mientras llevaban mi libro en una mesa de cristal, rodeada de rosas naturales de intenso color rojo pasión.

Me llevé una mano al pecho y acepté la petición mientras me aplaudían. Subí cada escalón con ayuda de los asistentes y me acerqué al micrófono, viendo a todas esas personas que esperaban una palabra saliendo de mí. Cuando iba a dejar salir un gracias conciso, vi que se abría la puerta principal y que luego se acercaba un hombre de cabellos cobres y desordenados, dueño de un par de ojos verdes imposibles de olvidar, usando un traje digno de él, con ambas mangas arriba, mostrando parte de sus tatuajes. En cuanto nos miramos, supe que iba a derrumbarme, en especial al darme cuenta de que efectivamente había llegado, porque sí, Edward estaba aquí.

Edward…

Edward había llegado a este día tan importante.

Oh, Dios.


Buenos días, les traigo un nuevo capítulo de esta historia. Primero, nuevamente pedir disculpas por no actualizar con la rapidez que me gustaría. Muchas saben que trabajo en pandemia y que actualmente me han llenado de muchas guardias que me dejan exhausta, por lo que intento escribir con todo el esmero, pero a veces el tiempo me resulta insuficiente. Por favor, paciencia, estoy buscando la manera de adecuarme a los horarios para darles capítulos más seguidos, pero sobre todo que estén bien hechos. Espero me comprendan, yo estoy adecuándome ya para poder traerles otro capítulo para ustedes, prometo que ya irán más seguido. Pero bueno, ¿qué piensan de lo que sucedió? Definitivamente, estos necesitaban separarse para añorarse y comprender que juntos son más equipo de lo que piensan y que su familia los necesita más que nunca. Rosalie jugó un papel importante y de alguna forma, ella necesitaba hacerlo para quitarse el dolor de haberse sentido culpable por lo que sucedió con el embarazo de Bella. ¿Qué piensan que ocurra ahora en esta fiesta de lanzamiento del libro de Bella? Todos verán a la Bestia yendo a por su escritora favorita. ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas

Agradezco los comentarios de Bells Cullen8, Pam Malfoy Black, joselin cullen, Bitah, mariannareynnoso, lalyrobsten, Johanna22, valentinadelafuente, ale173, PanchiiM, Majo, Mary de cullen, MarieCullen28, SeguidoradeChile, Berenice vargas, katyta94, CCar, anlucullen, alyssag19, freedom2604, Toy Princes, fernyyuki, Anita4261, rosy canul10, Sther Evans, Valevalverde57, cavendano13, tomboygirl2, morenita88, EloRicardes, Salve-el-atun, ELLIana11, Ivette marmolejo, Mime Herondale, sheep0294, luisita, Niny96, Bell Cullen Hall, Belli swan dwyer, sool21, rjnavajas, sollpz1305, AnabellaCS, Simone Ortiz, Wenday 14, calia19, barbya95, milyvu88, ariyasy, Ana karina, Liz Vidal, stella mino, viridianaconticruz, Coni, Tina Lightwood, anamel, twilightter, ELIZABETH, Hanna DL, Dani Arango, Rero96, Gladys Nilda, Liliana Macias, MasenSwan, Adriu, Melany, Chiqui Covet, Diana, natuchis2011b, Gis Cullen, Brenda naser, Yoliki, marieecullen, Ana, nikyta, caritofornasier, Luna, dana masen cullen, DanitLuna, LadyRedScarlet, NarMaVeg, Fernanda javiera, jhanulita, maribel hernandez cullen, Noriitha, BreezeCullenSwan, kathlen ayala, JMMA, Lore562, Vero Morales, Alexa Nash, Tata XOXO, LoreVab, Dominic Muoz Leiva, llucena928, Maris Portena, Lizzye Masen, dunia villatoro, jackierys, Santa, morales13roxy, Vanina iliana, lauritacullenswan, Pancardo, Ceci Machin, Mapi13, saraipineda44, GabySS501, Tereyasha Mooz, Brenda Cullenn, Cris, LicetSalvatore, dayana ramirez, Jocelyn, dayana ramirez, kpherrerasandoval, Javeh, debynoe12, krisr0405, patymdn, KRISS95, Pameva, ari kimi, Lys92, joabruno, alicia gonzakez salazar, Elizabeth Marie Cullen, Karensiux, Fallen Dark Angel 07, Desi 81, bbwinnie13, Valentina Paez, Iza, dany16, jupy, Twilightsecretlove, MakarenaL, CazaDragones, bbluelilas, alejandra1987, MARDELY, catableu, Lu40, Elmi, Adrianacarrera, Eli mMsen, Norellys, YessyVL13, Kamile Pattz-Cullen, nina pattinson1996, lolitahn44, Mayraargo25, esme575, Angelus285, Markeniris, carlita16, MissHerondalePotterMalfor, lunadragneel15, valem00, ConiLizzy, Robaddict18, Mariana, DannyVasquezP, valeeecu, Naara Selene, kaja0507, almacullenmasen, liduvina, Flor Santana, beakis, Luisa huiniguir, Schatzie0713, Lau Riera, NoeLiia, Jade HSos, Liliana, Veronica, Mary hale, Twilight all my love 4 ever, camilitha cullen, Esal, DarkMak31, PielKnela, Mar91, Jimena, Cecy Dilo, Leah De Call, Smedina, Sandoval Violeta, claribelcabrera585, Aidee Bells, Cris Scuderi, cary, JIJIC, miop, Gibel, NaNYs SANZ, Angeles MC, Jenni98isa, monik, LizMaratzza, nydiac10, AndreaSL, MariaL8, Owjuliette, kabamas y Guest, espero volver a leerlas nuevamente, cada gracias que ustedes me dejan es invaluable para mí, no tienen idea de la importancia que tienen para mí como autora, lo mucho que ayuda su entusiasmo, su cariño y cada palabra que tienen para darme, de verdad gracias

Recuerden que quienes dejen su review recibirá un adelanto exclusivo del próximo capítulo vía mensaje privado, y si no tienen cuenta, solo deben dejar su correo, palabra por palabra separada, de lo contrario no se verá

Pueden unirse a mi grupo de facebook que se llama "Baisers Ardents - Escritora", en donde encontrarán a los personajes, sus atuendos, lugares, encuestas, entre otros, solo deben responder las preguntas y podrán ingresar

Cariños para todas

Baisers!