Capítulo 49
Un mes después, Rasa Sabaku despedía a sir Hiruzen a la entrada de su fortaleza.
Lo ocurrido en el puerto, como poco, era digno de ser recordado, y saber que ahora contaba con la amistad del que era la mano derecha del rey de Escocia le hacía saber que en cierto modo su vida y la de su familia iban a cambiar.
De entrada, dos de sus hijos, Kankuro y Gaara, a pesar de su sangre vikinga, habían sido aceptados como guerreros del valeroso ejército escocés de Hiruzen, y eso era un gran honor.
Una vez Rasa habló con aquél algo en privado, sir Hiruzen miró a Sakura, aquella joven valerosa que le había demostrado tener el arrojo de una mujer vikinga, y, sonriendo, dijo tocando la cabeza del cachorro de lobo que sostenía en brazos:
—¿Estás segura de que quieres partir para Noruega al amanecer?
La joven sonrió y afirmó segura de sus palabras:
—Sí, señor. Mi hogar está allí.
Hiruzen asintió. No era hombre de meterse en problemas de amoríos, pero recordando a cierto escocés, repuso:
—Quizá estés equivocada. Tal vez tu hogar esté aquí.
Ella negó con la cabeza y, segura de su decisión, indicó dejando a Nidhogg en el suelo:
—Agradezco vuestro interés, pero prefiero regresar a Ski.
Una vez Hiruzen se marchó junto a los dos hermanos Sabaku para dejar listos los últimos preparativos del viaje, Temari salió por la puerta de la fortaleza y, acercándose a su padre, Neji y Sakura, musitó en noruego:
—Madre ha vuelto a desmayarse.
—Hija, pero ¿qué has hecho ahora? —gruñó Rasa.
La muchacha, a quien la rebeldía de pronto le salía por los poros, gruñó levantando las manos:
—No he hecho nada.
—Temari...
La aludida sonrió ante el gesto guasón de Sakura y añadió mirando a su padre:
—De acuerdo, Le he dicho que voy a trabajar con Sakura haciendo quesos en su granja para luego venderlos, y, claro..., le ha horrorizado mi plan.
Rasa suspiró, su mujer era insufrible, e indicó dirigiéndose a Sakura:
—No se lo tengas en cuenta a mi esposa.
—Tranquilo, señor —sonrió la vikinga observando a Nidhogg correr tras una lagartija.
De pronto, se oyó el ruido de unos caballos y Rasa se giró rápidamente y perdió el equilibrio. Neji se apresuró a sujetarlo para que no se cayera, y Temari, mirándolo, preguntó al ver su gesto:
—Padre, ¿estás nervioso por algo?
Él suspiró y, mirando a su pequeña, respondió:
—¿Saber que te marchas a Noruega te parece poco?
Entonces, ella sonrió y abrazó a aquel hombre, al que adoraba.
—Te voy a echar mucho de menos —murmuró.
Rasa asintió emocionado, quería la felicidad para su hija, y, cogiendo la mano de aquélla, la puso sobre su pecho y musitó:
—Yo también, pequeña, pero mientras nos sintamos aquí, nos seguiremos queriendo, estemos donde estemos.
Emocionada al ver aquello, Sakura tragó saliva. Aun habiendo pasado el tiempo, seguía añorando aquel tipo de contacto con su padre, y, sintiendo la mano de Neji, que cogía la suya, afirmó:
—Estoy bien.
Permanecieron en silencio unos segundos cuando Temari, soltándose de su padre, dijo:
—Por cierto, madre se empeña en que lleve toneladas de ropa, y no, no la necesito. Quiero comenzar una nueva vida en la granja de Sakura y no creo que allí vaya a tener tiempo para llevar delicados vestidos.
—No. Te lo puedo asegurar —afirmó la vikinga.
Todos sonrieron. El cambio que se había obrado en la joven era más que evidente. Había pasado de ser una muchacha miedosa e indecisa que vivía para su pelo, su piel y lo que su madre quisiera a ser una mujer con valor que vestía pantalones, llevaba el pelo corto y una espada colgada en el cinto.
Orgulloso de su hija, Rasa se dirigió entonces a Sakura y aseguró:
—Es el vivo retrato de mi madre, ¡su vivo retrato!
Complacida, Sakura, al ver que Neji y el padre de Temari se alejaban para cuchichear algo, preguntó mirándola:
—¿Eres consciente de que si vienes con nosotros a Noruega nunca vas a volver a ver a Naruto?
Oír ese nombre a la joven le encogía el corazón. Era difícil y duro vivir sin él, pero consciente de su realidad musitó:
—Peor sería si me quedara aquí y llegara a mis oídos que se ha casado y es feliz. ¡Lo mataría!
—¡Temari! —rio Sakura.
—En Noruega —prosiguió aquélla— no volveré a saber de él, y eso es justo lo que necesito. Pero si me quedo aquí ya sabes que tarde o temprano me llegará algo de él, y no, no quiero sufrir más.
Shizune, que en ese momento salía por la puerta, se dirigió al padre de la muchacha, que hablaba con Neji:
—Rasa, vuestra esposa os reclama para hablar sobre Temari.
El hombre resopló. Y, mirando a la muchacha, declaró:
—Hija, eres sólo una, pero hay que ver la guerra que me das con tu madre...
Una vez aquél desapareció en el interior de la fortaleza con Shizune, seguido por Nidhogg, la joven indicó con pesar:
—Es mejor que me vaya. Así mi madre podrá vivir tranquila y en paz. ¡Está histérica!
Oír eso apenó a Sakura, a la que de pronto se le llenaron los ojos de lágrimas y, sin poder contenerse, gruñó:
—No sé lo que me pasa. No lo sé...
Neji y Temari se miraron, y esta última dijo:
—Yo sé lo que te pasa.
—Y yo —afirmó el vikingo.
—Añoras a Sasuke..., ¡eso es! —insistió Temari.
Sakura, al ver cómo Neji la miraba, se limpió las lágrimas de los ojos y musitó con rabia:
—Me avergüenzo de mí misma. No... no sé por qué lloro. No sé por...
—Porque estás sensible, y tienes sentimientos y corazón —la cortó Neji con cariño—. Y, cuando uno está enamorado, recordar a la persona que ama y no puede tener duele mucho. Por desgracia, lo sé, y me apena terriblemente que ahora seas tú quien llore por eso mismo.
Sakura abrazó a Neji, a aquel hombre por el que daría la vida, y, cuando el abrazo acabó, él declaró:
—Deberías haberlo abrazado a él aquel día. Vi su mirada y...
—Neji —lo cortó ella—. En aquel instante abracé a quien me pedía el corazón. Y si ese cabezón escocés no fue capaz de entender lo que allí acababa de pasar y que para nosotros era el fin de algo terrible y el comienzo de una nueva vida, no seré yo quien se lo explique.
El vikingo resopló, pero, seguro de lo que decía, insistió:
—Y te entiendo, pero...
—Si me entiendes —lo cortó ella—, dejemos de hablar de él.
—A ver, Sakura, creo que Sasuke...
—¡No quiero hablar de él! —insistió—. Él tomó su decisión y así ha de ser.
Temari miró a Neji, y éste, encogiéndose de hombros y dándose por vencido, afirmó:
—De acuerdo.
En silencio permanecieron unos segundos, hasta que Sakura comentó para suavizar el ambiente:
—Y, hablando de nueva vida. Has cumplido una parte de lo prometido a mi hermana, pero ahora has de cumplir la otra parte que te queda.
—Oh, sí —terció Temari, que sabía de lo que hablaban—. Por supuesto que sí. Eres joven, valiente y gallardo, y has de encontrar a esa mujer que Tenten te pidió.
Al oírlas, Neji negó con la cabeza y cuchicheó:
—De momento es imposible apartar de mi mente lo que aún está en mi corazón.
—No tienes que apartarlo, Neji. Sólo tienes que darte una nueva oportunidad de amar y ser feliz —declaró Sakura con cariño.
Él sonrió con una candorosa sonrisa y, bajando la voz, afirmó:
—Cuando lo hagas tú. Cuando tú vuelvas a darle una oportunidad al amor, quizá entonces yo lo piense.
—¡Pero, Neji...! —protestó la vikinga.
Él meneó la cabeza al oírla y sentenció:
—No, Sakura. Yo tampoco quiero hablar de ello.
Ella suspiró y calló, cuando Temari comentó:
—Sin duda somos un trío de bárbaros curioso.
Los tres se miraron. Cada uno sufría por amor a su manera, cuando Sakura insistió:
—¡Eso debe acabar! —Y, mirando a Neji, afirmó—: Mi hermana no me lo perdonará si no te ayudo a que te enamores. ¡Se lo prometí!
—Saku... —protestó él.
—Neji, te ayudaré a encontrar a ese alguien especial.
—¡Y yo! —afirmó Temari con una sonrisa.
Él soltó entonces una risotada y, alejándose de ellas, musitó:
—Me voy.
—¿Adónde vas? —preguntó Sakura.
El vikingo no respondió, y Temari preguntó:
—¿Vas a llevar a Ross y a Unne al barco?
—Luego.
—¿Luego? ¿Luego, cuándo? ¿Por qué no ahora? —insistió Sakura.
Al oír eso, el vikingo las miró y, al verlas a las dos con las manos en la cintura, se mofó:
—Por Odín, no sé si regresar con vosotras a Noruega será una buena decisión.
Y, dicho esto, continuó su camino sonriendo, cuando Sakura gritó ajena a sus pensamientos:
—¡Es una excelente decisión! ¡La mejor!
Una vez las dos jóvenes estuvieron a solas, Temari miró a su alrededor y comentó sin poder evitarlo:
—¿En serio no piensan venir a despedirse de nosotras?
Al entenderla, Sakura respondió con una triste sonrisa:
—No, Temari. No van a venir. Los ofendimos. Los negamos. A nuestra manera, los llevamos al límite y ellos tomaron una decisión.
La joven de pelo claro suspiró. Sabía que Sakura tenía razón, y, bajando la voz, dijo:
—Lo voy a añorar eternamente.
—Lo sé —afirmó la pelirosa con tristeza pensando en Sasuke y en el motivo de su tremenda sensiblería.
Llevaba días sospechando que estaba embarazada, pero callaba. Una vez llegaran a Noruega, si era cierto, lo contaría. Antes no. ¿Para qué?
Durante unos segundos ambas se quedaron calladas, hasta que Temari preguntó:
—¿Crees que Neji encontrará el amor algún día?
Sakura se encogió de hombros y, mirando a su amiga, respondió:
—Espero que lo encuentre. Sé que amará eternamente a Tenten, pero también sé que merece ser feliz.
—¿Y nosotras? ¿Nosotras seremos felices?
Sakura sonrió.
¿Cómo olvidar a un hombre como Sasuke, que le había regalado tantos momentos para recordar? Si incluso podría haberle regalado un hijo...
Hasta que lo había conocido a él, el amor nunca había sido su prioridad, y con cariño musitó, consciente de lo mucho que a ella le iba a costar olvidarlo:
—No lo sé, Temari. Eso sólo el tiempo lo dirá.
Y, dicho esto, las chicas entraron en la fortaleza para cenar. Al amanecer partirían hacia Noruega.
