El animal resultó ser un extraño ejemplar de lobo, su tamaño era mayor al de un perro y sus colmillos más atemorizantes. Pero a pesar de lo muy extraño que fuera su aspecto, su repentina aparición y algunas raras coincidencias, Seto no tuvo tiempo para pensar en eso. Había otros asuntos prioritarios, como evitar que el amistoso primo lejano de los perros lo mordiera y, si era posible, quitárselo de encima.

Lo primero que el lobo hizo fue abalanzarse sobre su rostro y para que no le desfigurara la cara Seto automáticamente cruzó los brazos sobre la misma. Por eso mismo no se salvó de unas cuantas heridas en ellos.

Al ver cómo el animal lo atacaba, la chica de cabellos blancos que acababa de salir del establo miró alrededor buscando algo con qué ayudar. Detrás de ella, en un rincón, se encontraban unas herramientas de arado amontonadas. Alguna de ellas podía servir así que se acercó corriendo, tomó un objeto largo con cuatro puntas en la parte inferior y regreso hacia donde el lobo estaba. Colocó los picos del objeto sobre la cabeza del animal y respiró profundamente antes de empujar hacia abajo para incrustarlos en la bestia. Pero justo en ese instante, para desgracia de Kaiba, él deslizó a un lado la cabeza del lobo que estaba a punto de morder su cara y eso provocó que lo que estuviera bajo las puntas de la herramienta fuera su brazo izquierdo...

— ¡Ay!

—Lo siento— le dijo la supuesta Roux Anne desclavando el rastrillo del brazo de Kaiba. Ella no tenía la culpa, solo trataba de ayudarlo.

El extraño mamífero se quitó de encima de Kaiba y amenazó a la mujer luciendo sus afilados caninos. Sus colmillos podían ser aterradores, pero ella tenía un arma y estaba dispuesta a usarla aunque ese animal fuera un ejemplar único en su especie.

Cuando el lobo se acercó para saltarle encima, la joven cerró los ojos y le incrustó los filos de la herramienta en el pecho. El animal dio un alarido aterrorizador, escalofriante y tanto esa mujer de cabello blanco como Kaiba podían jurar que había algo de humano en él.

El pobre lobo huyó corriendo, sin dejar de aullar, y se perdió entre los árboles. Pero la muchacha no dejó de observar el lugar por donde se había marchado con el ceño fruncido. Había algo extraño en ese lobo, no había sangrado cuando lo hirió con el rastrillo...

Luego su atención regresó a Kaiba. Él sí tenía sangre en su brazo izquierdo. Se agachó a su lado y dijo:

—Quédate aquí, yo iré a buscar ayuda— y se paró para largarse.

Seto abrió los ojos alarmado. ¿Se iba a alejar y dejarlo solo a merced de cualquier otro animal que viniera a atacarlo? Ah, no. Él no se iba a quedar allí.

—Espera— dijo mientras trataba de levantarse pero al apoyar el brazo en el piso se dio cuenta de que no lo sentía. Además le dolía la espalda, su cabeza y su otro brazo. Ella ya estaba muy lejos y aunque gritara su nombre no lo iba a escuchar. Y tampoco sabía su nombre.

—Tendré que preguntárselo— murmuró.

Bien, esperar ayuda iba a ser menos doloroso pero bastante inquietante.

—No puedo creer lo que dices—Yami estaba asombrado ante el relato de Mokuba—. No sabía que los había de ese tipo.

—Yo tampoco. Es más, yo no lo vi bien pero Seto sí. Él me lo dijo.

—Es increíble...

—Bueno, yo me retiro a mi cuarto; tengo mucho sueño y estoy exhausta— Tea se levantó y subió las escaleras rumbo a la habitación. Yami no dejaba de observarla a la vez que reflexionaba sobre su actitud. Cuando ella entró en la recamara dio un portazo en la puerta y enseguida se abrió la del cuarto que estaba tres entradas después. Roux Anne salió corriendo y con esa velocidad bajó las escaleras, se paró junto a la mesa de cara a todos los que allí estaban sentados esperando a que informara el motivo de su agitación y dijo:

—Seto está herido. Un lobo lo atacó, lo acabo de ver por la ventana.

— ¿Dónde?— dijo Mokuba que se paró inmediatamente y se acercó a ella, reaccionando mucho más rápido que Yami.

—Afuera, cerca del establo.

El menor de los Condes de Chester salió corriendo del castillo seguido por la joven y por Yami unos pasos atrás aún desconcertado. ¿Qué hacía Kaiba cerca del establo cuando había ido a llevarle la comida a Roux Anne a la habitación? Además, él no lo había visto salir; si hubiera usado la puerta habría pasado ante el comedor. ¿Había salido por la ventana o había una puerta secreta que él no conocía?

—No me explico por qué salió cuando el doctor dijo que no podía— Mokuba ya estaba a unos metros de su hermano. Al llegar a su lado se le abalanzó encima abrazándolo pero Seto no se movió, ni habló, ni pestañó y tenía ciertas dudas de que hubiera respirado—. ¡Seto reacciona!— gritó tomándolo por los hombros y zarandeándolo, las lagrimas estaban a punto de resbalar por su mejilla.

Kaiba frunció el ceño, abrió uno de sus ojos y dijo:

—Si crees que no es doloroso puedo hacerte lo mismo para que te des cuenta de lo equivocado que estás.

— ¡Estás vivo!— dijo el muchacho abrazándolo de nuevo e ignorando los conocidos sarcasmos de su hermano. Luego le preguntó— ¿Por qué no reaccionabas?

Porque estaba en medio de una profunda meditación para ignorar el miedo que tenía al estar servido en bandeja de plata a las fauces de cualquier animal salvaje.

—Estaba durmiendo— dijo poniendo en blanco los ojos.

— ¿Y esos agujeros en tu brazo? ¿Tan grandes eran los colmillos de ese lobo?— Mokuba miró el piso y se sorprendió, se levantó y se paró junto al rastrillo observándolo—. ¿Qué hace esta herramienta aquí?— se agachó y tanto sus ojos como su boca se abrieron excesivamente— ¡Tiene sangre! Seto, ¿no te hirieron con esto?— y sin esperar a que su hermano respondiera dedujo— ¡Entonces fue una persona la que te hirió de esa forma!

Roux Anne se volteó a un lado mientras miraba el cielo ya bastante oscuro; Seto se quedó sin respuesta ante la sorprendente capacidad de deducción de su hermano y Yami solamente asintió, concordaba completamente con Mokuba. Miró a Kaiba para ver su explicación pero el adorable conde no reaccionaba y eso era bastante fastidiante. Cuando su exasperación fue máxima e incontenible se acercó al de cabellos castaños y lo tomó por el cuello de la ropa.

— ¿Alguien te robó? ¿Entró un intruso y te atacó? ¿Había alguien en el cuarto de Roux Anne que huyó por la ventana, lo viste cuando fuiste a dejar el plato y lo seguiste hasta aquí pero al alcanzarlo te hirió con esa cosa, SETO? ¡Habla de una vez!

Si Seto no tuviera algunos problemas para mover los brazos Yami ya se hubiera ganado un buen golpe en la boca, a ver si la cerraba de una vez. Pero no podía hacerlo, lamentablemente estaba indefenso ante su insoportable cuñado y eso era humillante.

—No sé... Estoy confundido...

—Así que tú dejaste ese plato en mi cuarto— interrumpió Rouxx Anne. Miró al joven Moto y le dijo—. Yo vi un lobo atacándolo, quizás lo hirió una persona cuando salí de la habitación a buscarlos. Lo mejor será llevarlo a dentro.

—Sí, vamos Kaiba. Adentro explicarás todo. Le diré a Joey que vaya por el doctor.