Los amortiguados pasos de Ilian Woodward descendiendo uno a uno los escalones que daban a la parte baja del pequeño apartamento de Octavia Blake apenas se escucharon en la madrugada. Había ido a comprobar que Kaylee siguiese durmiendo plácidamente en la cama de su tía, y una vez allí había aprovechado a coger una manta del armario sin hacer demasiado ruido.

Cuando llegó al salón, la televisión aún seguía encendida aunque sin nada de volumen, porque cuando Octavia se había quedado dormida en el sofá a eso de las dos y veinte, él había recuperado el mando de su lado y la había bajado del todo para que pudiese descansar bien.

Ilian se acercó al sofá desde atrás y cubrió a Octavia con la suave manta color celeste con cuidado de no despertarla.

Octavia que tenía la cabeza apoyada sobre uno de los cojines del sofá mientras dormía, apenas sintió el suave roce de la tela en su desnudo hombro y en su muslo se movió ligeramente hecha un ovillo reconfortada.

El mayor de los Woodward paso por al lado del sofá para ir a recoger el par de copas vacías y llevarlas a la cocina, pero cometió el error de atreverse a mirarla.

Octavia le parecía tan, tan hermosa...

Siempre se lo había parecido, desde la primera vez que la vio.

Por aquel entonces ella apenas había reparado en él. Ilian siempre había sido un año menor que Lexa y dos años menor que Octavia por lo que aunque ahora la diferencia de edad apenas era perceptible a grandes rasgos, a él antes le parecía todo un mundo.

¿Cómo iba a fijarse una chica como ella en el hermano pequeño de su mejor amiga con la de chicos que le rondaban a menudo?

Aquello resultaba absoluta y extrañamente ridículo, pensó más de una vez en la soledad de su habitación mientras trataba de conciliar el sueño.

Octavia jamás se fijaría en alguien como él. A veces lo hacía o él fantaseaba con que ella lo hacía, que le sonreía inusitadamente sin tener porque, que reía con sus bromas, que le besaba...

Pero solo eran eso, fantasías de un crío encaprichado e idiota, solía decirse.

Luego, el tiempo fue pasando y todos fueron creciendo, su amistad con Lexa se convirtió en algo real, infranqueable, cómplice e indestructible y Octavia paso a ser una más de la casa.

Era extraño el día que ella no estuviese por allí, o que ellos no anduviesen visitándola en su casa.

Los años pasaron y Octavia paso a ser una más de la familia, una hermana más o así lo sentían todos... todos menos Ilian porque él la veía de diferente manera, siempre lo había hecho.

No podía hablarlo con Lexa porque de antemano sabía lo que a ella le parecería...una completa absurdez, un enamoramiento tonto de críos, un estúpido capricho, y tampoco podía hablarlo con Luna, pues ella y Lexa para llevarse tres años entre si, eran como siamesas y lo compartían todo entre ellas.

Cualquier secreto, cualquier problema, cualquier duda, lo que le preocupaba a una pasaba a ser problema de la otra y viceversa. Ambas al ser las mayores y más conscientes de la situación principal, lo habían pasado realmente mal y solo se habían tenido la una a la otra para apoyarse hasta que Ilian y Ontari crecieron algo más.

Juntas, se convirtieron en inseparables y al llegar Octavia pasaron a ser tres.

Siempre estaban juntas para todo, siempre ayudándose, siempre apoyándose las tres.

Hasta que no se supo bien cuando todo cambió y Luna comenzó a distanciarse un poco de ellas, a discutir con Lexa por Derrick, un chico del cual se había enamorado y el cual a nadie le gustaba salvo a ella.

¿Quién iba a decirle un año atrás que sus vidas se torcerían tanto que de un momento a otro bien podría perder a sus hermanas mayores por una estúpida insensatez? ¿quién iba a decirle que el destino le tenía preparada una desgracia tan desagradable como aquella?

Ilian no pudo evitar preguntarse aquello con verdadero pesar.

Con el estomago encogido por aquel pensamiento, Ilian bajo la mirada tragando despacio justo antes de acercarse a la mesa cogiendo el par de copas vacías para dirigirse a la cocina con ellas y dejarlas allí.

La sola idea de poder perder a alguna de las tres hizo que quisiese llorar, o quizás el motivo era toda aquella tensión acumulada o el haber estado hablando de Luna con Octavia después de tanto tiempo de silencio sin poder compartir su preocupación con nadie.

El mayor de los Woodward atravesó el corto pasillo adentrándose en la cocina y acercándose a la encimera dejo las dos copas vacías encima. En el fondo de una de las copas quedaba algún resto, y su mirada fue a parar a aquel punto húmedo y rojizo quedándose viéndolo en silencio.

No sabría qué hacer si las perdiera...

¿Qué sería entonces de su mundo sin ellas?

¿En qué se convertirían él y sus hermanos en su ausencia?

Ante aquellos pensamientos, sin pretenderlo, sin ser consciente de ello o pensarlo, Ilian se sorprendió a si mismo con los nudillos de las manos completamente pálidos y las manos aferradas fuertemente a la encimera, ligeramente inclinado hacia delante con los ojos cerrados y el corazón bombeando con fuerza dentro de su pecho.

Podía perderla, podía perder a Luna y estuvo a punto de perder también a Lexa, Ontari no lo pudo encajar bien y Maddie y Aden apenas tuvieron madurez para lidiar con ello, ¿cómo demonios iba él a encargarse de que todo marchase bien sin ellas?

Cuando se dio cuenta de que sin quererlo estaba conteniendo la respiración, tenso como estaba, Ilian abrió ligeramente la boca necesitando tomar una pequeña bocanada de aire y llevando una temblorosa mano a su rostro se froto los cansados ojos no queriendo que las lágrimas que inconscientemente se habían reunido en ellos se derramasen.

Era cansancio, puro cansancio, se dijo, solo eso.

Un imperceptible sonido proveniente de la puerta hizo que él se volviese ligeramente viendo la silueta de Octavia envuelta en la manta y rápidamente se volvió hacia las copas simulando llevarlas al fregadero.

—¿Ilian? —preguntó Octavia desde el marco de la puerta frotándose un poco los ojos con sueño aún medio adormilada viéndole allí—. ¿Ocurre algo?

Ilian que siguió dándole la espalda se apresuro a sacudió la cabeza al tiempo que metía las copas en el fregadero.

—No, nada, es... es que...

Octavia no tuvo más que oír el tono de su voz para saber que estaba temblando, y aquello le preocupó.

—¿Se... seguro?

Ilian que levanto ligeramente los ojos hacia el techo para controlar las lágrimas asintió quedamente.

—Si, solo... solo estaba recogiendo un poco esto, ya sabes... —murmuró él volviéndose ahora hacia ella sin atreverse a mirarla dispuesto a pasar por su lado—. He... he de irme a casa, acabo de recordar que le dije a Maddie que la acompañaría a un sitio mañana —mintió él evitando su mirada pasándose la mano por la cara con disimulo al tratar de cruzar la puerta junto a ella.

Octavia que se quedo un poco tocada al verle de aquella manera quiso cortarle el paso y buscar sus ojos.

—¿Seguro que va todo bien?

—Si, pe.. perdona tengo que irme —respondió Ilian entrecortadamente necesitando salir de allí y beberse por entero todo el aire del mundo.

Octavia quiso seguirle, decir algo pero Ilian tan solo atravesó el salón tan apresuradamente como llegó y abriendo la puerta se marcho salió por esta sin tiempo siquiera a cerrarla.

Octavia abrió ligeramente sus ojos al tiempo que sus labios se cerraban conteniendo la respiración al verle irse así y echo a andar hacia la puerta fijándose al pasar en como Ilian había dejado los zapatos tirados bajo la mesa del salón y se había ido completamente descalzo. La aprensión y la angustia hicieron mella en ella que se acercó a la puerta asomándose para ver si le veía al menos marchar calle abajo, pero solo vio su espalda perderse en la lejanía.

Era bastante tarde y estaba oscuro aún, Octavia se volvió hacia las escaleras y miro hacia arriba donde sabía que se encontraba la niña en la habitación y supo que no podía salir a buscarle.

Apoyando la mano de la puerta, Octavia la empujo hacia delante cerrando despacio y apoyó la cabeza de ella al tiempo que pasaba el seguro y cerraba sus ojos, que vida tan complicada aquella, que vida...

Continuara...