Hola queridos lectores:

Lo prometido es deuda y correspondía actualizar hoy. Muchas gracias por sus reviews: Naty U., ELF-ClOUD, darkness1617, candy01234 y Aida Koizumi, espero que todas se encuentren bien :3

Muchas gracias por el apoyo constante! son un sol.


'

Capítulo 41.- Después de la tormenta

(Perspectiva de Inuyasha)

2 semanas después.

Giré lentamente el vaso de whisky en mi mano mientras enfocaba mi vista en el líquido sin mirarlo realmente.

– Sé que estas dos semanas han sido horribles para ti, puedo imaginármelo… - La voz de mi padre cortó el silencio del lugar – … Pero tienes que tener paciencia, Kagome se está recuperando a su ritmo.

– Me preocupa ella, pero también me preocupa nuestro hijo, Haru me ha dicho que sus latidos han disminuido con el paso de los días.

"Inuyasha".

La voz de Kag resonó en mi mente y mi corazón dio un vuelco. Me puse de pie y corrí en dirección hacia ella, dejando a mi padre con la frase a medias. Abrí la puerta de golpe, esperando verla despierta, ver sus sonrisas una vez más o al menos distinguir el chocolate de sus ojos, sin embargo seguía en la misma posición de siempre. Haru entró unos segundos después.

– Buenas noches Inuyasha, ¿Pasa algo?

– Ella me ha compartido sus pensamientos… – exclamé sin mirar a la doctora – … ¿Cómo es posible si aun sigue en coma?

– Su subconsciente debe querer comunicarse contigo a pesar de aquello. Tienes una conexión bastante fuerte con ella eh – exclamó mientras se acercaba al extremo de la habitación para empujar el ecógrafo mas cerca de la camilla.

– ¿Harás otra eco?

– Si. Como ha habido una baja en la frecuencia cardiaca del bebé, he estado haciéndole ecografías unas tres veces por día.

Me quedé ahí observando mientras echaba hacia atrás las mantas que cubrían la pancita de Kag, ésta había crecido un poco más con el paso de los días. Movió el transductor con delicadeza y en la pantalla apareció su silueta, nuevamente chupándose un dedo, me reí internamente, ese en definitiva era su gesto característico.

– Hmm, sus latidos siguen lentos, creo que tendremos que meditar la opción de despertar a Kagome en los próximos días.

– ¿Sus heridas han evolucionado bien?

– Bastante, hemos estado dándole pequeñas cantidades de tu sangre tal como acordamos y eso ha sido parte crucial de su terapia. Las heridas permanecen cerradas por los puntos, pero están mas desinflamadas y menos extensas. Ve a descansar, mañana decidiremos los pasos a seguir.

Asentí y besé la frente de Kag antes de salir. Sango me atrapó a la salida.

– ¿Cómo esta? ¿puedo entrar un momento?

– Pregúntale a la doctora, está ahí dentro, aunque yo creo que no habrá problema. – Sango asintió y me sonrió antes de poner una de sus pequeñas manos en mi hombro.

– Ella y el bebé estarán bien, créeme, Kag puede estar inconsciente, pero no dejará que nada le pase. – Sonreí ante su intento de subirme los ánimos y asentí.

– Gracias Sango, quizás ella no puede saber que estás aquí, pero yo lo valoro mucho, eres una buena amiga.

– Obvio, siempre lo he sido.

La vi entrar en la habitación y caminé en dirección a las escaleras para subir a mi cuarto designado.


'

Me recosté sobre la cama con Aki a mi lado, estuve mirando el techo por un par de horas mientras intentaba conciliar el sueño, todo se hacía mas complejo sin Kag a mi lado. En algún momento cerré los ojos y logré descansar.

'

¡Inuyasha! – Kagome corrió para abrazarse a mi cuerpo, aferrando sus piernas a mi cintura – Te he extrañado tanto tanto.

¿ah si? Dime cuanto. – demandé divertido mientras la abrazaba.

Dos mil millones. – exclamó segura de la cifra y yo me reí. Tomé su mentón con delicadeza y acerqué mi rostro al suyo para besarla en una caricia lenta que le demostrara lo mucho que la amaba.

Esa es una cifra bastante grande.

Si que lo es. Oye…

Dime.

Baja a verme, me siento sola

¿bajar?

Si, baja, ahora.

'

Desperté de golpe con un grito de Kag y mi corazón se estrujó. Dudaba mucho que ella hubiera gritado inconsciente, eso significaba que tal vez… ¿ella había despertado? Aki ladró a mi lado. Eso demostraba que no había sido mi imaginación.

Bajé desesperado las escaleras y volví a entrar en la habitación donde la había dejado. Esta vez dos enfermeras intentaban sujetarla mientras ella se esmeraba en quitar las agujas y cables del cuerpo. Su cara de terror me hizo sentir impotente.

– ¿Qué pasa? – pregunté, una de las enfermeras me respondió sin distraerse de su objetivo.

– Ha despertado de golpe, pensamos que quizás se habían acabado los anestésicos, pero al parecer ya no están haciendo efecto. – su voz sonaba exaltada mientras sujetaba a Kag e intentaba recostarla.

– Suéltenla. – exclamé en una voz que sonó demasiado demandante y seria para mi gusto. Las enfermeras la soltaron de inmediato. Kag siguió llorando mientras intentaba levantarse. La tomé por los brazos antes de hablar. – Kag, gatita, soy yo, mírame. – la sentí dejar de temblar cuando me miró fijo, sin embargo su corazón siguió latiendo rápido.

– No dejes que me haga daño. – suplicó con la voz quebrada. – Kikyo… ella quiere matar a nuestro bebé. – me explicó hablando rápido.

– Kikyo no está aquí, sólo estoy yo, estoy aquí contigo, nada va a pasarte. – Le sonreí mientras acariciaba su mejilla. Pegué mi frente a la suya e inhalé profundo, su aroma a vainilla y fresas no era tan potente, pero ahí estaba.

Algo había mencionado Haru sobre un posible estrés post traumático y en definitiva esto lucía como aquello. La abracé en un impulso, sentí su cuerpo un poco mas tibio y quise mantenerla ahí por siempre, me había hecho tanta falta…

– ¿Pueden avisarle a la doctora que Kag ha despertado? – pregunté a las enfermeras que seguían tras nosotros sin mirarlas.

– De inmediato señor.

Mientras Haru llegaba Kag permaneció tranquila entre mis brazos, luego de un rato se separó y siguió esmerándose en quitar las vías. Puse mi mano sobre la de ella para detenerla.

– Gatita, esas vías están ahí porque has estado hospitalizada, no puedes quitártelas, las necesitas en estos momentos.

– ¿Dónde está ella? – Asumí que se refería a Kikyo.

– Me he encargado de ella, no volverá a molestarnos.

– Ella… ella dijo que había estado manipulando a Mika. ¿Has sabido de Mika? ¿Mika está bien? – las maquinas que seguían los latidos de su corazón volvieron a pitar con rapidez.

– Si, Mika está bien, deja de preocuparte por favor, ¿escuchas esas máquinas? Ese es el ritmo y velocidad con la que tu corazón está latiendo, que estés asi de estresada no te hace bien, ni a ti ni al bebé.

La última palabra logró sacarla de su estado de alerta y llevó sus pequeñas manos a su pancita. Me miró con los ojos vidriosos evocando una pregunta que no fue necesario que dijera en voz alta.

– Está bien, lo has cuidado muy bien, vendrá la doctora y te explicará todo ¿bueno? – asintió y se quedó ahí sentada mientras subía y bajaba la mano acariciando el lugar.

– Gracias… por ir a por mí, nosotros no estaríamos aquí si no fuera por ti. – me sonrió y sentí un nudo en la garganta.

– Yo… no debí dejarte sola, lo siento tanto… – exclamé mirándola fijo – …Pero ya tendremos tiempo de hablar de todo aquello, me alegro de que estés con vida, el peor miedo que he sentido en mi existencia ha sido pensar que te perdería… Yo no podría soportarlo. – Bajé mi cabeza intentando ocultar mi rostro triste de ella. Se estiró un poco hacia adelante para acercarse a mi rostro y la vi hacer una mueca involuntaria que me demostraba que ese mínimo esfuerzo había dolido. – No te muevas, tus heridas no han cerrado por completo. – me acerqué y la besé en la frente con cariño.

– "Te amo" – Su voz resonó en mi mente mientras ella se recostaba con sus ojos cerrados. Eso me comprobó que al parecer ahora estaba dominando más sus habilidades.

Haru entró unos segundos después con cara de preocupación.

– Vaya… asi que has despertado a pesar de todos los anestésicos que siguen entrando en tu cuerpo. – exclamó mientras se acercaba a la camilla – Eso me da indicios de que estás mejor. – le sonrió con calidez, aunque por el contrario Kag la miró con desconfianza, abrazando su pancita en un intento de protegerla; después de todo lo que había vivido podía comprender que ahora desconfiara de todo el mundo.

– Ella es Haru, amiga eterna de la familia Taisho, es médico cirujana y se ha encargado de ti desde hace dos semanas. – aclaré antes de que entrara en pánico.

– ¡¿Dos semanas?!

– Ahm, si, ella te explicará todo, y estoy seguro de que tú la comprenderás mejor que yo, por los términos médicos y todo eso.

– Mucho gusto Kagome. – Haru volvió a sonreírle – ¿Qué tal te sientes?

– Bien, un poco adolorida quizás.

– Totalmente comprensible, te haré un examen clínico completo para anotarlo en tu ficha y luego conversaremos de algunas cosas. – Se acercó a Kag con su fonendo y lo puso en su corazón por unos segundos, luego lo trasladó a su espalda. – Intenta respirar profundo. – Vi a gatita intentarlo y se congeló en un instante. – Okey, creo eso ha dolido. Tiene sentido, la expansión de tus pulmones inevitablemente hará que se expanda tu pecho y con eso la herida.

Haru comenzó a desenvolver el vendaje que cubría el pecho de Kag. Cuando llegó a las capas más bajas que estaban en contacto con la piel éstas estaban con una mancha de sangre seca. La piel alrededor de la herida seguía relativamente inflamada, y pude notar que tenía al menos 20 puntos que mantenían unidos los bordes de la piel dañada.

– Intenta inspirar otra vez. – Al obedecer su rostro volvió a hacer una mueca.

– Bien Kagome, evidentemente esta herida sigue aun relativamente abierta, el vendaje se cambió hace pocas horas y hay signos de que ha sangrado levemente. Aunque es normal, considera estos cortes como si estuvieran hechos en una persona humana sin capacidad regenerativa acelerada, asi afecta la plata tu poder youkai.

– Eso significa que tardará al menos un mes en regenerar completamente.

– Exacto.

– No recordaba esta herida en particular. – exclamó mirando hacia su pecho.

– Fuiste herida de gravedad en tres zonas – Kagome asintió – Llegaste a mis manos con anemia severa por la hemorragia y la verdad creo que no habrías soportado si no fuera por este sujeto a mi lado, quien se mantuvo dándote de su sangre todo el camino hasta aquí, si bien las heridas no cerraron, paró un poco el sangrado, dándote minutos de vital importancia. – Kagome me miró y me sonrió levemente.

– ¿Por qué he dormido dos semanas?

– Decidí inducirte un coma, para reducir la energía que tu cuerpo estaba utilizando y hacer curaciones constantes. Tu anemia y la perdida de plaquetas no estaban ayudando en la regeneración de tejido, además de que el dolor que sentías incluso inconsciente estaba liberando hormonas de estrés en exceso por tu torrente sanguíneo y comenzaste a evidenciar signos de shock.

– Entiendo…

– Planeábamos despertarte los próximos días, tu bebé si bien se encuentra estable, ha bajado un poco su frecuencia cardiaca. – Kag se tensó ante esa nueva información.

– Bien, que bueno que he despertado entonces. ¿Qué pasa con las heridas de mi brazo y cuello? esas si las recuerdo...

– La de tu cuello por suerte no ha sido tan profunda y está casi cerrada. La de tu brazo es menos profunda que la de tu pecho, pero bastante extensa. – exclamó mientras sacaba las vendas de su antebrazo y le mostraba la herida.

– ¿cicatrices?

– Habrá, pero serán mínimas, me he encargado de disminuirlas a toda costa.

– ¿Entonces, puedo quitarme estas agujas?

– Eso depende de que tanto dolor estés sintiendo, ¿del 1 al 10?

– Dos – exclamó y yo la miré entrecerrando los ojos.

– Está mintiendo. – exclamé mirando a Haru.

– ¡Por supuesto que no! – me respondió con una arruguita en su entrecejo. – No voy a dejar que vuelvan a sedarme, no si eso pone en riesgo a mi bebé. – exclamó mirando a la mujer a mi lado de forma desafiante. Me sorprendió un poco su agresividad.

– Entonces Intenta ponerte de pie. – exclamé y le di el espacio suficiente. Kagome me miró con rabia e inhalo un poco antes de intentar levantarse de la cama. Apenas apoyó su brazo herido en la camilla su rostro cambió sutilmente, aunque se esforzó en mantenerlo neutro. – ¿Has visto lo mismo que yo? – pregunté mirando a Haru.

– Si. Necesito que me digas la verdad Kag, no pretendo volver a mantenerte en coma, necesitaría una cantidad excesiva de fármacos, pero quiero que analices lo siguiente: esta vía… – comentó mientras la señalaba – Está pasando a tu torrente sanguíneo altas dosis de anestésicos, las suficientes para mantener dormida a una persona ordinaria, si bien ya no son suficientes para hacerte dormir, están quitando al menos el 70% de tu dolor, quiero que te imagines sin esos anestésicos y me asegures que estarás bien.

Kagome la miró fijo, miró la vía y luego me miró a mí, terminó bajando su cabeza derrotada mientras suspiraba.

– Supongo que aún no puedo salir de aquí.

– No, lo siento. – Haru la miro con empatía – Pero si sigues avanzando igual de bien, no deberían ser más que algunos días, y podrías volver con Inuyasha a tu hogar y vivir a concho estos meses de embarazo juntos.

Kag sonrió levemente y sólo ese pequeño gesto me hizo volver a amar la vida, asintió y tomó mi mano.

– ¿Qué posibilidades hay de que pueda mantenerme en esta casa, pero sin estar acostada todo el día conectada a máquinas?, ¿puedes doparme cada unas cuantas horas?

– Si, aunque con dosis mas bajas de las que necesitas, para no dañar a tu bebé, buscaremos un analgésico inocuo. Por hoy tendrás que mantenerte en esta camilla.

– Lo entiendo, gracias.

– Voy a volver a vendarte y después puedo hacerte una ecografía, para que compruebes que tu bebé está bien y te quedes un poco más tranquila.- La vi terminar con su labor y acercar el ecógrafo a la camilla; puso gel sobre el abdomen de Kag y apoyó el transductor en su piel. No tuve que esforzarme demasiado para adivinar en que posición estaría. – Okey, mira. Tu bebé en estos momentos mide 20 cm, es pequeñito en comparación a lo que se estima como "normal", pero eres mamá primeriza y has pasado por situaciones estresantes… es esperable. Seguirá creciendo asi que no te preocupes.

– ¿Cuándo podré saber su sexo?

– Estás cercana a los 5 meses, asi que yo creo que ya podemos, nuestra mala suerte ha sido que el cordón umbilical ha estado entre sus piernas y no nos deja ver lo suficiente, mañana probaremos de nuevo, ahora iré de vuelta a dormir… Inuyasha se quedará aquí contigo. Cualquier cosa que necesites puedes despertarme sin problemas. – exclamó mirándome.

– Muchas gracias Haru. - musité antes de que abandonara la habitación. Me giré y miré a Kag quien me sonreía.

– Gracias tambien a ti... por cuidar tan bien de nuestro bebé mientras yo no estuve. – exclamé mientras besaba su frente. – ¿Recuerdas cuando me preguntaste si serías buena mamá? – ella asintió. – Que él o ella siga con vida es por ti, asi que sí, eres la mejor mamá del mundo.

Kagome me miró hacia arriba y estiró sus manos para limpiar el par de lágrimas que acababan de escapar de mis ojos.

– Pero no estés triste, estamos aquí contigo.

– Estuve tan cerca de perderlos a ambos… - refregué mis ojos con poca delicadeza intentando parar las lágrimas.

– Oye, es cierto, intenté protegerlo lo más que pude mientras no estabas con nosotros… pero gran parte del mérito te lo llevas tú, si no hubieras llegado a tiempo yo no habría sido capaz, tu también eres el mejor papá, no lo olvides nunca. – esa simple frase había logrado hacerme llorar aún más. Kag se estiró un poco para besarme y su suave caricia me hizo sentir que lo tenía todo, ya no necesitaba nada más. La abracé intentando controlar mi ímpetu.

– De ahora en adelante todo será perfecto para nosotros.

– Es perfecto si estoy contigo. - musitó mientras podía ver el amor reflejado en sus ojos.

– Te amo. – exclamé y besé sus cabellos. Con el pasar de los meses Kag había dejado de teñir su pelo y su color natural aparecía sutilmente en sus raíces. – Tu color azabache ha decidido volver a aparecer – exclamé.

– Si… lo noté antes de todo este caos, creo que volveré a teñirlo en mi color natural para dejarlo crecer, el color cobrizo ya no me agrada tanto y fue una fase mientras intentaba convencerme de superarte. – me reí.

– Me alegro de que no lo hicieras.

– Yo también.

Acerqué el sofá a la camilla y apoyé mi cabeza en ella, lo más cerca que pude de las manos de Kag. Me sentí cobijado cuando acarició mis cabellos con cariño. Esperé a que se quedara dormida antes de darme el permiso de hacer lo mismo.


'

(Perspectiva de Kagome)

La noche pasó increíblemente lenta para mí. Desperté al menos tres veces asustada por mis pesadillas y para la última decidí que prefería quedarme despierta. Inuyasha sin embargo durmió plácidamente, probablemente no descansaba lo suficiente hace días. Para cuando amaneció Sango fue la primera en aparecer.

– ¡KAG! – su voz elevada hizo despertar a Inu instantáneamente de un salto – Ups lo siento, estoy un poco emocionada. – yo me reí bajito.

– Puedo comprenderlo. – musitó Inuyasha aún medio adormecido. Me miró para sonreírme – Buenos días gatita.

– Buenos días. – exclamé acariciando su cabello.

Sango se acercó para abrazarme con cariño y delicadeza al mismo tiempo.

– Estuve tan preocupada por ti.

– Me imagino que sí, lo siento mucho, pero ya estoy mejor, un poco mejor.

– Asi puedo verlo. ¿Te duelen mucho? – preguntó haciendo alusión a las heridas.

– No, estoy dopada en exceso, asi que no duele.

– ¿Pero tendrás que mantenerte aquí?

– Haru me ha prometido dejarme salir de esta habitación, aunque no volver a casa aun.

– Por supuesto que no, debes recuperarte por completo para ello. ¿Y este pequeñín? – preguntó mientras me acariciaba la pancita.

– Super bien, más ahora que estoy despierta.

– Me alegro mucho. Miroku te ha mandado cariños, ha estado reemplazando a Inuyasha estas semanas en la oficina, asi que se ha ido muy temprano.

– ¿Están todos quedándose aquí?

– Por supuesto, estábamos todos muy preocupados por ti.

Mis suegros habían entrado luego, ambos me abrazaron e Izayoi había estado al borde de las lágrimas durante toda nuestra conversación.

– Tuve tanto miedo Kag… miedo de que no resistieras, llegaste tan mal aquí.

– Lo siento por preocuparte. - exclamé en una mueca.

– Nada de lo siento, no es tu culpa, me alegro de que no te rindieras… Inuyasha no habría soportado perderte, estas semanas ha sido un muerto en vida, casi no ha comido, y ha pasado gran parte de su tiempo dentro de esta habitación contigo.

– Aún inconsciente creo que pude sentirme segura gracias a eso. Tienes un hijo increíblemente sobreprotector, pero estoy agradecida de ello.

– Uff, tenía que salir a su padre, pronto voy a contarte las historias de cuando yo estaba embarazada de Inu y este hombre – exclamó pegándole un codazo a Inu no – No me dejaba ni siquiera caminar, me cargaba de un lado a otro. – me reí imaginando la escena.

– Era completamente necesario. – exclamó Inu no a su lado, intentando defenderse – Algo podía pasarte.

– Creo que de ahora en adelante haré lo mismo con Kag. – Inuyasha palmeó la espalda de su padre y este lo abrazó sonriendo. La imagen paternal me causó ternura.

Haru entró con un nuevo traje clínico y nos sonrió.

– Buenos días, por lo que veo han llenado esta habitación de gente apenas ha amanecido. – Todos sonrieron admitiendo culpa. – Vengo a hacerte la primera ecografía del día, quizás podamos definir sexo hoy. – Yo asentí con una sonrisa. – Asumo que todos querrán verlo… – Sentí a Sango gritar, y las miradas de sorpresa de Inu no e Inuyasha lucieron prácticamente idénticas, mientras Izayoi sonreía mostrando sus colmillos. – Okey, tomaré las reacciones de todos como un sí, aprovechemos la situación, esto no podrían hacerlo en un hospital común.

Sango, Izayoi e Inu no, se alejaron de la camilla para darle espacio a Inuyasha, quien se sentó a mi lado tomando mi mano. Lo sentí temblar levemente mientras Haru levantaba mi camiseta para echar gel sobre mi abdomen. Apoyó el transductor y sin mayor búsqueda lo primero que apareció fue la silueta del bebé,

– Bien, yo ya he podido verlo, pero vamos a escuchar sus latidos primero – Los latidos rápidos de su corazón hicieron eco y miré alrededor, todos estaban pasmados mirando la pantalla. – Están bastante más rápidos, al parecer has despertado en el momento indicado. – me sonrió. – Entonces Inuyasha, ¿Qué crees que será?

– ¿Niño? Esta familia esta llena de hombres, no sería extraño. – exclamó mirando a su padre, quien asintió.

– Es cierto, pero este es el primer bebé de tercera generación… quizás las cosas cambien.

Me quedé pensando por unos segundos, la verdad no habíamos hablado de esto con Inuyasha, nunca me enteré de sus preferencias sobre tener una hija o un hijo.

– De hecho tu padre tiene razón… - exclamó Haru mirando a Inuyasha y luego a mí. – Su bebe es una niña, niña que por cierto ama chuparse el dedo.

Me reí y sentí la emoción envolverme. Miré a Inuyasha a mi lado y vi como quedaba en shock por unos instantes mientras apretaba con delicadeza mi mano. Extendí mi mano a su mejilla y sólo en ese momento me miró.

– ¿Estás feliz? – pregunté mientras limpiaba una lagrima rebelde que corría por su rostro.

– ¿Feliz? Estoy extasiado, puedo imaginarme una pequeña con tus mismos rasgos, el color azabache en el cabello y los ojos chocolate. Te juro que nunca te faltará nada ni a ti ni a nuestra bebé gatita, siempre estaré para protegerlas. – me abrazó y besó mi frente con cariño.

Recordé que no estábamos solos en el lugar y miré a nuestro alrededor. Las tres personas nos miraban enternecidos sin atreverse a interrumpir el momento inolvidable para los dos.

– Tendrán que pensar en un nombre, creo que Sango es perfecto. – exclamó mi mejor amiga y todos reímos mientras ella me abrazaba.

– ¡Felicidades a ambos! – La voz de Izayoi sonó emocionada y nos abrazó. Su esposo se acercó al instante para hacer lo mismo.

– Vas a tener que cuidarlas aún más. – exclamó Inu – Esto es perfecto, esta familia tiene demasiados hombres, hacía falta una descendiente Taisho. – exclamó mientras palmeaba la espalda de su hijo, quien sonreía feliz.

– ¡Oficialmente seré abuela de una niña! – yo asentí mientras Izayoi me sonreía – Debes tenerla aquí, no te permitiré ir a un hospital.

– Hablando de eso… ¿de quién ha sido la idea de esta habitación médica tan bien equipada?

– Mia por supuesto. – Izayoi me sonrió – Hay emergencias de youkais que no pueden ser atendidas en hospitales comunes. Por ejemplo, lo que te pasó a ti… habría llamado demasiado la atención, y tu terapia aquí ha incluido dosis constantes de sangre de Inuyasha, que también ha ayudado a acelerar tu curación. En un hospital regular no habríamos podido hacer eso. – era verdad, no me imaginaba a doctores humanos lidiando bien con ello.

– Tiene sentido.

– Mandaré a pedir todo lo necesario para cuatro meses más.

– Creo que ya no confiaré en hospitales comunes, asi que lo agradezco un montón.

– Puedes también seguir haciéndote los controles ecográficos con Haru, asi los vemos más seguido por aquí. – musitó mirando a la doctora.

– Por mi no hay ningún problema. – Haru me sonrió.

– Me parece una buena idea entonces.

– Bien cariño, te dejaremos descansar, la experta ha mencionado que te dejará salir de esta habitación, asumo que extrañas dormir con Inuyasha a tu lado, asi que hemos habilitado una de las habitaciones con cama de dos plazas.

– Ni yo me había enterado de eso. – exclamó Inuyasha detrás – Muchas gracias madre.

– No hay de qué. – se puso de pie y lo abrazó – Me alegra verte feliz otra vez. – Se giró en mi dirección y acarició mi pancita por sobre las mantas – y me alegra que tú y tu madre estén bien. – su voz suave dirigida al bebé me derritió por dentro.

Ambos salieron y Sango me abrazó con cariño.

– Nunca imaginé que cuatro años después de conocerte estaríamos todos en esta situación. Sin embargo estoy feliz por ti Kag, has luchado por esto, ahora sólo preocúpate de disfrutarlo. – me sonrió y se giró hacia Inuyasha – Aunque, tendrás que soportarlo en su faceta de papá sobreprotector, más aún con una hija.

– Keh. – Inuyasha se hizo el ofendido mientras volvía a taparme con las mantas, yo le sonreí.

– Creo que puedo acostumbrarme a ello. – musité.

Cuando Sango salió Inu se sentó a los pies de la camilla.

– ¿Bien, tienes hambre?

– No realmente.

– Ah, que pena, iba a ofrecerte pastel de limón. – pude imaginar el aroma cítrico y de pronto comencé a salivar, había extrañado tanto el limón.

– ¿Qué tan grande será el pastel? – Inuyasha se rio y me besó en una caricia corta.

– Lo suficiente como para dejarte satisfecha, mi madre lo ha horneado para ti cuando le dije que habías despertado. Te traeré un trozo enseguida. – levantó mi mano izquierda hacia su rostro y la besó con cariño. – Oye gatita…

– Dime.

– Me haces muy feliz, a un nivel que no conocí en todos estos años de vida… siempre te estaré agradecido por ello, siempre voy a amarte, con todo mi corazón.

Sonreí y me abracé a su cuerpo. El destino nos había juntado otra vez después de todo el caos y el sufrimiento hace un poco más de 4 meses, si bien en un principio ninguno de los dos había estado contento con esta bebé que había llegado totalmente no planificada, ahora ambos nos derretíamos de amor por ella. Todos los obstáculos, todos los antagonistas de nuestra relación no habían sido suficientes para separarnos.

– Ambas te amamos mucho – musité contra su oído y me separé unos centímetros sólo para besarlo con todo el amor que pude profesar – Acostúmbrate a la idea de tenerme a tu lado para siempre, porque ya no te dejaré escapar.

– Cuento con ello. – musitó entre besos y enredó sus manos en uno de mis bucles.


'

Luego de comer al menos tres trozos de pastel y dormir un montón, Haru llegó a la habitación cuando la luz había abandonado el cielo.

– Bien Kagome, ¿lista para sacarte todas esas agujas y cables de encima?

– Mas que lista. – le sonreí y ella se acercó para comenzar a quitarlas.

– Voy a pasarte una dosis de analgésico, si bien es seguro y no tiene efectos secundarios en tu bebé, la dosis que puedo pasarte para mantenerla segura es baja en comparación a lo que necesitas, asi que seguirás sintiendo dolor en cierto grado.

– No importa, puedo aguantarlo.

– Se que sí. Estoy quedándome en esta casa asi que, cualquier molestia, cualquier dolor que se haga insoportable, debes avisarme sin importar la hora. – miró a Inuyasha antes de volver a hablar – tú estarás a cargo de mantenerla vigilada.

– Si, no te preocupes.

La vi Inyectar algo en una de las vías antes de quitármela, cuando me quitó los cables de encima y las máquinas dejaron de sonar me sentí en el paraíso rodeada de silencio. Tiró las mantas hacia atrás y asintió para darme permiso de intentar ponerme de pie. Moví mis piernas levemente entumecidas después de tanto tiempo sin ocuparlas, parecieron responder bastante bien después de unos segundos. Inuyasha se acercó a mí y se ofreció de apoyo para darme impulso. Apenas me puse de pie sentí una puntada de dolor en el pecho por mi herida, pero intenté ignorarla lo más que pude.

– Voy a dejarlos solos para que la vistas. Tus padres han habilitado una habitación en el segundo piso. Avísame cuando esté lista. – lo vi asentir y ella desapareció.

Inuyasha quitó mi camiseta con deliberada lentitud y pasó por mi cabeza una limpia de color azul relativamente holgada.

Me senté en la cama para ponerme unas pantaletas y unos pantalones de pijama, me sentí inútil cuando noté que no podía hacerlo sin ayuda. Cuando estuve lista él volvió a ponerme de pie.

– Bien, intenta caminar. Lento Kag, o te juro que te amarraré a esta camilla y no te dejaré moverte otra vez.

– Me gusta la idea de que me amarres. – exclamé coqueta y su rostro mostró una sonrisa torcida.

Di el primer paso y me fue bastante bien, nada dolió. Después de todo mis piernas estaban sanas. Me hice la idea de respirar menos profundo, de ese modo mi pecho no se expandía tanto y no dolía.

Haru nos guió a paso lento a la habitación y nos sonrió antes de retirarse, Aki estaba esperando por nosotros. Ladridos agudos salieron de su hocico al verme.

– ¡AKI! – exclamé y vi al cachorro correr en mi dirección, tuve miedo por unos segundos. Sin embargo se detuvo justo frente a mí, me olió por unos segundos y sólo se refregó contra mis piernas, como si supiera que no podía abalanzarse sobre la chica enferma. – Bien, eres el perro más considerado que conozco – exclamé sin poder agacharme para acariciarlo.

Inuyasha me guio a la cama y me acosté en ella, me arropó como a una niña pequeña y se acostó a mi lado. Intenté abrazarme a su cuerpo a pesar del dolor, preocupándome de no utilizar mucho mi mano derecha. Él me pegó a su pecho con delicadeza y me permití inhalar su aroma, mi pecho dolió cuando expandí mis pulmones un poco más, pero no me importó.

– ¿Estás bien?

– Mejor que nunca, sólo necesitaba esto. – exclamé regodeándome en la calidez de su abrazo.

– Me alegro gatita.

Noté que su cuello estaba cercano a mi boca y tuve el deseo irrefrenable de morderlo.

– ¿puedo morderte? – pregunté y él evocó una risa suave.

– Es primera vez que me pides permiso... Por supuesto, después de todo mi sangre te ayuda a sanar.

Me permití disfrutar del momento previo a enterrar mis colmillos. Pude sentir su pulso bajo la piel y la marca violeta de algún modo me llamó a morder. No tuve que esforzarme demasiado, mis colmillos rasgaron de inmediato apenas los cargué suavemente en la zona. La sangre salió en un ritmo pulsátil en dirección a mi boca y sólo sentí éxtasis con su sabor, lo había extrañado demasiado. Me mantuve aferrada como pude mientras sentía las manos de Inuyasha acariciar mis cabellos con cariño. Cuando estuve satisfecha pasé mi lengua por su piel y me separé para volver a acurrucarme en su pecho.

– Gracias. – musité bajito. Entre sus caricias, el calor de Aki a los pies de la cama y la tibieza de su pecho, el sueño me invadió sin mayores problemas.

– No hay de que. – besó mi frente y caí rendida.

'

Me encontré a mí misma sentada en el centro del galpón en el que todo había ocurrido. La oscuridad y el olor a madera provocaron que se me revolviera el estómago.

Pude ver a Kikyo salir de entre las sombras de una de las esquinas del lugar. Se acercó sonriendo hacia mí y cuando intenté moverme no pude, mi cuerpo no respondió. La daga brillaba levemente en su mano derecha y yo sabía lo que venía, necesitaba moverme ahora.

Intenté gritar cuando la vi tomar impulso para atacar mi vientre y la voz no me salió.

'

– ¡Gatita! Despierta, estoy aquí, contigo. – exclamó mientras acariciaba mi mejilla. Su toque me sobresaltó un poco y sólo en ese instante noté que estaba enterrando mis garras en su pecho, él ni siquiera se había quejado. Las saque con rapidez y la herida de mi brazo dolió.

– Lo siento, lo siento… – exclamé con la voz quebrada, de pronto tenía solo ganas de llorar.

– No importa, ¿estás bien? Me costó mucho despertarte, estabas teniendo una pesadilla y comenzaste a llorar durmiendo. – exclamó mientras limpiaba mis mejillas. Vi sus ojos dorados mirarme con preocupación y sollozos comenzaron a salir de mi boca mientras intentaba aferrarme todo lo que podía a él.

– No quiero recordar lo que pasó, pero sigue apareciendo en mi mente, ya no quiero más…

– Veremos como solucionarlo, te lo prometo. Pero estás aquí conmigo, nadie te tocara un solo cabello mientras estés entre mis brazos, nunca más Kag, nunca más pasarás por algo asi. – tomó mi mentón para subir mi rostro y me besó lento mientras enredaba uno de mis bucles en sus dedos. Cuando había estado a punto de darme impulso para ahondar el beso lo sentí tensarse junto a mí y se separó de inmediato, llevó sus dedos al centro de mi pecho y sólo en ese instante sentí el olor ferroso.

– Estas sangrando. – exclamó y se puso de pie para encender la luz. – estás sangrando mucho. – sentí su voz agitada, casi entrando en pánico. Bien… seguramente mientras dormía y la pesadilla había aparecido, me había movido inquieta y los sollozos habían expandido con fuerza mi pecho, mierda.

– Estoy bien. No es nada.

– Llamaré a tu doctora.

– No… por favor, no quiero alejarme de ti otra vez.

– Déjame revisarte y lo decidiré después de eso.

Levantó mi camiseta por sobre mis pechos y comenzó a desenvolver la venda a mi alrededor, para ser honesta la mancha de sangre no era tan pequeña después de todo, había atravesado las capas de vendaje e incluso había manchado mi camiseta.

Cuando por fin apareció mi nívea piel efectivamente mi herida estaba sangrando de forma constante aunque no profusamente, si no más bien en un goteo ¿pero cómo? Ya habían pasado dos semanas.

Inuyasha acercó su muñeca a mi boca para instarme a morder, yo obedecí de inmediato, si eso me permitía seguir ahí y no volver a la camilla…

Me mantuvo en eso durante unos minutos mientras acariciaba mi cabello, hasta que comprobó que la herida había parado de sangrar. Incluso entonces mordió el mismo su muñeca y la dejó gotear sobre mi pecho, sólo en ese instante recordé que la primera vez él había curado mi corte en el dedo de esa forma, no esperaba que cerrara, pero su maniobra ayudó bastante.

– Gracias. – musité mirándolo fijo.

– ¿duele?

– Un poco, pero soportable. – me besó en la frente y lo sentí respirar un poco más relajado.

– No te sacaré de esta cama ahora, pero mañana tu misma le dirás a Haru. – asentí. – Estaré pendiente de que no vuelvas a tener pesadillas, vuelve a dormir.

– ¿Tú no dormirás?

– No.

– Entonces yo tampoco. – Inuyasha suspiró a mi lado.

– Bien… entonces hablemos de algo. – exclamó mientras me abrazaba con delicadeza. – Quizás hablar sobre lo que viviste te ayude a superar el tema... – Me tensé de inmediato, aún sabiendo que él tenía razón. – …O quizás no.

– No, tienes razón, sólo… ¿tenme paciencia sí? – me miró con cariño y dio un beso corto en mis labios.

– Tenemos toda la noche y toda la vida para hablar de lo que necesites…

– Quiero hablarlo… ahora.

Tomé aire antes de comenzar el relato, con miedo de llenar mis pulmones completamente y me abracé a su cuerpo, esperando que eso me diera fuerzas suficientes.