Capítulo 50


Sakura estaba sentada en el alféizar de la ventana, mirando las estrellas sin un ápice de sueño, mientras se acariciaba con cariño su inexistente barriguita.

¿De verdad crecía en su interior un bebé de Sasuke?

De pronto, el vello de todo el cuerpo se le erizó y, sonriendo, se pasó las manos por los brazos mientras susurraba:

—Si estuviera aquí Shizune, diría que las hadas quieren advertirme de algo.

Estaba nerviosa, al amanecer partiría hacia el puerto y, desde allí, en uno de los barcos de Hiruzen, regresaría a su hogar. A su querida Noruega.

Deseaba estar feliz.

Necesitaba estar contenta.

Se había caído mil veces en su vida y mil una se había levantado, pero esa vez era diferente; el desánimo y una extraña pena casi no se lo permitían.

Al igual que cuando fue sacada a la fuerza de Noruega dejó allí su corazón, ahora que ella se obligaba a regresar sentía que lo dejaba en Escocia.
Concretamente, con cierto highlander cabezón.

La noche era preciosa, perfecta. Parecía como si el cielo escocés quisiera despedirse de ella, y emocionada sonrió mientras observaba a Nidhogg dormir sobre la cama.

¡Qué bonitos recuerdos se llevaba de aquel país!

Sin querer llorar, bajando la mirada vio lo que tenía ante sí y, emocionada, lo tocó. Con amor, asió el colgante en forma de corazón que había sido de su hermana, regalo de Kimimaro, y, colocándoselo alrededor del cuello, murmuró:

—Siempre estaréis conmigo. Siempre.

Tras eso, cogió el anillo que Temari le había obsequiado. El anillo de hermanas, como aquélla decía, y, tras colocárselo en el dedo, rio.

—Sigo pensando que es demasiado fino para mí. Pero doy gracias a la vida por haber encontrado a una hermana que me quiere y me respeta a pesar de mis imperfecciones.

Con una sonrisa, finalmente miró el broche que en un pasado perteneció a su abuelo y a su padre. Aquel broche que Sasuke recuperó para ella y que sin duda fue una preciosa y bonita prueba de amor. Una prueba de amor que nunca olvidaría.

Sasuke...

Ese hombre valeroso de ojos oscuros y maravillosos que cuando sonreía le demostraba lo buena persona que era.

Sasuke...

Ese hombre que, con su paciencia y su tesón, la había hecho vivir, sentir y disfrutar del significado de la palabra amor.

Sasuke...

Ese amor imposible de su vida que estaría eternamente en su corazón y que, pasara lo que pasase, siempre recordaría con una sonrisa.

Sasuke...

Quizá el padre de su hijo...

En silencio, Sakura recordó todas y cada una de las maravillosas cosas que aquel escocés había hecho por ella. Sus palabras. Sus miradas. Su paciencia. Habían sido muchos detalles, demasiadas cosas que nunca podría olvidar. Más de las que nunca imaginó que un hombre haría por ella. Y murmuró apenada cerrando los ojos:

—Tenten, soy un desastre y no he sabido cuidar a mi amor.

Con tristeza y pesar, volvió a contemplar el cielo, que era tan bonito y espectacular como en Noruega, cuando de pronto la puerta de la habitación se abrió de par en par y en la oscuridad se recortó una figura alta.

Rápidamente Nidhogg se despertó y gruñó asustado sobre la cama mientras ella cogía la espada, y, cuando la empuñó, oyó:

—No puedes irte. No lo voy a permitir.

Esa voz... Oírla era lo último que esperaba, y, parpadeando, murmuró:

—Sasuke...

El highlander dio un paso al frente y la luna iluminó su bonito rostro cubierto de polvo, barba de varios días y gesto ceñudo. Con cariño y sin miedo, acarició la cabeza del pequeño lobo, que había crecido en ese mes, y musitó:

—Hola, amigo, ¿cómo estás?

Nidhogg, al reconocerlo, meneó el rabo feliz y, tras chupar la mano de aquél con la lengua, volvió a tumbarse para seguir durmiendo. No había peligro.

Durante unos segundos, Sakura y Sasuke se miraron sin moverse, hasta que ella, sin saber por qué, gruñó en vez de correr a abrazarlo:

—¿Se puede saber qué haces irrumpiendo de este modo en mi habitación? Luego dices que los vikingos somos unos bárbaros. ¿Y tú qué estás siendo ahora?

Sasuke, que llevaba varios días sin descansar por llegar cuanto antes hasta ella, suspiró. Dijera lo que dijese, no pensaba marcharse de allí sin ella, y, necesitado de aquella mujer, repuso:

—Cariño, no hagas enfadar a un escocés enamorado y cansado.

Al oír eso, Sakura tembló. No esperaba volver a oír algo así por parte de él, y menos aún lo que añadió:

—No soy perfecto, pero aprendo de mis errores, como me consta que aprendes tú. Y, aunque me ofendí y me sentí rechazado el día que abrazaste a Neji en vez de a mí, he de decirte que ya lo entendí. Ése era vuestro momento, no el mío. Nuestro momento comienza ahora, si tú quieres.

—¿Qué?... —murmuró ella emocionada.

—Sakura, vives el presente, mientras yo vivo pensando en el futuro. Y eso se acabó. Tú y yo juntos podemos vivir el presente y el futuro. Tú y yo podemos ser felices si nos lo permitimos. Tú eres mi presente y mi futuro, y les pido a los dioses que eso mismo sea yo para ti, porque te quiero y tú me quieres. Lo sé y no puedes decirme que no.

Sakura parpadeó sin saber qué decir. Estaba más que claro que, allá donde su hermana Tenten estuviera, presionaba a Hamingja, su ángel guardián, para que le ocurrieran cosas como ésa, cuando Sasuke dio otro paso adelante e insistió sin saber lo que ella pensaba:

—Me da igual que seas vikinga, inglesa o escocesa. Mi corazón ha elegido, y te ha elegido a ti, pelirosa salvaje. ¡A ti!

La muchacha sonrió. Aquello que estaba oyendo era maravilloso, increíble, pero, consciente de su realidad, de lo diferentes que eran por muchos motivos, murmuró:

—Sasuke, te quiero, pero no puede ser.

Ese «te quiero» dicho con esa naturalidad era la recompensa que el highlander necesitaba, y, sin dejar de mirarla, preguntó:

—¿Por qué no puede ser?

La joven se tocó la frente para retirarse el pelo del rostro y, necesitada de ser sincera, repuso:

—Porque no, Sasuke... Yo no soy la mujer que necesitas y...

—¿Y cómo es la mujer que necesito?

Sakura suspiró, ella no sabía cómo era la mujer que él necesitaba, cuando él añadió:

—La mujer que necesito ha de ser bonita, inteligente, intrépida, algo alocada, cariñosa, retadora, guerrera, y con unos ojos verdes que cambien de color según su estado de ánimo. Por supuesto, ha de tener un precioso pelo rosa y, muy importante, que hable con los animales, especialmente con los patos... —Ambos rieron por aquello, y Sasuke, convencido de lo que decía, finalizó—: Y, cariño, esa mujer sólo eres tú.

—Pero... pero, Sasuke, tu vida junto a mí no será fácil.

—Ahora tu vida es la mía, y te prometo que a mi lado te la voy a hacer más fácil.

Ella no supo qué decir, y él, juntando su frente con la suya, algo que Sakura le había enseñado, insistió notando cómo todo el vello del cuerpo se le erizaba:

—Nunca querré cerca de mí a quien no te quiera a ti. Te amo, te deseo, te necesito a mi lado, te venero. Y no siento vergüenza de decirte todo esto porque es la verdad y necesito hacerlo. —Ella sonrió, y Sasuke prosiguió—: Y me he dado cuenta de todo eso gracias a un buen amigo. De pronto, he sido consciente de que te juzgaba sin percatarme de lo mucho que me molestaba a mí que me juzgaran por ser el hermano de quien soy. Y, no, cariño. Tú eres tú, como yo soy yo. Y yo, Sasuke Uchiha, te quiero a ti, a Sakura Haruno. A la mujer que me ha demostrado su valor, su coraje, el amor por su familia y...

Separando su frente de la de él, ella lo cortó:

—Pero, Sasuke...

—Te quiero...

Derribando todas sus barreras, al ver que ella era incapaz de hacerlo, el escocés cogió entonces su rostro entre las manos y dijo mirándola fijamente:

—Escúchame, Sakura. Tú y yo provenimos de mundos diferentes. Dos mundos que jamás pensamos que pudieran cruzarse, pero eso ha ocurrido. Eres mi amor, mi mujer, mi vida, y por nada del mundo voy a permitir que te alejes de mi lado, y menos aún sabiendo que me quieres, que sientes lo mismo que yo. —Y, cogiendo su mano, la puso sobre su pecho y, sin quitar sus ojos oscuros de los de aquélla, que no paraban de cambiar de color por sus emociones, añadió—: Tú estás aquí, en mi corazón.

Al hacer ese gesto, tan de su pueblo, tan de su padre, Sakura murmuró mientras sentía que se emocionaba:

—¿Quién te ha dicho que hagas esto?

Sasuke sonrió y, sin apartar su mirada de ella, musitó:

—Deidara.

Sakura sonrió conmovida. Todavía no creía que Deidara fuera medio vikingo, y sonriendo afirmó:

—Tengo muchas cosas de las que hablar con él.

Sasuke asintió.

—Lo sé. Y él contigo.

Estaban mirándose a los ojos cuando se oyó jaleo en la puerta. Instantes después entraron en la habitación Temari y Naruto cogidos de la mano, seguidos de Shizune y de Neji.

En sus rostros se veía reflejada la felicidad que sentían, cuando Temari, mirando a su amiga, dijo en noruego:

—Han venido, Sakura. Estos cabezotas y tontos escoceses ¡han venido! Y Naruto me ha pedido que me case con él y he aceptado, ¿te lo puedes creer?

Ella sonrió al oír eso, y Naruto, sin soltar a su mujer, dijo:

—No sé qué has dicho, pero espero que sea bueno.

Temari asintió riendo y Sakura afirmó:

—Muy bueno, Naruto. Te lo puedo asegurar.

Temari y ella volvieron a reír cuando Sasuke, complacido y feliz como llevaba tiempo sin estarlo, indicó mirando a su amigo:

—Por la cuenta que nos trae, creo que deberíamos aprender noruego.

—Yo os enseñaré —se ofreció Shizune.

Si había sido capaz de enseñar gaélico a Sakura, sin lugar a dudas podría enseñarles noruego a ellos.

Shizune, consciente del momento que estaba viviendo su niña, se dejaba abrazar por Neji, que observaba la situación con la felicidad en el rostro.

La nota que días antes le había enviado a Deidara para que éste le leyera a Sasuke había surtido efecto y se alegraba enormemente por ello. Aquel escocés y Sakura eran la pareja perfecta y, si ellos no hacían nada, él estaba decidido a intentarlo. Y su intento había triunfado: Sasuke estaba allí.

El highlander, que seguía junto a la mujer que adoraba, y a la que no podía quitarle el ojo de encima, tras cruzar una mirada con aquel vikingo con el que no hacía falta hablar para entenderse, supo que había llegado el momento por el que había ido hasta allí, y murmuró:

—Sakura...

Y, cuando ella lo miró, musitó:

—Siguiendo los sabios consejos de Neji, me queda por hacer una cosa más.

La joven miró sorprendida a su cuñado y éste le guiñó un ojo con complicidad, cuando de pronto Sasuke, agachándose ante ella, clavó una rodilla en el suelo y, sonriendo, dijo cogiendo su mano:

—Sakura Haruno, amor de mi vida, ¿me harías el honor de ser mi mujer?

La muchacha, emocionada por aquello que su hermana le había dicho que algún día pasaría, sonrió, pero instantáneamente un sollozo salió de su boca cuando Sasuke dijo sacando algo de su bolsillo:

—Me lo ha dado Neji. Dice que este anillo es muy especial para ti por muchas razones. Es más, con él me aseguró que no dirías que no a mi propuesta.

Con los ojos anegados en lágrimas, Sakura miró aquel anillo, que pertenecía a su familia. La última que lo había utilizado había sido su hermana Tenten el día que se casó con Neji. Recordar aquello hizo que las lágrimas salieran a borbotones de sus ojos, y Temari, emocionada, musitó:

—Oh, Dios mío, Sakura..., ¡muero de amor!

—Ay, mi niña, ¡qué emoción, qué emoción...! —lloró Shizune.

La joven Sakura temblaba, lloraba mirando aquel anillo que pensaba que, tras lo ocurrido, se había perdido, cuando Sasuke, preocupado al ver sus lágrimas, murmuró:

—Pero si tú no lloras...

—¡Te voy a matar! —consiguió decir ella entre sollozos.

—¡Sakura! —musitó Shizune cogiendo a Nidhogg en brazos.

—¡Ya estamos! —gruñó Temari.

Sasuke sonrió mirando a Naruto, y Neji, tan emocionado como Sakura, murmuró en noruego:

—Saku..., ésa no es la respuesta que Sasuke espera.

Mirándolo, ella, sin poder remediarlo, soltó la mano de Sasuke, que continuaba con la rodilla clavada en el suelo, y, acercándose a Neji, repuso hablando también en noruego:

—Sabes que te quiero, ¿verdad?

El vikingo asintió.

—Tanto como yo a ti, pelirosa.

Emocionados, se abrazaron y, cuando se separaron, Neji musitó mirándola:

—Ahora ve y sorprende al escocés.

Al oír eso de «sorprende al escocés» y ver cómo le miraba la barriga, la joven parpadeó.

¿En serio Neji lo sabía?

Y, cuando iba a hablar, él la cortó:

—A mí, no. A él.

Sakura asintió y, mirando a Sasuke, que la observaba sin moverse, regresó a su lado y murmuró:

—Antes de responder a tu pregunta has de saber tres cosas muy importantes, y quizá alguna te sorprenda.

—Bueno..., ¡ya estamos! —gruñó Shizune.

El gesto de Sasuke se ensombreció y, meneando la cabeza, musitó mirando a Naruto:

—¿Por qué tiene que ser todo tan difícil con esta mujer?

—Es vikinga... —resopló su amigo—, asúmelo.

Temari, al oírlo, le dio un codazo, y él, al ver cómo lo miraba, añadió:

—Pero, vikinga o no, tú te vas a casar conmigo, otra vez.

Sakura sonrió, cuando Sasuke indicó mirándola:

—Pelirosa, no sé si estoy preparado para más sorpresas.

La joven rio y, sin importarle su gesto serio, prosiguió:

—La primera es que no estoy de acuerdo con la poligamia.

Sasuke sonrió satisfecho.

—No sabes el peso que me quitas de encima —declaró.

—¡Yo tampoco! —añadió Temari, haciendo sonreír a Naruto.

—La segunda es que el nombre de mi yegua, Unne, es de origen noruego y significa «amor». Recuerdo que me lo preguntaste y nunca te lo expliqué.

—Precioso nombre, y agradezco tu aclaración —sonrió él mirándola.

—Y la tercera, ¿qué es? —preguntó Shizune preocupada.

Sakura sonrió de nuevo. Y, tras mirar a Neji, que escuchaba divertido, clavó la mirada en aquellos ojos oscuros tan maravillosos que le habían hecho conocer el amor y creer en él y musitó:

—Y la tercera es que creo que vas a ser papá.

—¿¡Cómo?! —gritó Shizune.

—Ay, Dios mío... ¡Ahora sí que muero de amorrrrrrrrrrrrrrrrrr! —voceó Temari.

Sasuke parpadeó. ¿Lo había oído bien?

Todos en la habitación comenzaron a aplaudir, mientras él, sin moverse, preguntó:

—¿Has dicho que crees que voy a ser papá? —Sakura asintió emocionada, y él, sintiéndose dichoso, murmuró levantándose para abrazarla y besarla—: Está visto que nunca dejarás de sorprenderme, cariño. Nunca.

De nuevo, los aplausos se multiplicaron, y cuando Sasuke se arrodilló de nuevo ante aquélla feliz y dichoso y le colocó en el anillo en el dedo, al ver que el amor de su vida volvía a emocionarse, preguntó:

—Sakura Haruno, ¿te casarás conmigo?

Emocionada como en su vida, ella sonrió.

Ahora estaba segura. Muy segura.

Gracias a Neji, a su familia y a su mágica manera de seguir estando con ella, Sasuke nunca había dejado de sorprenderla con preciosas pruebas de amor, y, enamorada de aquel escocés que le demostraba de mil maneras lo importante que era ella en su vida, asintió.

—Sí, Sasuke Uchiha. Me casaré contigo.

Esa madrugada, en la fortaleza del clan Sabaku se organizó una maravillosa e íntima boda doble, donde lo imposible se volvió posible y donde el presente y el futuro se fusionaron para convertirse en una única opción.

Solo nos queda el epílogo.

Esta historia es de Megan Maxwell. Los personajes utilizados en esta historia pertenecen a M. Kishimoto.