Ruina, condena, aniquilación...
Ninguna palabra parecía ser exacta al intentar describir el deterioro parcial del planeta. El pánico invadió completamente a los ingenuos corazones de los humanos al creer que la ciencia les brindaría un "milagro", para aquellos pobres desafortunados que padecían todo tipo de enfermedades incurables, incluyendo otras dolencias crónicas, severas o terminales. La ilusión de una falsa cura envolvió a todos en una esperanza inocua, trayendo felicidad para mantener vivos a sus seres queridos, pero esa grata sensación pronto se convirtió en una temible desesperación. Nadie podía darle certera credibilidad a lo que atestiguaban con sus propios ojos, las personas tras recibir la inyección caían silenciosamente en las garras de un simple "parásito". El tiempo de incubación era ridículamente corto, una vez que se acostumbraba en el interior del receptor, empezaba a devorar lentamente, y sin piedad, la carne del portador, desgarrando por completo el cuerpo hasta matarlo. Un mal que pasó desapercibido, sin alertar al sistema inmune o provocar síntomas muy notorios.
En un corto lapso temporal, la ignorancia fue clave para la propagación de esta nueva infección, restándole la debida importancia hasta que fue demasiado tarde, el caos dominó las calles de cada una de las grandes ciudades alrededor de todo el mundo. Ningún científico competente pudo encontrar una cura que contrarrestara los efectos de este maleficio, tampoco algún sustituto que pudiera usarse como placebo. Nadie en la comunidad sanitaria o científica brindaba resultados alentadores, ni siquiera el profesor Membrana que para desgracia de la humanidad fue una de las primeras víctimas fatales.
En unos pocos meses, el mundo se sumió enteramente en desolación, dolor y resignación. Todo estaba perdido.
La voluntad de los terrícolas estaba perdida, haciendo que la tarea de controlarlos fuera mucho más sencilla, nadie se revelaba contra el nuevo "régimen" que fundó y ejerció un peculiar castaño, imponiendo una nueva e rigurosa orden con ayuda de unos pocos colegas cuidadosamente seleccionados, quienes lo habían ayudado desde las sombras para hacer realidad su sueño de ver su propio planeta a punto de ser destruido, y mancillado por sus propias manos.
A pesar de liderar a la humanidad, tuvo que ceder el control a dos de sus confidentes más cercanos, el mundo era vasto y amplio, así que los dejo liderar a ellos en ciertas partes del planeta para mantener un seguimiento de la situación, sin embargo, también era necesario infundir miedo, pero no estaba realmente preocupado por eso porque eligió a las personas correctas. No obstante, el de ojeras se sentía extrañamente aburrido, pero satisfecho, tenía todas las elegantes comodidades que un mundo apocalíptico podía brindarle, mientras que observaba con superioridad el horrible panorama de otro día de sufrimiento, al menos así lo era para la gran mayoría de los terrestres.
Una pequeña sonrisa se formó en sus labios al sentir la suave respiración del irken en su regazo, estaba profundamente dormido, aún recordaba con exactitud los laboriosos días en que se esforzó para romper la mente, voluntad, y doblegar exitosamente a ese pequeño alienígena. Acarició con precisión sus antenas, lo mantuvo retenido durante un largo tiempo, ofreciéndole diariamente un trato preferencial luego de las horrorosas torturas físicas, y psicológicas, con el afán de convencerlo voluntariamente de que estar a su lado era lo correcto.
Pudo hacer tantas cosas con él... Besarlo, morderlo y marcarlo. Era finalmente suyo.
Involuntariamente su sonrisa se ensanchó más, recreando aquel regocijo al verlo sufrir, gritar y decaer rotundamente en la negación, insistiendo en que lo que había sucedido no era cierto. ¡Era tan tierno e inocente!. La ira al percatarse de que ahora era un ser impotente sin derechos en absoluto, cayendo en la negociación y depresión en un claro rechazo a la realidad, intentando regresar las cosas a como lo eran antes. Finalmente la última etapa "Aceptación", cerciorándose de que ya no existía ninguna probabilidad, salvación o esperanza. Estaba completamente solo, no tenía otra alternativa más que aferrarse al retorcido amor que le brindaba su verdugo de gabardina azulada.
Regresó una vez más a la realidad, abandonando la comodidad de su sofá, mientras cargaba con sumo cuidado el frágil cuerpo del extraterrestre, para acto seguido, depositarlo lentamente sobre la enorme cama matrimonial. Apreciaba gratamente esa suave y verdosa piel, en donde todavía eran visibles algunas pocas marcas de las diversas heridas que había sufrido con anterioridad, pero esto no preocupaba al de ojos azules, aprendió que los irkens podían recuperarse con cierta facilidad, gracias a su increíble regeneración celular, así que verdaderamente no le importaba cuanto lastimara o maltratara a Zimmy, este se recuperaría de un día para el otro, volviéndolo ante los ojos del humano como el ser más perfecto y glorioso de todo el universo.
- Eres un irken tan hermoso y obediente, Zimmy~ -murmuró en voz baja, acariciando suavemente su cabeza- Debo verificar algo que me ha estado molestando. -mencionó entre susurros, besando su frente- Vendré a complacerte en un momento. Se bueno. ¿De acuerdo?.
Dio una última mirada al pequeño de orbes magenta que seguía durmiendo plácidamente, como si estuviera muerto. Cerró lentamente la puerta de su habitación, sin hacer ningún ruido, se encaminó a otra sala que no estaba demasiado alejada. Retomando los últimos sucesos que ocurrieron en la Tierra, luego de que el profesor Membrana falleciera, su escalofriante hermana menor sufrió un destino similar, pero su muerte no fue producto del parásito, sino a un simple, pero fatal error de cálculos. ¿O quizás un desafortunado accidente?. A decir verdad la gótica fue víctima de múltiples disparos que no estaban dirigidos a ella, sino a su hermano Dib, pero tontamente insistió en interponerse para protegerlo, gracias a eso la pelimorada perdió la vida. Vaya tontería. ¿Cierto?.
Descendió cuidadosamente las escaleras, adentrándose hasta a un laboratorio subterráneo que no tardó en declararlo como suyo, se quedó maravillado al escuchar los afónicos, pero desgarradores gritos de un sujeto que tomó para experimentación, con la excusa de crear una "cura" contra lo que él mismo había creado, pero lo que casi nadie sabía era que gracias al ex-invasor pudo desarrollar una vacuna para su propio mal, entregandoselo únicamente a sus allegados más cercanos. La hora del descanso había comenzado, por una orden silenciosa de parte del castaño, haciendo que los trabajadores se retiraran y con ellos los agónicos gritos que finalmente habían cesado.
Se acercó lentamente hasta donde estaba cautivo un humano cabezón, que en algún momento fue considerado un honorable embajador espacial.
- Fufu~ ¡Hahaha! -río- ¿Cómo te sientes hoy, hermanito?~ -preguntó burlonamente, mirando su patético estado- Te ves tan horrible y lamentable, pero admito que soportas muy bien el dolor, hermano. -señaló divertido, empezando a reír frenéticamente- Nunca podría aburrirme mientras pueda verte retorcerte en tu pútrida miseria, Dib. ¡Eres un espectáculo abominable y entretenido!
Esa escandalosa, altanera y malvada voz estaba taladrando constantemente los oídos del amante de lo paranormal, lo despreciaba con toda su alma, era insoportable tenerlo relativamente cerca y no poder ser capaz de hacer absolutamente nada, aquella persona lo habían denigrado a tal punto de ser un objeto que rompían y arreglaban a voluntad, no tenía posibilidad ni siquiera de pelear, solo podía observar.
- Lo siento, lo siento. -se disculpó falsamente, haciendo un ademán con su mano- No puedo evitarlo, es que cada vez que te veo, recuerdo como asegurabas que ibas a detenerme. -recordó con cierta nostalgia- Lastima que no te quedaste en el espacio, hubiera hecho las cosas más sencillas para ambos. ¿No es cierto?. -lo miro entretenido, recibiendo un sonoro gruñido- Estoy seguro que de todas formas hubieras regresado por Zimmy, pero no deberías preocuparte mucho por él, es muy obediente cuando logra entender cuál es lugar, hasta no opone resistencia cuando lo hago mío~ ¿No es genial?.
Desconocía plenamente de cuanto tiempo había transcurrido desde que regresó a la Tierra, con el objetivo de llevarse a Zim con él, apenas tardó unas semanas para retornar a su planeta natal, debido a que pudo convencer al vortiano que vigilara la corte espacial mientras que con una excusa bien planificada, justificaba su ausencia para ir por su amado, pero no sabía en el problema en el cual estaría metido. Sin darse cuenta, fue una víctima por la sorpresa, cayendo en una elaborada trampa proveniente del de ojeras, y convirtiéndose en un prisionero de las más crueles, inhumanas e insoportables experimentaciones sacadas desde las peores películas de terror.
Golpes, quemaduras, electrochoques...
Ácido, consumo forzoso de sustancias, amputación de extremidades..
Incluso cortándole sus cuerdas vocales, nada superaba a la tortura mas dolorosa que vivió en toda su vida. La impotencia fue su peor condena al presenciar a través del monitor el infierno que tuvo que soportar su amado chico espacial, quien no paraba de gritar, incluso escucho como este rogó varias veces por ayuda gritando su nombre. Las lágrimas amenazaban con salir al recordar claramente la condición de su alíen, hasta que ese desquiciado desalmado decidiera finalmente liberarlo, pero con cada día que pasaba se convencía más de que jamás podría escapar o salvar a Zim.
- Oh, vamos~ -habló con naturalidad, sin borrar su sonrisa- ¡No seas un mal perdedor, Dibby! -bromeó entre risas, disfrutando la furia silenciosa de su invitado- Tampoco voy a ser tan cruel como para matarte, no me gustaría perder a otro hermano. -comentó con ironía, viendo las lágrimas en los ojos del contrario- Estoy seguro que a Gaz le gustaría verte vivo, y sufriendo de esta forma, solía decírtelo muchas veces cuando eran niños. ¿Verdad?.
El suplicio emocional aumentó exponencialmente al recordar a su pequeña hermana menor, siendo nombrada en estas circunstancias fue un golpe muy bajo, mucho más cuando el chico gótico cargaba con la culpa de que ella estuviera enterrada bajo tierra. Sin embargo, el peso del remordimiento no cesaba, su pequeño irken también estaba condenado a ser esclavizado por ese estúpido egoísmo que inició de niño, se culpaba cada segundo por haberse metido en una guerra que no le correspondía, se arrepentía de todo el daño directo y colateral que le hizo a su viejo némesis, lamentándose cada día de no haber sido lo suficientemente fuerte emocionalmente para enfrentarse a sí mismo, y declararse a la persona que amo con todo el corazón.
Quizás si no se hubiese cegado ante un inherente odio, y le hubiera dado una oportunidad a Zim...Tal vez, y solo tal vez, las cosas entre ambos hubieran acabado muy distintas a las de ahora. ¿Incluso más agradables?. No costaba nada soñar...
- Aburrido~ -expresó desinteresado, haciendo un gesto decepcionado- Una vez que te adentras en tu estúpida y hueca cabeza, no harás otra cosa más que pensar o arrepentirte. -bufó, cruzándose de brazos- Como sea, cumplí mi responsabilidad de pasar un tiempo de calidad entre hermanos, como lo quería papá. -río- Probablemente si te mantienes vivo hasta mañana, venga a visitarte. ¡Y traeré a Zimmy! -propuso maliciosamente, dándole la espalda- Estoy seguro que eso te levantará el ánimo, y será un buen incentivo para que soportes con mayor efectividad el tortuoso proceso de experimentación.
- ¡...! -levantó la mirada sorprendido, por primera vez quería articular alguna frase o palabra- ...
- Buenas noches, Dib.
Tras no recibir respuesta alguna, el castaño de cabello alborotado se despidió amistosamente, sacudiendo su mano en el aire, dejando atrás al de lentes que se limitaba a observarlo, manteniéndose inmóvil por las cadenas y ataduras que lo sostenían contra la pared. Un profundo odio se instaló en todo su ser, ignorando completamente la agonía que recorría nuevamente cada centímetro de su lastimada piel. Cerró con fuerza los ojos, dejando su mente en blanco, necesitaba escapar urgentemente de esa oscura realidad, buscando imaginar una fantasía como método placebo para hacer que cualquiera de sus viejos sueños se volviera realidad con el afán de resguardar algo de su escasa salud mental.
Un sueño en donde nunca se involucró en una guerra. Tampoco reprimió sus sentimientos por Zim.
Un mundo donde comenzó a salir con su alíen, incluso consiguiendo convertirse en un famoso investigador profesional de lo paranormal.
Y lo mejor de todo... Cumplir ese deseo interno de tener a toda su familia de nuevo, y unir finalmente su vida con el irken que amó a lo largo de su vida.
Fin.
[...]
[...]
[...]
"¡Felicidades!" "¡Has desbloqueado el final: "¡Condena Inquebrantable"!".
Como premio por tu lectura, voy a otorgarte algunos pequeños detalles que puedes interpretar como un bonus o extra:
✦ La humanidad no fue aniquilada completamente, solo una inmensa parte, lo que trajo como consecuencia que la sociedad como la conocemos desapareciera.
✦ 777 intentó en múltiples ocasiones contactar con Dib, pero al no conseguirlo se dispuso a buscarlo, pero la guerra entre razas lo obligó a dar prioridad a sus hijos, debía mantenerlos a salvo para que no fueran asesinados o esclavizados.
✦ Los Meekrobs no se preocuparon demasiado por la desaparición de su embajador humano, ya que este mismo les informó que haría una larga misión reclutando a los sobrevivientes de otras razas. Luego de iniciar una guerra territorial, especularon que Dib se había vuelto un traidor al vender información u otro método similar.
✦ Cuando Zim estuvo en cautiverio, la forma de "romperlo" fue manipulando y recreando los recuerdos que tenía almacenado en su pak, muchas veces haciendo realidad sus peores miedos, culpas y la muerte de sus "Más Altos".
✦ Gaz murió intentando proteger a su hermano, desconociendo hasta cierto punto los planes de Louie, ya que ni ella misma pensaba que verdaderamente los llevaría acabo.
✦ Louie aprendió mucho sobre tecnología extraterrestre, incluso se apropió de la base de Zim, en donde actualmente conviven, pero con muchas modificaciones, y mayores comodidades.
✦ Membrana falleció siendo un "conejillo de indias" que dio pie a producir en masa la "cura" que escondía el parásito.
✦ Efectivamente la paz intergaláctica nunca está asegurada, mucho más cuando Louie ahora tiene conocimiento de las distintas especies de otros planetas, tal vez su ambición crezca. (?)
✦ Un agradecimiento especial a: Spika592. . ¡La ilustración de Louie fue hecha por ella!. ¡Mil Gracias! (Quería poner la imagen del niño. uwu)
"¡Esto es todo!" "¡Muchas gracias por leer!"
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"¿Ah?" "¿No te gusto?" "Bien, bien, empecemos de nuevo. ¿Te parece?"
"Vuelve mañana, prometo tener preparado otro final para ti, pero... "
"... Eres libre de elegir cualquiera que le de paz a tu alma de lector... "
