El joven Mokuba se encontraba en la sala sentado en uno de los sillones situados de frente a la puerta. Sus ojos estaban fijos en la entrada principal, quería que el médico llegara pronto y atendiera a su hermano de una buena vez.

Serenity se había quedado parada junto a la escalera simulando limpiar algunos adornos. Pero en realidad pensaba en cómo ayudar al chico para que no estuviera tan nervioso. Sin embargo, ella no era la más indicada ya que era víctima de la preocupación también. Si ese animal que había atacado al Señor Kaiba estaba cerca su hermano corría peligro también porque había ido a buscar al doctor a su propia casa.

La puerta se abrió y Joey ingresó corriendo. Atravesó la sala a gran velocidad rumbo a la habitación de Kaiba y sin siquiera mirar atrás dijo, agitado por la carrera:

—Sígame por aquí.

Mokuba y Serenity lo observaron. Cuando ya no lo podían ver más voltearon sus miradas hacia la puerta pero nadie lo venía siguiendo y eso era extraño.

El muchacho caminó hacia la entrada para confirmar si en realidad alguien venía o no. A mitad del camino que conducía al castillo se encontraba Shaadi acercándose lentamente, con suma tranquilidad como si Seto tuviera todo el tiempo del mundo para esperarlo. Entre paso y paso se tomaba unos segundos para apreciar el cielo, el jardín, el suelo, el castillo, sus manos...

—Es un tonto— dijo Mokuba antes de morderse el labio y negar con la cabeza.

Como Serenity no entendió el comentario se acercó a la puerta y observó la razón de su enfado. El médico del condado era un hombre que gozaba de buena salud en todos los aspectos y se preocupaba por disfrutarla instante tras instante como si fuera el último. Sin embargo, en circunstancias como esa en donde urgía que su llegada fuera inmediata esa habitual lentitud podía interpretarse como una tomadura de pelo.

—¿Dónde está Shaadi?

Yami estaba detrás de ellos y observaba el camino. Al ver que el doctor se acercaba pasó entre ambos jóvenes y caminó hacia él.

Cuando solo los separaba unos metros dijo:

—¡Apúrate Shaadi! Seto está haciendo un escándalo insoportable.

Shaadi se detuvo frente a él, lo miró y alzó su ceja un poco sorprendido. No era muy sencillo imaginar a Kaiba haciendo berrinches. Eso quedaba para Mokuba... o para Yami también.

—Vamos a verlo— dijo a la vez que su ceja descendía a su lugar habitual.

Al llegar a la entrada Mokuba y Serenity salieron hacia el cuarto de Kaiba y los otros dos lo siguieron.

Seto estaba sentado al borde de la cama y pateaba la pared con sus piernas turnadamente. Roux Anne observaba un cuadro que estaba colgado en la pared. Ni bien ella había ingresado en esa habitación aquella pintura llamó su atención. Había algunas extrañas coincidencias...

—Aquí está Shaadi— dijo Yami entrando tras Mokuba y Serenity que se pararon junto a Salomón, quien estaba en la pieza también. Su nieto permaneció junto a la puerta—. Menos mal que llegó pronto ya que él es el único capacitado para contarle a Kaiba que hay que cortarle el brazo— y miró a su cuñado con una sonrisa mal intencionada—. ¿No es así, doctor?

Kaiba solo lo ignoró; no soportaba a su cuñado y una persona tan molesta no merecía la más mínima atención de su parte. Por desgracia tendría que soportarlo en su hogar por el resto de su vida. Miró a Shaadi aguardando a que hiciera algo; ¿acaso no venía a atenderlo?

—Es posible. Hay que ver qué tan graves son esas heridas— dijo mientras abría despacio su maletín, sacaba despacio sus instrumentos y despacio se volteaba a ver al Conde—. Aunque si te accidentaste dentro de tu casa seguramente no habrá de qué preocuparse. Porque supongo que me hiciste caso y no saliste de aquí, ¿no?

Si había algo que a Kaiba le desagradara de Shaadi era que por más que su cara jamás cambiara de expresión, sus ojos siempre evidenciaban su estado de ánimo: cuando estaba enojado, cuando estaba feliz, cuando estaba sorprendido... o bien revelaban sus intenciones: cuando reprochaba algo, cuando se burlaba de alguien. En ese momento sus ojos decían que se burlaba de él.

Además la pregunta era innecesaria; Joey había ido a buscarlo y no era necesario conocer profundamente al muchacho para saber que había abierto la boca. Por lo tanto, Shaadi sabía claramente qué le había ocurrido.

—Vamos Kaiba— dijo Yami tomando el pestillo —, cuéntale a Shaadi lo que pasó, dónde ocurrió y quién tuvo la culpa—sonrió. Luego abrió la puerta y salió de la habitación.

Subió las escaleras para contarle a Tea lo que había ocurrido con su hermano. Tenía la sensación de que ella estaba preocupada. Había casos donde la conexión entre los familiares era tan fuerte que podían presentir cuando estaban en peligro. Y él estaba seguro de que su esposa tenía ese tipo de lazo tanto con Kaiba como con Mokuba.

Abrió la puerta de su dormitorio, la luz aún estaba encendida. Probablemente Tea aguardaba a que viniera a informarle qué había sucedido. Miró hacia la cama y la expresión su rostro cambió completamente: sus cejas se curvaron, sus ojos se clavaron en Tea confundidos y su boca se abrió incrédula. Había algunas cosas extrañas en esa actitud de ella. Eran las ocho y media de la noche, muy temprano para ir a la cama. Y aunque eso podía explicarse en el caso de que ella no hubiera dormido lo suficiente o estuviera muy cansada, el día anterior se había acostado prácticamente a la misma hora. En realidad llevaba ya más de dos semanas alegando un sueño exagerado. No. Ahí había algo más.

Se acercó a la cama y se sentó a su lado retirándole el cabello de la cara y se quedó observando cómo dormía.

Tal vez lo mejor era que Tea tuviera una consulta con el médico. No tenía ni la más pálida idea de lo que podía estar ocurriendo, pero pasara lo que pasara, por más insignificante que fuera, lo iba a descubrir.