Mi cabeza se había recostado frente a la ventana, el paisaje era verdaderamente hermoso. Era un día nublado, el ambiente estaba triste en nuestro vagón. Este era de los últimos años de Fred y George, iba a extrañar a esos dos perdedores. Estas vacaciones me había encariñado mucho con Charlie y Bill. Me encantaba jugar con ellos, para mi eran como mis hermanos mayores, ya que ellos tienen entre veintidós y veinticuatro años y yo únicamente quince.

-¡¿Desean comprar alguna golosina?!- Gritaba una voz por los vagones sacándome de mis pensamientos.

-Hola jóvenes, ¿Desean alguna golosina?- Preguntó una señora mayor, acompañada de un carrito lleno de golosinas. Ron se acercó y compró unos pocos dulces.

-Dos pasteles de calabaza.- Escuché, era la voz de una chica, Cho Chang. Pude ver a Harry perdido en sus ojos, con una tonta sonrisa.

-Harry.- Dije fulminándolo con una obvia mirada.

-¿Qué?- se dio vuelta y se sentó junto a mi confundido.

-Nada.- Dije desinteresada, ya que Harry nunca captaba indirectas.

-Esto es horrible.- Interrumpió el silencio la voz de Hermione.

-¿Cómo que no saben quién conjuró la marca?- Acopló sacando la vista de aquel periódico, estaba muy molesta.

-¿Qué no había seguridad o..- No terminó la pregunta ya que Ron la interrumpió rápidamente.

-Mucha.. según papá- Dijo este comiendo sus dulces.

-Por eso les preocupa.- Agregó. Mi vista se dirigió nuevamente a la ventana.

Volví a introducirme en mis pensamientos mientras Ron, Harry y Hermione sacaban sus propias conclusiones. Yo estaba cansada de hablar de aquella horripilante marca, que había hecho daño a muchas personas. Quería disfrutar de mis últimos momentos de libertad antes de que todo en mi vida se despedazara. Volví a concentrarme en mis amigos cuando Harry terminó de escribir su carta para enviarla a Sirius.

-Envíala.- Dijo Harry a su lechuza. Esta salió volando por la ventana en la que anteriormente estaba mi cabeza con la carta.

-Voy a cambiarme, ¿Vienes Hermione?- Dije mientras me levantaba de mi asiento e iba mirando a la chica, había sacado mi ropa de una pequeña mochila.

-Si.- Afirmo mientras dejaba aquel fastidioso periódico y sacaba la túnica de su maleta. Nos dirigimos juntas a los baños y comenzamos a cambiarnos. Cuando termine me mire al espejo y suspiré.

-¿Estás bien?- Preguntó preocupada la chica de rulos.

-Si, extrañaba este lugar.- Dije con una sonrisa triste.

-¿Vamos?- Preguntó Hermione acercándose a la puerta.

-Voy a encontrarme con Zabini, lo extrañé.- Dije sincera.

-Tengo que encontrarme con las estúpidas serpientes ahora.- Agregué suspirando y solté una risa junto a mi amiga.

-No hagas nada que pueda terminar tu relación con Weasley.- Contestó ella riendo, como si yo fuera capaz de lastimar a Fred.

-Cállate tonta.- Reí ante su comentario, empujé su cabeza mientras mordía mi labio para parecer seria y no continuar riendo.

-Nos vemos luego. Dijo mientras abría la puerta y salía con una dulce sonrisa. El tren seguía en marcha y no faltaba mucho para llegar. Salí de aquel baño y me encontré con una hermosa chica con una larga cabellera rubia.

-¿Qué hace aquí una Ravenclaw?- Dije sonriéndole.

-¡Chiara! ¿Cómo estás?- Dijo aquella chica.

-Bien, Luna ¿Cómo estás tú?- Pregunté aún con una sonrisa de oreja a oreja.

-Estoy bien, tengo que irme ¡Nos vemos luego!- Dijo retirándose mientras me saludaba con la mano.

-Hola pelirroja, ¿A dónde vas?- Preguntó acariciando mi rojo cabello.

-Voy al vagón de las serpientes.- Contesté con u gesto repulsivo.

-Aún no veo a mi mejor amigo.- Acoplé con una sonrisa sincera.

-Cuidado con lo que hacen.- Dijo con una mirada celosa y una ceja arqueada.

-¿No confías en mí?- Dije ofendida mientras cruzaba los brazos.

-No confío en Zabini.- Dijo él imitando mi acción.

-Tranquilo, yo te amo a ti.- Le dije mientras tomaba su mano.

-Yo también.- Contestó con una sonrisa de lado.

-Debo irme.- Anuncié.

-Adiós linda.- Dijo mientras me daba un dulce beso.

Luego lo salude con la mano y me dirigí a los últimos vagones del tren. Zabini y sus amigos siempre estaban ahí, era el lugar favorito de la manzana podrida de Draco Malfoy. Desde lo que pasó hace tiempo me da asco hasta escuchar su nombre. Abrí la puerta del compartimento y todos los Slytherin me miraron con desprecio, como si aún no me diera cuenta el asco que les daba. Allí estaba ese estúpido grupo de inadaptados y Zabini. Me acerqué a la mesa y el silencio se hizo notar, él se dio vuelta para ver de donde provienen todas esas miradas y sus ojos se encontraron con los míos.

-¡Chiara!- Gritó él mientras se levantaba de su asiento y me abrazándome.

-Te extrañé, has cambiado muchísimo.- Dijo separándose de nuestro abrazo recorriendo con sus ojos todo mi cuerpo. Pude sentir cada una de las miradas en aquel vagón, pero la del platinado era la más fuerte.

-Te extrañe idiota.- Le dije al morocho que no despegaba su vista de mi cuerpo.

-¿Se te perdió algo Malfoy?- Agregué mirándolo fijamente a esos ojos grises.

-No.- Contestó seco, dirigiendo su vista a la ventana que tenía a su derecha. Seguía molesto por lo que le dije en aquel campeonato de Quidditch. Lo seguí con la mirada mientras me sentaba frente a él.

-Bueno.. ¿Cómo estuvieron tus vacaciones?- Preguntó mi mejor amigo.

-Muy bien la verdad, la familia Weasley es encantadora ¿Las tuyas?- Contesté con una sonrisa.

-¿Con esos traidores?- Contestó a mi oración, con una cara de desagrado y odio a la vez.

-¿Acaso el teñido te pegó las frases?- Contesté de forma hilarante.

-Cállate niña.- Soltó Draco. Yo lo mire y rodeé los ojos, volviendo a los de mi mejor amigo.

-Ellos son desagradables.- Dijo Blaise frunciendo el ceño.

-Tu eres desagradable.- Dije riéndome, él me miró ofendido y luego rió.

-Mis vacaciones fueron con estos tontos.- Dijo él señalando a Pansy Parkinson y al teñido, que se encontraban enfrente mío.

-Que aburridas vacaciones.- Dije mientras estos se ofendian y Zabini y yo comenzábamos a reír.

-Te veo más entusiasmada, ¿Extrañabas mis besos?- Dijo sonriendo pícaramente mientras tomaba mi mentón con su mano y me acercaba a su cara. Yo me alejé y miré para otro lado.

-¿Estás bien?- Preguntó extrañado a mi actitud.

-Es que estoy con alguien.- Conteste nerviosa.

-Te robaron el puesto Blaise.- Escuche una voz familiar acercándose, Theo.

-Theodore Nott.- Dije levantando las cejas mientras dirigía mi mirada hacia el chico parado junto a nuestra mesa.

-Chiara Snape.- Contestó él con una amplia sonrisa.

-¿Así que me robaron el puesto? ¿Quién es el estupido que está con mi mejor amiga?- Preguntó curiosamente cruzándose de brazos.

-Fred Weasley.- Afirme.

-¡¿Fred Weasley?!- Gritaron los cuatro haciendo que todo el vagón se inunde de un desagradable silencio y las miradas se dirigieran hacia mi nuevamente.

-¿No quieren gritarlo para que llegue hasta el vagón de Hufflepuff?- Dije enojada en un susurro.

-¿Estás con la asquerosa fotocopia?- Preguntó Draco con cara de asco y sorpresa. Zabini, Parkinson y Nott me miraron de la misma forma.

-¿Celoso Malfoy?- Dije seria mientras lo miraba a los ojos.

-¿Celoso de qué?- Dijo imitando mi cara.

-¿Preferiste a ese antes que a mi?- Dijo Blaise interrumpiendo nuestra guerra de miradas.

-¿Acaso tú me preguntaste si quería ser tu novia?- Dije curiosa, él negó con la cabeza.

-Eso supuse.- Contesté fastidiosa.

-Tienes mejores pretendientes, ¿Y eliges a un Weasley?- Dijo Nott mientras se apoyaba sobre el asiento de Draco y Parkinson.

-Sí.- Respondí cortante.

-¿Ahora todos quieren estar conmigo o qué?- Agregué aún más molesta.

-No me esperaba que te gustaran los perdedores.- Dijo Zabini.

-Y si salieras conmigo seguirías siendo uno.- Dije soltando una pequeña risa.

-Oye..- Se quejó Blaise. Los otros tres se rieron.

Cuando el tren llegó a la estación baje y permanecí con Blaise y Theo, extrañaba lo tontos que eran. Parkinson y Malfoy se quedaron pisandonos los talones. Sin buscar su mirada, mientras Blaise me hacía cosquillas, mis ojos se encontraron con los de Fred. Pude verlo un poco celoso, pero él es mi novio y tiene que confiar en que yo no estaré con otra persona. Le sonreí y él repitió mi acción. Caminando otros grandes tramos llegamos a Hogwarts, había extrañado muchísimo ese lugar, es mi segundo hogar. También estaba feliz de ver a mi padre sentado en aquella silla en el gran comedor. Nos sentamos allí y me encargué de contemplar nuevamente esa hermosa sala. Dumbledore comenzó a hablar sacándome de mis pensamientos.

-¡Alumnos!...- Gritó Dumbledore haciendo que todos se callaran y le dieran su atención.

-Démosle la bienvenida a los de primer año.- Agregó. Todos comenzamos a aplaudir a aquel gran grupo de niños. Luego de mucho parloteo por parte del sombrero y Dumbledore, cenamos y hablamos por un largo rato. Nos fuimos nuevamente a aquella sala común que tanto extrañaba.

-Sus cosas están en sus habitaciones.- Dijo Parkinson, este año se convirtió en la prefecta de Slytherin, junto al estúpido príncipe.

-Ya puedes sacar la cara de asco.- Dijo Blaise susurrando en mi oído, para luego soltar una pequeña risa al ver nuevamente mi cara.

-Es asquerosa.- Contesté rodando los ojo.

-No la odies tanto, la verás seguido.- Dijo riendo, lo mire mal y me fui a mi habitación.

Cuando llegué me cambié y me senté en mi cama, como por arte de magia caí en un profundo sueño.