Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.

Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.

Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.


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CHAPTER L: Noticias amargas.

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Diciembre solía ser uno de los meses más esperados por su familia. Había tanto por celebrar en el último mes del año que desde finales de noviembre, la familia Uraraka dedicaba su tiempo en los adornos navideños que Ochako se encargaba por acomodar junto a su madre. El momento más esperado, desde que las cajas cargadas de adornos se abrían para ser utilizadas, era la ubicación de la estrella federal sobre el punto más alto del pino pequeño de plástico que tenían.

Kiyoshi cargaba a Ochako en sus brazos cuando aún era una niña y la levantaba sobre el suelo para que sus pequeñas manos fuesen a la punta del pino, colocando así la estrella de plástico que terminaba encendiéndose con el juego de luces. Y una vez la estrella se ubicaba en lo alto del árbol, la esencia navideña abrazaba la casa.

Chieko se perdió en el recuerdo de antaño gracias al adorno navideño que su vecina y nueva amiga, Mitsuki, tenía en la mesa comedor. Sentada en el comedor del departamento de la mujer, aguardando porque ella regresara con las dos tazas de chocolate caliente que la invitó a beber esa mañana, Chieko volcó un poco de su memoria movida por la nostalgia que el único arreglo navideño en la casa de la mujer, le generó.

Ese año estaba lejos de casa y por la internación de Kiyoshi, no hubo adornos navideños que le recordaran que diciembre había llegado. Pero tampoco se sentía con ganas de volver a su propio departamento para ver las tantas cajas de cartón en donde todas sus pertenencias residían; aunque lo que en verdad deseaba era no toparse con las pertenencias de Kiyoshi o los arreglos navideños. Después de todo, no tenía sentido hablar de espíritu navideño cuando su familia estaba más destrozada que nunca.

―Cambia esa cara. Mira, por ti, beberé chocolate con malvavisco. ―La voz de Mitsuki trajo a Chieko a la realidad. La castaña miró a la rubia con una pequeña sonrisa en los labios, recibiendo la taza de chocolate caliente con pedacitos blancos flotando en su superficie.

―Gracias por el desayuno, Mitsuki-san ―respondió Chieko en un hilo de voz―. Lo último que quiero es permanecer en mi propio departamento con tantas cajas.

―La mudanza siempre es molestosa ―comentó la dueña de casa sentándose frente a ella―. No tardaron mucho en traerte tus pertenencias.

―No, el envío es sencillo cuando le hablas de que acabas de quedar viuda ―respondió en voz baja revolviendo con una cuchara los malvaviscos en su taza―. Las personas tienden a hacerte favores a juzgar por el deplorable aspecto que traes encima.

―No es sencillo, Chieko ―convino Mitsuki―. Tampoco tienes que abrir esas cajas pronto. De hecho, puedo hacerlo contigo; la vida de soltera y jubilada no es tan divertida como me lo imaginaba.

Chieko sonrió ante sus palabras y Mitsuki agradeció verla un poco menos apagada.

―¿Hay noticias de tu casa en Nagoya? ―Preguntó Mitsuki de pronto y pudo ver cómo la sonrisa en los labios de su amiga fueron desapareciendo―. Lo siento, no quise…

―La inmobiliaria tomó enseguida mis datos cuando les hablé de vender la casa. Tiene una buena ubicación y cuenta con todo el mobiliario incorporado. Me dijeron que es una oferta ineludible ―respondió―. En estos días debían avisarme si consiguen comprador.

―Entiendo. ―Ambas dieron un sorbo a su chocolate. Mitsuki miró el rostro de la mujer sentada frente a ella, las ojeras en la nívea tez de Chieko le hablaba de noches de llanto e insomnio y por lo que recordaba, Ochako no volvió a hablar con su madre después de saber que ésta tenía planeado vender la casa―. Escucha, ¿por qué no salimos? Debo ir a llevar algunas cosas a Chiyo-san y me gustaría ir de compras. Quizá…

El teléfono móvil de Chieko comenzó a sonar en el interior de su cartera interrumpiéndolas. Tomó su teléfono y Mitsuki sólo pudo ver cómo los ojos de su amiga parecían apagarse aún más.

―¿Es Ochako? ―Preguntó Mitsuki pero Chieko no respondió, sólo se puso de pie para responder la llamada.


Dirigió la taza de café negro a sus labios y bebió un poco para regresarlo nuevamente sobre el pequeño plato de porcelana, sus dedos retornaron al teclado frente a él y continuó corrigiendo algunas cosas en el documento en el cual trabajaba desde hace unos días, a la par que llevaba el caso de los afectados por la Gran Estafa de Bakugo Shoen.

Dio un último sorbo a su café cuando sintió un par de delgados brazos abrazándolo por el cuello desde atrás, sonrió sintiendo los labios de Deku en su coronilla. Shoto dejó de teclear para acariciar los brazos de su novio despacio.

―¿Listo para ir a trabajar? ―Preguntó Todoroki. Midoriya lo soltó para rodearlo y observar el rostro del hombre.

―Aún no espabilo bien pero sí, hoy me toca abrir la cafetería ―habló el más joven―. ¿Has pasado aquí toda la noche? ―Preguntó observando la jarra de café ya vacía y la taza junto a la laptop de Shoto.

―He dormido un poco pero necesitaba darle fin a éstos documentos ―respondió. Deku dirigió su atención a la pantalla leyendo el nombre de Bakugo Katsuki en él―. Son los permisos legales para la apertura de su restaurante.

―¡Oh, es verdad! ―Dijo el joven recordando el gran proyecto que su amigo de infancia estaba llevando acabo―. Así que los planes del restaurante siguen en pie.

―Creo que es lo mejor para que Uraraka pueda tener otras cosas en qué pensar ―comentó Shoto y Deku asintió―. Como sea, apenas termine esto, iré a la casa Bakugo para hacerle entrega de los documentos. Quiero su opinión.

Una sonrisa se formó en los labios de Deku al escuchar las palabras de su novio y aquel detalle no pasó desapercibido por el mayor que enarcó una ceja ante su sonrisa.

―¿Qué sucede?

―No es nada ―rio por lo bajo―, es sólo que me alegra que ya no trabajas para Kacchan por obligación.

Las mejillas de Shoto se encendieron ligeramente y eso provocó que la risa en su novio aumentara, abrazándolo después.

―Bakugo ha madurado bastante, ya no es el infantil malcriado con quien trabajé en un principio ―comentó y Deku asintió―. Supongo que tienes razón, ya no trabajo para él por obligación.

―Y me alegra ver que amas tu trabajo. ―Deku besó sus labios despacio, Shoto quiso atraparlo allí, detener el tiempo sólo para ellos dos pero ambos tenían responsabilidades que no se detendrían sólo por ellos dos―. Debo irme, Shoto.

―Lo sé ―respondió en un susurro, permitiendo que el de ojos verdes se alejara de él―. Iré por la tarde.

―Te esperaré.

Y así fue que Deku se despidió de su novio antes de dejar el departamento del hombre en dirección a la cafetería en donde trabajaba y el cual, actualmente, le correspondía. Shoto sonrió al ver marchar a su novio, regresando la atención a sus documentos que debía prepararlos para ese día.

Apenas los terminó, los imprimió y colocó en una carpeta, dirigiéndose hacia la salida. Tomó sus llaves, fue a su vehículo y encendiendo el motor, se puso en marcha hacia la Casa Bakugo en donde sabía, su jefe, se encontraría verificando los trabajos de terminación que la constructora Aizawa-Shinsou realizaban.

Tardó un aproximado de unos quince minutos antes de llegar a la morada de los Bakugo cuyos portones se encontraban abiertos con los personales de la constructora transportando los últimos detalles de mobiliario para la cocina que contara el Restaurante. Estacionó el vehículo en un aparcado cerca a los que correspondían a Katsuki y a los arquitectos en cuestión, tomó sus papeles y fue hacia la entrada.

Sus ojos no dejaban de mostrarse sorprendidos con el cambio que la casa estaba recibiendo después de un mes y unas semanas de trabajo. El estilo señorial que era propio de la casa seguía intacta el ambiente amplio conseguido gracias a la unificación de espacios entre el comedor y el solario daban una sensación de renovación, de mayor claridad. La casa Bakugo, anteriormente, parecía ser tan comprimida gracias a la ostentosidad que resguardaban sus paredes, asfixiando a cualquiera que ingresaba por primera vez; incluso él, se sentía absorbido a pesar de los años trabajando para Shoen porque lo ostentoso y barroco no era lo suyo en absoluto.

Pero las reformas del sitio hacían que la casa dejara de enseñar el aire atosigado que antes reinaba, dando paso a un sitio mucho más armónico, más continuo, más iluminado.

Reconoció la figura de su jefe en compañía del arquitecto Shinso Hitoshi, el cual portaba prendas menos formales en compañía del casco blanco de protección. Se acercó a ellos y Katsuki le dirigió un asentimiento de cabeza a modo de saludo apenas lo reconoció, recibiendo una respuesta similar por su parte.

―Shinso, mi abogado trajo los papeles correspondientes a permisos legales para presentar al ayuntamiento ―explicó Katsuki y el de cabellos violáceos dedicó un asentimiento de cabeza a modo de respeto. Shoto le hizo entrega de los documentos a Shinso quien lo tomó enseguida―. Quiero tu aprobación al respecto. De ese modo, procedemos a hacer las gestiones correspondientes.

Shinso leyó los documentos que le fueron entregados con mucho cuidado. Todoroki había escuchado de Bakugo cuan minucioso era el arquitecto y por el modo en el que se tomaba el tiempo de leer cada palabra escrita en las hojas que fueron redactadas por el abogado de Bakugo, lo comprendió un poco mejor.

―Están todos los permisos correspondientes. Necesito tu firma, añadiré la mía y de ese modo, haré entrega de éstos papeles al ayuntamiento ―habló el arquitecto―. Puedo asegurarle que para su apertura, que tengo entendido, sería el veintisiete de diciembre, estará en regla.

―¿Veintisiete de diciembre? ―Preguntó Shoto mirando a Katsuki, éste asintió―. ¿No es el cumpleaños de Uraraka?

―Por esa razón, elegí su cumpleaños ―respondió sencillamente. Shoto guardó un momento de silencio y entonces, el sonido de una voz similar llegó a ellos.

―¡Disculpen la tardanza! ―La mujer de la hablaban había llegado. Ochako llegó con su uniforme del trabajo en la pastelería, podía leerse una capa de sudor en su frente por el trayecto cargado de presura que fue llegar hasta ellos―. Keisuke-san trató de evitar el embotellamiento pero de todas maneras, quedamos estancados ―comentó con una sonrisa apenada la mujer frente a ellos.

Katsuki sonrió al ver el rostro sonrojado de Ochako y su cabello desarreglado, unas ganas de acercarse y jugar con sus hebras castañas lo asaltaron pero estaba frente a otras personas, así que sólo se limitó a acercarse a Ochako para abrazarla por los hombros con su brazo, recibiendo una sonrisa por su parte.

―Llegaste a tiempo ―respondió Katsuki―. Te presento al arquitecto que está terminando nuestro proyecto.

Las mejillas de Ochako se encendieron al escuchar la palabra nuestro. La mirada castaña de la mujer viajó a Shoto y a Hitoshi, saludándolos con una reverencia de respeto. Shoto sonrió a la mujer y Hitoshi correspondió a la reverencia.

―¡Está quedando perfecto! ―Dijo la mujer, había emoción casi palpable en su voz―. Le has dado vida a éste lugar, Shinso-san. ―Shinso asintió a sus palabras sencillamente―. Entonces, ¿ya tenemos fecha de apertura?

La mirada de Shoto fue a Katsuki y éste se apresuró en hablar antes de que el abogado metiera la pata, conociendo la poca capacidad que tenía para ocultar cosas o entender indirectas.

―Quizá para finales de año o los primeros días de enero ―comentó el rubio recibiendo una mirada sorprendida por parte de su abogado y el arquitecto en cuestión.

―Oh, creí que podríamos disponer del restaurante en unos días ―dijo la castaña, estaba decepcionada y era notorio incluso para los otros dos hombres junto a ella.

―Asuntos de papeleo ―convino Shoto entonces. Katsuki sonrió por lo bajo al darse cuenta que su abogado estaba siguiéndole el juego de su pequeña mentira.

―Vaya, comprendo. ―Ochako se encogió de hombros―. ¿Podemos hacer un recorrido rápido? Debo regresar en un momento a la pastelería.

―Después de usted ―habló Shinso y Ochako sonrió al arquitecto para caminar hacia el salón principal.

Tanto Bakugo como Todoroki vieron alejarse a Uraraka y Shinso hacia el interior del solario, Ochako lucía fascinada con las modificaciones realizadas en el predio y no dejaba de apabullar de ideas al arquitecto que sólo asentía o comentaba con pocas palabras. Katsuki sonrió divertido al ver el rostro entusiasmado de Ochako.

―Éste proyecto será un modo de ayudarla a sanar… ―Habló Shoto llamando su atención de regreso a su abogado―. Al menos un poco.

―¿Por eso has mentido? ―Preguntó el rubio sin ocultar la diversión que le provocaba haber descubierto que su tan transparente abogado podía decir mentiras blancas.

Shoto se encogió de hombros.

―Ella me agrada ―respondió mirándolo―. Darle la sorpresa por su cumpleaños será cambiar el sabor que trae desde que su padre falleció.

Katsuki volvió a observar a su novia, hallar tanta luz en sus ojos después de tantos días en penumbras lo hacía relajarse un poco. Compartir la carga de la pérdida que Kiyoshi representó en su novia redujo sus noches en acompañarla, en secar sus lágrimas y abrazarla hasta que el sueño la haga descansar un poco. Pasó apenas una semana, fueron días difíciles, días que veía cuán doloroso se le hacía a Ochako retomar sus actividades con el alma partida en miles de fragmentos.

Los peores momentos eran los que la noche traía y aunque ella procuró dejar de llorar frente a él, solía escucharla llorar en sueños, le despertaba sus pesadillas y él solía contenerla hasta que se hacía de mañana y debían continuar con sus actividades.

Verla sonriendo mientras admiraba todo a su alrededor fue suficiente para Katsuki.

El recorrido no duró mucho porque Ochako tenía su tiempo medido y no quería llegar tarde a su trabajo de regreso, además de que era su última semana trabajando y ya cumplía horas extras compensando un poco su ausencia.

Tanto Katsuki, Shoto y Ochako se encaminaron a la salida del predio dejando a Hitoshi continuar supervisando el trabajo de obra. Katsuki tomó la mano de Ochako en el camino hacia el auto y ella no pudo evitar sonreír como una adolescente, era consciente que su novio no era el más demostrativo del mundo cuando estaban en sitios públicos pero hacía todo lo posible por verla sonreír y eso era motivo suficiente para Ochako de comprender cuánto la amaba.

―Bien, prometí ir a ver a Deku a la cafetería. ¿No quieres que te acerque a tu trabajo, Uraraka? ―Preguntó Shoto al girarse a ver a la castaña y hallar las manos entrelazadas de su jefe con la mujer lo hizo evocar una pequeña sonrisa dirigida al primero.

―La llevaré yo ―contestó Katsuki y Ochako agradeció el gesto de Shoto.

Vieron marcharse al hombre con heterocromía y no tardaron en acercarse al vehículo de Katsuki. Subieron a la cabina y él encendió el motor para encaminarse hacia el barrio Chiyoda.

―¿Cómo va tu última semana de trabajo? ―Preguntó Katsuki a Ochako y esta dejó escapar un suspiro―. ¿Tan mal?

―No me quejo, de verdad; hay excesivo trabajo por las festividades ―respondió mirando a Katsuki―. Shino-san no mentía cuando dijo que me necesitaban con urgencia. Para mi alivio, ya consiguieron un reemplazo para cuando termine mi tiempo con ellos.

Un momento de silencio se mantuvo entre ambos hasta que Katsuki, aclarándose la garganta, añadió.

―Cara de ángel, ¿recuerdas nuestra conversación de hace unas semanas atrás? ―Preguntó de pronto, llamando la atención de su novia―. Sobre volver a vivir juntos.

―Ya lo hacemos ―respondió ella con una sonrisa pero observando mejor la expresión de Katsuki, Ochako comprendió a qué se refería―. De hecho, me alegra que lo menciones. ―La castaña tomó la mano libre de su novio con la suya, acarició la piel de sus nudillos como solía hacer cuando jugaba con su mano; Katsuki observaba el trayecto pero no podía borrar la sonrisa de sus labios al sentir los dedos de Ochako acariciando su mano―. Cuando inició ésta semana sólo podía pensar en que ya no necesito vivir en Chiyoda; cuando finalice mi trabajo en la pastelería, quiero que volvamos a Minato.

―Entonces… ―Katsuki la miró con cierta ilusión en los ojos.

Ochako no pudo contener su sonrisa.

―Entonces, volvemos a Meraki's Place… Donde todo comenzó.


Desde que el accidente en el barrio Shibuya que dejó con el resultado de una parte del complejo de departamentos incendiado y un herido de gravedad, Toga Himiko había tomado un momento en su día para ir al hospital en donde su hermano, víctima de los hechos, acabó hospitalizado aún sin poder despertar, siendo un caso muy riesgoso que muchos médicos le habían dejado en claro las pocas esperanzas que tenía su hermano en sobrevivir.

Con un pañuelo en la mano y el rostro sumergido en una fingida angustia, Himiko llegaba al sitio que correspondía a Chisaki Kai. Elegía los horarios de la tarde cercanas a la noche para ir, de esa manera no llamaba la atención de los medios, no en su mayoría, y tenía sus actividades puestas en orden para acudir hasta donde su hermano se hallaba inconsciente.

Algunas enfermeras la saludaban con mayor confianza al reconocerla en los pasillos, ella sólo les dedicaba una sonrisa amigable continuando así su trayecto hacia el sector que le correspondía. El médico a cargo de la guarda de esa noche la veía llegar y con un asentimiento de cabeza, la saludaba y permitía el ingreso a la sala de su hermano para estar con él la hora que le correspondía.

Los tacones de Toga repiqueteaban hasta silenciarse una vez que la fría habitación de Chisaki la recibía. El médico le platicaba un poco del avance de su hermano pero siempre era lo mismo. Toga aprendió a enseñar un rostro más conforme con la situación de su hermano y con una mirada triste y cabizbaja, dejaba que el médico se retirara de allí.

Y entonces, una vez que ambos hermanos estaban solos, Toga se deshacía de su máscara de María Magdalena para portar el rostro que le correspondía. La de una persona más que satisfecha con ver a su hermano hecho nada más que un pedazo de carne quemada.

―¿Te alegras de verme, hermanito? ―Dijo ella entonces y una risa salió de sí misma al darse cuenta de su pregunta―. Qué tonta, claro que no puedes… Sólo vine a saber qué tan bien estás pasando tu infierno en vida. Te merecías más pero es todo lo que pude pagar.

Silencio.

Himiko tomó asiento cerca de la puerta y cruzando sus piernas una sobre la otra, se acomodó sin dejar de observarlo. El cuerpo de su hermano estaba envuelto en gasas que las enfermeras debían cambiar cada tanto, la refrigeración de la sala era primordial y su hermano dependía del respirador artificial porque, según el informe médico, sus pulmones son casi inútiles después de haber absorbido tanto humo y cenizas y las quemaduras adquiridas en su cuerpo dañaron tantos órganos internos que su existencia se redujo a ser más que un recipiente sin vida.

Su hora de estancia en la habitación de Chisaki fue llegando a su tiempo límite por lo que alisó su falda una vez que estuvo de pie, dio una última mirada a su hermano y una sonrisa felina volvió a acunarse en sus labios. Dejó la sala después, tomó el pañuelo que correspondía ser parte de la imagen de hermana sufrida ante la gente.

Y fue al salir hacia la sala de espera del sitio que reconoció al oficial Iida Tenya y a otro uniformado hablando con algunas enfermeras, las mismas que solían saludarla a ella al llegar. Apretó con un poco más de fuerza el pañuelo entre sus manos al ver a los oficiales, por más de que no era la primera vez que hablaban con ella, sí era la primera vez que venían al hospital en el horario que ella se encontraba.

Prefirió tomar otro camino que no la llevara a ser vista por los oficiales pero una vez cruzó los asientos de la sala de espera, una de las enfermeras la reconoció.

―¡Oh, Toga-san! ―Habló la mujer y la rubia maldijo en su interior a la uniformada―. Qué bueno que ya salió, los oficiales quieren hacerle unas preguntas.

Un escalosfrio recorrió el cuerpo de la mujer al escuchar sus palabras pero conteniendo el aliento y formulando un rostro sereno, se volteó a verlos. Los oficiales se acercaron a ella entonces, Iida Tenya y Sero Hanta según leía en sus uniformes.

―Iida-san ―habló Toga con sorpresa―, ¿qué lo trae por aquí?

―El caso de su hermano, Toga-san ―respondió con calma el hombre de lentes―. ¿Tendría un tiempo para hablar?

―Ya se hizo de noche y yo…

―Serán sólo cinco minutos ―insistió pero ésta vez fue Sero quien se dirigió a ella.

Toga no pudo evitar mostrarse incómoda pero no tuvo de otra más que ceder a los hombres.

―¿Qué puedo decirles que no les haya dicho antes? ―Preguntó Toga recordando que cuando sucedió lo de su hermano, el Sargento Iida fue a verla para tomar algunas declaraciones sobre su hermano, si conocía su entorno de trabajo o amistades o si sabía que tenía personas que lo consideraban una amenaza―. ¿Aún creen que lo sucedido con mi hermano fue adrede?

Los oficiales compartieron una mirada entre ellos para volver a mirarla a ella.

―Es una posibilidad que a cada tanto que indagamos en las muestras de la escena en cuestión, nos confirma que no fue sólo un accidente. ―La voz de Iida se oía con seriedad y entonces, bajo el brazo de Sero sacó una carpeta con impresiones de capturas de una cámara de seguridad―. Partes del complejo se ha consumido por el fuego y muchas cámaras de seguridad quedaron obsoletas por lo que nos reducimos a ampliar el radio de observación desde otros puntos pudiendo hallar algo nuevo.

―¿Y lo hicieron? ―Preguntó casi exasperada la mujer pensando en cómo salir huyendo de allí si algo que la involucraba salía a la luz.

―El negocio hallado detrás de los departamentos capturó imágenes sospechosas de un vehículo que durante todo el tiempo previo al incendio se mantuvo estacionado en el mismo lugar hasta que el fuego estallo y dos figuras de hombres fueron avistadas. ―Tras decirlo, las imágenes fueron entregadas a la rubia y tal como lo había dicho el oficial, figuras de hombres se avistaban en las hojas pero aún era muy borroso como para creer que tenían una pista más sólida.

―¿No tendría idea de las amistades que frecuentaba su hermano, Toga-san? ―Preguntó Sero entonces.

Toga dejó escapar un suspiro que quiso creer que parecía más exasperado que de alivio, entregó las hojas y acomodándose el cabello tras la oreja, los miró.

―Kai y yo no éramos muy unidos, principalmente después de que se mudó a vivir con su padre biológico ―explicó la mujer con calma―. Nos volvimos a encontrar hace unos años pero no frecuentábamos demasiado.

―Así que no está al tanto de que tienes una sobrina, ¿no es así? ―Preguntó Iida y ante sus palabras, el rostro de Toga dejó de enseñar tranquilidad sumergiéndose en una genuina mueca de sorpresa.

―¿Sobrina? ―Preguntó alterada―. No, él no… Él no tuvo hijos… ―Habló la mujer pero antes de sonar a afirmación parecía llamar a la confusión antes que nada―. ¿Cómo que tiene una hija? ¿Cuántos años tiene? ¿Dónde está ahora?

Iida y Sero se encogieron de hombros.

―Será mejor que nos acompañe a la estación policial, Toga-san ―habló Iida con calma y antes de que la mujer se opusiera a sus palabras, añadió―. Su sobrina la espera allí. Apreciando la situación de su hermano, usted es la única familia que tiene ahora mismo.

―¿Qué hay de su madre? ―Preguntó Toga.

―Hace aproximadamente una hora, la niña llegó a la estación con prendas sucias, con el cuerpo lastimado y como si no hubiese comido por días ―explicó Sero―. Necesitamos que un adulto responsable se haga cargo de ella, antes de que pase a protección infantil.

Toga Himiko tragó saliva profundamente al escuchar las palabras de los oficiales, no podía salir escapando de allí, mucho menos cuando la bomba de que tenía una sobrina la golpeó de tal manera.