La mañana del día de vuelta la había pasado de reunión en reunión poniéndose al día. No había muchas novedades. Como todo parecía controlado, los Lane con Winn y Kelly volverían a irse en un par de días. A parte, Daron-Vex había vuelto de sus vacaciones por Thera. Y, por lo visto, Brainy había vuelto bien acompañado por Nia que les hizo de guía mientras estuvieron por el pequeño pueblo. ¿Quién iba a decir que aquel rarito iba a acabar con la chica?

La comida la pasó con Winn para ponerse al día. Se contaron como les habían ido los últimos meses. Había echado de menos hablar con su mejor amigo. Después, se lo llevo a Kandor, pero él se fue bastante antes que ella.

Sí, habían estado bien esos días con Lena, pero había echado de menos estar en la taberna, sobre todo después de toda la mañana de reuniones.

Era entrada la noche cuando llegó a la residencia de los Danvers.

- Vaya, he oído que las vacaciones han ido muy bien. - rio Alex cuando vio a Kara llegar a esas horas. Kelly estaba sentada abrazada a su lado. Kara suponía que acababan de cenar. - Espero que no hayas dejado a Lena muy cansada hoy. Tenemos trabajo mañana.

- Hoy no he visto a Lena desde que hemos llegado esta mañana. - contestó confundida Kara.

- ¿Y dónde has estado hasta ahora? - preguntó Kelly por curiosidad.

- Por ahí con Winn. - respondió Kara un poco a la defensiva.

- Perdona. Lena se ha ido poco después de que nos dijeran que estabas en la ciudad. Nos pensábamos que estabais juntas.

- Habrá estado ocupada con el hospital. Me voy a dormir. Qué descanséis.

- Buenas noches. - respondieron ambas.

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- Con todo esto, creo que podemos ir a por ellos. ¿Cómo lo ves, Kal?

Kal, Lena, Alex, Brainy y William estaban reunidos en la sala secreta de la biblioteca.

- Si vosotros estáis seguros, adelante. Confío en vosotros. ¿Tenéis algún plan para traer a la Voz de Rao hasta aquí?

- Hemos pensado en celebrar una fiesta en el hospital en honor a los antiguos dioses y a Rao. Usaremos la presencia de Daron-Vex como cebo para que venga. No creo que se pierda la oportunidad para boicotear más tú reinado. Además, el resto de traidores también estarán invitados y podremos cogerlos a todos a la vez.

- Bien. Una cosa más, ¿pensáis contárselo a Kara o hacerlo público? - preguntó Kal preocupado.

- No creo que sea necesario ninguna de las dos cosas, Kal. Lo mantendremos en secreto con el jurado y con Daron-Vex. - respondió Alex. - Por eso no la hemos convocado a esta reunión.

- Entonces, tenemos una fiesta que preparar. – asintió Kal.

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Ese había sido un mal día. Kara había ido al templo de Rao a rezar un poco. Un grupo de gente la aplaudió allí por ser la "purificadora de Gimina". Así había ido de cabeza a Kandor por lo que se perdió una reunión y no había entregado unos documentos. Alex y Kal la había reñido como si fuera una niña pequeña. Pero ellos no entendían que necesitaba desahogarse, quitarse de la cabeza lo que había pasado en el templo.

Después le habían contado el plan de preparar una fiesta en el antiguo palacio. Ella no estaba convencida del plan, así que en plena noche había vuelto a la ciudad a hablar con Lena.

- ¿Estás segura de esto? - le reprochó a la morena.

- Sí, Kara, tranquila por favor. - la intentó calmar Lena. - No va a pasar nada. Va a haber suficientes guardias como para atraparlos y que nadie salga herido. - dijo agarrando la mano de la rubia.

- Solo es que no confío en hacer esto en mitad de la ciudad después de lo que pasó, Lena. - se explicó Kara con el ceño fruncido. Estaba preocupada por montar todo aquello en mitad del polvorín que era la ciudad.

- Por eso es más fácil que piquen el anzuelo aquí.

Kara resopló y se separó de la morena soltando su mano. Apoyó sus manos en la mesa del despacho de la morena y dejó caer la cabeza.

- La gente todavía comenta lo de la "purificadora de Gimina". - dijo Kara derrotada.

- ¿Ha pasado algo hoy? - le preguntó Lena colocando la mano en su espalda baja.

- No, solo que he ido al templo y había allí un grupo de gente que me ha aplaudido cuando me han visto.

- ¿Estás bien? - insistió la morena empezando a trazar círculos con sus caricias.

- No, mucho. - suspiró Kara. - Ya sabes que no me sienta bien.

- La gente olvidará. Puedes cambiar la opinión que tienen sobre ti. No te preocupes. - la consoló Lena. Como la rubia no reaccionaba, se colocó a su lado y la obligó a enderezarse para que la mirara. - ¿Quieres quedarte a dormir? Quizá un poco de mimos te ayudan.

- Solo necesito aire fresco e irme a dormir. Nos vemos mañana. - se despidió.

Kara estuvo un par de horas en Kandor antes de volver a la fortaleza.

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- Toma. - dijo Kara acercándole el cuchillo que le había comprado meses atrás.

- Lo siento, Kara. Pero mi vestido no conjunta con una daga. - contestó Lena haciendo énfasis en su vestido.

Estaban en el despacho del antiguo palacio real asegurándose que todos los documentos estaban en orden. La fiesta empezaría en cualquier momento en el piso de abajo. Ambas estaban vestidas para la ocasión. Lena llevaba un vestido negro que reseguía cada una de sus curvas. Kara no podía evitar pensar en las ganas que tenía de quitárselo. Ella llevaba un traje azul con el símbolo de la Casa de El en color rojo y amarillo en grande en mitad del pecho.

- Es para que estés segura. - insistió Kara.

- Kara, ya te lo he dicho. No va a pasar nada malo esta noche. - dijo Lena abrazando a la rubia por el cuello y dejando un corto beso en sus labios.

- Es por si acaso, Lena. No quiero que te pase nada. - contestó Kara pegando sus frentes.

- Amor, tranquila. Todo va a ir bien. - continuó Lena enmarcando la cara de la rubia con sus manos. -Confía en nosotros. El plan va a salir perfecto. Ahora, ¿vamos bajando? Creo que el resto nos está esperando ya. - dijo separándose de Kara. - Y deja la daga encima de la mesa.

Kara obedeció y la siguió al exterior de la sala que daba al patio donde se celebraría la fiesta. Había dos guardias apostados en cada lado de la puerta que vigilarían el despacho toda la noche.

El patio estaba sitiado en el centro del antiguo palacio. Corredores en cada piso soportados por columnas que llegaban hasta unos arcos lo rodeaban. Kara y Lena llegaron hasta las escaleras que permitían bajar hasta la parte inferior donde ya habían llegado algunos invitados. El resto del grupo se había encargado de darles la bienvenida.

Kara le ofreció su mano a Lena que la miró con una ceja levantada.

- Es para no caerte. - explicó la rubia.

- Sé andar, Kara.

- Insisto.

- No tienes remedio.

- Lo sé. - rio Kara. Lena agarró su mano y empezaron a bajar las escaleras juntas.

- ¿Será necesario esperar tanto para poner en marcha el plan? - se quejó Kara.

- Cuanto más relajados estén mejor, Kara. Esperemos que el vino nos ayude.

- Y yo espero que tengas vino de sobras. - bufó Kara. - Lo voy a necesitar después de aguantar tanto tiempo a todos estos.

- Tampoco es para tanto.

- Pero es que lo odio.

- Vamos, Kara. Compórtate como la princesa de Thera que eres. - rio Lena.

- Solo porque tú me lo pides. - dijo Kara cuando llegaron al final de las escaleras. Hizo un ademán de darle un beso a Lena, pero se dio cuenta de lo que iba a hacer y paró antes de que nadie se diera cuenta. - ¿Nos vemos luego?

- Claro, disfruta de la fiesta.

- Sin duda.

Tal y como predecía Kara, estaba odiando cada segundo de aquello. Diferentes gobernadores, ricos señores y otros de la misma clase se acercaron a charlar con ella de diferentes temas, todos aburridos para su gusto. Kara estaba expectante por lo que iba a pasar esa noche.

De hecho, tuvo un momento extremadamente incómodo cuando el gobernador de Koron empezó a insinuar que estaba interesado en arreglar un matrimonio de conveniencia entre Kara y su hija, Siobhan. La muchacha de apenas trece años miraba encandilada a Kara, mientras la rubia sentía repulsión solo de pensar en casarse con una niña. Afortunadamente, Daron-Vex apareció para salvar a Kara. Se fueron a un lado del patio más solitario para hablar un poco más en privado.

- Espero que las asperezas aparecieron durante las negociaciones no creen mal ambiente entre nosotros, majestad. Solo defendía los intereses de Krypton y Thera.

- Cuando me amenazan, no suelo tomármelo muy bien. - respondió seca Kara.

- Es una realidad. Krypton tiene estos intereses en Thera. Si no los tuviera, no se tomaría tantas molestias. Necesitamos los recursos que este reino puede ofrecernos.

- ¿Eso tiene que hacerme sentir mejor?

- Por favor, princesa, no me gustaría que tuvierais tan mala imagen de vuestro lugar de origen. No podríamos haber crecido tanto sin hacer ciertos sacrificios. Deberíais venir a Krypton para ver las maravillas del país. Os dije que, con el apellido Zor-El, llegaríais donde quisierais. Tenéis más potencial que el de quedaros aquí siendo la segunda al mando de un país de campesinos y salvajes.

Kara vio como Kal empezaba a concentrar a los invitados al lado de las escaleras.

- Thera es mi hogar. Si me disculpáis, tengo que ir a ocupar mi lugar junto a mi primo, mi familia.

- Comprendo. - asintió Daron despidiéndose de Kara.

Todos se colocaron un par de peldaños por encima del suelo. Kal se colocó en el centro del grupo, mientras Kara y Lena se colocaban cada una en un lado. Kara observó como grupos de soldados se colocaban a cada lado de las diferentes salidas del patio.

- Señores, un momento de atención, por favor. - dijo Kal alzando la voz para que todos lo escucharan. - Bien, como saben, nos hemos reunido aquí para celebrar la unión y convivencia entre los antiguos theranos y los nuevos. Este hospital es la prueba de lo que la cooperación entre ambos grupos puede traer a este reino. Es por eso que, en mi deber como rey, me veo en la obligación de proteger Thera de cualquiera que intente sabotear esta paz llegando incluso a conspirar contra mi reinado. - recitó Kal. Los presentes empezaron a murmurar entre ellos. Uno de ellos intentó salir corriendo, pero fue detenido por uno de los soldados. - De hecho, todos los conspiradores se encuentran aquí presentes. - Kal cogió un papel que le ofreció Alex y empezó a recitar los nombres de los traidores que fueron siendo apresados uno a uno. - Manchester Black, Lauren Haley, Sam Lane, Raymond Jensen, Sara Walker y la Voz de Rao quedáis detenidos por traición, conspirar contra el rey, provocar revueltas en la capital y otros delitos que se os serán expuestos durante vuestro juicio.

Este último, cargado como iba de oro y lujos, salió de la multitud y se acercó hasta Kal furioso. Unos guardias se le echaron encima para evitar que llegara hasta el rey.

- No me puedes detener, chaval. Soy la Voz de Rao. - contestó el hombre deshaciéndose del agarre de los soldados sin problema. Él era tan kryptoniano como Kara y Kal y tenía su fuerza. - Como rey, no tienes autoridad para esto. - dijo irguiéndose amenazadoramente delante de Kal. Uno de los guardias apuntó un revólver a su cabeza. La Voz se detuvo.

- Te equivocas. Ayer se aprobó una ley que me permite detenerte, traidor. Evidentemente, se aprobó sin el conocimiento de los traidores del consejo.

Consiguieron enmanillar a la Voz con unas manillas a pruebas de kryptonianos, cortesía de los Luthor, y lo pusieron junto al resto de detenidos para llevarlos a los calabozos de prisión. Antes de que se fuera, Kara lo agarró de la camisa y le dio un puñetazo que lo mandó al suelo. Se colocó encima de él a horcajadas inmovilizándolo.

- Eso era por los esclavos. Esto es por los latigazos. - dijo dándole otro puñetazo. - Esto por la paliza que me disteis. - dijo soltando otro. - Y esto por la paliza que le disteis a Lena. - acabó Kara dándole el último.

La Voz de Rao se echó a reír escupiendo sangre.

- "Paliza". ¿Así es como tu puta lo llama? No parecía quejarse mucho mientras se la metía hasta el fondo.

¿A qué se refería ese hombre? Kara levantó rápidamente la cabeza confundida y miró en dirección a Lena que bajó la cabeza. Vio como Alex y Kal imitaban el gesto.

Kara se acercó furiosa hasta Lena.

- ¿Es verdad?

- Era el precio por tu libertad. Era eso o tu vida. - susurró Lena sin mirarla.

- ¿Lo sabíais? - dijo mirando en dirección a su primo y su hermana.

Los dos asintieron como respuesta. La Voz de Rao todavía se reía desde el suelo.

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Kara se había ido corriendo en cuanto supo la noticia. Ninguno la volvió a ver en lo que quedaba de día.

Cuando esa noche Lena se tumbó en la cama, no dejaba de darle vueltas a la cara que se le había quedado a la rubia. Se la veía furiosa. Le costó mucho dormirse. Pasaron un par de horas hasta que logró conciliar un poco de sueño.

Lena se despertó de madrugada. Una de sus guardianas no dejaba de gritar su nombre desde fuera de su dormitorio. Se cubrió un poco para protegerse del suave frío que llegaba a la noche a la capital.

- Mi señora, es la princesa. - explicaba la chica alterada. - Está en la puerta del palacio, borracha y cubierta de sangre.

Lena nunca había recorrido tan rápido el camino que separaba su habitación de la entrada. Se encontró a Kara abrazada a una columna en el vestíbulo rodeada por un par de guardias. Tenía la vista perdida en el suelo y murmuraba palabras sin sentido.

- Volved a vuestros sitios. Yo me encargo de esto. - les ordenó.

- Señora, ¿está segura? - preguntó uno de ellos algo inseguro.

- Sí, segura. - asintió. - Yo me encargo de la princesa.

- Ella sola puede más conmigo que todos vosotros juntos. - rio Kara todavía en la columna.

Los soldados se retiraron dejándolas solas.

- ¿Estás bien, Kara? - le preguntó Lena levantándole la cara para que la mirara e inspeccionando si estaba herida en algún sitio, pero la rubia seguía con la mirada pegada al suelo.

- Sí, esta sangre no es mía. - murmuró con los ojos entrecerrados. Claramente estaba muy borracha. Apestaba a sangre y alcohol.

- ¿Y de quién es? - preguntó Lena preocupada.

- De la Voz de Rao. - dijo victoriosa.

- ¿Está muerto, Kara?

- Claro. - rio la rubia.

- Kara, ¿qué has hecho?

- Le he hecho sufrir.

- Kara, esta no era la manera.

Kara bufó.

- Ha sido la más divertida. No sabes la cara que ha puesto cuando ha sentido que ya no podría volver a hacer lo que te hizo a ti. - rio Kara. - Nunca más le hará daño a nadie, Lena. Te lo prometo.

Lena negó con la cabeza. No se creía que la rubia hubiera sido capaz de eso. Para empezar, tenía que quitarle toda esa sangre de encima y conseguir que no cayera redonda por el alcohol en mitad del vestíbulo. Esperaba que nadie hubiera visto a la princesa de Thera pasearse por la ciudad cubierta de sangre.

- Kara, amor, vamos arriba a limpiarte.

Kara asintió y se intentó despegar de la piedra, pero no aguantó el equilibrio y cayó de vuelta.

- Vale, vamos a hacer algo. Apóyate en mí, ¿quieres? - preguntó a una Kara que hizo un puchero y dejó caer todavía más peso en la columna. - Vamos, amor. Colabora. No estás guapa cubierta de sangre. Hay que limpiarte.

- Está bien. - murmuró.

Kara levantó un brazo lo suficiente como para que Lena se pudiera colar debajo. Logró separarla de la piedra y aguantar el peso del cuerpo de la rubia contra su cuerpo. Agarrándola de la cintura la fue empujando escaleras arriba de camino a su habitación.

- ¿Es por eso que no te querías acostar conmigo? - murmuraba Kara que se movía con los ojos cerrados y daba cabezazos. - ¿Por lo que te hizo?

- Sí, Kara. - confesó Lena.

- Pero yo no soy como él. ¿Por qué te daba miedo? - lloriqueó Kara.

- Lo sé, amor. No eres como él. Solo tenía miedo.

- ¿Tenías miedo de la purificadora de Gimina?

- Amor, tú no eres esa persona. Esa persona no existe.

- Pero la gente cree que soy yo.

- No lo eres, amor. Los que te queremos sabemos que no lo eres.

- Pero el resto de Thera sí que lo cree. Yo no quiero que piensen eso.

- Vamos a trabajar en ello, tranquila. Pronto nadie te llamará así.

- ¿Crees que me dejen de llamar eso si saben que maté a la Voz?

Lena se detuvo en seco.

- Nadie puede saber que mataste a la Voz, Kara. - la advirtió. - ¿Queda claro? - le preguntó Lena, pero Kara estaba muy borracha para pronunciar más palabras coherentes. - ¿Me oyes?

Kara solo asintió. Llegaron hasta la puerta de los aposentos de Lena donde había un soldado montando guardia. Entre él y la morena, como pudieron, abrieron la puerta y la Luthor hizo entrar a Kara con ella. La llevó hasta sus baños privados y encendió el mecanismo para llenar una tina que tenía allí.

- Guau. Lo tienes muy bien montado aquí. Yo también quiero uno de estos. - reía la rubia.

- Ya nos encargaremos de eso. Ahora toca desnudarte y meterte aquí dentro. - insistió Lena tirando del traje de la rubia. - Vamos. Ayúdame. - le pidió a Kara que no estaba haciendo ningún esfuerzo.

Al final logró quitarle la ropa. Estaba empapada de sangre. Hasta había calado a través de ella y había manchado la propia piel de la rubia. El agua de la tina estaba fría y Lena tuvo que meter a Kara a la fuerza.

- Toma. Empieza a frotarte. - dijo Lena dándole una esponja. - Ahora vengo.

- No, quiero que me limpies tú. - lloriqueó la rubia. - ¿Dónde vas?

- Ahora vengo. Dame dos minutos.

Lena salió de nuevo al pasillo y dio instrucciones al guardia para que mandara unos mensajes urgentes a Kal y a Alex.

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- ¿Dónde la has dejado? - preguntó Alex.

Los tres estaban reunidos en el despacho de Lena. Apenas había empezado a amanecer cuando Kal y Alex llegaron al antiguo palacio.

- Está durmiendo en mi cama. Después de limpiarla, cayó redonda. - explicó Lena que estaba sentada en la silla de su escritorio. Kal y Alex la observaban desde el sofá. Lena suspiró. - ¿Está muerto?

- Sí. - respondió serio Kal. - Kara se ensañó con él. No tuvo que ser una muerte rápida.

- No voy a decir que lo lamente. - respondió Lena.

- Yo tampoco, pero esto no puede salir a la luz. - intervino Alex. - Kara torturó y asesinó a un hombre que no había sido juzgado. Sería un escándalo.

- Tenemos que sacar a Kara de la capital ya, antes de que alguien sospeche de ella. - asintió Lena.

- La Voz de Rao tenía suficientes enemigos como para que no sospechen de ella. - añadió Kal quitándole hierro al asunto.

- La última vez que alguien vio vivo a ese hombre, Kara le estaba dando una paliza en público. - respondió Alex como si fuera obvio. - Hay que seguir con el juicio, que sea declarado culpable y decir que lo hemos ejecutado. Y que Kara no esté en la ciudad cuando eso pase.

- Yo tenía previsto un viaje a Gimina para poner al tanto de todo a Lex. - sugirió Lena.

- ¿De todo? - preguntó nervioso Kal.

- De todo lo que puede saber. - aclaró la morena. - Me puedo llevar a Kara conmigo.

- ¿La purificadora de Gimina en Gimina? - bromeó Alex. - ¿Crees que es buena idea?

- Va para redimir sus errores. Política del nuevo gobierno. Además, Kara lo necesita. - les explicó Lena.

- Está bien. - respondió Alex. - Pero voy con vosotras. Y llevaré mis tropas.

- Cuantas menos, mejor, Alex. Si nos ven llegar con muchas tropas y Kara, se van a poner a la defensiva.