Capítulo 31: Cicatrices

Con el pulso serenándose por momentos, _ se arrastró con precaución por la hierba, agazapada. Previniendo de que fuera descubierta, se quedó unos instantes quieta, casi sin respirar. Cuando vio que había pasado suficiente tiempo, la morena se apoyó sobre la planta de sus botas y , empleando la fuerza de sus brazos, se incorporó despacio, evitando hacer cualquier ruido. Entre las hojas y ramas del arbusto, detrás del cual se escondía, vio una cornamenta, inclinada hacia delante, sin darse cuenta de nada de lo que estaba sucediendo a su alrededor. Con una sonrisa formándose poco a poco en sus labios, _ contempló por unos instantes como un pequeño ciervo que tenía frente a ella pastaba tranquilamente. Lentamente, alargó la mano hacia atrás, sin hacer movimientos bruscos, hasta que sus dedos chocaron contra un objeto. Agarrándolo con cuidado, _ alzó el arco del suelo y, con su otra mano, cogió una flecha del carcaj que portaba en su espalda, colocándola en el arma. Inspirando profundamente, agarró la flecha y el cable, tirando de ellos despacio, evitando que hiciera cualquier ruido que pudiera alterar al animal. Agudizando su visión, colocó a su presa justo en el punto de tiro de su arma. Una vez más, dejó ir el aire y volvió a llenar sus pulmones, tranquilizando su exaltación y concentrándose en su objetivo. Todo a su alrededor empezó a distorsionarse, diluyéndose como el azúcar en el agua. Cuando únicamente en su mente solo existían ella y su próxima presa, soltó la flecha.

...

-¿Tienes que hacerlo frente a la maldita casa?-Gruñó con irritación el hombre, mirándola desde el umbral de la puerta.

Pasándose el antebrazo por el rostro para quitarse el sudor, _ no se dio cuenta de que se había manchado la mejilla de sangre cuando se giró en dirección hacia Levi. Entre sus piernas, tendido en una tabla de madera, estaba lo que quedaba del ciervo, y a su alrededor, separados en bandejas y cubos, la carne y los desperdicios del animal. Era una imagen bastante grotesca para cualquiera que no estuviera acostumbrado; sin embargo, ese no era el caso de la morena, pues había crecido viendo cazar y destripar sus presas a su padre. Por ello, cuando Levi le hizo esa pregunta, ella le lanzó una mirada de incomprensión.

-¿En qué otro sitio debería hacerlo?-Preguntó irónicamente, con un leve tono de gracia.

-Lejos. Muy malditamente lejos- Volvió a gruñir el moreno, mostrando una mueca de desagrado cuando la chica, todavía con los ojos en él, dejó caer el estómago del animal en una bandeja, mostrando un gesto burlón. Era un poco irónico que el Soldado más fuerte de la Humanidad, el cual había aniquilado a bastantes titanes, se pusiera de esa manera ante esa escena- Joder, es asqueroso.

_ suspiró, negando con el rostro ensangrentado.

-No puedo irme muy lejos. La carne podría estropearse. Además, puede que sea desagradable, pero es lo que nos dará de comer por varias semanas, asique alguien tiene que hacerlo- Rodando los ojos, _ volvió a girarse para continuar con su tarea- Si no quieres verlo, coge un par de bandejas y llevalas a dentro. Seguramente Sasha sepa cómo tratar la carne.

-La chica patata está ocupada haciendo sus tareas de limpieza. Tareas que tú, te las has saltado para hacer este estúpido estropicio- Se quejó de mal humor. Aun así, se acercó a la chica y, ladeando el rostro para no ver como esta clavaba el cuchillo con decisión y cortaba las costillas, cogió una de las bandejas entre sus manos, procurando tocar lo menos posible.

-Ya me lo agradeceréis esta noche, cuando cenemos carne.

Con una pequeña sonrisa divertida, lo escuchó quejarse una vez más por lo bajo antes de que se internara dentro de la casa.

Había pasado un día y varias horas desde que comunicaron la gran noticia a los chicos. Tal y como se lo había imaginado, las caras de estupefacción e incredulidad al enterarse fueron dignas de un cuadro. Mientras que algunos apenas reaccionaron de la impresión, otros asaltaron a preguntas al moreno y ahora capitán de todos ellos, que, sin ninguna intención ni ganas de satisfacer su curiosidad, se marchó de la habitación, chasqueando la lengua con irritación, dejando todo el marrón a _. Maldiciendole internamente, tuvo que arreglárselas para explicarles el porqué de la decisión y la misión que envolvía pertenecer al Escuadrón de Operaciones Especiales. Incluso así, varios siguieron sin entender la razón de su asignación.

Al día siguiente, ante la orden de Erwin, el Escuadrón Operaciones Especiales entero recogió todas sus pertenencias y demás bienes que les fueran de utilidad para subsistir, y se marcharon en dirección a su nueva base secreta, la cual únicamente sería conocida por el propio comandante y por Hange junto a su escuadrón. El lugar estaba a una hora de trayecto desde Trost a caballo; por lo que durante todo el camino, únicamente se escuchó tras los dos adultos el escándalo que armaban los críos, completamente emocionados de pertenecer por fin a un escuadrón. De vez en cuando, _ miraba de reojo al moreno que cabalgaba a su lado, riéndose por lo bajo muy disimuladamente, por su bien, al observar el pequeño deje de irritación y mal humor en el rostro de este ante aquella situación. Estaba completamente segura de que en aquellos momentos se estaba cuestionando su decisión de integrar a chiquillos de entre 15 y 18 años entre sus filas.

Después de un tiempo de viaje, por fin, a lo lejos se pudo ver, coronando una colina rodeada de un frondoso bosque, una gran casa de campo pegada a un pequeño establo y envuelta por un pequeño muro de piedra, en donde algunas partes se habían derrumbado. Cuando se aproximaron al lugar, pudieron distinguir como esta era bastante antigua a juzgar por su aspecto un poco gastado y abandonado, pero que, a pesar del paso de los años, continuaba aguantando sus tres pisos.

Descendiendo de su montura, en cuanto la morena puso sus suelas en el suelo, alzó el rostro hacia arriba, recorriendo con sus ojos grises la estructura.

-Menos mal que es bastante grande- Comentó con una risa floja, rascándose el cuello con un poco de nerviosismo. En realidad, llevaba todo el trayecto preocupándose del espacio. Pues eran 9 personas. No muchas casas contaban con tanto espacio para albergar a tantos individuos juntos sin que no resultara asfixiante- Parece que cabremos perfectamente.

-Sí. Incluso, cada uno tiene su propia habitación- Le dijo Levi a su lado, cayendo con gracia a su lado. Entonces, con un poco de irritación, dirigió su mirada afilada hacia el grupo de chicos, que se bajaban de los caballos entre charlas animadas- Así no tendré que horrorizarme de la posible escasa higiene de estos mocosos- Con un chasquido de lengua, se giró en su dirección y caminó a zancadas hasta ellos. Suspirando pesadamente mientras se apiadaba de ellos, _ lo siguió instantes después- ¡Eh, mocosos, dejad de vaguear y meter a los caballos de una vez en el establo!¡Esta casa necesita una maldita limpieza de arriba a abajo!-Les ordenó con su usual malas maneras, sobresaltando a todos y cada uno de ellos.

Entre los presentes, el que más rápido reaccionó fue Eren, que enseguida cogió las riendas de su caballo y casi lo arrastró hasta los establos, con el rostro volviéndose pálido y sudoroso. Al tener experiencia previa con esa faceta de Levi, estaba muy al tanto de las exigencias y límites de este, por lo que sin querer llevarse una buena regañina o castigo, puso pies en polvorosa y acató las órdenes sin ninguna queja ni demora. Un poco temerosos por el comportamiento acobardado del chico más loco de entre ellos, los otros le siguieron poco tiempo después. Caminando divertida, _ soltó unas pequeñas risitas mientras cogía las riendas de Spirit y se encaminaba hasta el establo. Al internarse, buscó una cuadra vacía y metió a su montura, quitándole todo lo de encima para que pudiera descansar y saciar su sed y hambre, tras haberle dispuesto agua y comida.

Palmeándole el cuello al animal mientras éste bebía casi con ansia, _ se agachó a su lado, cogiendo una de las mochilas que había portado y la abrió. Dejando a un lado, el arco que se había llevado del arsenal de las dependencias del Cuerpo de Exploración y que había atado a las asas de esta, del interior sacó un pequeño carcaj repleto de flechas. Examinándolas, las sacó una por una, comprobando si continuaban afiladas. Con una sonrisa tras haber finalizado el proceso, se colocó ambos en la espalda y salió de la cuadra, encontrándose con la casa con las ventanas y puertas abiertas, y de ellas, surgía una humareda de polvo, causando que tosiera varias veces. Del interior de la casa, salió el chico titán, armado de un pañuelo en la cabeza y un trapo y un cubo vacío. Al parecer iba a ir al poco a recoger agua para la limpieza.

-Eren-Le llamó antes de que se dirigiera hacia el lugar, deteniéndolo. Este se giró en su dirección alzando una ceja al ver como de su espalda salían el arco y el carcaj- Avisa al capitán de que me voy a cazar, volveré para la tarde.

El castaño frunció el ceño.

-¿Y la limpieza?

-Luego. Apenas tenemos comida, así que ahora mismo lo más prioritario es conseguir más para todos- Le explicó encogiendo los hombros. Imaginaba que el capitán lo entendería- Dejadme una habitación y ya cuando vuelva, haré mi tarea.

...

-¿Cómo lo ves?-Preguntó _ con un tono cansado y desesperanzador al chico rubio, el cual observaba con ojo crítico la habitación de esta. La morena estaba a punto de llorar, deseaba con todas sus fuerzas que no tuviera que continuar con aquello- No hay nada más ¿no?

Después de destripar, limpiar, sacar la carne buena del animal y desechar la mala muy lejos de la casa para evitar que los lobos u otros animales peligrosos rondaran por allí, _ volvió, satisfecha con su trabajo y con un hambre feroz, pues aún no había comido nada en todo el maldito día. Después de limpiarse la sangre seca del cuerpo en el pozo y robar, sin que nadie se diera cuenta, un trozo de pan, _ procedió a limpiar la habitación que le había tocado por descarte. Los chicos habían elegido mayoritariamente las de la primera y segunda planta, dejando las dos únicas de la tercera parte para los dos morenos. Seguramente por un motivo: por miedo. Sí, los chicos habían evitado a toda costa situarse junto al capitán por terror a que pudiera molestarlo con cualquier cosa. Alejándose del peligro ¿eh? No obstante, esa no era la única razón por la que habían omitido la existencia de aquella habitación. Esta se mostró cuando la morena abrió la puerta, todavía riendo internamente a costa de la cobardía de estos, y vio las penosas condiciones en las que se encontraba, dejándola con el rostro pálido y la boca abierta de par en par. Aunque la mayoría de los muebles estaban intactos y en buenas condiciones, se encontraban desperdigados por la habitación, algunos encajados en otros, y sumergidos en una gruesa capa de polvo. Casi parecía más un trastero que una habitación para una persona.

Unas risas maliciosas se escucharon a su izquierda. Todavía impactada, dirigió sus ojos hacia el sonido, encontrándose con unos ojos verdes azulados. Eren, a mitad de la escalera, con todavía el maldito pañuelo en la cabeza y otro en la boca, la miraba de manera burlona.

-¿Lo más prioritario, eh?

-Eren…-Gruñó por lo bajo, cambiando su mirada de asombro a una con intenciones homicidas, sintiéndose terriblemente herida en su orgullo. Entonces, a la velocidad del sonido, se sacó la bota y, agachándose y cogiéndola en un parpadeo, la lanzó en un grito de guerra en dirección hacia el chico, estampándose contra la pared de madera, pues este había reaccionado a tiempo, logrando esquivarla- ¡Maldito bastardo, vuelve aquí y atrévete a repetirlo!- Le gritó con furia antes de que este bajara las escaleras corriendo entre risas, por si acaso le lanzaba en un descuido otra.

Así, después de casi dos horas limpiando, cuando llegó la hora de preparar la cena, Armin subió al tercer piso a ver cómo estaba la morena, encontrándosela lanzando una almohada por la ventana con un grito de rabia, harta de que una mancha no se quitara de la tela de esta después de un rato frotando. Con las cejas encogidas, el chico de pelo rubio le miró muy preocupado parado en el umbral. Por suerte, para la salud mental de ella, esa era la última cosa del lugar que no relucía como oro en paño.

...

-Yo creo que está todo bien- De vuelta al presente, el chico contestó a la pregunta de la morena después de un repaso, causando que esta se dejara caer sobre el suelo en una exhalación de alivio.

-Por todas las murallas, pensaba que nunca acabaría- Dejo ir entre lloriqueos dramáticos, terriblemente cansada y sucia. Dándose cuenta de que Armin había ido allí por una razón, se incorporó de pronto y alzó el rostro hacia el chico, mirándolo con curiosidad- Lo siento Armin por eso. Bueno ¿qué querías decirme?

-Ah, sí. Que estaban ya preparando la cena, así que deberías ducharte antes de bajar.

Asintiendo. _ cogió su mochila que había junto a la puerta y se encaminó hacia uno de los dos baños que había en la casa, el más próximo a su habitación. Al entrar, para su sorpresa, se encontró junto a la tina, un cubo humeante, repleto de agua caliente. Agradeciéndole internamente por el detalle a la persona que lo hubiera hecho, cerró el lugar con pestillo, se desvistió con rapidez pues hacía un frío que pelaba, se metió en la bañera y empezó a asearse.

Minutos después se encontraba sentada en la mesa, con un enorme plato de comida delante empezado y el pelo un poco húmedo, escuchando tranquilamente la amena conversación entre los chicos. Antes de empezar a comer, Levi anunció que se haría guardia día y noche, para garantizar la protección tanto de Historia como de Eren. Al repartir los turnos entre los presentes, excepto los anteriores dos (a regañadientes de Eren, pues no le gustó nada que le trataran de manera distinta), a _ le tocó, para su suerte, el primer turno. Este empezaría tras la cena y concluiría a las tantas de la noche, siendo relevada por Jean. No le desagradaba puesto que, tras dejar el alcohol para irse a la cama sin pesadillas, le costaba mucho dormirse. Así, tras varias horas de dura vigilancia, en cuando tocara su colchón, _ estaría segura que caería rendida.

De pronto, un sonido seco acalló la conversación que estaba teniendo lugar, llamando la atención de todos los presentes en dirección a este, provocando que sus cuerpos se tensaran en el sitio preparados para la acción en caso de amenaza. No obstante, Eren, con un poco de urgencia, giró el rostro hacia un lado y, al mirar el suelo, abrió los ojos, dándose cuenta de que el origen del sonido había procedido de él. Entonces, el castaño se inclinó hacia este y cogió algo, guardándolo en el bolsillo tras una disculpa a todos.

-No era nada, se me ha caído una cosa- Explicó simplemente, inclinando la cabeza, ganándose un chasqueo de lengua de Levi y un par de quejas por parte de Sasha y Jean.

-¿La petaca de Hannes?-Le susurró Armin por lo bajo, instantes después. Sin embargo, _ ,que estaba al lado de este, logró escucharlo, causando que esta pusiera atención en la conversación entre ambos, curiosa -¿Todavía la llevas encima?

Los ojos del castaño, ante el reflejo de la luz de las velas, de pronto se vieron muy tristes. Formando una línea en su boca, Eren asintió levemente.

-Sí. Desde que su mujer me la legó cuando fuimos a darle el pésame- "¿Qué..?" pensó atropelladamente. El corazón de _ se paralizó junto a su cuerpo, causando que el tenedor con el que estaba comiendo se le escurriera de entre sus dedos, al irse la fuerza de estos.

El cubierto cayó con escándalo en el plato, volviendo a interrumpir las distintas conversaciones que se habían formado de nuevo y todos los ojos se dirigieran hacia la dirección de la morena, la cual miraba el plato con los ojos abiertos y las manos temblando ¿Qué…? Una oleada de sentimientos la sobresaltó con fuerza, precipitandole a un extremo que no deseaba mostrar, causando que se levantara de golpe. No podía respirar bien. El aire de pronto se sentía muy escaso en sus pulmones. Tenía que salir de allí. Necesitaba salir.

-L-Lo siento- Murmuró con la voz terriblemente ronca, sin poder disimular su estado alterado. Sus ojos todavía no se despegaban de la mesa, incapaces de mirar a nadie del lugar- Cr-creo que he ter-terminado… Voy a...ir a mi puesto.

Entonces, sin esperar a que nadie pudiera preguntarle o decirle nada, cogió su plato y se marchó a la cocina, temblando como una hoja. Allí, de modo automático, limpió los restos, para después coger un rifle y un abrigo. Armada y cubierta, salió a la noche cerrada y subió a la atalaya que había frente a la casa, donde allí, en la intimidad y soledad, dejó ir todos sus sentimientos. Por mucho tiempo, sus lágrimas le recorrieron las mejillas mientras sus ojos se alzaban para observar el cielo nocturno, repleto de estrellas y una enorme luna.

...

-Hola.

Una dulce voz la sacó de su ensimismamiento, causando que un escalofrío recorriera su espalda, dándose cuenta de pronto del terrible frío que hacía. No había cuantas horas había pasado sentada en la barandilla de la atalaya con las piernas colgando al vacío, pero a juzgar por el cambio de temperatura tras despertar, debían haber sido bastantes. Limpiándose un poco el rostro, giró su cuello y miró de reojo a la recién llegada.

-Hola, Chr…, digo, Historia- Le saludó con la voz ronca todavía, mirándola con un pequeño deje de tristeza.

La pequeña chica de pelo rubio terminó de subir por la escaleras y, quedándose de pie en la plataforma, le miró por unos instantes muy fijamente.

-Tienes los ojos rojos, _- Le comentó finalmente, muy seria.

-Sí...Este maldito frío- Intentó bromear soltando unas risas un poco tensas a la vez que se rascaba la nuca con incomodidad.

Su mentira era obvia, lo sabía, pero a la rubia pareció no importarle, puesto que después de unos segundos, se acercó a ella de manera silenciosa y apoyó sus antebrazos en la barandilla donde la morena estaba sentada, alzando sus ojos azules hacia el cielo. Esta vez, fue el turno de _ de mirarla fijamente. Había algo en su manera de observar el cielo, que le decía que tras aquella máscara de seriedad, se escondía un profundo dolor. Ya no era la niña dulce y amable que había conocido, ahora la que estaba frente a ella era su verdadero yo. Está al cabo de unos segundos, extendió algo hacia la morena, sin ni siquiera dirigir sus ojos hacia ella ni por un instante. Extendiendo su mano, agarró el objeto que le tendía y lo alzó a la luz de la luna, dándose cuenta de que era una cantimplora, y a juzgar por el tacto del metal, estaba caliente. Con curiosidad, desenroscó la tapa de esta y, una vez liberada, la dirigió a sus fosas nasales para oler el líquido del interior.

-Oh, café. Gracias, realmente necesitaba algo calentito para pasar esta noche- Le agradeció alzando la cantimplora en su dirección y procediendo a beberlo. Después de un largo trago, lo separó de sus labios- Sé que no debería decirlo, y más aún siendo sanitaria, pero realmente, me encanta beberlo de noche, aunque sea perjudicial y contraproducente. Me sube las pulsaciones hasta arriba, pero ¡uf! siempre viene bien una buena taza en noches tan frías como esta- Habló más que nada para rellenar el silencio que se había formado. No quería que le preguntara por su estado, pues estaba segura que todos se habían dado cuenta de que algo no andaba bien con ella. No obstante, al volver a dirigir sus ojos hacia la rubia, algo le dijo que no estaba allí por ella. Las orbes celestes de esta, a la luz de la luna, se veían terriblemente tristes y anhelantes. Muy familiares para ella. Sin poder evitarlo, soltó lo primero que se le pasó por la cabeza- La echas de menos ¿cierto?

Historia, tras mucho tiempo, por fin se movió, bajando la mirada hacia el horizonte, apretando un poco sus labios. Ante aquel gesto, _ entendió que había acertado. Con un suspiro largo, la morena volvió a beber. El líquido caliente pasó por su garganta, calmando su frío.

-Recuerdo la manera en que la miraste aquella vez, cuando estaba tumbada en el suelo, herida- Comentó _ tras unos segundos, causando que esta vez, la rubia si que dirigiera su atención hacia ella. No obstante, los ojos grises de la morena había vuelto a observar la luna, con un sentimiento de nostalgia recorrer sus venas- Podía notar con solo observarte por un solo instante, el miedo y preocupación que sentías en ese momento. Era como si desearas por un instante ponerte en el sitio de la otra persona, y ser tú la que sufrieras por ello. Sí...Ese tipo de mirada- Entonces, con una sonrisa triste, dejó ir otro suspiro. De alguna forma, sentía que Historia necesitaba que le dijeran la realidad. O simplemente era ella misma, que deseaba que la chica no fuera tan ciega como ella, antes de que fuera demasiado tarde- Un tipo de mirada que no le dedicarías solo a una amiga. Yo… Yo ví muchas veces ese tipo de mirada dirigidas hacia mí, y, lo más seguro, es que yo también lo hiciera. Por eso, sé, que cuando tus ojos ven de esa forma, sé que no tienes ante tí a una amiga…

Los labios de _ se cerraron, dejando que los sonidos de la noche rellenaran la incompleta frase. A decir verdad, estaba sorprendida con ella misma. Nunca habría pensado que llegaría el momento en el que hablara de ello, sin sufrir. Simplemente recordar aquella época como un recuerdo feliz y triste por ambas partes. Aquello le hacía ver como, poco a poco, con el paso del tiempo, sus heridas por fin empezaban a cicatrizar.

-¿Y tú amiga?- Le preguntó Historia, al cabo de unos segundos, todavía con sus ojos sobre el rostro de la morena.

De nuevo, un suspiro se escapó de sus labios. Ya había llegado hasta allí y no se retiraría. Si incluso llegara a planteárselo, Gillian se habría burlado de ella. El recuerdo de su amiga riendo mordazmente la impulsó.

-Murió- Soltó de golpe, cerrando los ojos suavemente. Se sentía terriblemente triste, pero… Podía hablar de ello. Podía confesar en voz alta que había amado a Gillian y que, estúpidamente, se había dado cuenta de ello junto a las últimas exhalaciones de esta- Gracias a ella, y a su sacrificio, estoy aquí, viva. Y no solo por ella, sino también a mi hermano no sanguíneo, que también dio su vida por mí. Por eso estoy tan agradecida con ellos.

-¿Supo alguna vez tus sentimientos?-Preguntó la chica.

-Seguramente, los sabría antes que yo misma- Rio amargamente_, rascándose la nariz.

Otro silencio surgió tras las últimas risas de la morena, pero esta vez, el ambiente no fue tan incómodo como lo había sido anteriormente. _ se sentía aliviada consigo misma. De un momento para otro, sus hombros se sentían más ligeros que antes, como si un peso hubiera sido liberado de ella. Se había desprendido de las cadenas que la habían inmovilizado por tantos años, no impuestas por sus amigos, sino por ella misma. Ella los había atado a ella, sin querer dejarlos ir ni por un instante, por miedo a que se fueran a ir en el momento en que abriera su boca. Pero… Había llegado el día en que, por fín, había reunido el valor para romperlas por ella misma.

-Gracias- La voz proveniente de Historia hizo que volviera su atención hacia ella, haciendo contacto visual con sus ojos celestes. _ la miró frunciendo el ceño, sin comprender el porqué de su agradecimiento- Por seguir tratándome igual.

Ante eso, _ rió. Esta vez fue una risa genuina. La chica de cabello rubio la miró alzando las cejas, sorprendida.

-Lo siento. No me burlaba de ti, de verdad- Se disculpó antes de que la malinterpretara por completo- Historia, es solo que… Yo nunca podría juzgar a alguien que ha hecho lo necesario para sobrevivir en este mundo, puesto que no soy la más indicada para ello- Le dijo alzando la mano y acariciándole la cabeza, mirándola con un pequeño deje de cariño. Ella había mentido a sus amigos para la protección de su propia familia y ella misma- Buen trabajo, por haber llegado hasta donde estás.

Los ojos de Historia de pronto brillaron como dos diamantes, humedeciéndose poco a poco, y, de sus labios perennemente serios, de pronto, surgió una pequeña sonrisa.

Llevaba una hora aproximadamente mirando al techo de su habitación, sin ninguna gana de dormir. Poniéndose por ello cada vez más nerviosa. Y sabía, que el motivo de ello, no se debía en gran parte, al café, sino a las emociones del día. Sentía en su interior como una pelota en el pecho, como si algo le pesara por dentro. No podía dejar las cosas así.

Con cuidado de no hacer ruido, se puso unos pantalones (puesto que se había metido a la cama solo con su camisa extragrande) y se calzó unas botas, para salir de la habitación y descender a la cocina, sorteando los escalones de madera que crujían cada vez que pisabas sobre ellos. Tras haber iluminado todo con velas al internarse al lugar, cogió dos vasos y una botella de alcohol. Sentándose en una de las sillas que había en la pequeña mesa del lugar, colocó uno frente a ella y otro frente a la otra silla. Entonces, cuando estuvo todo listo, dirigió sus ojos hacia el recipiente que contenía aquel líquido que tan mal le sentaba, mirándolo por unos instantes. Hacía bastante tiempo que no hacía eso...

-¿De nuevo vuelves a tus hábitos de mierda?- Una repentina voz hizo que la botella se le escurriera por un momento de sus dedos al sorprenderle. Por suerte, logró agarrarla antes de que se derramara por toda la mesa. Y, con los ojos abiertos y sintiendo como la sangre se le iba de la cara, alzó su mirada temerosa encontrándose con un Levi muy serio, recostado en el marco de la puerta, que la miraba fijamente desde el lugar.

-¿Cómo…?-Tartamudeo muy nerviosamente al haber sido pillada in fraganti.

-Por favor, cualquiera se daría cuenta después de pasar una semana con una persona que amanecía con el olor de una toda maldita bodega- Ante aquellas palabras, _ abrió levemente la boca. Aquello no se lo esperaba, pues pensaba que se refería a la vez que intentó emborracharse frente a la tumba que hizo de Petra, pero al parecer ya estaba enterado de su pequeño problema desde antes incluso.

No obstante, en vez de sentirse avergonzada o furiosa porque no le hubiera dicho que lo sabía, simplemente lo agradeció internamente. Había tenido la discreción de darle su espacio y, en el momento en que parecía que aquello llegaría a límites extremos, actuó, evitándolo deliberadamente.

-Ya… Bueno… Esos "hábitos de mierda" están en el pasado- Le aseguró sin verle a los ojos, rascándose la sien- Esto es completamente distinto.

Desde el umbral, el hombre de pelo oscuro la miró por unos instantes en silencio, antes de cruzarse de brazos.

-¿Por qué motivo es distinto?-Preguntó un poco más suave.

-Porque es una promesa. Una promesa que quiero cumplir, a pesar de que la otra persona esté muerta- Le confesó alzando sus ojos grises en su dirección y haciendo contacto visual con él. Entristecida, encogió el gesto "Aún le debía una ronda a tu madre, espero que esto lo compense aunque sea un poco y no me persiga eternamente como un fantasma. Siempre hay que cumplir una promesa ¿eh?"- Siempre hay que cumplir una promesa. Siempre.

La habitación se quedó completamente ausente de sonido, excepto por los latidos fuertes del corazón de _, que le mantenía la mirada al capitán, rogándole con los ojos que permitiera aquello. Necesitaba estar en paz con Hannes. Quería despedirse de él. Para sorpresa de ella, Levi, tras dejar ir un suspiro, se separó del marco de la puerta y caminó hasta donde ésta. Bajo la mirada de incomprensión de la morena, el hombre cogió el respaldo de la silla que había frente a ella y la separó, para después sentarse sobre ella, cruzando las piernas.

_ parpadeó lentamente mientras fruncía el ceño, sin entender el porqué de sus acciones.

-Capitán ¿por qué..-

Levi, acallándola, alzó el dedo índice, haciendo un gesto en su dirección.

-Odiaría mucho, muchísimo, despertar por la mañana y ver todo esto lleno de tus malditos jugos gástricos después de llevar todo el puñetero día limpiando- Le gruñó ladeando el rostro a la vez que volvía a cruzarse de brazos. Los labios de la morena se separaron abriendo levemente la boca- Prefiero sacrificarme a mí mismo y beber esa mierda de bebida.

Estupefacta, _ se inclinó hacia delante, negando con la cabeza y moviendo la mano a un lado y a otro. Sabía de buena mano que Levi le desagradaba tremendamente el alcohol.

-Pero si no te gusta, no tienes por qué…

-He dicho que me sirvas esa mierda-Le cortó de nuevo doblando la espalda en su dirección, acercándose más a la morena y mirándole con el ceño fruncido. Su voz firme y seria indicaba que no iba a cambiar de opinión al respecto, por más que insistiera.

Por ello, viendo que no podía hacerle retractarse, los labios de la morena se curvaron muy suavemente, conmovida por el gesto de su capitán para con ella. Sin notarlo, la sonrisa le llegó hasta los ojos, iluminándolos levemente. No sabía porqué pero, sentía que la limpieza del lugar era una simple excusa. Frente a la morena, el hombre, sin que ninguno de los dos se diera cuenta, relajó un poco el gesto facial, y entonces sin decir ni una palabra más, empujándolo con la mano, acercó el vaso hasta ella, indicando con la cabeza que le sirviera. Asintiendo, _ cogió la botella de nuevo y derramó el líquido cobrizo en el de él y después en el suyo. Cuando estuvieron repletos de alcohol, dejó la botella a un lado y cogió el vaso, alzándolo hacia Levi, todavía con el gesto en los labios.

-Por Hannes- Murmuró la morena mirando su vaso, despidiéndose internamente del hombre. Puede que ella no lo hubiera conocido mucho, pero había sido amigo de su madre y su padre por muchos años. Se merecía un tributo y cumplir la promesa para con Leena- El mejor compañero de bebidas que uno podría tener.

Con un sonido, el vaso de Levi golpeó el suyo, siguiéndole el juego a la morena.

-Por el capitán Hannes- Y entonces, ambos bebieron del contenido hasta la última gota.

El líquido descendió lentamente por la garganta de _, enviando una sensación ardiente por toda ella, muy diferente a la del café. Un estremecimiento la sacudió. En cuanto entró en su sistema, sus efectos empezaron a influir en la morena, adormeciendo poco a poco sus extremidades, dada su poca resistencia a este. No obstante, ganándose una mirada de Levi, alargó su mano y volvió a rellenar los vasos de ambos.

Cuando alzó sus orbes y vio la necesidad de explicación en los ojos del hombre, _ suspiró.

-Era muy pequeña para aquel entonces por eso cada vez que sucedía, no entendía qué estaba pasando- Empezó a hablar la morena descendiendo su mirada hasta el vaso que cogía entre sus manos, sin saber muy bien por qué se lo contaba, pero ahora que había abierto la boca, difícilmente la cerraría- Pero, cuando algún amigo, compañero o conocido de mis padres moría, ellos se comportaban de una manera muy extraña para mí dada mi limitada concepción del mundo en aquel momento- Una pequeña sonrisa nostálgica se reflejó en su rostro, al recordar aquellos tiempos- Con una botella de alcohol entre ellos, se sentaban en el porche de mi antiguo hogar y pasaban las horas ahí, hablando y bebiendo, sin más- De pronto, _ bebió un poco del contenido de su vaso. Cuando éste descendió, la morena no pudo evitar arrugar la nariz, ante lo fuerte que estaba para ella- Cuando crecí un poco, me dí cuenta de que lo que en realidad hacían era rendir tributo a sus fallecidos, hablando de lo vivido con ellos y bebiendo, como si una despedida entre ambos se tratara. Es por eso- Le terminó de explicar, alzando el vaso y volviendo a beber.

-Comprendo- Asintió Levi girando este entre sus dedos, viendo como el líquido de removía pensativo- Es una buena manera de despedirse.

Y entendiendo aquello como un permiso, _ empezó a hablar de todas las anécdotas que su madre y el propio Hannes le habían contado que habían vivido juntos, las cuales fueron escuchadas atentamente por Levi, que en ningún momento abrió la boca ni perdió el hilo del relato, limitándose a asentir y a beber. Durante por lo menos una hora, habló y bebió, lenta y tranquilamente, dejando ir todo lo que había en su interior hasta que su resistencia al alcohol venció a sus ganas de continuar y sus palabras empezaron a ser incoherentes para la otra persona. Chasqueando la lengua con irritación, en el momento en el que ya casi ni se le entendía a la morena, fue la señal para Levi para detener la siguiente vez que esta intentó beber de nuevo.

-Ya es suficiente- Le dijo el hombre firmemente mientras le cogía el vaso de entre sus manos con las suyas.

Asintiendo _ dejó que este se llevara el alcohol de sus manos y lo dejara en su sitio, en el altillo de uno de los muebles de la cocina. Mientras éste recogía todo, la morena se levantó cuidadosamente de la silla y, sin haberse dado cuenta de lo perjudicada que estaba, sus piernas de pronto fallaron y se precipitó contra la mesa. Por suerte, Levi fue más rápido y logró cazarla por el antebrazo antes de que la frente de esta se golpeara.

-Maldita sea- Gruñó irritadamente volviendo a erguir a la chica, para que esta se para sobre sus propios pies- Por esto no quería que continuaras bebiendo, no tienes nada de aguante. Solo te has bebido 2 vasos y medio de mierda.

-Lo siento…-Murmuró está inclinando un poco la cara hacia un lado, haciendo un intento de puchero muy patético.

El hombre mirándola con los ojos entrecerrados, se rascó la frente, preguntándose a sí mismo por qué demonios había accedido.

-Más lo vas a sentir como vomites por algún lado de la casa- Le amenazó de manera suave, cogiéndole del brazo con cuidado y colocándolo sobre su propio hombro mientras a la vez rodeaba con el suyo la cintura de la chica- Te juro que si lo haces, lo limpias con la lengua.

-¡A la orden, capitán!-Exclamó la morena con un volumen más elevado del que le hubiera gustado.

Al recibir un gesto del hombre para que guardara silencio, la morena cerró la boca exageradamente y asintió varias veces de manera repetida. Entonces, el hombre caminó lentamente llevando casi a rastras a _ hasta las escaleras donde, a duras penas, fueron subiendo, evitando por todo los medios hacer algún tipo de ruido que pudiera despertar al resto del escuadrón y los encontraran a ambos superiores bebidos. Menudo bochorno sería. Por suerte, y gracias únicamente al moreno, lograron llegar al tercer piso sin haber alterado el sueño de ninguno, deteniéndose en la puerta de la habitación de _. Quitando el brazo de los hombros de Levi, la morena se dejó caer sobre el pomo de la puerta y la abrió lentamente, despidiéndose de este con un gesto de cabeza antes de dar un paso a su interior. No obstante, antes de que cerrarla, la morena se detuvo, sintiendo un repentino impulso que le fue inevitable retener.

-Capitán- Le llamó muy seriamente antes de que este hiciera un amago para marcharse. Levi le miró con los ojos interrogantes e irritados, deseando con todas sus fuerzas volver a su habitación, de la que no debería haber salido- Gracias. Y lo siento- Aquello hizo que el hombre inclinara la cabeza hacia un lado sin comprender- por pensar mal de tí. Eres un buen hombre.

Ambos se quedaron en silencio por unos pronto, _ se dio cuenta de lo que su maldita boca había soltado, producto de los efectos del alcohol, y Levi mirándola fijamente, con los labios levemente separados. Entonces, en el instante en que la morena abrió la boca para arreglar aquello, una mano le tapó parcialmente la cara, sorprendiéndola

-Tsk. Calla, maldita borracha- Entre los dedos del hombre, _ vio algo que jamás pensó que podría ver.

Ladeando la cabeza hacia abajo, Levi ocultó parte de su rostro con su flequillo azabache; sin embargo, no totalmente. Entre las hebras negras suaves y lisas, _ pudo apreciar como desde la oreja derecha hasta la nariz del hombre, un recorrido de color levemente escarlata resaltaba sobre la piel pálida de color blanco como la nieve.

"Pre..."

Y antes de que pudiera asimilar nada, fue empujada al interior de la habitación, encontrándose de pronto mirando a la puerta con un gesto facial hecho un poema.

Impactada, lentamente se dio la vuelta y recostó su espalda sobre la superficie de madera, deslizándose hasta el suelo. Sintiendo el corazón latir fuertemente y las manos temblar, se tapó la boca, con los ojos abiertos.

"Maldito alcohol" pensó como única explicación a su estado… ¿cierto?