Al día siguiente, pudimos apreciar cómo carruajes llegaban del cielo y un barco se asomaba por el lago negro. Cuando la noche llegó nos reunimos a cenar en el gran comedor, se rumorean muchas cosas sobre aquellos carruajes y aquel barco que había brotado del lago. Cuando todos ocuparon los lugares faltantes Dumbledore se levantó y acercó para poder hablarnos.
-Ahora que ya están sentados, quisiera informarles algo.- Dijo Dumbledore mientras todos lo mirábamos expectantes en el gran comedor.
-Este castillo no solo será su hogar este año, sino el de varios invitados especiales.- Agregó. Pero fue interrumpido cuando el señor Filch entró corriendo de una extraña y graciosa forma. Le susurró algo al oído y Dumbledore continuó hablando.
-Decía.. Hogwarts ha sido elegido como la sede de un legendario evento, El Torneo de los Tres Magos.- Dijo. La cara de sorpresa de los gemelos era muy graciosa.
-Para quienes no lo sepan, El Torneo de los Tres Magos reúne a tres escuelas para una serie de pruebas mágicas y de cada escuela se selecciona un estudiante para competir. Y que quede claro, si son elegidos estarán solos. Créanme cuando digo que este torneo no es para los asustadizos, pero hablaremos luego. Por ahora damos la bienvenida a las bellas señoritas de la academia de Beauxbatons.- Anunció Dumbledore.
En ese momento un grupo de chicas vestidas con uniformes celestes comenzaron una danza de presentación. Esta contenía unos dulces suspiros, que hacía que todos los chicos se babearan. Yo comencé a reírme al ver a todos mis amigos y en especial a Ron babeando. Luego entró una gran mujer que, seguramente, era la directora de aquella escuela de princesas francesas.
-Pueden dejar de babear.- Les dije riéndome al grupo donde me encontraba.
-Callate Snape.- Dijeron Draco y Blaise, contemplando a aquellas chicas.
-Ahora a nuestros amigos de la academia Durmstrang.- Dijo Dumbledore.
En ese momento un grupo de chicos altos golpeando unos palos contra los pisos, de los cuales salían chispas. Todas las chicas babeaban, yo rodeé los ojos.
-¿No vas a babearte, Snape?- Preguntó Theo
-No, Nott- Contesté riendo.
-Puede saberse ¿Por qué?- Preguntó Draco alzando una ceja.
-Porque no soy básica Malfoy.- Contesté obvia, Pansy me clavó la mirada.
En ese momento los susurros comenzaron cuando todos vimos a Viktor Krum, seguramente Ron estaba babeando todo el piso. Comenzaron a colocar una pequeña torre dorada junto a Dumbledore. Los de aquella academia se sentaron en el espacio vacío de nuestra mesa. Aprecié como Viktor Krum me había clavado la mirada, junto a sus compañeros. Mi cabello resaltaba mucho en aquella mesa, junto al del rubio teñido.
-Quisiera decir unas palabras.- Interrumpió Dumbledore, mientras posaba su mano frente a la pequeña torre dorada.
-La gloria eterna, es lo que le espera al estudiante que gane El Torneo de los Tres Magos.- Agregó.
-Pero para ganarlo, deben sobrevivir a tres pruebas. Tres pruebas en extremo, riesgosas. Por esta razón el ministerio decidió aplicar una nueva regla. Para explicar todo esto, tenemos al director del departamento de Cooperación Mágica Internacional, el señor Barty Crouch. En ese momento una tormenta cayó sobre nosotros. El señor Alastor Moody apareció para salvarnos de aquella tormenta. Dumbledore lo saludo.
-Luego de un largo análisis, el Ministerio de Magia decidió que los menores de dieciséis años no podrán participar del Torneo.- Anunció el señor Crouch. Todos los alumnos comenzaron a quejarse y gritarles.
-¡Silencio!- Gritó Dumbledore, parando los gritos de los estudiantes. Con un movimiento de varita, aquella pequeña torre dorada se desvaneció y se convirtió en una gran copa, que desprendía un bello fuego azul.
-El Cáliz de fuego.- Anunció Dumbledore.
-Quién deseé participar del Torneo, solo debe escribir su nombre en un pedazo de pergamino y lanzarlo a la llama el jueves a esta misma hora. Piénsenlo con mucho cuidado, de ser elegidos, ya no hay escapatoria. En este momento, El torneo de los tres magos da comienzo.- Agregó. En ese momento, mientras recorría con mis ojos las mesas, encontré a Diggory, su mirada se juntó con la mía y lo salude.
Ese chico era lindo. Debía admitirlo, tenía una hermosa sonrisa que transmitía paz y tranquilidad. Una voz me separo de mis pensamientos.
-Chiara, deja de babearte con Diggory.- Dijo Zabini riendo y golpeando mi brazo con su codo.
-Que celoso anda señor Zabini.- Dije matándolo con la mirada.
-¿No te babeas con Krum, pero te pierdes en un tonto de Hufflepuff?- Acotó Pansy, como si se tratara de algo obvio.
-Eso no es de tu incumbencia Parkinson.- Dije fastidiosa, ella sabía que me caía mal.
Pansy Parkinson fue una de las causas por la cual Draco y yo dejamos de ser mejores amigos en nuestro primer año, se pelearon conmigo. Ese rubio prefirió creerle a una estúpida como ella, en vez de creerme a mí, su mejor amiga en ese entonces. Pero eso es historia antigua, esa obsesionada fanática de la manzana podrida no va a molestarme.
-Que fastidio estas hecha Snape.- Contestó hilarante, no le dirigí la mirada, pero Draco rió. Como si su comentario se tratara de un chiste.
-¿El trador de la sangre te hizo aburrida?- Preguntó Draco riéndose junto a Parkinson.
-¿Tu papi te hizo ignorante Draqui?- Contesté yo, imitando la voz de Pansy. Vi la furia en su rostro, pero Draco cambió su expresión de enojo por una pequeña risa, que frenó con su mano al escuchar el apodo.
-Dejen de pelear por Draqui.- Contestó Blaise, a lo que todos reímos, menos Parkinson.
-Yo no discuto por los que se hacen llamar hombres.- Contesté vitoriosa, Draco me miró raro y enojado a la vez. Nos dedicamos a hacer bromas y cenar, luego nos fuimos a la sala común.
-Buenas noches tontos.- Saludé.
-Buenas noches fastidio.- Contestó Malfoy, yo rodeé los ojos y me dirigí a mi habitación. Cuando llegué y tomé mi ropa Parkinson se apareció, ella tenía otra habitación.
-¿Qué quieres?- Pregunté mirándola, mientras caminaba hacia el baño.
-¿Por qué me odias?- Preguntó sincera. Pare en seco, no podía creer lo que estaba escuchando, ¿Pansy Parkinson siendo sincera y dulce?.
-¿En serio estas preguntando eso Parkinson?- Dije sin ganas, seguramente era algún drama para llamar la atención de Draqui.
-No entiendo por qué me odias.- Dijo sentandose en mi cama. Esa asquerosa estaba sentándose sobre mis sábanas.
-¿Quieres saber por qué Parkinson?- Dije furiosa. Ella asintió con inseguridad, si, Pansy Parkinson timida.
-Porque tú hiciste que Draco me tratara como una mierda, con tu maldita obsesión por él, por eso ya no somos amigas.- Dije gritando, con un tono adolorido. Ella me miró sorprendida, pero pude ver como caían las lágrimas desde sus ojos, había sido un poco ruda. Extrañamente ella no dijo ningún comentario hiriente o algo por el estilo, como suele hacer, estaba tranquila.
-Ahora vete.- Le dije fría, mientras una lágrima caía por mi mejilla. Ella se levantó con la mirada petrificada, se dirigió a la puerta y salió corriendo. Me senté en mi cama y las lágrimas no se limitaron a salir.
-¿Qué ah..?- Estaba por terminar su pregunta mientras veía a Pansy correr. Se frenó cuando me vió llorar.
-¿Qué pasó pelirroja?- Preguntó Zabini mientras se acercaba a mí, con una expresión de asombro.
-Esa... estúpida... pasó...- Dije sollozando, mientras mil recuerdos pasaban por mi cabeza. Zabini sabía a qué me refería y se limitó a abrazarme.
-Tranquila, aquí estoy.- Dijo mientras acariciaba mi espalda.
-La odio, por todo, la odio.- Dije, ella había arruinado muchas cosas, pero no era lo único que estaba haciendo que llorara mares.
-Ey..- Dijo separándose para que lo mirara, lo cual hice.
-No tienes la culpa de nada, ¿Lo sabes?- Dijo como si pudiera leer mi mente.
-Lo sé.- Dije secando mis lagrimas. Blaise era de mis personas favoritas en la tierra, a pesar de ser tan tonto a veces, es de mis razones para vivir y seguir adelante. Realmente tenerlo de amigo es sonreír todos los días.
-Gracias.- Agregué en un susurro.
-No tienes que agradecer nada, no quiero verte mal y menos por esos dos idiotas.- Dijo él como si leyera mi mente.
-Eres conciente de que ahora que los mortifagos están de vuelta, estaremos en peligro ¿No?- Dije con la mirada fija en la ventana que se encontraba en la desolada habitación.
-Creeme que lo sé.- Dijo triste.
-Todo va a salir bien, eres de las mujeres más fuertes que conozco, primero está mi madre.- Dijo él. No pude aguantar y reí, volví a abrazarlo.
-¿Chiara, podemos hablar?- Pronunció Draco entrando a la habitación, tenía la mirada perdida y sabía que Parkinson tenía que estar relacionada con la siguiente conversación, cuando vió mi cara y escuchó mi hilo de voz, su cara cambió por completo. Creo que por cómo me veía él pudo recordar aquellos insufribles momentos que me hizo vivir.
-No es el momento.- Dije fría mirando hacia otro lado para que no viera mis ojos.
-Ya la escuchaste Draco.- Dijo Zabini serio.
-Te dejaré sola para que descanses, vámonos Draco.- Agregó acariciando mi cabello, para luego pararse y arrastrar a Draco hasta la puerta, él seguía petrificado en su propia cabeza.
Levante mi ropa nuevamente de mi cama y me dirigí hasta el baño. Esta vez nadie me interrumpió y nadie se atrevería a hacerlo. Me puse mi pijama y volví a la habitación, que ahora estaba llena de otras chicas de mi casa. Una de ellas se acercó y acarició mi espalda.
-Si necesitas a alguien puedes hablar conmigo.- Dijo ella con una sonrisa comprensiva.
-Gracias Astoria.- Dije mirándola a los ojos, contestando con su misma sonrisa.
Astoria no era mi amiga, era una chica de mi casa que por momentos me hablaba. Era agradable su compañía, pero nunca tuvimos una gran conversación, ya que se juntaba con gente muy hipócrita. Me recosté sobre mi cama y me arropé con las sábanas. Las chicas apagaron las velas y la habitación se abrazó de un gran y agradable silencio.
