El paraje que rodeaba las antiguas instalaciones de la presa abandonada de Scranton Crow estaba repleto de frondosos árboles y bajos arbustos que crecían como la mala hierba en terreno pedregoso.
El alargado edificio de hormigón gris lleno de antiguas salas yacía precediendo la presa en absoluto silencio, oscuridad y abandono. Muchos de los jóvenes solían saltarse las clases e ir allí a hacer pintadas, otros por su parte habían roto con piedras los antiguos ventanales y arrancado el marco de las puertas y las ventanas así que ahora en lugar de un largo y rectangular edificio vallado era un barracon más bien ruinoso y vacío.
Aún conservaba la estructura de los cubículos y aseos que separaban algunas oficinas y despachos unos de otros, al igual que la vieja sala de maquinarias.
No muy lejos de allí se encontraba la montaña y el enorme terraplén que utilizaban los talleres vinculados a las "Racers Nights" para sacar beneficio utilizando y disputándose las enormes naves abandonadas las cuales por el día parecían a ojos ajenos selladas y solitarias y que por la noche se convertían en un verdadero hervidero de gente dispuesta a divertirse, y pasarlo bien arriesgando lo poco o mucho que tuviesen.
Mientras Lexa Woodward se alejaba del ruidoso bullicio con el corazón latiendole exacerbadamente en el pecho, y la respiración entrecortándosele con cada paso que daba sintiéndole el cuerpo entero arder de pura impotencia y rabia, trató de abrir y cerrar su mano cuyo dolor la atravesaba teniendo que sacudirla y llevarse la otra mano a esta para palparla.
Le había dado un buen golpe a Derrick, eso no lo dudaba ni por un segundo y probablemente de no haberla parado Lincoln, se habría ensañado con él allí mismo y de ser posible le habría matado.
Ganas desde luego no le habían faltado en absoluto.
Había puesto rumbo a ninguna parte porque no quería tener que enfrentarse a Lincoln, aquella noche no.
Él jodido Lincoln, joder era como tener de su lado al puto Pepito Grillo. Todo moralidad, serenidad e hipocresía.
¿A quién quería engañar? De haber podido pegarle él, Lincoln no se hubiese cortado un pelo en darle su merecido pero no, ella no podía hacerlo al parecer porque no estaba bien comportarse de aquella dichosa manera, a juicio suyo.
—Puto hipócrita... —farfullo por lo bajo Lexa alejándose de mala gana por entre los árboles bajo la oscuridad que cernía a su alrededor y la pálida luz de la luna que caía sobre aquellos bosques.
Dios, estaba tan furiosa, tan dolida, harta y enfadada que ahora mismo sentía que podría parar un tren con las manos de ponerse este delante.
Lexa no siempre sabía lo que sentía pero aquella noche la ira, la sed de venganza, la furia y la rabia fluían a través de cada fibra de su piel latente a cada pequeño paso, a cada respiración que daba.
Debería matar a ese hijo de puta por lo que les hizo al entrar en su vida, si le hubiese parado a tiempo, si tan solo ella hubiese sido más firme, si se hubiese encarado antes con Luna quizás ella no estaría en la situación en la que se encontraba ahora.
Temblaba tan fuerte en aquellos momentos de solo imaginar a su hermana en aquella solitaria y pulcra cama de hospital que casi hiperventilaba y la ira... dios, cuanta ira no la abandonaba.
Lincoln había pensado seguirla pero sabía que lo que necesitaba ahora mismo era estar sola y procurar calmarse mientras él comprobaba que el capullo de Derrick y aquella Barbie Extensiones no llamasen a la policía, Clarke se cruzo con él que apenas le vio al tiempo que él se dirigía a la zona de los coches donde la multitud se agolpaba no muy lejos de Derrick atentos al lamentable espectáculo que acababan él y Lexa de dar y Clarke se adentró en el bosque siguiéndola.
—¡Lexa! —la llamó al tiempo que apresuraba el paso para tratar de alcanzarla—. ¡Eh, Lexa!
Lexa que se alejaba a paso decidido apenas escuchó la voz hizo por volverse sin dejar de andar con actitud desafiante y molesta por lo ocurrido minutos antes allí.
Clarke que no tardó en darle alcance alargó la mano para agarrar su brazo pero Lexa se volvió como si la hubiesen tocado con fuego y se soltó de su agarre bruscamente.
—¡Que me dejéis en paz! —le gritó de lo más furiosa Lexa queriendo espantarla—. ¡Todos, de una puta vez!
Clarke que se detuvo al ver el brillo de rabia, furia y melancolía en sus ojos supo que algo grave había hecho que actuase de aquella manera.
—¿Pero qué... qué te pasa? —le preguntó ella con preocupación queriendo acercarse al ver sus pupilas de lo más dilatadas y el temblor en su cuerpo creyendo que lo que le ocurría estaba resultando ser causado por algo más que impotencia y rabia—. ¿Qué ocurre, eh?
Lexa que sonrió sin ganas de lo más enfadada al escuchar aquella absurda pregunta, levantó sus verdes y brillantes ojos al nocturno cielo queriendo evitar que estos se le llenasen de lágrimas de pura impotencia y rabia.
—¿Qué que me pasa? —se repitió la pregunta en voz alta realmente afligida y dolida con una sátira sonrisa—. ¡Me pasa que estoy harta de toda esta mierda! ¡Que estoy harta de tener que ser yo quien cargue con toda la culpa de lo que paso mientras ese cabrón se pasea como si nada! —gritó entrecortadamente Lexa mientras las lágrimas corrían sin control alguno por su caliente cara—. ¡Que ese... ese... dios, ese hijo de puta desgraciado siga respirando mientras mi hermana se muere en un hospital, eso me pasa, Clarke! ¡Eso!
Lo había dicho en voz alta. Lo había dicho y por primera vez en mucho tiempo la culpa y el dolor que sentía en lugar de liberarla, la apresó aún más teniendo que llevarse las manos temblorosas a la boca para acallar sus palabras volviéndose para darle la espalda y que no la viese llorar así con vergüenza y horror.
—Ya... ya no puedo... —murmuró Lexa para si como si ella ni siquiera estuviese ya—. Oh dios, ya no puedo más...
Clarke que trago lentamente al verla así se quedo por unos segundos paralizada en el sitio no sabiendo muy bien que hacer, todo aquello no solo era nuevo para ella si no que jamás había sentido una rabia ni un dolor así como el que parecía sentir Lexa, tampoco antes se había tenido que enfrentar a lo que sentía ahora al verla de aquella manera.
De algún modo solo quería acercarse a ella, abrazarla y prometerle que todo iría bien, que ella se encargaría de que todo lo fuese pero mentía, se mentía a si misma y seguramente le mentiría a ella si lo hiciese.
Se encontraba en medio de una investigación policial y Lexa solo era una pieza más del puzzle que reunían ella y los suyos, un peón que utilizar, del que sacar provecho y luego deshechar. Solo alguien de quien tirar del hilo, cuando la escogió aquella noche en la fiesta no imagino que su vida fuese a ser así.
Ahora se sentía realmente mal por ella, por utilizarla de aquella manera, por haberle mentido y por seguirle mintiendo una y otra vez más para conseguir su objetivo.
Clarke captó un leve sonido con su aguda audición y el débil temblor en los hombros de Lexa dándole la espalda le confirmo lo que intuía estaba pasando.
Ella estaba llorando.
Y bastaron unos pocos segundos para que Clarke sencillamente no lo pudiese evitar más.
Dando unos pasos hacia Lexa ella intentó rodearla con sus brazos, pero ella luchó por ser soltada, Clarke aplicó algo más de fuerza impidiedoselo, y cuando finalmente las rodillas de Lexa fallaron, y ella casi cayo sobre la tierra presa del llanto Clarke la abrazó con fuerza, sintiendo como los sollozos escapaban de la boca de Lexa al tiempo que esta se inclinaba hacia delante y se cubría el rostro con las manos rota de dolor.
—Mi... mi her...mana... —lamentó ahogadamente Lexa entre desesperados e impotentes llantos aferrándose con fuerza a los brazos de Clarke que la sostenían con fuerza dispuestos a no dejarla caer desde atrás.
Clarke que tenía una rodilla en tierra y estaba agachada abrazándola desde atrás tuvo que desviar la mirada porque aquel llanto lastimero le hacía daño y oírla llorar así por ella le rompía el corazón.
—Fue culpa mía...—lloró desgarradoramente Lexa bajo las estrellas de la noche y los oscuros arboles rodeándola como testigos mudos de su dolor—. Todo... todo fue... culpa mía...
Clarke que escuchó aquello último volvió ligeramente la cabeza tras ella para mirarla y supo de algún modo que Lexa no estaba mintiéndole, que ella realmente creía que aquello era así.
Culpable o no, furiosa o no, no se separaría por nada del mundo ahora mismo de ella. Se quedaría a su lado pasase lo que pasase y pobre de aquel que quisiese impedírselo, se prometió mientras dejaba a Lexa llorar entre las sombras.
Continuara...
