Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18.
Recomiendo: Breathe Again – Sleeping At Last
Capítulo 42:
Parte II
Decidir
"El corche está aparcado, las bolsas empacadas
Pero ¿qué clase de corazón no mira hacia atrás?
En el cómodo resplandor del porche
El que todavía llamaré tuyo
Todas esas palabras se deshicieron
Y ahora no soy el único
Frente a los fantasmas que deciden
Si el fuego en el interior todavía arde
Todo lo que tengo
Todo lo que necesito
Es el aire por el que mataría respirar
Tiene mi amor en tus manos
Todavía estoy buscando algo
Sin aliento, me quedo
Esperando que algún día vuelva a respirar…"
Tragué, de pronto sin aliento.
Él pestañeó al mirarme, desde los pies a la cabeza, suspirando de por medio. Me provocó un sonrojo, uno vivo que solo era producto de esos ojos intensos.
—Yo…
Cielo santo, no podía hablar. No dejaba de contemplar su hermoso iris y esa media sonrisa que de pronto me regalaba, sabiendo que este día era inolvidable para mí. Veía sus ojos brillando de alegría, de orgullo y de añoranza. Parecía feliz de verme cumpliendo parte de los sueños que tanto tiempo planeé.
—Yo… —Respiré hondo—. Quiero agradecer… el que me hayan acompañado en esta fiesta, cada uno cumple un papel importante en la editorial y toda la producción que existe detrás de esto. Pero… —Cerré los ojos unos segundos, sabiendo que él estaba delante de mí, escuchando cada palabra saliendo de mi boca—. Pero… nada de esto sería posible sin mi principal inspiración.
Todos se imaginaban quién era él, era imposible que pasara desapercibido. Era la copia viva del hombre que había llamado la atención en aquel relato erótico que todos morían por leer en extensión.
—Sin él, nada habría salido de esta manera, porque no solo existía su imagen para hacer que mi imaginación volara, sino también su compañerismo, su apoyo y su búsqueda por darme el espacio para poder cumplir mi sueño. Creí que los hombres como él solo existían en mi cabeza… hasta que lo conocí.
Mi voz se fue haciendo un mero susurro mientras veía el brillo de sus ojos.
—Es un héroe —dije, al borde del llanto—. Un hombre… excepcional. Es la inspiración perfecta de toda mujer que busca amar y sentirse amada con la pasión descarnada… con el deseo hecho amor.
No toleré más y bajé las escaleras, sintiendo que lloraba mientras iba tras él. Cuando lo tuve en frente, simplemente corrí a sus brazos y fui tras su contención. Edward me recibió y me apretó contra su pecho, pasando sus manos por mi cintura y luego subiendo con lentitud por mi espalda. Escondí mi rostro en su torso y apreté los párpados mientras seguía llorando delante de todos, oliéndolo y disfrutando de su calor.
Lo había extrañado tanto. Tanto…
Cuando me atreví a mirar sus ojos, vi cuánto se contenía para no llorar junto a mí. Estaba quebrándose.
—Edward —gemí, acariciando sus mejillas.
Sonrió.
—No podía perderme un día tan importante para ti, ¿no crees?
Mi barbilla tembló y yo continué con mi llanto.
—Hey, ¿por qué estás triste?
Suspiré, incapaz de hablar.
—Estoy aquí.
Arqueé las cejas.
—Creí que no…
—No me lo perdería por nada en el mundo. Eres lo más importante para mí.
—Y tú para mí.
Al escucharme, sus ojos se aguaron todavía más.
—Estoy orgulloso de quién eres.
Gimoteé y lo abracé, esta vez desde el cuello, poniéndome de puntillas para alcanzarlo. Edward me contuvo y ahí nos quedamos, escuchando los aplausos de los demás.
—Ya no puedo tenerte lejos —murmuré, metiendo mis dedos en el cabello de su nuca.
—Yo nunca pude hacerlo —me dijo al oído.
Me separé para mirarlo a los ojos.
—Nunca pude siquiera dejar de pensar en ti. —Tomó una de mis manos y me besó el dorso con cuidado—. ¿Cómo hacerlo si estoy tan enamorado de ti?
Contuve sus mejillas entre mis manos, acariciando su barba crecida y su mandíbula viril y atractiva.
—Y estás tan hermosa —añadió—. No puedo contenerme. Simplemente… me vuelves loco. Estos días comprendí que nunca dejaré de amarte… Nunca.
Apreté los labios, volviendo a llorar.
—Aunque no me quieras más en tu vida, mis sentimientos por ti jamás cambiarán. —Besó mi frente con apremio y me respiró en el rostro, provocándome un intenso escalofrío de necesidad—. Siempre serás mi Rompecoches, la bandida que llegó a robarse mi corazón.
No soporté la necesidad y busqué sus labios, deseando poder recordar esos besos que me llevaban a la cúspide. Cuando finalmente nos besamos, sentía que volvía a mi hogar. Era feliz, simplemente… feliz. El sentir sus manos, su calor, su piel con mi piel y el sabor de su boca… No, no quería volver a estar lejos de él, no iba a soportar un momento más como el que ya habíamos vivido separados.
Escuchaba el continuo aplauso de los demás, así como las palabras de todos preguntando si era "él". No le di importancia y continué aferrada a mi Bestia, llena de dicha. Edward se separó un momento para mirarme a los ojos y acariciarme las mejillas, continuando con su nariz cerca de la mía, tocándose mutuamente.
—Quiero demostrarte lo mucho que te amo —murmuró, arqueando las cejas—, pero también que este hombre que has conocido quiere lo mejor para ti.
Asentí y tomé su mano.
—Quédate conmigo, no te vayas… no lo hagas nunca.
Sonrió.
—Nunca lo haré.
Todos nos observaban ya en silencio, lo que me hizo sonrojar. Me aclaré la garganta y suspiré, sin saber cómo proseguir.
—Gracias a todos por acompañarme en este nuevo comienzo —dije en voz alta—. Ahora me siento completa. —Lo miré a él esta vez—. Y es uno de los mejores días de mi vida. Los espero a todos con un libro en mano, para que así disfruten otra creación de mi parte, que dará paso a otra más y que espero pronto pueda ver la luz. —Suspiré—. Gracias por venir.
Dos hombres muy bien vestidos trajeron mi libro impreso de una mesa de cristal, decorada con rosas rojas y accesorios eróticos. Lo tomé y lo posé delante de las cámaras, para luego recibir los flashes con fulgor. Todos comenzaron a darse cuenta de que aquel torso sensual y muy atractivo pertenecía al hombre que me había besado hacía un minuto, los murmullos y las miradas intensas hacia mi Bestia no se hicieron esperar.
—¡Isabella! Cosmopolitan aquí. Nos gustaría dar una probada a la audiencia. ¿Tienes un minuto? —exclamó la periodista antes de que pudiera tomar la mano de Edward.
Nos miramos y él asintió, instándome a que siguiera mi camino y disfrutara de mis logros.
Mientras era entrevistada por esa y otras revistas de renombre, así como periódicos y medios de internet, miraba a Edward atento a todo con una expresión orgullosa en su rostro. Todavía podía recordar nuestro beso, lo que me tenía distraída e incapaz de hablar algo con coherencia. A ratos, mis mejillas se sonrojaban al ver nuevamente esa tenida elegante en su naturaleza rebelde y exótica, lo que combinaba de manera perfecta. Era imposible que no fuera un imán para mis ojos, pero también para las demás personas que estaban aquí. ¿Cómo culparlos? Era un hombre divino, uno en el que las palabras tampoco eran suficientes. Por momentos, algunas invitadas daban vuelta la cabeza, mirando sus brazos, sus ojos o aquella sonrisa que brotaba de su boca cuando miraba mi portada. Cuando sus ojos se cruzaron con los míos, sentí que mi vientre se estremecía al igual que todo mi cuerpo, una sensación igual a la de aquellos primeros momentos juntos, cuando no sospechábamos todo lo que había hacia adelante para nosotros.
—¿Es el de la portada? —preguntó una mujer.
Era parte de la dirección de publicidad de la editorial.
—Estoy segura de que sí.
Me despedí del último periodista y me acerqué un poco a las mujeres que charlaban, fingiendo que tomaba otra copa de champagne.
—Entonces es él de quién habla el relato que escribió Isabella, el del bombero —murmuró la otra.
—Es muy guapo, ¿no crees?
Suspiraron.
—Pero está ocupado.
—¿Qué?
—¿No viste el beso que le ha dado a ella? Nunca deja de mirarla, aunque lo intente.
Miré a Edward, comprobando lo que ellas decían. Sí, me contemplaba, y en cuanto se dio cuenta del recorrido de mis ojos, sonrió.
—Esta fiesta está increíble —dijo mi editora, sosteniéndose la cadera con una mano—. Pronto se acerca la fiesta oficial con los medios masivos, ya sabes que puedes invitar a toda tu familia.
—Gracias por todo, Judith.
—Nos vemos en el nuevo libro, ya sabes.
Me palpó el brazo y se marchó por mi lado. Antes de que pudiera darme la vuelta, sentí el pecho de Edward chocando con mi espalda y su olor varonil estremeciéndome.
—Al fin estás libre —me susurró al oído.
Cerré mis ojos, saboreando su presencia. A veces, parecía que esta realidad fuera mentira, que su llegada era una ilusión y esto simplemente… nunca había ocurrido.
—Verte con tantos periodistas queriendo saber de ti ha sido… —Botó el aire—. No quepo en el orgullo que siento por ti.
Me di la vuelta, nuevamente con la emoción en la garganta.
—Lo lograste, Bella, has presentado tu libro. Es increíble.
—Tú me inspiraste.
Sonrió.
—¿Voy a poder leerlo?
Me reí, pero se me escapó un gemido.
—Claro que sí. De hecho… —Respiré hondo—. Tengo un regalo para ti.
Frunció el ceño, realmente sorprendido.
—¿Me dejas dártelo?
—No tienes que preguntarlo. Aceptaría todo de ti.
Tomé su mano y él la apretó con más fuerza, llevándoselas a los labios para besar el dorso de la mía.
—Te quiero solo para mí —murmuró, mirando a los demás.
Suspiré, con el corazón llenísimo.
—Soy toda tuya —respondí, tirando de él para escaparnos juntos.
Fuimos hasta la zona trasera cuando una romántica y también sensual canción sonaba de fondo. Nos escondimos en una pequeña sala a oscuras, respirando de forma desacompasada, contemplándonos en esa penumbra, sintiendo nuestro aliento.
—Supongo que tenía la esperanza de que llegaras hoy, una parte de mí…
—Esa que me conoce perfectamente —interrumpió—. Porque ya no hay nadie que lo haga como tú.
Cobijó mis mejillas, ahuecando sus grandes manos en mi rostro.
—Tienes razón, te conozco, sé quién eres, un hombre maravilloso.
Sus ojos se tornaron muy brillantes, así que aproveché su emoción para buscar la caja que había guardado, porque muy en mi interior sabía que él jamás se perdería un momento como este. Finalmente, se lo entregué en sus manos y me quedé mirando su sorpresa.
—Realmente tenías algo para mí —susurró.
—Lo pedí antes que todos para dártelo. Ábrelo —insté.
Él lo hizo, desanudando la cinta roja y luego abriendo la tapa superior. Cuando vio que se trataba del primer tomo de mi libro, vi su emoción en cada expresión de su ser. Lo abrió y descubrió que había escrito algo para él en la primera hoja, algo que había dedicado en mis noches de soledad para el hombre de mi vida.
—Léelo —pedí.
—Edward —comenzó diciendo en voz alta—. El protagonista de mis sueños. Me siento afortunada de saber que el hombre que me inspira y hace que mis historias reluzcan de intensidad seas tú, con quien mis fantasías, mis ilusiones y mi vida cobran total sentido, un sentido que no había conocido con un hombre… hasta que llegaste a mi vida. Quisiera decirte tantas cosas, pero solo puedo decirte que eres el amor de mi vida y que estos días sin ti han sido una lucha constante con el dolor. Te he extrañado día y noche y cada vez que recuerdo lo que dije, me arrepiento de mis palabras con una agonía abrumante que no soporto. ¿Cómo olvidé tan rápido todo lo que significas para mí? ¿Cómo pasé por alto lo que has hecho por mí? ¿Cómo ignoré el mundo que me enseñaste con tan solo amarme? Ningún hombre había respetado cada parte de mí misma, nadie me ha amado como tú y sé que eres el amor de mi vida. ¿Por qué te hice daño? ¿Por qué dije cosas de las que ahora me arrepiento tanto? Solo puedo escribirte esto y decirte que te amo, que espero el día en poder volver a verte y que solo deseo ser feliz contigo y nuestra familia, aquella que me hizo ver el mundo de otra manera. Por esto, mi primer ejemplar es para ti, para mi Bestia, mi hombre, mi Edward. Te ama profundamente, Isabella Swan —terminó susurrando.
Se quedó en silencio, sosteniendo el libro abierto de par en par.
—Perdóname por lo que dije, por haberte herido, por hacerte pensar que lo que tú eres puede ser eclipsado por un pasado que ninguno quería ni buscó —añadí—. Espero que atesores ese beso, como el primero que te dejé, ¿recuerdas?
Sonrió y asintió, para luego fruncir el ceño ante las emociones que estábamos experimentando.
—Comenzaré a atesorar cada autógrafo tuyo, pronto valdrán una fortuna —bromeó, pero luego se tornó muy serio—. No tengo nada que perdonarte, cariño, lo único que quiero es que esto se transforme en una crisis pasada, porque ahora que te tengo aquí… —Me besó las mejillas y me abrazó—. Ahora que te miro, que te huelo, que te siento… no puedo dejarte ir, ya no, es inconcebible.
Me puse de puntillas y me acomodé en su pecho, cobijada por él.
—No me dejes ir —supliqué.
—No lo haré.
Estar en sus brazos, en silencio, juntos… ¿Podía haber algo mejor?
—Vámonos de aquí —susurré—. Ya ha sido suficiente, quiero compartir este momento solo contigo.
—¿Te sorprenderías si te dijera que tenía preparado algo para ti?
Sonreí.
—Siempre me sorprendo contigo.
Él también sonrió.
—¿Escaparás conmigo?
—Como en los libros.
—Tienes al protagonista aquí.
Reí.
—Secuéstrame.
—Como usted ordene.
Me llevó hasta la salida y luego nos acercamos al estacionamiento, todavía tomados de la mano. Cuando paró delante de una motocicleta diferente a la suya, lo miré.
—¿Es nueva?
Sonreía.
—No. Jonas me la ha prestado. Llegué de Nueva York, me vestí tan rápido como pude y me pasó su motocicleta. Debo confesarte que quería conquistarte con la idea de la moto.
Toqué la carrocería roja y luego lo miré a él.
—Llévame contigo —pedí.
—Tengo algo preparado para ti.
—Con mayor razón —respondí, emocionada de imaginarme qué podía tener entre manos—. Llévame contigo adónde sea que quieras.
—Voy a celebrarte por este gran logro. No quepo en el orgullo que siento por ti. —Me tomó de las caderas y me subió a la moto—. Bienvenida nuevamente a la aventura con Edward.
Me mordí el labio y lo abracé desde el cuello.
—Extrañaba sentirme tu chica.
—Siempre lo serás, nunca lo dudes.
Me puso el casco y luego se sentó delante de mí, tomándome los muslos para acercarme a su cuerpo. Lo abracé desde la cintura y me apoyé en su espalda, sintiendo su delicioso calor mezclándose con el mío. Él encendió la máquina, hizo un sonido estrepitoso con ella y finalmente avanzó a toda velocidad, recordándome lo mucho que amaba su mundo. Recorrimos la ciudad, con el viento golpeando nuestro cuerpo y la necesidad de aventura. El trayecto era similar a uno que habíamos hecho antes, en especial cuando noté que nos adentrábamos a los bosques. En el momento en el que vi aquel lugar en el que él y yo hicimos el amor por primera vez, muchos años atrás, momento en el que Fred fue concebido, simplemente sonreí. Cuando Edward aparcó, vi la cabaña delante de nosotros, con las luces encendidas y la chimenea caliente. Él se bajó, me ayudó a salir de la motocicleta y me quitó el casco, para luego acariciarme las mejillas de forma suave y tierna.
—Quizá no es el panorama más original dado que ya hemos venido aquí, pero quería que estuviéramos solos hoy.
—Cualquier momento contigo es perfecto.
—Ven conmigo. —Me tendió su mano y yo la tomé de inmediato.
Comencé a sentir frío, por lo que él me cubrió con la chaqueta de su traje, quedando en camisa. Por unos segundos lo miré, atraída irremediablemente a todo lo que veía. Me acomodé entre sus ropas y olí, maravillada de poder sentirlo otra vez. Su aroma me llevaba a una paz imposible de resistir.
Cuando vi la mesa de café con velas, una copa de vino y bocadillos, suspiré de amor. Estaba todo tan lindo.
—Quiero celebrarte esta noche y que podamos hablar de todo lo que ha sucedido —susurró por detrás de mí.
Nos acomodamos en el sofá y él me quitó los tacones, permitiéndome el descanso. Tenerlo de frente, ya en silencio, me hizo rememorar muchas cosas respecto a lo que habíamos vivido en el último mes, un mes que, sin duda, había sido de los peores de mi vida.
—No sabes cuánto te extrañé —admitió, tomando mi mano para besarla.
Se me ennudeció la garganta.
—¿Qué estaba haciendo tan lejos? —Suspiró—. Hay tanto que quiero decirte…
No soporté la distancia y lo besé, abrazándolo desde el cuello. Edward me recibió con hambre, tomándome de la cintura y llevándome a él con más fuerza. Lo hice caer en la extensión del sofá, conmigo encima, recibiendo sus caricias. Nos separamos para respirar y luego nos miramos en silencio, reviviendo la ansiedad de tenernos durante tanto tiempo sin poder.
—Mi chica —susurró, pasando su pulgar por mi mejilla—. Dios… Cuánto quería tenerte.
Mis ojos se llenaron de lágrimas hasta que no pude sostenerlas más y las dejé caer, sollozando con angustia por todos los duros recuerdos de este último tiempo. Me había sentido tan sola, batallando de una manera difícil de soportar. Lo añoré y aquí estaba, acompañándome en un día importante para mí… estaba aquí, Dios mío, mi hombre estaba aquí.
Nuestros besos se intensificaron, así como las caricias entre ambos. Lo contemplé y le pedí que continuara, buscando con desesperación lo que ambos nos provocábamos. Me quitó su chaqueta, luego la mía y besó mis hombros, sacándome un fuerte suspiro. Desabotoné su camisa de a poco y busqué los dibujos en su piel, los mismos que cada día esperaba ver nuevamente. Él se dio la vuelta y se quitó el pantalón, mostrándome esa anatomía divina que, sin duda, era parte de mis más oscuras fantasías. Edward se arrodilló en el sofá y me encarceló con sus manos a cada lado de mi cabeza, mirándome con deseo y necesidad.
—Nunca me cansaré de ti —dijo, quitándome el resto de la ropa que me cubría.
Cuando estuve desnuda para él, delineó mi cuerpo con sus dedos y luego sonrió.
—Tan hermosa —susurró, llegando hasta mi vientre—. Mi chica.
—Tuya siempre.
Nos besamos y abrí mis piernas para él, queriéndolo dentro de mí. Edward se frotó contra mí mientras masajeaba mis senos, sacándome fuertes gemidos. En medio de un jadeo, nos contemplamos, con su nariz y la mía rozándose, y me penetró, hundiéndose con lentitud en mi interior.
—Dios, Edward —gemí, tomando su quijada con una de mis manos.
Me hacía el amor con pasión, metiéndose con fuerza en mí. Mis ojos se tornaron llorosos a medida que sentía su piel con la mía, frotándose sin remedio. Acarició mi mejilla con una de sus manos y rozó su pulgar con mis labios, mirándome constantemente, siempre con profundidad. Lamí su dedo y luego me lo llevé a la boca, provocándolo y excitándolo.
—Siempre estás tan cálida —me susurró al oído.
Lo abracé con mis piernas y apreté mis paredes, acechándolo mientras volvía a aumentar el ritmo de sus estocadas. Edward gruñó y puso su rostro en la curva de mi cuello, besándome y oliéndome.
—Ah, Bella… Mi amor —rugió antes de darme un beso mojado y apasionado.
Nos abrazamos y él se hundió con poderío, sacándome un nuevo grito de placer y dolor. Sus testículos chocaban conmigo y nuestros cuerpos sonaban en toda la habitación, generando una melodía que se unía a nuestros quejidos de deseo y placer. Sus grandes brazos me cobijaban, llenándome de seguridad, de protección y de calor. Nos mirábamos, volviéndonos a conectar de diversas maneras, diciéndonos a los ojos cuánto nos deseábamos.
—Edward —chillé, queriendo más. Quería explotar.
Su pelvis se movía de forma deliciosa, hundiéndose y luego alejándose. Acaricié su trasero precioso y le pedí más, quería que siguiera doliendo y que me penetrara hasta las entrañas. Cuando sus estocadas fueron insostenibles, arqueé las cejas, abrí mi boca y grité su nombre, llegando al bestial orgasmo. Mis piernas temblaron y mi cuerpo convulsionó entre sus brazos, desesperado por esta liberación que significaba un clímax con tantas sensaciones inmensas a la vez. Edward me siguió, respirándome con locura hasta que lanzó un gruñido animal, acabando dentro de mí.
Su cuerpo estaba bañado en sudor al igual que el mío, mezclándose en medio de nuestro abrazo. Luego se acomodó a mi lado, saliendo de mi interior, haciéndome sentir extrañamente vacía. Puso su brazo detrás de mi cabeza y me continuó abrazando, a la vez que yo posaba mi mejilla sobre su pecho, intentando volver a respirar con normalidad. Cuando sentí que sus dedos caminaban por mi pecho y luego llegaba a mi rostro, sonreí. Nos miramos a los ojos, saboreando lo que acabábamos de hacer, reviviendo un momento que era propio de nosotros y que deseábamos con tanto fervor.
—Nunca podré acostumbrarme a lo hermosa que eres —susurró.
—Y cada día me pongo mejor —jugueteé, sacándole una linda sonrisa.
Pero entonces nos miramos otra vez, en esta ocasión con seriedad.
—Por un momento creí que no iba a volver —confesó.
Arqueé las cejas.
—¿No querías hacerlo? —pregunté con un hilo de voz.
—En realidad, creí que tú no querías volver a verme de la misma manera.
Me quedé sin palabras, porque eso era mi culpa.
—Me dieron una oportunidad de trabajo en Manhattan. El New York Times. —Lo miré sorprendida y profundamente orgullosa de escuchar eso—. Me ofrecieron quedarme, ya sabes, a kilómetros de aquí… y de ti.
Sentí un frío sudor cruzarme la espalda. Me quedé de piedra, como si me hubieran robado el aliento.
—Es algo que buscabas —susurré—, ya sabes, poder volver a tu rubro.
Asintió.
—Debiste aceptar, ¿no?
Me contemplaba con los ojos brillantes.
—No, no acepté —dijo finalmente—. No quiero alejarme de ti, de mis hijos… —Sonrió—. Pensaba que todo lo que necesitaba era demostrar que lo que hizo Tanya en mi carrera era mentira y que así podría limpiar mi nombre, pero… ya no quiero hacerlo, no si eso significa dejar a las personas que amo. Lo que provocó esa mujer no puede interponerse en el amor que siento por ti, por Fred y por Agatha, porque no hay nadie más importante que ustedes.
Tragué.
—Pero… es una oportunidad que…
—¿Aceptarías? Si te sucediera lo mismo, ¿aceptarías?
—No —respondí de inmediato—. No podría hacerlo si eso significa dejarte aquí.
Sonrió.
—¿Ahora me entiendes? Aunque sentía que posiblemente tú y yo no volveríamos a vernos de la misma manera, no podía hacerlo. —Me limpió las mejillas—. No llores. Hey.
—Te amo —dije—. Te extrañé tanto… Agatha y Fred también. Esto no es lo mismo sin ti, nunca lo será.
Besó mi frente y continuó abrazándome.
—Te amo —dijo también—. Los extrañé mucho, a mi familia…
—Hay tanto que debemos hablar aún, pero solo quiero quedarme contigo así —susurré, acurrucándome con él.
—Lo sé, debemos hablar de muchas cosas, pero al menos dime que no despertaré sin ti mañana.
—No lo harás —respondí—. Aquí me tienes.
—Ahora, tomemos este vino. —Se levantó un poco para acomodar las copas—. Hoy vamos a celebrar lo increíblemente talentosa que eres.
Sonreí, un tanto ruborizada por sus cumplidos.
—Y por tu estrellato, mi hermoso protagonista.
—Aquí me tienes, dispuesto a cumplir todas tus fantasías.
.
Desperté temprano por la mañana y lo vi contemplándome, manteniendo sus caricias en mi hombro. Cuando notó que había despertado, afloró una linda sonrisa.
—Estaba esperando que abrieras esos hermosos ojos —susurró.
Me reí.
—Aquí los tienes.
Suspiró.
—Debo confesar que, al despertar, creí que tuve un sueño y que no estarías conmigo.
Le acaricié la mandíbula con el dorso de mis dedos y luego los labios.
—Prometo que no me iré, aunque tengamos que hablar tantas cosas a la vez, de verdad no me iré.
Me pasó un cabello por detrás de mi oreja y luego me besó la frente.
—Extraño a nuestros pequeños, ¿sabes? Estos días sin ellos han sido… —Suspiró, quizá sin encontrar palabras adecuadas —. Apenas y he podido saborear el hecho de que Fred es mío, que todo ocurrió esa noche.
—Están tristes, Edward, Agatha y Fred no son los mismos y… me he sentido muy frustrada por no poder sostenerlos de forma suficiente. Y es que debí ser fuerte por ellos cuando moría por dentro, el no verte ahí, contemplar tus cosas… Ellos también te necesitan y ya no podemos estar sin ti —afirmé—. A veces los veía llorar, esperándote, pero también sabía que ellos me escuchaban hacerlo por las noches, queriendo saber de ti.
—Perdóname por hacerlo, fue la peor decisión que tomé. Estaba desesperado por todo lo que estaba sintiendo y fue la peor salida, una cobarde aliada que me arrepiento de aceptar. De verdad, perdóname. Ellos también merecen que les pida un perdón.
—Fui tonta, dejé que un dolor profundo me nublara y olvidara quién eres en realidad. —Suspiré y continué abrazándolo—. Fred y Agatha te quieren con ellos.
—Creo que es momento de sorprenderlos, ¿no crees?
Sonreí y asentí.
.
Edward me llevó a casa, aprovechando que los pequeños seguían con mi madre. Ella los traería al mediodía, por lo que mi bombero tendría tiempo suficiente para acomodar las cosas que había dejado con Jonas y sorprenderlos como tanto deseaba hacerlo. Como estaba entusiasta, esperé a Agatha y a Fred con algo delicioso para comer, sabiendo que Edward volvería en poco tiempo.
—Hola, mami —respondieron al unísono.
Su voz sonaba muy apagada y se veían muy tristes.
—¿Qué ocurre? —inquirí, corriendo a abrazarlos.
—Ya sabes —musitó mamá con tristeza—. Además, no los llamó anoche.
Claro, no lo hizo porque estaba conmigo.
—De seguro ha tenido un problema —murmuré, ansiosa porque llegara y les demostrara que todo tenía una razón—. No se pongan así.
—¡Quiero que las cosas sean como antes! —gritó Agatha, comenzando a llorar.
Me llevé una mano al pecho, adolorida ante su grito furioso y dolido.
—Agatha…
—También quiero que las cosas sean como antes, mamá —dijo Fred, yendo con ella—. Quiero que se vuelvan a querer.
—Fred…
Subieron las escaleras y yo quise ir con ellos.
—Ve —me pidió mamá—. Necesitan hablar.
Asentí y me despedí de ella, yendo con mis hijos tan rápido como pude. La puerta de la habitación estaba cerrada y aunque tocaba, ellos no respondían.
—Papá pronto vendrá —susurré, bajando los hombros—. Está aquí, de verdad.
No, no había respuesta.
—¿Fred? ¿Agatha? ¿Cariños? —Mi voz se elevó—. Papá ya vendrá, él y yo nos vimos… No tienen que llorar, él… —Me callé, porque no había sonido detrás de la puerta.
Mi respiración comenzó a alterarse, así como mi desesperación ante la idea errática que comenzaba a tener. Pateé la puerta con todas mis fuerzas y al abrir descubrí que no estaban y que la ventana estaba abierta. Corrí hasta ella y vi que habían bajado por la casa del árbol, dejando un par de juguetes a su paso. Busqué sus mochilas, pero no las encontré, así como tampoco la manta favorita de mi hijo. En cambio, lo único que vi fue una pequeña carta escrita con crayones de colores, puesta sobre la cama de Agatha. La desdoblé rápidamente con las manos temblorosas y se me escapó un jadeo cuando vi el comienzo.
"Mami nos vamos es nuestra culpa que ustedes ya no se quieran
No queremos molestarte ni hacerte enojar por estar tristes
Te amamos mucho".
Se habían marchado.
—¡Agatha! ¡Fred! —grité desesperada, corriendo escaleras abajo para subirme a la casa del árbol, esperanzada con la idea de verlos ahí.
Pero no, simplemente se habían ido.
Me llevé una mano a la frente y luego al pecho, intentando pensar con claridad. Sin embargo, no podía, sentía que iba a enloquecer.
Me metí a la casa, recorriéndola como un león enjaulado, sin saber qué hacer, a dónde dirigirme o qué demonios pensar. Sentía que iba a entrar en pánico y que iba a desmayarme por la desesperación.
—¡Mamá! —grité luego de llamarla—. Agatha… Fred… ¡Se marcharon!
.
Llamé a la policía luego de aquello, pero para realizar una denuncia respectiva y comenzar con la búsqueda debían pasar unas horas. Mi desesperación fue tal que les acabé gritando, sin entender cómo podían decirme eso si ambos tenían siete años. ¿Qué esperaban? ¿Que algo les sucediera en esas horas que estarían solos?
Sentí el coche de Edward aparcando en la entrada y yo corrí hacia allá, sintiendo mis ojos nublados por el llanto. Cuando lo vi salir con un oso de peluche gigante para ellos, quizá para darles una sorpresa, mi llanto fue imposible de sostener y acabé botándolo.
—Cariño… —comenzaba a decir, frunciendo el ceño.
—¡Se fueron! —grité—. Dejaron esto.
Edward tomó la carta que le ofrecí y en cuanto la leyó su cuerpo se tensó. Nunca había visto tal terror en su mirada.
—Mierda —gruñó—. Iré a por ellos. ¡No debieron caminar muy lejos!
—La policía pidió unas horas —susurré.
—Tranquila. Daré con ellos. —Me abrazó y me besó la frente—. Estaré llamándote, ¿sí? No hay tiempo que perder.
Gemí y asentí.
Corrió hacia su motocicleta y se subió en ella, sin siquiera llevarse el casco. No tardó en arrancar, desesperado por dar con nuestros pequeños. En medio de la soledad, corrí hasta el teléfono y llamé a Rose, suplicándole que le pidiera ayuda a Emmett, como policía.
.
Mamá vino a por mí y me llevó hasta la estación de policía. Mientras manejaba, le comenté lo que pasaba con Edward y en su expresión se dibujaron diferentes emociones. Sabía que en otra ocasión estaría feliz de que las cosas sigan ese rumbo, pero la ausencia de sus nietos nublaba su razón… y también la mía.
Cuando llegamos, Emmett ya nos esperaba y con la desesperación simplemente no pude hablar con coherencia. Él llamó a sus unidades, esperando a mi testimonio, mientras yo miraba cómo el cielo se comenzaba a oscurecer y la lluvia empezaba a caer.
Llamé a Edward con el cuerpo tembloroso. Ya llevaba demasiado tiempo afuera y había ido sin protección en su motocicleta. ¡Me había dejado con el alma en un hilo!
—No contesta, mamá —gemí, mirándome con agonía.
—Tranquila, nena —susurró, abrazándome.
Desde que todo había sucedido, tenía el corazón desgarrado en pequeñas partes.
Miré a Emmett, viendo cómo hablaba con sus colegas de la policía desde lo lejos. Se veía muy preocupado. Corrí hasta el mostrador con el llanto en la garganta. Ya pasaba de las doce de la noche y mis hijos no regresaban.
Era como si el viento se los hubiera llevado y desaparecido.
—Bella, tranquila —susurró, saliendo del mostrador para venir a mi encuentro—. Dijiste que Edward había salido a por ellos, ¿no?
Asentí.
—¿Hace cuánto?
—Un par de horas.
—¡Es un burro! ¡Le dije que se quedara contigo!
Cerré los ojos. Estaba desesperada.
—Se siente culpable, yo también… —Gemí—. Dejaron esta carta. —Saqué el papel, el mismo que ellos habían escrito en conjunto con su rústica letra infantil, diciendo que se iban porque se sentían culpables de que papá y yo estuviéramos separados.
Cuando Emmett la leyó, tragó de manera profunda y dejó la carta a un lado para que la retuvieran sus colegas.
—¿Salieron antes de que pudieras verlos?
Asentí y colapsé en llanto.
—Se llevaron sus juguetes, un par de prendas, galletas y leche. Solo había ido al jardín a recoger un par de cosas de la piscina y ellos ya se habían ido —sollocé—. Se fueron sin decir nada más.
—Descuida —susurró—. Te traeré un vaso de agua.
Me mordía el labio inferior, ansiosa porque me dijeran que ellos estaban bien. Constantemente me preguntaba dónde estaban, si habían comido, si tenían frío, si alguien les había hecho algo…
Me ardía el pecho de imaginar que les hubiera pasado algo malo, o que hubieran querido volver sin poder hacerlo, que una mala persona los retuviera o un pervertido les hiciera daño. La impotencia y desesperación me rebanaba los sesos, me desasosegaba no poder abrazarlos y decirles que los amaba, porque quizá no había sido suficiente el tiempo que había pasado con ellos, quizá… quizá necesitaban más de mí y no pude darles todo lo que pude. Y ansiaban tanto a papá…
Edward se había ido tan desesperado al saber lo que había ocurrido que ni siquiera tuvo tiempo de preguntar más. Aún podía recordar su rostro mientras leía la carta que nos habían dejado nuestros hijos, el dolor, la agonía y angustia en sus ojos.
¿Qué íbamos a hacer sin ellos? Mi familia… No podía sostenerme sin mi familia…
—Solo tienen siete años, Emmett, ¡dime qué voy a hacer! —chillé.
Arqueó las cejas y me abrazó, dejando de lado su papel de policía.
—Dame la fotografía que tienes ahí —musitó, mirándola.
No me había acordado de que tenía una foto de ellos dos entre las manos. De solo contemplar a mis hijos, sentí que el llanto se hacía insostenible. Y Edward había ido a por ellos con esta maldita lluvia, desesperado por dar con ellos… y yo lo necesitaba más que nada. Realmente lo necesitaba y lo extrañaba con una locura desbordante. Necesitaba sus brazos, su calor y su compañía. Por Dios, lo amaba y lo quería a mi lado.
—Estos son los pequeños. Desplieguen unidades y refuercen la búsqueda, especialmente cerca de los puentes, ríos y bosques —ordenó Emmett.
Los ríos… Los puentes…
¿Dónde estaban?
—Se llaman Agatha y Fred, tienen siete años —dije—. Ella es más pequeñita y se fue con su pijama turquesa. Mi hijo salió también con el suyo, uno lila. Sus mochilas son iguales… —Fruncí el ceño; la voz no me salía—. Solo encuéntrenlos a salvo, ya es medianoche y está lloviendo…
Todos se quedaron en silencio y comenzaron a actuar, mientras mamá me abrazaba desde la cintura para calmarme.
—¿Qué pasa si no los encuentro? —le pregunté.
—Lo harás —gimió ella.
—¿Y si están heridos? Mamá…
—Tranquila —insistió, besándome la frente—. Quizá Edward dé con ellos, él conoce muy bien la ciudad, recuerda que es un bombero experimentado.
Edward…
—Lo extraño —musité entre sollozos—. Lo extraño mucho. Y no me contesta. ¿Dónde está? ¡No debió irse así a buscarlos!
—Debe estar manejando, cariño, no te desesperes.
Sentía que me dolía más y más el pecho, por lo que tuve que sentarme en una de las sillas para calmar la desazón. Algo me oprimía de mil maneras y no encontraba razón suficiente, aun cuando mis hijos estaban perdidos. Algo pasaba…
En ese instante mi móvil vibró, por lo que lo saqué con rapidez, esperando que fuera Edward con noticias. Sin embargo, vi que se trataba de un número que no tenía guardado en la agenda.
—¿Hola? —saludé con un hilo de voz.
—Hola, ¿hablo con la esposa de Edward Cullen?
Tragué.
—Sí —respondí, sintiendo cómo me desgarraba ante la sensación de que algo malo había sucedido.
—Soy Cynthia Stacy, enfermera de la unidad de urgencias del hospital de Chicago. Su esposo ha tenido un accidente en motocicleta…
No seguí escuchando, simplemente me quedé de piedra, totalmente inútil en mi lugar.
Un accidente…
Perdí las fuerzas de mis brazos y poco a poco el calor de mi propio cuerpo. Estaba destruida.
Buenas tardes, les traigo un nuevo capítulo de esta historia. Como verán Edward y Bella buscan sincerarse, dejar el pasado y continuar con la vida que tanto desean vivir. Su amor es intenso, apasionado y vivo, necesitan vivirse y hacerlo también con sus hijos que, sin duda, han sufrido más que ninguno. Este capítulo es el culmen, un punto álgido y duro que abrirá unas aristas nuevas a la manera de pensar, de vivir, de sentir y de luchar de cada uno de ellos. ¿Qué sucederá a futuro con ellos? ¿Qué ocurrirá desde ahora en adelante? ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas
Y con respeto, por favor, las opiniones destructivas, llenas de odio y buscando sentirme mal por el trabajo que hago, obviamente no son bienvenidas. Si no te gusta, ignora y dejas de leer
Gracias Karla Ragnard
Agradezco los comentarios de JIJIC, Claribel Cabrera, Esal, Rose Hernandez, MariaL8, mariannareynnoso, AndreaSL, ManitoIzquierdaxd, Gibel, lolitanabo, Maryluna, Aidee Bells, Mar91, PielKnela, miop, Gan, Alexa Nash, agnes redhead, Veronica, NoeLiia, Flor Santana, camilitha cullen, Leah De Call, beakis, almacullenmasen, Vanina Iliana, Robaddict18, Naara Selene, cary, viridianahernandez1656, kaja0507, lunadragneel15, carlita16, Mayraargo25, Ana karina, ConiLizzy, valem00, Adrianacarrera, jupy, MARDELY, bbluelilas, CazaDragones, Smedina, MakarenaL, Iza, Dominic Muoz Leiva, Adriu, somas, catableu, Valentina Paez, Desi 81, Cris, Coni, Fallen Dark Angel 07, joabruno, Elizabeth Marie Cullen, Karensiux, esme575, Pameva, Pancardo, Twilightsecretlove, ari kimi, ELIZABETH, krisr0405, Brenda Cullenn, Tata XOXO, Kamile Pattz-Cullen, GabySS501, Roxy Morales, Vanina iliana, Ceci Machin, sool21, Damaris14, patymdn, Lys92, Maris Portena, llucena928, Tereyasha Mooz, debynoe12, zeron97, jackierys, JMMA, kathlenayala, Jocelyn, Fernanda javiera, Vero Morales, NarMaVeg, magic love ice 123, Rose Hernandez, Santa, indii93, saraipineda44, Lore562, BreezeCullenSwan, Noriitha, morales13roxy, KRISS95, jenni317, Brenda naser, Gladys Nilda, Markeniris, caritofornasier, Yoliki, Diana, Angel twilighter, Chiqui Covet, viridianaconticruz , ale173, Coni, Melany, Rero96, dana masen cullen, maribel hernandez cullen, twilightter, luisita, stella mino, Ana, Liz Vidal, sollpz1305, dan-lp, Ivette marmolejo, calia19, barbya95, Eli mMsen, DanitLuna, rjnavajas, AnabellaCS, Elmi, LoreVab, rosycanul10, NaNYs SANZ, Bell Cullen Hall, sheep0294, Salve-el-atun, Mss Brightside, LarissaRG, CCar, Valevalverde57, ELLIana11, valentinadelafuente, cavendano13, Belli swan dwyer, SeguidoradeChile, freedom2604, alyssag19, Liliana Macias, morenita88, Lu40, BellsCullen8, Pam Malfoy Black y Guest, espero volver a leerlas nuevamente, cada gracias que ustedes me dejan es invaluable para mí, no tienen idea del impacto que generan sus palabras con cariño y respeto, de verdad muchas gracias
Recuerden que quienes dejen su review recibirán un adelanto exclusivo del próximo capítulo vía mensaje privado, y si no tienen cuenta, solo deben dejar su correo, palabra por palabra separada, de lo contrario no se verá
Pueden unirse a mi grupo de facebook que se llama "Baisers Ardents - Escritora", en donde encontrarán a los personajes, sus atuendos, lugares, encuestas, entre otros, solo deben responder las preguntas y podrán ingresar
Cariños para todas
Baisers!
