Capítulo 41


El miércoles, de una forma u otra, acabó por estar mucho más tranquilo de lo que el lunes había pronosticado. Por eso, cuando Eren le escribió a las 18hs en punto proponiéndole repetir su jornada de trabajo en equipo, aceptó. Era indudable que la presencia del muchacho tenía efectos positivos en él y tenía que aprovecharlo.

En el camino, compró facturas (iban a salir los dos rodando de tanto merendar juntos, pero bueno) y una vez en casa, se enfocó en limpiar y ducharse. En cambio, esta vez no se preocupó tanto por la ropa: después de todo, no era una cita, ¿no? Eren debía de haber pensado lo mismo porque, debido al calor, apareció con una bermuda de jean y una musculosa rosada amplia que dejaba ver gran parte de su torso. Era lo más informal que lo hubiera visto Levi, pero a la vez no dejaba de resultarle inexplicablemente atractivo. Cuando se saludaron, sus manos lo recorrieron tal vez un poquito demás y tuvo que hacer acopio de todo su autocontrol para tomar distancia. Eren le sonrió pero no exigió continuar: ya sabía que las condiciones para mantener la regularidad de sus encuentros era apoyar a Levi con sus horas extra. Se repartieron los asientos de la casa, cada uno lo suficientemente cerca de las facturas, y empezaron a trabajar.

Hacia las 8, Levi notó que ya le dolía el cuello de tanto estar en la misma posición frente a la computadora. Lo dobló a los lados y se escuchó un sonoro crack.

—Creo que alguien necesita estirar un poco antes de seguir, ¿no? —murmuró Eren.

—¿Ah?

—¿No hacés descansos activos? De cuando en cuando, es bueno levantarse, estirar los brazos y las piernas, hacer algún ejercicio tranqui… y después seguir trabajando. Mi jefe me hace tomarme descansos activos de cinco minutos cada 25 de laburo, pero veo que vos sos más de trabajar de corrido…

—No soy de distraerme.

—No es distraerse… es cuidarse. Sino en algún momento vas a quedar duro del estrés —Como Levi no parecía interesado, Eren cambio su táctica—. Con descansos activos, rendís más. Los momentos de concentración los aprovechás mejor si tenés la mente despejada.

—Yo hago ejercicios, los jueves y los sábados voy al gimnasio.

—No me refiero a eso… si el cuerpo está mucho en una misma posición, le hace mal, circula menos la sangre, es así. No importa que al día siguiente te mates en el gimnasio.

—Bueno, bueno… a ver, hagamos algún ejercicio ahora. ¿Cuáles hacés normalmente?

Eren se puso de pie y empezó a mover los brazos en distintas posiciones.

—Mirá, primero podés mover los brazos así… después, los estirás así… girás las articulaciones… y mi favorito es este —explicó, mientras levantaba los brazos rectos y enganchaba los dedos sobre su cabeza.

La pelusa castaña de sus axilas quedó expuesta a la mirada de Levi, que de pronto se encontró no pudiendo apartar los ojos de ella. ¿Qué le pasaba? ¿Podía haber algo más asqueroso que un lugar hecho especialmente para transpirar? Pero había algo allí. Algo tentador. Se preguntó cómo se sentiría. ¿Sería agradable al tacto? ¿Y si... y si metía la nariz en medio de los pelos?

—Levi, ¿estás bien? ¿Qué estás mirando? Deberías hacer el ejercicio conmigo.

Recién entonces Levi comprendió que Eren estaba forzando la posición de sus brazos para permitirle seguir observando.

—Claro que estoy bien, no me pasa nada. Es un ejercicio absurdo, no lo voy a hacer.

—No me cambies de tema. Levi... ¿estabas mirando mi axila?

—No, por supuesto que no.

—Ah, te joden mis pelos, ¿no? Pensé en afeitármelos pero una vez conocí a un tipo que lo hacía y esa misma noche ya tenía pinchos negros, duros y feos. Prefiero mis pelos largos y suavecitos, ¿no estás te acuerdo? ¿Te disgustan?

—Al contrario, me gustan mucho.

Levi no sabía lo que decía. Ni siquiera prestó atención a la mención de aquel "tipo" anónimo. Tendría que desarrollar alguna clase de sexto sentido cuando estaba con Eren porque era evidente que los que tenía no le alcanzaban para discernir las respuestas correctas.

—¿¡En serio!? ¡Nunca creí que dirías eso! ¿Querés tocarlos? Puedo aguantar las cosquillas.

—No seas ridículo, ¿por qué querría tocarlos?

—Ay, dale... es evidente que querés tocarlos.

—Eso no es cierto.

Sin previo aviso, Eren se acercó y, como en un gesto casual, estampó su axila en la cara de Levi. Este tosió un poco, pero no se movió.

—Esto es extraño, soltame.

—Levi... sos vos el que me está rodeando con las manos. ¿No huelo muy mal?

—En realidad, no —masculló contra su piel.

Eren tuvo que contener una risita.

—Se siente agradable, podría quedarme un rato así.

—Yo también.

—¿Sabes, Levi? Sos la persona más dulce que conozco.

—Eso tampoco es cierto.

Esta vez la risa de Eren no tuvo que ver con las cosquillas.

—Ojalá no lo fuera, me encantaría conocer otras personas así de dulces. Un mundo de Levis dulces.

—Qué espanto. La especie se extinguiría.

—¿Y a mí eso qué me importa? Podría tener tres o cuatro Levis para mí, sería la gloria.

—Mocoso, estoy en una buena posición para morderte un punto sensible.

—¿Estás celoso de vos mismo?

—Cualquier cosa que se mueva cerca tuyo puede ser molesta. Aunque sea yo mismo.

—Jaja sos un aparato. Vamos a tener que trabajar esos celos.

—Alcanza con que no veas a otros Levis.

—¡Tené cuidado con lo que pedís!

Con los brazos ya doloridos de tanto sostener esa posición forzada, Eren tuvo que bajarlos. Pero para no alejar a Levi, lo rodeó y este acomodó la cabeza entre su pecho y su cuello.

—Tal vez tenías razón.

—¿En qué?

—Este ejercicio es bueno para mi cuerpo.

—Jaja, en eso podemos estar de acuerdo.

—En lo que no estoy de acuerdo es en que esto mejore mi concentración. ¿Cómo carajo voy a hacer para volver a trabajar después de esto? Ya no te quiero soltar.

Eren se encorvó un poco para verlo a la cara, sorprendido por esa declaración espontánea.

—¿Viste que sí sos dulce?

—¿Qué…? No me digas que dije en voz alta eso de no soltarte. Creí que solo lo había pensado.

—Ahora quisiera saber qué otras cosas quedan en esa cabeza tuya…

—Creéme, es mejor no saber tanto.

Entonces, haciendo acopio de fuerzas, Levi le dio un pico y se apartó.

—Bueno, ya… trabajemos al menos una hora más y luego cenamos. Ya dejé una pizza encargada acá a la vuelta.

—¿En serio? O sea que planeabas retenerme hasta la cena, qué honor.

—Más bien sabía que no habría forma de echarte antes, me resigno ante los hechos.

Consiguieron, en efecto, resolver otro par de tareas, y para cuando llegó la pizza ya tenían la mesa puesta y una limonada preparada.

—¡Genial! Se me antojaba mucho una pizza.

—A mí también, la verdad.

—Che, Levi, ¿puedo hacerte una pregunta?

—Mmm… cuando empezás así, quiere decir que querés meterte con algún tema difícil.

—Bueno, pero ya sabés que si no te gusta mi pregunta, no insisto.

—Te concedo esa virtud. Dale, a ver… ¿qué querés preguntar? —accedió Levi, mientras masticaba el primer bocado.

—Ayer, si no entendí mal, me contaste que conociste a tu prima cuando ella tenía cuatro años, ¿no?

—Así es. Mi prima Mikasa.

—Ya… ¿por qué no la viste antes? O sea, ¿por qué recién a los cuatro años? ¿Tus tíos vivían en el extranjero o algo así?

—Casi. Vivían en Burzaco, pero nosotros vivíamos en Ituzaingó así que tampoco estábamos cerca de nadie.

—Oh, vamos… me refería a si vivían en otro país. No sé dónde quedan esos lugares pero estoy seguro de que no es tanta distancia como para no visitarse cuando nace un bebé. ¿O es que tenías tantos primos que ni los registrabas?

—Nop. Mikasa es la única, que yo sepa.

—Bueno… ¿entonces? ¿No hay una historia ahí para que me cuentes?

Levi resopló. No tenía muchas ganas de hablar de eso pero, por otro lado, comprendía que su relación con Eren ya alcanzaba el grado de seriedad necesario como para ameritar un poco de background personal. Sorbió un trago de limonada para darse ánimo.

—Sí hay una historia, una un poco larga. ¿Estás preparado?

—Siempre.

—Resulta que… mi madre es una amante de los idiomas, ¿ok? Y cuanto más lejanos y desconocidos para ella, más los quería aprender. Así que, para los 19 años, ya sabía algo de japonés y de ruso.

—Ehm… ok… ¿eso qué tiene que ver con tu prima?

—Te dije que era larga la historia. ¿Vas a escucharla entera o no?

—Sí, sí… perdón.

—Entonces… cuando empezó a buscar trabajo, le emocionaba mucho la idea de encontrar algo en lo que los idiomas le sirvieran. Y terminó presentándose en una tintorería japonesa que buscaba ayudantes. En realidad, solo contrataban personas de su propia comunidad, pero quedaron impresionados de lo mucho que mi madre se había esforzado en aprender el idioma, en aquella época, cuando no existía internet ni nada. Y como es muy amable y trabajadora, al final la contrataron.

—Ajá…

—No seas impaciente. La cosa es que estos tintoreros tenían dos hijos, una chica de 20, Kiyomi, y un chico de 17, Satoshi. Y mi madre, así atolondrada como era, se metió en un lío con el hijo menor.

—O sea… ese… ¿ese es tu papá?

—Ese es el hombre que nos abandonó, sí.

—Era… era un nene.

—Sí, bueno, en esa época no era tan raro tener hijos a esa edad. La cosa es que a los viejos no les gustó ni medio que su hijo anduviera con una gaijin, una extranjera. Bah, una argentina, ellos se creían japoneses todavía, aunque vivían acá hacía no sé cuánto tiempo. Obviamente, echaron a mi mamá del trabajo. Aparte, le dijeron que le pasarían dinero siempre y cuando a mí me metiera en una escuela japonesa y me criara siguiendo todas sus costumbres. Mi mamá se negó, les dijo que era suyo y que me criaría como se le cantara el orto. Bueno, tal vez usó otra expresión. Así que además de echarla, no le hablaron más ni le pasaron un peso.

—Guau… eso suena muy cruel.

—Y hay más. Kiyomi se había encariñado de mi madre y quería seguir viéndola, pero no se lo permitieron. Apenas se casó, al año siguiente, empezó a pasarle dinero a escondidas a mamá. Yo de esto me enteré mucho después, claro. Pero no se animaba a visitarnos, creía que la vieja la descubriría y la expulsaría de la familia. Lo bueno es que, cuando yo estaba por cumplir 15, la señora loca esa se murió. Y tras respetar el luto, Kiyomi vino corriendo a nuestra casa. Siempre había querido conocerme. Para ese entonces, Mikasa ya tenía 4 años. Y así nos encontramos. De un día para otro, mi familia se había ampliado. No estuvo mal. Me hacía un poco de falta… hablar con alguien.

—Ya veo… es decir que pudiste construir rápidamente una buena relación con tu tía.

—No, me refería a Mikasa. Hablaba mucho con Mikasa. Ella no entendía nada pero eso estaba bien, supongo. Desde que había muerto mi abuela, un año antes, yo me pasaba el día solo en casa, mientras mi madre trabajaba. Mika era el primer ser humano con el que podía conversar por horas, aunque ella solo balbuceara estupideces.

—Es… es una historia impactante, Levi.

Levi se encogió de hombros.

—Solo es una historia, como otras. Vos también tuviste una infancia solitaria, ¿o no? En más de una ocasión te escuché quejándote de tus viejos… como si no te quisieran o algo. Y ni saben que sos gay, evidentemente hay un problema de confianza ahí.

El tenedor de Eren se dedicó a hacer girar una aceituna.

—Tu historia me gana con creces, soy un tarado por quejarme.

—Cada persona es un mundo, que mi vida sea en gran medida una mierda no te inhabilita a haberla pasado para el orto también, a tu manera.

Eren hizo una sonrisa de lado.

—Bueno… viste que mi viejo es médico. Uno muy… devoto, digámosle, de su trabajo. No hay semana que no tenga un congreso en la loma del ojete. Y si a las tres de la mañana alguno de sus pacientes tiene una urgencia, él va. Casi cualquier persona, con cualquier problema, puede ser más importante que yo para él. Me acuerdo que cuanto cumplí los ocho años le hice una escena porque no me había enseñado a andar en bici. O sea, me lo prometió mil veces, "este fin de semana…", pero después ese fin de semana se iba a no sé dónde y ni se acordaba de lo que me había dicho. Así que a los ocho le grité, pataleé, hice un escándalo. Dos días después, lo descubrí intentado pagarle a un vecino para que me enseñara, ¿¡entendés!? Era incapaz de dedicarme 20 minutos seguidos, lo sigue siendo. Mamá sí es un amor pero como es su secretaria se la lleva a todas partes y a mí me dejaban con alguna niñera o solo, cuando ya fui mayor. Soy hijo único, la mayoría de mis primos viven en Alemania, de donde era mi abuelo, y ya viste que no soy muy bueno haciendo amigos, me dicen que soy muy… intenso, no sé. Siempre me duraron poco los amigos. Así que, bue, no me pasó nada especialmente malo, no me abandonaron, nadie le prohibió a un familiar que me visitara, nada en absoluto, pero igual mis viejos se las arreglaron para ignorarme olímpicamente durante la mayor parte de mi vida. Vivo con ellos porque es lo mismo que vivir solo, ni para las comidas nos vemos. Navidad es el único momento así muy familiar, e igual recuerdo varias en las que papá no estuvo.

—Ya veo… los padres son unos idiotas. Las madres no. Pero los padres sí.

—Ja… supongo que sí.

Con esfuerzo, Levi extendió el brazo a lo largo de la mesa. Eren entendió el gesto y entregó su mano, dejándose acariciar.

—Hay algo que quiero decir sobre eso.

—¿Sobre lo geniales que son las madres?

—No… —apretó un poco sus dedos—. Sobre tu soledad.

Eren se removió en el lugar, con incomodidad. Sin embargo, en su rostro había una sonrisa.

—Qué decís, tampoco es para que me des una charla.

La presión en su palma aumentó.

—Mirá… el lunes, cuando fuiste a la marcha esa… la llamaste a Hange. Ni siquiera a tu amiguito, el rubio ese, pudiste llamar. Te juntaste con una amiga mía que apenas conocés.

—Me cayó bien, ¿cuál hay? ¿Eso también te pone celoso?

—¡No! Lo que quiero decir es… que eso me hizo darme cuenta. Vos sos tan bueno conmigo porque estás muy solo. Y yo ni siquiera te doy la confianza suficiente como para que me llamaras a mí.

—Qué decís… sí te tengo confianza… el jueves sí te avisé que iba a la marcha, ¿no?

—A lo que me refiero es… mirá, vos sos una persona valiosa. No sé qué te hacen sentir tus viejos o qué marcas te dejaron todos esos ex de mierda de los que siempre hablás, pero yo te quiero mucho y no quiero a cualquier persona. Y me parece que tenés que apreciarte un poco más. Incluso… yo…

Se detuvo cuando reconoció la expectativa en el rostro del muchacho. Sonrojado, se pasó la mano libre por la cara. Las frases que se formaban en su cerebro le parecían un peligro, era exponerse demasiado… ¿lo diría o no lo diría?

—Vos… ¿Vos qué? —lo animó Eren, sonrojado también.

—Yo… yo no soy lo mejor… lo mejor que podrías tener. No te olvides de eso. No te conformes.

El chico echó el rostro para atrás, anonadado. No era esa la declaración que esperaba, evidentemente. Levi se asustó con la reacción pero no pudo seguir desarrollando su punto. Eren gesticuló un poco antes de poder responder.

—¿Qué te pasa, Levi? ¿Esta es una forma elegante de dejarme o qué? Creía que la estábamos pasando bien, que hoy habíamos avanzado…

—¡No, no! —reaccionó Levi, dando un salto, al comprender la interpretación que le estaba dando—. ¡Acabo de decir que te quiero! Te quiero como… como nunca quise a nadie.

—¿Entonces…?

Ya de pie, Levi rodeó la mesa y abrazó a Eren contra su cuerpo. Le acarició el cabello y se encorvó para besarle la cabeza.

—Es mi forma de explicarte… eso, que sos valioso, eso que dije. No me gusta que pienses que no importás.

—No tenés que tirarte abajo vos para levantarme a mí.

—No… eso lo hice de yapa, ja.

—Qué tonto… creo que… creo que los dos estábamos un poco solos, antes de conocernos, ¿no?

—Puede ser.

—Pero, mirá… ya no es la misma situación. Ahora nos tenemos el uno al otro. Y… si tenemos heridas… bueno, las vamos a ir sanando juntos. Y en algún momento aprenderemos a hacer más amigos, como la gente normal —tras decir eso, Eren largó una risa límpida y tranquila. El clima se había alivianado un poco.

—Tampoco tanto, con una Hange y un mocoso atrevido tengo suficiente sociabilidad en mi vida.

—Ya me veía venir algo como eso… yo en cambio podría tener mi legión de Levis, como ya dije.

—Maldito insaciable.

Entre risas, se inclinaron uno hacia el otro hasta besarse en los labios. Hablar era difícil, pero no se les daba horrible. Para nada, en verdad. Levi se armó de valor.

—Che… ¿querés quedarte a dormir? No es necesario que te levantes conmigo, te podés ir cuando quieras, te dejo sin llave.

—¡¿En serio?!

—¿Acaso mi cara me permite hacer chistes?

—Jaja, diría que no, la verdad…

Esta vez, ya que se quedaba, fue Eren el que enjuagó los platos y limpió todo el enchastre que habían hecho durante la tarde trabajando y merendando a la vez. Se lavó los dientes poniendo pasta en el dedo índice y luego la cara. Se acostaron abrazados, enroscados casi, por las dudas de que en algún momento pudieran despertar y descubrir que todo había sido un sueño. Una felicidad así se parece mucho a la desesperación. De pronto, en la oscuridad de la vida, puede abrirse un abismo de luz y se descubre que uno ya no está solo.


Notas de Autora: ¡Tadá! Al fin conocemos un poquito sobre el padre de Levi. De ahora en más, deberían ir develándose varias cosas… también conocimos más a Eren, ¿no? ¿Qué les pareció? Bueno… hasta aquí tenía escrito, pero hoy mismo me pongo a trabajar en el capítulo 42, así que no creo que haya retrasos. Seguro estaré por aquí en 15 días. Mientras tanto, quiero extenderles una invitación… el próximo sábado, 31 de octubre, a las 16hs (hora argentina) estaré leyendo los primeros capítulos de este fic en vivo por Facebook. Pueden avisarle a quien crean que le pueda interesar. También puedo responder preguntas u otras cosas por el estilo, pero sobre todo leeré. Ojalá participen, me hace mucha ilusión. Con esto, quiero festejar el reciente crecimiento de mi página, que pasó de los 1500 likes a casi 1800 en unos meses. Si llego a los 2000, largo el concurso de dibujo prometido. Ayúdenme a difundir mi página de Facebook así abro el concurso antes 3 Gracias por su apoyo y sus lindos comentarios, valen oro para mí. Les dejo un fuerte abrazo!