Las semanas pasaban con rapidez para Clarisse.
Ahora, Hogwarts ya no parecía una escuela, y todos los alumnos estaban más que nada preparándose para lo que podía pasar en cualquier momento.
Mortífagos en en el castillo nuevamente.
Todos estaban asustados, las clases casi ya no se impartían, los profesores se veían abrumados y temerosos mientras los alumnos parecían estar cada vez más enfocados en lo que pasaba fuera de Hogwarts.
Ellos habían seguido atacando, y muy pronto iban a llegar aquí, pero de que serviría ¿si Potter no está?
"¿Y si hablamos con los Carrow?"
"¿¡Estás loco Theodore!?" murmuró Zabini, con los ojos clavados en Snape que se encontraba vigilando cada rincón del Gran Comedor. "Alecto y Amycus nos lanzarían un Cruciatus si les fuera posible."
Ellos no habían recibido noticias de lo que pasaba en la Mansión Malfoy, que se había convertido en refugio de los leales seguidores. Clarisse envío una carta a su padre, no hace mucho, y esperaba con ansias la respuesta
"Pero son lo más cercano que tenemos a los Mortífagos, no nos quedan opciones." recalcó Nott, moviendo sus dedos sobre la mesa con nerviosismo.
Clarisse seguía mirando y mirando la pequeña ventana en la parte superior del comedor, hasta que sucedió.
Un número no mayor de lechuzas entró, volando de un lado a otro por el cielo del comedor, lanzado pequeños sobres. Clarisse logró alcanzar en el aire al que venía en su dirección y lo rasgó al primer segundo con sus uñas.
"Al fin..."suspiró Nott, inclinándose hacia ella para poder ver.
La chica rompió el sello, rasgó la parte superior del sobre y sacó el pequeño pergamino gastado entre sus manos. Lo abrió con apuro, casi rompiendolo de desesperación y leyó en voz alta.
Querida Clarisse:
Tu madre y yo nos encontramos realizando algunas misiones no muy significativas para nuestro Señor, te pido disculpas por no haber escrito antes, supongo que has de estar muy preocupada.
Las noticias corren y de seguro ya sabes todo lo que ha pasado fuera de Hogwarts. Pero lo que dicen no es ni la mitad de lo que hemos logrado. Aunque no tenemos señales de Potter creemos que estamos cerca de lograrlo. Nuestro Señor se ha debilitado pero estamos seguros que recuperará su poder y cuando tengamos a Potter entre nuestras manos cumplirá su pena.
En cuanto a ti, cariño, no quiero que te preocupes, y mucho menos que comiences a buscar maneras de entrar a esto porque sabes que tu madre y yo no lo permitiremos. Te conozco lo suficiente para saber que aún sigues intentando aprender encantamientos para la batalla, pero no lo permitiré Clarisse, no permitiré que vayas directo a tu muerte.
Por último, la navidad de acerca y, como estamos tan ocupados pasaremos las fiestas en la Mansión Malfoy. Habrá una reunión sumamente importante de la cual debemos ser parte por lo que es nuestra obligación estar presentes.
Espero que no olvides nada de lo que te he dicho en esta carta porque, cuando termines de leerla, se hará cenizas por el bien de nosotros.
Hija, sólo pido que te cuides y o hagas nada malo.
Te amamos.
Papá
Clarisse soltó la carta apenas vio un destello de llamas salir de ella, quemándose sobre su plato hasta hacerse polvo.
"Papá y mamá no van a estar orgullosos cuando sepan lo que hacemos..." se burló Zabini, corriendo el polvo con su mano.
"No molestes Blaise." murmuró ella, sacudiendo sus manos para quitar la ceniza. "Ya tengo los suficientes problemas. Primero el libro, ahora esto."
"Clarisse, ellos no se enterarán." la tranquilizó Nott, alargando su brazo para apoyar su mano por sobre la de ella. "Al menos no hasta ese día."
El chico rió y Clarisse solo le hizo una mueca. Estaba realmente preocupada. Estaban haciendo misiones, sí, y podía tener la idea de que tipo de cosas hacían, pero le preocupaba que algo pudiera pasarles. Han habido muchas muertes y no sólo de traicioneros, sangres sucias y muggles, si no también de propios seguidores.
Si ellos no fallecían en una misión, hasta el mismo Señor Tenebroso podía matarlos.
"Qué hacen tarados." apareció la voz de Marcus, quién Caminába en dirección a la mesa junto a Malfoy.
Clarisse se revolvió en su puesto, maldiciendo no haberse sentado al lado de Nott cuando Lestrange se puso junto a ella, pasando su manos por la pierna de la chica, formando pequeños círculos con sus dedos.
"A Clarisse le llegó una carta de sus padres." informó Zabini, sacando la última tostada de la mesa.
Marcus dio golpeteos sobre la pierna de la chica hasta mirarla. "¿A sí?"
Su voz era tan grave que su cuerpo tembló con una vibración que la recorrió de arriba a abajo. Lo miró y apenas logró asentir mientras notó que él tenía la vista fija en sus labios, mirándolos con deseo mientras se mordía los suyos.
Su barbilla tembló y se forzó a mirar hacia otro lugar, cosa que fue peor ya que cayó en vista de Malfoy, quién también estaba fulminando su rostro con aquellos ojos grises. Su mirada se intensificó cuando él chico notó lo que pasaba bajo la mesa, y su lengua rodeo el interior de su mejilla, mirándola de una manera tan singular, que ella no pudo notar las emociones en su rostro.
"¿Qué decía la carta?"
Marcus finalmente subió su mano hacia la mesa para poder servirse un trozo de tarta.
Ella se aclaró la garganta. "Aún nada con Potter." susurró. "Pero creen poder estar cerca."
Malfoy suspiró abrumado, mirando con disgusto a su alrededor. "Cerca, siempre lo mismo, nos dicen que están cerca y aún no encuentran ni una puta pisada del maldito Potter."
"También me dijeron lo de la reunión, " añadió, ignorando los comentarios del rubio. "para navidad."
Marcus la miró con una sonrisa en el rostro, sus ojos brillaban y un pequeño rizo asomo por su frente. "¿Irás?"
"Claro, debo hacerlo." respondió ella, tomando su vaso para beber. "No puedo quedarme sola en casa."
Y era así. El peligro en la mansión era inminente pero, quedarse en casa sola, podía ser aún peor, y al menos estar en aquel lugar sería estar con sus padres.
Ella dio un sorbo a su vaso mientras Marcus hablaba. "Entonces procuraré hacerte pasar la mejor noche de tu vida."
Abrió los ojos y alejo el vaso de sus labios, tapándose la boca para poder toser luego de ahogarse con sus palabras. Lestrange sacudió la cabeza, sonríendo con ironía por sus palabras.
•~᯽~•
La biblioteca estaba completamente vacía. Mandame Pince había salido hace algunos minutos y aún no había rastros de ella a pesar de que tan solo faltaban veinte minutos para el toque de queda.
Clarisse se encontraba sumida en sus libros, terminando de escribir uno de sus pergaminos para Transformaciones mientras, a la vez, seguía leyendo sobre Artes Oscuras. Hacer las dos cosas le daba un dolor de cabeza, pero estaba tan desesperada por avanzar, que era capaz de hacer las dos.
Unos pasos desde la entrada le indicaron que Madame Pince había vuelto, pero no le importó, sabía que ella cerraba exactamente a la hora del toque.
Siguió buscando, releyendo, marcando la información para su tarea cuando una sombra tapó la luz del candelabro en el techo, haciéndola perder la visión de su escritura.
Levantó la cabeza esperando encontrar a la mujer alta y delgada que era Pince, pero para su sorpresa sólo vio los gélidos ojos de Draco, mirándola sin expresión.
Se quedaron así por lo que fueron segundos, hasta que ella volvió a bajar su cabeza, apretando la pluma entre sus dedos con fuerza. "¿Podrías correrte Malfoy?"
"Yo quiero que tú seas la que se corra, White."
Ella no quería ser así. No quería mal pensar sus palabras al igual que lo había hecho con Theo. Lo único que hacía era humillarse a sí misma.
"Malfoy," suspiró, soltando la pluma y pasando las manos por su frente. "Te lo pido, por favor, vete."
Él se negó, caminando hasta la silla que se encontraba a su lado. "Nott me pidió que viniera a hacerte compañía."
Ella lo miró con una sonrisa sarcástica en el rostro. "¿Y tú esperas que yo crea que le hiciste caso a Theodore?"
"¿Puedes sólo callarte y seguir haciendo lo que sea que estás haciendo?" bufó él, apoyando sus codos sobre la mesa.
Clarisse no respondió y volvió a tomar la pluma, deslizandola suavemente por el pergamino, trazando finas letras con la tinta color negro. Se mentalizo no pensar que Draco estaba a su lado, pero era imposible ignorar que uno de los chicos que peor se lleva con ella, este ahora haciéndole compañía.
Pasaron algunos minutos en los que ella estaba profundamente concentrada en su tarea. Las ideas llegaban volando y se le hacía imposible no escribirlas lo más rápido posible antes que se esfumaran.
Cuando tan solo le faltaba un último párrafo, el libro que necesitaba en ese momento estaba al otro lado de la mesa, pasando por frente de Malfoy.
Pensó en pedírselo amablemente, pero sabía que con su actitud sólo se burlaria, así que optó por la segunda opción. Hacerlo ella misma.
"¿Podrías hacerte a un lado?" preguntó, mientras se inclinaba por su frente, estirando el brazo para alcanzar el libro.
"No."
Ella lo miró fastidiada, volvió a su puesto y se puso de pie, arregló su falda y volvió a estirarse, está vez sus dedos quedando más cerca de la tapa dura del ejemplar.
De reojo vio como Malfoy se tenso y ella no había notado que su torso estaba casi sobre él. Así que de un movimiento volvió a sentarse. Arregló su cabello por acto de impulso y respiró.
"Malfoy, podrías darme el libro por favor." pidió con una voz tranquila.
El rostro de Draco volvió a formar la sonrisa típica de burla y se inclinó más sobre la mesa. "Vamos sigue, me estaba gustando eso."
Clarisse suspiró fastidiada y se paró, prefería dar la vuelta completa alrededor de la larga mesa a tener que volver a pasar sobre él. Pero cuando lo hizo la cintura de su falda fue atrapada por los dedos de Draco, quién tiró de ella hasta dejarla sentada nuevamente. Ella lo miró, confusa, mientras él volvía a su misma posición.
"¿Quieres tu libro?" preguntó él, estirando su brazo para tomarlo.
Ella rodoo los ojos cruzando los brazos sobre su pecho. "Ya basta Malfoy."
Ella esperaba que por alguna vez fuera amable y se lo entregara, pero en cambio, sólo tomó el ejemplar para ponerlo más lejos aún. "Bien, ¿quieres tu libro?, ve por tu libro."
Clarisse arrugó la nariz, enfadada. Él no tenía nada que estar haciendo aquí y lo único que quería era molestarla, burlarse y jugar con ella. La chica se quedó inmóvil en su lugar, mirando la lejanía del libro y Draco comenzó a golpear sus dedos de uno en uno sobre la mesa de madera.
"¿No lo quieres?" preguntó con voz ronca y calmada. Sus labios en una curva y los anillos de sus dedo brillando bajo la tenue luz de la biblioteca.
Ella seguía ahí, esperando que él se aburriría y decidiera dejarla en paz, pero con Malfoy las cosas serían difíciles.
"¿No vas a tomar el maldito libro?" espetó, ahora, apretando su mandíbula. Ella no contestó. "Maldición te voy -"
"¡Cállate!" gritó ella, abalanzandose sobre él para tomar el libro lo más rápido que pudo. Agradecía que Madame Pince aún no hubiera llegado, si no lo dos estarían en serios problemas.
Cuando logró tomar el libro, se devolvió a su asiento, pero una de las fuertes manos de Draco se apretó contra su cintura mientras la otra aterrizaba en su garganta, dejándola casi puesta sobre su regazo.
Frenó en seco y miró al rubio. Sus ojos plata habían cambiado su tono a uno gris oscuro mientras enterraban sus dedos en la garganta de la chica.
"No - vuelvas - a - gritarme." sus palabras fueron duras y consisas, tanto, que el cuerpo de Clarisse se tambaleó por segundos.
Ella frunció el ceño, preparándose para más palabras de fuego. "Gritaré todo lo que se me de la gana, Malfoy."
"Ah - si." tiro de su garganta y su cintura hacia abajo, dejándola a la altura de su rostro, lo suficientemente cerca para sentir su respiración, pero lo bastante lejos para no tocarla. "Eso lo veremos ahora mismo."
Clarisse podía sentir su corazón chocar en su pecho cuando las manos de Malfoy tomaron sus caderas, elevandola hasta el borde de la mesa. Su cuerpo vribrando al toque. Iba a quejarse, gritarle y decirle que no volviera a tocarla, pero las palabras se esfumaron cuando lo vio acercarse al bolso de ella, abriéndolo y escarbando entre sus cosas.
"Qué estás - ¿qué estás haciendo?" preguntó Clarisse, pero él no respondió, seguía sacando sus libros y demás. "Oye no revises mis -"
Sacó la mano del bolso con una sonrisa, mientras alzaba la paleta frente a sus ojos, y de reojo, mirando a Clarisse con maldad.
Hizo un gesto sin entender lo que tramaba. Él se acercó, sacando el envoltorio del dulce mientras se ponía de pie entre sus piernas. "Vas a comer esta jodida paleta mientras te follo en esta mesa ¿escuchaste?"
"No dejaré que -"
Sus palabras fueron echas polvo cuando tomó su boca para poner la paleta dentro. Ella lo miró, y con sólo eso Malfoy soltó un gruñido desde el fondo de su garganta, bajando las manos hasta la ebilla de su cinturón.
"Malfoy," dijo Clarisse, quitando la paleta de su boca. "No deberías -"
"¿No?" preguntó, bajando el cierre mientras amasaba el bulto de su bóxer. "¿Por qué no debería?"
"Marcus..." respondió ella, sabiendo que no era verdad. Marcus no le preocupaba para nada pero podía ser una manera de mantener a Draco alejado.
Pero su respuesta no surtió efecto, haciendo aún más fuerte los gestos del chico. "Me importa una mierda Marcus en este momento."
"A mí si me -"
De un golpe pegó sus caderas a las de ella, pasando las manos por sus muslos para correrla hacia el borde de la mesa. Clarisse apoyó sus manos con rapidez sobre la madera para evitar caer. Malfoy mordió su labio mientras le quitaba la paleta para volver a colocarsela en la boca. "No dirás ni una sola palabra sobre esto."
"Mmh -" su cuerpo tembló cuando otro golpe hizo chocar sus cuerpos y subió sus manos a los hombros de Malfoy, enterrando las uñas en la tela de su traje.
"Muévete." ordenó. Pero Clarisse no entendía a lo que se refería y el pudo notarlo. "Mueve las caderas, ahora."
Sus manos temblaban sobre sus hombros mientras él bajaba las suyas a la cintura de la chica, sosteniendola firmemente.
La sensación de su miembro, duro y palpitante, contra la tela de sus bragas era imposible de pasar por alto, y cada vez sentía que necesitaba más.
El placer estaba vivo y notó como Draco disfrutaba de sus jadeos, intensificando la fricción entre ellos. Las caderas de Clarisse comenzaron a moverse en círculo contra él. La presión en su pecho era nada comparada contra la punzada entre sus piernas. Él bajó una de sus manos al muslo desnudo de ella, levantando su pierna a un lado de su cadera para encajar aún más en ella.
Sus gemidos eran frenados por el caramelo en su boca, por el cual no se atrevía a separar los labios y Clarisse se preguntaba como podía ser que sólo el roce de los dos pudiera provocarle tantas cosas. Estaba al borde del colapso cuando él subió una de sus manos, sacando el dulce de su boca para ponerlo en la de él ahora.
Clarisse emitió un gemido brusco. Aquella acción podría haberle causado un orgasmo si no tuviera las suficiente fuerza para aguantar.
"Draco - para -" pidió ella, echando su cabeza hacia atrás para correr el cabello de su rostro. "Nos van a - a oír."
"Que oigan," respondió él, ahora, dando un golpe que hizo que la mesa sonará al moverse en el suelo de cerámica. "que se queden a ver si desean."
Ella suspiró, cuando unos tacones se escucharon a unas cuantas estanterías de distancia, y la voz de Madame Pince resonó en el lugar.
"Clarisse, ya pasó el toque de queda debes irte ahora."
La chica abrió los ojos como plato y empujó a Malfoy de su frente, bajandose de la mesa con rapidez. Arregló su falda y las mangas de su camisa a una velocidad impresionante mientras tomaba sus libros para ponerlos nuevamente en el bolso.
En total contradicción a ella, Draco estaba tranquilo. Subió el cierre de su pantalón, intentando arreglar la erección que yacía bajo la oscura tela del traje.
"¿¡Clarisse estás aquí!?" volvió a cuestionar la bibliotecaria, dando pasos en distintas direcciones.
Clarisse tomó sus cosas y miró a Malfoy, esperando que algo saliera de su boca. Pero él quedó con la misma expresión que ella.
"Se supone que estoy sola aquí." susurró ella, asomándose por el corredor.
"¿Y eso qué?" preguntó, en el mismo tono. "Ven vamos."
Tomó de su brazo y jaló de ella por el pasillo, casi arrastrando sus pies sobre el suelo hasta llegar a donde la voz de Madame Pince se había originado
"Señor Malfoy." dijo ella, como si su presencia le causara molestia.
"Madame Pince." respondió él con el mismo tono.
La mujer lo miró de pies a cabeza. "¿Podría saber que hace aquí a estas horas, con toque de queda?"
Clarisse lo miró, apretando los labios. Él hizo un gesto hacia la chica, dándole la razón. "Estaba ayudando a Clarisse a hacer su tarea, pero, ya nos íbamos."
«Clarisse»
Su nombre por primera vez salía de su boca.
"Bien," espetó la mujer, palmeando la espalda de los dos para empujarlo fuera de la biblioteca. "Vayan a su sala común ahora mismo."
La puerta se cerró de golpe, dejándolos solos en el oscuro y frío pasillo. Clarisse se soltó de Malfoy, que al parecer no había notado que seguía tirando de su brazo.
Lo miró por última vez, sin poder creer lo que había pasado. Alzó su cabeza y dio media vuelta, dando pasos rápidos por el corredor.
"Sabes, odio las paletas de caramelo," le habló, haciéndola frenar en seco. Giro su rostro, quedando de perfil a Draco para ver de reojo su expresión. "Pero ahora -" siguió diciendo él. "creo que es mi dulce favorito."
Una sonrisa salió de los labios de Clarisse y se abofeteo internamente, haciendo notar lo estúpida que se veía por estar feliz de lo que había pasado.
