Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi. La trama me pertenece en entereza, aunque a ustedes no les parezca.


Capítulo 35.


Todo había pasado tan rápido. Ella acababa de llegar de la oficina, resolviendo algunas cosas que habían quedado pendientes, antes de que el personal desaloje parte de la planta, para su remodelación.

Miroku había salido primero que ella, pero después de InuYasha. Le dijo algo de que se verían en el departamento de Kikyō; para conversar de la boda, supuso.

El evento se les venía encima.

Cuando llegó a su casa, justo en el momento en que estaba por darse una ducha, su celular timbró. Era su madre, que, desconsolada lloraba por el estado de salud de su hermano. Estaba internado en la clínica y aún no se estabilizaba. Yokohama no quedaba tan lejos de Shibuya, pero sí era un viaje que le tomaría un par de horas, las que parecían eternas en una emergencia.

Se duchó en cinco minutos, se vistió, tomó algo de ropa en su pequeña maleta de viaje, cosas personales, algo de dinero, su billetera y las llaves de su auto. Salió, sin peinarse, sin maquillarse, sin nada. Cuando estuvo saliendo de la ciudad, recordó apenas que tenía que llamar a su novio y a su mejor amiga. Habló con ellos en cuestión de minutos. Aunque Miroku la había dejado algo preocupada.

Había hablado muy poco con él, después lo llamaría.

Al llegar, lo primero que hizo, después de saludar a sus padres, fue correr hacia la clínica. Allí había pasado toda la noche. No había dormido nada, no podía.

Sentía tanta culpa de eso. Si ella lo hubiera defendido, como la gran abogada que era, su hermano nunca habría entrado a esa pocilga.

—Kohaku… —susurró, al borde del llanto. Le apartó con delicadeza el cabello de la frente y se estiró de la silla a lado de la cama, para darle un beso.

El médico había diagnosticado una fuerte infección estomacal y alergias en la piel. Se preguntaba qué habría comido y en qué lugares habría estado durmiendo. Aunque era una cárcel para menores, no dejaba de haber chiquillos malandros con mentes de adulto.

Solo había sido un mes y su hermano casi sale muerto de allí.

Lo sintió removerse y ella abrió los ojos muchísimo, exaltada. Estuvo a punto de levantarse a llamar a alguna enfermera, pero la estropeada mano de su hermanito, la detuvo.

—Hermana… —la llamó con voz débil, pero entendible. La aludida se mordió el labio, sin saber qué decir. Lloraba—. Viniste.

—Tonto —sollozó—. Cómo no voy a venir por mi hermanito. —Le acarició el rostro, con ternura—. Nuestros padres están por llegar, ayer se quedaron hasta tarde con nosotros.

Kohaku asintió, pensando en sus papás. Le dieron unas inmensas ganas de llorar. Haber estado en ese encierro, le había enseñado mucho.

—Lo siento mucho, hermana. —Hizo un ademán para que Sango no hablara, justo cuando ella lo iba a hacer—. Pensaba que mis padres no me amaban y yo solo quería llamar la atención. Siempre se preocuparon por ti, por tus estudios, velando porque fueras la gran mujer que eres hoy. —Ella sonrió. Kohaku notó que sus fuerzas para hablar se incorporaban de a poco—. Pensé que, si hacía algo malo, por fin ustedes me iban a mirar, por fin pasarían días, únicamente pensando en mí. Nunca entendí que mis padres hacían todo por verme bien, procurando que mis actos no me lleven a la cárcel. —Una lágrima gruesa rodó hacia su oído, desde su posición.

—Solo tienes diecisiete años, aún eres un niño. —Secó sus lágrimas con delicadeza—. Te amamos y no tienes de qué disculparte.

—También los amo, hermana. —Sonrió, con un peso menos encima—. Por cierto, ¿dónde está Miroku?


—Con Yura.

Un momento, por favor. —Habló una mujer, del otro lado de la línea. Al cabo de unos segundos, la mencionada contestó—. Te decidiste muy rápido.

—Acabo de salir del trabajo. Dime el lugar y terminemos con esto.

Ay de ti, sino disfruto esto, Miroku. Estás advertido.

Yura le dio una extraña dirección, bastante alejada de la ciudad, y él la apuntó. También le dijo que pregunte por ella en recepción, al llegar. Tomó sus propios preservativos nuevos y los guardó en su auto, donde no se fueran a romper. No podía creer que iba a hacer eso, de verdad no. ¿Sería posible?

De camino a la dirección reciente, no podía parar de pensar en Sango, en que si se llegaba a enterar de eso, la perdería para siempre. Llevaba la grabadora de su celular lista, porque si Yura lo hundía delante de Sango, él la hundiría delante de Kōga. Ya no era el mismo estúpido que le ayudó con su pie cuando se lo torció. Iba decidido a ganar o a perderlo todo, pero por fin se enfrentaría a ella, a su pasado.


—Gracias. —Hizo sonar las llaves del cuarto, entre sus dedos índice y pulgar—. Va a preguntar por mí, Yura Sakasagami —se señaló, con una mano en el pecho—, un hombre bastante guapo, alto, de ojos azules intensos —el recepcionista del hotel alzó una ceja, a punto de reír—, con cabello negro y lleva una pequeña trenza baja.

—Sí, señorita.

—Bien.

Caminó despacio hasta la habitación que había rentado en aquel hotel de carretera. No estaba nada mal, la verdad. Miroku no tardaría en llegar, así que ella preparó el vino y los chocolates que había llevado. Por un momento se sintió estúpida, no sabía por qué había hecho todo eso, pero se sentía emocionada. Ella aún no se había acostado con Kōga. Sí, aún después de todo el tiempo que llevaban juntos, y de lo poco que le faltaba para cambiarse completamente a vivir con él, no se había atrevido a ponerle un solo dedo encima y ella lo necesitaba con urgencia.

Dejó sus bolsas y la cartera sobre un velador frente a la cama y se empezó a quitar la ropa. Primero la blusa azul marino sin mangas y con cuello de tortuga, después la minifalda negra de seda y por último, los tacones. Prendió la cámara que había puesto en el velador y se aseguró de que el lente quedara libre, justo frente a la cama. La videograbadora cubría una gran parte de la habitación.

Quedó en la lencería que había comprado «para lucirle a Kōga». Estaba sonriendo; le excitaba mucho hacer cosas incorrectas. Notó que su cabello estaba creciendo y frunció el ceño.

Fue abruptamente sacada de sus pensamientos con el toque insistente de la puerta. Supuso que era Miroku. Había llegado rápido.

Corrió hacia la entrada y al abrir la puerta, fue sorprendida con un beso abrumador. Miroku la tomó por el cabello, lo apretó con fuerza y presionó mucho su boca contra la de ella. La estaba invadiendo por dentro, le rozaba los dientes y la estaba maltratando.

Cerró la puerta con un pie y la hizo sonar con fuerza. Bajó con rudeza las manos hacia los senos de ella y los apretó, mientras le mordía los labios, hizo ambas cosas con tanta fuerza que ella gritó y se separó al instante. Se miraron jadeantes y ella sangraba. Miroku sentía unas inmensas ganas de abofetearla y salir corriendo de allí. Las lágrimas estaban por asomarse. Sólo quería hacerle daño, aunque fuera físico, disfrazado de «pasión». Se sentía muy mal, pero no podía evitarlo.

—Fuiste muy salvaje. —Bufó, mirándolo con asombro y coraje.

—¿No querías que te trate como a una cualquiera? —Se limpió la saliva de la boca, sin dejar de observarla fijamente.

Yura se lanzó sobre Miroku, envolviendo sus piernas alrededor de su cintura, lamiéndole el rostro y estregándose toda contra él, mientras Takeda solo se quedó en silencio, sin mover un músculo. Ella lo llevó y tiró sobre la cama, se sentó ahí, justo donde sus sexos se tocaban y comenzó a cabalgar, mientras le quitaba la camisa botón a botón.

Empezaba a desesperarle la mirada perdida de Miroku, su cuerpo rígido y frío. Parecía que estaba a punto de hacerle el amor a un muerto. Notó que parte de su anatomía empezaba a reaccionar con sus movimientos, pero él seguía igual, sin moverse y casi sin pestañear, dejándose hacer.

Le quitó la correa y le bajó los pantalones hasta la mitad de las piernas, pasando por alto el hecho de que tenía su celular en el bolsillo.

Miroku advirtió aquello y reaccionó.

—¿Por qué quieres engañar a Kōga? —Habló alto, para que se pudiera escuchar en su grabación—. ¿No te basta?

—Él ni siquiera me ha tocado. —Fue lo único que dijo, y procedió a bajarle la ropa interior, también.

Para ese tiempo, todo su trabajo había salido en vano. Miroku volvió a mirar hacia el techo y a ponerse frío.

Yura comenzó a tocarlo, quería hacerlo reaccionar. Ya para ese tiempo, estaba perdiendo las ganas de todo. El odio se estaba apoderando de ella.

Después de un par de minutos, la erección a medias parecía no tener cuándo completarse. Regresó la mirada a su amante y lo que vio, hizo que se llenará de tanto odio, que sintió ganas de matarlo.

—¿Estás llorando? —Le tomó el rostro con una mano y lo obligó a que la mire—. ¡Maldita sea! ¡Me tienes aquí, tratando de animarte y resulta que estás llorando! —Salió de la cama, sin dejar de mirarlo. Él se incorporó de a poco y se secó las lágrimas—. Marica.

—No puedo acostarme contigo, Yura. —Le dijo con la voz ronca. Ahora su rostro era sombrío.

Las sábanas blancas de la cama estaban hechas un desastre. La ropa que Yura no había alcanzado a doblar estaba por el piso. Miroku parecía un borracho, con su camisa abierta y la ropa de la parte inferior bajada hasta la mitad. Estaban despeinados.

—¿Es por Sango? —No gritó, pero estaba colérica. Quería arrastrar a Sango, quería matarla, quería que viera las malditas fotos en ese mismo instante y que llorara como nunca antes en su miserable vida.

—No… —soltó una leve carcajada, sardónica—. No es por Sango.

—Ten cuidado con lo que me vas a decir. —Advirtió, respirando con dificultad.

—Es que —se inclinó para verla directamente a los ojos. Ya no sabía si el celular estaría aún haciendo la grabación, pero le daba igual— me das mucho asco. —Yura se alzó rápidamente sobre él para golpearlo, pero le detuvo la mano antes de que le pusiera un dedo encima—. Cuidado.

No podía ser posible que la estuviera humillando nuevamente, no podía ser posible que estuviera boicoteando su propio plan, su propio momento, en el que él tenía todas las de perder, no ella. ¡Y lo estaba grabando todo, pensando que sería placentero! Quiso volverse loca.

—Te lo advertí, te dije que te haría pedazos —no podía creer que se estuviera vistiendo, que no temiera de sus amenazas que iban en serio. ¿Ya no tenía miedo de perder a Sango, acaso?—, te dije…

—De todas maneras, lo ibas a hacer. —Se levantó, abotonándose nuevamente y cubriendo su masculinidad—. Con lo rata que eres.

—¡Cállate, cállate! —Quería clavarle las uñas en los ojos—. ¡Y lárgate ya!

—Honor que me haces. —La oyó gritar algunas groserías mientras él cruzaba la habitación a grandes zancadas. Traía todo en los bolsillos, así que solo le restaba partir—. Ah, y Yura —sacó su celular y dejó de grabar. Puso seguro a la puerta y caminó fuera de ella, con la manija en la mano, listo para cerrar.

—¡¿Qué diablos quieres ahora?! —Se giró para verlo, casi sin aguantar las lágrimas.

—Yo también lo grabé todo. —Cerró la puerta al instante que ella corrió hacia la salida. Corrió lo más que pudo hasta el ascensor. Solo se oía el golpear de la puerta. Pareció que no lo seguiría. Sonrió; ella de verdad pensaba que era la única que grababa las cosas sin avisar, para sacar solo lo que le convenía. Pero por supuesto que sabía que Yura había vuelto a usar el mismo truco de siempre.

—¡Maldito infeliz, me las vas a pagar!

Continuará…


AIROT TAISHO: Así es, señorita, el objetivo de Kōga no es Sango, ella era solo una distracción. Pero si te fijas en el detalle del capítulo anterior, entenderás a quién planea mostrarle el video. Miles de gracias por elogiar mi trabajo, me da años de vida.

Elyk91: Es muy grato para mí saber que te imprimí miedo con este capítulo, ya que ese era justo mi objetivo. Quería que entendieran que estaba mostrando un lado oscuro de Kikyō, dándoles una probada de lo que será ella cuando descubra toda la verdad. Sango también me da pena, pero me agarré de los capítulos del manga en donde ella reacciona mal a un «error» del pasado de Miroku para estructurar su historia de amor.

Qué bueno que te gustaron los guiños a la serie, para mí fue un placer escribirlos.

Aida Koizumi: Qué linda eres, me alegro mucho de que te hayas pasado nuevamente por la historia. Gracias por dejarme un comentario en cada capítulo, no sabes cuánto lo valoro. Me encanta que te encante en los guiños a la serie, para mí fue genial. Era un capítulo que hacía mucho tiempo quería escribir, ambas chicas son sacerdotisas y me agarré mucho del capítulo de la maldición de la sacerdotisa oscura [Tsubaki], cuando Kagome está en su tiempo y ve a Kikyō dando clases de tiro. Justamente para que entiendan cómo puede ponerse Kikyō ante la traición es que escribí este capítulo. Pronto ya no serán dos actualizaciones XD, ahora nomás es una, igual, aunque espero postear pronto la siguiente.

laurita. herrera. 186: Me alegra demasiado que también hayas sentido el miedo que quise transmitir acerca de Kikyō, que hayas disfrutado la referencia a la serie, si te soy sincera, tenía miedo de que no tuviera una buena recepción, pero me alegro que no haya sido así. Sí, la boda de InuYasha está exactamente a 5 capítulos. Tranquila, los secretos no se van a soltar ahora.

dav. Herreras: Es justamente como lo dices, Kikyō necesitaba desahogarse con la que cree su mejor amiga. Y también necesitaba darles una probada de toda la ira que ella puede poseer. Exactamente, el arco hace parte del personaje de Kikyō, así que de todas formas tenía que meterlo a fuerza. Es por eso que Kagome se sintió identificada. Es que una cosa era decir qué Kōga saldría con Yura, podría desecharla en cualquier momento, pero llevársela a vivir junto a él ya es otro nivel. En un principio pensé aliar a Kōga y a Yura, pero esta última es enemiga exclusiva de Sango, se trata de la villana de su relación, así que preferí no mezclar las cosas. Miles de gracias por tu comentario.

Mariam1005: Muchísimas gracias por pasarte por mi fic, por favor revisa tu bandeja de mensajes, porque te dejé una gran respuesta. Gracias, nuevamente y bienvenida.