"…las personas estamos hechas de profundidades; es preciso respetar el área de sombra de cada quien; es preciso guardar para uno mismo un recinto secreto que nadie pueda violar, un doble fondo en el que puedan caber desde los deseos negros hasta los rencores viles; es preciso no decirle todo a nadie: la verdad total no tiene sino un valor momentáneo; y casi siempre no es otra cosa que el resultado de una prueba de fuerza".

(De la genética y sus logros)

—Abdón Ubidia—


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Capítulo XXXV:

Cerca del comienzo del verano del siguiente año una grave situación volcó de nuevo a Hanji y Levi al hospital con su hijo; rápidamente los síntomas de anemia debilitaron a Dave; su piel se tornó muy pálida, sentía cansancio en exceso además de tener la frecuencia respiratoria un poco elevada en respuesta a que su cuerpo buscaba oxígeno por la disminución de glóbulos rojos. A Hanji la inquietó demasiado descubrir moretones en su piel, a lo que Dave decía que no había tenido algún golpe rudo que de pie a aquello y cuando empezó a presentar hemorragia nasal en abundancia el menor se aturdió.

Aquel día, cuando lo llevaron al hospital y quedó internado por la gravedad de sus signos y síntomas, Levi no se encontraba en el país y Gretchen estaba en San Diego por lo cual Hanji se vio sola manejando la situación cerca de un día hasta cuando Gretchen pudo regresar y Levi al día siguiente. Para ese momento Dave se encontraba con oxígeno mediante una cánula nasal y el semblante en su rostro era muy malo; sin color en los cachetes y los ojos desahuciados. Estaba asustado, pero no quería alarmar a su mamá, ya de por sí ella estaba muy angustiada y él se esforzaba por mantener una conversación corta, de sonreírle para que no se apene tanto.

Hasta el momento de su vida fue el episodio más fuerte que tuvo por anemia aplásica.

—Vamos a hacer un traslado de hospital—. Le comunicó Levi a Hanji, hablando sumamente bajo en la habitación.

Ella recordaba que cuando Levi se lo dijo estaba en medio de un terrible deseo por dormir, él la había reconfortado con un masaje en los hombros mientras la convencía de regresar a casa y que durmiera como lo era debido mas se negaba a dejar a su hijo en ese lugar que sabía le producía miedo. Debido a la insistencia de Levi regresó a casa con Gretchen, él se quedó en el hospital a transcurrir la noche junto a su hijo.

Pronto los médicos expusieron una alternativa para contrarrestar la enfermedad, algo más que transfusión sanguínea: trasplante de células madres a través de alotrasplante, es decir, que usarían las células madres extraídas de un donante y no del paciente. La búsqueda del donante llevó unos días, entre determinar a la persona y realizar las pruebas de compatibilidad. En caso de que Gretchen resultara incompatible pensaron en Mikasa pero para su buena fortuna la joven resultó favorable en el estudio; arrojando un alto grado de compatibilidad; necesario para disminuir al mínimo por ciento la aparición de un problema por incompatibilidad. El proceso del trasplante se extendió por alrededor de una semana, sumado al proceso de recuperación: alcanzando por poco el mes, en dónde cada día se fue distinguiendo la mejoría del semblante de Dave y sus energías.

La recaída súbita de su enfermedad le supuso un pare obligatorio a sus actividades escolares y extraescolares; desde el Decathlon anterior no quiso ser partícipe de ningún evento de ese tipo lo cual resultó en una verdad infortuna ya que él tenía las aptitudes para destacar. Sin embargo, fue una decisión que Hanji y Levi acogieron sin espetarle nada, más bien se dedicaron a apoyarlo en su nuevo interés (abandonando la guitarra mucho tiempo atrás, luego pasando por el piano parecía indeciso en sujetarse a algo, aunque en el dibujo y la ilustración no se daba a torcer), la equitación: le surgió el sentimiento hacia los equinos durante el poco tiempo que pasaron en villa Riva, en aquella primavera que dejó de ser infausta.

Levi contrató una instructora en aquella disciplina, gozando Dave de clases individuales y personalizadas (en razón muy en parte de su desconfianza) como aquellas situaciones a las que podía acceder por la influencia de su padre. De manera que, en alternancia con su proceso psicológico y el hacer consciente de su familia en torno a él: vivió un tiempo apacible. También comenzó a profundizar en sus relaciones amistosas, consumiendo las horas entre juegos de máquina y basquetbol. A menudo Hanji lo instaba a que invitase a sus amiguitos a la casa —circunstancia ignota hasta ese entonces— a celebrar una que otra cosa debido a la distancia entre ellos desde que Dave fue cambiado de nuevo de Instituto después de lo sucedido.

Una tarde de sábado sin aviso alguno arribó Levi a la ciudad, dirigiéndose de inmediato, no a su departamento, sino a la casa pretendiendo visitar a sus hijos como prioridad en su agenda. Cuando llegó encontró a los chicos que conoció en el evento del Decathlon vistiendo en trajes para piscina, corriendo por la sala hasta cuando notaron su presencia y se quedaron impávidos mirándolo. Levi seguramente no sabría qué gestualidad tendría en la cara durante ese momento como para que ellos lo mirasen de esa manera, pero algo intuía, certero que las cejas algo fruncidas por las gotas de agua que escurrían de sus cuerpos hasta el suelo, y si pisaban encima podría formarse lodo o una marca acuosa que podría ser fácilmente retirada con un paño, pero ese arruinaría parcialmente el suelo encerado.

—Bue-buenas tardes señor Rivaille—. Tímido, Udo habló y se dio la vuelta junto a Zofía.

La joven pronunció también algunas palabras y siguieron ya no corriendo hacia los exteriores, de nuevo a la piscina. Dave tenía un engaño en la cabeza, y por su mismo autoengaño infringió miedo a sus amigos pues decía: «A mi padre a veces le molesta tener visitas, por eso tiene que ser ahora que no está aquí». No estaba del todo errado, quizás en un setenta por ciento, en lo restante Levi prefería no tener visitas por el desastre que pueden dejar referido a desorden; de manera general: si iba a él permitirle visitas de sus amigos porque consideraba que era sano.

Solo que Dave no habló con él de aquello, y por eso se forman malos entendidos.

Lo primero que hizo Levi fue secar el suelo, ignorando las peticiones de una de las chicas del servicio en que abandonase aquello porque se encargaría de hacerlo en razón de que era su trabajo. Ignorando su petición solo le pidió que le llevase cera para el piso, necesitaba corregir la mancha opaca que quedó inmediatamente. Preguntó por Hanji, preguntó por Dave y preguntó por Gretchen. Antes de asearse, fue hacia la piscina. Apenas salió por el jardín le llegó un olor a carne asada y chimichurri.

Empezó a salivar.

Acercándose más al área escuchó los parloteos de los niños, el agua salpicada y el sonido que emitía durante las brazadas. Vio a los dos con los cuales antes se topó, estaban hablando en forma de murmullos con Dave en la orilla de la piscina. Su hijo pareció sorprendido y no fue hasta unos segundos después en que se percató de su presencia allí.

—¡Levi! —. Canturreó leda Hanji.

Él volteó a donde ella; estaba justo en el fogón volteando la carne con unas pinzas de acero. A su lado Gretchen colocaba piezas de embutidos, ella hizo una sonrisa amplia y nerviosa al ver repentinamente a Levi allí.

—No dijiste que venías, pero tenemos carne suficiente así que espérate un rato y te doy a ti. Ya prometí a los chicos que estaban sus carnes listas—. Inquirió Hanji sin dejar de girar las carnes en el asador. Ella, a diferencia de Dave y sus amigos, estaba muy relajada—. Gretchen prepara hamburguesas, ¿No quieres una?

Levi se posicionó a unos sesenta centímetros de ella, el olor de la carne y el calor lograron antojarlo.

—Podría haber comprado algo para los niños si me hubieses dicho que harían una fiesta en la piscina—. Dijo Levi, sin despegar la mirada del fogón.

—No dijiste que venias—. Inquirió Hanji formando un gesto de despreocupación en su rostro—. Aunque si quieres… pues, ¿Por qué no vas por algo como pastel o helados? Lo que había de dulce en la alacena y en la nevera se ha terminado porque tu hijo, no sé en qué momento, barrió con todo—. Dijo muy locuaz.

Natal, Brasil. 2015

A esa hora de la mañana pocas personas se encontraban rondando el lugar lo cual resultaba en complacencia para Levi ya que no le agradaba frecuentar las playas por la afluencia y aglomeración de bañistas junto con el bullicio que formaban. A insistencia de Hanji llevaba los pies descalzos, sin las sandalias que adquirió el día anterior. La sensación directa de sus pies con la arena fría le recordaron lo sumamente bueno que era, después de todo, estar ahí con su familia. Tenía en la mano una soda enlatada vaciada cerca de la mitad, pequeñas gotas de agua que escurrían y caían en la arena producían una leve mancha según Levi. Se llevó la lata a la boca, al hacerlo divisó a Hanji caminando hacia él sin mucha prisa, iba concentrada en la arena removiendo con los pies como si escarbara buscando conchas o algo que sea raro, que cuando estuvo sacia, regresó casi corriendo a la carpa que los resguardaba del sol y se sentó en la silla desplegable a su lado. Arrojó las conchas cerca de sus pies, todas juntas, y luego insertó dos dedos y extrajo una: elevándola a la altura de su rostro contento, irradiando más destellos y luz que el mismo sol.

Todo desde la perspectiva ocular de Levi.

—Mira su color ¿no es hermoso? —, con voz meliflua fue narrando las características de la concha marina— Es casi un rosado perlado.

Levi la miró, siguió bebiendo el restante de la soda de limón.

—Estoy casi seguro de que te las vas a llevar, si es así, sácales la mayor cantidad de arena, mejor: lávalas en el mar—. Dijo y arrojó la lata vacía en una funda de tela que tenían para colocar los desperdicios— ¿Me estás escuchando?

—Ah sí, claro, por supuesto—. Respondió contemplando las demás conchas sin reparar demasiado en Levi.

Miró su reloj de muñequera, casi eran las diez de la mañana y el sol se mostraba indeleble, el aire muy fresco proviniendo del mar y moviendo ligeramente las briznas de cabello en su frente. Podía apreciar con calma, el sonido del mar: las olas que iban y venían, emitiendo ecos y ruido propios. Totalmente recostado y casi cerrando sus ojos, Hanji le dio un pequeño manotón en el brazo, casi como burlándose de su edad le dijo algo acerca de los horarios para dormir. Él soltó un silbido de entre los dientes apretados. Se reincorporó, sentándose y apoyando los codos en sus muslos.

—¿No vas a meterte al mar? —. Preguntó Hanji, aun espolvoreaba la arena de sus conchas.

—No—. Inquirió. Escuchó un resoplido y al parecer un murmullo de queja por parte de ella.

Regresó la mirada disimulada hacia Hanji: concentrada en sus conchas como si nunca antes hubiese visto aquel espécimen del mar y su conducta llena de entusiasmo, a él le parecía que tenía la visión de una criatura (Hanji) infante e inocente que apenas descubría el vasto mundo a su alrededor. Ante tomar consciencia de la magnitud de sus pensamientos, a su pecho afloró un rejuvenecido sentimiento que, al instante de sentirse descubierto, desvió su atención de ella. Arrugó las cejas. Sentía la cara un poco caliente y era necesario descartar para sí mismo que fuera el sol o el poco calor de la mañana cuando hasta hace poco menos de un minuto no sentía ese malestar en su rostro. Movió la cabeza en círculos, dos veces, y se frotó el cuello. Al abrir los ojos, buscó a sus hijos con la mirada, a algunos metros de distancia: jugaban en el mar, brincando en las olas y lanzándose agua a la cara.

Dos personas pasaron caminando muy despacio en frente de su carpa, hablaban un poco alto, pero no llegó a comprender demasiado el idioma.

—¿Me pasas una soda? —. Preguntó Hanji, limpiando la arena de sus dedos en la blusa holgada blanca que vestía.

—¿Sabor? —. Quiso saber y abrió la hielera cerca de él, introdujo la mano y rebuscó.

—Fanta—. Dijo, estiró el cuello un poco.

—No hay—. Repuso.

—Mm ¿fiora? —. Se colocó el índice bajo el mentón.

Levi se volteó con la lata en la mano y se la entregó.

El silbido del gas saliendo de la lata al ser destapada se escuchó y luego un murmullo de satisfacción de Hanji al saciar su sed. Con la mano libre se alzó los lentes y los dejó reposando en su cabeza. Meneó la lata e hizo un breve toque a Levi en el brazo con ella, él se quejó ante su conducta y se limpió con los dedos la poca humedad que dejó allí. Pronto esa humedad se absorbió en sus poros: todo contemplado a ojos de ella; se le hacía que tenía Levi la piel todavía linda, eso, o, sus ojos lo veían con cierta entonación de cariño. Sonrió un poco y volvió a bajar los lentes a sus ojos, quería también poner la vista allá dónde la tenía Levi.

—Se divierten mucho—. Comentó ella. A su lado percibió un gesto de Levi que afirmaba sus palabras.

—¿Crees que a las once está bien que les diga que es hora de irnos? —. Preguntó, brevemente miró a Hanji.

Ella pareció pensarlo un poco, moviendo sus ojos de un lado a otro.

—Considerando que tenemos que volver a viajar en la tarde, está bien, por eso vinimos muy temprano. Además, les dará hambre, querrán comer y ya de por sí llevan mucho en el agua.

—¿Y tú no te vas a meter con ellos? — Preguntó ahora Levi.

—Después te quedarías aquí muy solo. ¿No es así?

—No es imprescindible que estés sentada haciéndome compañía y por eso no hacer lo que quieres—. Inquirió Levi.

—Ya hombre deja eso—. Comentó burlona. — Disfruto tanto estar aquí sentada como lo haría allá, quizás vaya ya mismo.

Él apretó fuertemente los labios, no podía mirar a Hanji directamente porque no quería ser descubierto. ¿De qué situación? Aquella que se manejaba como gelatina bajo el sol en sus pensamientos: algo derretido y súper dulce, acuoso y rojo vívido como la sangre, el amor y la frambuesa de la gelatina imaginaria.

—No me gusta demasiado la comida del hotel.

—A mí tampoco—. Confesó Hanji. —Es decir, no es que sea mala de sabor.

—Exacto. No sé qué es, pero no me gusta la comida del buffet. Saldremos hoy a almorzar fuera—. Dijo Levi apretándose las manos entre sí.

Suavizando la plática entre los dos transcurrieron algunos minutos quizás más de un cuarto de hora hasta cuando Levi tomó el frasco de protector solar que Hanji pretendía llevar a los niños. Le había dicho que se quede ahí en la carpa, pues, seguramente la arena ya debería estar más caliente y las sandalias de Hanji eran muy finas: podría quemarse la piel de los pies. En su camino hacia el mar se fijó en que, igualmente, la arena no estaba tan caliente. Alzó la mirada y casi estaba creyendo que el cuarteto de hombres, susurraban entre sí mientras observaban a su hija a unos cuantos metros. Desde la distancia anterior en la carpa quizás no podría haberlo notado, pero ahora que estaba cerca daba certeza que aquellos sujetos miraban con ojos libertinos a Gretchen quien no se percataba de lo que sucedía, ella vivía el momento junto a su hermano y eso era todo.

Volviendo sobre sus pisadas, regresó a paso acelerado a la carpa. Al hacerlo Hanji le preguntó algo y él se limitó a decir que buscaba algo: extrajo del bolso playero de Gretchen un pareo negro en forma de camisón abierto en el frente y se lo llevó consigo. Al llegar a la parte de la arena húmeda y tocar con sus pies un poco de la espuma que se formaba tras el retroceso del agua de nuevo al mar; sintió mucha frescura, un poco figurado también. Alzó la mano y les hizo una señal a los dos para que salieran del agua hasta dónde estaba él parado. Después de medio minuto sus hijos se acercaron lo suficiente.

—Ponte esto—. Dijo Levi al instante, su voz fue un poco pesada. Extendió el pareo a Gretchen.

—Mm, no, si lo hubiera querido entonces me lo hubiera puesto antes padre—. Amonestó ella.

Levi chasqueó la lengua, inmediatamente arrugó la frente.

—Vas a ponértelo, no te lo voy a repetir Gretchen—. Reprendió con voz severa.

Entonces Levi anticipó la cercanía de Dave, casi en medio de ellos dos. Él se acomodó aquel sombrero de playa que llevaba puesto para evitar lesiones de quemaduras por el sol en su piel, además de un bañador con las mangas largas.

—¿Por qué le hablas así? —. Intervino finalmente Dave ante la rudeza del trato de Levi a su hermana.

Aquella era una reacción que ya se esperaría de él, porque Dave se había vuelto un completo hermano protector y cuidaba a Gretchen tanto como lo hacía con su madre: no dejaba que nadie les alzara la voz, las irrespetara o algo semejante. Levi lo miró, y le hizo una seña de que mirase hacia el grupo de hombres que estaban a unos metros pretendiendo disfrutar del mar. El menor no quitó los ojos de aquel grupo que al parecer se hallaron descubiertos.

—Padre, hay muchas mujeres aquí en bikini—. Inquirió Gretchen.

—Póntelo y ya—. Zarandeo Levi el pareo frente a ella. — Repongan el protector solar.

Dave tomó el frasco y lo abrió para exprimir el contenido en los hombros de Gretchen. Luego le puso un poco en el rostro y como ella no llevaba tanta protección como él seguramente necesitaría de mayor cantidad de bloqueador. Cuando terminó le dijo que se pusiera el pareo, así no se quemaría demasiado y ella finalmente aceptó. «Esos tipos tienen cara de pervertidos» dijo Dave tomando el brazo de ella mientras se internaban en el agua. Iban a disfrutar el tiempo restante, porque ya Levi les había advertido del aproximado que restaba. Sin embargo, Levi no se alejó de la playa, se quedó parado con los brazos cruzados: tal cual guardián centinela, a esperas de que salgan del agua. Más bien, se quedó porque quería asegurarse de que aquel grupo de hombres, europeos al parecer, no tengan la posibilidad si quiera de acercarse a su hija.

...

A comienzos de la tarde, después del almuerzo y arreglar las maletas salieron a un centro de danza dónde tomarían la última clase de lambada —rutinas intensas para pocos días— dónde Levi forzosamente se vio inserto. Ese tipo de baile difícilmente podría agarrarle el ritmo, y a su edad creía que parecía un completo ridículo. A diferencia de sus pensamientos trágicos por los años, Hanji parecía ser lo opuesto: resaltando la buena vibra de una juventud que se lleva impregnada más bien en el ser. Bien gozosa se ajustaba al cuerpo de Levi, invitándolo con más fervor a que dejase sueltas sus caderas y la acompañara en ese ritmo tropical al compás de la canción. Seguramente ella se estaría burlando del rostro apenado e incoherente de él, por la vergüenza que le suponía realizar tales movimientos. Más nadie parecía tomarle atención en esa sala clara, iluminada por una ráfaga de luz solar desde el ventanal central: se formó una sombra por el paso de la pareja a su lado, venía que Gretchen y Dave se habían adaptado muy bien al ritmo que el cuestionarse si lo disfrutaban, era una acción sin sentido.

En un lado de la sala estaba el instructor de baile, un hombre alto y fornido, piel oscura y brillante que llevaba un bigote en ese rostro sonriente.

—¡Eles fazem bem família! —. Exclamó y palmeo sus manos.

—¿Você acredita nisso? — Lanzó Gretchen una pregunta y giró siguiendo en el baile con su hermano.

—Maravilhoso. Esta noite eles deveriam ir ver a vida noturna da cidade.

Terminando con la última clase de baile se despidieron y fueron a recorrer un pequeño mercado que estaba cerca de allí. En el lugar se ofertaba comida, artículos varios y hasta servicios al parecer de albañilería, gasfitería, entre otros. Se detuvieron en un puesto de mercancía artesanal; esculturas en madera, postales y demás artículos ideales para los turistas. Dave tomó un par de postales y un Cristo del Corcovado, los contempló unos segundos entre cuánto observaba la demás mercadería, tranquilo y despacio iba fijando su mirada en cada objeto: la señora dueña del puesto, le hablaba como contándole una pequeña historia de Natal y Gretchen a su lado iba traduciendo sus palabras.

—Pregúntale cuánto es por todo esto—. Pidió el menor a su hermana.

Al instante Levi sacó su billetera y extendió un billete, un real brasileño que Dave no sabía exactamente cuál sería su equivalente en dólares americanos. Hizo un bufido e instó a su padre a qué guardara nuevamente su billete.

—No. Yo pagaré con mi dinero. Son regalos para Nana Clarisse y las chicas, así que yo quiero pagar—. Inquirió y sacó un monedero en forma de oso.

Levi, herido en su ego, volvió a guardar su billete: él pensaba en que igualmente, aunque Dave dijera que era su dinero, sabía muy bien que era el ahorrado de la mesada que él le daba cada semana. Se alzó de hombros y lo dejó hacer; gastando un poco demás ya que compró algunas otras cosas para sus amigos también y, algo para Mikasa. Dese su posición Levi giró la cabeza en respuesta a la extravagante reacción de Hanji dos puestos más allá. Bien encantada con la comida y con las personas y aunque ella no hablara su idioma trataba de entenderlos; les hacía mímicas y gestos para que comprendieran y a su vez ellos le devolvían ese mismo recurso comunicativo.

Después de las compras en el mercadillo regresaron al Serhs Natal Grand Hotel dónde hasta ese día se hospedaron: recogieron sus maletas y bajaron al lobby. Casi eran las cuatro de la tarde y Levi quería viajar de inmediato para no llegar a Pipa rozando la noche. Al salir del hotel le entregaron a Levi el vehículo que tenía alquilado para usar durante el tiempo que estuvieran en Brasil. Antes ya se había cerciorado de que lo revisaran y adecuasen para el viaje, que si bien era cierto no era tan largo prefería evitar algún tipo de inconveniente en una carretera que hasta ahora era desconocida para él.

—Oye papá—. Habló detrás de él Gretchen.

Levi creyó percibir recelo en su voz y lo certificó cunado se giró hacia ella: parecía nerviosa, evitando su mirada y apretando los labios.

—¿Qué sucede? —. Preguntó él, prosiguió a caminar y abrir la puerta del vehículo.

Más atrás escuchó la voz de Hanji y Dave al acercarse rodando sus maletas en el suelo.

—¿Podríamos pasar por el aeropuerto? —. Preguntó, ahora muy tímida.

Levi alzó una ceja y se giró de nuevo hacia ella. Se percató que Hanji corrió a dejar las maletas en la cajuela para rápidamente posicionarse cerca de Gretchen.

—¿Por qué? —. Preguntó.

—Pues...— comenzó con voz dubitativa — hay alguien que está arribando a Natal—. Dijo y tomó impulso para mirar a su padre a los ojos iracundos que tenía.

—Que tome un taxi y haga lo que se le dé la gana. Yo no soy taxista—. Inquirió.

Gretchen fingió reírse, la verdad estaba un poco nerviosa y no sabía cómo mejor decir las cosas.

— ¡Pero es que va a venir con nosotros a Pipa! —. Exclamó angustiosa todavía.

—¿Ah?

Para ese instante Hanji se adelantó, como siempre queriendo aminorar la situación.

— ¡Así es! A partir de ahora no solo seremos nosotros, tenemos un acompañante más. ¿No tienes curiosidad de saber quién es, eh, Levi? — terció Hanji, esbozando una amplia sonrisa de complicidad hacia Gretchen.

—No—. Dijo de forma tajante. Tenía las intenciones de meterse al auto.

—¡Ay Levi! Veamos, yo conduzco. Déjamelo a mí—. Dijo y empujó a Levi ligeramente de la puerta del piloto.

El hombre extrañado, retrocedió y se subió en la parte de atrás ante ver la diligencia con la que su familia pretendía dejarlo atrás. Durante el camino al aeropuerto hubo mucho silencio, brevemente cortado por la voz del GPS dando indicaciones que Hanji acataba siendo ayudada de Gretchen (quien era su copiloto). Al llegar al aeropuerto Levi hizo la pregunta de «Quien se supone que está aquí» con una voz sumamente pesada. No le gustaba el misterio y el silencio de su familia no hacía más que empeorar su reciente mal humor.

—Veo que ahora sí te interesa saber de quién se trata—. Comentó Hanji y apagó el auto. — Ya lo sabrás ¡Vamos! ¿O te quedas aquí? —. Le preguntó a Levi mirándolo por el retrovisor.

Levi estaba cruzado de brazos sobre el pecho y mirando hacia afuera, desatendiéndose de los ojos de Hanji por sobre él. Chasqueó la lengua, no respondió y abrió la puerta.

Para sorpresa de nadie era la reacción ecuánime de Levi al estrechar la mano de Marco una vez estuvieron (después de media hora que él desembarcara y esperarlo) en el área de recibimiento. Lo cierto era que soportaron las miradas de medio lado de Levi; su silencio y su sombrío ser. Aunque Hanji y Dave parecían muy tranquilos, caminaban abrazados y despacio hasta el estacionamiento. Se guardaron las maletas del recién llegado y fue justo cuando cerraron la cajuela que Levi los sorprendió con un rápido comentario.

—¿Por qué tanto misterio para decir que era él?

Todos lo escucharon.

—¿No será que todavía hay algo que decir? —. Prosiguió Levi y se cruzó de brazos sobre el pecho. Su zapato izquierdo se movía constantemente en chasquidos contra el suelo.

—No te equivocas, padre—. Dijo, y se giró hacia Levi.

El hombre malhumorado frunció la boca ante el cambio de actitud de ella, ahora se mostraba endeble. Y el par de ojos observadores de Hanji y su hijo en toda la escena.

—¿Puedo decirlo? —. Preguntó aquel hombre tímido con un tono de voz muy suave y bajo.

A este bajo, pero perceptible sonido Levi desvío su mirada hacia él, inquisitivo sobre su imagen.

—Así está bien, creo. Despreocúpate. Bien papá, lo que quiero decirte es que, pues... — se rascó detrás de la oreja que ya la sentía caliente. — Pues que somos novios—. Dijo de manera presurosa y se quedó estática ahí donde estaba parada.

Ese sol de cinco de la tarde lograba formar algunas sombras en el rostro de Levi, compungido, salió de su estado desconcertado.

—Era eso—. Solo respondió y se subió al auto.

La mayoría quedaron parcialmente impresionados por su actuar tan aparentemente pacífico cuando sabían cómo trató a Eren cuando se presentó como la pareja de Mikasa. Sin duda era totalmente lo opuesto, sin siquiera preverlo; en cambio se prepararon para una escena más fiera y ruda de su parte que al final no mostró, no por lo menos a ellos. Y aunque pareciera que fuera un alivio para los pensamientos de Gretchen, se cuestionaba qué pasaba por la mente de su padre ¿Ya lo sabría? ¿Lo intuía? ¿Por eso reaccionó tan pacífico y hasta con un grado de poca importancia? Si se lo contara a Mikasa seguramente ella también se sorprendería. Lo más seguro, quizás, era que su padre, después de tantos años de la relación de Eren y su prima, se hubiera habituado a esa parte de la realidad.

Apretó un poquillo la falda de su vestido de playa. Pensaba en que quizás hubiera querido tener más atención de Levi en ese aspecto, pues, no se mostró como el padre receloso (como solían retratarlos en las películas o cortos) que ambicionó para ella. Si hacía un pare a su situación, quedaría en claro, por ende, los celos revividos que tenía de Mikasa. Por momentos observaba a su padre conducir, parecía que tenía la cara relajada a como pudiera, él no emitió comentarios o algo parecido durante la hora de camino a Pipa. Ella, sentada en el medio, con su mano tiernamente enlazada con la de Marco sobre la pierna de él: conversaban, y reían. Hanji siempre intervenía un poco, siempre la ayudó en ese tema y con ella se sentía muy en confianza. Y luego estaba su hermano menor, quien también la apoyaba y le daba mensajes bonitos de: "Te veo mejor ahora" en alusión a su estado anímico por las mieles románticas.

...

La luz del día empezó a disminuir, con eso la cercanía a Pipa y Praia do amor, un sitio que a juzgar por su nombre Gretchen se encargó de escoger como destino luego de Natal, además de las reservaciones para el hotel, y como era sábado había mucha demanda por lo cual alcanzaron a reservar tres habitaciones que luego Gretchen explicó; una familiar, y dos individuales; todo lo que había disponible.

Hanji, Dave y Levi acordaron usar la familiar, mientras que Gretchen y Marco usarían las restantes. La habitación familiar era muy amplia, contaba con una cama matrimonial y una litera, un cuarto de baño amplio, que a su vez poseía dos divisiones respecto a inodoros. Y antes de que a su hijo o a Hanji se les ocurriera usar el sanitario, Levi sacó cloro y un cepillo para limpiar nuevamente aquellas instalaciones, quería estar seguro de que todo estuviera bien desinfectado para el uso de ellos.

Todos se bañaron, se vistieron para salir a merendar y conocer la ciudad en su horario nocturno, puesto a que era muy bien renombrada por aquello. Todos antes habían acordado vestir ropas claras y ligeras, el clima y la ocasión lo demandaba. Y Gretchen aprovechó la ocasión para usar un conjunto de falda amplia blanca de algodón y una blusa ajustada de tirantes gruesos y sus sandalias de plataforma beige que la hacían lucir un poquito más alta. Se perfumó y revisó rápidamente el mensaje que le llegó a su teléfono móvil: en el mismo, Marco le decía que estaría en el recibidor del hotel. Se quiso adelantar a la hora establecida con los demás, bajó las escaleras y miró por todo el recibidor, caminó un par de pasos hacia la salida: a través de las puertas translúcidas dobles pudo ver con claridad, de espaldas a ella, a Marco y Levi inmersos en una aparente conversación lo cual le generó sorpresa puesto que, en todo el viaje, el desembarque de maletas y que se acomodaran en el hotel, su padre había esquivado cualquier trato con Marco.

Ahora, su primer impulso fue ir hacia allá y saber que hablaban, pero Levi giró su rostro de medio lado hacia Marco y pudo notar pasividad en su padre, dejándola tranquila.

Suspiró y caminó un poco hacia la puerta, dos pares de zapatos a su espalda la hicieron voltear.

—Vaya que se han adelantado—. Se quejó Hanji e hizo un mohín.

—Vamos ya, tengo mucha hambre—. Agregó Dave, acariciando su estómago. — Mucha, mucha y repentina hambre.

Gretchen se carcajeó, quien sabe por qué, luego le agarró del brazo y atravesaron la puerta hacia el exterior. Al instante Levi y Marco miraron hacia atrás y se dispersaron, pues, Levi se adelantó a abrir las puertas del auto y Marco a tomar del brazo a su pequeña novia.

—¿Puedo preguntar, de qué estaban hablando? —. Inquirió Gretchen con voz baja y suave. Se acomodó el cabello detrás de la oreja y se frotó el pendiente que llevaba puesto.

Dave dejó abierta la puerta para que ellos entraran por ese lado.

—De Gretchen, por supuesto—. Respondió Marco. Llevaba en su boca prendida todavía una sonrisa cálida. — Antes no hubo tiempo para muchas formalidades o presentaciones adecuadas así que lo hice brevemente.

Ella no respondió con palabras, en su lenguaje gestual y corporal podía leerse genuinamente su timidez. Sonrió con ternura, y dejó caer un poco su cabeza de lado.

—¿Por qué no me esperaste? —. Preguntó.

—No lo hice porque es la parte que considero un novio debe enfrentar sin apoyo—. Respondió y la condujo a entrar al vehículo.

En la tenue oscuridad de la noche, y con el aire entrando por las ventanillas Hanji de vez en cuando miraba a la pareja a través del retrovisor: ellos hablando bajo, y pidiendo, luego, a Dave consideraciones de restaurantes. Llegaron a un bonito restaurante familiar en el centro de Pipa, todo muy concurrido y de ambiente alegre. Aunque no fuera un restaurant vegetariano o tuviera ese apartado en el menú, Dave sencillamente daba su porción de carne a otro que quisiera y se comía la ensalada con arroz o alguna guarnición.

—¿Desde cuándo están saliendo? — Con un carácter repentino en medio de la comida hizo esa pregunta Levi, señalando al par en frente suyo con el tenedor.

—Alrededor de ocho meses, señor—. Respondió al instante Marco.

Levi retrocedió el tenedor, emitió un leve murmullo de asentimiento y siguió comiendo, degustando de la gastronomía de esa ciudad. Al final de la velada no dejó que Marco pagara por su plato, Levi se adelantó saldando la cuenta con sus reales brasileños. Y luego dijo para todos que los gastos saldrían de su bolsillo, eso también lo decía por Hanji, ya que ella mayormente cubría sus necesidades con su propio dinero. Después del restaurante, hicieron un breve recorrido en el auto por la ciudad en función de observadores para regresar de nuevo al hotel y dejar el auto en el estacionamiento guardado. A partir de ahí, andarían a pie, recorriendo el área nocturna que no estaba demasiado lejos del hotel.

A Gretchen alguien por ahí le había dicho que visitaran las cabañas cercanas al mar; con una forma redonda hacía de barra y servían bebidas alcohólicas al gusto, excelente ambiente, luces psicodélicas y música con buen ritmo. Si miraban hacia atrás casi no podían ver nada por la oscuridad, apenas la arena se iluminaba por segundos por el parpadeo de las luces de colores.

—Me dice que no pueden servir nada para Dave, está prohibido—. Dijo Gretchen, quien era la encargada de realizar los pedidos.

Hanji enseguida se volvió al hombre tras la barra y palmeo la cabeza de su hijo.

—Soy su mamá, no habrá problema con que le sirva un Cóctel, usted confíe en mí—. Le dijo al hombre, y éste no le comprendió su idioma.

—Eu sou sua mãe, não abra um problema comigo servindo um coquetel para você, confie em mim—. Repitió Gretchen.

El hombre hizo una señal con su mano para que esperarán, pues, fue a hablar con un compañero.

—Puedo tomar un jugo—. Agregó Dave.

El hombre regresó, tenía buen augurio en la cara.

—Posso servir um coquetel para você, mas não vou colocar álcool nele—. Dijo, esforzándose por alzar la voz, debido a la música.

—Dice que si puede preparar un cóctel pero que no le va a añadir alcohol—. Repitió Gretchen para Hanji.

Hanji se alzó de hombros y se acomodó los lentes.

— ¡Hecho! —. Exclamó.

Un poco más allá en la barra estaban sentados en esos bancos altos Marco y Levi disfrutando de una piña colada, para el más viejo con muy poco alcohol. No se podía escuchar bien de lo que sea que estuviesen hablando, aun así, Gretchen ya se sentía más tranquila, más relajada al estar derribaba una barrera invisible, y cómo se lo había dicho Hanji semanas atrás: «Conoce a Marco un buen tiempo, por ser el amigo de Mikasa, por tanto, no creo que al final se quiera comportar como un viejo aburrido».

Muy certero que era eso.

Para comodidad, se habían sacado los zapatos y Levi tenía los suyos, los de Hanji y Dave en una bolsa que reposaba en sus muslos y cómo llevaban pantalones cortos no tenían impedimentos para andar por la arena caminando un rato en esa área junto a la cabaña. Conversaron y rieron, hasta por una hora hasta cuando se decidieron en salir de la playa.

Cuando llegaron al pavimento, se espolvorearon los pies para usar de nuevo el calzado. Levi se lamentó por no haber llevado toallitas húmedas y al segundo ya estaba Marco comprando un paquete de aquellas sin alcohol en la farmacia más cercana. Dio algunas a los demás y se tomó el tiempo y la delicadeza para limpiar los pies de su novia, para que ella pudiera usar de nuevo sus zapatillas de plataforma.

Hanji los observaba, suspiró y sonrió un poco.

—Despreocúpate Levi, está en buenas manos—. Susurró al hombre mencionado, rodeándolo con paso lento.

—¿Ah? ¿Insinúas que me preocupo? —. Interrogó con una fingida molestia en su rostro.

Hanji no le respondió, lo escuchó, pero decidió dejarlo con la pregunta sin responder y siguió caminando junto con su hijo hacia adelante. En el paso, muy pronto Gretchen y Marco los siguieron y Levi se fue quedando atrás. Los cinco iban a un ritmo despacio, solo recorriendo las calles, observando y conociendo; se vivía un ambiente muy alegre, y festivo por el horario, en dónde, después de una semana ardua de trabajo las personas salían a divertirse ya sea comiendo, bebiendo o bailando.

El baile, el baile tan exquisito y característico del país. Por tramos se escuchaba música, seguro de algún bar o discoteca.

—¿No tienes deseos de ir al baño? —. Preguntó Hanji a su hijo.

Ambos iban abrazados.

—Todavía no.

—Haz bebido mucho líquido, así que no me sorprendería.

—Sería un poco molesto, ya sabes que a papá no le gusta que usemos los baños públicos—. Dijo y se desató del abrazo de Hanji, en cambio, la rodeó con su brazo por el hombro de ella y besó su cabello castaño.

Emitió Hanji un murmullo de complacencia ante el acto.

—Tu papá siempre ha sido bien raro—. Comentó con un tono burlón. — La señora Clarisse me contó una sola vez que Levi tendía a confundirse con los signos femenino o masculino de los baños públicos y muchas veces terminó en el de mujeres, perdido con señoras—. Terminó de relatar, tratando de esconder una risa que fue copiada por su hijo.

—Tengo que preguntarle a ella—. Comentó Dave riendo un poco.

—Ya, pero ten cuidado. Levi no sabe que yo sé. ¿Si me entiendes? —. Preguntó y miró por un instante hacia atrás para saber que tan lejos estaba Levi.

—De acuerdo, mamá—. Dijo y su voz sonó relajada. Levantó un poco el mentón hacia el cielo, inhaló aire profundamente como si quisiera llenarse con el rastro de olor marino y fresco proveniente de la playa.

De repentino, se escucharon pasos apresurados detrás de ellos.

—¡Ups! Me lo robaré un ratito Hanji—. Inquirió con voz meliflua Gretchen.

Ella tomó a Dave de la mano, enlazando los dedos y apretando sus manos. Enseguida Gretchen apresuró el paso para dejar a unos pasos atrás a Hanji quien se vio sola hasta cuando Levi se adelantó y se posicionó a su lado en esa tranquila y dulce caminata nocturna: ambos observaban al frente lo mismo; aquel panorama que para Levi fue difícil de asimilar, aunque él creía que verdaderamente ya estaba exagerando a su renuencia de aceptar el curso de la vida; su pequeña niña que conoció casi ya pisando la pubertad iba dándole la espalda, tranquila y rodeada por esos dos, Marco llevaba el brazo doblado para que ella se apoyara de él y con Dave que iban tomados de la mano.

La contemplación de la vida, a través de las relaciones humanas resulta gratificante, y si suma las vivencias sensoriales alcanzarían Levi y Hanji en ese momento el esplendor de vida. Se tomaron un momento para apreciar sus vivencias últimas, y como si adivinaran su sentir se miraron y se enclaustraron el uno en el otro; fue ella quien rio primero y dijo una vaguería para soltar su tensión.

Pronto estuvieron más cerca de dónde provenía la música, divisaron un edificio de tres pisos esquineros en dónde se apreciaba la terraza abierta con ambiente fiestero. Gretchen leyó el cartel que había en la puerta de la planta baja al edificio.

—Supongo que es como una discoteca, y tiene un costo muy bajo la entrada—. Dijo emocionada.

—¿En serio, no pensarás...? — dejó su pregunta sin terminar al volver a observar el sitio en lo alto.

—¡Ay papá! —. Se quejó ella. — Parece divertido.

—Subamos—. Propuso Marco de inmediato.

—¡Vamos! —. Respondió con emoción, luego recayó en algo. Bajó sus brazos y se tranquilizó. — Bueno, no creo que se pueda por la edad de Dave.

Se quedaron en silencio.

—¿Nos turamos? Vamos, yo subo con ustedes. No creo que Levi quiera subir a ese lugar—. Se giró hacia Levi. — Voy a ver el ambiente con ellos. Ya regreso cariñito.

Levi y Dave se quedaron solos, sentados en una banca en la calle de en frente al edificio al que subieron los demás. Un rato después alzó la vista a la terraza; Hanji los saludaba desde allá y luego desapareció por casi quince minutos en los que de nuevo bajó.

—Levi, los muchachos están ya enfiestados. ¿No quieres subir un momento?

Levi vaciló hasta dar con una respuesta.

—Solo iré para ver si es que ellos se quieren quedar.

—Adelante, me quedaré con mi cariñito—. Dijo y se sentó en la banca junto a Dave.

Ambos vieron a Levi perderse por la entrada.

—¿Cuándo cumpla dieciocho, ya podré entrar? —. Con esa inocencia que lo caracterizaba llegó a preguntar.

—Según las leyes sí, porque serias un adulto competente. Cariñito, presiento que iré contigo a tu primera farra, así le decíamos con mis amigos, de todas formas, hay ciertos peligros—. Convino en decir Hanji.

—Bueno... No sé si en realidad quiera ir, ahora es porque estamos aquí.

—Si, si es así, lo siento. Te prometo que mañana haremos actividades que, si puedes estar, solo es por hoy porque es sábado.

—También me lo dijo mi hermana, así que bueno mamá—. Dijo y esbozó una pequeña sonrisa.

Un poco lejos Hanji divisó una panadería.

—Mientras esperamos ¿no quieres comer algo de allí? —. Señaló con el índice hacia el lugar.

Dave llevó la punta de su nariz hacia dónde señalaba su madre.

—Compremos también algo para Gretchen—. Propuso.

...

No tenía demasiados minutos allí, no se sentía cómodo y para variar hacía demasiado calor por la cantidad de personas. Ya Gretchen le había dicho que debería dejar de fruncir las cejas y si no bailaba (que era imposible) entonces debería tomarse un vaso de soda para que disfrute del ambiente. En las intenciones de Levi solo se postraba el ser de observador del local, de las personas y del tipo de bebidas que servían en la barra. En cualquier momento podría decidir irse, y estaba seguro que su hija ya no querría hacerlo. Magalenha era una canción de ritmo rápido y con ello invitaba a los presentes a mostrar sus mejores pasos en samba. Ella estaba demasiado inmersa en el baile con su compañía, poniéndose de puntitas sobre sus sandalias para tratar de alcanzar y besar rápidamente los labios de Marco. Levi miró hacia otro lado y siguió bebiendo algo que Gretchen le llevó minutos atrás. Para cuando volvió sus ojos decadentes a ella, la vio sonreír ampliamente para el sujeto aquel, también, seguramente, se habría ensortijado el cabello, se habría pintado de carmín la boca y se habría delineado de negro la línea de agua en los ojos para lucir y acentuar esa faceta más atrevida, desbordando en sensualidad natural.

Enamorada era tan suave y cursi como lo había sido su madre, pensaba Levi.

Después de unos minutos, la lambada se abrió paso por la samba; el éxito ochentero que Levi alguna vez escuchó Dancando Lambada sonaba fuerte y con ello un baile diferente y sensual. Gretchen se esforzaba por dar indicaciones a Marco para que pudiera seguir su ritmo consiguiendolo con esfuerzo nato.

Su teléfono móvil vibró en el bolsillo de su pantalón, lo sacó y leyó un mensaje de Hanji que le anunciaba que regresaría con Dave al hotel. Se apresuró a escribir un mensaje en respuesta, lo envió. Luego se levantó y caminó entre la multitud hasta Gretchen, a Marco le dijo que la cuidara y no la dejara tomar demasiado ron. Cumplido y seguro que su hija estaría bien abandonó el edificio. Al salir, sintió mucho aire fresco entrando por el lino de su camisa.

Divisó al frente a los dos a quienes buscaba con esmero desmedido. De inmediato se percató de las ronchas que tenía su hijo en la piel del cuello.

—Es por calor, la panadería estaba muy tibia—. Dijo Hanji, acarició con suma ternura el cabello negro de Dave, aunque tuviera que levantar un poco la mano.

—El acondicionador de aire del hotel por lo menos funciona bien. Vamos—. Dijo Levi. — Me llevé los pañitos húmedos, toma—. Le entregó a Dave el paquete.

A unos metros antes de llegar a la zona hotelera frente a la playa, Dave agarró a su mamá de la camisa y tiró de ella dos veces, despacio, para ganar atención. Hanji le miró y le preguntó qué sucedía a lo que él, giró su cabeza hacia la playa.

—Alla estaba muy fresco, ¿Por qué no podemos ir? —. Preguntó.

Levi se detuvo a escucharlo.

—Nadie ha dicho que no podemos—. Inquirió Hanji con una mirada juguetona en el rostro. — ¿No quieres regresar al hotel? Seguro estarías muy aburrido y todavía es temprano. ¡La playa será! —. Exclamó alegre y palmeó las manos en el aire.

Ambos, madre e hijo casi estallaban de alegría mientras Levi hacía de observador, nuevamente.

—Comprare una toalla—. Dijo Levi y caminó hacia un local.

Hanji no comprendió el por qué, hasta cuando llegaron a la playa oscura y ventosa y Levi tendió una toalla amplia en la arena. A ella no le importaba si tenía que sentarse directo en la arena, pero Levi refutaba en que luego iría soltando arena por el camino. El hombre sacó otra toalla y la colocó diagonal a la otra, y fue dónde se terminó sentando. Al instante Dave le dio una servilleta y le abrió la bolsa de papel que contenía algunos panecillos con crema, agarró el primero que tocó y lo probó.

—Mm, está delicioso—. Murmuró Hanji, aún tenía la boca llena.

Levi al verla hacer eso, rechistó.

—Sí. Aquí no hace tanto calor, me gusta, es muy fresquito—. Comentó Dave feliz y tranquilo. Se quedó un instante contemplando el lugar, el mar, la inmensidad del cielo oscuro mezclándose con el océano en altamar. Las olas, su sonido y el frescor ventoso que llegaba hasta su cara. — Es mejor estar aquí—. Dijo y mordió su panecillo.

Hanji asintió. Aún no terminaba de comer, tomó una toallita y empezó a repasarla con suavidad por la frente de su hijo donde tenía algunas líneas rojas, él no dijo nada, ella siguió limpiándole el cuello y parte de las clavículas dónde también tenía líneas y ronchas rojas que le salían en la piel cuando el ambiente era caluroso.

Después de comer, Hanji dejó los panecillos sobrantes sobre sus muslos para que no se fueran a ensuciar con arena. Ella alzó la mirada, ya Dave estaba un poco lejos, dijo que iría solo a la orilla, dónde llegaba la espuma a mojarse un poco los pies.

—Después se podrá limpiar con esto—. Dijo Levi alzando los pañitos para hacer énfasis.

—Dave es igual de limpio que tú, le gusta estar presentable y oloroso a perfume. Mantiene su habitación ordenada y también limpia. ¿Heredó de ti tus hábitos o lo aprendió de ti al verte hacerlo? Eso me lo he preguntado en algunas ocasiones.

Al parecer a Levi esa observación de Hanji le llenaba el pecho de orgullo, casi no podía disimular su pequeña sonrisa de gozo.

—No lo sé, ¿Cómo podrías determinarlo? —. Preguntó siguiendo el hilo de Hanji.

—La teoría dice que debe ser un cincuenta- cincuenta, tanto un hábito arraigado en el gen heredado sumado a la experiencia de aprendizaje social... y los niños son imitadores por naturaleza.

—¿Qué hay de ti?

—¿Mm?

—De tus genes puedo decir, que se le hacía difícil despertarse. Aunque ahora ha modificado ese hábito.

Por alguna razón Hanji se carcajeo.

—Y los caballos—. Añadió, elevó el pulgar.

—Y los caballos—. Replicó con asentimiento Levi.

Pareciera como si quisieran seguir hablando solos hasta cuando la presencia de nuevo de su hijo provocara una emoción extraña. Lo vieron sentarse frente a ellos en la toalla que antes ocupó Levi, no decía nada, tenía las piernas recogidas y el mentón puesto en una de sus rodillas.

Nadie recayó en que, con sus pies, había ensuciado la toalla con un poco de arena.

—Ustedes son mis padres—. Comenzó a decir.

Ambos aludidos se miraron por el rabillo del ojo ante su afirmación.

—Ha no ser que por alguna razón sea lo contrario, pues sí somos tus padres—. Agregó Hanji con el mismo tono simpático.

—¿Por qué dices eso? —. Cuestionó Levi, curioso.

El menor exhaló aire de su boca, con cierta pesadez que a sus interlocutores les generó duda.

—Por nada, no es que dude que ustedes son mis padres. Eso sería muy tonto—. Comentó, tenía cierto desencuentro emocional plasmado en su rostro. — ¿Por qué me llamo Dave?

Y Hanji dejó salir un silbido fino de aire, se alzó los lentes y abrió muchísimo los ojos.

—No hay una razón extraordinaria, si te preguntas quién escogió tu nombre: lo hice yo, en razón de una cuestión de que quería que sonara corto y lindo como suena el nombre de Levi.

El mencionado chasqueó la lengua ante su ocurrencia.

—Eso no es cierto, estabas viendo en la televisión el vídeo musical de la canción de la película de Rocky "Eye of tigre" y dijiste "Dave" casi exaltada por Dave Bickler y así se quedó.

Hanji hizo un mohín con la boca.

—Ya, si es cierto, pero lo de que quería un nombre corto y que suene lindo también es cierto Levi—. Alzó sus manos en forma de rendición.

—No me parece que me lo hubieras dicho—. Se quejó.

—ja, ja, ja. No. ¿no te lo dije? Que mal de mi parte. En conclusión, esa tarde fue productiva para sentarme a ver televisión, saqué el nombre de mi hijo.

Seguramente Levi y Hanji viajaron a través de sus memorias colectivas al día del cual hablaban, una tarde de verano donde ella seguramente estuvo rascándose el creciente vientre frente al televisor y Levi detrás de ella con una calculadora en mano.

La pérdida en el espacio y tiempo presente habrá durado apenas segundos, y aún así no pasó desapercibido para Dave.

—Me siento tranquilo por cómo se llevan ahora—. Dijo e interrumpió la mirada sostenida de Levi en Hanji y viceversa.

Ambos, emitieron una disimulada expresión de sorpresa.

—Ya no pelean—. Prosiguió y quiso esconder su rostro en sus rodillas—y eso me hace sentir feliz.

Hubo un breve silencio cortado por las olas.

—Y sé que podemos estar juntos como ahora. Udo ni siquiera puede salir con sus padres a un mismo sitio porque es imposible que no discutan y por eso él vive con su mamá.

Hanji se inclinó un poco hacia adelante.

—Solo quiero saber una cosa, es algo de lo que sí dudo—. Dijo y esperó una señal, su mamá se la brindó y él continúo hablando—: ¿Si yo no hubiera existido, entonces significaría que ustedes no hubieran tenido que pasar por algunos problemas? ¿verdad? Como mi enfermedad y…

—¡Dave! —Espetó Hanji fuerte haciendo que él no continuara— Cariño ¿Por qué dices esas cosas? Lo estás diciendo como si fueras un estorbo o algo parecido.

—Déjalo continuar Hanji—. Pidió Levi. — Escuchémoslo hasta que termine.

El valor que Dave reunió pareció esfumarse, se inclinó más y ocultó su rostro en sus rodillas. Levi le dijo que podía continuar cuando pudiera, y entonces elevó la cabeza.

—Yo los escuché discutir sobre mí. Mamá, tú dijiste algo como que probablemente no se hubieran unido si no era solo por mi existencia.

Ambos se miraron por el rabillo del ojo, estaban nerviosos, pero mantuvieron su postura de aparente calma.

—¿Eso fue lo que escuchaste? — Cuestionó Levi.

—Sí. Por eso me pregunto si lo mejor para ustedes hubiera sido que yo no…

—Cállate—. Espetó con rudeza Hanji. Infló sus mejillas de aire y se sacó los lentes de la cabeza, los dejó en medio de Levi y ella. — No quiero que sigas hablando de esa manera, si yo no hubiera querido que nacieras, ten por seguro que entonces ahora no estuvieras vivo.

—Hanji—. Reprendió Levi.

Ella se silenció y agachó un poco su cabeza.

—Lo siento eso no debí decir—. Inquirió ella.

—La cuestión aquí es que tomamos nuestra responsabilidad, sabíamos lo que comprendía la paternidad y aun así en ningún momento dudamos en asumirlo. Todo lo relacionado a ti siempre nos va a preocupar o a alegrar, no seas nefasto y dime si hay algo de lo cual todavía no te sientas pleno.

Hanji se había quedado en silencio.

—Pero… ustedes se casaron por mí. ¿Hubieran querido hacerlo incluso si no fuera así?

No demoró Levi en fruncir las cejas.

—Ya comprendo. Nos casamos después de que cumpliste un año, eso lo sabes. Quédate tranquilo que no fue porque tú fueras una cuerda que nos ataba o algo parecido.

A ese instante Hanji miró a Levi, llamada por una flama que crecía en su pecho. Como si ella también fuese liberada del mismo pensamiento de su hijo, se agarró a este, tomándolo por el cuerpo fino y haciéndolo que se quede abrazado a ella también.

—Mi cariñito—. Murmuraba y besaba su frente que tenía un rastro de olor a bebé. — No eres una carga, eres nuestro hijo; que te quede bien claro. Y somos tus padres, te guste o no—. Bromeó.

—Lo siento mamá—. Inquirió, sus ojos se volvieron un poco acuosos. —¿Todavía me quieres igual? —se frotó los ojos.

—No tienes que preguntar eso. ¡No dudes de que te quiero muchísimo! Mi pequeño coqueto.

Dave se incorporó de golpe, quedando casi sentado en las piernas de Hanji.

—Yo no soy coqueto—. Amonestó con la risa escapándosele de la boca.

—¡Claro que lo eres! ¿No es cierto Levi? Los dos nos hemos dado cuenta que eres un niño coqueto.

El joven hizo un gesto de contradicción.

—¡Yo no coqueteo con mis padres! —. Se defendió, y ante su inocencia Hanji se carcajeó.

—No digo que lo haces a propósito, parece que te sale muy natural y más cuando hablas. Deberías verte más en el espejo mientras hablas.

Levi se mantuvo silenciado, no quería entrar en la discusión de esos dos. Lo cierto era que por un momento durante la confesión de Dave sintió como si muchas cosas fueran a derrumbarse en ese momento, no eran màs que ideas inexactas de un niño. Y ahora que aparentemente se hubo calmado y saciado de su inquietud, Dave se volvió a recostar en Hanji, ella lo sostenía con sus brazos sin oponerse.

Y el muchacho no supo en qué momento se durmió.

Los padres seguían sentados, no queriendo levantarse, pero a Hanji ya le estaban doliendo los brazos así que alzó un poco su pierna derecha para amortiguar el peso de Dave.

—Yo lo llevo—. Susurró Levi cerca a los oídos de Hanji, mostrando indicios que querer levantar a Dave.

—Solo un poco más—. Volteó su rostro hacia Levi.

Hanji no quería que nada perturbase el sueño tranquilo y fresco de su niño. No estaba demás agregar que tampoco quería disolver la atmosfera entre los tres; bañados por la luz de la luna y el remoto silencio en la naturaleza.

Fue consciente de la cercanía de Levi, de la cercanía de ambos al hablar para no despertar a Dave que fue imposible no alzar el mentón de más y llamarlo a un encuentro único; uniendo sus labios tibios por breves segundos alcanzados de encanto.


08/02/2021