Fue un agradable día, jueves por la tarde, había logrado despejarme de los malos recuerdos.

-Alastor Moody.- Dijo el profesor, mientras escribía su nombre en el pizarrón.

-Ex-cazador, ministro en conforme y su maestro de Defensa Contra las Artes Oscuras.- Agregó presentándose.

-Vine porque Dumbledore me lo pidió, fin de la historia, se acabó, adiós.- Dijo intimidando a los alumnos.

-¿Preguntas?- Acoplo.

-Bien.- Dijo, ya que nadie había levantado su mano.

-Cuando se trata de artes oscuras, aplicó el método práctico.- Dijo mirando a Harry.

-Pero primero, ¿Quién puede decirme cuantos maleficios imperdonables existen?- Preguntó mirándonos.

-Tres, señor.- Contestó Hermione con la voz temblorosa.

-¿Por qué se llaman así?- Preguntó Moody.

-Porque son imperdonables, si un mago los usara..- Hermione no pudo terminar la frase porque Moody la interrumpió.

-Se ganaría un boleto directo a Azkaban, correcto.- Continuó el profesor

-El ministerio dice que son muy jóvenes para ver los efectos, pero opino lo contrario. Necesitan saber a qué se enfrentan y necesitan estar preparados- Habló rápida y fuertemente. En ese momento Seamus estaba por pegar un chicle bajo la mesa cuando alguien gritó.

-¡Y creo que necesita encontrar otro lugar para poner su chicle señor Finnigan!- Gritó Moody. Todos volteamos a mirarlo, Seamus estaba confundido.

-Creo que ese loco puede ver de espaldas.- Dijo Finnigan sorprendido.

-¡Y escuchar todo lo que dicen!- Gritó nuevamente, pero esta vez, le lanzó a Seamus el borrador que tenía en su mano.

-Bien, ¿Cuál analizamos primero?- Dijo acercándose a Ron.

-¡Weasley!- Gritó.

-¡Sí!- Dijo asustado Ron.

-¡De pie!- Gritó el profesor. Ron se levantó mientras temblaba un poco por el temor a que le hiciera algo.

-Mencione un maleficio.- Agregó, fulminando a Ron.

-Bueno, mi papá mencionó uno. El maleficio Imperius.- Contestó Ron casi en un susurro.

-Ah si, tu padre lo conoce muy bien, hace unos años le dio problemas al ministerio. Tal vez esto les muestre por qué.- Dijo el profesor retirándose de la mesa de Ron y Harry.

El profesor sacó a un asqueroso bicho y susurro.

-Engorgio.- Provocando que el repugnante insecto se hiciera más grande.

-¡Imperio!- Mencionó y comenzó a controlar al bicho por todo el aula y sobre los alumnos.

Ese asqueroso insecto se posó en el escritorio de Dean, la cabeza de Crabbe, el hombro de una Gryffindor, la cabeza de ron. Todos los alumnos reían.

-¿De qué te ríes?- Preguntó a Draco y posicionó al insecto sobre su cara. Yo comencé a tapar con mis manos mi boca para no reír y que trajera a esa cosa sobre mi. Él comenzó a gritar y fue un momento muy satisfactorio.

-¡¿Talentosa, no creen?!- Dijo Moody riendo.

-¡¿Qué quieren que haga ahora?! ¿Que salte por la ventana?- Con un movimiento de varita llevó a la araña hacia la ventana.

-¿Que se ahogue?- Preguntó susurrando. Comenzó a llevar a la araña hacia su mano silenciosamente. Todos volvimos a mirarlo.

-Muchas brujas y magos, afirman que solo siguieron las órdenes de ustedes saben quién, por la influencia del maleficio Imperius. Pero este es el punto ¿Cómo sabemos quién nos engaña?- Pregunto. El silencio invadió el salón.

-¡Otro más, otro más!- Gritó y muchos alumnos levantaron la mano.

-Longbottom.- Dijo al ver a Neville levantar su mano cuidadosamente.

-Vamos, de pie.- Agregó.

-La profesora Sprout me dijo que tienes aptitudes para la herbolaria.- Dijo el profesor en un susurro. Neville asintió con la cabeza.

-Está el maleficio, Cruciatus.- Dijo Neville nervioso.

-¡Correcto, correcto!- Señaló Moody.

-¡Ven, ven!- le señaló que se acercara.

-¡Es muy doloroso!- Agregó.

-Es el maleficio torturador ¡Crucio!- Dijo. El bicho comenzó a lanzar quejidos y moverse de una manera desagradable. Neville comenzó a sufrir junto al insecto.

-¡Basta!- Gritó Hermione

-¡No vé que lo hace sufrir!- Continuó gritándole al profesor. Moody miró a la chica y luego a Neville, ahí fue cuando paró y la araña dejó de sufrir. Moody agarró al insecto y lo llevó hasta la mesa de Hermione. La cara de mi mejor amiga demostraba que estaba sufriendo.

-Tal vez pueda mencionarse el último maleficio.- Dijo susurrando hacia Hermione, ella negó con la cabeza como si estuviera a punto de desbordar en lágrimas.

-Yo, lo sé señor.- Dije levantándome de mi asiento junto a Zabini.

-Señorita Snape..- Contestó mientras dejaba un silencio.

-Qué agradable sorpresa..- Dijo como si me conociera desde hace años.

-¿Podría mencionarlo?- Agregó-

-Avada Kedavra.- Dije seria. La araña cayó muerta frente a Hermione.

-El maleficio asesino, solo una persona sobrevivió a él y está en este salón.- Habló mirando a Potter. Yo me sentía mal por Hermione, no se veía bien. Se acercó lentamente a él y bebió de su extraño recipiente.

En cuanto las campanas sonaron salimos de aquella terrorífica y extraña clase, todos estaban callados. Mientras bajaba las escaleras decidí alejarme de mis compañeros y acercarme a los leones.

-¡¿Brillante no creen?! Está completamente loco y es aterrador estar cerca de él, pero él realmente se ha acercado al mal.- Dijo Ron aún sorprendido.

-¡Con razón son imperdonables! ¡No debió hacerlos en clase!- Exclamó hermione fastidiosa.

-¿Vieron la reacción de Neville?- Agregó aún más molesta.

-¿Te encuentras bien?- Pregunté acercándome a Longbottom, que tenía una mirada totalmente vacía y espeluznante.

-¿Hijo, estás bien?- Se acercó el profesor, para luego llevarse a Neville de ahí.

Más tarde nos encontrábamos en la sala donde estaba aquel hermoso cáliz con su hipnotizante y resplandeciente fuego azul. Los alumnos de los diferentes colegios colocaban sus nombres en él.

-¡Anda Cedric, ponlo!- Empujaban los que serían sus amigos, hasta que él puso el papel y todos festejan y aplauden.

Yo me encontraba junto a Hermione en unas sillas de aquel salón. Mientras tanto Harry y Ron charlaban. Hermione estaba leyendo un libro y me hablaba sobre él. En ese mismo momento entraron festejando las fotocopias y mi sonrisa se amplió notablemente.

-¡Chicos, la tenemos!- Dijo Fred

-Es la pócima para envejecer.- Continuó George

-¡No les va a funcionar!- Contesté yo de espaldas a los gemelos y estos se acercaron, Fred a mi lado y George al de Hermione.

-¿Por qué no, señorita Snape?- Preguntó Fred mirándome a los ojos con una linda sonrisa, dejando un casto beso en mis labios.

-Eso que está ahí es la línea de la edad.- Contestó Hermione señalando la luz blanca de forma circular que se encontraba alrededor del cáliz.

-Y Dumbledore la dibujó.- Agregué yo, mirando a Hermione.

-¿Y qué?- Preguntó George. Hermione se rió.

-¿Y qué?- Imitó Granger.

-A un genio como Dumbledore, no lo pueden superar unos patéticos tontos con esa poción.- Dije con obviedad, ella aún se reía de las fotocopias.

-Por eso funcionará.- Dijo George.

-Es patéticamente efectiva.- Dijo Fred, luego empuje su cabeza en cuanto terminó su frase. Ambos se levantaron y se subieron a una de las gradas.

-Listo Fred.- Dijo George

-Listo George.- Dijo Fred, mientras agitaban la poción. Ambos la bebieron y saltaron hacia el centro de aquella barrera mágica. Ambos rieron al ver que nada había pasado, todos aplaudieron.

-¿Listo George?- Dijo Fred mirándolo.

-Listo.- Contestó su hermano y ambos lanzaron su nombre al cáliz. Los presentes festejaron hasta que dos lazos de fuego comenzaron a moverse por toda la habitación, haciendo que algunos lograran gritar del susto. Ambos gemelos salieron volando hasta la entrada del salón, de un momento a otro el pelo y la barba comenzaron a crecerles.

-¡Te lo dije!- Dijo George empujando a Fred.

-¡No, yo te lo dije!- Fred replicó su acción y así comenzaron a pelear. Mientras tanto yo ocultaba mi cara con mis manos.

-¿Este es tu novio?- Me preguntó Theo acercándose a mí junto a Blaise.

-Sí.- Afirme aún tapando mi cara con ambas manos.

-¡Ahora me las vas a pagar!- Gritaba una de las fotocopias.

-¡Por Merlín!- Susurré para que Blaise, Hermione y Theo se rieran.

-Pelea, pelea, pelea, pelea...- Gritaban los alumnos presentes.

Hermione miró con desagrado y volvió a leer su libro. Zabini hizo un gesto de asco hacia Hermione y yo comencé a pegarle mientras me reía. Todos comenzaron a darse la vuelta y callarse cuando Viktor Krum entró al salón y depositó su nombre en el cáliz. Noté como él miró a Hermione, sus miradas conectaban y ella sonrió tontamente. Al ver a aquellos cruzando miradas, empujé con mi brazo el suyo, ella entendió mi referencia y me pegó el la cabeza con su libro.

-¡Auch!- Dije mirándola. Zabini y Nott volvieron a reír. Cuando las campanas volvieron a sonar, los profesores ingresaron al gran comedor, donde se encontraba el cáliz y todos nosotros.

-¡Siéntense!- Habló Dumbledore, mientras todos nos acomodábamos.

-¡Por favor!- Agregó.

-¡Llegó el momento que todos estábamos esperando, los campeones serán elegidos!- Exclamó el director. Se acercó al cáliz para que este soltara los pergaminos. El fuego pasó de ser azul a tornarse rojo y soltar un pedazo el cual contenía un nombre.

-¡El campeón de Durmstrang es Viktor Krum!- Todos aplaudieron, él se levantó y se retiró por un pasillo. El cáliz repitió su cambio de colores y soltó otro pergamino.

-¡La campeona de Beauxbatons es Fleur Delacour!- Exclamó nuevamente. Todos aplaudieron y ella hizo lo mismo que Viktor.

-¡El campeón de Hogwarts es Cedric Diggory!- Exclamó por lo que parecía ser la última vez. Todos festejaron y el castaño hizo lo mismo.

-¡Excelente!- Festejó Dumbledore.

-¡Ya tenemos a los tres campeones! Pero al final uno pasará a la historia. Sólo uno levantará este cáliz ¡Esta vasija de la victoria!- Exclamó nuevamente.

Mientras todos festejaban viendo aquella copa, mi padre comenzó a acercarse preocupado hacia aquél cáliz de donde brotaban los nombres ganadores. Ahí comencé a preocuparme. Todos nos dimos la vuelta y el cáliz comenzó a tornarse rojo nuevamente, así soltando otro pergamino.

-¡Harry Potter!- Exclamó en un leve susurrando, el silencio inundó el salón.

-¡Harry Potter!- Exclamó con calma.

-¡Harry Potter!- Gritó esta vez y todos lo observamos. Él estaba paralizado y Hermione tuvo que empujarlo para que reaccionara. Yo estaba sentada en las gradas que enfrentaban aquellas en las que mis amigos leones se encontraban. Estaba junto a Blaise y Draco a mi lado, estos murmuraban cosas y se quejaban, al igual que los demás alumnos. Pude contemplar a Ron muy dolido y eso no me gustaba.

Harry se levantó lentamente paralizado al igual que todos los presentes nos encontrábamos. Se acercó a Dumbledore y este lo penetró con la mirada, todo un pedazo de pergamino y en aquél se encontraba su nombre. Nadie podía creer lo que estaba pasando. Harry se dirigió con los ganadores, él se había ganado las incontables miradas de desprecio por parte de los alumnos de las tres escuelas presentes.

-¡Tramposo!- Soltó uno.

-¡No tiene diecisiete años!- Soltó otro. Todos los profesores lo siguieron en un horripilante silencio. Los murmullos comenzaron a sonar por todo Hogwarts.

-¿Cómo ese estúpido pudo hacer eso?- Dijo Zabini.

-Es un farsante, ese tonto hizo trampa.- Dijo Draco

-¡Mi padre se enterara de esto!- Exclamó él.

-¡Mi pidri si initiriri di isti!- Repetí en tono de burla. Todos a mi alrededor rieron menos la manzana podrida.

-Calmate Draco.- Agregué entre risas.

-No me digas que me calme, cuando tú andas como una asquerosa prostituta por toda la escuela.- Contestó él enojado. En ese momento hubo un gran silencio en el comedor, me levanté de las gradas y le pegué una cachetada a Draco, volteando su rostro. Todos estaban sorprendidos de lo que yo había hecho.

-Vuelve a llamarme así y lo lamentarás.- Dije con tanta furia que podría salir humo de mis orejas. Me limite a salir de ahí con las miradas de todos encima. Mis ojos se cristalizaron y no aguante, las lágrimas se apoderaron de mí, al igual que la furia que sentía. Escuché varios gritos, entre ellos;

-¡Voy a matarme Malfoy!- Un grito se apoderó de los pasillos. Era Fred.

-¡Chiara!- Escuché, entre ellos la voz de Hermione, Ginny y Harry.

-¡No vuelvas a hablarle!- Ese era George.

Había logrado salir del comedor, no me importaba si ellos se mataban a golpes o a hechizos, eso ya no me interesaba. Me sentía como en primer año nuevamente, o cuando era pequeña y Draco hizo lo que hizo de nuevo. Estaba dolida, no creí que luego de todo lo que pasó él volviera a reaccionar así. Lo único que quería era estar sola, solo se escuchaban gritos por todos los pasillos. Que me llamara prostituta no me interesaba, que me llamara asquerosa y el odio con el que me lo dijo hicieron que todos los recuerdos volvieran.

-¡Chiara!- Volví a escuchar, era Draco.

-¡Déjala en paz Malfoy!- Fred estaba gritando como nunca lo había escuchado en mi vida.

-¿Qué demonios te pasa Draco?- Esta vez era Zabini.

-¡Weasley para!- Gritaba Theo.

Seguí caminando hasta llegar a las mazmorras, entré a la sala común y corrí hacia mi cuarto. Cerré la puerta y ahí comencé a llorar sin control alguno, me sentía un asco. Yo ni siquiera tenía la culpa. Me generaba repulsión a mi misma, Draco había logrado destruir mi autoestima nuevamente, como en los viejos tiempos. Mi único deseo en ese momento era desaparecer y no existir, quería que alguien me tirara un Avada Kedavra. La puerta sonó.

-¡Chiara, por favor!- Eran Nott y Zabini.

-Chiara, ¿Puedo pasar?- Dijo una dulce voz, era Fred.

-Quiero estar sola.- Dije sollozando, me encontraba sentada, mi espalda frenaba el paso de la puerta.

-Chiara..- Sonó una dulce voz susurrando. Era Hermione.

-Quiero estar sola.- Repetí.

De un momento a otro, las voces dejaron de sonar a través de la puerta. Me levanté, sequé mis lágrimas y me acosté en mi cama, mirando hacia la ventana, mientras dibujaba pequeños círculos en la almohada con mis dedos. Algo pasó por debajo de la puerta, una carta. Me levanté y acerqué a ella.

-Te amo..- Escuche a través de esta, Fred. Sonreí pero no contesté, no quería hablar con nadie.

Tomé la carta, me senté en mi cama y la abrí.

Chiara, mi bella novia:

Eres de las mujeres más hermosas que he conocido, y eso que son muchas. Eres una de las mejores, me haces realmente muy feliz. Soy muy afortunado de tenerte conmigo. No quiero que le hagas caso a ninguna persona en este mundo que te diga que eres menos, porque eres mucho más de lo que muestras. Eres perfecta y si piensas que me equivoco y tienes millones de defectos, créeme que te amo con todos ellos, pero realmente no tienes ni uno. Quiero que sonrías y seas tan feliz conmigo como yo lo soy contigo. Recuerda lo especial que eres para este mundo, eres lo mejor que me pudo pasar Snape. Con amor:

-𝐹𝓇𝑒𝒹 𝒲𝑒𝒶𝓈𝓁𝑒𝓎

Reí hacia la carta y una lágrima cayó por mi mejilla, pero esta era de felicidad, de haber encontrado a alguien como Fred. Coloque la carta bajo mi almohada y cerré mis ojos, así quedando dormida.