Era jueves, apenas faltaban tres días para que el condado de Chester volviera a la vida y sus habitantes disfrutaran las tardes presenciando el Campeonato Regional de Justas. Era un torneo cuya participación estaba limitada a la clase noble, el resto de la población no podía competir. Sin embargo, tenían permitido observar los enfrentamientos; claro, a una distancia considerable de la aristocracia local, sobretodo de los Condes.

Durante los últimos tres años el evento había despertado una gran expectativa entre los espectadores solamente por una razón: todos querían ver quién sería el caballero capaz de vencer al campeón de Cheshire: Yami Moto. El joven Barón se había mantenido en el podio durante cinco años consecutivos y últimamente sus rivales aparentemente más temibles, aquellos que contaban con una reputación admirable, no habían significado ninguna dificultad para él. Los retadores que habían logrado un gran apoyo de los fanáticos terminaron desilusionando a todos. Al único que Yami había considerado como un oponente fuerte, aunque los espectadores no pensaban igual, era a Rafael Carlington, quien había comenzado el enfrentamiento de gran forma y había logrado colocarse dos lanzas arriba. Sin embargo, al final Yami lo derribó de su caballo obteniendo los tres puntos que le significaron la victoria y la conservación del título.

La derrota de Carlington en el torneo anterior había sido un golpe muy duro para aquellos que pretendían ver el final de la supremacía Moto en aquel deporte. Eliminado el joven competidor de la escueta lista de aspirantes al título, las esperanzas de ver al Barón destronado se habían difuminado casi totalmente y a los espectadores no les había quedado más remedio que aceptar que Yami era el mejor y no había nacido en Chester alguien capaz de vencerlo.

Pero esa situación varió considerablemente cuando corrió en el condado la noticia de que el hijo del Juez, Bakura J. Crawford, regresaría a su tierra natal para competir en el torneo regional y lograr el título de campeón. La novedad había despertado la ilusión recientemente sepultada y el joven ya contaba con muchos fanáticos a su favor.

Bakura había logrado el título de campeón en un torneo llevado a cabo en el condado de Dorset y, aunque el campeonato no era muy relevante en el reino, era un antecedente para tener en cuenta.

El joven caballero no arribaría a Chester hasta el día viernes, sin embargo el apoyo con el que contaba se hacía sentir en su ausencia.

Su padre estaba muy orgulloso de la expectativa que su primogénito había despertado en gran parte de sus coterráneos y no dudaba de que no serían desilusionados otra vez. Su hijo era, sin duda alguna, el más capacitado para alzarse victorioso y derrotar a Yami Moto de una vez por todas.

Pensaba en eso mientras se dirigía a su despacho y en el camino era testigo del entusiasmo que la competencia causaba en los más jóvenes, quienes ya tenían los escudos de sus caballeros favoritos pintados en el rostro y jugaban a que de ellos mismos se trataba. Sonrió ante la situación, cuando él era niño se entretenía de esa forma al igual que Bakura en su infancia. En aquellos tiempos, muchos años atrás, no había imaginado que sería el encargado de imponer la justicia en el Condado y lo arriesgado que eso podía resultar. Por suerte todos los puntos oscuros que aquella profesión cargaba ya estaban enterrados para siempre porque ese mismo día se desharía del único rastro que aún quedaba de ellos. Después ya no correría más riesgos y podría disfrutar en paz el tiempo que pasaría junto a su esposa y su hijo.

Cuando ya estaba a unos metros de la entrada del juzgado vio que uno de los soldados de guardia que estaba en la entrada lucía muy impaciente. Y cuando se percató de que él estaba llegando se acercó rápidamente y se detuvo apenas a un paso de distancia.

—Señor, lamento informarle que la prisionera se escapó...

— ¡¿Qué?!— no lo podía creer.

—Huyó cuando la trasladábamos al juicio...

— ¡Inútiles! ¿No entienden que es una enviada de Satanás? Estando libre no dudará de vengarse de nosotros, ¡imbéciles!— dijo irritado mientras entraba a su oficina donde se encontraban los otros responsables de los prisioneros. Estos le contaron detalladamente todo lo que había ocurrido durante el día anterior— ¿Y qué esperan para buscarla: que yo se los ordene?— los ojos de los otros se abrieron desmesuradamente, confirmando que lo que acababa de decir era muy cierto— No deberían— dijo muy severamente, tanta inoperancia de parte de sus empleados lo sacaba de quicio—; tienen que estar preparados para tomar medidas aún en mi ausencia. Fue una idiotez no haber hecho nada, le dieron un tiempo muy valioso a esa inmunda suficiente para alejarse lo necesario de aquí. Ya debe estar en otro condado... Avisen a las autoridades vecinas y manden unos cuantos hombres a buscar en la frontera.

—Sí, señor— dijeron al unísono y salieron de la oficina desesperados por cumplir la orden; tenían que demostrarle al juez que ellos no eran unos inútiles. Su seguridad laboral dependía de ellos.

Crawford se tiró en su asiento demasiado alterado y lo único que deseaba lograr pronto, aparte de hallar a esa chica, era relajarse. No podía creer como en unos pocos segundos su ánimo podía ir de un extremo a otro; de su alegre estado de humor a su actual expresión de fastidio, inseguridad y alerta. No le preocupaba la supuesta alianza de esa mujer con Satán en realidad, jamás había creído que ella manejara poderes oscuros. El único poder que tenía era saber cosas que a él no le convenía que se dieran a conocer. Su presencia allí por segunda vez luego de unos cuantos años era una gran amenaza, ella aún lo recordaba. Los rumores entre los habitantes del condado corrían muy rápido y él no podía permitir que su secreto fuera revelado y, menos aún, que llegara a oídos del hombre más importante e influyente del lugar, del Conde de Chester. Por eso planeaba deshacerse de ella de una vez por todas. Y ese plan no había cambiado: la encontraría costara cuanto costara y la silenciaría para siempre.

Bajó de la carreta acompañada por su sirviente Allister y se reunió junto a Von Schröeder que la aguardaba a la entrada del Castillo de Worcestershire. Este sonrió al verla y se inclinó para besar su mano.

—Me alegro mucho de verla por aquí, señora Devlin.

—Lo mismo digo aunque será solo por un día. Debo continuar pronto mi viaje hacia Chester.

— ¿Chester?— interrogó un poco sorprendido, él también iría allí— ¿Se puede saber para qué?

Para tomar posesión de lo que me pertenece pensó la joven mujer de cabello negro y ojos de color violeta.

—Iré a visitar a los Condes del lugar, eran los primos de mi esposo y él les dejó algo para ellos en su testamento. Además, quiero estar presente en el torneo de justas que comenzará este sábado. ¿No sabría decirme quiénes participarán?

—Tengo entendido que los mismos perdedores de siempre: Carlington, Burthener, Ishtar, Underground, unos cuantos principiantes... Pero le aseguro que ninguno de ellos vencerá al joven Moto, aunque dicen que Bakura Crawford competirá y tiene algunas chances de ganar...

— ¿Moto? ¿Yami Moto?

—Así es, Condesa. El pentacampeón de justas de Cheshire y vicecampeón mundial.

Ella se volteó a mirar a su sirviente y sonrió mientras decía:

—Perfecto.