La puerta trasera crujió al abrirse y el hombre se dio media vuelta para ver quién había salido. Su sorpresa fue disimulada al tomar una calada del cigarrillo entre sus dedos. La nieve crujió con cada paso de Jane hasta quedar a su lado.

-No sabía que fumabas.

-Solo cuando estoy nervioso. ¿Y tú?

Jane se sintió tentada a pedirle uno, pero ese vicio lo había dejado desde la adolescencia y ahora lo detestaba.

-Prefiero esto. -Alzó la botella de cerveza que sostenía con una mano enguantada. La temperatura estaba varios grados bajo cero y la briza helada no tenía piedad. No estaría mucho tiempo afuera, no cuando los copos de nieve comenzaban a acumularse sobre ella y algunos terminaban sobre su mejilla, derritiéndose al contacto.

-Hmm. Un vicio por otro. Aunque no me extraña... en nuestra línea de trabajo es difícil no tener algún tipo de escape de todo lo que vemos. -El hombre se aclaró la garganta antes de apagar lo que le quedaba de cigarro-. ¿Imagino que estás aquí por esa conversación de la que me advertiste?

-Mira, Sean... -No se terminaba de acostumbrar a llamarlo por su nombre, pero él se lo había pedido mientras cenaban y la mirada que Angela le lanzó no dejó oportunidad a negarse-. Es la vida de mi madre y... ¿Por favor, no le hagas daño? -No eran las palabras que había recitado en su cabeza. No lo eran en lo absoluto, pero fue lo que salió en el momento-. Ya tuvo suficiente con la mierda que le hizo pops y eso la arruinó. - "Y no quiero volver a verla así" pensó.

El hombre estaba tan sorprendido que ni siquiera pudo hablar, simplemente la miraba boquiabierto. Jane estaba segura que su jefe estaba pensando lo mismo que ella: que no era para nada lo que le quería decir.

-Se ve feliz. Lo he notado desde hace un tiempo y siendo mi madre me sorprende que le haya tomado tanto tiempo para contarnos. Nunca pensé que sintiera temor de compartir esa felicidad con sus hijos -suspiró al recordar las palabras de su madre cuando lo presentó como su pareja. Angela había estado extrañamente nerviosa, asustada incluso.

-Pensaba que no me aceptarían o que me verían como un reemplazo. La entiendes, ¿no? Tú también sientes ese miedo.

La mandíbula de Jane se tensó y se giró para mirarlo a los ojos por primera vez desde que salió al patio.

-No siento miedo -negó entre dientes.

-¿No? -preguntó con una sincera curiosidad.

Jane volvió a girarse con la mirada perdida.

-No sé qué esperar. Tal vez estés confundiendo esa incertidumbre por miedo.

Angela había esperado tantas cosas de ella: nietos, un matrimonio feliz que no terminara como el de ella (qué ironía)... y ahora no tenía nada y no podía evitar pensar -por muy inconcebible que fuera- que su madre terminaría decepcionada de ella. Era una estupidez pensar aquello, pero no podía deshacerse de esa voz. Tampoco era que su familia fuera homofóbica, en lo absoluto, pero se habían criado en otro tiempo. Angela siempre había sido de mente abierta con esos temas, lo notó cuando uno de sus primos salió del closet años atrás. Pero es diferente cuando se trata de tus propios hijos... ella misma lo había dicho en ese entonces y Jane simplemente no podía olvidar aquella admisión.

-¿Puedo ser sincero? -preguntó Cavanaugh después de varios momentos en silencio.

-Si debes...

-Tu madre te adora, eso lo sabes de sobra, y te ve feliz. No sabe exactamente por qué, supongo que es cómo te sentías tú cuando la veías feliz, aunque creo que...

-Termina -exigió cuando el hombre titubeó.

-Es una mujer inteligente y... perceptible. Creo que se ha puesto un velo que solo tú podrás quitar. ¿Me entiendes?

Jane entrecerró los ojos al mirarlo y la puerta volvió a crujir antes de que pudiera contestar. La atención de ambos terminó en la persona que apenas se asomaba evitando exponerse mucho al frío.

-¿Qué hacen aquí afuera? Está demasiado frío.

-Ya entramos, Ma.

-¿No están fumando, cierto?

Jane alzó una ceja a la vez que intercambiaba la mirada entre los dos. Sabía que su madre detestaba ese vicio también.

-No. Solo hablábamos. Todo bien -aseguró la morena.

-Pues entren que voy a servir la torta de manzana.

Ambos esperaron a que la puerta volviera a cerrarse y suspiraron.

-Te aconsejo que nada más entrar te quites ese abrigo y vayas al cuarto baño a lavarte las manos y la boca antes de que te vuelvas a acercar a ella. Podrá olerlo en ti y por lo que veo no sabe que fumas.

-Es que no lo hago... como te dije, solo cuando estoy nervioso y he estado muy nervioso hoy.

-Pues ya no lo tienes que estar. Esto es demasiado raro para mí; eres mi jefe... -Estaba segura que la situación era igual de rara para él- ...pero la felicidad de mi madre es mucho más importante.

-Para mí también lo es. Gracias, Jane.

-Ujum. -Jane lo siguió y cerró la puerta detrás de ella al entrar, mirando al hombre que se apresuró a seguir sus indicaciones. Jane descartó la botella de cerveza antes de quitarse el abrigo y los guantes. Su madre le estaba diciendo algo sobre la tarta, pero su atención estaba sobre la mujer de pie enfrente de la ventana, comiendo tarta sin pensar con la mirada perdida en los copos de nieve que caían lentamente. Era como si Maura estuviera en un trance y era muy raro verla así.

-¿En qué piensas? -preguntó Jane al acercarse a ella.

-Que está delicioso -dijo cuando terminó de masticar- ¿Quieres? -preguntó acercando un pedazo de torta en el tenedor. Jane dudó por un instante; era consciente que se le estaba preparando una porción y que la mirada de su madre estaba ahora sobre ella. Era casi imposible no sentir esa mirada penetrante. Pero Maura la estaba mirando con aquellos ojos claros y esa sonrisa que no le quedó opción. Se acercó abriendo la boca antes de cerrarla alrededor del tenedor, sin dejar de mirar la sonrisa de la rubia.

-Joder sí que está bueno.

Maura rio antes de que su sonrisa desvaneciera de repente y Jane la miró confusa.

-¿Qué es ese olor? -preguntó al acercarse, casi olfateándola- ¿Estabas fumando? No sabías que fumabas...

-Shhhhhh. Baja la voz. No, no estaba fumando, pero Sean sí y a mi madre no le agrada ese vicio.

-A mí tampoco.

Jane la miró con los ojos muy abiertos sin saber qué decir.

-¿Lo tendré en cuenta?

-El sabor es muy desagradable -dijo en un tono más suave mirando los labios de Jane.

-Pues menos mal que lo dejé hace años.

-¡Jane! Aquí tienes tu pastel de manzana con helado, como pediste -llamó Angela desde la cocina.

-¿Helado? No sabía que había helado... -protestó la rubia en un susurro con un puchero. Jane se rio antes de agarrarla de la mano y llevarla con ella a la cocina para servirle un poco.


-No tendrás toda la experiencia si te falta esto.

Maura apartó la mirada de la película navideña para mirar a Jane que sostenía dos tazas y le ofrecía una.

-¿Toda la experiencia? -preguntó en un susurro para no molestar a los demás.

-Claro -dijo en voz baja, retomando el asiento al lado de Maura en el sofá-. Chocolate caliente con malvaviscos.

Jane no dejó de mirarla con ojos brillantes, como si estuviera conteniendo su emoción, esperando por una reacción.

-Está... -Tomó otro sorbo intentando no sonreír porque la expresión de Jane era encantadora.

-¿Está muy malo? ¿Muy dulce? Puedo hacerte otra cosa...

-Jane -colocó una mano sobre la manta que cubría el muslo de la mujer, tranquilizándola-. Está delicioso. Muy dulce, pero exquisito.

Jane soltó un suspiro entre una risa de alivio.

-Creo que es por los malvaviscos.

-Gracias.

-¡De nada! -Jane se giró hacia la televisión, disfrutando de la bebida y la cercanía de Maura.

Angela Rizzoli chequeó la hora en su celular; no faltaba mucho para que fuera medianoche y abrir los regalos bajo el árbol de Navidad. Todo había marchado mucho mejor de lo que había esperado, incluso mejor que años anteriores a pesar de todo. Angela recorrió el espacio del salón con la mirada: habían quitado la mesa de café y cubrieron el suelo enfrente del sofá con varias mantas y almohadones. Tommy se había quedado dormido en suelo con TJ que ahora dormía sobre su pecho mientras Lydia, apegada a su lado, no había apartado la mirada de la televisión. Al lado de ellos Frankie estaba sentado apoyado en el sofá con Delilah dormida sobre su regazo. Angela sonrió al ver que, aunque su hijo no había apartado la atención de la película, una de sus manos no había dejado de acariciar el cabello castaño de la joven. Y en el sofá, al lado de Frankie, estaba Jane sosteniendo una taza con ambas manos, escuchando algo que Maura le estaba susurrando.

No pudo dejar de mirarlas; ambas con las piernas cubiertas con la manta y tan cerca que no había espacio entre sus cuerpos. Su respiración se entrecortó al notar un apretón de la mano de Maura que no se había movido sobre lo que imaginaba era el muslo de Jane. La expresión de su hija cambió de repente al mismo tiempo que la sonrisa en el rostro de la rubia se desvaneció. ¿Qué se había dicho para causar esa reacción en las dos? Una de las manos de Jane se movió vacilante como si hubiera deseado acariciar la mejilla de Maura, pero se retractó en el último momento.

"Jane..." pensó al verla sonreír otra vez, acercándose aún más -como si eso fuera más posible- mientras Maura sonreía de oreja a oreja, retirando la mano del muslo de Jane para apuntarse el rostro a la vez que Jane rio más alto de lo que quería porque se aclaró la garganta y miró alrededor para asegurarse de no haber molestado a alguien. "¿Maura y Jane?"

-Estás mirando demasiado obvio, amor -susurró Sean a su lado, sacándola de sus pensamientos al pasar un brazo por detrás de ella para acercarla un poco más-. ¿Todo bien?

-S...sí... solo creo que me acabo de dar cuenta de algo.

-¿Oh?

-No es nada...

-No parece ser nada. ¿Deseas hablarlo más tarde?

-Sí.

*Unos minutos antes*

-Todo esto ha sido una nueva experiencia para mí, Jane. Compartir con tu familia, la tradición, los regalos, las películas de Navidad... no recuerdo la última vez que tuve esto. -Su mirada se enfocó en uno de los trozos de malvaviscos que flotaban en su bebida-. Este es el mejor regalo que me has podido dar. -Se atrevió a mirarla con una sonrisa, pero sus ojos reflejaban una tristeza profunda y Jane arrugó el ceño

Jane quiso acariciar su mejilla, besarla incluso, pero no estaban solas y cualquiera de su familia o amistades podría estar mirándolas en ese momento.

-Puede ser una nueva tradición conmigo -Propuso y sonrió cuando Maura asintió con una sonrisa contagiosa-. Eso me haría inmensamente feliz -susurró al sentir un apretón de la mano de Maura sobre su muslo-. Tienes un poco de... -No terminó de decirr al apuntarse la comisura de los labios y Maura la imitó, sorprendiéndome al sentir rastros de lo que supuso ser malvavisco derretido.

-Sí estás siendo una mala influencia en mí. Eso o me distraes demasiado.

Jane rio; una de esas risas que ni siquiera sientes venir, simplemente salen, y tuvo que morderse el labio inferior para controlarse.

-Lo que tu digas, Doctora Isles -apenas susurró, apoyándose un poco más en ella.


Maura movía ansiosamente la pierna bajo la manta, sonriendo al ver cómo Frost y Korsak discutían como jóvenes al darse cuenta que se habían intercambiado el mismo regalo. No era buena con los regalos, pero estaba alegre de que los suyos parecieron gustarles (estaba agradecida por la ayuda de Jane que los conocía mucho más que ella). Pero ahora estaba nerviosa porque Angela la estaba mirando fijamente con una sonrisa que comenzaba a inquietarla.

-Tengo algo para ti, Maura -dijo Angela, finalmente, y Jane la miró sorprendida porque pensó que ya no había más regalos.

-Oh -dijo la rubia y miró a Jane de reojo, perpleja y claramente nerviosa.

Nunca ha sabido cómo reaccionar ante un regalo. En sí no muchas veces recibía regalos, por lo menos no con valor sentimental.

Angela se puso de pie para colocarse enfrente de la doctora y de repente las miradas de todos estaban sobre ellas. Jane tragó en seco. Angela no le había comentado nada sobre un regalo para Maura. Ni siquiera le había preguntado qué le podría gustar. Ahora era Jane quien comenzaba a sentirse nerviosa.

-No es nada grande y tampoco de mucho valor -decía Angela a la vez que sacaba una pequeña caja roja del bolsillo de su pantalón.

Maura aceptó la caja y se quedó mirándola sin saber qué hacer.

-La tienes que abrir, cariño -alentó Angela.

La rubia asintió y abrió la pequeña caja. Jane se acercó cuando escuchó que soltó un soplido al darse cuenta de lo que era.

-¿Angela? -preguntó apartando la mirada de la llave dentro de la caja.

-Es una llave de esta casa. Para ti... Sé que tienes un loft y que en realidad podrías tener cualquier lugar que desees, pero quería darte esa llave para que sepas que siempre serás bienvenida y siempre tendrás un lugar aquí en la casa de los Rizzolis. Y, bueno, Jane puede ser mucho de vez en cuando, así que siempre que quieras escapar de ese loft... -decía en broma y se detuvo en seco al notar las lágrimas en los ojos claros de Maura-. Oh, Maura... no quería hacerte... -En un movimiento que dejó a Angela inmóvil y a Jane boquiabierta, Maura se puso de pie y la abrazó con fuerza, susurrando un agradecimiento.

Jane se sacudió de hombros con una amplia sonrisa cuando su mirada se encontró con la de su madre. Angela sonrió y abrazó a la mujer en sus brazos.

Durante la siguiente hora varios de los invitados fueron retirándose poco a poco. Frankie se quedaría con Delilah en su habitación y Jane y Maura aceptaron -después de mucho insistir de parte de Frankie y Angela- en quedarse en la habitación de Jane.

-Aquí tienes, creo que esto te servirá. -Jane le pasó una camisa desgastada y un short, y la miró detenidamente mientras se cambiaba-. Me encanta cómo se ve mi ropa en ti -dijo en voz alta y Maura rio subiendo en el colchón individual.

-Apenas hay espacio para las dos. ¿Cómo dormiremos?

-¿Muy cerca?

-¿Tu madre estaba al tanto de esta situación?

-Claro, es mi madre. Aún no puedo creer que te haya regalado esa llave... debí haberlo pensado yo. Bueno, no tengo una casa, pero...

-Me ha encantado el libro que me regalaste, Jane. Sé que las primeras ediciones no son baratas, no debiste gastar tanto dinero en...

-Ey, ey, es Navidad y he querido regalártelo hace mucho tiempo... -Jane rodeó la cintura de Maura, atrayéndola más a su cuerpo, entrelazando sus piernas. Estaban tan cerca que casi casi había espacio de sobra.

-Me puedes regalar una llave cuando tengas tu propio hogar, pero mi mejor regalo ha sido -susurró y sintió los labios de Jane sobre los de ella, gimiendo en el beso al sentir una lengua húmeda sobre sus labios-. Jane... -advirtió en voz baja.

-No puedo resistirme cuando dices esas cosas tan... cursi.

Maura intentó acallar su risa escondiendo el rostro en el cuello de Jane.

-No tendré sexo en tu cama de adolescente con Frankie al otro lado de la pared y la habitación de tu madre enfrente.

Esta vez fue Jane quien rio, negando con la cabeza.

-No era mi intención. Tendría que estar demente para hacerlo. Frankie duerme como una roca; a ese no hay quien lo despierte y al parecer Delilah es igual porque no se despertó con todo el ruido que mis tíos y Korsak estaban haciendo durante la película. Estas paredes son casi de papel y no estoy exagerando, Maur -Tuvo que morderse el labio para no reír cuando se escuchó un estornudo en dirección de la habitación de Angela-. Nos escuchará sin importar que tan silenciosas intentemos ser...

-El riesgo me está excitando un poco... -susurró Maura de forma provocativa y sonrió victoriosa cuando sintió el cuerpo de Jane vibrar.

-Eres cruel...

-A dormir antes de que ponga a prueba qué tan silenciosa puedes ser.

Jane puso los ojos en blanco antes de besar sus labios una vez más, suspirando cuando Maura se acomodó con el rostro entre sus pechos. Jane cerró los ojos, suspirando antes de dejar un beso sobre cabello dorado.


Los ojos de Maura comenzaron a abrirse lentamente y le tomó varios segundos darse cuenta que los quejidos que estaba escuchando no eran de su sueño sino de la mujer a su lado. Maura se incorporó rápidamente, agitando suavemente el hombro de Jane.

-Jane, amor, despierta, es solo un sueño -decía, pero Jane no dejaba de susurrar una cadena de noes a la vez que los músculos de su cuerpo se tensaban.

Un grito roto escapó de los labios de Jane y Maura volvió a agitarla suavemente.

-Estás soñando. Estás bien, vamos cariño es solo un sueño... despierta.

Los ojos de Jane se abrieron de repente y se colocó una mano sobre el pecho, intentando recuperar el aliento, dejando escapar un suspiro largo e irregular.

-¿Maur?

-Estoy aquí. Estás bien, te tengo. -Apartó el cabello oscuro del rostro de Jane que se sentó apartando la mirada con lágrimas en los ojos, mirándose las manos sobre su regazo.

-Lo siento... volví a despertarte...

-Estabas teniendo una pesadilla. Nunca te disculpes por eso. -Rodeó los hombros de Jane con sus brazos, abrazándola a ella-. Estoy aquí. ¿Quieres hablar sobre ello?

-Estoy bien -susurró con la voz quebrada.

-Está bien si no lo quieres hacer. Estás bien, Jane -susurró, apartándose solo lo suficiente para acariciar su mejilla-. Solo es una pesadilla, no te puede lastimar ni a mí tampoco -añadió.

-Abrázame.

Ya Maura lo estaba haciendo, pero entendió lo que Jane le estaba pidiendo, así que asintió y se volvió a recostar, abriendo los brazos. Jane no demoró un segundo en acomodarse sobre ella, suspirando al sentir los brazos de Maura a su alrededor.

-Eres fuerte, Jane -susurró en la oscuridad, estrechándola a su cuerpo.

-Tú me haces fuerte y tu amor me da valor -murmuró somnolienta.

-Debí haberte dado tu regalo hoy -dijo Maura en voz baja con un tono cargado de sorpresa.

-¿Hmm?

-Ya entenderás... ahora duerme.

Angela se separó de la pared al lado de la puerta de la habitación de su hija. Se había despertado con el grito y se levantó alertada, apresurándose a la habitación de Jane. Estuvo a punto de abrir la puerta cuando escuchó la voz de Maura y susurros de su hija que no podía entender. En pocos minutos la calma había vuelto y el silencio volvió a envolverla.

Regresaría a su cuarto tranquila; su hija estaba en buenas manos.


La expresión enojada de su madre aún rondaba en la cabeza de Jane cuando llegó a la oficina. Por suerte Maura, Frankie y Delilah se quedaron haciéndole compañía mientras terminaban el desayuno. Pensaría que ya estaba acostumbrada a las llamadas, aunque fuera un día como este -que irónicamente la tasa de delitos era muy alta al igual que en Año Nuevo-, pero siempre se sorprendía y este año no tuvo mucha suerte. Frost también estaba de guardia y se habían encontrado en el camino a la escena del crimen.

Era raro estar allí sin Maura o Korsak, pero entre los dos se la estaban arreglando.

"¿Ya almorzaste?" Jane leyó el mensaje de texto seguido por un emote de una flor. Era raro que Maura usara emotes y ¿una flor? ¿Acaso eso era alguna pista de su regalo?

"Aún no"

"Estoy cerca, puedo llevarte algo si quieres"

Jane lo consideró porque la cafetería estaba cerrada por el día festivo. El tono del celular volvió a sonar y Jane ignoró el gruñido de su compañero que se estaba tomando su segunda taza de café en el día. ¿Estaba cerca? Supuso que había regresado al loft, entonces.

No pudo evitar sonreír al ver que lo único que había recibido era un emote de una pizza.

"Perfecto"

"Estaré llegando en veinte minutos"

-¿Te apetece pizza? Maura traerá -le preguntó a Frost.

-Siempre. No puedo creer que nos hayan llamado para esto. -Se restregó la cara con ambas manos y se terminó lo que le quedaba de café. Frost había bebido bastante el día anterior y realmente estaba sorprendida de que estuviera funcionando, aunque el mal humor no se lo quitaría ni la pizza. Pero él tenía razón y ella también estaba amargada porque estaban completando el reporte de lo que habían reportado como un homicidio, pero el forense descartó rápidamente como un suicido. Lo único positivo era que podrían irse en una hora como mucho.

Una hora se convirtió en hora y media y Maura no le había respondido los cinco mensajes que le había enviado después de haber esperado el doble de tiempo que le había dicho que demoraría.

-Es raro. No hay casi nada de tráfico hoy -comentó Frost.

-¿Detective Rizzoli?

-Soy yo.

El policía se acercó y le entregó una pequeña caja cuadrada en una envoltura de papel decorado con muñecos de nieve y un hilo de estambre que sostenía una flor.

-¿Quién lo entregó?

-Lo dejaron a la entrada hace poco. Fue un muchacho, bastante joven.

-Gracias -dijo y el policía asintió antes de dar media vuelta y marcharse. Cuando Jane alzó la mirada del paquete ya Frost estaba a su lado.

-¿Lo esperabas?

-No -dijo deshaciendo el nudo del hilo. Gabriel era el único que le regalaba flores siempre que se olvidaba de alguna fecha importante, pero nunca este tipo de flor.

-Es una peonía. -Se sacudió de hombros ante la mirada sorprendida de la detective-. No me mires así. Mi abuela era jardinera y me enseñó mucho. Aunque es raro ver peonías en invierno; tienen una temporada muy corta y suele ser a finales de primavera y verano.

-¿Sabes qué significa?

-¿Una amarilla? Si mal no recuerdo es "nuevos comienzos". Las rojas significan romance o amor... y creo que las blancas eran para pedir perdón. Eso es todo lo que recuerdo.

Su instinto le gritaba que nadie más aparte de Maura le daría una flor con ese significado, pero nada hacía sentido. ¿Si era de Maura por qué no lo había entregado ella? ¿Por qué no había llegado? Y si mal no recordaba le había dicho que le daría el regalo en la noche.

Jane destrozó el papel de envoltura y abrió la caja, sacando un puñado de papel de seda para encontrarse con varias bolsas de plástico con artículos de joyería.

-¿Qué es eso? -preguntó Frost, acercándose más con la misma expresión consternada de Jane-. Espera... eso...

Antes de que pudiera terminar ya Jane estaba corriendo hacia el salón de conferencias y se acercó a las fotos de las víctimas, confirmando sus sospechas.

-La cadena de oro de Ann Higgins... el arete perdido de la segunda víctima... ¿Hay alguna foto que muestre el anillo de Judy McOnnor?

-Dame un minuto. -Frost se apresuró a abrir la portátil, buscando entre todas las fotos que tenían-. Jane... es el mismo -confirmó al estudiar el anillo de matrimonio dentro una de las bolsas-. ¿Y esto? -preguntó al agarrar la bolsa que quedaba dentro de la caja para entregárselo-. No recuerdo haber visto este brazalete en ninguna de las fotos y ningún familiar lo ha reportado como perdido. Parece que tiene algo grabado.

Jane buscó unos guantes y sacó de la bolsa el brazaleta de oro blanco para poder leer el grabado; era simple y sólido, lo único que resaltaba era las letras en el interior.

-"Fuerza, confianza y valor" -leyó en voz alta y arrugó el ceño.

-No recuerdo nada así, pero revisaré otra vez. Hay que localizar quién entregó el paquete. ¿Me estás escuchando, Jane?

-Fuerza... valor -repetía como si estuviera hipnotizada y entonces recordó las palabras que Maura le había dicho la noche anterior, pero no había entendido "Debí haberte dado tu regalo hoy." -No...

-¿Jane?

-¡Olvídate de eso Frost! -gritó con un tono lleno de pánico que paralizó al hombre-. Necesito que localices a Maura. Quiero saber dónde está. AHORA.

Frost permaneció inmóvil por un instante, mirando la mano temblorosa que sostenía el brazalete y el rostro palidecido de Jane. Ahora entendía.

Mientras Frost trabajaba detrás de la pantalla de la portátil, Jane intentaba marcarle a Maura. La llamada terminó en el buzón de voz otra vez.

-Jane... Maura está aquí.

-¿Qué? ¿Qué quiere decir eso?

-Según el GPS está aquí en la comisaría.

-Quiero que todos los oficiales disponibles busquen a la Doctora Isles. Ahora.

Ya Frost estaba dando la orden por el intercomunicador sin darle tiempo a terminar la oración.

-¿Puedes hacer que suene su teléfono? Casi siempre lo tiene in vibrar -logró decir, intentando mantener la cabeza clara.

-Sí -dijo y cuando alzó la mirada ya Jane no estaba en el salón.

Maura no estaba en la morgue y ninguno de los trabajadores del laboratorio la había visto. Varios policías estaban chequeando cada piso de la comisaría y Frost estaba al tanto de las cámaras de seguridad.

-¿La encontraron? -preguntó al contestar el teléfono con la respiración entrecortada.

-Aún no, pero he estado revisando las cámaras y solo hay dos lugares con puntos ciegos, uno en el estacionamiento bajo tierra y otro en el estacionamiento al aire abierto. Arriba solo hay una cámara y no cubre el lado este del estacionamiento. Iré abajo y tú revisa el de arriba.

Jane subió las escaleras, corriendo y brincando varios peldaños a la vez, ignorando el ardor en sus pulmones. La puerta de la azotea se abrió de un portazo y Jane no se detuvo hasta que vio el auto negro que Maura había arrendado. Había alguien adentro y Jane se apresuró, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza contra su pecho. El sonar del celular llegó a sus oídos y un gemido escapó de su boca al ver la ventanilla agrietada y manchada de sangre.

-¡Maura! -gritó e intentó abrir la puerta, pero no cedía. Jane dio la vuelta al auto y golpeó la ventanilla del pasajero con su codo, apenas dejando una marca en el vidrio templado-. ¡Maldita sea! -gritó con frustración y volvió a intentarlo, esta vez logró hacer una fractura que se propagó por todo el vidrio. Con el siguiente golpe hizo un hueco lo suficientemente grande para introducir el brazo y quitar el seguro.

La respiración de Jane se detuvo al verla con claridad y subió en el auto, moviéndose instintivamente, sintiendo cómo los vidrios de la ventanilla sobre el asiento del pasajero se incrustaban en sus rodillas, pero su mente no estaba registrando el dolor. Una de sus manos se apresuró a cubrir el corte visible en el cuello de Maura. El corte no era muy largo y tampoco se veía profundo, pero había tanta sangre...

Jane intentó marcar a emergencias y el celular se resbaló de su mano temblorosa, cayendo en el asiento del pasajero sobre un ramo de flores: Un ramo de peonías amarillas y rojas que ni siquiera había notado hasta ese momento.

-Detective Rizzoli. 10-42 al Departamento de policía en Schroeder. -Soltó el teléfono cuando la operadora confirmó que una ambulancia estaba en ruta-. Vas a estar bien. Vas a estar bien -repetía mientras intentaba confirmar que tenía un pulso-. Aquí estoy, Maura -dijo con la voz quebrada al encontrar un pulso demasiado débil. No quería moverla mucho, pero no necesitaba hacerlo para saber que el atacante la había golpeado, posiblemente hasta sorprendido al golpearle la cabeza contra la ventanilla. Ha perdido mucha sangre. Pensó con la vista nublada por las lágrimas-. Aguanta un poco más, Maura -rogó al escuchar las sirenas de la ambulancia.

-Jane, Jane -Frost llamaba, colocando sus manos sobre los hombros de Jane, intentando llamar su atención-. Jane ya llegó el equipo de emergencias, tienes que dejar que hagan su trabajo.

No fue hasta ese momento que Jane registró que la puerta del conductor había sido abierta y dos hombres intentaban examinar a Maura.

-Si quito la mano se va a desangrar.

-Lo tengo, detective. Puede retirar la mano -dijo uno de los hombres con la mano casi sobre la de ella, listo para reemplazarla.

Jane retiró la mano y los dos hombres comenzaron a examinar la gravedad de la doctora antes de atreverse a moverla.

-Jane -llamó Frost tirando de ella suavemente por los hombros para sacarla del auto y tomarla en sus brazos, haciendo que apartara la mirada de lo que le hacían a Maura. Jane se sintió inerte entre sus brazos; lo único que se movía era el subir y bajar de su pecho por la dificultad que sentía al respirar entre los sollozos que no podía controlar.

Jane había estado presente en muchas emergencias como para reconocer el sonido de un desfibrilador. Frost no pudo detenerla esta vez y Jane se acercó, apoyándose en el auto cuando sintió que sus piernas no podían mantener su propio peso. Maura estaba tendida en el suelo, boca arriba con la camisa abierta y dos electrodos eran aplicados directamente sobre la piel de su pecho. Todos se alejaron cuando se dio la descarga e iniciaron resucitación cardiopulmonar.

Las voces de los hombres se mezclaron y Jane sentía que todo le daba vueltas. Que el suelo desaparecía bajo sus pies. Era una sensación rara. Ni siquiera cuando estuvo a un pie de la muerte por manos de Hoyt había sentido tanta impotencia, tanto miedo.

-Te tengo. -Frost la sostuvo antes de que se desplomara-. Estará bien, Jane. ¿Jane? ¡Alguien, ayuda!