¿Acaso es todo lo que quieres decirme?
A final de su turno, Candy fue a comer con Albert. Los nervios le impidieron disponer del suficiente aplomo como para darle la carta, escrita la noche anterior, hasta que se volvieron a despedir. En el último momento, se la entregó bajo la portada de su diario— Ya no lo necesito y me gustaría que lo continuaras teniendo tú, del mismo modo que tú me devolviste tu broche —Albert miró el tomo que Candy colocaba en sus manos, en parte sorprendido, en parte emocionado por el gran voto de confianza que aquel simple gesto suponía entre ellos. Sonrió al ver sobresalir tímidamente el sobre. Iba a preguntarle por él cuando Candy se le avanzó— Por favor, no lo leas ahora... —Aunque no contenía nada demasiado explícito no pudo evitar sonrojarse. Sabía que él comprendería todo el peso de cada una de sus palabras. Cuando dos personas se conocían con la profundidad que lo hacían ellos, las palabras resultaban superfluas aproximaciones a la magnitud de sus sentimientos. Los gestos y su actitud pesaban más que el más apasionado poema.
La jornada anterior, Candy había expresado su inquietud por como sería acogida la noticia por el resto de la familia. No únicamente por la tía Elroy. Albert le había prometido que él se encargaría de comunicárselo... Candy tenía dudas sobre la recepción por parte de sus amigos. Patty, seguramente se alegraría mucho por ella y la apoyaría incondicionalmente. A Archie quizá lo sorprendiera bastante... Aún estaba digiriendo que Albert fuera el tío abuelo, a pesar de haber pasado casi dos años desde que se hizo pública su auténtica identidad. Pero con Annie podía resultar un drama de dimensiones descomunales. Sabía que su amiga respetaba a Albert. Sin embargo se había mostrado exageradamente vehemente con ella, cuando se enteró de su ruptura con Terry. Casi pareciera que fuera una obligación. Annie no tenía ni idea de cuánto le había costado aquella decisión. Decía comprenderla pero no era así. Si lo hubiera hecho, no la habría acusado de haberlo dejado ir a la ligera, cuando ella misma se había enojado por haber tomado aquella decisión.
Candy le había perdonado muchas cosas, la quería demasiado para no hacerlo. Sabía que Annie, en realidad, siempre había sido muy insegura y por eso se había llegado a comportar como lo había hecho con ella. Pidiéndole que no la escribiera, fingiendo no conocerla en el Saint-Paul y secundando a Eliza y su cuadrilla cuando la humillaban, acusándola de querer robarle a Archie... Annie era como un ratoncillo temeroso que necesitaba creer, con todas sus fuerzas, que el mundo era como ella deseaba, donde Archie le pertenecería por siempre, que él la protegería con el ímpetu que creía que nadie más percibía en él, porque el amor debía ser imperecedero y único. Concebir que las personas pudieran volverse a enamorar, después de encontrar un primer gran amor, sería como asumir la posibilidad de que algún día podría perder a Archie, si él se volvía a enamorar de alguien más. Aquello le era insoportable y Candy temía que pudiera, incluso, tratarla de inconstante o conformista, cuando sus sentimientos por Terry la habían empujado a hacer cosas que Annie nunca hubiera soñado hacer por el mismísimo Archie.
Ahora volvía a sentir la alegría de vivir que quedó destrozada cuando se despidió de Terry en New York. Todo su mundo se vino abajo y creyó que jamás sería capaz de volver a amar y a ser amada. El dolor de aquel abrazo final la acompañaría de por vida, igual que la muerte de Anthony frente a sus ojos. Albert le había devuelto la esperanza casi sin darse cuenta. Lo amaba y no deseaba otra cosa que pasar el resto de su vida con él. Él la hacía sentir comprendida de un modo que ni siquiera Terry había logrado. Deseaba tanto que Annie pudiera entenderlo, que pudiera alegrarse mínimamente por ella, por cómo Albert le había devuelto la ilusión, la fortaleza, por cómo la hacía feliz estar con él, sin que ello borrara el lugar que Terry siempre ocuparía en su corazón, por todo lo que amarlo le enseñó. Pero quizás, que Annie lo entendiera, sin haberlo vivido ella misma, fuera esperar demasiado. Candy solo esperaba que con el tiempo, al final, fuera capaz de alegrarse tanto por ella, como ella misma lo hacía por Annie y Archie. Porque, al fin y al cabo, Annie siempre sería su hermana.
Puesto que Albert le había comentado que aún tendría dos meses bastante ocupados y coincidía con la boda de sus amigos, después de meditarlo durante la noche, mientras comían juntos, Candy le pidió que esperaran a comunicarlo públicamente pasada esa fecha. Aun así, Albert sí hablaría con la tía Elroy, para no tener impedimentos de más y poder continuar viéndose, tranquilamente, tanto como pudieran durante ese tiempo. Archie había regresado a Boston, para licenciarse y Annie permanecía con sus padres hasta el gran día. Tampoco los Leagan se hospedaban en la finca. Eliza había comenzado a festejar con un joven asociado del Sr. Leagan, mientras que Neal también permanecía casi tan ocupado como Albert, ayudando a su padre a expandir sus negocios.
Tras regresar a la mansión, se despidieron con un cálido beso hasta que el mayordomo les interrumpió, anunciando la llegada de la primera reunión de la tarde. Con el corazón desbocado, las mejillas en llamas y una renovada esperanza, Candy subió a descansar hasta su siguiente turno, sin percatarse de la divertida mirada con que Albert la seguía.
Continuará...
Referencias a "Candy Candy La historia definitiva", de Keiko Nagita:
Pg. 340 Carta de Annie a Candy - Annie le reclama por dejar a Terry.
[...]
¡Pero estoy tan enfadada, Candy!
¡Tan, tan enfadada!
No puedo dejar de pensar en lo que habría ocurrido si, en lugar de Terry, hubiera sido Archie.
Yo nunca renunciaría a Archie, ni aunque Susanna Marlowe estuviera de por medio.
¡Nunca!
[...]
Tú, en cambio...
Candy, ¿por qué dejaste ir a Terry con tanta facilidad?
[...]
Te lo ruego, no renuncies a Terry de la noche a la mañana.
¡No puedo aceptarlo!
[...]
Pg. 259 Retrospectiva de Candy, recordando la muerte de Anthony y si algo le enseñó Terry fue, precisamente, a pasar página y a mirar hacia el futuro.
[...] A veces me da por pensar que fue Anthony quien puso a Terence en mi camino. De esa forma, podía encontrarle sentido a todo el sufrimiento por el que tuve que pasar aquellos días.[...]
Pg. 363 Carta de Candy a Terry que no llega a enviar, antes de la muerte de Susanna, sobre su ruptura, cuando aún guardaba sentimientos por él, pero empieza a dejarlos en el pasado. Le habla de la admiración en presente y futuro, en el sentido alegórico que siempre lo apoyará en la distancia (no refiriéndose a que va a ir a cada representación, porque, de hecho, en la novela incluso se niega a hacerlo cuando Eleanor Baker le ofrece la oportunidad), pero el enamoramiento, sin estar cerrado, lo empieza a dejar en el pasado.
[...]
Me parece bonito que siga amándote más que a nada en el mundo.
Y tú, que la elegiste a ella para que te acompañara durante el resto de tu vida,
también eres maravilloso.
Sé que nunca enviaré esta carta, pero me alegro tanto de que las cosas estén yéndote bien que no he podido contenerme.
He tenido que escribirla.
Terry, no olvides que en algún rincón de este país hay una gran admiradora tuya esperándote.
No olvides que, cuando subas al escenario,
estaré allí para aplaudirte con todas mis fuerzas.
P.D.: Terry, yo...
Estaba muy enamorada de ti.
Doña Pecosa alias Tarzán.
