Hola lectores!

He estado taaaan colapsada, entre reuniones con mis profesores, correcciones, y blablabla tesis sjdnfj Lo bueno es que tengo fecha para el 4 de noviembre, asi que espero me manden sus buenas energías ese día :3. Tambien me desvelé otra vez por el nuevo cap de Hanyo no yashahime, asi que dormí todo el día XD. ¿Que les ha parecido el segundo cap? :3

Muchas gracias por sus reviews: Aida Koizumi, ELF-CLOUD, darkness1617, candy01234 y Naty U.


'

Capítulo 42.- Complejo despertar.

(Perspectiva de Inuyasha)

– No sé por donde empezar… – musitó aún pegada a mi pecho. Su voz suave denotaba un poco de ansiedad.

– Cuéntame desde el principio, ¿Cómo llegó Kikyo a nuestro apartamento?

– Ella… manipuló al conserje, lo hizo llamar diciendo que tenía correspondencia para ti. – Bien, eso lo había sospechado – Abrí la puerta y cuando la vi intenté cerrarla, pero Aki comenzó a ladrarle y me amenazó diciendo que le haría daño… Mis fuerzas no fueron suficientes. – Eso explicaba las marcas de sangre en la puerta.

– Había marcas de tus garras en la puerta y un poco de sangre.

– Ah si... se doblaron hacia atrás con mi esfuerzo. – Reprimí una mueca, eso debe haber dolido bastante.

– Entiendo… ¿y luego te sacó de allí?

– Me llevó en un auto al galpón donde me encontraste… Estuvo todo el camino y gran parte de nuestro tiempo juntas hablando de tu historia con ella… Me dijo que eran felices antes de que todo se terminara.

– Si, lo fuimos. – exclamé – Eso ya te lo había contado.

– Lo sé… bueno me dijo lo mismo que a ti, que había huido por miedo cuando le pediste matrimonio.

– Bueno, es probable, con el tiempo he comenzado a creer en sus…

– Kikyo estuvo engañándote antes de que le propusieras matrimonio. – exclamó casi vomitando la información y no fui capaz de contestarle de inmediato, ella no añadió nada más.

– ¿Ella te lo dijo? – asintió contra mi pecho. – ¿Qué tan antes?

– Dijo meses, pero no sé cuanto exactamente, como tenía planes de matarme, decidió que no era importante si yo lo sabía.

– Tú le has preguntado…

– Si, tenía que saber si te había mentido… no podía ser sólo miedo lo que la alejara de ti. Además, tenía que ganar tiempo para que llegaras por mi, funcionó bastante bien hasta que comencé a juzgarla por sus decisiones, supongo que he sido un poco impulsiva en ese momento.

– Ya veo… eso tiene sentido, comenzó a usar perfume unos meses antes, el aroma me mareaba, pero pensaba que si a ella le hacía feliz usarlo… – Sentí como Kagome me abrazaba un poco mas fuerte.

– Lo siento Inu, sé lo que duele enterarse de que te han engañado…

– ¿por qué esperó a que la convirtiera? – pregunté y la sentí tensarse. Guardó silencio y decidió ignorarme. – Kag, ¿por qué esperó? – Nada, mas silencio llenó la habitación. – Gatita, tu mejor que nadie sabes lo mucho que he necesitado de estas respuestas, nunca las obtuve, tu tienes la oportunidad de dármelas para cerrar el capítulo de una vez por todas. – Si ya iba a tener el recuerdo de matar a Kikyo, en definitiva no quería tener mas temas pendientes rondándome la cabeza.

– El otro sujeto era youkai… ella necesitaba serlo por él y él ya había transformado a otra humana. – crispé mis puños de la rabia. Siempre tan idiota Inuyasha, cada dato adicional me hacía convencerme más de ello. – Quizás no debí decírtelo, siento el aroma de tu enojo... lo siento.

– No gatita, está bien, solo que a pesar de que ha pasado tanto tiempo… de pronto me he sentido un idiota y me ha herido el ego.

– Ella fue la idiota. – exclamó girando con suavidad para ponerse sobre mí. – Ella no supo valorarte lo suficiente, jamás te culpes por ello, sólo amaste a la persona equivocada. Tu único error fue amarla. – besó mi pecho con cariño y yo reí suave ante sus caricias.

– Bueno, a pesar de todo lo que sufrí en su momento, me hace feliz que no funcionara… si hubiera seguido con ella… no te habría conocido a ti. – exclamé mientras besaba su nariz con cariño.

– Es cierto, ni habrías ido a esa jodida fiesta universitaria con el idiota de Hojo… - musitó en respuesta mientras besaba mi cuello.

– No me habrías invitado a bailar… – bajé a su clavícula izquierda y la besé con lentitud. – Tampoco habría probado tus besos. ¿Qué habría sido de mi sin tus besos? - La escuché reír y la abracé con cariño.

– Probablemente los habrías obtenido de alguien más… con ese cabello plateado y ojos dorados, podrías haber tenido a cualquier chica a tus pies.

– Aún asi… no serían tus besos, y seguiría tan infeliz como lo era antes de conocerte. – Enredé mis manos en sus bucles y la atraje hacia mí para besarle. Un quejido de dolor escapó de sus labios y me alejé de inmediato. – Mierda, casi olvido que estás convaleciente.

– Contaba con que lo olvidaras… – susurró frustrada y yo besé su frente antes de tomarla por las caderas para devolverla a su posición a mi lado.

– Kikyo probablemente te culpó de alejarme de ella.

– Si… estaba convencida de aquello. Mencionó que quedó embarazada después de su encuentro cuando nosotros terminamos. – Me tensé con ello, pensé que había sido una de sus mentiras en el momento.

– La verdad Kag… no recuerdo nada de esa noche, sé que me acosté con ella, pero no sé… – La sentí cargar sus garras contra mi pecho con rabia y supe que quizás era mejor dejar ese tema ahí – No importa, quizás era verdad, quizás no.

– Yo creo que sí, lucía realmente herida con su recuerdo. Es por eso que quería matar a nuestra bebé, porque ella perdió al suyo.

– Lo siento gatita, todo esto podría haberse evitado si yo no hubiera tomado tantas malas decisiones. – musité frustrado contra sus cabellos.

– No te martirices, ninguno de nosotros podría haberlo sabido, ese día tu tenías que trabajar.

– No me refiero a eso… Me refiero a mi decisión de transformarla en youkai, mi decisión de abandonarte hace cuatro años para ir con ella, mi decisión de tomar el vino que me ofreció… mi decisión de contratar a Mika, mi decisión de darle toda la confianza a alguien que trabajaba para ella…

– Tampoco podrías haberlo sabido, tomaste decisiones que fueron correctas para ti en ese entonces, nada de esto es tu culpa. Además… a pesar de todo estamos juntos, eso es lo importante. – exclamó abrazándome como si tuviera miedo de perderme. – Yo… no me di por vencida porque quería mantener a nuestra pequeña a salvo, pero también porque quería verte feliz, no quería que te martirizaras por nuestra muerte, tenía que mantenerme con vida por ti.

Sentí como si estrujaran mi corazón; ella seguía amándome, a pesar de todo yo tenía su amor y no era digno de recibirlo. La abracé y hundí mi rostro en su cuello intentando ahogar con todas mis fuerzas mis ganas de llorar.

– Mereces a alguien mejor que yo… – musité contra su piel.

– Ese alguien no existe, eres lo mejor para mí.

– Pero si no me hubieras conocido…

– A ver Inuyasha, basta. – exclamó enojada y me empujó lejos de su cuerpo para mirarme de frente. – Es verdad, quizás si no te hubiera conocido mi vida habría sido mucho más simple, jamás me habría enterado de que era mitad youkai, no habría tenido enemigas, nadie habría intentado matarme, no habría sufrido con tu perdida durante años... – Bajé mi mirada, avergonzado de ser una fuente tan grande de problemas. - … Pero, tampoco habría madurado, habría seguido enamorada del idiota de Hojo hasta el cansancio, no habría conocido a Sango o a Miroku, no conocería a tus adorables padres, no conocería a Aki, no podría abrazarte ni sentir tu aroma, no podría admirar tus ojos dorados cada vez que me miras con amor… y además… no tendría esto. – musitó llevando mi mano a su pancita. – Ella es el regalo más lindo que he podido recibir y tú me lo has dado, ha llegado de imprevisto, en un momento que ninguno de los dos esperaba, pero mi vida tiene sentido por ti y por ella, no necesito nada más para ser feliz y créeme cuando te digo que a pesar de todo soy increíblemente feliz a tu lado. Tenemos una hija juntos, esto va realmente enserio, ya no es momento de mirar atrás y arrepentirse de las decisiones, porque cada una de ellas nos han llevado a donde estamos ahora. – La miré fijo y suspiró cerrando sus ojos mientras sostenía mi rostro entre sus pequeñas manos – Sólo necesito que me ames como yo te amo a ti, todo lo demás no importa si me amas.

Tomé su mentón con una de mis manos y acerqué mi rostro al suyo para besarle con todo el amor que pude encontrar para ella dentro de mi corazón. Kikyo había sido mi primer amor en siglos de edad y realmente la había amado, había tenido expectativas en torno a nuestra relación y cuando me abandonó sentí que el mundo se me vino encima. Sin embargo luego conocí a Kagome de la forma mas inesperada posible, y sin darme cuenta caí rendido a sus pies desde el primer momento en el que la vi, aún cuando ya no tenía esperanzas, aún cuando pensé durante tanto tiempo que el amor no existía, ella había aparecido con sus ojos chocolate y su aroma característico y de pronto todo encajó de forma correcta para mi. Kag había llegado después, pero en definitiva era el amor correcto, el amor de mi vida.

– Te amo más que a nada en el mundo, nunca dudes de ello. – exclamé entre besos – Eres el amor de mi vida, y creo firmemente que mi existencia es por y para ti, yo nací para conocerte y tu naciste para conocerme.

Se agarró con sus brazos a mi cuello y ahondó nuestro beso enredando su lengua con la mía. La sentí jadear y comprendí hacia donde iba todo…

– Gatita… - la agarré suavemente por los brazos y la separé de mí. Bajó a mi cuello y lamió el trayecto de mi yugular con deliberada lentitud. Suspiré ante su caricia y pensé que realmente me rendiría, pero no… mis ganas de protegerla eran más fuertes, incluso si era de ella misma. – Tenemos toda la eternidad, infinitas noches y días completos para hacer el amor, ¿por qué quieres tentarme justo cuando más herida estás?

– Porque te amo. – musitó en un tono de reclamo.

– Yo también a ti, pero esto no está bien, no ahora.

– Te odio. – exclamó y me reí llevando mis dedos a su entrecejo, intentando quitar la arruguita que se formaba con su enojo.

– No, tú me amas mucho, porque soy un novio encantador. – la giré para dejarla de lado, y la abracé por detrás, pasando una de mis manos por su pancita y acariciándola con suavidad. – Pronto tendremos que elegir un nombre… – exclamé mientras disfrutaba de su calidez.

– Ajá. – musitó aún enojada.

– Kagome es bonito. – La escuché reír y supe que me había perdonado.

– Tendrías a dos Kagomes en casa, asi no funciona.

– Cierto, sería caótico. – musité mientras hundía mi rostro en el espacio de su cuello. – Ya se nos ocurrirá algo.

– Si, después de todo tenemos cuatro meses más para pensar en uno. – Se pegó mas a mi cuerpo y rozó con toda intención mi miembro con su trasero. Aguanté el impulso de tomarla mientras se me iba la vida en un suspiro – Buenas noches Inuyasha.

– Buenas noches gatita, descansa.

Me quedé allí acariciando con una mano su vientre y con la otra sus cabellos hasta que sentí su respiración acompasada. Su relato no había incluido el cómo había sido herida por Kikyo, pero hacerle hablar de aquello tan pronto de seguro sería contraproducente. Tampoco quise decirle que había asesinado a su captora con mis propias manos, tuve mucho miedo de que sintiera temor de mí. Me quedé despierto un par de horas en mi preocupación de que volviera a tener pesadillas, lo que no ocurrió. Me acomodé junto a su cuerpo agradecido de poder sentir su calidez y me dormí sin mayor esfuerzo.


'

Desperté con los primeros rayos de sol por la mañana aún abrazando a Kag por la espalda. Hundí mi rostro en su cabello e inspiré feliz. La escuché ronronear mientras se apegaba mas a mi cuerpo.

– Buenos días gatita, ¿Qué tal has dormido? – Se giró para mirarme de frente y hubo cierta distancia entre los dos debido a su pancita.

– Mejor… supongo que tu abrazo me ha hecho sentir protegida, tendrás que abrazarme cada noche. – exclamó con ojos de cachorro.

– Cuenta con ello. – le sonreí y besé su frente - ¿Te parece si vamos a ver a Haru? – La sentí tensarse de inmediato – Kag… no creas que me he olvidado de tu herida sangrante de anoche.

– Lo sé, sólo… déjame disfrutar un poco más el despertar junto a ti. – Pasó sus manos por mi espalda y me atrajo lo más que pudo hacia ella. Hundió su rostro en mi cuello y mordió sobre mi marca.

Mentiría si dijera que esa mordida no había provocado sensaciones en mí. Una corriente placentera recorrió mi cuerpo y sentí mi piel erizarse. La abracé con fuerza mientras ella seguía en lo suyo. Cuando se separó de mi cuello me miró hacia arriba con deseo y hundió su mano en mi cabello para atraerme y besarme con hambre. Sonreí entre sus besos, si estaba tan animosa para ello, quizás después de todo realmente se sentía mejor.

Tuve miedo de tocarla e incluso miedo de morderla a pesar de que las ganas de hacerlo me quemaban por dentro.

– Hey… gatita. – exclamé entre besos intentando frenarla, sin embargo astuta como siempre decidió lamer mis labios y estuve a punto de perder la cordura – Basta.

– ¿Por qué? ¿No te gusta?

– Si… pero no puedo disfrutar si no disfrutas conmigo y en estos momentos sinceramente tengo miedo de tocarte, acabas de despertar ayer, tus heridas siguen sin cicatrizar.

– Deja de preocuparte, me siento mucho mejor. – Analicé sus movimientos por unos instantes antes de hablar, pude notar que sus respiraciones eran cortas y rápidas, ella estaba evitando llenar sus pulmones a totalidad y con eso evitaba sobre extender su pecho.

– Tu respiración es superficial. – exclamé – Puedo apostar a que tu pecho duele si respiras bien.

– Por supuesto que no.

– Pruébalo. – Me miró desafiante e increíblemente lo intentó. Su rostro se tensó apenas termino de inspirar. – ¿Ves a lo que me refiero?

– Okey entiendo tu punto, necesito más analgésicos.

Salí de la cama y Aki despertó en ese instante.

– Serviré comida a Aki, luego te ayudaré a vestirte e iremos con Haru.

– Bien. – exclamó como niña pequeña enojada.

Escogí ropa para ella y la puse sobre la cama, ella ni siquiera me miró.

– Gatita… – Me acerqué a ella y siguió ignorándome, tomé su mentón y lo giré hacia mi – No te enojes conmigo por intentar cuidarte… estuve demasiado cerca de perderte. Mientras más cuidadosa seas, tus heridas cerrarán más rápido y antes saldremos de aquí. Si vuelve a abrirse es empezar todo desde cero. – besé su frente con cariño y bajé a sus labios para besarlos en una caricia corta – Te amo.

Suspiró antes de responder.

– Te amo.

Para cuando estuvo vestida la bajé en brazos, en definitiva ese consejo de mi padre había sido bastante bueno, nos encontramos con la doctora en el camino.

– Buenos días. – nos sonrió a ambos - ¿Qué tal has dormido Kag?

– Bien. – di una pequeña mirada reprobatoria – Bueno, no tan bien en un principio… tuve pesadillas.

– ¿Pesadillas?

– Si, sobre ella… – Haru me miró y no necesité decirle nada para que comprendiera, ahora que lo notaba Kag estaba evitando a toda costa decir el nombre de Kikyo. – Y en todo mi movimiento desesperado mientras dormía y mis sollozos al despertar… mi herida del pecho sangró un poco.

– ¿Qué tal si revisamos todas tus heridas y cambio el vendaje?

Kag asintió y entramos los tres a la habitación llena de cosas médicas. Se sentó sobre la camilla y sacó su camiseta. Haru vio la mancha de sangre sobre el vendaje y la miró seria.

– Ah… no ha sido "sólo un poco"

– Inuyasha me dio de su sangre. Estoy bien, de verdad.

La doctora comenzó a quitar las vendas y al finalizar instó a Kag a recostarse sobre la camilla. Me acerqué y pude ver que la herida estaba inflamada, pero no sangraba y podría jurar que estaba mas cerrada de lo que recordaba. Tocó levemente la piel a su alrededor y gatita agarró instintivamente mi mano a su lado cuando dolió.

– ¿Eso ha molestado?

– Un poco…

– El efecto de los analgésicos que te di dura sólo 8 horas, incluso menos contigo siendo youkai. Pero a decir verdad tu herida se ve bastante mejor, inflamada, pero mejor.

– ¿De verdad? – su voz de ilusión me hizo sonreír.

– Si, quizás ha sido en parte gracias a Inu y su sangre. Haré limpieza, te daré más analgésicos y reposarás el resto del día ¿vale?

– Vale.

La limpieza fue difícil de ver, cada vez que una gasa pasaba por sus cortes sentía el corazón de Kag latir rápido y esa era la única señal de dolor que demostró, en ningún momento se permitió demostrarlo en sus facciones, quizás en su afán de no preocuparme.

– ¿Puedo volver a ducharme por mí misma? – preguntó Kag mientras Haru le inyectaba mas analgesia.

– Pondré un parche impermeable bajo el vendaje, es imposible que no mojes tu pecho… pero intenta no mojar tu brazo derecho. Inuyasha puede ayudarte… - exclamó. Yo asentí. – Nos vemos en ocho horas para tu próxima dosis.


'

Preparé la bañera para Kag con agua tibia, el vapor empañó el espejo del baño mientras ella quitaba su ropa. Entró en la bañera sin problema y se sentó, un suspiro placentero abandonó sus labios apenas estuvo sumergida hasta un poco mas arriba de su cintura.

– Ah… extrañaba tanto esto. – exclamó y cerró sus ojos mientras se abrazaba a sus piernas.

Mojé su cabello y lo lavé con delicadeza, dentro del bolso que había traído con sus cosas había incluido su shampoo favorito, el aroma a vainilla y fresas llenó el lugar.

– Muchas gracias. – musitó mientras yo pasaba una esponja espumosa por su espalda.

– ¿Por?

– Por hacer esto por mí, aunque me gustaría que estuvieras aquí dentro conmigo. – yo reí ante su coqueteo. El embarazo la tenía con las hormonas tan alborotadas...

– Apenas te recuperes haremos todo lo que quieras.

– Cobraré eso. – musitó. Cuando estuvo libre de espuma se puso de pie frente a mi y pegó su cuerpo mojado al mío, mi ropa húmeda y el cómo sus pechos se aplastaron contra mi me hizo estremecer. De verdad estaba intentando controlarme… y Kag en definitiva no estaba ayudando. Me acorraló contra el lavamanos antes de volver a hablar – y lo cobraré con intereses.

Tomó la toalla tras de mi y la envolvió sobre su cuerpo para luego ir a la habitación y vestirse por si misma.

Tomamos desayuno juntos en la habitación, ella no había comido mucho, pero podía suponer que luego de pasar semanas sin alimentarse de forma normal no quisiera comer demasiado.

Se recostó sobre el colchón y suspiró acariciando su abdomen abultado. De pronto la vi poner una cara de sorpresa y entré en pánico.

– ¿Qué pasa? ¿te duele algo? ¿estás bien?

– Si si… ven aquí. – exclamó y cuando me recosté a su lado tomó mi mano para guiarla a su vientre. Sentí un pequeño golpecito contra mi palma y mi corazón se detuvo. - ¿Lo has sentido?

– S-Si… ¿te ha dolido?

– No… sus pataditas son muy pequeñas aún. – exclamó sonriendo – Es primera vez que la siento tan inquieta, quizás está feliz.

– Por supuesto que está feliz – exclamé y la besé con cariño para luego bajar a su abdomen. Aki subió de un salto a la cama y se acomodó a mi lado. – Mira Aki, ¿puedes sentirlo tú también?

El can se acercó y olió el abdomen de Kag, terminó recostándose a su lado apoyando la cabeza en él. Me quedé ahí apoyando mi oído y acariciándola con cariño. Estaría agradecido eternamente por no perder esto… mi propia posibilidad de ser feliz.

La puerta sonó y me distrajo un poco, aunque me quedé en la misma posición.

– Adelante. – gritó Kag.

Mi madre apareció bajo el marco de la puerta y cuando me vio apoyado sobre la pancita de Kagome sonrió.

– ¿Cómo has amanecido querida?

– Muy bien gracias, incluso he podido bañarme con ayuda de Inu.

– Me alegro. Se nota que estás mejor.

– Bastante.

– ¿Cómo está la bebé?

– Justo ahora he sentido sus primeras pataditas. – Observé la mirada de Izayoi completamente feliz.

– Madre, ven aquí. – Extendió una de sus manos hacia mí y la posicioné sobre el vientre de Kag, esperó ansiosa a que algo ocurriera y cuando una nueva patadita apareció la vi dar un pequeño salto por la impresión – Creo que está mucho mejor.

– Por supuesto que sí, que adorable es verlos así. – exclamó desordenando mi cabello con su mano. – Ojalá Haru pueda darte de alta pronto.

– Eso espero yo también – Kagome suspiró a mi lado.

– Iré a quitar algunas malezas de mi jardín. Si quieres puedes acompañarme, para que no estés aquí acostada aburrida.

– ¡Eso sería genial!, aunque no sé que tanto pueda ayudarte.

– Con lo que puedas, si no siempre puedes quedarte sentada tomando una limonada bajo el sol. – Los ojos de Kag se abrieron con emoción y me miró sonriente, podía apostar a que la limonada sólo la había motivado más.

– Sólo cuídate por favor. – exclamé.

– Inuyasha, estará en esta misma casa, viéndome arrancar hierbajos, tienes que dejarla vivir.

– Ajá. Aprovecharé de ir a la oficina a ver algunas cosas, de pronto me he sentido abusador dejando a Miroku hacer todo el trabajo. – Kagome me miró triste, el ruego silencioso por que me quedara me hizo enternecer – Volveré antes de que puedas extrañarme, lo prometo.

– ¿Dónde está mi teléfono? Quiero sacar fotos de Aki en el jardín. – Cierto, lo había olvidado completamente. Me acerqué al bolso con sus cosas y saqué de él el pequeño aparatito, entregándoselo en las manos.

– Lo he mantenido apagado, tu cargador está en el bolso también.

– Genial, vuelve pronto. – La ayudé a ponerse de pie y se estiró de puntillas intentando alcanzar mis labios, yo bajé mi estatura para ayudarla.

– Por supuesto, te adoro.

Vi a mi madre sonreírnos embobada y cruzó su brazo con el de Kag para bajar juntas en dirección al jardín. Kagome guiñó uno de sus ojos para mi antes de abandonar la pieza.

Me duché rápido y busqué ropa relativamente formal, después de tanto tiempo sin ir a la oficina tenía que lucir como un jefe respetable.


'

(Perspectiva de Kagome)

En definitiva la madre de Inuyasha había tenido razón, estar ahí sentada en una silla reclinable mientras bebía limonada con jengibre había sido el placer que necesitaba.

Encendí mi teléfono y muchos mensajes aparecieron, la gran mayoría de Kouga. Mierda, había pasado meses sin contactarme con él, podía apostar a que estaba pensando lo peor. Marqué su número de inmediato. El tono de marcado alcanzó a dar dos pitidos para cuando escuché su ronca voz.

– Será mejor que tengas una muy buena excusa para desaparecer todo este tiempo sin dejar rastro, ¿sabes lo preocupado que he estado por ti? ¡Estuve a punto de viajar a Tokio!

– Lo siento, tuve algunas complicaciones con el embarazo y estuve internada… - Bien, no mentía sobre eso. – Pero ya estoy mucho mejor, embarazada aún.

– ¿Qué sucedió?

– Ahm… algo sobre falta de nutrientes por anemia, no estaba alimentándome muy bien y eso le estaba afectando al bebé.

– ¿Tú sin comer? – preguntó extrañado.

– Ajá, las náuseas me han hecho la vida imposible, mi apetito ya no es tan voraz como lo recuerdas. – Eso sonaba a una excusa totalmente creíble, sin embargo el silencio del otro lado de la línea me preocupó, ¿y si no me estaba creyendo ninguna palabra?

– Entiendo… – el relajo me llegó de golpe – ¿Cuándo podré ir a verte?

– Justo estábamos hablando con Inuyasha de eso, yo creo que desde la otra semana ya no tendré que estar tanto tiempo en reposo, podrías venir y podemos beber y todas esas cosas.

– Tu no puedes beber… - su suspiro me hizo reír.

– Toda la razón, podemos almorzar juntos. Tengo que mostrarte las ecografías y tienes que prometerme que te harás la idea de verme un poco mas panzona. – Su risa melódica me hizo sonreír.

– Debes verte preciosa. Avísame cuando estés en casa. Hay muchas cosas de las que tenemos que hablar.

– Seguro que sí, te adoro… prometo no preocuparte nunca más.

– Eso espero mocosa, te adoro pequeña. Nos vemos pronto.

Corté el teléfono y miré a Izayoi, quien tenía empuñadas unas hierbas que acababa de arrancar. Me sonrió a la distancia mientras Aki corría de un lado a otro.

– ¿Cuáles son tus flores favoritas Kag?

– Las peonías, un poco difíciles de encontrar.

– Eso es cierto… Las mías son los tulipanes, creo que puedes notarlo. – En efecto, el jardín estaba lleno de ellos.

– ¿Puedo ayudarla en algo?

– Por supuesto, puedo comprender que no quieras quedarte como una muñeca de porcelana sin poder moverte, aprovecharemos mientras Inuyasha no está, ven aquí. – Me acerqué casi corriendo si es que el dolor en el pecho no me lo hubiera evitado – Tienes que arrancar esta clase de hierbas, sólo quitan los nutrientes a mis bellas flores.

– Entiendo.

– Con cuidado, hay algunos que tienen raíces muy profundas y cuesta sacarlas.

Nos entretuvimos en eso por varios minutos mientras hablábamos de cosas triviales. Izayoi me convenció de comenzar a comprar anticipadamente cosas para mi bebé.

– ¿Qué te hizo volver con Inuyasha? – preguntó y yo casi me atoré con mi saliva – Lo siento, es que por mucho tiempo pensé que se reconciliarían y cuando comencé a perder las esperanzas todo salió bien, me intriga.

– La verdad nunca dejé de amarlo, comprendí que parte de sus errores habían sido por mi culpa y decidí dejar ir las cosas malas y quedarme con lo bueno, y siendo honesta… tu hijo es en definitiva la mejor pareja que he tenido en mis 27 años de vida. – Me sonrió ante la última frase.

– ¿Pensabas mucho en él cuando estabas lejos?

– Si… aunque apagué mis emociones para evitarlo un poco. También tuve algo con un chico, nada serio, pero me había convencido de obligarme a olvidarlo… supongo que el destino obra de maneras misteriosas, terminó juntándonos otra vez incluso después de los años.

– Asumo que el embarazo no fue planeado.

– Para nada, ninguno de los dos lo tomó muy bien en su momento. – ella rio mientras se agachaba para arrancar otra hierba.

– 27 años parecen ser demasiado pocos para cuidar una vida. Y aun con mas de 800 años, créeme que Inuyasha se siente de la misma manera.

– Si… me siento completamente inmadura, pero a pesar de ello me esforzaré por dar lo mejor de mí. Mi madre murió cuando yo era apenas una bebé, y su figura me hizo falta durante toda mi infancia. Es por eso que quiero estar en cada etapa de su vida.

– Serás una buena madre Kag, todo será nuevo, probablemente te espantes cuando la escuches llorar y no se tranquilice con nada, o cuando tenga sus primeras caídas. Pero todo ello es parte de la vida. Y aprenderás de las experiencias. También me tendrás a mi como apoyo, te llenaré de consejos. – yo sonreí y me agaché levemente para arrancar una maleza.

La tiré con fuerza, pero no fue suficiente, claramente aún seguía débil después de semanas sin moverme. La tomé con ambas manos y para cuando por fin salió del suelo me fui hacia atrás con todo el impulso. Caí de espaldas sobre el acolchado pasto y aún asi el dolor en el pecho se me hizo insoportable. Siempre tan idiota Kagome…

En un segundo vi a Izayoi a mi lado, evoqué un grito ahogado cuando intenté moverme.

– No te muevas. – exclamó seria y la ví mirar mi pecho con preocupación. Evidentemente mi herida se había abierto al menos un poco, el olor ferroso inundó mis fosas nasales. – Iré a buscar a Haru. Lo siento tanto Kag.

– No te preocupes, ha sido mi culpa. ¿Puedes no decirle a Inuyasha? Por favor… no me dejará salir de la habitación nunca más.

– Veamos que tan serio es ¿bueno?, luego lo discutiremos.

– Genial, gracias.

Aki se sentó a mi lado y lamió mi rostro con cariño mientras Izayoi corría para entrar en la mansión en busca de Haru. Aparecieron ambas unos minutos después. Haru me miró con desaprobación desde su altura.

– Debías reposar…

– ¿Sabes lo aburrida que es la vida estando acostada?

– Puedo imaginarlo… - Me ayudó a ponerme de pie y si bien pude con bastante esfuerzo me asusté cuando vi una mancha roja en mi camiseta… Estaba tan cansada de esto…


'

(Perspectiva de Inuyasha)

– Quiero comprar una casa o en su defecto un nuevo apartamento de planta completa, lo suficientemente grande como para vivir cómodamente – exclamé mientras me apoyaba en el escritorio frente a mí. Luego de terminar el trabajo me permití hablar de otros temas.

– ¿El que ya tienes no sirve?

– No, quiero empezar desde cero, ese lugar tiene demasiada historia, demasiadas mujeres que pasaron por mi habitación y por la tuya y ahora la experiencia traumática de Kag… no creo que pueda vivir tranquila allí.

– Entiendo… Con Sango también estamos viendo casas nuevas, hay un condominio bastante cerca de tu barrio, las casas parecen mansiones y estoy seguro de que si yo puedo costear una tu puedes costear 20. – me reí ante su comentario. Escribió algo en su notebook y lo giró para dejarme verlo – Estas son.

La pagina oficial de la inmobiliaria a cargo del proyecto tenía bastantes fotos de las casas piloto. Las casas eran bastante lindas, acogedoras y modernas al mismo tiempo, dos pisos, ventanales de vidrio gigantes, patio y antejardín enorme, arboles frondosos y ocho habitaciones que parecían ser suficientes para una familia que recién estaba comenzando.

– Me gustaría ir a verlas en persona… ¿puedes acompañarme uno de estos días?, podríamos ser vecinos después de todo.

– Por supuesto. Quiero ir la otra semana.

– Un apartamento no superaría esto ¿no?

– Creo que puedes encontrar apartamentos de dos pisos igual de hermosos y modernos, pero estoy seguro de que Aki te agradecería un patio gigante donde poder correr. Además la ubicación es buena, tienes todo a la mano, la oficina está a cinco minutos en auto, el parque más cercano es aún más grande que el que tienes frente a tu departamento y el estilo de la casa es hermoso, no puedes negármelo.

Tenía razón, era todo lo que Kag y yo necesitábamos para ser felices, podía comprarla antes de que le dieran de alta, decorarla y amueblarla para irnos directamente desde la casa de mis padres a nuestro nuevo hogar… sonaba a un plan bastante bueno. Incluso con todas esas habitaciones de sobra, ella podía poner su consulta veterinaria sin problemas y trabajar sin moverse de casa.

– Vamos la próxima semana a verlas, si me gustan mandaré a trasladar parte de mis muebles del apartamento y contrataré a un decorador de interiores que pueda tenerla lista a tiempo.

– Asi me gusta, un mejor amigo decidido que sabe lo que quiere. – palmeó mi hombro. – Gracias por venir a retomar tu labor como jefe, no funciono tan bien como tú mandando gente, no es lo mío.

– Es cosa de costumbre. ¿Vamos de vuelta a casa?

– Vamos.

Tomé mi chaqueta formal y apagué el computador, cerré con llave mi oficina y caminamos juntos al estacionamiento, cada uno se subió en su auto y emprendimos marcha. Voy en camino, nos vemos en 40 minutos, te amo mucho.


'

(Perspectiva de Kagome)

Ahí estaba otra vez, recostada en esa bendita camilla mientras Haru me hacia curaciones en la herida de mi pecho. Después de todo no había sido tan grave, pero como la herida seguía abierta y era una zona tan vascularizada sangraba de inmediato.

– Tu herida se ha abierto un poco. Debes hacerme caso con esto Kagome, el reposo es casi absoluto para que esto cierre, nada de esfuerzos, nada. Si aguantas unas dos semanas más estarás como nueva y te daré de alta sin problemas, concéntrate en ello y acumula fuerza de voluntad. – Suspiré ante su comentario.

– ¿podemos no decirle a Inuyasha? – las miré a ambas con rostro de súplica. – Por favor, haré caso y me quedaré recostada. Pero no quiero que me tenga encerrada día y noche, tu has visto a tu hijo estos días Izayoi, imagínalo aún peor. – la vi meditarlo por unos segundos antes de hablar.

– No le diremos nada al respecto, no te preocupes. – Izayoi me guiñó un ojo y miró cómplice a Haru, quien aceptó a regañadientes.

– Gracias.

"Voy en camino, nos vemos en 40 minutos, te amo mucho." Su voz resonó en mi mente y me puse de pie de inmediato.

– Viene en camino, iré a cambiar mi camiseta. Gracias Haru.

– No hay de que Kag. Sólo cuídate por favor.

– Si, esta vez haré caso, lo prometo.

Subí las escaleras lentamente, con miedo de que mi torpeza me traicionara otra vez. Entré en la habitación y tiré la camiseta en la ropa sucia para luego buscar una limpia en el bolso que Inuyasha había armado para mí.

Cuando estuve perfecta y sin rastros de caída me recosté sobre la cama y Aki, quien me había seguido de un lado a otro se recostó a mi lado, su calidez me hizo recordar a los calefactores.

Inuyasha llegó unos minutos después y me sonrió de lado desde el marco de la puerta.

– ¿Te has aburrido mucho sin mí? – preguntó mientras se acercaba y me daba un beso corto en los labios.

– Bastante – exclamé mientras lo tomaba de las solapas de su chaqueta para atraerlo más hacia mí. En un movimiento ágil pasó por encima de mí y se recostó a mi lado en la cama, abrazándome a su cuerpo.

– Yo también sin ti, ha sido tedioso…. ¿te has cuidado?

– Por supuesto – sonreí y mentí con descaro. – ¿Cómo te ha ido a ti?

– Perfecto, retomé algunas tareas de jefe que alivianaron la carga de Miroku.

– Genial.

– ¿Tomaste limonada con mi madre?

– Si, disfruté bastante del sol, estuvimos hablando de algunas cosas también.

– ¿Qué clase de cosas?

– Maternidad, cosas varias.

Me levanté para buscar mi pijama, Inuyasha se duchó y salió con un pantalón de buzo habitual para él al momento de dormir. Ambos nos metimos bajo las mantas y me acerqué todo lo que pude a su cuerpo, estos eran los momentos que mas esperaba durante todo el día.

– Tu pancita está mas grande.

– Lo sé. – musité con tristeza.

– No lo digo como algo malo, me encanta. – besó mis cabellos y me abrazó. – Tus pechos también están mas grandes.

– Deberías sacarle provecho a eso.

– No aun. – restregó suavemente su nariz contra la mía y la besó.

Caí dormida a su lado a los pocos minutos, lo escuché respirar un poco más acompasado y el ritmo de su corazón me relajó.

'

El timbre de la mansión sonó de forma insistente y me levanté para ir a la planta baja y abrir. La silueta de Kikyo apareció frente a mi y forcejeó conmigo para abrir. Sin embargo cuando estuvo dentro no me atacó a mí, sólo corrió a toda velocidad al segundo piso y temí por Inuyasha, que seguía durmiendo.

Intenté subir rápido, pero las piernas no me dejaban correr, y las escaleras se hacían cada vez mas largas. Para cuando llegué al final de ellas el pasillo lucía oscuro y me costó encontrar la puerta de nuestra habitación. Me guie por el aroma de Kikyo y la encontré a un lado de la cama, sonriéndome mientras sujetaba un cuchillo que goteaba sangre, la sangre del hombre que amaba. Tuve miedo de mirar sobre la cama y me convencí de despertar cuando la ví impulsarse para alcanzarme, mis gritos no fueron suficientes.

'

– ¡NOO! – grité y sentí que alguien me tomaba de los brazos y estaba sobre mí, intenté atacar con mis garras, pero mi fuerza no fue suficiente, así que me acerqué para morder lo que mis dientes alcanzaran.

– GATITA NO, SOY YO, BASTA. – la voz de Inuyasha hizo eco en mis oídos sin embargo mi pánico no se fue.

– ¡Ella está aquí! , ¡tenemos que salir de aquí!

– Gatita ella no est…

– ¡Si! Créeme por favor. – me soltó y tomé su rostro entre mis manos – Ella quiere matarte y también a mí, no puedo dejarle herirte. – la voz se me quebró.

– ¡Kikyo esta muerta! – me gritó en su intento de calmarme.

– ¡Eso no puedes saberlo! ¡Ella está aquí! – mi cuerpo tembló involuntariamente mientras Inuyasha intentaba abrazarme, aun manteniéndose sobre mí, pero sin cargar su peso.

– Gatita… - acarició mi mejilla en la oscuridad – Kikyo está muerta, lo sé porque yo fui quien la mató. – El silencio llenó la habitación y sólo mis temblores permanecieron. Por un momento creí escuchar mal.

– ¿Tú hiciste qué? – pregunté incrédula y pude ver sus ojos dorados mirarme con miedo en la oscuridad.

– Yo asesiné a Kikyo con mis propias manos, momentos después de que te hirió en el pecho…


'

Eso ha sido todo por hoooooy, Kag está teniendo bastantes problemas con su estrés post traumático, e Inuyasha está cargando con todo ello :(, veamos como reacciona Kag luego de lo que le ha confesado Inu.

prometo actualizar entre lunes y martes. Muchas gracias por leerme!

Frani.