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EL COMIENZO DEL JUEGO
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Amelia jamás se había sentido tan atraída por un perfume.
Siempre fue de su disgusto que los hombres utilizarán un aroma tan extravagante, pero por alguna razón el cítrico en Draco Malfoy era distinto, y Merlín... Amelia estaba embriagado por él.
Pero ella debía mantenerse firme. Si bien sus sentidos estaban siendo más que dominados, no era el momento.
No cuando Harry estaba hablando sobre su plan por traer a los Weasley restantes al bunker.
"Están a sólo unos kilómetros, no entiendo que es lo que nos detiene."
Pansy rechisto, cruzandose de brazos mientras Blaise la rodeaba con su brazo. "Potter, estás siendo algo egoísta en este momento."
"¿Egoísta?" preguntó él, con asombro. "¿Soy egoísta por querer traer a nuestros amigos a salvo?"
"No Potter, eres egoísta por querer traer a tu novia sabiendo el peligro que aclama eso." irrumpió Noah, mascando un pequeño palillo.
Harry sonrió con ironía, lamiendo el interior de su mejilla. "¿Crees que lo hago sólo por Ginny?"
"Harry..." murmuró Hermione, poniéndose de pie. "Creo que en este momento ellos tienen razón... es peligroso aún."
Amelia casi no prestaba atención a las palabras. Su cabeza estaba apoyada en el hombro de Delia mientras miraba las puntas de su cabello, tirando y tirando de él, ocupando su mente en algo que no fuera el perfume que la invadía en ese momento.
"Hermione... me ayudaste a organizar el plan ¿y ahora te niegas?"
Ella estuvo a punto de responder cuando Theo se adelantó. "No te molestes Potter, si te estamos diciendo esto es porque estamos intentando protegerte - protegernos a todos."
"No pareciera." gruñó él, tomando asiento con disgusto. "Creí que si están aquí, me apoyarían."
"Lo hacemos." respondió Nathan, quien estaba apoyado en el mesón de la cocina. "Pero debes entender nuestra posición. Este no es sólo tu juego Harry, es nuestro también. Tenemos derecho a opinar, y opinamos que no es el momento de actuar."
Harry seguía allí, mirando el centro de la mesa como si batallara en su mente. Ron y Hermione se miraron sin saber que hacer o decir, y la mayoría guardó silencio por un rato.
Amelia conocía esta parte. Harry había tomado la costumbre de pensar demasiado las cosas hasta encontrarles una solución, cosa que a veces no era posible. Habían problemas que verdaderamente no tenían un arreglo viable.
"Puedo ir con Malfoy." dijo finalmente, luego de lo que fueron un par de minutos.
Amelia no lo evitó, y el solo hecho de oír su nombre la hizo alzar la mirada, llevándola al punto donde se encontraba él, en su traje color negro, su camisa entre abierta revelando una pequeña cadena de plata. Su posición era casi dominante y perfecta, como si la imágen sofisticada fuera algo natural de él.
"¿Qué te hace creer que iría contigo?" preguntó, sacando una de sus manos del bolsillo de su pantalón para arreglar su camisa.
"Por favor Draco," resoplo. "eras un Mortífago. Eres lo más cercano a una protección contra las Artes Oscuras. No será difícil."
"No. No lo haremos." respondió el con firmeza. "Es peligroso y lo sabes."
"¡Investigamos por semanas!" dijo, subiendo su tono de voz. "No existe -"
"Harry..." Ron se puso de pie, tomando a Harry por los hombros para llamar su atención. "Ellos pueden esperar unas semanas más..."
"Bien, la reunión terminó." gruñó, ignorando las palabras y levantándose de su lugar, sus hombros balanceándose con rudeza fuera de la habitación.
Nuevamente, un silencio implacable reinó hasta que todos estuvieron seguros de que Harry estaba lejos.
"Deberías hablar con él," le dijo Pansy a Hermione, mientras se ponía de pie. "es probable que te escuche más que a nosotros."
"Ustedes no conocen a Harry..." se quejó. "A veces es un poco terco."
"¿A veces?" resoplo Blaise, riendo junto a Theo.
Ron resoplo, pero no dijo una sola palabra. Él se puso de pie y salió de la sala, seguido de Hermione que se notó nerviosa por su reacción.
"Bueno..." dijo Pansy, tintineando los dedos hacia Amelia. "la fiesta aquí terminó, pero la nuestra va a comenzar."
Ella se puso de pie, caminando hacia ella. Un hormigueo recorrió su cuerpo al pasar por el lado de Draco, quien la miró de pies a cabeza antes de apartar los ojos.
"¿Tienen una fiesta y no me lo dijeron?" preguntó Noah, sonriendo hacía ellas.
"Si no te lo dijimos fue por algo ¿no crees?" le dijo Pansy, tomando la mano de Amelia. "Luna, Delia, vayan por sus cosas."
"Que grosera señorita Parkinson." dijo él, tirando el palillo de sus manos. "Si yo hiciera una fiesta te invitaría."
"Pero no la harás, así que cierra la boca."
Amelia avanzó junto a Pansy, subiendo las escaleras tras ella mientras la chica apretaba su mano con fuerza.
"Pansy ten cuidado." gruñó. "Me duele."
Ella sonrió. "He oído que te gusta."
Ella sintió sus mejillas encenderse y la azabache notó su reacción, poniendo los ojos en blanco mientras llegaban a su puerta. "Salazar Amelia es una broma."
En cuanto entraron a la habitación, Pansy corrió a su cómoda, abriendo uno de los cajones y comenzando a revolver en su interior.
Amelia se quedó parada a un lado del escritorio, mirando algunas fotos que Parkinson tenía en pequeños marcos.
"Voy a darte algo." dijo, dando la vuelta con las manos tras su espalda. "Creo que se demasiado de tu vida sexual ahora así que pretendo ayudarte un poco."
Amelia la miro con horror, como si sus palabras fueran amargas. "Qué -"
Un pequeño objeto ovalado color negro dentro de un paquete transparente estaba en sus manos. Era delgado, de aspecto mediano y textura brillante.
Ella lo miró, confunidad. "¿Qué es esto?"
"Un vibrador." dijo con naturalidad, y Amelia seguía sin reaccionar. "Dios... es un objeto que se pone sobre tu -"
"¡No! Digo, lo sé." aclaró ella, callando a su amiga. "¿Pero por qué traerías un maldito vibrador al bunker?"
"Traje cinco en realidad..." susurró, y Amelia abrió aún más los ojos. "pero el punto es que tienes algo con que jugar ahora."
Ella miró el paquete entre sus manos y sus brazos. "Definitivamente no Pansy."
"Oh por favor, tú solo -"
"¡Llegamos!" exclamó Delia desde la puerta, y Amelia, a una velocidad extrema, escondió el objeto tras su espalda. "Luna trajo un poco de... ¿cómo dijiste que se llamaba?
Luna ladeo su cabeza, con una sonrisa sombría. "Polvo Estelar."
"Si..." siseo Delia, dejando un pequeño bolso sobre la cama. "Polvo Estelar."
"Entonces, iré a buscar mis cosas." dijo Amelia con brusquedad, caminando con la espalda en dirección hacia la pared.
Pansy sonrió maliciosamente, tintineando las uñas sobre sus brazos cruzados. "Si... y por favor si eres tan amable, trae el Whisky que dejé en la cocina."
Ella asintió, saliendo y cerrando la puerta de golpe. Miró de un lado a otro antes de correr a su cuerto, en cerrándose en sus cuatro paredes.
Una de sus manos subió a su rostro, sintiendo el calor emerger desde su piel. Pansy está llendo a los extremos con ella y no tenía idea de por qué. Quizá sólo quería ser una 'buena amiga' pero Amelia nunca había tenido tanta confianza en una amistad.
Miró el paquete ante sus ojos. Ahora que lo analizaba mejor, el objeto parecía ser más grande de lo que ella había visto. Estaba nuevo y sellado y un pequeño control venía junto a él.
Amelia poco y nada sabía del mundo de los juguetes sexuales y tampoco quería saberlo. Pero había algo en que captaba su atención. Se veía extrañamente curiosa por saber lo que se sentiría utilizarlo.
No.
Caminó hasta uno de los estantes y dejó el paquete ahí, pensando en que luego buscaría la forma de deshacerse de él.
Se desvistió con rapidez antes de ponerse su pijama de seda y una bata, tomando sus zapatos de levantarse antes de salir nuevamente de la habitación.
Pasó el cuarto de Pansy y bajó las escaleras, dirigiéndose a la cocina por la botella que ella le había pedido. El salón estaba vacío y cuando entró, las brazas de la chimenea le dieron algo de calor, iluminando su camino.
Apoyó su cuerpo en el mesón mientras analizaba la cocina, buscando la botella entre las miles de cosas que tenían allí.
"Amelia Granger..." dijo Noah, apoyándose junto a ella en el mesón.
Amelia casi dio un grito al notar su presencia y su mano apretó su pecho, mirándolo como si no creyera que estuviera allí. "Noah... qué - qué haces aquí."
El se encogió de hombros, mirando sus pantalones cortos que apenas llegaban a la mitad de sus muslos. "¿No hablamos desde cuándo?" preguntó, mordiendo su labio. "Oh sí, desde que probé esa suave piel tuya."
"Noah, no es el momento de hablar ese tipo de cosas." respondió ella, dando un paso hacia la nevera. "No cuando estamos solos."
"¿Por qué?" preguntó él, deslizando su cuerpo hacía el de ella. "¿Tienes miedo?"
Ella trago saliva antes de negar con su cabeza. "No tengo por qué..."
El brazo de Noah era fuerte y ella casi se ahogó cuando su cuerpo fue elevado en un segundo y sus muslos cayeron sobre el frío mármol de la mesa, abriendo sus piernas para ser invadida por él.
"Tus labios Amelia... se ven tan rosados..." susurró, subiendo sus dedos hacia ellos. "muero por probarlos desde ese día."
Ella temblaba, y podía sentirlo. Noah estaba demasiado cerca. Tan cerca, que al más mínimo movimiento de su cuerpo, sus bocas podían golpearse. Amelia suspiró, viendo el verde de sus ojos a luz de las llamas.
Noah era atractivo. Pero no era lo que ella quería.
No era la persona que ella quería.
"¿Qué harías si te beso Amelia?" preguntó, apretando una mano en su cintura.
Ella se quedó inmóvil, sin una palabra en su mente. Generalmente en momento así su cabeza disparaba miles de preguntas pero ahora, estaba vacía. Pronto sintió que su mano bajaba hasta su cadera. Su pulso se aceleró y comenzó a divagar, queriendo escapar, pero a la vez sintiéndose amenazada por Noah.
Sintió su respiración mezclarse a la suya y un leve roce de su nariz.
"Si fuera tú, definitivamente no haría eso."
Draco estaba parado en el umbral de la sala, sus brazos cruzados y su hombro apoyado contra él marco. Sus ojos estaban fijos sobre ellos y no había nada bueno en su mirada.
Noah no se inmutó, y apenas movió unos milímetros su rostro para responder. "Malfoy... siempre tan oportuno."
"¿Sabes Banks? es mejor que te largue de aquí ahora mismo si no quieres que mi puño esté sobre tu cara."
El chico sonrió, y ese empujó del mesón, alzando las manos sobre el rostro de Amelia. Ella se dejó, porque su mente no estaba procesando aún lo malo que podía ser eso.
El pulgar de Noah acarició el labio inferior de Amelia. "¿Y si mejor le preguntamos a ella que es lo que quiere?" propuso, mirándola con fervor. "¿Quieres que me vaya Amelia?"
Su piel se vio erizada ante su toque y con cuidado, lo separó de ella. "La única que se irá de aquí soy yo." espetó, juntando sus piernas para bajar del mesón. "Ustedes... deberían conversar de esto sólo, no tengo tiempo para sus estupideces."
Sintió la risa de Noah inundar la sala mientras ella daba un último vistazo a la cocina, tomando la primera botella que saltó a su vista.
No escucho ni una palabra por parte de ellos, o al menos eso creía, y cuando pasó por el lado de Draco su piel fue golpeada por la ira que irradiaba su cuerpo y sólo sintió que debía salir de ahí.
Sus pies subieron los escalones rapidez pero fue en vano.
Él siempre la tenía en sus manos.
"Amelia."
Su voz sonó pesada y dura, pero ella no paró.
"¡Joder Amelia!"
Sólo paro sus pasos cuando la pared se encontró presionando su espalda. Ella nunca había sentido tanto miedo como ahora. Draco la miraba, un mercurio gélido pero furioso que analizaba cada punto de su rostro.
De reojo vio su mano apretarse mientras la otra cerraba su paso, apoyada a un lado de su cabeza.
"Explicame que se supone que hacías." gruñó, su dientes apretando cada palabra.
Ella frunció el ceño, y bajó la mirada, cosa que al parecer fue peor.
"Acostumbra gustarme que me miren cuando estoy hablando." dijo, a la vez que su mano apretaba la barbilla de Amelia, subiendola a la altura de su rostro. "Ahora, preguntaré una vez más, ¿qué se supone que hacías?"
"No hice nada Draco, no entiendo por qué te pones así."
El sonrió, lamiendo el interior de su mejilla como si aquello no le sorprendiera. "¿Ibas a dejar que te besara?" preguntó, alzando una ceja.
Amelia lo pensó. Estaba cerca, tan cerca de hacerlo, que si Draco no hubiera puesto fin a su pequeña conversación, lo más probable es que lo hubiera hecho.
Pero había una extraña diferencia.
Ella habría besado a Noah, pero sus labios sólo lo querían a él, cosa que hacía más difícil sus sentimientos en ese momento.
"¡Contesta!"
El grito la hizo temblar y su pecho saltó, queriendo escapar de sus garras. Pero sus piernas temblaban, y temía hacer movimientos bruscos que pudieran desatarlo.
"No lo sé..." dijo en un susurro, pegando sus palmas a la pared.
Amelia quería hundirse en ese momento. Apretaba su cuerpo contra el muro tan fuerte, como si este fuera a llevarla y salvarla de su situación.
"No lo sabes..." murmuró él, respirando con desesperación. "A tu cuarto, ahora."
Ella tartamudeo, sus dientes chocando entre sí. "Q-Qué -"
"Que vayas a tu puto cuarto ahora Amelia."
Un gesto en su rostro le hizo saber que no podría. Su brazo la tenía atrapada y a pesar de que él lo sabía seguía sin darle el pase. Amelia se quedó quieta, esperando otro grito de su parte por lo amenazante que iban a sonar sus palabras.
"No iré a mi cuarto Malfoy, porque Pansy me está esperando."
El contuvo sus palabras, como si esperara que ella se retractara. Pero no lo hizo. Y fue entonces cuando tiro su brazo, arrastrandola por el pasillo mientras Amelia sacudía su hombro intentando zafarse.
"Deberías tener claro que no tienes derecho a hablarme así." dijo, él.
Ella lo desafío. "Y tú deberías tener claro que no voy a hacerte caso a todo lo que digas Draco."
Él ni siquiera le tomó atención, y giró el pomo de la puerta del cuarto de Amelia antes de empujarla dentro. Ella tropezó y su mano alcanzó a ser apoyada contra la pared. El golpe de la puerta fue brusco y Draco caminó inmediatamente hasta la cama.
"Ven aquí, ahora." ordenó, señalando su muslo con leves golpes de su palma.
Amelia se quería golpear a sí misma por querer que él fuera violento. Sabía las consecuencias de ello y no le importaba. La necesidad era más grande que su estabilidad.
Dejó la botella que tenía en en su mano a un lado, sobre su cómoda, y avanzó hacia él, mirando sus rasgos en la oscuridad.
Cuando estuvo frente a él, las manos de Draco tomaron sus caderas, mientras abría sus piernas para acercarla más a él. Ella bajó la mirada, viendo su rostro que estaba justo a la altura de su vientre.
"¿Te sientes con el derecho de levantarme la voz Amelia?" preguntó, ahora con una suavidad que sólo hizo que ella se mareara.
Trago saliva, exhalando con lentitud. "No lo hice..."
"Lo hiciste." respondió. "Pero esta vez lo dejaré pasar..."
Raramente ella se sintió aliviada por eso. Aunque nunca había visto que tan lejos podía llegar Draco.
"Lo que no dejaré pasar," siguió diciendo. "es el hecho de que hayas dejado que Banks se abalanzara sobre ti."
"Pero yo no -"
"Quítate ese jodido pantalón ahora."
Ella sintió la temida punzada en su estómago, y el calor brotando por su núcleo. Al no hacer movimientos, Draco se apoderó de su cuerpo, enganchando sus dedos en el pantalón y la braga a la vez, para tirarlos hacia abajo, deslizandolos por sus piernas hasta llegar al suelo.
Amelia tuvo que apoyar sus manos en los hombros de él, y eso sólo hizo que sus emociones fueran aún más fuertes, tensando su cuerpo por completo al sentir su cálido y familiar tacto.
"Separa tus piernas." volvió a ordenar, y tomó su muslo, apoyándolo en el colchón. "Voy a lamer ese lindo coño tuyo que tanto me gusta."
Ya no podía más. La humedad en su entrepierna había crecido en segundos y cuando Draco pasó sus manos bajo sus muslos para acercar su rostro a ella, Amelia sintió que todo se nublaba a su alrededor.
Su cuerpo tembló cuando sintió la lengua rodear su clitoris, y gimió en cuanto una succión la hizo mover sus caderas.
"Draco..." jadeo, abriendo más sus piernas mientra enredaba sus dedos en el cabello rubio y tan suave de él. "Mierda..."
Él apretó su boca contra ella, su lengua balanceándose entre sus pliegues mientras daba pequeños besos y succionaba la piel sensible.
Las sensaciones que la invadían eran demasiado placenteras, y su exitacion crecía con sólo ver quién era la persona que se encontraba entre sus piernas. Nunca pensó que alguien pudiera hacerla enloquecer con sólo su figura, pero ahí estaba Draco, mostrándole lo verdaderamente loca que estaba.
Pero no se arrepentía.
Y probablemente jamás lo haría.
Amelia echó su cabeza hacia atrás, sintiendo su cabello caer sobre su espalda mientras Draco enterraba sus dedos en ella.
Sus manos tiraron de su cabello y apretó su cabeza contra ella, ansiando más de él. La lengua pasó de sus pliegues a su interior, saboreandola desde todos los puntos posibles.
"Draco..." jadeo ella, tirando sus caderas contra él. "Necesito... - yo necesito correrme."
Ella iba a correrse. Sentía la electricidad en sus músculos queriendo ser liberada.
Y de un momento a otro. Él paró.
"Arrodillate."
Amelia se tambaleó cuando bajó su pierna del colchón, sintiendo un leve dolor en su rodilla. "Pero yo no me -"
"¿Creíste que dejaría que te corriera luego de lo que hiciste?" preguntó, chasqueando la lengua con una sonrisa. "Es mejor que te arrodilles ahora Amelia, o me arrepentiré de todo."
Cediendo, sus piernas se doblaron, quedando arrodillada frente a sus piernas. Él comenzó a desabrochar su cinturón, bajando el cierre de su pantalón para tomar su longitud entre sus dedos.
"Quiero tus manos atrás." le dije, empuñando su cabello en una mano. "Tu boca va a hacer lo que yo le pida, y no quiero quejas."
Ella asintió cuando el glande rozó sus labios, frotándose entre su rosada piel.
"Escupe para mí Amelia." pidió él, dejando la punta en su boca.
Ella lo hizo, y dejó que su pene se lubricara con su saliva. Draco gruñó, comenzando a bombear frente a ella.
"He pensado mucho Amelia," murmuró, mientras introducía la polla en su boca. "y creo que hay demasiadas cosas que quiero hacer contigo."
Esbozó un gemido cuando la boca de Amelia estuvo llena por completo, rodeando entre sus labios toda la longitud de su pene. Ella rodó su lengua sobre la punta, sintiendo como sus ojos comenzaban a lagrimear.
"Mierda..." se quejó él, tirando de su cabello hacia atrás para volver a embestirla. "No he dejado de pensar en ti Amelia y es un puto problema. Nunca había encontrado una chica tan dispuesta como tú."
Ella apenas procesaba sus palabras, estaba demasiado concentrada en dar pequeños respiros cada vez que se le permitía.
"Tengo que hacerte una pregunta y me vas a responder ahora mismo. Me importa una mierda que tu boca esté tapada con mi polla."
Ella pestañeo, mirándolo mientras movía su cabeza a un ritmo ralentizado que lo hacía gemir entre sus palabras.
"¿Estás dispuesta a todo conmigo Amelia?" preguntó, tirando de su cabello para mirarla mejor. "¿Quieres que te folle hasta más no poder?, porque créeme, las cosas que hemos hecho, no son nada, en comparación a lo que tengo en mente."
Estaba cansada de que se lo preguntara. Él lo sabía. Ella quería esto y se lo había dicho muchas veces, pero al parecer necesitaba más seguridad por su parte, y eso era lo que le daría.
Intentó parar pero Draco no se lo permitió, presionando su cabeza para que siguiera lamiendo su pene.
"Responde." gruñó.
Y ella asintió.
Vio su pecho inflarse al tiempo que un gemido gutural salía de sus labios. Su cuerpo se estremeció y sabía que estaba cerca de correrse.
Draco sonrió, pasando su mano por la mejilla ardiente de Amelia. "Despidete de tu libertad sexual amor... porque desde ahora harás cada puta cosa que te diga. No hablaras si no te lo permito. No tendrás control de tu misma, y lo más importante... no tendrás ojos para nadie más que yo."
Amelia sintió que su cuerpo temblaba y no podía creer que se fuera a correr sólo con sus palabras.
Ella estaba dispuesta. Estaba más que dispuesta a cumplir sus órdenes por muy masoquista que aquello sonara. Pero se decía a sí misma que las fantasías y las prácticas en el sexo, no tenían nada de extraño, y que sólo se estaba aventurando en una nueva emoción.
Sus caderas se balancearon apretando sus muslos para aliviar la tensión de su núcleo, cuando Draco tiró su cadera contra ella. "Me voy a correr en tu boca Amelia y tragaras todo."
Ella se preparo, haciendo de su cabeza hacia atrás cuando sintió el líquido correr hacia su garganta, llenando su boca a la vez que su cuerpo combustionaba, y un pequeño orgasmo recorrió su piel.
Draco suspiró, sus labios entre abiertos dando pequeñas bocanadas de aire.
"Este es el comienzo del juego Amelia." le dijo, viendo como tragaba su semen. "Y espero entiendas las consecuencias de tus actos, porque cada vez que hagas algo que me moleste, ésto va a suceder, y seré más violento que hoy."
Ella asintió, limpiando las gotas de su boca. Alcanzó su ropa interior y sus pantalones cortos mientras Draco se ponia de pie, arreglando sus pantalones con rapidez.
Amelia se puso de pie casi sin fuerza y volvió a vestirse, sacando ropa interior nueva y cerrando su bata alrededor de su cuerpo.
Tomó la botella antes de dirigirse a la puerta, y Draco la siguió, en silencio.
Apenas salieron Amelia tomó su varita, lanzando un hechizo sobre el pomo para sellarla por completo.
"Ames, mírame." murmuró, haciendo que la chica se girará hacia él. "Eres demasiado para mí..."
Un revoloteo se adueñó de su vientre cuando Draco dejó un casto beso en sus labios, antes de irse, avanzando por el pasillo y desapareciendo de su vista.
Ella sonrió tontamente, y con felicidad corrió hasta la habitación de Pansy, abriendo de golpe antes de pegar su espalda a la puerta de madera.
Las chicas, que ahora reían sentadas en un pequeño círculo en el suelo, la miraron con preocupación.
"¿Qué pasó contigo?" preguntó Pansy, mirándola con la boca abierta.
"¿Por qué lo dices?" suspiró Amelia, sin poder borrar la curva en sus labios.
Pansy la analizó por completo. "Pues, porque parece que acabaras de follar."
"Es verdad." añadió Luna, balanceando un frasco con polvos color rosa.
Amelia frunció el ceño, riendo con nerviosismo. "¿¡Qué!? No..."
Delia se quedó en silencio, bajando la mirada mientras Luna le ofrecía un pequeño bombón de chocolate.
"¿Oh, de verdad?"dijo Pansy con ironía. "Entonces cuál es tu explicación. Te demoraste más de una hora en ir a buscar una botella de Whisky. Qué, ¿acaso tuviste que cruzar el bosque para ir por él?"
"No me molestes Pans." refunfuño ella, tomando asiento a su lado.
"Bien, ya dame la botella estoy muerta de sed."
Amelia se la entregó, y mordió su labio al pensar de nuevo en Draco.
No podía negar que estaba nerviosa pero a la vez el sentimiento de deseo la hacía olvidar todo.
Olvidate de tu libertad sexual.
Si aquello era todo lo que Amelia pensaba, Draco Malfoy iba a acabar con ella. Literalmente.
"Amelia... ¿estás segura que estás bien?" preguntó Pansy, enarcando una ceja.
"¡Qué sí!" gimió ella, poniendo los ojos en blanco.
"¿Entonces por qué trajiste una botella de Aceite?"
