No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.

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Isabella no entendía lo que estaba pasando. ¿Por qué la estaban apartando del firme y reconfortante abrazo de Edward? ¿Por qué dos oficiales de policía tiraron a Edward sobre el suelo y lo esposaron? ¿Por qué dejaron a Jeremy salir del apartamento tan casualmente?

―¿Qué está pasando?― Gritó ella.

―Está bien, señora. Lo tenemos. ― dijo uno de los policías y luego comenzó a recitarle los derechos a Edward.

―¿Por qué están arrestando a mi novio? ― Los dos policías la miraron confundidos.

―No soy el tipo que están buscando. ― dijo Edward, todavía boca abajo contra el suelo. ― Lo dejaron escapar. ― Los oficiales miraron a Isabella como si no creyeran lo que Edward estaba diciendo y necesitaran su verificación para proceder.

―Ese es Edward CullenSinclair, no Jeremy Condaroy. ― dijo Isabella. ―Jeremy es un hombre alto, santurrón y rubio.

―¡Mierda! ― Dijo uno de los oficiales y salió del apartamento por el pasillo. ―No se mueva, ― Gritó él, corriendo por el pasillo. ― Dije que no se mueva. Voy a usar la pistola electica si no se detiene. ― El más joven de los dos oficiales dudó, mirando a Edward con una especie de expresión de vértigo.

―Edward Cullen. ¿El guitarrista principal de los Sinners?

―Compórtate como un fan después. ― dijo Isabella, ― Ese imbécil que dejaron escapar rompió la mano de Edward. ¿Vas a dejar que se escape? ― El oficial juntó las cejas.

―Lo acabaré. ― dijo él y fue tras su compañero.

Un chisporroteo eléctrico sonó en el pasillo seguido por un grito de dolor.

―Heh. Creo que lo agarraron. ― Edward sonrió. ―Espero que te duela, ¡Imbécil! ― gritó.

Isabella ayudó a Edward a sentarse, pero no había nada que pudiera hacer con las esposas de las manos por detrás de su espalda.

―Siento mucho todo esto. ― Ella se arrodilló frente a él y le tocó el rostro.

―No es gran cosa. He sido arrestado antes. ― El corazón de Isabella dio un vuelco.

―¿En serio? ¿Por qué?

―Por pelear. Solía ser un mocoso impulsivo. ― Ella se echó a reír.

―De alguna forma creo totalmente eso. ― Isabella dio la vuelta para examinarle la mano. Estaba horriblemente magullada e hinchada. No podía decir si estaba rota y no quería lastimarlo al examinarlo rigurosamente. ― ¿Cómo está tu mano? ¿Crees que está rota?

―No sé, pero no importa. Lo importante es que estás a salvo. ― Él era demasiado dulce. Si Jeremy le había causado daños permanentes a la mano de Edward, Isabella se perdonaría por eso.

―Voy a traerte hielo. ― Ella comenzó a levantarse del suelo, pero él se inclinó contra ella.

―No, quédate conmigo. ― Isabella miró de forma vaga por encima del hombro de Edward.

―Nunca debí de haberte llamado.

―¿Qué? No puedes hablar en serio, Isabella. Ni siquiera quiero pensar en lo que podría haber sucedido si hubieras estado aquí sola con ese tipo. Es un total demente. ¿Cómo es que anda suelto por las calles?

―Tiene libertad condicional. Su papá tiene amigos en lugares altos.

―A lo mejor esta vez lo encerrarán. Es obvio que no ha aprendido la lección. ― Isabella se frotó la frente, un sentimiento de impotencia se derramó sobre ella.

―Supongo que necesito cambiarme el nombre de nuevo. Mudarme de ciudad. Comenzar de nuevo. Dios, estoy cansada de esto. Estoy cansada de que él controle mi vida.

―Jódelo, Isabella. ― Isabella se puso rígida, la simple idea la llenaba de pavor. Y náuseas. ―No quiero decir literalmente. ― Edward sacudió la cabeza. ―Él es el único que tiene problemas. Tú no deberías tener que ocultarte por el miedo.

―Algunas veces es más fácil ocultarse.

―¿Desde cuando eres el tipo de persona que toma el camino más fácil? ― Ella sabía que no sería capaz de explicarlo de una manera que él lo entendiera. Realmente no se entendía a ella misma. Jeremy sabía cómo utilizar cada botón y los presionaba repetidamente, sin durarlo.

―Es sólo que hay algo en él que me atemoriza.

―Lo sé, cariño. Haz lo que necesites para sentirse segura. ― Él presionó los hombros contra los de ella. ― En realidad, ahora me gustaría abrazarte, pero estoy algo atorado. ― Ella envolvió los brazos alrededor de su cintura y descansó la cabeza sobre sus hombros.

―De vez en cuando me gusta inmovilizarte, pero no así.

―Vas a dejar que me quede aquí en Kansas City hasta que regresemos a un tour, ¿verdad? Es obvio que no puedo grabar con mi mano toda estropeada.

―Preferiría ir a Los Ángeles contigo. No sé si puedo soportar estar en este apartamento. ― Ella miró alrededor. Sí, La presencia de Jeremy ensució todo el lugar. No se podría concentrar en su trabajo de investigación. No sería capaz de dormir, mucho menos de concentrarse.

―Si estás empeñada es cambiarte el nombre, eres más que bienvenida a usar mi apellido. ― Ella le cubrió la boca con una mano.

―No te atrevas a sugerir las Vegas de nuevo.

El oficial de policía más joven entró por la puerta principal.

―Bueno, lo tenemos bajo custodia. ― dijo él. ― Déjeme quitarle esas esposas, Master Cullen.

Isabella se hizo a un lado y el oficial se puso en cuclillas para quitarle las esposas. Tan pronto estuvo libre, Edward acunó la mano izquierda contra su pecho. Trató de ocultar la mueca de dolor con una sonrisa de gratitud, pero no podía engañar a Isabella. Sus dedos ya estaban negros y azules. Ella tenía que llevarlo a la sala de emergencia para tomarle una radiografía.

―Espero que hubiera algo de brutalidad policiaca involucrada en este arresto. ― dijo Edward. El oficial guiñó un ojo.

―Tal vez un poco. Me siento estúpido preguntando esto, pero soy un gran fan suyo. ¿Me podría dar un autógrafo?

―Sí, no hay problema. ― Edward se levantó. Mientras firmaba el autógrafo con la mano derecha, el oficial le dijo a Isabella.

―Probablemente tenemos lo suficiente para mantener a su ex marido encarcelado hasta que regrese a la corte…el idiota se quitó la tobillera de arresto domiciliario, está a cientos de kilómetros fuera del perímetro y violó la orden de restricción…pero sugiero que presente cargos adicionales contra él. Entre más tengamos en contra de este tipo, más fácil será mantenerlo encerrado. ― Ella miró a Edward, que se presionaba los nudillos de la mano herida y fruncía el ceño.

―Necesito llevar a Edward al hospital para que le revisen la mano. ¿Puedo presentar cargos después?

―Um, sí. Sólo tiene que ir al centro y presentar una queja lo más pronto posible. Cullen también debería presentar cargos.

―Definitivamente presentaré cargos. ― dijo Edward. ―Estoy considerando incluso exagerar las cosas.

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Ufff… pobre Edward! Espero que el maldiyo de Jeremy se pudra en la cárcel!

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¡Nos leemos pronto!