De cuando hablamos

Alfa caminó en silencio por un rato con Saga a la siga. No sabía exactamente en dónde sería el mejor lugar para tener esa conversación, probablemente ninguno, en especial porque iban a sonar muy raros hablando de encarnaciones y vidas pasadas. Finalmente optó por ir a su departamento, al menos ahí podría gritarle con ganas si es que lo veía necesario.

Saga no quiso decirle nada, no tenía mucha idea tampoco de cómo empezar esa conversación. Se sorprendió un tanto cuando vio que lo estaba llevando a su departamento. No tardaron mucho en llegar. Alfa abrió la puerta y la dejó abierta tras de sí. Saga entró y cerró mientras Alfa iba a la cocina, encendía las luces y se dirigía al refrigerador. De ahí sacó un par de cervezas, las destapó y dejó una en la barra frente a Saga, quien la tomó. Luego le dio un trago a la suya. Lo miró a los ojos y se sentó en un banco frente a él.

—Lo siento —dijo Saga.

—¿Por qué?

—Por todo lo que hizo Aspros. Por todo lo que hice.

—Técnicamente no fuiste tú, fue él.

—Aún así me culpas a mí también. —Alfa suspiró, pero no contestó. Volteó a ver a su cerveza. —No puedo culparte por hacerlo. No tengo idea de lo que haría yo en tu lugar. Fue mi culpa.

—¿El qué? ¿Que Déuteros fuera a morir en tu lugar? Ese era su deber como Santo. Y eso era algo que yo sabía desde el momento en el que decidí involucrarme con él, así como siempre ha sido una posibilidad muy real que también se me ocurrió cuando decidí involucrarme contigo, a pesar de los tiempos de paz. Era una niña, Saga, tenía 17 años. Y ese día, en el cementerio, reaccioné exactamente como hubiera hecho ella. Todos los recuerdos vinieron a mi mente, fue demasiado.

—Si pudiera regresar en el tiempo y cambiar las cosas lo haría. Hice exactamente lo mismo dos veces. La primera, no lo sabía, pero tampoco me importaron las vidas que me llevaba conmigo: tú y Déuteros. Para la segunda tengo un mejor pretexto. No sé qué hacer, Alfa. No sé cómo podría compensarte a ti y a Kanon por lo que les hice. No te culpo si no quieres volver a verme la cara en toda tu vida. No te culpo si no quieres ser parte del Santuario y ni siquiera te culparía si mañana te fueras a formar parte de los renegados. Pero no sé qué hacer. No sé qué más podría hacer además de decirte que lo siento. No quiero perderte. No quiero dejar de verte, no quiero que dejes el Santuario por siempre, pero eso es mi mero egoísmo. No puedo obligarte a regresar. Dime qué puedo hacer.

—No puedes hacer nada, Saga. No puedes cambiar el pasado y no puedes borrar lo que vivimos. Cuando salí del Santuario lo único que quería era no volver a verlos en mi vida. A ninguno de ustedes. No sé exactamente qué me detuvo, pero quise subirme al primer avión que encontrara e irme al lado opuesto de la Tierra. Pero no pude hacerlo. Yo no soy ella. Lo fui. Cometí errores. Si hay alguien a quién culpar es a mi misma. ¿A quién le dijeron que no se metiera con un Santo Dorado? Por más que dicho Santo fuera "la sombra". ¿Y quién lo hizo de todos modos? Antheia quiere culpar a todos menos a ella misma. Te culpó a ti por haber hecho todo lo que hiciste y culpó a Déuteros por dejarla. Pero no se culpó a sí misma por no hacer su deber, por no cumplir con sus responsabilidades como Saintia y por haber roto el primer y más importante juramento que hizo al convertirse en una. ¿Quién no estuvo ahí para Atenea por auto exiliarse? ¿Quién saltó de un acantilado y no estuvo ahí para reconstruir el Santuario y a su Orden? Pero yo no soy ella, Saga, así como tú no eres Aspros y Kanon no es Déuteros. Lo fuimos. Llevamos dos vidas estando en el mismo camino, y la primera terminó muy mal. No quiero que la segunda acabe igual.

—¿Qué es lo que quieres hacer?

—No tengo idea. Mi deber es estar en el Santuario. Por eso no importó que esta vez naciera del otro lado del mundo, igual regresé. No me puedo ir. Hay algo que me retiene aquí. No sé si es Déuteros, no sé si eres tú, no sé si es el deber de la Saintia que fui. No me puedo ir, pero al mismo tiempo, no sé si pueda regresar. Son muchas cosas, ¿sabes? Siento ira por todo y hacia todos, a pesar de que sé, racionalmente, que no es culpa de Saga de Géminis ni de Kanon de Géminis. Y una parte de mí quiere mandar a la chingada a Antheia y a sus pensamientos. Y otra piensa que… lo que ella sintió se sigue sintiendo muy real y muy mío. Perdóname, Saga. No te mereces la manera en la que me di la vuelta y me fui sin darte explicaciones, no podía darlas, pero no las tengo todavía. No sé si alguna vez las tendré. No quiero tirar a la basura ni olvidarme de todo lo que hemos vivido. Pero no sé cómo separar estas cosas que siento.

—Te amo —le dijo Saga mientras le tomaba una mano—. Te amo. A ti, a Alfa. No sé exactamente qué es lo que podemos hacer, pero yo tampoco quiero dejar las cosas así. No podemos dejar las cosas así.

Alfa miró la mano que Saga le estaba tomando. De pronto todo lo que sentía por él inundó sus sentidos. También entendía por qué se sintió extraña la primera vez que estuvo con él. Eran las ideas de Antheia y la sensación de estar con el "gemelo equivocado", pero ella, Alfa, no lo sentía así.

—Regresa al Santuario. No lo hagas por mí, o por Kanon. Regresa porque eres importante ahí. Falta muy poco para que termines tu entrenamiento. Shion sabe qué armadura te reclama. Si no quieres volver a saber nada de mi lo entenderé, y prometo mantenerme alejado de tu camino.

—Nuestros caminos nunca van a estar separados. —De pronto comenzó a llorar y tiró de la mano de Saga para que fuera con ella y la abrazara, y el Santo así lo hizo.

La rodeó con sus brazos mientras la sentía temblar y cómo ella también lo envolvía con los suyos. Ninguno de los dos sabía qué decir o si tenían que decirse algo. Tampoco supieron cuánto tiempo permanecieron en esa posición. Al fin Alfa se separó de él, aunque sin soltarlo del todo. Se secó algunas lágrimas con la mano y luego tomó su cerveza y le dio un par de tragos. Saga hizo lo mismo. Al fin ella volteó a verlo a los ojos.

—Si regreso al Santuario, no va a ser fácil, ni para ti ni para mí, no sé si para Kanon.

—No.

Alfa suspiró.

—Vamos a tener que hablar los tres.

—¿Quieres que lo llame? Podemos discutirlo todo hoy. ¿Qué más da?

Ella lo miró un momento, quiso decir que no, pero terminó por asentir.

No podían seguir posponiéndolo. Saga también asintió y se comunicó con Kanon por medio de la cosmonet. Alfa fue a sentarse al banco en el que había estado y no pasaron ni dos minutos antes de que el portal de Kanon se abriera en el medio de la sala y de ahí salió el gemelo de Saga. Miró a Alfa, luego a Saga y de regreso a la chica. Se acercó a ella, luego la tomó de las manos y la miró a los ojos.

—Lo siento. Nunca quiso dejarte sola. Su intención siempre fue regresar contigo, pero sencillamente no pudo lograrlo. Se dio cuenta de que no iba a regresar hasta después de que partió. Tú fuiste su último pensamiento. Te amaba, nunca dejó de hacerlo. Por algo siempre me fue tan fácil hablar contigo. No tenía esos recuerdos, le pedí a Atenea que me los regresara y eso hizo, pero... es diferente que como lo sientes tú. Esos recuerdos no son tan parte de mi como lo son de ti. Sé lo que hice... hizo. Sé lo que pensó y sintió. Aún así me parece un tanto ajeno a mi, lo siento. No sé si eso es lo que quieres escuchar o si esto va a ayudar o empeorar las cosas.

—Está bien. No esperaba que vinieras aquí recordando todo y hablando como si estuviera hablando él. He estado... no sé. Quiero separarlo, ¿sabes?, yo soy yo, y ella fue ella. Y fue parte de mi y siempre va a ser parte de mi, pero su vida y la mía son diferentes. Todo lo que he hecho, todo lo que he sentido y pensado en este tiempo, sé que debo terminar de separarlo. Yo soy Alfa, no Antheia, y tú eres Kanon y no Déuteros. No puedo creer la cantidad de resentimiento que ella tiene aún hacia ti o hacia él. Pero para mí ustedes son diferentes. En mi mente Saga no tiene mucho parecido con Aspros, además de los deseos de dominación mundial, claro. —Los tres exhalaron una risa irónica. —Y lo que le decía a Saga es que, es como si la tuviera dentro de mi mente diciéndome que debería de odiarlos a los dos por todo lo que hicieron, pero... pero yo no puedo hacerlo. Ya lo hice. Ya les grité a todos, ya lo pensé, pero lo que siente ella es suyo y no mío. No quiero que sea mío. Tú no puedes arrepentirte de lo que hizo Déuteros porque tú no fuiste quien lo hizo. Tus circunstancias y las suyas son diferentes. Somos las mismas personas pero al mismo tiempo somos completamente distintas.

—Es muy confuso. Sé lo que quieres decir. Pero por el otro lado, sí lo hicimos y sí lo vivimos —dijo Kanon.

—Esto va a tomar tiempo. Y yo que necesitaba más problemas mentales —dijo Saga también provocando la agria risa de todos.

—¿Cerveza? —le preguntó Alfa a Kanon recuperando sus manos.

—Si tienes un par de docenas estaría increíble.

—Tengo de varios alcoholes —y abrió el refrigerador para darle una cerveza a Kanon.

Los tres fueron a sentarse a la sala. En principio no estaban muy seguros de qué decirse, pero al rato empezaron a hablar. Kanon y Alfa le contaron a Saga la historia de Déuteros y Antheia desde su perspectiva. Saga les contó los pensamientos y planes de Aspros. Empezaron a hablar de recuerdos que tenían de sus encarnaciones pasadas y, por supuesto, siguieron bebiendo.

Borrachos y todo, de pronto empezaron a reír por lo inverosímil de la situación en la que estaban, y en algún momento Alfa se puso a llorar de nuevo, y en otro Saga y Kanon se pusieron a discutir como si fueran Aspros y Déuteros. Y ya no sabían si hablar en tercera persona o en primera. Fue una larga noche en la que dejaron todo sobre la mesa y en la que, en algún punto, hicieron el trato de decir todo lo que tuvieran que decir en ese momento, porque seguramente, estando en sus cinco sentidos, no iban a volver a querer tocar esos temas.

Y eso hicieron. Alfa, como Antheia, le reclamó todo lo que le quiso reclamar a Aspros. Luego a Déuteros. Aspros y Déuteros se reclamaron cosas entre sí. Déuteros se defendió de las acusaciones de Antheia, Aspros hizo lo mismo. La montaña rusa de emociones estuvo a todo lo que daba. Se pidieron perdón unos a otros. Déuteros a Alfa por haberla arrastrado consigo a un destino inevitable. Aspros a Déuteros por haberlo usado y por haber roto la promesa que le hizo de estar juntos y sobresalir juntos, pero de la manera correcta. Luego a Antheia porque a fin de cuentas, todo ocurrió por su culpa. Déuteros se disculpó con Aspros porque sentía debió ser su labor evitar que las cosas se desviaran tanto de su curso.

Kanon se disculpó con Saga porque esta vez fue él el instigador y porque, por eso, no había estado ahí para ayudarlo en su pelea interna contra Ares. También por no darse cuenta antes de lo que le sucedía. Saga se disculpó con Kanon porque tampoco pidió ayuda, porque debió hablar a tiempo, debió resistirse a Ares.

Antheia terminó disculpándose con Déuteros porque prefirió una efímera felicidad a instarlo a regresar al Santuario, también por no ayudarlo a enfrentar a su hermano cuando aún estaban a tiempo. A Aspros no le dijo mucho, apenas si lo conoció en su tiempo, pero le confirmó que ella sabía que él era a quien iban a elegir como sucesor del Patriarca. Luego Alfa se disculpó con ambos por alejarse como lo hizo, por no responder mensajes ni llamadas, por no haber tenido el valor de mandar a Antheia a freír espárragos antes.

Alfa accedió a regresar al Santuario y a terminar sus entrenamientos bajo la guía de los dos. También a regresar al templo de Géminis. Pero no a la mañana siguiente. Necesitaba un tiempo para hacerse del todo a la idea. Los gemelos le dijeron que si no cumplía entonces irían a buscarla al fin del mundo para llevarla de regreso.

No, no volaron chispas ni corazones de amor reencontrado entre Alfa y Kanon. Ninguno de los dos había pensado que eso fuera a suceder. Pero sí volaron entre Alfa y Saga, que era justo lo que Kanon esperaba. Esos dos tenían que estar juntos de nuevo, porque, al menos Saga, era un desastre sin ella. A pesar de eso, ellos no quedaron en que iban a "regresar". No estaban especificando los términos de su relación más allá que de maestro y alumna. Kanon no dudaba por un minuto que volverían, se los veía pintados en las caras. Pero no quería presionarlos y ellos no querían presionarse a sí mismos. Las cosas se darían a su debido tiempo.