Mañana, tarde y noche aún me sentía una mierda.

-Deberías hablarlo con tu padre.- Dijo Fred serio.

-¿Para qué Fred? ¿Para que mi padre hable con el suyo, su padre lo castigue y venga obligado a perdonarme? No gracias, prefiero que se aniquile la cabeza él mismo y se torture pensando que haré algo para que lo expulsen.- Dije frustrada.

-Que astuta.- Dijo Ron sorprendido.

-Toda una Slytherin.- Dijo Hermione, yo reí ante su comentario.

-Tranquila, ese estúpido morirá si se te acerca.- Dijo Ginny abrazándome. Me separé cuando escuché una voz familiar.

-¿Señorita Snape, podemos hablar?- Dijo mi padre, mientras me separaba de Ginny.

-Si, profesor.- Contesté y caminé junto a él. Pude ver de reojo a Draco muy asustado, una sonrisa se escapó de mis labios al verlo torturado.

Caminaba por el gran comedor con mi padre, eso de las miradas hacia mi se estaba volviendo costumbre en Hogwarts. Temía que mi padre lograra enterarse, los rumores corren rápido. Draco era de las causas que arruinaban la palabra "Vivir", mi padre es mortifago, eso no es nuevo, pero comencemos por ahí.

Desde que tengo memoria, siempre me pidieron que me escondiera. Cuando esa gente visitaba a mi padre, me escondía. Algo extraño para cualquier niño, pero para mi no. Yo recibía educación por parte de él en casa, era una niña de pocos amigos. Aprendí muchas cosas a lo largo de mi vida, muchas. Aunque puedan preguntarse ¿Qué puede aprender una chica de únicamente quince años? Si hubiera una palabra que explique perfectamente la cantidad de cosas que tuve que vivir, la diría. Mi madre era una hermosa mujer de pelo color bronce, que resaltaba donde quiera que estuviera. Mi madre murió hace muchos años, la vi morir frente a mis propios ojos. Vi como unos desagradables hombres encapuchados le lanzaban aquel imperdonable maleficio. Annabelle Snape, ella era una mujer fría con quienes quería y sabía ocultar muy bien su opinión y sus sentimientos, de ahí lo heredé. Una mujer luchadora e inteligente, con una gran ambición y esfuerzo en la vida. Era una de las más fieles seguidoras de Lord Voldemort, una mortífaga al igual que mi padre. Como a todos los mortífagos aquel hombre los obligaba a cumplir sus órdenes, al igual que mis padres, mi madre fue enviada a realizar una de las peores misiones, asesinar a aquellos que poseían aquel apellido. Ella se negó, así fue como la vi morir. Ella los salvó, Voldemort se apiadó de mi padre, pero me utilizaron de carnada para él. Ellos no debían enterarse de mi existencia, pero gracias a él, así fue.

Una vez conocí a un lindo niño, era rubio color plata, con unos ojos igual de hermosos que su rostro, ambicioso y egocéntrico. Éramos los mejores amigos, al igual que nuestros padres. Draco destruyó todo a mi alcance, al igual que lo hizo su padre. La manzana podrida destruyó mi felicidad en mil pedazos, al igual que mi futuro y mi vida. Tarde o temprano Lord Voldemort se enteraría de mi existencia, pero era muy temprano para eso. Debería agradecerles a esos estúpidos por haber arruinado todo a mi alcance, ellos me expusieron a un peligroso y horripilante futuro. Luego de mucho tiempo y mi ingreso a Hogwarts a los once años, volvimos a encontrarnos. Volví a perderme en esos plateados y bellos ojos. Él volvió a hacerlo, destruyó mi autoestima y mi felicidad, Parkinson ayudó bastante. Ella logró que él estuviera en mi contra y volviera a torturarme. Me ha torturado toda mi vida, más de lo que hace con Potter. Lo perdoné muchas veces, ya que su padre se influenciaba mucho. Yo me defendía, pero las palabras y las acciones generaban pequeños agujeros en mi, así siendo una persona fría, repulsiva, mentirosa y falsa. Así soy, me doy asco a mi misma, en todos los sentidos.

Cualquier persona que me conociera me preguntaría '¿Qué haces en Slytherin? Eres una hermosa persona.' Esa frase la escuché muchas veces, lo que la gente no ve, lo considera inexistente. Doy asco, nadie conoce nada de mi, lo que hago, digo o pienso. Debajo de la gruesa capa de piel, se encuentra un rompecabezas que es imposible de armar. Que nunca sabe que siente o si acaso tiene sentimientos. Mis amigos y mi padre son la razón por la que sigo aquí y no me voy con mi madre. Le debo mucho a ellos, son mi luz del día a día.

Habíamos llegado a la oficina de mi padre, todo Hogwarts me miraba, estaba asqueada de tantas caras hacia mi. Él cerró la puerta luego de dejarme pasar, yo miraba al suelo mientras jugaba con mis manos. Sin decir una palabra me senté en la silla frente a su escritorio, él se sentó en la suya. Cuando él miraba mi cara yo fingía estar seria, como si tratara de esconder sentimientos frente a un asesino, como si fuese una situación de peligro, eso lo había heredado y sabía jugarlo a mi favor.

-Los rumores corren rápido en Hogwarts hija.- Dijo él mirándome a los ojos.

-Al igual que las miradas lo hacen, padre.-Contesté igual de seria que él.

-Sé que puedes defenderte sola, pero explicame lo que hizo el joven Malfoy.- Dijo este último con asco.

-Cuando tú y los otros profesores se fueron, Draco estaba insultando a Potter, junto con mis amigos.- Suspiré.

-Dijo una característica frase suya y yo lo imité tontamente. Se enojó tanto que me insultó frente a todo el gran salón.- Dije con asco.

-¿Podrías repetirme lo que dijo?- Preguntó Severus.

-'No me digas que me calme, cuando tú andas como una asquerosa prostituta por toda la escuela.'- Tenía esa frase bien grabada en mi cabeza. Severus se levantó de la mesa con una inolvidable expresión y se dirigió a la puerta, que se encontraba detrás de mí, como si hubiera vuelto a aquellos tiempos donde todo era gris.

-Tomaré cartas en el asunto.- Dijo mientras la voz se le quebraba un poco, estaba realmente enojado y sus recuerdos de mamá se le vinieron a la cabeza. Intentaba sonar formal y correcto, yo sabía que él estaba igual de destrozado que yo.

-No.- Dije en un susurro. Él logró oír aquella respuesta y se acercó rápidamente a mi.

-¿Puedes repetir la frase?- Dijo como si yo no comprendiera la situación.

-'No me digas que me calme, cuando tú andas como una asquerosa prostituta por toda la escuela.'- Repetí fría como el hielo.

-¿Estás escuchando?- Dijo elevando la voz, pero aún permanecía serio.

-Sí, papá. Estoy escuchándome.- Dije replicando su tono de voz.

-Tomaré cartas en el asunto.- Repitió él.

-He dicho que no.- Dije con la cabeza en alto, tenía una mirada perdida hacia su asiento.

-Si haces algo su padre estará involucrado, no quiero que esa sabandija vuelva a dirigirme la palabra.- Agregué escupiendo estas.

-¿Vuelva?- Carraspeó Severus.

-El campeonato de Quidditch, con los Weasley.- Dije con la misma expresión de hielo, pero dirigí mi mirada a los ojos de mi padre, que se encontraban a mi derecha. Mi padre sabe que soy igual de terca que él.

-¿No recuerdas lo que le hicieron a tu madre?- Dijo en un hilo de voz, acercándose hacia mí velozmente. Una lágrima comenzó a caer por mi ojo, mantuve la misma expresión, pero mi cabeza se acomodó hacia su silla.

-No hacía falta que la mencionaras.- Susurré en un hilo de voz. Él posó su mano en mi hombro, para luego acariciar mi cabello.

-Me recuerdas mucho a ella.- Dijo él con la voz quebrada, a punto de soltar unas lágrimas.

-Lo sé.- Dije cortante. Él suspiró, yo me levante y sequé mis lágrimas. Salí de aquella oficina, caminé hacia la puerta aún manteniendo aquella expresión muerta, la abrí y salí de ahí. Sabía que mi padre respetaría mi opinión, sabía que yo tenía algo en mente.

-¡Chiara!- Escuché detrás de mí. Mi expresión cambió a una inocente sonrisa, como si estuviera programada para cada situación. Unos brazos rodearon mi cintura, haciendo que me diera la vuelta.

-¿Qué tal estás hermosa?- Dijo Fed, para luego depositar un beso en mis labios. Pude ver a mi padre viéndonos en cuanto me giré.

-Bien.- Contesté sonriendo, como si todo estuviera bien y nada hubiera pasado.

-¿Y los chicos?- Pregunté mientras él tomaba mi mano para continuar caminando al frente.

-Están en la sala común, están preocupados por tí.- Dijo con una triste sonrisa.

-Vamos allá, así puedo divertirme un rato.- Contesté, ya no me importaba si los leones odiaran que una serpiente, causa de muchos rumores e hija del profesor más estricto de la institución estuviera ahí.