Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18.


Recomiendo: Grace – Rose Cousins

Capítulo 43:

Un nuevo comienzo

"(…) Y pagué caro mi error

(…) No fue la forma en la que me moví

O todo lo que traté de probarte

(…) Estoy tratando de ser más fuerte

(…) Perdón…"

Mi madre preguntaba qué ocurría, pero no podía responder. Estaba quebrada.

—Bella, por favor, respóndeme —suplicaba.

—Es Edward, mamá —susurré—. Ha tenido un accidente en su motocicleta.

Ella se llevó una mano a los labios y parpadeó, sin poder creerlo.

—Dios mío —fue lo único que salió de su boca.

Puse una mano en mi pecho y fruncí el ceño, de alguna manera sentía que esto no podía ser cierto. ¿Edward en un accidente de motocicleta? No, eso era inaudito, él jamás… Él nunca iba a estar en un escenario como ese, porque era un hombre tremendamente fuerte y…

No, no podía ser cierto.

—Bella —llamó mi madre, tomando mi mano.

Tragué y luego la miré. Cuando recobré el sentido de todo, contemplándola, sentí que mis piernas cedían sin remedio.

—Está en el hospital —respondí, asfixiada—. Está… en el hospital, no sé en qué estado, no sé si…

Emmett vino a mi encuentro, pues seguramente había escuchado lo que le decía a mi madre.

—Bella, tranquila, ¿Edward…?

Lo contemplé, a punto de ponerme a llorar.

—Demonios. Las llevaré hasta allá, ¿bien? Las unidades ya fueron enviadas para buscar a Agatha y Fred —informó mientras se acomodaba el arma y la placa.

El camino hacia el hospital fue difícil, más de lo que creí en toda una travesía de sucesos que nos había consumido en el último tiempo. No podía siquiera pensar, todo en mí quería gritar y llorar mientras la incertidumbre me hacía añicos. Cuando vi la luz del hospital principal de Chicago, no esperé a que Emmett terminara de aparcar, simplemente salí corriendo mientras me llamaban que esperara, entrando por las puertas principales del área de Urgencia, con mi respiración errática y el corazón latiendo deprisa.

—Edward Cullen —gemí a la mujer de la recepción.

—Buenas noches —susurró—. ¿Necesita buscar a…?

—¡A Edward Cullen! —insistí, apretando las manos en el mostrador.

Pestañeó y asintió, tecleando rápidamente.

—Sí, está aquí, en la observación de Urgencias… —Iba a entrar, desesperada por verlo, pero el guardia me lo impidió—. Señorita, debe esperar el llamado del personal médico. Diremos que un familiar de él ha llegado.

Sentí un nudo en mi garganta, el cual no me permitió hablar por varios segundos.

—¿Está vivo? —pregunté, comenzando a temblar.

Ella asintió con suavidad.

—Por favor, espere, ¿sí?

Emmett y mi madre entraron a la unidad y se acercaron para hablar con la recepcionista. Mientras, me senté en una de las sillas, mirando al fondo del lugar con los ojos llorosos.

Nunca había sentido el corazón tan dividido, con mis fuerzas nulas, con el dolor de no saber el paradero de mis hijos y… Edward tras las paredes, sin saber qué había ocurrido tras ese accidente. Me sentía deshecha, e incluso así, no era la palabra correcta para describir el sentimiento insoportable que me invadía.

—Hey, Bella. Los chicos de Edward fueron con mis colegas a buscarlos. Están vigilando toda la ciudad —dijo Emmett, llamando mi atención mientras mi madre se sentaba a mi lado.

—Gracias, Emm —musité.

Él apretó los labios y miró hacia otro lado, evitándome para, quizá, no demostrarme la angustia que debía tener al no saber cómo estaba su gran amigo.

Los minutos siguieron transcurriendo de una manera francamente agónica. No fui testigo de cómo las cosas ocurrían a mi alrededor, mi cabeza se debatía entre mis hijos y Edward, incapaz de sostenerse para los dos. Me sentía muy débil, realmente muy frágil… como si me muriera por dentro. No dejaba de debatirme por el tiempo perdido, por encabezar mi vida en un pasado que ya no podía arreglar, pero por sobre todo, no haberles dado el tiempo suficiente a mis hijos ni a Edward, a quien fingí no conocer ante el miedo y el rencor de esos sucesos pasados. Si algo les sucedía a ellos, no iba a perdonarme, por más que lo intentara… no iba a poder hacerlo.

Desde la lejanía vi a Emmett hablando con sus colegas por teléfono y luego a mi madre, que rezaba en silencio. Me desesperé y me levanté, canalizando mi angustia en el apretar de mis manos, caminando como león enjaulado, suplicando que hubiera noticias pronto. Cuando llegaron los padres de Edward y Alice, me alejé, inquieta por el sentimiento de culpa que me embargaba.

¿Qué iba a hacer? ¿Qué significaba todo sin ellos?

—¿Familia de Edward Cullen? —preguntó un médico, saliendo de las salas traseras.

Corrí hacia él, seguida por los demás, temblando desde los pies a la cabeza.

—Somos nosotros —dije con un hilo de voz.

—Perfecto —respondió—. Una persona puede entrar a verlo, al menos de momento. El Sr. Cullen se encuentra despierto luego del accidente.

—Bella, tú debes entrar —dijo Esme, mientras Carlisle y Alice asentían.

No lo pensé ni dos veces, simplemente corrí hacia adentro, preguntando por él en cada rincón. Cuando me señalaron la sala, me metí y lo vi, con la cabeza vendada en una parte y varios rasguños en el rostro. En cuanto abrió sus ojos, una sonrisa de tranquilidad afloró, pero yo solo me eché a sus brazos, llorando como desquiciada sobre él.

—Hey, hey, hey —dijo con la voz un poco ahogada—. No, no llores.

—No sabía cómo iba a encontrarte… Ni siquiera si iba a verte abrir los ojos otra vez —sollocé.

—¿Cómo piensas que voy a dejarte sola en algún momento? —inquirió, acariciándome las mejillas.

Hice un mohín y mi llanto empeoró todavía más, por lo que me acomodé en su cuello, oliéndolo y asegurándome, una vez más, que nada malo había ocurrido.

—Nunca te dejaré, nena, jamás, eso tenlo por seguro —afirmó, hundiendo sus dedos en mi cabello.

—¿Por qué saliste así? Dios mío, estabas sin casco… Y la lluvia —susurré, mirándolo con atención en la medida que mis lágrimas me lo permitían.

Suspiró y siguió acariciándome, esta vez en la mejilla.

—Eran ellos… No podía quedarme así, me desesperé y fui a buscarlos.

Tragué.

—Todavía no aparecen, ¿no?

Negué y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Ya lo harán, ya verás —dijo, continuando con sus toques—. Lamento haber agregado más dolor en ti, ya había suficiente con lo de los pequeños.

Busqué la manera de hablar, pero era muy difícil, el llanto continuaba siendo insostenible.

—Dime qué pasó.

—Un coche se metió en mi camino, la lluvia me impedía ver correctamente y cuando se atravesó, evadiendo las leyes del tránsito, vino directamente hacia mí. Si no me hubiera lanzado de la motocicleta, de seguro no estaría contándotelo —susurró.

Dios mío. La sola idea me desesperaba.

—Ya estoy aquí.

Me tapé el rostro y continué con el llanto, incapaz de contenerlo.

—Solo me golpeé la cabeza, pero tengo una sutura y eso es suficiente. Lo demás sanará, tranquila, nena.

—¿Qué habría hecho sin ti, Edward? Maldición —gemí—. Y apenas estábamos volviendo a… —Apreté los labios—. Todo se habría ido a la basura, todo porque… el pasado…

—Lo sé —musitó—. Pero en ese instante en el que todo sucedió, tú y mis hijos estuvieron ahí. Cada vez que estoy en peligro, ustedes están en mi mente para recordarme por qué debo seguir aquí.

Suspiré y me acomodé mejor en sus brazos.

—No quiero desperdiciar el tiempo, los quiero aquí, a todos… —Me mordí el labio inferior—. Que todo comience otra vez, por favor.

Tragó, haciendo un sonido profundo con su garganta.

—Cuando salga de aquí los buscaré, te lo prometo, nena.

Cerré mis ojos y dejé que descansara, acariciando su piel y dándole mi calor.

A los minutos llegó el médico, pidiéndonos un momento para hablar del estado de salud de Edward.

—Fue una suerte que cayera al suelo antes de que el vehículo lo impactara —aseguró—. Solo tiene un corte en la cabeza y un golpe que únicamente provocó micro lesiones auto limitadas. Como no ha tenido síntomas que expliquen algún daño a nivel cerebral y la imagen no evidencia ningún trauma, solo lo mantendremos en observación por dos horas y podrá irse a casa.

Cuando terminó de decirlo, pude respirar en paz. Él estaba bien y eso era un peso menos encima de mí.

Luego de que sus padres y su hermana lo vieran en paz, con Nana desde el teléfono, histérica ante la desesperación de no saber de él, nos dejaron a solas para que, además, Edward pudiera descansar. Como rápidamente se quedó dormido, lo acompañé y continué en silencio, rezando para que mis hijos fueran encontrados pronto.

Acaricié su cabello, viendo su masculino rostro. Las pocas magulladuras ya estaban curadas y el dolor parecía habérsele acabado desde que llegué a por él.

A ratos, pensaba en las consecuencias que pudo haber tenido en el accidente en motocicleta, los efectos de aquel golpe del otro coche si él no se hubiera lanzado al suelo antes de que este le impactara y, por supuesto, de las consecuencias de no haber llevado casco si el golpe hubiera sido en su cabeza. Cerré mis ojos y me acomodé en su pecho, abrazándolo mientras intentaba quitar esas posibilidades de mis pensamientos.

¿Qué habría sido de mí si las consecuencias hubieran sido peores? ¿Qué hubiera sido de mí si no solo era yo la persona que hubiera perdido todo sin él, sino también mis hijos? Y tan solo nos habíamos visto una sola vez desde ese periodo separados… solo una.

Me habría arrepentido toda mi vida. Toda.

Había hecho todo mal. Nunca pensé que la vida podía ser tan corta y las posibilidades tan grandes hasta ahora. ¿Por qué perdí mi tiempo pensando en el pasado? James tenía razón, Greg estaría muy triste de saber que estaba desperdiciando mi felicidad por algo que ni él ni yo podíamos remediar, como si nunca hubiera conocido al hombre que más feliz me había hecho en mi vida.

Contemplé a Edward nuevamente y le besé la barbilla, suplicando que mis hijos llegaran sanos y salvos, que me llenara de fuerzas para poder persistir de pie mientras él estaba aquí.

¿Por qué insistía en creer que él podía tener una mísera parte de Dimitri o de Jasper? ¿Por qué parecía que, a ratos, me negaba a aceptar que Edward jamás iba a hacerme daño como ellos? ¿Por qué parecía que había pasado demasiado tiempo creyendo que no me merecía ser realmente feliz? ¿Habían sido los golpes de Dimitri? ¿Había sido la violencia psicológica y el desmedro de Jasper? ¿El acoso de Tanya? ¿O quizá el abandono que provocó mi padre y los golpes que le daba a mi madre frente a mí? No lo sabía, pero lo que sí sabía era que Edward jamás había rozado siquiera una parte de ellos. Nunca. Y su pasado era peor que cualquiera de esos hombres. Él me amaba, lo hacía con locura, con sinceridad y con la única intención de hacerme feliz. Y yo, maldita sea… yo había olvidado todo lo que crecí desde que lo conocí, de la familia que habíamos creado y de las mil aventuras que queríamos vivir. La vida era demasiado corta para continuar con el pasado, en un segundo el destino pudo quitarme al único hombre que había amado con esta profundidad difícil de explicar… En un segundo pude perderlo y ahora estaría pensando en todo lo que dije y le dañé. Y mis hijos habrían quedado sin su padre mientras creían que tenían la culpa de esta mierda que solo significaba pasado, ¡algo que ya no podía remediar! ¡Algo que debía dejar atrás porque mi vida era increíble solo con estar rodeada de Edward, Agatha y Fred!

—Alguien en el cielo me dio la oportunidad de remediar las cosas que he hecho mal —susurré, acariciando la piel de su mandíbula—. Me hundí desde la pérdida, lo que no es justo para ninguno de nosotros. Te amo tanto, Edward, ¿qué sería sin mi Bestia? —Sonreí y me limpié las lágrimas.

Él comenzó a pestañear y me contempló, viéndome sobre su pecho, aprovechando que no había ninguna enfermera cerca.

—Hey —susurró, sonriendo de oreja a oreja.

Me acurruqué un poco más, sintiéndome muy pequeña entre esos fuertes brazos.

—Quiero que este sea nuestro verdadero comienzo —dije—. El de verdad.

Tiró de mi nariz con mucha suavidad y luego me besó la frente.

—Si tan solo ellos estuvieran aquí —gemí.

Él tragó y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Ya los encontraremos, te lo prometo —susurró con la voz quebrada.

—Soy la peor mamá del mundo —lloré, tapándome el rostro ante el dolor de imaginarlos tan solos en medio de un mundo que podía hacerles tanto daño—. No los sostuve lo suficiente, fui egoísta…

—No seas así contigo misma —murmuró—. Ambos la hemos cagado en muchas magnitudes, pero nadie es perfecto, ¿no? Tenemos la oportunidad de mejorarlo, de darles lo que merecen… —Suspiró con agonía—. Pero no digas que eres la peor madre del mundo cuando sostuviste a Agatha a pesar de no tenerla desde un bebé… y por luchar por Fred cuando se aferraba a la vida. Por favor, no lo hagas.

Me limpió las lágrimas con sus pulgares y luego nos continuamos abrazando.

—Solo quiero tenerlos conmigo, solo así me sentiré completa. Dios, quién sabe dónde están, con quién… —Comencé a desesperarme, sintiendo la amargura de la incertidumbre y de volver a pensarlos solos, con hambre y frío.

Edward iba a responderme, pero sentimos los pasos de alguien acercándose. Cuando abrieron la puerta y contemplé a Emmett con Jonas, sosteniendo a Fred y a Agatha entre sus brazos, mi corazón saltó hasta mi garganta. Me levanté con rapidez, sintiendo el llanto acumulándose en mis ojos. Edward pestañeó con los ojos aguados, pero se contuvo en medio de su camilla.

—¡Fred! ¡Agatha! —exclamé, abriéndoles los brazos para que se acercaran.

Cuando escucharon mi voz, se giraron a mirar y sus ojos, cansados pero aterrados, se tornaron aliviados de ver a su mamá. Jonas y Emmett los bajaron y corrieron a mi encuentro, abrazándome desde el cuello, asfixiándome con su necesidad imperante por sentirme.

—Mami, perdón —suplicó Agatha, comenzando a llorar.

—Perdón, perdón, perdón —decía Fred, uniéndose a su desesperante sentimiento de culpa.

Negué, restándole importancia. Nada me importaba más que decirles que los amaba.

—Los amo, solo abrácenme, ¿sí?

Ellos lo hicieron, dejando atrás esos sentimientos negativos.

—¿Y para mí no hay un abrazo? —preguntó Edward.

Cuando escucharon la voz de su papá, corrieron a su encuentro mientras gritaban de alegría.

—¡Papi! —exclamaron, buscando subirse a su pecho.

Él expulsó una bocanada de aire cuando lo hicieron, adolorido por su efusividad. Sin embargo, cuando recibió sus besos en cada mejilla, dejó escapar un suspiro, cerrando los ojos de dicha. Yo caminé hasta ellos y me uní a ese abrazo dichoso, por lo que Edward me besó en medio de ello, haciendo que los pequeños nos contemplaran de forma sorpresiva y alegre.

—Papi y mami —dijeron a la vez.

Todo había pasado tan deprisa que el llanto fue inminente, un llanto de felicidad y dicha.

—No vuelvan a hacernos esto —supliqué, cobijando sus pequeños rostros entre mis manos—. Casi me muero sin ustedes.

Los dos asintieron, restregándose los ojos en el instante.

—¿Cómo los encontraron? —inquirió Edward, mirando a sus amigos.

—No nos creerán, pero estaban más cerca de lo que imaginan —dijo Jonas, mirando a Emmett.

—Los chicos los encontraron en la antigua casa de Bella, metidos en el jardín.

Cerré los ojos, aliviada de que así fuera.

—Nunca más vuelvan a hacerlo —exclamó Edward, mirándolos con una profunda seriedad—. Nos tuvieron muy asustados.

—Perdón, papi —respondió Fred, todavía llorando.

—Nunca más volveremos a hacerlo, lo prometemos —continuó diciendo Agatha.

Cuando Emmett y Jonas nos dejaron a solas, suspiré ante lo que debía decirles.

—Ustedes no son culpables de nada, si papá y yo estábamos separados era por nuestros problemas, no por ustedes —afirmé—. Los adoramos, lo hacemos de verdad, y si no estábamos juntos eso no significaba que eran menos importantes para cada uno.

—Nunca vuelvan a decir que ustedes tienen la culpa de lo que nosotros hagamos, ¿bien? —añadió Edward—. Siento haberme ido, no fue la opción correcta. Ustedes son lo más importante que tengo y puede que sientan que al irme no les daba importancia, que no los quería… Pero eso no es así. A veces, los adultos cometemos muchos errores y para eso solo queda pedirles perdón. ¿Me perdonan?

Ambos asintieron y lo abrazaron otra vez, comenzando a llorar con intensidad.

—¿Mami y tú…? —comenzaba a preguntar Agatha.

—La amo, ustedes lo saben.

Besé los cabellos de Edward y él buscó mis labios, los que recibí con dicha.

—Papá y yo necesitamos sanar y eso los hará felices, estamos seguros —afirmé, mirando esos ojos brillantes de felicidad al vernos juntos—. Perdónenme también, estoy haciendo lo posible por ser la mejor mamá que tengan.

Ellos se mantuvieron abrazándonos, mientras yo juntaba mi cabeza con el pecho de Edward. Cuando nos miramos, volvimos a encajar, a sentir que todo volvía a su ritmo, pero que también íbamos a cambiar, ¡necesitábamos hacerlo! Por ellos y por nosotros.

.

Edward recibió el alta unos minutos más tarde, pero aun así, nos quedamos mucho rato viendo a Esme abrazar a su hijo con el llanto en los ojos. Claro que todos estaban preocupados por él, era un hombre amado por muchos, en especial por su familia. Cuando fue momento de marcharnos, Jonas y los chicos nos ayudaron a irnos seguros en el coche, en especial porque no estaba en condiciones de manejar, mis manos todavía temblaban y mis sentidos solo estaban puestos en ellos.

—Los chicos estuvieron barriendo toda la ciudad —contó Jonas—. Pero el gran héroe fue Emmett. Ese viejo es fantástico y los quiere montones, ¿saben?

Yo me acurruqué en los brazos de Edward, mientras Agatha y Fred lo hacían con nosotros, justo al medio.

—Mis chicos son los mejores y ni hablar de Emmett. A propósito, le debo un "gracias" a Rosalie —dijo Edward, llamando mi atención.

—¿Por qué? —pregunté, intrigada.

—Porque ella me alentó a venir a por ti ayer.

Arqueé las cejas.

—¿De verdad?

—Manejó hasta la ciudad para encontrarme, supongo que necesitaba darme ese empuje para acompañarte en ese día tan importante.

Oh, Rose… ¿Cómo agradecerle de forma suficiente? ¿De verdad había hecho eso por nosotros?

—Creo que fui demasiado injusto con ella —susurró.

—Si no la ayudaba, posiblemente las dos hubiéramos perdido…

No continué hablando, porque sus ojos estaban llorosos y su rostro compungido al recordar aquel momento tan doloroso para ambos.

—Nos debemos un momento para hablar —añadió—. Ahora solo me queda agradecer.

Le besé la mejilla y ahí me quedé, agradeciéndole al cielo por darme otra oportunidad.

Cuando llegamos a casa, Agatha y Fred corrieron a la cocina, muy hambrientos. Edward aún estaba muy adolorido, por lo que le pedí que se acostara, y aunque parecía reacio, finalmente lo hizo. Al momento de bajar las escaleras, me encontré con Agatha y Fred haciendo un par de tostadas y leche, susurrándose mutuamente para apurarse y que yo no los encontrara. En cuanto los escuché corrí escaleras arriba, topándome con mi Bestia profundamente dormida, abrazado a la almohada que siempre ocupaba yo.

Suspiré.

Estaba aquí. Todo volvía a su normalidad, pero esa normalidad iba a cambiar rotundamente.

Me senté a su lado y lo acaricié, provocando que sonriera de oreja a oreja. En un segundo me tuvo entre sus brazos, y aunque estaba herido, a él nada le importaba.

—Se siente bien estar con mi familia —murmuró, besándome el cuello.

—Más sanos tú y yo.

—Mucho más.

No seguimos hablando, porque escuchamos los pequeños pasos de los pequeños, quienes intentaban callar a Precioso y Preciosa. Al entrar a la habitación, nos vieron juntos y sus ojos volvieron a verse felices y dichosos como antaño, sin miedo, inseguridades o aquella agonía inocente que siempre sobresalía de su mirada. En sus manos traían una charola cada uno, con tostadas y leche, y aunque era algo simple, sabía que lo habían hecho con mucho esfuerzo.

—¿Y esto? —preguntó Edward.

—Para ustedes, mamá y papá, por lo que hicimos —susurró Fred con sus inmensos ojos marrones.

Tragué y sonreí.

—Teníamos miedo —contó Agatha—. Ustedes ya no se querían y pensamos que era nuestra culpa porque…

—Sigo amando a tu mamá como la primera vez, no digas eso —susurró Edward, tomando la charola para ponerla a un lado y sentarla sobre su regazo.

—Pero sentía que en especial era culpa mía —insistió—. Traté mal a mami y sentía que por mis palabras ustedes…

—No —la interrumpí—. Ya te dije que eso es algo de adultos, que ni tú ni Fred son culpables de los problemas que podamos tener. Yo también amo a su papá, quiero estar con él toda mi vida, pero si tenemos problemas, quiero que sepan que los seguiremos amando de la misma manera, sin diferencias.

Abracé a Agatha, mientras que Fred lo hacía con Edward.

—Sé que en el último tiempo sentiste que para nosotros no eras la misma desde que Fred y tú supieron que Edward y yo lo tuvimos hace muchos años. Crees que por no tenerte dentro de mí te amamos menos y que tu papi hará diferencias porque tu hermanito es sangre de su sangre, pero ¿sabes qué? Eso no significa mucho. Te amo, Agatha, a ti y a Fred, y aunque no te tuve en mi interior, te siento en mi corazón como si te hubiera acurrucado conmigo desde que eras un bebé. —Le acaricié las mejillas y luego le besé los cabellos—. A Fred lo amo desde que supe que existía y el que Edward haya sido parte de ello lo hace maravilloso, tú tienes una parte de tu papá que también adoro con fervor. Sé que te costará comprenderlo a cabalidad, cariño, por eso necesitas que vayamos todos juntos con alguien que pueda entenderte realmente, pero mientras, quiero que sepas que te amamos y que eres nuestra hija tanto como Fred lo es, ¿de acuerdo?

Agatha asintió, poniéndose a llorar, sollozando en el proceso. Yo se lo permití, hundiendo mis dedos en su cabello a la vez que Edward me sonreía, con Fred arqueando las cejas de preocupación.

—¿Me extrañaste, Saltarín? —le preguntó él a nuestro hijo, manteniendo la voz en un susurro.

Fred hizo un puchero y asintió, abrazándolo desde el cuello.

—Tú eres mi papito —musitó.

—Lamento no haber estado contigo cuando eras pequeñito, quizá las cosas habrían sido diferentes, pero ya me tienes aquí —le dijo Edward—. Papá siempre estará aquí.

—Mi papá Jasper me quería —susurró Fred, muy introspectivo, con ambas manos en las mejillas de Edward—. Pero no me hacía feliz, porque para que yo sea feliz, deben amar a mi mami y él no la hacía sentir contenta. Tú, papi, amas mucho a mi mamá, ¿verdad? Ella sonríe mucho contigo y sus ojos se vuelven más lindos desde que estás tú. Y me amaste siempre, papá, aunque antes no supieras que yo era tu hijito de siempre.

Agaché la cabeza en cuanto lo escuché, sintiendo cada palabra con intensidad. Cuando miré a Edward, vi su total emoción, lo mostraba en su mirada.

—La amo con mi vida —respondió—. Y a ustedes también. Son todo lo que necesito.

Ambos sonrieron, más tranquilos y felices de escuchar con seguridad que nosotros nunca íbamos a dejarlos a la deriva. Nunca.

—Les hicimos comida —dijo Agatha, mostrándonos las charolas.

—¿Es una manera de pedir perdón? —pregunté, juntando mi nariz con la suya.

Ella se rio y finalmente le acabé besando las mejillas.

—Gracias, cariño, a ti y a ti —los miré a ambos—. Aunque me hayan hecho sufrir la vida misma en estas horas sin ustedes.

—Perdóname, mami —susurró Fred, pasándose a mis brazos—. Tenía mucho frio y te extrañé mucho.

Sabía que ambos habían llorado mucho, tenían surcos en cada mejilla que eran difíciles de borrar.

—Solo queríamos irnos un rato, pero un auto nos estaba siguiendo —afirmó Agatha, esta vez con su papá, que la escuchaba con el ceño tan fruncido que parecía que su piel iba a rasgarse—. Nos fuimos corriendo por el bosque trasero, pero no nos dimos cuenta de que ya habíamos cruzado una parte que no conocíamos. Queríamos volver contigo, mami, pero no sabíamos cómo. Cuando vimos la antigua casa nos quedamos ahí, asustados por el auto que seguía dando vueltas.

—¿Un auto? —La voz de Edward comenzó a subir de volumen—. ¿Cuál?

—No quise mirar —gimió Fred, tapándose los ojos.

Él suspiró y lo volvió a abrazar.

—¿No les hicieron nada? —preguntó.

Ambos negaron.

—Gracias al cielo —susurró.

Me mordí el labio inferior, pensando en la posibilidad de que esos malditos hayan ido tras ellos.

—Olvidemos eso, ¿sí? —pedí—. Estamos juntos y eso es lo que importa ahora.

Edward no estaba muy convencido, pero preferí que se calmara y que los pequeños también estuvieran en paz, al menos hasta que la noche y el cansancio hicieran lo suyo.

Ellos se quedaron dormidos una hora más tarde, con Edward cobijándolos mientras estaban en medio de los dos. Él estaba cansado, por lo que se durmió junto a nuestros hijos tan rápido como pudo. Por mi parte, verlos estar tan en paz y juntos, en nuestra cama, era todo lo que necesitaba en mi vida. Le di un beso a cada uno y me levanté, mirando a la ventana con la respiración tranquila.

—¿Te despertaste? —preguntó Edward, caminando hacia mí.

Me tomó la cintura y me besó el cuello, por lo que cerré los ojos.

—No, estaba velando sus sueños.

Lo sentí sonreír.

—Me gusta saber que estás aquí para hacerlo, en especial si te veré al despertar.

—No quiero volver a separarme de ti.

—Yo tampoco.

—Dime que podremos comenzar de nuevo, pero de mejor manera.

—Estoy seguro de que así será, paso a paso, tú, los pequeños y los perros.

Reí, pero luego recordé lo sucedido con Agatha.

—Edward —llamé.

—¿Sí?

—¿Quién crees que pudo estar detrás de ellos en el coche? —susurré.

Lo sentí respirar hondo.

—Los mismos que piensas tú.

Tragué.

—Cariño… Agatha me comentó algo mientras tú no estabas.

Me di la vuelta para enfrentar la verdad y él me contemplaba de forma expectante.

—Ellos —afirmé, causando su seriedad—. Ellos la buscaban, querían llevársela.

—¿Qué?

—Alcancé a dar con ellos en la escuela. De no haber sido por tus hombres, no sé qué habría sucedido. De lo que sí estoy segura, es que querían llevarse a mi hija y que, además, estuvieron hostigándola para ponerla en mi contra, ya sabes cómo… jugando con la maternidad de esa… mujer —gruñí.

Se acercó a la pared con un puño, furioso y enardecido.

—¿No alcanzaron a hacerte algo?

Negué.

—Nena —gimió, desesperado.

—Agatha me lo contó, es un muy buen indicio —susurré, tomando sus mejillas—. Confía en mí, confía en su mamá.

Me besó y me abrazó.

—Mañana me pondré en orden para dar con esos hijos de…

—Edward, tranquilo. Primero estás tú. Has tenido un accidente y quiero que te repongas, ya pronto puedes volverte el hombre fuerte de siempre, capaz de proteger a su familia como bien sabes hacerlo.

Suspiró.

—Creo que esta vez tendré que hacerte caso.

—Juntos somos infalibles, podremos con ellos para sacarlos de la vista de nuestros hijos.

Juntó su frente con la mía.

—Te amo —susurró.

—Y yo te amo a ti.

.

Edward había salido sin decirme absolutamente nada. Supuse que tenía algo importante que hacer, sobre todo luego de apenas dos días de reposo.

—¡Mami! —gritó Fred, corriendo hacia mí.

Cuando vi que estaba maquillado de forma desprolija con su hermana como gestora de tan inmaculado trabajo, simplemente me eché a reír.

—Ustedes son un caso serio, ¿no creen?

—¿Cómo me veo?

—Te ves hermoso —afirmé.

Sentí el sonido del timbre y yo corrí a abrir, pensando que podía tratarse de Edward. Pero no, era Sophie, a quien no pensé ver el día de hoy.

—¿Hola?

—¡Siento la tardanza, señora! Me he quedado un buen rato buscando un taxi. Pero al menos llegué.

—Sophie, yo no…

—Descuide. Haré la cena para los pequeños y usted podrá disfrutar sin problemas.

Me quedé con las palabras en la boca, sin siquiera saber qué más responder. Sin embargo, cuando sentí el fuerte sonido de una motocicleta, metiéndose en el antejardín, mis nervios comenzaron a estremecerse, así como los vellos de mi cuerpo. Abrí la puerta de par en par y me encontré con la imagen más endemoniadamente sexy que pude imaginar alguna vez: Edward vestido de cuero con el cabello desordenado y los brazos descubiertos, mostrándome sus diversos tatuajes, esta vez sobre una motocicleta monstruosamente grande de color rojo pasión, haciendo sonidos bestiales mientras levantaba tierra con las increíbles llantas que tenía debajo. Cuando me miró, levantó una ceja y palpó la zona trasera, invitándome a subirme.

—¿Lista para venir conmigo?

Pestañeé mientras sentía las mejillas rojas.

—¿Qué…?

—Es mi nueva adquisición —respondió—. ¿Quiere venir a dar una vuelta conmigo, señorita?

Me reí, sin dar crédito.

—Podemos dar una vuelta mientras nuestros hijos se quedan con la niñera, ¿qué dice? Una aventura más puede ser provechoso.

Se bajó, dándome la espalda para mostrarme ese delicioso culo que tenía.

—¿Me acompaña?

Me mordí el labio inferior, recordando nuestras primeras escapadas juntos.

—Prometo no morder… al menos no mientras no lo quiera.

Mi vientre volvió a estremecerse.

—Y para variar, esos tacones… —Jadeó y me tendió su mano—. Ya sabe que me gustan en los hombros.

Tragué de deseo y fui con él, tomando su mano sin pudor. Cuando me giré hacia los pequeños, los vi sonriendo, a la espera de que me fuera con él.

—¿Lista? —inquirió, tomándome de las caderas para subirme a la motocicleta.

Era tan alta que acabé tambaleando.

—Y está usando vestido. Mmm… —ronroneó, subiéndose para estar delante de mí.

Tomó mis muslos para hacerme chocar con su espalda, provocando que mi vestido se corriera hasta la mitad, mostrando mi piel. Él acarició con sutileza, con sus pulgares dando ligeros toques.

—¿Está dispuesta a ir conmigo hasta el fin del mundo?

—Al fin del mundo y más allá —susurré, abrazándolo desde la cintura.

Él hizo un sonido fuerte con la motocicleta, volviendo a levantar polvo, y finalmente se fue hacia adelante, haciendo una fuerte carrera a gran velocidad. Yo me apegué a su cuerpo, recordando viejos tiempos y sintiendo que sí, volvíamos al inicio, comenzando a vivir nuestro romance de verdad, sin miramientos ni pasados que fueran a destruirnos.

Iba a ser fabuloso.


Buenos días, les traigo un nuevo capítulo de esta historia. Antes, pedir sinceras disculpas por haberme demorado, como ya saben, trabajar en salud y en esta pandemia lo hace todo más difícil, es más, acabo de salir de mi guardia nocturna, cansadísima, pero aquí me tienen. Edward y Bella están cambiando y mejorando, están dispuestos a avanzar y dejar atrás todo eso que los consumía, un pasado difícil y que, sin duda, estaba afectando a sus pequeños. Ahora, es un capítulo de transición, y desde ahora en adelante, vendrán muchas cosas que no imaginan, cosas que les llenará el corazón. ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas

Agradezco los comentarios de MarieCullen28, camilitha Cullen, Cecy Dilo, ClaryFlynn98, Gibel, aliciagonzakezsalazar, kaja0507, Jacky, Mari-bella-Cullen-Swan, Angel twilighter, mariannareynnoso, diana campos 11, Pameva, magic love ice 123, Fernanda javiera, Evelin Ramirez, Flor Santana, Jimena, JMMA, nydiac10, Veronica, Luisa huiniguir, Markeniris, AndreaSL, Soly, Ana karina, Mar91, monik, ConiLizzy, GabySS501, Adrianacarrera, LizMaratzza, Gis Cullen, Elizabeth Marie Cullen, roberouge, Anakarina, miop, Juli, stella mino, carlita16, Nancygov, NaNYs SANZ, Diana, Mariana, Robaddict18, Twilightsecretlove, Tina Lightwood, ManitoIzquierdaxd, elizamarriosb, claribelcabrera585, Kamile Pattz-Cullen, Adriu, Vanina Iliana, Naara Selene, Marxtin, NarMaVeg, beakis, Leah De Call, Aidee Bells, jupy, Smedina, Johanna22, catableu, PielKnela, Coni, karito912, luisita, Angelus285, Bitah, MakarenaL, Jade HSos, LicetSalvatore, Salve-el-atun, MariaL8, Fallen Dark Angel 07, liduvina, ELLIana11, rosycanul10, debynoe12, Jocelyn, MissDeadlyNightShade, YessyVL13, KRISS95, kathlenayala, Sool21, Sandoval Violeta, Rero96, cary, esme575, jackierys, Bobby Nat, Melany, Norellys, lunadragneel15, miriarvi23, ari kimi, lunadragneel15, caritofornasier, Ady denice, Ceci Machin, Noriitha, Liz Vidal, Mary Hale, katyta94, Vero Morales, Lu40, kedchri, Elmi, barbya95, Gladys Nilda, Brenda Cullenn, Mapi, jhanulita, Ana Cullen Lutz, kpherrerasandoval, EloRicardes, Tata XOXO, Lore562, Mime Herondale, Valentina Paez, Dominic Muoz Leiva, CCar, Santa, alyssag19, Valevalverde57, CelyJoe, Jessenia Torres Hurtado, BellsCullen8, diana0426a, Yoliki, alejandra1987, ariyasy, lauritacullenswan, Eriika0705, Poppy, joabruno, ELIZABETH, Erika Rivas, Freedom2604, Tereyasha Mooz, anlucullen, valem00, maribel hernandez cullen, Alejandraltm, Sther Evans, twilightter, PanchiiM, DanitLuna, Brenda naser, calia19, Liliana Macias, Eli mMsen, joselin cullen, cavendano13, Ana Karina, morenita88, krisr0405, viridianaconticruz, Pam Malfoy Black, sollpz1305, llucena928, BreezeCullenSwan, CazaDragones, Ivette marmolejo, llucena928, Desi 81, fernyyuki, nikyta, Jeli, SeguidoradeChile, Toy Princes, patymdn, rjnavajas, saraipineda44, AnabellaCS, Anita4261, patymdn, Pancardo, solecitonublado, Mss Brightside, valentinadelafuente, SeguidoradeChile, NoeLiia, ale173, Belli swan dwyer, Wenday, dana masen cullen, almacullenmasen, natuchis2011b, guiselle vega cea 68 y Guest, espero volver a leerlas nuevamente, cada gracias que ustedes me dejan es invaluable para mí, no tienen idea del impacto que tienen sus palabras, su apoyo y su entusiasmo, de verdad gracias

Recuerden que quienes dejen su review recibirán un adelanto exclusivo del próximo capítulo vía mensaje privado, y si no tienen cuenta, solo deben dejar su correo, palabra por palabra separada, de lo contrario no se verá

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Cariño para todas

Baisers!