Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.


Epílogo

Cuando llego a la playa frente al Estrecho de Puget, está lleno de gente disfrutando de los últimos días de verano. El sol está a una hora de ponerse y colorea todo de un tono dorado.

Es el día perfecto para celebrar lo que hubiera sido el cumpleaños número 58 de Charlie.

Me hago camino entre las familias y jugadores de frisbee hasta que encuentro mi propia multitud ubicada cerca de las parrillas.

Un puñado de viejos amigos de Charlie me saludan. Algunos inmediatamente se acercan a saludar; otros simplemente sonríen y agitan una mano. Detecto a Em de pie a un costado, esperando con paciencia.

Cuando finalmente estoy sola, él cierra la distancia. Su piel es como el cuero, líneas de sonrisas permanentes alrededor de su boca. Nunca lo he visto sin canas, sin una actitud alegre, o sin una cerveza en mano.

—Creces como la hierba —dice, sonriendo engreídamente.

—Soy una adulta, Em. —Me río mientras él me toma en un abrazo—. No tienes que decir eso cada vez que te veo.

Pero lo hace. Y lo hará. Ha dicho que es su forma de saludar desde antes que pueda recordar. Y, si soy honesta, la familiaridad trae un cierto tipo de comodidad.

—Sí, sí. Solo digo que ha pasado un minuto. No te he visto desde Navidad, niña. ¿Has estado ocupada con el trabajo?

—Bastante, sí. —Elevo mis lentes de sol sobre mi cabeza, saludando a alguien que acaba de llegar. Echo un vistazo más allá de ellos, esperando ver a Edward, pero no lo veo—. Mi jefa y yo hemos estado ocupadas con la apertura de una segunda florería en la zona este, cerca de Bellevue. Seré la encargada a partir de mediados de octubre a menos que ella entre en razón antes.

Él luce orgulloso.

—¿Me jodes? ¿Por tu cuenta?

—Sí. Supongo que Esme confía en mí o algo —bromeo, restándole importancia a mi emoción.

—Espero que te suban la paga.

Suelto una carcajada ante el atrevimiento de Em. Es una de las grandes razones por las que me agrada —él no se da con rollos. Pregunta lo que quiere, cuando quiere, pero jamás se siente invasivo.

—Sí —le digo—. Tendré un aumento.

Em sonríe.

—¡Diablos, sí!

También le gusta citar a Hulk Hogan. Es una de las cosas más adorables sobre él.

—Estaba viendo fotografías viejas el otro día y encontré esto... —Emmett saca algo de su bolsillo posterior.

Es una foto de él y Charlie, sentados en esta misma playa, probablemente en esta misma mesa de picnic. Papá tiene una lata de Rainier en una mano, y la otra me sostiene a mí. Tenía quizás dos o tres años. Sonrío a la foto.

—Vaya —murmuro. Los extremos están gastados, y el color se esfumó un poco, pero me encanta—. Parece que siempre encuentras una nueva foto de él para darme cada año.

Em se aclara la garganta, su expresión se suaviza ligeramente.

—Es algo que esperar, supongo.

—Gracias. —La guardo en el bolsillo trasero de mi short de jean—. Hablando de cosas que esperar, ¿trajiste tu beer pong hoy?

—No, señora. —Levanta su barbilla—. Soy elegante ahora y ya no juego al beer pong.

Lo miro sospechosamente. Se encuentra cerca de los sesenta, y jamás he presenciado una noción de responsabilidad o elegancia. Pero esa era otra cosa que lo hacía adorable.

—¿En serio?

—En serio. —Se vuelve hacia la mesa de picnic detrás de él y levanta una copa de champaña rara—. Hago Champongs ahora.

—Vaya, Em. Elegante ni siquiera comienza a describirlo —me río.

—¿Quieres probar?

—Quizás después.

Me señala con la copa.

—Te tomaré la palabra.

—Oh, sé que lo harás.

Saludo a varias personas más y busco entre las heladeras hasta que encuentro la cerveza que quiero. Cuando levanto la mirada, veo a Edward caminando hacia mí, una sonrisa adorable en su rostro.

Han pasado cuatro meses, pero aún siento esa pequeña chispa de emoción en mi estómago cuando lo veo.

—Hola, cariño —digo, parándome en puntas de pie para besarlo.

Antes de apartarme, él me besa una vez más, como si el que acabo de darle no fue suficiente.

—Lamento llegar tarde.

—Está bien.

El plan era encontrarnos en casa y venir juntos, pero él me envió un mensaje hace una hora, diciendo que venga aquí sin él.

Mantiene una mano en mi cintura, sosteniéndome cerca.

—Mi última cita seguía poniéndose nerviosa, así que me tomó más tiempo.

Abro la cerveza, se la ofrezco y tomo otra para mí.

—¿Peor que cuando entré en pánico durante el tatuaje de peonias?

—Sí. —Ríe Edward—. Peor que eso. Y no diría que entraste en pánico...

Si lo hice—o algo así. La sensación de la aguja en mis costillas fue demasiado, y le tomó el doble de tiempo terminarlo porque no paraba de pedirle que se detenga. Él intentó alentarme todo lo que pudo, recordándome que respirara por dolor y advirtiéndome cuando se avecinaban las partes insoportables. Pero, en algún punto, me dijo que me la aguantara. Al principio, estuve enojada, pero al final, su amor duro ayudó y fui capaz de aguantarlo.

Emmett se acerca y mira a Edward de arriba abajo.

—¿Quién es este, Bell? —pregunta Em.

—Mi novio, Edward. Edward, él es Emmett —digo—. Él y mi papá eran íntimos —digo a propósito para molestarlo.

—Bueno, no hagas que suene tan juvenil —responde sarcásticamente Em, y mi trabajo aquí está hecho.

—Qué bueno conocerte —dice Edward educadamente, y estrecha su mano.

—¿Por cuánto tiempo han estado juntos? —pregunta Emmett, ignorando las cortesías.

Miro a Edward, y estoy a punto de contestar cuando dice:

—Cuatro meses.

—Ajá. —Emmett asiente.

—Y me mudé con él hace como dos meses —añado.

Edward había estado insinuando que deberíamos mudarnos juntos. Primero, comenzó diciendo que todas mis cosas ya estaban en su casa de todos modos. Entonces, siguió con comentarios obvios sobre lo caro que mi alquiler era para alguien que nunca estaba allí. Al final, simplemente le pregunté si quería que me mudara. Él dijo que sí. Así que lo hice.

Emmett silba, manteniendo sus ojos en Edward.

—Eso es rápido.

—Puedes parar con tu mierda intimidante, Em. Edward es uno de los buenos.

—No estoy haciendo nada —discute Em—. Solo tengo que decir que, si la lastimas, estás muerto. Tengo contactos. Probablemente no encuentren tu cuerpo...

Emmett...

—Charlie querría que dijera eso —insiste él, encogiéndose de hombros—. Como sea, ahora que ya está dicho... —Junta sus manos—. Podemos divertirnos.

Pongo los ojos en blanco, pero afortunadamente Edward no parece estar aterrado. Quiero decir, él ha estado cerca de mi familia por lo últimos cuatro meses. Si ellos no lo aterraron ya, creo que es seguro decir que está aquí para largo plazo.

Emmett y Edward se conocen un poco, hablando de tatuajes y música. Emmett comienza a ceder un poco cuando escucha que Edward está en una banda. Sabía que se llevarían bien, y eso solo confirma que Charlie también hubiera adorado a Edward.

Los escucho charlar sobre una banda local cuando escucho a alguien llamarme. Echo un vistazo alrededor de Edward y mi corazón se hincha.

Ella vino.

Le digo a Edward y Em que ya volveré y me encamino hacia Renée. La detienen varias personas antes de estar lo suficientemente cerca como para abrazarla. Por la expresión en su rostro, puedo ver que está algo nerviosa, así que la abrazo más fuerte.

—Estoy tan feliz de que hayas venido, mamá.

—Yo también. —Mira a todos a su alrededor—. Es raro, pero bueno. No he visto a algunas de estas personas en... años. ¿Diez años? —Sacude su cabeza en asombro.

Meses atrás, cuando le dije que debería venir, no creí que lo fuera a hacer. Supuse que creería que sería demasiado raro. No estoy segura de qué la hizo cambiar de idea, o por qué decidió venir este año, pero estoy muy agradecida de que lo hiciera.

Sus ojos aterrizan en Edward y Emmett.

—Oh, no. ¿Está bien Edward con Em? —pregunta, riendo suavemente.

—Está bien. Emmett ya pronunció sus amenazas, y ahora están encariñándose.

—Oh, bien. —Otra sonrisa nerviosa aparece en su rostro.

—¿Phil y Liam no vinieron? —pregunto, echando un vistazo a su alrededor como si fueran a aparecer de repente.

—No. Quería venir sola. Phil lo entiende.

Sonrío. Sé que él lo hace. Me hace quererlo mucho más.

—Vamos a conseguirte un trago —le digo.

Ella enlaza su brazo con el mío.

—Vamos.

Mientras la noche progresa, alguien comienza una fogata, y todos se reúnen lentamente alrededor, atraídos por la camaradería. Es la parte de la noche que realmente dedicamos a mi papá, cuando todos hacen brindis y están emocionados.

Algunas personas comparten historias sobre Charlie. Otras solo dicen su nombre, brindando mientras toman un trago de su bebida. Con cada nueva historia que escucho, aprendo un poco más sobre él, y la emoción crece cada vez más en mi pecho.

Cuando las historias se detienen, la música comienza.

Emmett se acerca y le tiende una guitarra a Edward.

—Está bien —dice Edward, rechazando educadamente.

—Pensé que tocabas —discute Em.

Edward jala de la parte posterior de su cuello.

—Así es.

—Bueno, entonces tocarás con nosotros —le dice Emmett.

—Okey —responde Edward y acepta la guitarra—. Supongo que tocaré con todos ustedes.

Me inclino hacia él y susurro.

—Lo siento. Es un poco intenso.

—Está bien —masculla, sorpresivamente tranquilo a pesar de estar siendo obligado a tocar con extraños.

Le sonrío y observo tunear y rasguear mientras todos hablan entre sí, discutiendo sobre qué canción tocar primero.

Ellos deciden tocar una de las viejas canciones de Midnight Ramblers, y a pesar de que Edward no la conozca necesariamente, da lo mejor de sí, rasgueando a tono mientras Emmett canta.

Durante la segunda canción, la que está tatuada debajo de mi clavícula, Edward capta mi mirada, su sonrisa jodidamente dulce y sincera.

Lo observo todo el tiempo.

Mi corazón retumba en mi pecho, y como si ya no lo amara lo suficiente, verlo tocar con la vieja banda de Charlie solo solidifica todo aún más para mí.

xx

El tequila ocurre, y es la culpa de Emmett.

Él abre una botella del tequila favorito de Charlie, y para el final de la noche, no queda ni una gota.

Eventualmente, las personas comienzan a irse, y me llueven despedidas. Pierdo a Edward por un momento, y sigo echando un vistazo, tratando de encontrarlo. Lo veo pasando la fogata, cerca de la orilla.

—Allí estás —le digo, al mismo tiempo que mete una colilla de cigarrillo en su bolsillo. Me acerco y envuelvo mis brazos alrededor de su cintura, enlazando mis manos en su espalda. Levanto la mirada hacia él.

Él sonríe.

—Eres tan pequeña.

—Tú eres simplemente alto.

Él suelta una risa por su nariz, abrazándome más fuerte.

—Perdón por irme. Estabas algo ocupada, y no quería interrumpirte para decirte que necesitaba un cigarrillo.

—No eres una molestia. Eres mi novio. Mi encantador e increíblemente sexy novio que todos aman. Incluida... yo.

—Estás borracha —se ríe, presionando un beso en mi frente.

—Lo estoy. Pero eso no lo hace menos verdadero. —Busco su rostro—. ¿No hay tequila para ti esta noche?

—Alguien tiene que llevarnos a casa a salvo, ¿sabes? —Su tono es juguetón, y beso su barbilla.

—Podríamos irnos en Uber.

—Nah. No quiero dejar los dos coches aquí por la noche.

—Está bien. —Suelto su cintura y deslizo mis manos por su pecho—. ¿Te estás divirtiendo?

—Sí —promete—. Me agradan todos. Emmett es divertido.

Sonrío.

—Él es algo, eso sí.

—¿Quieres quedarte más tiempo?

—Mmm... —Finjo pensar en esto y tironeo de su cuello hasta que baja su cabeza y nos estamos besando—. No. Es hora de irnos.

—¿Estás segura? Podemos quedarnos.

—Estoy segura. —Le doy un beso más, rozando nuestras lenguas—. Llévame a casa.

—Okey. —Me besa otra vez, un poco más casto que mi beso, y sus manos se mantienen en la parte baja de mi espalda mientras volvemos hacia el grupo.

Nos despedimos con las pocas personas que siguen rondando. Renée se fue temprano, antes del tequila, pero Emmett sigue aquí, sentado frente a la fogata, y riendo con un par de personas. Me encamino hacia él y me acuclillo al lado de su silla plegable.

—Nos vamos —le digo.

—¿Ya?

Luce decepcionado, y le doy un suave puñetazo en el brazo.

—Es tarde. Estoy ebria. Y ese chico de allí me llevará a casa.

Em sigue mi mirada hacia donde está Edward, ayudando a alguien con la limpieza. Está tirando la basura en una bolsa negra, y lanzando botella en otra.

—Tenías razón —concuerda Emmett—. Ese chico es uno de los buenos. Y creo que vendrá a tocar con nosotros en algún momento.

Esto me sorprende y me emociona.

—¿Sí?

—Pero quizás solo está consintiendo a un viejo.

—Edward no consiente a nadie —le digo a Em. Él solo hace lo que quiere y dice lo que quiere decir.

—Parecido a Charlie —dice Emmett y hace que mi corazón se estruja.

Edward se acerca a nosotros y me pongo de pie, una combinación de esta noche más el tequila y las palabras de Em me ponen algo emocional.

Cuando Edward nota mi expresión, no lo comenta, pero lleva una mano hacia mi nuca, frotando sus dedos suavemente.

—¿Estás bien para conducir? —Em le pregunta a Edward mientras se para de su silla.

Edward asiente y desliza su mano por mi espalda, curvando sus dedos alrededor de mi cintura.

—Indudablemente. Dejé de beber hace una hora, y solo consumí dos cervezas.

—¿estás bien para conducir? —digo, señalando a Em.

—Diablos, no. Tomaré un Uber —dice él y nos reímos—. Bueno, conduzcan con cuidado. —Mira a Edward de nuevo, luego a mí—. Cargamento valioso, y todo eso.

—Lo haré —le responde Edward con seriedad.

—Y no te olvides...

—Que tienes contactos y mi cuerpo jamás será encontrado —interrumpe Edward, divertido—. Confía en mí. Lo sé.

—Iba a decir que no te olvides que deberíamos tocar juntos pronto, pero eso funciona también.

Edward suelta una risa.

—Mierda. Cierto.

Este pequeño momento que tienen es algo dulce, incluso si es un poco macabro.

Charlamos un rato más, prolongando nuestra despedida. Al final, nos abrazamos y prometemos reunirnos pronto. Y con una última Champong, brindamos por Charlie y terminamos la noche.

xx

—Entonces, ¿Emmett amenaza a todos tus novios o solo a mí? —pregunta Edward cuando volvemos a nuestro departamento.

—¿Bromeas? Solo a ti.

—Qué especial —dice secamente, un brillo divertido en sus ojos verdes.

Me quito las sandalias y me acuesto en la cama, sobre el edredón.

—Deberías sentirte especial. Eres el único novio que ha sentido que debe amenazar. Probablemente porque eres el único que ha conocido que piensa que puede herirme.

La diversión se esfuma rápidamente por sinceridad.

—Bueno, no voy a lastimarte —dice suavemente—. No iré a ninguna parte.

—Por supuesto que no. Tu cuerpo no será encontrado, ¿recuerdas?

Edward se ríe y se sienta en la cama, jalando mis pies hacia su regazo.

—Gracias por invitarme esta noche, cariño.

—Por supuesto, estoy contenta de que estuvieras allí.

—Me encantó ver a todos celebrar a tu papá —masculla, presionando suavemente el arco de mi pie—. Pero me hizo sentir como que no hago lo suficiente por mi mamá, supongo.

—De ninguna manera. A tu mamá le encantaría la forma en que la honras todos los años —le prometo—. Lo único que puedo garantizar es que ella no estaría feliz con la forma en que tu papá te ha tratado en esos momentos.

Él suspira.

—Sí.

—El próximo año será diferente —digo suavemente y mezo mis piernas alrededor antes de sentarme sobre su regazo—. Podemos hacer algo jodidamente divertido en su honor.

—Okey —murmura, mirándome a los ojos, pero siento algo de angustia allí, quizás recuerda que su padre no será más parte de ese día.

Cenamos con el Dr. Cullen hace un par de meses. No fue tan mala como la primera vez, pero se sintió algo incómodo y forzado. Parecía que, sin reprender o menospreciar a Edward de alguna forma, el Dr. Cullen no tenía mucho qué decir. Intentó ser agradable a su manera, supongo. Toda la cena fue desagradable, pero sobrevivimos. Se sintió como una victoria, pero fue desalentador que una victoria venga como consecuencia de que Edward no fuera insultado.

Un mes después, cuando su papá nos invitó a cenar de nuevo, Edward sugirió ir solo. No me molestó, me encantó un poco que se sintiera lo suficientemente seguro para ir solo. Lo incentivé con que este era un paso en la dirección correcta. Si iban a sanar su relación, ellos necesitarían hacerlo sin un intermediario. Todo el tiempo que estuvo allí, fui un manojo de nervios.

Cuando volvió a casa, no dijo mucho al principio. Eventualmente, después de un poco de persuasión y mucho whiskey, se abrió. Aparentemente, sin mí allí, el Dr. Cullen volvió a sus viejos hábitos. Es como si Edward necesitara ver por sí mismo que su padre estaba cambiando para bien o si solo estaba montando un show para mí.

Al final, Edward decidió que tener una relación tensa no valía la pena. Le dijo a su papá que estaba harto. Y yo respeté su decisión.

Lo sigo haciendo.

—¿En qué piensas? —pregunta Edward, sacándome de mis pensamientos. Sus manos se mueven por mi espalda, y me estremezco bajo sus caricias.

—En ti.

Sus labios se unen en una sonrisa dulce y satisfecha.

—¿Qué sobre mí?

—Que estamos mejor sin tu papá —digo simplemente—. Me tienes a . Tienes a mi familia ahora.

Él traga, estudiando mi rostro antes de inclinarse para besarme.

—¿Por qué eres tan jodidamente buena conmigo, Bella?

—Porque te amo —murmuro contra sus labios—. Estás atrapado conmigo, amigo. Será mejor que te acostumbres.

—Lo dices como si fuera algo feo para mí. —Se ríe profundamente y entierra su rostro en el hueco de mi cuello, exhalando—. También te amo. —Presiona un beso en mi clavícula—. Y me encanta que seas mía. —Cuando me gira sobre mi espalda y me observa, su mirada es jodidamente sincera—. Aún no puedo creerlo a veces.

—A veces no puedo creer que te hayas acercado a mí en Instagram y me insultaras —digo, y sus ojos se entrecierran juguetonamente.

—No te insulté.

—¡Sí, lo hiciste! Me dijiste "pensé que tenías mejor gusto que eso" con respecto a mi elección de café, Masen.

—¿Y bien? —Se ríe de nuevo—. Realmente pensé eso, Swannie.

—Y entonces fui y te elegí. Así que, ¿qué dice eso sobre mis gustos?

Él piensa en esto.

—Claramente no tengo estrategia.

Me río, apartándolo, solo para que se acerque y me bese.

—Eso no es necesariamente verdad. Tienes estrategia —le digo—. Quiero decir, estoy aquí, así que...

Con una sonrisa calculada, su cálida mano se desliza por debajo de mi camiseta antes de levantarla y bajar su cabeza, rozando sus labios a lo largo de mi tatuaje de peonias sobre mis costillas. Me estremezco; me derrito. Su boca baja hacia mi estómago, por encima de mis shorts.

Con cada beso sobre mi piel, me dice lo feliz que está de que esté aquí. Lo mucho que me ama. Y que con gusto acepta la invitación a mi excéntrica, pero adorable, familia.


*La foto del tatuaje lo subiré en el grupo, y todas las imágenes estarán incluidas en el pdf.

¡Lloro! Se terminó esta hermosa historia :')

Por favor, si la disfrutaron, consideren dejarle un review a la historia en inglés. Meg, la autora, es un amor de persona, y siempre está feliz de leer sus reviews a pesar que no los entiende jajaja. Les dejo opciones:

Hi, Meg, I just read the Spanish translation of Don't Delete the Kisses and I wanted to thank you for writing it and for allowing Pali to translate it. Hope to read more of your stories in the future. Happy Holidays!

Hi, Meg, I just read the Spanish translation of this story and I loved it. Thank you for sharing your words and Happy Holidays.

Muchas gracias a las que comentaron en el transcurso de la historia, especialmente aquellas que estuvieron sin falta hasta el final. Pronto subiré otra historia de esta misma autora. ¡Nos leemos en otras traducciones! ¡Feliz año nuevo!