Yami iba en la parte posterior de la carreta conducida por Tristán. Acababa de salir de la casa de Shaadi con el que había acordado una consulta para Tea luego de la hora del té. Su esposa lo tenía muy preocupado. No estaba seguro de si lo había soñado o no, pero durante la madrugada había visto que su mujer se sentaba en la cama de golpe bastante agitada; asustada quizás. No recordaba más, aparte de una fuerte sensación de cansancio en él mismo que le impedía mantener los párpados separados. Sentía como si le pesaran, y estaba seguro de que eso no se había debido al sueño.
En ese momento se dirigía a la herrería para recoger la armadura que luciría el fin de semana en el torneo. Luego se dedicaría el resto de la tarde a buscar algo que seguramente causaría sensación durante la competencia; mucho más que la que el tonto de Bakura había generado. Nadie imaginaba lo que planeaba.
Ni él mismo podía creerlo. El relato que había oído de Mokuba la noche anterior lo había sorprendido bastante. Nunca se le había pasado por la cabeza que un animal como ese pudiera existir. ¿Un caballo negro de ojos verdes? Jamás había visto algo semejante en toda su vida. Y Mokuba tampoco lo había visto bien; había sido Kaiba quien captó esos extraños detalles y se lo contó a su hermano. Y siendo así Yami no descartaba que esas raras características del animal fueran producto de la imaginación de su traumado cuñado, quien no podía reconocer que un simple caballo lo había herido de esa forma y dotó a su agresor de tantas peculiaridades para exagerar la amenaza que había significado.
Aún así, tenía que salir de dudas registrando el condado de punta a punta.
—Seto— lo llamó Mokuba entrando en la cocina. Su hermano estaba parado junto a la mesa con los brazos cruzados y aguardando a que Serenity terminara de prepararle un café—, ¿no has visto a Yami?
Kaiba negó con la cabeza a pesar de que sabía que su cuñado había salido temprano.
—Dijo que me llevaría a conocer la tela donde se están haciendo los preparativos para el torneo.
Serenity comenzó a servir el café para Seto y otras dos tazas más porque planeaba llevarle también al señor Moto y a Tea.
—No estoy muy seguro pero creo que salió— dijo su hermano mayor con la intención de que se enojara con Yami por haberse olvidado supuestamente de sus promesas — y me dio la impresión de que iba a estar muy ocupado. ¿No sabes si es cierto Serenity?
—El señor Yami fue a recoger su armadura— dijo la joven colocando azúcar en las tazas —. Eso fue lo que me dijo Tris...
— ¡No!— gritó Kaiba quitándole el tarro de las manos—. ¡Todos los días lo mismo, Serenity! ¡Ya te he dicho una y mil veces que yo tomo café amargo y amargo significa sin azúcar!
—Lo siento, señor. Enseguida le serviré otra taza— dijo la chica de claro cabello castaño casi rojizo y se fue al mueble donde los artículos de cocina estaban.
—Pero dijo que iríamos temprano— insistió Mokuba.
—Quizás se olvidó— Seto vio que la muchacha había sacado una taza de color verde y puso los ojos en blanco fastidiado—. A ver, Serenity. Mis tazas son blancas con bordes azules y la que acabas de agarrar es de Yami. ¿Crees que voy a beber algo en la misma taza que él?
—No, señor. Lo siento— dijo volteándose para dejar la taza en su lugar y coger la correcta.
—Puede ser— reflexionó Mokuba considerando lo que su hermano había dicho antes—. Aunque un caballero nunca debe faltar a su promesa...
Seto sonrió al ver la desilusión en el rostro de su hermano.
—Si quieres puedo llevarte, Mokuba— propuso bajando la vista a la mesa donde las otras dos tazas que Serenity pretendía llevar a Salomón y Tea estaban—. ¿Qué significa esto, Serenity? ¿A quién le ibas a llevar café en una de mis ta... zas?— terminó dirigiendo sus ojos al piso en el que su taza blanca de bordes azules acababa de impactar.
—Yo...— las lágrimas estaban a punto de asomar en los ojos de la joven empleada.
—Tú no puedes, Seto —dijo Mokuba—. Tienes que descansar... Aparte no sería lo mismo visitar la tela contigo que con el pentacampeón de justas— sonrió.
— ¿Qué?— gritó Seto enojado ante ese comentario — Mokuba, ser un estúpido campeón de justas no es algo extraordinario. El único motivo por el que Yami participa en ese torneo es porque no tiene otra forma de trascender porque es un bueno para nada. Y si ha conservado ese título por cinco estúpidos años es porque sus rivales son tan inútiles como él, ya que las personas que sí tenemos cosas relevantes para hacer no perdemos el tiempo en un ridículo juego de niños— terminó.
Mokuba estaba estupefacto ante las palabras de su hermano. Estaba tan sorprendido y Seto tan molesto que ninguno se percató de que Serenity estaba llorando porque gran parte de su sueldo sería destinado a pagar la taza blanca de bordes azules que acababa de romper. El más joven de los Condes comenzó a asentir lentamente con la cabeza. No podía creerlo. ¿Acaso Seto estaba...?
—Estás celoso de Yami, ¿verdad?
Kaiba frunció el ceño. ¿Celoso? ¿Qué motivo podía tener él para estar celoso de un inservible estropajo humano, campeón de un ridículo juego para fracasados, al que su hermano admiraba y consideraba su ídolo, su ejemplo a seguir?
—Serenity, ¿quieres terminar mi café de una buena vez?— dijo ignorando las patéticas acusaciones de su hermano— Después limpiarás eso.
Serenity asintió y se volteó para tomar otra taza blanca de bordes azules. Mokuba golpeaba el piso periódicamente con su zapato aguardando una respuesta de Seto, pero este no estaba dispuesto a dársela.
— ¡Apúrate!— gritó irritado porque Serenity seguía llorando de espaldas en vez de trabajar. Pero gritarle a una persona que está nerviosa nunca resulta una buena opción, una segunda taza blanca de ojos azules podría romperse... — ¡Ya basta! Sal de ahí. ¡Yo me haré mi café ya que no sirves para nada!— dijo Seto caminando hasta el mueble y agarrando una taza. Regresó a la mesada donde la caldera con café se encontraba.
— ¿Se puede saber a qué se debe todo este escándalo?— preguntó Tea ingresando en la cocina y observando todos los fragmentos de cerámica blanca que estaban en el piso junto a Serenity. Al ver a su hermano en allí frunció el ceño—. Seto, ¿qué haces aquí? Shaadi dijo que tenías que descansar... Para preparar el desayuno está Serenity.
—Es una inútil— dijo Kaiba tomando el mango de la caldera con su mano izquierda—. No sirve ni para preparar un café... ¡Ay!— cuando trató de servir, al levantar la caldera en el aire, sintió un fuerte dolor en el brazo que lo obligo a soltarla.
—Tú tampoco sirves para eso— rió su hermana acercándose y sirviendo el café por su cuenta—. Ten— dijo entregándole su taza blanca de bordes azules—. Y agárrala con la mano derecha, no vaya a ser que también te pese.
—Ja...ja— ironizó Kaiba. Tomó la taza y se encaminó a la salida.
—Seto, espera. ¿Roux Anne aún no se levantó?
—No creo; supongo que está en su cuarto— respondió mientras volvía a caminar.
—Pues iré a verla, tengo que hablar con ella— dijo.
Seto se detuvo en el marco de la puerta alarmado.
— ¿Hablar de qué?— preguntó volteándose.
—Es un asunto que no te incumbe— sonrió Tea pasando por su lado y saliendo con dos tazas de café en su mano. Seto la siguió.
—Descuida, Serenity— dijo Mokuba—. Cuando Seto se enoja dice muchas cosas que en realidad no piensa. Vamos, yo te ayudaré a limpiar— sonrió.
