EPÍLOGO
Keith, Escocia, un año después
Sakura, adormilada, se desperezó en su cama.
La noche había sido movida.
Su hija, la pequeña Tenten, de cinco meses, era una preciosa niña de pelo rosa como ella y los ojos de su padre, pero llorona, muy llorona, y, mirando la cama, donde dormía, la besó con cariño en la frente y se levantó.
Una vez puso los pies en el suelo, su lobo se acercó a ella y Sakura lo saludó en un susurro:
—Buenos días, Nidhogg.
El animal, encantado, restregó su morro contra ella. Aquel lobo la protegía, como en el pasado había hecho Wulf, y eso a Sasuke le gustaba y lo permitía.
Nunca nadie habría pensado que un lobo, criado en familia, pudiera comportarse como se comportaba Nidhogg. No sólo protegía a Sakura, sino que estaba pendiente de que otros lobos no se acercaran a los caballos ni a las casas de los que vivían donde él. Nidhogg se había ganado el respeto y el cariño de todos, y ante eso nadie se planteaba nada más.
Desde la llegada de Sakura a su hogar, la felicidad, la dicha y las alegrías no habían faltado ni un solo día, y menos aún durante su embarazo, cuando Sasuke se había desvivido por ella de tal manera que hasta sus amigos se reían de él.
¿Cómo un hombre podía estar tan nervioso por ser padre?
Pensando en ello, se levantó de la cama y se acercó a la ventana. Allí, abrió el postigo de madera con cuidado de no despertar a Tenten y, al ver a Deidara hablando con Neji, sonrió.
Su relación con Deidara era extraordinaria. A él lo unía algo único, y aunque Sakura se llevaba bien con todo el mundo, su relación con Deidara era especial. Muy especial.
Después, fijó su mirada en Neji, en aquel hombre que daría la vida por ella y que, tras el ofrecimiento de Sasuke de trabajar para él como herrero para sus caballos, aceptó sin dudarlo.
Tener a Neji cerca era una bendición, y, aunque sentía que día a día, además de aprender a hablar gaélico, participaba más de las fiestas, de momento seguía sin interesarse por las mujeres. Las rehuía. Temari y ella le presentaban a todas las solteras que conocían, pero él se resistía. No quería a ninguna mujer en su vida. Eso sí, se desvivía por la pequeña Tenten, su ojito derecho.
Estaba pensando en ello cuando vio correr a la niña de Ivo seguida por aquél. Cuando Sakura llegó a Keith y supo que Ivo y su familia habían sido expulsados del clan, los encontró con la ayuda de Deidara y de Inabi. La muchacha los llevó de nuevo a Keith y consiguió que Sasuke entendiera que aquél no había tenido otro remedio que hacer lo que hizo para proteger a su familia. Finalmente, el highlander cedió, e Ivo y los suyos regresaron al clan. A su hogar.
Feliz, Sakura se hizo unas trencitas en el pelo y, al ver llegar a Naruto, junto a Temari y su pequeño Minato, sonrió.
La vida con la muchacha rubia cerca era increíble.
La joven no paraba de sorprenderlos a todos, y, aunque al principio fue un desastre en la granja de Naruto, ahora ésta no sería lo mismo sin ella. Con disciplina y voluntad, en todo aquel tiempo, además de haber llevado un excelente embarazo y de haber hecho de la desastrosa granja un hogar, Temari había aprendido a hacer queso y a ordeñar ovejas, entre muchas otras cosas.
Divertida, Sakura observó desde la ventana cómo Sasuke cogía a Minato en brazos. Aquél estaba como loco con el niño, aunque más loco estaba con su pequeña, a la que mimaba y protegía como un gran padrazo.
Sasuke era un excelente marido que, orgulloso, al llegar a Keith, dio una gran fiesta para presentarla a sus amigos. Resultaron ser todos unos seres maravillosos, especialmente sus mujeres, Rin, Konan, Anko o Tsunade, que eran divertidas y atrevidas como Sakura, y desde el primer día, sin importarles su procedencia, les hicieron sentir tanto a Temari como a ella que eran dos más de la familia.
Una vez la joven terminó de trenzarse el pelo, estaba calzándose las botas cuando la puerta de la habitación se abrió y Temari, entrando, dijo mirándola tras hacerle una seña a Nidhogg para que no se moviera:
—Por el amor de Dios, Sakura, ¿todavía no estás lista?
Al oírla, ella negó con la cabeza y cuchicheó:
—Baja la voz o despertarás a la llorona.
Encantada, Temari se agachó y, tras saludar al lobo, que la adoraba, se acercó a la cama y murmuró mirando a la niña:
—Muero de amor..., ¡es tan bonita!
Sakura asintió sonriendo, Tenten era una auténtica muñequita, pero, resoplando, musitó:
—Te aseguro que de madrugada no morirías de amor porque esta niñita te parecería un auténtico monstruo.
Ambas rieron cuando Sakura comentó mirando a su amiga:
—Hoy estás radiante, y ese vestido te sienta muy bien.
Temari sonrió y, guiñándole el ojo, afirmó:
—Lo sé.
Aquello hizo que ambas rieran de nuevo.
—¿Qué vas a ponerte tú? —preguntó la rubia.
Sakura abrió su armario, de donde sacó un bonito vestido rojo y, enseñándoselo, afirmó:
—¿Qué te parece?
Temari asintió y, complacida, murmuró al ver su escote:
—Elegante a la par que sensual.
Oír eso hizo sonreír a Sakura.
Sin duda, el vestido era precioso, y a Sasuke le encantaría. Y, tras ponérselo y ceñírselo al cuerpo, cogió el broche de su padre que su marido le había regalado y posteriormente había arreglado y dijo poniéndoselo:
—¡Listo!
Estaba mirándose en el espejo cuando Shizune entró también en el cuarto. Entonces, Sakura, al ver cómo miraba a la pequeña, preguntó:
—¿Quieres vestir tú a Tenten y bajarla?
—Por supuesto —afirmó ella encantada.
Felices, Temari y Sakura bajaron la escalera acompañadas por Nidhogg y, cuando salieron al exterior, Naruto, Neji y Sasuke, que estaban juntos, las miraron y Sakura señaló divertida:
—Lo sabemos: ¡morís de amor por nosotras y nuestra inaudita belleza!
Los tres hombres rieron a carcajadas, y Neji, que cada día hablaba mejor el gaélico, musitó con su particular acento:
—Atrevida y fanfarrona vikinga...
Todos rieron de nuevo, cuando Naruto dijo señalándolo:
—Es precioso el potrillo de Unne y Haar.
Todos miraron hacia el lugar donde indicaba. Unne, seguida por su potrillo oscuro, se aproximaba a ellos. Sakura, complacida, esperó hasta que la yegua se le acercó y, poniendo su frente sobre la de aquélla, le habló.
Sasuke sonrió.
Le encantaba ver aquello que su mujer hacía con su yegua o con su caballo, y, cuando sus amigos y Neji se acercaron al potrillo, él, feliz, caminó hacia su mujer y murmuró en su oído mientras la abrazaba por detrás:
—Pelirosa salvaje, con este vestido conseguirás que no despegue los ojos de ti en todo el día.
Al oír eso, la joven sonrió y, dándose la vuelta para mirarlo, murmuró:
—Pues entonces habré conseguido lo que pretendía.
Enamorado, Sasuke la besó.
Su vida con ella a su lado era una vida plena, estaba llena de momentos increíbles y satisfacciones. Y, cuando sus bocas se separaron, miró el generoso escote de aquélla y musitó:
—Eres mi tentación..., mi más pura tentación.
De nuevo, otro beso. Y otro. Y cuando iban a comenzar con el tercero, Shizune salió de la casa y anunció:
—¡Papás, mirad quién está aquí!
Rápidamente, Sasuke y Sakura miraron. Frente a ellos estaba su preciosa Tenten, y él, cogiéndola entre sus brazos, murmuró:
—Hola, mi vida, ¿cómo está mi llorona preferida?
La niña, que se desvivía cuando veía a su padre, soltó un gritito de satisfacción y, segundos después, Naruto, con su pequeño Minato en brazos, ya estaba junto a aquéllos.
Satisfechas, Temari y Sakura los miraban, cuando, emocionada, la primera musitó:
—Es que remuero de amor... Pero ¿tú los has visto?
Sakura sonrió. Claro que los veía. Aquellos dos enormes y fieros escoceses, con sus bebés en brazos, se comportaban como dos tiernos cachorritos, y al ver cómo Neji los miraba, preguntó dándole un codazo:
—¿No te gustaría a ti tener un pequeñín como ellos?
Su cuñado, al oírla, suspiró, meneó la cabeza y comenzó a alejarse.
—Me voy. Tengo cosas que hacer...
—¡Pero, Neji...!
—Luego nos vemos...
—¡Neji!
—Adiós, Saku.
Y, sin mirarla, se marchó. Adoraba a su cuñada, la quería. Pero aquel tema tan íntimo era algo que él y sólo él resolvería si algún día decidía hacer algo al respecto.
Sasuke, al ver cómo su mujer miraba apenada a aquel que se alejaba, dejando a la pequeña Tenten en brazos de su tía Temari, se acercó a ella. Con cariño, la agarró por la cintura y, acercando la boca a su oído, musitó:
—Mejor no pregunto, ¿verdad?
Sakura suspiró.
—Casi que mejor.
Sonriente, Sasuke sacudió la cabeza.
En el tiempo en que Neji llevaba junto a él y había tenido el placer de conocerlo, le había demostrado que era un buen hombre en muchos aspectos, y, consciente de lo que aquél sentía y se resistía a vivir, dijo:
—Dale tiempo. Lo creas o no, cuando menos te lo esperes, aparecerá esa mujer que lo noquee, lo vuelva loco, lo confunda y le haga saber que ella y sólo ella es la dueña de su vida y de su corazón.
Oír eso hizo que Sakura sonriera. Deseaba algo así para Neji. Se lo merecía.
Y, segura de la respuesta, miró al que era su marido y, pasando las manos alrededor de su cuello, preguntó:
—¿Yo soy la dueña de tu vida y de tu corazón?
Sasuke sonrió.
La entrada de Sakura en su vida había sido inesperada, abrupta, difícil, pero, aun así, lo repetiría un millón de veces, porque ella era lo mejor que le había ocurrido jamás.
Y, por ello, mirando aquellos ojos que seguían cambiando de color dependiendo de sus emociones, afirmó gustoso y feliz:
—Sí, pelirosa salvaje. La dueña de mi vida y de mi corazón sólo eres tú.
FIN.
