Saint Seiya: Siguiente Generación.
Fanfic escrito por: Andrómeda
Primera Fecha de publicación: 3 de junio del 2011; para la página de Facebook: Yuna De Águila (Saint Seiya Omega Ω)
Edición: Rankakiu
Disclaimer: Saint Seiya es propiedad de su autor Masami Kurumada; así como de TOEI Animation LTD.
Nota del editor: Muy buenas a los lectores de este Fanfic. Es un gusto dejarles el trigésimo sexto capítulo de Siguiente Generación, escrito por la autora Andrómeda. Sin más que agregar, los dejo con la lectura, esperando sea de su completo agrado. Saludos.
Rankakiu
En el capítulo anterior de Siguiente Generación: Selenia inició su brutal batalla contra Belerofonte, el Héroe Mítico más poderoso. A pesar de la obvia superioridad, la santa de Pegaso muestra una resolución digna de su antecesor de nunca rendirse. Kimiko por su parte ha decidido encarar al dios Deimos; y para sorpresa de este, El cuerpo de Sharon de Andrómeda lo traiciona de una forma muy peculiar: aún recuerda el terror que le tiene a Kimiko de Casiopea, situación que la amazona aprovecha para darle una paliza al dios. Kimiko le reveló al dios el duro entrenamiento al que sometió a su alumna de bronce; mientras, en el templo de Acuario, para sorpresa de Helena, sus llamas se extinguieron mucho antes de poder utilizarlas e Ícaro le explica la razón. Ante esta desventaja, no obstante, Helena de Cisne aún no desiste de querer destruir al Héroe Mítico con sus propias manos…
Siguiente Generación
Capítulo 36: El campeón de las calles (Parte III).
—¡PEGASUS RAIN OF STARS!—Exclamó Selenia, desatando el enorme poder de su técnica.
El Héroe Mítico Belerofonte no parecía sorprendido en lo absoluto; con un enorme desdén y un movimiento de su mano detiene los golpes de la castaña sin mayor esfuerzo.
—Basta ya, Pegaso.—Dijo el Héroe Mítico. —Reconozco que eres persistente y que tienes un cosmos más poderoso que Seiya, pero eso no es suficiente.—Dijo, mirando a la santa de bronce sin mayor interés. —No vivimos casi 200 años en vano sin aprender nada. Ahora déjame pasar o sufre las consecuencias de tus actos imprudentes.—Finalizó.
—¿Que hiciste con los Santos dorados?—Exigió Selenia. Tras unos segundos la santa abrió los ojos como platos. —¿Acaso tú… Los mataste?—Preguntó en hilo de voz.
—No te concierne. Sólo déjame pasar.
—¡Está bien!—Exclamó Selenia con la ira apoderándose de ella. —¡Te sacaré la respuesta a golpes; y eso será con tus propios trucos! ¡BOOMERANG HOOK!—Exclamó Selenia, haciendo arder su cosmos y pronto su brazo izquierdo adquirió un brillo cegador. Selenia corrió directo al enemigo, dio un enorme salto y puso todo su poder en su puño, con la determinación de asestar un fuerte golpe al mentón de Belerofonte.
En el templo de Acuario las cosas no iban mejor. Ícaro aun mantenía una abrumadora ventaja sobre Helena de Cisne.
—Aun no acabo…—Las palabras de Helena podrían haber sido tomadas más en serio, de no ser por el hecho de que la santa se encontraba en tan deplorable estado. Apenas y podía caminar con firmeza.
—Ya basta, Cisne. ¿Por qué tienes que insistir? Con este combate me has demostrado que no disfrutas de ser un santo; ¿así que por qué te esfuerzas de más? ¿Por qué peleas contra mí—
—Tu...Mataste a mi madre. —Helena respondió dedicándole una mirada fría. Era una de las cosas que no había perdido fuerza en Helena.
Ícaro fingió quedarse pensativo por unos segundos, antes de dedicarle a Helena una expresión de burla y de lo poco que le interesaba haber tomado la vida de la madre de la santa de Cisne.
—Cierto, lo olvidaba.—Dijo, sonriendo descaradamente. —Entonces acabemos con esto. —Elevó su cosmos. —Me hubiera gustado mostrarle a tu amiga esta técnica.—Dijo Ícaro, antes de sonreír.
Todo sucedió muy rápidamente, lo suficiente para que Helena tardara en procesar que estaba ocurriendo. Ícaro, haciendo uso de su enorme velocidad, desapareció en un segundo, y al siguiente, reapareció, justo debajo de Helena, con una sola mano de apoyo en el suelo. Sin piedad alguna, Ícaro asestó una terrible patada en la barbilla de la santa que la mandó a gran altitud.
—¡Es tu fin, Cisne! ¡Toma esto!—Exclamó, y en pleno aire, asestó otra patada, esta vez directo a la caja torácica, e inmediatamente después otra patada al estómago. Seguidamente, Ícaro dio varias vueltas en el aire para quedar arriba de la santa y finalizar con una tercera patada, castigando cruelmente la espalda de Helena. —¡SKY TRIPLE DANCE!—Rugió el Héroe Mítico, revelando el nombre de su mortal técnica.
La fuerza de la tercera y última patada fue suficiente para que Helena iniciara un veloz trayecto al suelo. Si el impacto no la mataba, por lo menos la dejaría moribunda y fuera del combate. La santa de Cisne no tenía fuerza para evitar su caída. Cerró sus ojos, esperando el impacto y con ello su muerte.
Por su parte, Paris cerró los ojos, y manteniendo sus brazos cruzados, meditativo. Probablemente no quería presenciar el fracaso de su alumna, solo un par de segundos y todo acabaría.
Sin embargo dos figuras, dos siluetas doradas se movieron a gran velocidad para evitar la tragedia; una de las figuras actuó con presteza, tomando a Helena entre sus brazos y salvándola de una muerte segura.
—¿Pero qué…?—de repente, y tras mirar por el rabillo de sus ojos, Ícaro se dio cuenta muy tarde de la otra silueta dorada, cuya acción fue tomarlo del cuello y derribarlo al suelo de forma brutal. —¡Maldito!—Exclamó por el trato recibido.
La silueta dorada atacante se reveló como Aarón de Piscis.
—Nos volvemos a ver las caras. —Sonrió con malicia.
—Pero ahora las cosas terminaran diferentes…—dijo, mirando a Aarón desde el suelo. De un solo movimiento, Ícaro se levantó y Aarón retrocedió por precaución. —¡Vamos, Kawai! ¡Veamos quien es el mejor, el anciano de casi 200 años o el mocoso que decidió darnos la espalda!—Dijo, tronándose los nudillos.
—Yo nunca les di la espalda…—Aarón trató de replicar y convencer a su antiguo compañero.
—¡Claro que si! ¡Rompiste la Promesa del Rio Estigia!—Exclamó, poniéndose furioso. —Volveríamos a pelear bajo la misma bandera, por honor y orgullo.—Frunció su ceño.
—Ayudar a Ares no era tener honor y orgullo…—Respondió elevando su cosmos y sacando tres rosas blancas. —Cumpliré la promesa que me hice a mi mismo…
Paris abrió los ojos, observando detenidamente la situación.
—Ya era hora de que despertaras Gabriel.—Paris exhaló pesadamente.
—Perdóneme maestro.—Contestó con una pequeña reverencia de cabeza. El santo de Acuario tenía a Helena entre sus brazos. Tras mirar a Aarón, preguntó —¿No debemos de ayudarle a Aarón?
—No, esta es la pelea de Aarón.
—No, también es mi pelea… musitó Helena, recuperando la conciencia y alejándose de los brazos de Gabriel. —Él mato a mi madre y por ello debe de pagar…
—¡Helena!—Gabriel exclamó sorprendido. Luego tras ver como su maestro se retiraba lejos del templo de Acuario, se extrañó del comportamiento del mismo. —¿Paris-san?—Su maestro no dice nada y sólo se va. —¡Maestro!
—Gracias… Dijo Helena, caminando para estar al lado de Aarón. Gabriel se quedó quieto con muchas interrogantes cruzando por sus pensamientos.
Selenia estaba totalmente segura. Segura de haber conectado su puñetazo al mentón de Belerofonte. Sus nudillos y dedos sintieron como impactó la carne del Héroe Mítico. Tras haber asestado su golpe, hubo un brillo que la cegó por unos instantes. Después, Selenia aterrizó bien en el suelo del templo, y mirando a Belerofonte con el ceño fruncido.
No obstante, lo que pasó enseguida la dejó estupefacta. Se escuchó un fuerte crujido, proveniente tanto de su armadura, como de su brazo izquierdo. De repente empezó a sangrar del brazo izquierdo, como si las venas de su interior hubieran reventado de dentro hacia fuera. El dolor no se hizo esperar, siendo terriblemente punzante.
—¿Qué pasó?—Gruñó Selenia, aguantando el dolor e igualmente sorprendida.
Detrás de ella, se generó una gran grieta en el suelo.
—Una especie de técnica "Sacacorchos"… ese es mi golpe especial y han sido pocos quienes lo dominan.—Expresó Belerofonte, teniendo el dedo índice levantado de su mano derecha.
—Ya veo… —dijo Selenia, riendo cortamente del nerviosismo,—pero no me rendiré; aun tengo mi brazo derecho… —dijo, formando su puño y encendiendo su cosmos. —¡Y esto te recordará a Perseo! ¡RAIKEN SHADOW GOD!—Exclamó Selenia, creando tres esferas de brillo cerúleo que se desvanecieron en el acto.
Al Héroe Mítico le bastó un solo movimiento de su mano para deshacer las tres esferas que aparecieron delante de él para desarticular la técnica, y poco después detuvo el puño derecho de Selenia.
—No puedes vencerme, Pegaso. Yo conozco las técnicas de mis amigos; también reconozco las técnicas de los santos legendarios. Como te lo dije, no he vivido 200 años en vano.—Dijo, para posteriormente arrojar a Selenia lejos de su persona.
Selenia, al aterrizar trastabilló un poco, pero supo mantenerse de pie.
—Maldito…—dijo, dando un paso atrás,—¿por qué siguen a Ares? Como se lo dije a Perseo, ustedes pudieron haber sido santos.—Dijo.
—Así es, pero nosotros escogimos esto; durante 200 años nos manchamos en pecados por una razón…
Ícaro sostiene una batalla intensa, cuerpo a cuerpo contra Aarón. El Héroe Mítico asesta sus terribles puños en contra de los antebrazos protegidos de Aarón. Ícaro, entonces trata de asestar una patada, pero está es repelida por un puñetazo de Aarón, quien consigue darle en el peroné, y dicho golpe logra que Ícaro pierda por poco el equilibrio. Aarón intentó darle un puñetazo, pero Ícaro reaccionó rápido y logró bloquearlo con su mano. El santo de Piscis intentó de nuevo con su puño libre, pero el resultado fue el mismo. Ícaro tenía ambos puños de Aarón en sus manos; y ambos oponentes forcejearon duramente.
—¡Todo lo que hemos hecho por 200 años fue por ti, maldito mal agradecido!—Bramó Ícaro.
—¿Por mi? ¿A que te refieres?
—Matamos a personas relacionadas con los linajes de los santos legendarios; pensábamos que así no tendríamos que liderar con ustedes, pero nos equivocamos y la prueba es que ustedes están aquí.—Dijo Belerofonte.
—Entonces…—Selenia comenzó a abrir sus ojos desmesuradamente,—así como Ícaro mató a la madre de Helena… tú… —a Selenia le comenzaron a salir lágrimas de frustración e ira,—tú mataste a mi familia… ¡a mi mamá, a mi papá y a mi hermana!—Gritó Selenia, con la realización de la horrible verdad.
—Así es…—Y Belerofonte lo confirmó.
—¡Maldito!—Gritó Selenia con inmenso dolor, lanzándose contra el Héroe Mítico.
Aarón intentó dar un puño certero al rostro de Ícaro, desafortunadamente el Héroe Mítico se anticipó, capturando el brazo de Aarón. Poco después, Ícaro tomó la cabeza de Aarón y corrió a toda velocidad, estampando la cabeza del santo dorado contra una columna a las afueras del templo de Acuario.
—Ustedes… mataron a personas relacionadas con Sofía, Selenia, Helena, Idalia y Sharon. ¿Por qué?—Preguntó, mientras forcejeaba para quitarse de encima a su enemigo.
—¿¡Eres sordo, o qué!?—Ícaro agregó más fuerza para impedir el escape de Aarón. —¡Todo esto es por ti! ¡Todo! ¡El tiempo, las muertes… todo por ti!—Exclamó.
Aarón tuvo suficiente, así que aplicó fuerzas en ambos brazos y dio un salto hacia atrás, que terminó con ambos en el suelo y siendo Ícaro quien recibió la mayor carga del impacto. El santo dorado dio otro salto, esta vez con los pies para alejarse de Ícaro y ponerse de pie al mismo tiempo.
Aarón sacó un rosa azul, apuntando con ella a Ícaro.
—Antes de que acabe todo esto, contéstame: ¿a quien mataste tu?
—Yo maté a Natassha hija del cisne, y a Anastasia, madre de la mocosa.—Contestó, mientras Aarón sacaba otra rosa. —Si te preguntas por los demás… Hipólita mató a los padres de la actual Pegaso; aunque fue Ulises, Shinatora se echa la culpa de matar a la abuela del actual dragón; Heracles mató a Ikki de Fénix, Orfeo y Medusa mataron a algunos familiares de la actual Fénix.—Concluyó.
Aarón, con cada víctima que se mencionaba, sacaba una rosa azul.
—Entonces yo cargaré con esas culpas…—dijo, teniendo casi una docena de rosas azules a la mano.
—Espera Aarón, yo me encargare de él…—musitó Helena de Cisne, para la sorpresa de ambos guerreros.
—¡Le pondré fin a esto!—Exclamó Belerofonte. —¡BOOMERANG TELEOS!
Selenia quedó atónita ante la técnica, ya que esta parecía ejercer una inmensa presión en el aire a su alrededor.
—¿Que clase de técnica es….? ¡No puedo verla bien…!—Por puro instinto se cubrió con ambos brazos.
—Es inútil.—Dijo Belerofonte, mientras la técnica da de lleno contra Selenia. Dicha técnica ejerció una tremenda presión, tanto a los alrededores de Selenia como dentro del cuerpo de la castaña. Finalmente ambas presiones cedieron, mandándola literalmente a volar.
—Ya no será un problema.—Belerofonte miró hacia el cielo y luego se encaminó al templo de Piscis. Una vez dentro, miró en los alrededores, a las pertenencias de Aarón. —Ya veo, aquí es donde habitaste los últimos 19 años.—Expresó con auténtica curiosidad. Pronto se topa con el violín del santo de Piscis. —No has cambiado, eso es bueno, pero, dijo, pisando el instrumento destruyéndolo en el acto —tendrás que empezar de nuevo. De eso me encargaré. —tras eso, continuó con su camino.
En el cielo oscurecido, miles de pétalos azules se dispersaron en el aire, al igual que copos de nieve; resultado de los cosmos de Aarón y Helena. Ícaro miraba de un lado a otro, sonriendo con burla.
—Ya ríndanse, la pelea está decidida.—Dijo, observando cómo a su parecer, los santos encendían sus respectivos cosmos y adoptaban posturas de pelea. —Tú—Ícaro señaló a Aarón,—ya déjalo así. No tienes la fuerza para vencerme. Aunque te hayas hecho la loca idea de que nos vencerás a todos, es imposible; has perdido sangre, cosmos, ni se diga de tu armadura.—Dijo, sonriendo con sorna.
—Ya te lo había dicho, yo me hice una promesa, y la cumpliré.—Replicó Aarón.
—Hablas tan confiado como si la repuesta a esta pelea fuera a caer del cielo.
—¡Yo lo pensaría mejor antes de decirlo, ya que se puede cumplir!—Exclamó una voz femenina desde el cielo, lo que causó que todos, sorprendidos, voltearan hacia arriba. Pronto identificaron a quien pertenecía esa voz.
Era Selenia de Pegaso, quien al haber sido lanzada por los aires, recorrió la distancia del templo de Piscis hasta el templo de Acuario y solo cuando llegó a la casa de la ánfora, es que pudo recuperar el control de su cuerpo, y al observar la situación, decidió intervenir. Tras llamar la atención del Héroe Mítico, Selenia, desde el aire, lanzó una patada contra el guerrero de Ares.
Como era de esperar, Ícaro esquivó la patada de Selenia, la cual fue a dar en el suelo, dejando un gran y profundo boquete, dejando un rastro de polvo. Selenia volteó de inmediato para ver a sus espaldas al Héroe Mítico. Ícaro rio.
—A ti es a quien le quería mostrar esto.—Dijo Ícaro entusiasmado y no tardó en ejecutar su técnica contra Selenia. —¡SKY TRIPLE DANCE!—Exclamó, y lo mismo que le pasó a Helena, le terminó sucediendo a Selenia, con la patada elevándola al aire y luego las tres patadas brutales, la última en la espalda de la santa de bronce.
Finalmente Selenia cayó pesadamente al suelo, creando otro boquete, en tanto que Ícaro levitaba en el aire.
—¡Selenia!—Gritó el santo de Piscis y fue al instante a verla. —¡Selenia! ¿Estas bien?
—¡Maldito! ¡DIAMOND DUST!—Bramó Helena, ejecutando su técnica congelante.
A Ícaro solo le bastó con moverse un poco y con una sola mano terminó por desarticular la técnica.
—Deja esta pelea y entra en razón, nosotros queríamos cumplir la promesa del río Estigia, pero ahora que Perseo, Hipólita, Aquiles y Heracles ya no están, ¿que crees que pasará?
—Ahora yo cumpliré mi propia promesa. —Respondió Aarón, al mismo tiempo que Selenia se levantaba. —¡Vamos, Selenia!
—¡De acuerdo!—La castaña, con un salto tomó el vuelo para alcanzar a Ícaro. —¡Ya verá señor ángel, que Sara-chan vencerá a Ares!—El entusiasmo de Selenia la hacia brillar de optimismo.
En la explanada de la sagrada estatua de Athena, se encontraba Sara, pensativa y meditabunda sobre la situación en la que se encontraban ella, su Santuario y sus amados caballeros.
—¿Athena, que pasa?—Preguntó la anciana Oka.
Sara inhaló aire antes de responder.
—Ares no se ha movido; ya murieron la mayoría de sus soldados, además de sus héroes míticos, e incluso Deimos ya está peleando, pero ¿por qué no se mueve él? Tengo un mal presentimiento.—Dijo.
—Y ese presentimiento se cumplirá Athena.—Respondió Belerofonte.
Todos los presentes ahí voltearon en dirección a las escalinatas, sintiendo un cosmos abrumador. El Héroe Mítico caminaba parsimonioso, seguro de su victoria y la de su dios Ares. Tras unos segundos de haber caminado, Belerofonte quedó a un par de metros de distancia de la diosa Athena. Inmediatamente, Elliot de Sagitario, junto a Darío le bloquearon el camino.
—¿Que haces aquí? ¿Y los otros santos dorados?—Aunque preguntó, parecía más una exigencia. Elliot se puso en guardia y quemando su cosmos.
—¿Tu qué crees, santo?—Belerofonte respondió con otra pregunta.
—¡Maldito!—Elliot no dudó en sacar su arco con flecha y encendió aún más su cosmos. —¿¡Que le hiciste a mi hermano!?—Exigió
—¡Detente, Elliot!—Exclamó Darío; antes de que su alumno protestara, lo interrumpe, —Belerofonte, desde que comenzó esta guerra me surgió una duda. —Darío contenía su furia con más facilidad. —Mi madre me dijo en alguna ocasión que tú eras la sombra de nuestra familia. ¿Puedes confirmarme si tu mataste a mi hermano, a su respectiva familia, y a mi maestro?
Belerofonte miró fijamente a Darío.
—Si, yo los mate. A la esposa de tu hermano, a tu sobrina, a tu hermano y a tu maestro, Antonio de Leo.
Darío frunció el ceño.
—¡Entonces no dudaré en pulverizarte! ¡LIGHTNING PLASMA!—Exclamó, mientras millones de golpes de luces se materializaban en los alrededores.
Mientras, en los bosques alrededor del Santuario, Kimiko lucha ferozmente y mano a mano contra el dios Deimos. La santa de Casiopea dio un salto para asestar una patada al rostro de su enemigo, sin embargo, el dios Deimos logró detener la patada, defendiéndose al anteponer su brazo. Instantes después, Deimos arrojó a la santa de plata lejos de él; seguidamente Deimos contra atacó, conectando uno de sus puños en la mejilla de la santa.
Kimiko se repuso de inmediato a pesar del dolor, y antes de que cayera al suelo, Kimiko apoyó su peso con una mano en el suelo. Usando su velocidad, Kimiko atacó ahora con éxito, asestando una patada tras otras en la zona abdominal del dios, con tal fuerza que terminó por expulsar el aire del dios. Kimiko continúo su ataque, ahora con ambos puños, acertando en el pecho y cara de Deimos, mandando al dios a estrellarse contra un árbol cercano.
—¡Maldita mujer!—Exclamó con rencor visible. —Para ser una vieja eres mejor de lo que pensaba…—Deimos se limpió la sangre que manaba de una de sus fosas nasales.
Kimiko sonrió de satisfacción.
—Haré como que no escuche esa palabra, —dijo Kimiko, tronándose los nudillos, —pero te doy las gracias; desde hace mucho que quería pelear de esta forma contra Sharon. —Kimiko borró su sonrisa del todo y nuevamente se lanzó al ataque. Kimiko dio un puño en falso para distraer al dios y que este bajara su guardia, con tanto éxito que Kimiko logró dar otro golpe al rostro de Deimos, rematando con una patada más en el torso, haciendo retroceder a Deimos.
—¡THUNDER WAVE!—Exclamó Kimiko, lanzando su cadena contra el dios, aprovechando el momento.
A Deimos sólo le bastó elevar su cosmos y hacer un movimiento con su mano para desviar la cadena de ataque, a centímetros de impactar contra su cuerpo. La cadena terminó por desgarrar el suelo.
—Eres una tonta, Casiopea. ¡Te haré pagar por levantar tu puño contra un dios! —Elevó su cosmos, mientras añadía: —Yo soy Deimos, el dios del terror, y eso te haré ver antes de que mueras bajo mis manos!
—No eres el único con ese poder. —Replicó Kimiko, elevando su cosmos y concentrándolo en su escudo.
En lo que se suscitaba la pelea, no muy lejos de ahí, Idalia comenzó a despertarse.
—¿Que paso?—Se preguntó a si misma, poniendo una mano en su dolorida cabeza. Tras unos segundos, reaccionó a su entorno y su situación. —¡Aarón! Él y luego Deimos…—en ese momento, volteó a ver la pelea entre Kimiko y Deimos. —¡Kimiko-sama! La santa de Fénix se levantó y corrió al lado de Kimiko. —¡Deténgase!
—¡Idalia! Me alegra verte despierta. —Respondió Kimiko, sin despegar su vista del dios. —¿Pero a que te refieres?
—Se te olvido tu combate contra Orfeo; trataste de usar ese espejo y uso las memorias de alguien más, y si tú me haces lo mismo, ¿A quién crees que vas a lastimar?—Deimos se rio.
—¡Maldito!—Exclamó Kimiko, lanzando una patada, pero el dios la esquiva, usando su velocidad.
—Después de todo existe un episodio en la memoria de Sharon que está sellada, ¿verdad Fénix?—Dijo Deimos, susurrando a espaldas de Idalia, quien pasó de la sorpresa a la furia. —Un recuerdo de hace 10 años, —sonrió con malicia, —¿crees que si algún hombre se le acerca detonará lo que escondiste?—Preguntó con sorna.
—¡Maldito!—Exclamó Idalia, elevando su cosmos. —¡HOO GENMA KEN!—Vociferó, desplegando su técnica ilusoria.
Una fina línea de luz ardiente penetró en la frente de Deimos, directo a su mente. Sin embargo, el ataque parece no haber funcionado contra el dios quien no hizo nada para evitar dicha técnica. Incluso dio la sensación de que Deimos la recibió a propósito para demostrar su poder.
—Tranquila, Fénix, así como estas no me sirve matarte.—Dijo el dios con una sonrisa siniestra adornando su rostro.
—¿Acaso no sirvió?—Preguntó Kimiko, para después darse cuenta de la situación, mostrándose sorprendida. —Imposible… ¿será que él planea…? —Acto seguido, se colocó frente a Idalia. —Lo que planeas, no te lo permitiré.—Kimiko frunció su ceño.
—¿Qué?—Idalia reaccionó ante la acción de su superior. —Kimiko-sama…
—Hija, al parecer la ira hace que tu habilidad se nuble,—dijo, —apenas te diste cuenta de lo que planea este maldito, así que necesito que te concentres.
—Sí, tiene razón. Pero ahora creo que sellar "eso" no fue una buena idea…—Idalia tenía un terrible sentimiento de remordimiento, bajando la mirada, recordando un suceso que no quería tener en su mente. Pero era inevitable.
Dentro de un enorme edificio, se escuchaban un par de sollozos de dos niñas pequeñas. Uno de los sollozos era de dolor e incertidumbre, reflejando una inocencia destruida por un acto vil y desalmado. El otro sollozo era más calmado y pausado, pero no por ello menos doloroso.
Sharon era la que sollozaba de gran dolor, teniendo en su rostro el horror grabado, con una mirada perdida y sin brillo. Casi muerta en vida.
—Hermana, ¿que me pasó?—Sharon lloró aún más desconsolada. —Hermana, me duele…—Cerró sus ojos, tratando de no recordar nada.
Idalia era la del sollozo pausado. Trataba de consolar a Sharon, abrazándola fuertemente. Pero Idalia se sentía culpable. Le había fallado a su hermanita cuando más la necesitaba.
—No pasó nada… olvídalo Sharon… olvídalo, no te pasó nada…—Respondió Idalia, con su mejilla sangrando por un par de cortes aun frescos. Trataba de retener sus lágrimas sin éxito.
Y ambas hermanas se aferraban la una de la otra, teniéndose a ellas mismas para salir de aquella amarga experiencia.
—Tal vez no fue lo mejor que pudiste hacer por Sharon,—dijo Kimiko, notando la tristeza de Idalia,— pero creo que era lo único que podías hacer por ella a esa edad; por eso no te sientas triste hija.—Finalizó la santa de plata.
—Gracias, Kimiko-sama…—Sus palabras reconfortaron a la amazona de bronce. Idalia derramó una lágrima, disipando su tristeza.
Para burlarse, Deimos aplaudió con sarcasmo. Para él, un dios, la escena era patética.
—Que hermoso, en verdad los humanos pueden hacer un gran teatro para los dioses. —Dijo a manera de burla. —Espero que hayan disfrutado su ultima charla.—Deimos elevó su cosmos, mostrando su urgencia para finalizar esta pelea.
Las santas de Casiopea y Fénix no dudaron en encender su cosmos, determinadas a crear un milagro.
—Supongo que ya lo sabes,—dijo, mirando a la santa de bronce, con una expresión maternal,—pero no te dejaré sola peleando.—Finalizó Kimiko, mirando con desprecio a Deimos.
—Lo sé, y así está bien. —Las fuerzas volvieron a Idalia, lista para que un dios le suplicara por piedad.
Y los tres contendientes quemaron sus ardientes cosmos, reflejo de sus almas determinadas.
El Héroe Mítico Belerofonte se alzaba imponente e invencible. A sus pies yacían inconscientes ambos caballeros dorados que intentaron en vano hacerle frente. Ya casi no quedaba nadie que se interpusiera en su camino para tomar la cabeza de la diosa Athena.
—Desde la guerra pasada lo sabes Athena,—Belerofonte dio un paso, destruyendo el casco de Sagitario, —no nos pueden vencer, porque buscamos la victoria absoluta.—Belerofonte alzó su mano a la altura de su cara y la cerró en puño para enfatizar sus palabras.
Belerofonte dio un paso más y comprobó de inmediato que aún le quedaban oponentes: el Patriarca Kiki y la venerable Oka se pusieron frente al Héroe Mítico, protegiendo a su amada diosa.
—¡Patriarca, Oka-sama!—Exclamó Sara. —¡Por favor déjenme esto a mí!
—El deber de un santo es defender a Athena. —Oka mostró su convicción y lealtad. —¡No importa los años que tenga, daré mi vida por usted!—Exclamó mientras el Patriarca asentía aprobatoriamente con la cabeza.
Belerofonte dedicó una sonrisa de satisfacción hacia sus enemigos.
—Es admirable,—miró fijamente a la diosa,—en verdad admirable… —en esos momentos, Elliot y Darío se levantaron de nuevo para proteger a Sara. —Supongo que él tenía razón; ahora veo que nosotros nos equivocamos, nos dejamos llevar…—dijo el Héroe Mítico de forma enigmática.
En los aposentos del Patriarca se elevaron los cosmos, cuyo calor correspondía a diferentes motivaciones y creencias, cada uno dispuesto a defender en aquello en lo que creían con fervor y devoción.
Continuará…
En el próximo capítulo de Siguiente Generación: Aarón, Selenia y Helena juntarán sus fuerzas y cosmos para batallar contra el Héroe Mítico Ícaro. ¿Cuál será el resultado de esta terrible batalla? Mientras tanto, Kimiko e Idalia planearan una arriesgada táctica para rescatar a Sharon de las garras de Deimos. ¿Qué ocurrirá con los santos dorados que enfrentan a Belerofonte? ¡La Guerra Santa está cada vez más cerca de su conclusión!
