Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,

sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.

Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.

Capitulo 36

Ichigo

Miro la hora que es en mi nuevo reloj, Byakuya llega tarde, y me dijo que

estuviera en mi despacho a esta hora sin falta, que tenía algo importante que decirme.

La puerta se abre y aparece con una carpeta.

—Las tengo —deja sobre la mesa la carpeta y, al abrirla, encuentro las fotos de

Rukia y un pendrive.

—¿Quién las tenía? ¿Cómo las has conseguido? —le pregunto, algo mosqueado.

Byakuya no tiene apenas dinero. Vive con lo justo. No me creo que haya podido

pagar por ellas.

—Hablé con el joyero y como sabía quién era le dije que seguro que a él no le

gustaría que las fotos de su hija estuvieran a manos de un cualquiera... y me dijo

quién las tenía. Era un ricachón que siente fijación por la fotografía de mujeres guapas

y quiso las de Rukia. Lo engañé diciendo que era su padre, me hice un poco el

angustiado y me las dio.

—Así, sin más —le pregunto, mosqueado.

—Tengo un don, Ichigo —me observa serio—. ¿Qué sucede Ichigo? ¿No me crees?—

le aguanto la mirada y, joder, veo algo en sus ojos me hace desconfiar. ¿Qué me

oculta?

—Supongo que sí, no tienes por qué mentirme.

—No, no tengo por qué hacerlo —otra vez me aguanta la mirada y noto algo más.—Gracias, eres un buen amigo. Aunque Rukia ya no corra peligro, no me gusta que ese ricachón tenga sus fotos.

—A mí tampoco me gustaría que alguien tuviera fotos de mi mujer.

Sonríe y se aleja, dejándome con la mosca tras la oreja y sabiendo que necesito

saber qué es lo que me oculta. Porque sé que hay algo.

XXX

Rukia

La peluquera me da unos retoques tras ponerme el vestido de noche que ha elegido

Masaki para mí.

—Lista. Estás preciosa —Me dice la amable peluquera.

Me miro al espejo y me gusta lo que veo. El verde del vestido resalta mis ojos y

aunque por delante el cuello es en forma de barco y no muestra nada, por detrás tengo

la espalda al aire. Masaki me dijo que ella me conseguiría el traje. Me he pasado toda

la semana insistiendo en que no hacía falta, pero no la logré convencer. Hoy, sábado,

tras cerrar la librería, nos hemos ido a una sesión de masaje Yuzu, Masaki y yo.

—Estás preciosa, mi hermano va a alucinar —me dice Yuzu, entrando en el cuarto

de invitados en el que me han instalado por si lo necesitara, junto al de Ichigo.

—Eso si llega a tiempo —digo, irritada.

Esta semana Ichigo y yo hemos estado muy bien... cuando nos hemos visto. El

problema era cuando comentaba algo del trabajo. Sonreía para esconder lo tensa que

me pone ahora mismo que hable de ello. Tal vez por eso a principios de semana dejó

de hacerlo y esta mañana cuando me llamó para decirme que tenía que irse fuera para

una cosa de su trabajo añadió: es mi deber, Rukia. Tengo que hacerlo . No dije nada,

pero estoy tensa desde entonces, como si sintiera que algo gordo está a punto de

pasar. Ha prometido estar a tiempo, pero la gente ha empezado a llegar y el esmoquin

de Ichigo descansa sobre la cama de su antiguo cuarto.

—Llegará. No te dejará tirada en la fiesta donde te presentamos como miembro de

esta familia y su pareja oficial. He de añadir que Senna nunca tuvo esta cena. Mi madre

no quería e Ichigo no insistió nunca.

—Odia las fiestas.

—Sí.

—Estáis preciosas —nos dice Ashido desde la puerta—. ¿Vamos?

Asentimos y vamos hacia él. Ashido está increíblemente guapo. Este chico lo está se ponga

lo que se ponga. Aunque, al mirarlo, no siento esa atracción que me trasmite Ichigo.

Sólo veo en él a alguien a quien estoy aprendido a querer como a ese hermano

que nunca he tenido, al igual que a Yuzu. Esta semana se entraron de lo que pasó con

mis padres. Ichigo se lo contó y no se han separado de mí cuando no estaba con

Ichigo. Los quiero mucho y ahora que no tengo el miedo de tener que salir corriendo

hace que todo lo observe desde otra perspectiva y sé que aquí está mi hogar. Sobre

todo por Ichigo.

Bajamos y Masaki me abraza de forma espontánea al verme.

—Este hijo mío—dice, mirando su reloj, cuando ya hemos pasado al salón. Mira a

un camarero y debe de saber lo que le pregunta con la mirada ya que niega con la

cabeza—. No me gusta su empeño por ir siempre contra corriente cuando se trata de

fiestas.

—Si te casas con él tendrás que atarlo al altar —me dice Ashido, mientras nos sirven

la cena—. Aunque será difícil que eso suceda, a él eso de casarse nunca le ha

gustado.

—Genial. Ni hijos ni bodas. Tu hermano es la pareja ideal —digo, medio en broma

pero en fondo me duele que esto siga siendo así. Y espero que un día cambie su

opinión con respecto a ambas cosas.

Empezamos a cenar, la madre de Ichigo cada dos por tres pregunta con la mirada si

su hijo ha llegado y siempre niegan con la cabeza. Me siento ridícula estando en una

fiesta donde se supone que me presentan como pareja de alguien que no ha venido. La

gente no deja de mirarme y, si no fuera por arropada que me siento con la familia de

Ichigo, ya me hubiera ido. Es por eso que cuando llega el baile sé que he tenido

suficiente. Me despido de ellos y bajo al garaje a por mi coche.

—Lo siento, Rukia —me dice Yuzu—. ¿Quieres que vaya contigo a tu casa?

—No, quiero esperar a tu hermano. Estoy preocupada y cuando sepa que está bien

me enfadaré mucho con él. No creo que te apetezca presenciar cómo le grito lo

humillada que me siento ahora mismo.

—No, pero grítale mucho. Se lo merece —me da un abrazo antes de irse.

Llego a mi casa, me quito los tacones y sin cambiarme, cojo las llaves de la casa de

Ichigo y subo a esperarle. He mirado el móvil para ver si tenía algo y sólo he visto

que ponía que hace poco que se ha conectado pero no ha escrito nada. Todo esto no

me gusta.

Entro en su casa y dejo las llaves sobre la mesa. Dejo encendida una tenue luz y

espero angustiada. Le he escrito para preguntarle sólo si está bien. Cuando la puerta

se abre siento un gran alivio que hace que sólo quede en mí el enfado que siento.

Ichigo entra su semblante es muy serio y tenso. Verme no le sorprende. Debía de

esperarme.

—¡¿Cómo has podio dejarme tirada esta noche?! En verdad me da igual lo que

piensen esas personas pero creí que te importaba lo suficiente para estar a mi lado.

¡Para no tenerme toda la maldita noche pensando que te podía haber pasado algo...

—Estaba infiltrado, no podía usar mi móvil personal sin delatarme. Sólo he mirado

los mensajes, pero no podía escribir.

—Un momento. ¿Estás con los de la banda de ''Arrancar''?

—Sí —me dice, sin más—. Han contacto conmigo y quiere que aproveche mi baja

para saber más cosas de ellos...

—¿Quieren que te vayas con ellos? —asiente—. ¿Con unos asesinos? —asiente—.

¡¿Y qué pasa si te descubren?! —en su rostro veo la respuesta—. No, no pienso

apoyarte en esto. ¡No pienso seguirte en esta locura!

Los ojos me queman por las lágrimas. El miedo me hace temblar.

—Rukia, es mi deber. Tengo que hacerlo. Yo no soy como mi padre...

—¡No eres como él y no precisamente porque te empeñes en cerrar sus casos! ¡Tú no

eres él aunque seas un maravilloso librero a mi lado!

—¡No voy a dejar esto cuando estoy tan cerca de conseguir pillarlos! Quiero que me

entiendas...

—No me pidas que te entienda en esto porque no lo hago. No pienso apoyarte Ichigo.

—¿Y eso qué quiere decir?

—Que si te vas me habrás pedido para siempre porque no pienso esperarte.

—¿Me estás haciendo elegir?

—¡Trato de proteger tu vida! y sí, es una elección.

—Tú no lo entiendes...

—No, no lo entiendo. Y no quiero entenderlo. No te apoyaré mientras te metes en algo

que puede acabar con tu vida. No seré cómplice de tu muerte, Ichigo.

—Rukia... —paso por su lado y voy hacia la puerta—. ¡No puedo abandonar!

—Entonces no hay más que hablar.

Abro la puerta y cierro con un portazo. Entro a mi casa sólo para cambiarme y

coger las llaves de mi coche. Me marcho antes de que Ichigo pueda bajar a tratar de

convencerme, ahora quiero estar sola. No me siento egoísta por esta decisión pues

siento que de este modo estoy salvando al vida de Ichigo, que irse bien puede ser una

trampa y sólo de esta forma consiga proteger su vida. No puedo entender que se

marche tal vez para siempre y espere que mire para otro lado sin más.

Llego a casa pasadas las ocho. He conducido casi toda la noche dándole vueltas a

todo. Estoy agotada y sigo muerta de miedo por la partida de Ichigo y determinada a

no ceder. Por eso cuando abre la puerta al poco y deja sobre el suelo su maleta sigo

decidida a decirle adiós.

—Rukia... espérame. Pienso regresar.

—No, no pienso esperarte. Si te vas, me pierdes para siempre —le digo, jugando mi

última baza.

—No tengo elección.

—Sí, sí la tienes, todo el mundo tiene elección. Tú estás eligiendo la tuya.

—Rukia... —Ichigo trata de decirme algo, aprieta la mandíbula cuando no le salen

las palabras y se lleva el puño al corazón para decirme con ese gesto que me quiere,

haciéndolo todo más doloso—. Espérame.

—Adiós, Ichigo —le digo con la voz temblorosa—. No pienso esperarte. Pienso

marcharme lejos —le digo, a la desesperada.

—Te encontraré estés donde estés.

—No podrás hacerlo si estás muerto —le digo con un hilo de voz.

—No me pasará nada.

—Eso no lo sabes.

—Rukia, por favor. Tienes que entenderme. Necesito cerrar esto para poder seguir

adelante. Si quiero ofrecerte un futuro, tengo que hacerlo.

—Tú solo vives el día a día conmigo, nunca hemos hablado de futuro. Tú no

quieres hijos y yo sí, tú no quieres casarte y yo sí. Tal vez no estemos hechos el uno

para el otro —estoy siendo cruel pero estoy muerta de miedo.

Lo miro un instante y el dolor que veo reflejado en los ojos de Ichigo casi hace que

las lágrimas que retengo caigan libres.

—Hasta pronto, Rukia. Me niego a decirte adiós.

—Adiós, Ichigo. Ha sido un placer conocerte, con tu marcha me demuestras lo poco

que te importo —quiero que sienta dolor, una pizca del dolor que él me causa a mí

con su decisión. Quiero que se quede. Pero Ichigo sólo me mira una vez más antes de

coger su maleta y marcharse. Tal vez para siempre, y saberlo hace que tiemble por

miedo y que llore por la angustia de no volverlo a ver más.