Se encontraba en su habitación, de pie ante los ventanales del pequeño dormitorio. Durante el poco tiempo que llevaba habitando el castillo —apenas un día— se había convencido de que el jardín de aquel sitio era el más hermoso del reino. Lo que también sabía es que, además de todos los habitantes de Cheshire, muchas personas originarias de condados vecinos pensaban lo mismo.

Ella había visitado varios condados distintos, incluso algunos muy lejanos, y, a pesar de que no era mucho el tiempo que permanecía en ellos debido a la antipatía de los locales hacia los de su clase, siempre llegaba a conocer los castillos de los nobles de cada condado. Por supuesto que por fuera.

Si bien el que habitaba entonces dejaba mucho que desear en cuanto al aspecto estético de su edificación porque fue creado con funciones militares, por su experiencia podía asegurar que no había en el reino un jardín igual. Más si se tenía en cuenta que era extraño el hecho de que hubiera vegetales capaces de crecer sobre una colina, ya que por lo general estas solían tener suelo arenoso, no apto para cultivo.

Se volteo interrumpiendo su observación, y posó sus ojos sobre la negra madera que brillaba gracias a la luz que entraba por la ventana. Desde que entró a la habitación por primera vez aquel piano captó su atención inmediatamente. Nunca antes había tenido la oportunidad de ver uno, pero sabía de qué se trataba gracias a la descripción que su hermano le había hecho de ellos años atrás. Ese instrumento precisamente le traía recuerdos de su hermano.

—Permiso— Tea se asomó tras la puerta luego de golpear varias veces, pero como ella estaba muy concentrada en sus meditaciones no lo había notado—. Roux Anne, he venido a pedirte un favor.

— ¿Un favor?— no es necesario aclarar que esa confesión era sorprendente. Si Tea tenía que pedirle algo a alguien, en la lista de las posibles personas, ella ocupaba uno de los últimos lugares, sino el último. Claro, quizás Roux Anne no.

—Hace días encargué un vestido para usar durante la inauguración del Torneo de Justas este fin de semana— comenzó a explicar mientras iba entrando en la habitación—. Se supone que iría a retirarlo con alguien, pero me enteré de que ella está afuera del condado... Sé que no debería molestarte con estas cosas, pero no me queda otra opción que pedirte que me acompañes.

— De acuerdo, iré contigo.

— ¡Muchas gracias!— el alivio de la condesa era evidente— si te negabas, me hubiera visto obligada a ir con Serenity y eso sería humillante— rió.

Claro que a su interlocutora no le daba mucha gracia. En el listado en el que había estado pensando anteriormente, su lugar estaba detrás de Serenity. Lamentablemente Tea no lo sabía.

— ¿Hay alguna forma de que pueda ocultar mi cabello?— preguntó volteándose hacia el ropero.

La pregunta impresionó a Tea pero sabía bien el motivo de la misma. Aun así, no era justificada tanta preocupación por el tema; Roux Anne era de la nobleza.

—No veo ningún motivo por el que debas cubrírtelo, a nadie se le ocurriría pensar que tú tienes alguna relación con la brujería y esas cosas, ya sabes. Eres una condesa. Ahora, tu cabello no seria bien visto en una de esas inmundas gitanas que acampan cerca de la tela— volvió a reír, pero se detuvo al ver que Roux Anne no la imitaba y eso era incómodo. Quizás el comentario no había sido muy agradable para ella porque posiblemente en Southampton la visión que se tenia de esas comunidades era muy distinta—. Bueno, te ayudaré a buscar algo para usar.

Kisara sabía que si un noble nacía con cabello blanco, jamás lo acusarían. Su interés por cubrir su cabello era para que no la reconocieran.

Mokuba se encontraba sentado en la sala con una gran decepción adornando la expresión de su rostro. Aun no podía creer que Yami se hubiera olvidado de lo que había prometido. Quizás tendría que resignarse a ir a la tela sin él, aunque lamentablemente solo con pensarlo aquella visita perdía toda la emoción.

Joey entró en la sala para avisarle al señor Moto que el carruaje ya estaba preparado. Al percibir la tristeza del joven se acercó y se sentó en el sillón a su lado.

—Oye Mokuba, ¿a qué se debe esa cara?

—A mi madre. Tú sabes, mi padre tuvo dos esposas...

—Yo hablo de tu expresión, no de tus facciones. Al verte cualquiera diría que alguien murió.

—Es que Yami prometió llevarme a la tela y creo que no va a hacerlo.

— ¿Por qué dices que no lo hará?

— ¡Porque se fue a buscar su armadura!— gritó, aunque sin razón y él pronto se dio cuenta de eso. Ni Joey ni nadie tenian la culpa— Lo siento...

—Seguramente se encontrarán en la tela, si quieres yo te llevo— propuso Joey.

— ¿Yami te dijo que tú me llaveras a la tela y que él nos alcanzaría allí?—la emoción con la que Mokuba hizo la pregunta provocó que el escudero del pentacampeón de Justas del condado se estremeciera. Su comentario había despertado esperanzas en el joven conde, pero en realidad él no sabía si Yami planeaba ir luego de recoger su armadura o no. Tampoco quería que Mokuba se entristeciera de nuevo...

—Sí, eso me dijo.

Tea bajó las escaleras junto a Roux Anne y el señor Moto. Con este último iba discutiendo acerca de la inauguración del torneo de justas, tan cercano en el tiempo, y el claro favoritismo de su esposo y nieto, respectivamente. Claro que eso no era novedad. Roux Anne creía que sin tan asegurada seria su victoria, ni siquiera era productivo realizar aquel campeonato. Que nombraran a Yami campeón vitalicio y asunto aclarado. Además, era una competencia muy arriesgada.

—Joey, ¿está lista la carreta?— pregunto el señor Moto al llegar al final de la escalera.

El muchacho rubio asintió levantándose del sillón. Mokuba lo imitó, pero a diferencia de este, abrió la boca para hacer uso del mejor invento del hombre: la palabra.

—Joey me llevará a la tela y allí nos encontraremos con Yami— sonrío muy animado.

Tea miró a Joey con desconfianza.

— ¿Yami dijo eso?

El muchacho asintió nervioso.

—Espero que no se olvide.

Los cinco salieron del castillo rumbo a sus respectivas carretas, y Serenity se les unió a los dos muchachos en el camino ya que tenia que realizar algunas compras para la comida.

Seto abrió la puerta de la cocina, el único lugar de todo el castillo que le restaba por revisar, y comprobó al fin que ya no quedaba nadie que le exigiera tonterías:

"Seto, tienes que descansar"

"Si no descansas no me veras ganar el sábado, y se que quieres verme..."

"Señor Kaiba, ¿Qué hace levantado? Su hermana dijo que no lo permitiéramos salir del cuarto porque debe descansar"

"No, Kaiba. Aunque me pagues no te dejaré salir"

"Seto, es mejor que... digo, señor Kaiba, es mejor que se quede en su habitación para recuperarse"

¡Al diablo con todos ellos! El tenía asuntos mucho más importantes que atender: no podía estar preocupado por dos heridas que casi lo matan. Roux Anne llegaría al día siguiente, lo había anunciado en el telegrama que llegó el día anterior. Y lamentablemente el no había logrado idear una estrategia para alejarla del castillo o de su condado; incluso de la vida...

No es que realmente considerara asesinarla, aunque tampoco era una mala idea deshacerse de ella para siempre. ¿Pero cómo? Esa era una pregunta a la que no le había encontrado una solución: y la única opción que hasta entonces tenía, contaba con muy pocas posibilidades de lograr su objetivo. Pero lo mejor era concentrarse en ella, al menos provisoriamente. Tenía que encontrar una forma de convertirla en una posibilidad más segura, más confiable, más efectiva.

Seto salió de la cocina y cruzó la sala rumbo a la salida con una sonrisa de conformidad en su rostro. Había una única persona en Cheshire que podía ayudarlo.

—Es hora de que le haga una visita a Shaadi.