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POLVO ESTELAR

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"Bien," siseo Pansy, abriendo la botella de Whisky que ella misma tuvo que ir a buscar. "esto está siendo muy aburrido, ¿ideas?"

"¿Ideas?" rió Amelia, quitándole la botella. "No se qué esperas que hagamos."

Ella puso la boca de la botella entre sus labios, absorbiendo el líquido picoroso que ardió a través de su garganta. Se sentía sofocada y su piel estaba caliente. Apenas podía quedarse quieta cuando su corazón estremecía su cuerpo a cada latido.

Su cabeza no para de girar en torno a sus palabras. Las palabras de Draco que la dejaron en un estado de irreconocimiento de sí misma, viendo salir su lado oscuro desde el fondo de su ser.

¿Realmente estaba tan dispuesta a todo con él?

Las cosas que habían hecho eran lo suficientemente locas para creer que había más, pero ella no conocía su mente, ni lo conocía a él. Había muchas cosas que averiguar aún.

"Luna, ¿ese polvo es... lo que creo que es?" preguntó Pansy, tomando el frasco para balancearlo en sus manos.

Ella sonrió, asintiendo mientras sus mechones caían por sus hombros al movimiento. "Si, es eso exactamente."

"Yo no confiaría en el color rosa..." dijo Delia, haciendo un gesto de disgusto a lo que Luna la miró sin expresión. "Oh, no digo que no confíe en ti Lovegood, es el polvo el que me provoca esto."

"Sólo eres una agua... fiestas." siseo Amelia, tomando el frasco para desenroscar la tapa superior. "¿Esto se pone...?"

"Puedes probarlo con el dedo." respondió Luna.

Amelia sonrió, huntando por completo su dedo dentro del frasco al tiempo que Luna se inclinaba hacia ella.

"Pero debes ser cautelosa porque -"

La azabache la quedó mirando. "Amelia..."

Ella tenía ya el dedo dentro de su boca repleto de polvo. Luna suspiró, y lentamente quitó el frasco de sus manos.

Amelia la miró con preocupación, y deslizó el dedo entre sus labios, dejándolo completamente limpio. "¿Porque...?"

Luna miró hacia la alfombra, cerrando el frasco. "Tiene efectos que desconozco..."

"¿De dónde lo sacaste?" preguntó la azabache, alzando el frasco para abrirlo nuevamente.

No supo cuántos minutos pasaron cuando las voces comenzaron a desenfocarse en el exterior. Amelia miró a su alrededor, y parecía extraño, porque en realidad todo estaba tan igual que siempre. La alfombra estaba suave. Demasiado suave. De pronto, ya no estaba sofocada, y su respiración era lenta y pausada. Sus dedos bailaban sobre las motas de algodón sobre su bata, sus pies hormigueaban.

"Mierda Ames." musito Parkinson, frunciendo el ceño. "¿Te sientes bien?"

Ella la miró. Su cabello perfectamente peinado y su piel pálida suave. Era bonita. Siempre lo ha sido. Amelia alguna vez sintió envidia de su caminar. De la manera en que su cuerpo se movía bajo su uniforme que encajaba a la perfección en su cuerpo. El color verde asentuando su piel.

Pansy Parkinson era una de las chicas más bonitas que había visto en Hogwarts, aunque habían muchas más.

"Estoy..." su palabra se corto, y una sonrisa se formó en sus labios. "estoy jodidamente bien. Pansy, hazlo."

"¿Qué?"

"¡Que lo hagas!" dijo con emoción, abriendo el frasco para ella. "Vamos, hazlo."

Delia alzó la ceja, lamiendo el interior se su labio. "Ella está algo ida..."

Amelia comenzó a respirar con fuerza, su pecho subiendo y bajando a un ritmo constante. Cada vez la luz era más brillante y sentía la necesidad de ir por ella.

Pansy la quedó mirando, absorta por sus reacciones. "Lo haré."

"¿¡Qué!?" gimoteo Luna, lanzándose a tomar el frasco. "Estás loca."

"Lovegood," dijo ella, llenando su dedo de polvo. "si trajiste esto, es por algo. Además, si voy a estar así de feliz -" señaló a Amelia, quien miraba con desdén el foco de luz. "entonces dame todo el puto frasco."

Delia emitió un gemido mientras se recostaba en el suelo, mirando cómo Luna intentaba parar a Pansy quién ya lamia el color roja que había dejado marcado su dedos.

"¿Me esperaban?"

Nathan emergió en la habitación, acercándose a la chicas con dos botellas en sus manos.

"Oh, no puede ser." lloriqueo Delia, tapando su rostro entre sus manos. "Matenme ya."

"¿Por qué debería matarte?" preguntó Nathan, sentándose a su lado. "¿Ella que tiene?"

Amelia sonreía, mirando sus dedos danzar frente a ella. Pansy estaba inmóvil, mirando fijamente un punto frente a sí que no podían deducir.

Delia rechisto, mostrándole el frasco de polvo. "Eso, es lo que tienen."

"Polvo Estelar." dijo Luna, con una sonrisa forzada.

"¿¡Qué!? He oído hablar de él, dicen que es -" Nathan se abalanzó, intentando tomar el frasco, a lo que Luna lo tomó en sus manos, escondiendolo entre sus brazos.

"No - tomarás - eso." le dijo Delia, apretando una mano contra su pecho. "Te necesito lúcido para controlarlas."

El chico puso los ojos en blanco, apoyándose en la cama tras él. "¿Por qué tendría yo que -"

"Alcohol." dijo Pansy, mirando hacia todos lados mientras su melena bailaba entre sus mejillas. "Necesito alcohol, ahora."

Ella no espero el movimiento de nadie y pasó por el centro del círculo, tomando una de las botellas que Nathan había traído consigo. No vio la etiqueta y la abrió, quitando el corcho para beber desde la boca.

"Mezclar alcohol y polvo no es buena idea..." murmuró Luna, de una manera casi tierna.

Delia negó con la cabeza. "Traer el polvo ya fue una muy mala idea Lovegood, las conoces. Sabías que podía pasar."

La rubia se cohibio, pegando sus rodillas contra su pecho mientras apoyaba su mentón sobre sus rodillas.

"Ames ven aquí." le dijo Parkinson, apartando los cojines para acercarse a ella. "Quiero abrazarte."

Amelia sonrió, enrollando sus brazos junto a los de ella. "¿Estás bien?"

Nathan curvo sus labios hacia abajo, mirando la escena con gusto. "Las pijamadas de chicas son mejor de lo que esperaba."

"De hecho," añadió Delia, poniendo sus brazos en sus caderas. "eso es lo que es. Una pijamada de chicas. ¿Qué haces tú aquí?"

"Maldición, Sukre." gimoteo él, apretando su mejilla entre dos de sus dedos. "Podrías dejar de ser tan molesta por un segundo. Arruinas tu precioso rostro cuando te enfadas."

"¡No me toques!" dijo ella, apartando su mano. "Eres igual de molesto que yo."

Pansy estaba bebiendo cuando Amelia le quitó la botella de sus manos, haciendo que el líquido chispirroteara por su garganta.

"Yo," habló Parkinson, alzando un dedo frente a ellos. "quiero joder a Potter."

Delia abrió la boca, frunciendo el ceño. "¡Pansy!"

La azabache la miró, y pronto sus ojos captaron el disgusto de su expresión. "¡No! Dios, no... quiero decir, no en ese sentido."

"Siempre creí que Parkinson quería follar con Potter." dijo Nathan, tomando la siguiente botella. "Algo así como, un amor prohibido."

"Ya dije que no - en ese - sentido." espetó ella, marcando las palabras. "Además, tu no tienes derecho a hablar. Siempre has querido follarte a Amelia, y no lo digo."

"Potter me tiene cansada." dijo Amelia, ignorando sus palabras mientras se recostaba sobre la alfombra. "Ese olor a... caramelo."

"Tiene un paquete." dijo Luna. "Lleno de caramelos, siempre los come. Es como una obsesión."

Amelia pensó en caramelos. Odiaba los dulces en general, quizá eso le provocaba el repugnante azúcar que Harry esparcia por su camino. De pronto la alfombra se hundió bajo su cuerpo, y sintió como desaparecía eb un hoyo bajo tierra.

"Bien, quitemosle esos estúpidos caramelos." habló Pansy, poniéndose de pie con dificultad. "Quizá el azúcar está haciendo que su cerebro no funcione."

Delia miró a Nathan, esperando que hiciera algo por ellas, pero él sólo reía, viendo a la chica tambalearse frente a él.

"Parkinson no -"

"¿Vienes Amelia?" preguntó ella, agachandose a tomar la botella de Whisky.

"Claro que sí." respondió, haciendo fuerza en sus manos para ponerse de pie.

Delia las miró, molesta, e hizo un ruido sordo entre sus dedos frente a Nathan. "Louis, tu deberías -"

"Tengo pastillas vomitibas en mi cuarto." dijo él, dando un salto para ponerse de pie. "Un hechizo para oscurecerlas y serán exactamente iguales a un brillante caramelo."

Pansy puso la palma sobre su frente con sorpresa. "Mierda sí. Salazar Nathan creí que eras más estúpido pero tus neuronas aún hacen clic."

"No te diré nada por respeto Parkinson." le dijo él, acercándose a la puerta para abrirla. "¿Damas?"

Amelia había logrado ponerse de pie, apretando sus manos contra cada soporte que encontraba en su camino. Ahora se sentía mejor. Estaba relajada y tranquila pero el peso de su cuerpo aún le incomodaba.

"No puedo creer que hagas esto." declaró Delia, sacudiendo su cabeza. "Ves el estado en el que están, y te arriesgas a seguir sus juegos."

"Oh, creo que escucho algo, ¿ustedes lo escuchan?" dijo él, acunando una mano en su oído.

Amelia rió, mientras Pansy respondía. "No. No escucho nada, podemos irnos."

El pasillo estaba oscuro y vacío. Amelia sintió el frío y apretó la bata contra si, intentando apoyarse en Nathan para no caer en sus intentos por caminar. Pansy hacia lo suyo, casi arrastrándose por la pared hacia el lado derecho del pasillo.

"Mi cuarto está a dos puertas del de Potter." susurró Nathan, abriéndose paso entre las dos. "Iré por las pastillas, ustedes sigan... intentando caminar."

Amelia sintió el piso moverse bajo sus pies, y paró por un segundo, esperando que el temblor cundiera. Pansy por otro lado avanzaba con rapidez, llegando justo a la habitación de Potter mientras sacaba su varita del bolsillo de su chaqueta.

"¡Espera!" apareció Nathan nuevamente, corriendo hacia ella para quitarle la varita. "No estás en condiciones de hacer un hechizo ahora. Podrías explotar el pomo o algo."

"Él tiene razón." dijo Amelia en un tono demasiado alto.

"Sh..." frunció el ceño Pansy, mirando a Nathan susurrar apuntando el pomo.

La puerta emitió un pequeño sonido antes de abrirse, y Pansy fue la primera en adentrarse en el cuarto. Amelia se acercó a la puerta y Nathan tomó su mano, ayudándola a mantenerse estable mientras admirada a su alrededor.

Harry estaba en el centro de la cama. La sábana a mitad de su cuerpo mientras su camiseta color gris se enrollaba en su torzo. Pansy comenzó a registrar, buscando sobre los muebles y el escritorio.

"¿Creen que deberíamos rayar su cara?" preguntó Nathan, acercándose a Harry con suavidad mientras este respiraba profundamente.

Amelia pasó sus dedos por el borde de la cómoda, mirando cada objeto que yacía puesto sobre ella. Había un pequeño cuadro de fotos donde una pequeña Hermione, un sonriente Ron y un tierno Harry se movían con vigor. Fijó la vista en un libro. Pociones Avanzadas. Recordó a Harry ir de un lado a otro con aquel ejemplar pero juro que lo había dejado de lado en cuanto supo a quien pertenecía.

Snape.

Amelia borró la imagen de su mente antes de seguir buscando el paquete. No tenía idea como debía verse, pero supuso que eran los mismos dulces que vendían en Honedukes, y en cuanto viera una bolsa reluciente de diversos colores, sabría que lo había hallado.

"¡No puede ser!" exclamó Pansy en voz baja, y Amelia se volteó hacia ella.

Estaba agachada, mirando bajo la cama de Harry con la boca abierta.

"¡Es un montón de papel!" siguió diciendo, mientras alzaba la vista hacia la mesa de noche. "Y... crema."

"Esa chica Weasley lo debe tener loco." rió Nathan, tomando a varita entre sus dedos. "Un hombre que se corre sólo pensando en una chica, es un hombre enamorado."

Ella sintió un mareo profundo y su estómago nuevamente revoloteo. Era estúpido pensar en ello en ese momento pero no pudo evitar en Draco confesandole exactamente lo mismo mientras estaban en aquella reunión.

"Qué conocimiento vas a tener tú sobre amor Louis." espetó Pansy, poniéndose de pie mientras apoyaba sus manos sobre la mesita. "Ni siquiera has tenido novia. En realidad... ni siquiera tienes sentimientos."

Nathan apuntó el rostro de Harry con su varita, y manchas de tinta marcaron su rostro mientras comenzaba a dibujar sobre él. "Eso me dolió Pansy, aunque quizá tienes razón. No soy experto en amor, pero soy hombre."

"No lo suficiente..." murmuró Amelia para sus adentros.

Nathan dejó la línea que marcaba las cejas de Harry a mitad de camino, volteandose para mirarla mientras ella seguía en busca del paquete.

"¿Quieres que te demuestre que tan hombre puedo llegar a ser?" le preguntó, enarcando una ceja.

Amelia lo miró, sus ojos oscuros y amenazantes. "¿Podrías?"

El tensó su mandíbula, pasando su lengua entre sus dientes y estirando su cuello, haciendo notar el movimiento de su garganta al tragar saliva.

"¡Si!" exclamó Pansy victoriosa, levantando con una mano el paquete de dulces. "Lo encontré."

Un chirrido los hizo quedarse inmóviles. Harry se movió en su cama, dando media vuelta sobre su almohada mientras suspiraba palabras incoherentes entre dientes.

Nathan miró a Potter, esperando que no hubiera ninguna señal de lucides de su parte. "Bien, voy a darles aspecto de caramelo a las pastillas." dijo, sacando una pequeña bolsa de su bolsillo, llena de pequeños círculos blancos.

"¿De dónde los sacaste?" preguntó Amelia, mirando sobre su hombro cómo apuntaba con su varita sobre los dulces.

Nathan terminó de murmurar el hechizo y respondió. "La última vez que fui a Sortilegios Weasley."

"Eso fue hace más de un año." dijo Pansy con disgusto. "¿Eso no está ya caducado?"

"Eso es aún mejor." dijo él, revolviendo las pastillas que ahora, eran de un color café claro.

Pansy acercó la bolsa, y Amelia junto sus manos, recibiendo el caramelo en sus palmas. Nathan tomó la bolsa vacía, y puso las nuevas pastillas dentro, a lo que Pansy volvió a dejar la bolsa en su lugar, lo más parecido a como la había encontrado.

"¿Lo dejarás así?" preguntó Amelia, viendo el rostro de Harry con una línea negra cruzando sus cejas.

Nathan lo miró, y se encogió de hombros mientras abría la puerta. "Le queda bien."

Entre risas Pansy empujó a Amelia, sacándola de la habitación mientras cerraba silenciosamente la puerta tras ella. Era de madrugada y apenas podía ver por un rayo de luz en uno de los pequeños ventanales superiores del bunker. Había olvidado el frío debido a los nervios y la adrenalina de ser descubiertos, pero nada de eso pasó.

Su broma había sido un éxito.

"Ya quiero ver a Potter vomitar sus tripas." dijo Nathan, caminando en dirección al cuarto de Parkinson. "Un delicioso amanecer."

"No digas eso," reclamó Amelia tras de él, apoyando una mano contra su vientre mientras la otra sostenían los caramelos. "harás que yo vomite."

Pansy entrelazo el brazo contra el suyo, apoyando su cabeza en el hombro de ella. "Ames, te quiero demasiado..."

Nathan se giró hacia ellas, riendo en silencio mientras se aferraban una a la otra, caminando a paso lento por el corredor.

"No entiendo por qué quieres tanto a Draco." musito, chocando contra un pequeño mueble.

"¿Quiere a Draco?" preguntó Nathan.

"Por lo mismo que tu quieres a Blaise supongo." le respondió ella, pasando por alto la voz del chico.

Pansy resoplo, apretando aún más fuerte su brazo. "Yo no quiero a Blaise." se quejó. "Él es... muy lindo pero, no es para mí."

"Bueno, quizá pronto encuentres lo que es para ti." dijo ella, dando los últimos pasos hacia la habitación de Pansy.

La azabache suspiró, pasando una mano por su mejilla. "Quizá está más cerca de lo que creo."

Nathan abrió y la puerta y las dos chicas entraron, abrazadas, saltando por sobre los almohadones y botellas que seguían en el suelo.

Delia bajó el libro que tenía en sus manos, fulminadolos con la mirada mientras los veía reír y gozar de entretención.

"Ustedes son unos idiotas." rechisto, golpeando el libro contra el suelo. "Saben que los apoyo, en todo," explicó. "pero si los hubiera descubierto se hubieran metido en graves problemas con Harry."

"Qué importa Potter." le respondió Nathan, lanzándose sobre la cama. "Él no es nuestro líder, no entiendo por qué sienten que tiene el poder aquí. Somos adultos."

"Actos como el que acaban de hacer no lo demuestra." le debatió Delia, apoyándose de la cama para ponerse de pie.

"¡Mierda!" gritó Pansy, tramando su boca con una mano. "Voy a vomitar."

La chica corrió al baño, cerrando la puerta de golpe.

Amelia apoyo su cuerpo contra la cómoda, dejó los dulces sobre ella y se enmarcó, bajando poco a poco, su espalda raspandose contra la madera hasta quedar en el suelo, sentada frente a Luna quién manipulaba distintas piedras de colores.

"¿Por qué siempre sabes todo?" preguntó ella, mirándola mover sus dedo con agilidad. "Descubriste lo de Draco y yo..."

"No fue difícil." respondió la rubia, soltando sus sonrisa tímida. "Me gusta mirar a las personas. Sus gestos, sus movimientos y la forma en que se expresan."

Amelia sentía que sus palabras hacían eco en sus oídos, el mareo volviendo a llevarla entre sus brazos.

"¿Y qué viste?"

Luna dejó de lado las coloridas esferas, poniendo su atención en Amelia. "Él te miró. Siempre lo hizo. Y siempre fue de la misma manera en que tú lo mirabas."

Amelia rió nerviosa. "¿Qué manera se supone que es esa?"

"Había más que un simple repaso de cuerpo." respondió ella. "Por la forma en que su cuerpo reaccionaba a ti. Sus puños se apretaban, su cuello se torcia y sus ojos te recorrían, él estaba aguantando sus impulsos."

"Luna eres increíble." suspiró Amelia, arrodillandose para abrazarla. "No sabes cuanto te adoro."

"Salazar..." gimoteo Pansy, apoyándose en el marco de la puerta del baño. "nunca más tomaré algo proveniente de las manos de Lovegood."

Delia rió sarcásticamente. "Ella te lo advirtió, no es su culpa que le siguieras la corriente a Amelia."

"Ames es todo para mí." replicó ella. "No la dejaría pasar su viaje interestelar sola. Además -" su vientre se contrajo y nuevamente tapó su boca. "Mierda..."

Pansy cerró la puerta nuevamente, y Delia se paró de golpe, caminando hasta Amelia para tomarla del brazo.

"Bien, te llevaré a tu cuarto." ordenó. "Y Luna, es mejor que vayas al tuyo también.

"¿¡Qué!?" se quejo Nathan, alzando las manos. "¿Ya te la llevas?"

" Tú preocupate de Parkinson ahora. Ella está mal. Las dos lo están."

Amelia se encontró nuevamente en el pasillo, y abrió su bata con desesperación sintiéndose acalorada nuevamente.

"Vamos, caminemos." susurró Delia, tomando su codo para guiarla.

Ella la miró, su rostro liso y sus labios brillantes. "Delia..." suspiró. "Eres preciosa en serio."

La chica la miró, la más pequeña de las sonrisas marcandose en sus labios. "Tú también lo eres Ames."

"¿Por qué tu cabello es tan suave?" preguntó, parando para acariciar sus mechones de cabello cortos. "Siempre me ha encantado tu cabello."

Amelia sentía que su cuerpo levitaba, y su mente se relaja a por completo.

Delia se paró frente a ella, volteando el rostro para mirar el final del pasillo. "Tu cabello también es muy bonito Ames pero debemos volver a tu -"

"Si no me gustara Draco," siseo Amelia sin pensar. "Te juro que estaría contigo."

La chica se quedó inmóvil, sus labios se separaron mientras la miraba, esperando que más palabras salieran de sus labios. Amelia sólo sonreía, jugando con lo pequeños rizos que se formaban en sus puntas.

"Estás drogada." dijo Delia, tragando saliva. "Sólo dices que lo primero que viene a tu mente."

"En realidad lo había pensado antes..." susurró ella sin importancia.

La rubia la miró por un par de segundos antes de hacer lo que jamás pensó que haría si no fuera porque la oportunidad estaba frente a ella.

En un corto segundo sus labios se pegaron a los de ella. Tan solo un roce rápido antes de alejarse.

Amelia estaba con los ojos abiertos, su expresión sorprendida. Delia sintió su pecho picar y automáticamente volvió a la realidad.

"Merlín, perdón yo no quería -"

Ella comenzó a reírse, divirtiéndose por la reacción de su amiga. "Delia, por favor," exclamó. "somos dos amigas, en mitad de la oscuridad luchando contra la ebriedad -"

"Sólo tú." interrumpió Delia.

"- un beso no significa nada para entonces." terminó Amelia, pasando su mano por el cuello de Delia. "Ahora, si me disculpas, puedo llegar a mi habitación sola."

"¿Estás segura?" preguntó la rubia, aún pálida y sin gesto.

Amelia asintió, empujandola de vuelta por el pasillo. "Si, ve. De seguro Nathan no está haciendo nada bueno con Parkinson allí dentro."

Escuchó quejas por parte de Delia antes de verla desaparecer, y en ese instante, una sonrisa malévola se formó en su rostro. Se giró sobre sus talones y comenzó a caminar, dibujando con sus dedos sobre los muros mientras pasaba puerta tras puerta, hasta llegar a la que sabía que era suya.

Pero no se detuvo ahí. Sus pies siguieron marcando ritmo y en unos cuantos pasos llegó hasta el final de pasillo, chocando sus nudillos contra la madera de la puerta que estaba frente a ella.

Con nerviosismo miró hacia la habitación de Parkinson, esperando que nadie saliera de allí en ese momento.

La puerta se abrió, y los ojos perezosos de Draco aparecieron. Su cabello estaba desordenado y su torso desnudo, lo que hizo que Amelia se mordiera levemente el labio. Sólo utilizaba bóxer, los cuales estaban tan abajo, que dejaban ver el fin de su abdomen, marcando cada línea en su vientre.

"¿Amelia?"

"Resulta que dejé mi varita en la habitación de Pansy..." mintió, pasando un dedo por su piel desnuda, sintiendo como se erizaba bajo su tacto. "¿Me preguntaba si podrías prestarme la tuya?"

Draco se inclinó sobre su hombro, sacando la cabeza para darle un vistazo al pasillo. "¿No dormirías con ella esta noche?"

Amelia puso los ojos en blanco, cruzando sus brazos sobre su pecho. "Si no quieres prestarmela puedo pedírsela a otro." amenazó ella. "¿Noah por ejemplo?"

Ella sintió sus músculos apretarse y un gruñido resonó en los profundo de su garganta. "Entra ahora."

Con una sonrisa satisfactoria, Amelia entró al cuarto, dejando caer su bata al tiempo que caminaba hasta la cama.

"¿Dormirás conmigo?" preguntó él, revolviendo su cabello mientras caminaba hasta ella.

Amelia se encogió de hombros. "No pensaba dormir la verdad..."

Él la rodeo por la cintura, pegando su cuerpo al de ella de una manera fuerte mientras su nariz rozaba la piel de su cuello. "¿Bebiste?"

"Un poco..." respondió ella, rodeando su cuello con sus brazos. "y quizá algo más."

Su boca cayó en el cuello de Draco, dando pequeños besos que corrían hasta su garganta. Las manos de él bajaron a sus caderas, y pronto, se plasmaron en sus muslos, apretandolos contra si.

"Amelia..." suspiró, cuando sintió que ella dejaba marcas en su pecho. "te follaria ahora mismo pero... estás ebria y no lo recordarás."

"Que importa." murmuró ella sobre su piel. "Hazlo de todas maneras."

Él apretó su trasero, levantandola, a lo que ella rodeo sus piernas alrededor de su cadera. Su espalda se apoyó contra la pared y las manos de Draco, se sumergieron bajo la tela de su camisa de dormir.

"No..." susurró. "si te follo quiero que recuerdes todo Amelia. Absolutamente todo."

Ella sintió el bulto bajo su cuerpo, y su cintura hizo un círculo, buscando la manera de llegar a él. "Por favor..."

"Se buena niña y hazme caso." le repitió, afirmando con una mano su cadera mientras la otra apretaba su barbilla. "Por ahora voy a besarte y probar el sabor de tus labios sumergidos en lo que parece, ser Whisky."

Amelia relamio su labio antes de caer en los de él, moviendo su cabeza a cada momento en que sus lenguas chocaban. Había pensado en su olor, en su perfume, en su piel. Lo deseaba tanto que sentía que su cuerpo se liberaría por el sólo hecho de sentir como sus manos la recorrían. Su mano se enredó en sus mechones castaños, tirando sus rizos mientras la afirmaba con fuerza y la despojaba de la pared.

Su cuerpo cayó sobre la cama y Amelia elevó las caderas, pegando su entrepierna a la longitud prominente que se exponía bajo el bóxer.

"Joder amor." jadeo él en sus labios. "No hagas eso."

Ella no hizo caso y volvió a impulsarse, sintiendo una punzada en su núcleo que le provocó un gemido gutural.

Draco se separó de ella, acariciando su cuerpo antes de alejarse. "Vamos a dormir."

"Pero Draco -"

"Amelia, no me hagas repetirlo."

Ella resoplo, tomando las sábanas mientras se envolvía en ellas, dándole la espalda a Draco, quien había dado vuelta alrededor de la cama para acostarse a su lado.

Sintió la sabana levantarse mientras su cuerpo caía junto a ella, y se estremeció cuando uno de los brazos rodeó su cintura, su pecho contra su espalda, haciéndola sentir cada una de sus respiraciones.

"Ahora duerme." dijo él, dejando un beso sobre su hombro. "Ya mañana me ocuparé de disciplinarte por ésto."