Capítulo 42


Nota: como probablemente habrán notado, esta historia se está oscureciendo un poco. Seguirá haciéndolo. Intentaré ser delicada pero tocaré algunos temas sensibles. De todos modos, haré mi mejor esfuerzo por sostener el tono ligero general, es decir, la idea es que ningún capítulo sea completo drama. Pero los personajes tienen que resolver algunas cositas, el crecimiento personal no se logra gratis. Así que tendrán que hacer un poco de tripas corazón… ¿meperd0nan?


Gracias a Luna de Acero por la primera lectura y las correcciones.


Guardó la carpeta en su mochila y la apoyó en el pupitre. Cuando se puso de pie, vio a Eren en la puerta del aula haciéndole señas.

—¿Nos vamos juntos, Levi?

Quiso decirle que sí, que tan solo lo esperara un momento, pero otra persona respondió por él.

—Levi se comprometió a realizar algunas tareas extra hoy. Así que no puede acompañarte. Espero que no te pierdas yendo solo, Eren.

Junto al pizarrón, se encontraba de pie y con los brazos cruzados un profesor. Los rasgos de su rostro eran difusos, sin embargo Levi percibía el significado de cada uno de sus gestos. Si bien su voz firme y extrañamente melosa se dirigía a Eren, sus ojos no se despegaban de él. El muchacho también lo miraba, como si tuviera que tomar alguna decisión importante ahora. Sus músculos estaban contraídos en una expresión de tristeza: el rostro de quien ha sido apuñalado por la espalda.

—¿Es eso cierto, Levi? ¿Vas a quedarte acá por siempre?

Apretó su mochila contra él. Los ojos de Eren eran tan hermosos… desprendían una especie de luz. Quisiera ir allí, a ese lugar cálido al que solo él podría llevarlo. Sintió la pesada mano en su hombro. Reconoció en ella, por el rabillo del ojo, la quemadura tan conocida de su pulgar. Una herida que él había besado con demasiado fervor. Una herida que se extendía a lo largo de su vida.

—Yo… lo siento. Aún… aún creo que no puedo irme.

Al despertar, Levi percibió humedad en sus ojos y en toda la línea que iba hasta sus orejas. Aun estaba en medio de la maraña de piernas y brazos que lo había arrullado en la noche anterior, así que se soltó despacio para ir al baño y lavarse la cara. En el camino, llegó a ver en su celular que eran apenas las 2 de la mañana. Sabía que había tenido una pesadilla que no conseguía recordar… pero no estaba dispuesto a dejarse doblegar. No podía pasar de nuevo dos días limpiando su casa y con ataques de ansiedad por otro maldito sueño de vaya a saber qué cosa. Se observó largamente en el espejo.

—Vamos, Levi Ackerman… no sos ningún cobarde. Tenés que aguantar.

Su cuerpo no parecía estar del todo de acuerdo, porque sus lagrimales seguían activos, aunque él no supiera por qué. Decidió bajar la tapa del inodoro y sentarse allí a esperar. Las gotas que rodaban por sus mejillas eran pequeñas, silenciosas y no le contorsionaban el rostro de manera alguna. Estaba serio y quieto, tan solo aguardaba. No quería que Eren lo viera así. Regresaría a la cama solo cuando estuviera calmado por completo.

Tras quince minutos o tal vez treinta, se volvió a acostar, sin cambiar ni un ápice su posición original: se enroscó en Eren como un símbolo de su desafío. No se dejaría amedrentar por su inconsciente. Dormir así era agradable… estar con Eren era agradable. No se permitiría olvidar eso.

Algo de esa orden mental que se había dado debía de haber funcionado, porque a pesar de aquel episodio y de la tensión propia de dormir acompañado —el esfuerzo por no moverse demasiado, prescindir de su placa para el bruxismo, tratar de aguantarse los gases y otras cosas por el estilo— en la mañana no amaneció tan perturbado como esperaba.

Aunque prendió la luz de la mesita e hizo bastante ruido al seleccionar su ropa antes de irse a bañar, el chico no hizo más que reacomodarse a lo largo de toda la cama, totalmente dormido. Lo contempló un momento antes de cerrar la puerta para no molestarlo mientras se preparaba. Despeinado, despatarrado y babeando seguía siendo insoportablemente hermoso. Levi sonrió.

Desayunó a solas, revisando el celular. Apenas había probado su café cuando le llegó un mensaje de Mikasa, tan madrugadora como él.

"Le, mamá me insiste en que te pregunte si no vendrás en Navidad. Ya sé la respuesta pero te escribo para que no me joda".

"Tus poderes deductivos están en lo cierto", respondió, rápido y harto del tema.

"Ahora quiere que te pregunte si no vas a venir en Año Nuevo por lo menos. Dice que traigas a tu chico. Yo invité a Jean así que no me vendría mal que fuera Eren el foco de atención de mamá".

Si bien la primera sensación física que lo acometió frente a la imagen de Kiyomi besuqueando a Eren fue de completo horror, luego llegaron otros sentimientos. Si para Eren era tan difícil hablar con sus padres… ¿qué significaría para él conocer a sus parientes? ¿Cómo lo afectaría saberse aceptado por una familia? De hecho, estaba convencido de que cualquiera al que se lo presentara rápidamente se encariñaría más con Eren que con él, ja. ¿Tal vez… tal vez eso lo haría feliz? Sacudió la cabeza para alejar esas fantasías y regresó a los hechos.

"¿Él va a estar en tu casa todavía?".

Su prima se demoró en responder, lo que le dio tiempo a dar un último vistazo a su novio dormido antes de salir del edificio y avisar al portero que debería abrirle al muchacho más tarde. Recién en el subte regresó la vista al celular para encontrar el último mensaje.

"Sí".

"Entonces, me voy a perder de conocer a ese Jean del que tanto hablás".

"Le voy a decir a mamá que va a tener que darte tu regalo de cumpleaños más adelante en enero".

"Buena idea".

Eso le recordaba que aún no había hablado con Eren sobre su cumpleaños. ¿Deberían festejar o hacer algo? ¿Tal vez el 26? Habitualmente, dado que el 25 solía pasarlo con las personas más importantes para él como su madre o Hange, ya consideraba el asunto resuelto. Sin embargo, ahora le costaba pensar en un evento relevante en el que no estuviera Eren. Por primera vez en su vida, pensar en su cumpleaños se le hacía algo no solo lejos de ser odioso, sino incluso interesante.

Ya en la oficina, uno o dos colegas le hicieron notar que estaba de mucho mejor humor que los días anteriores. Al parecer, algo de su determinación nocturna había tenido buen efecto. O tan solo era la consecuencia natural de haber empezado el día viendo la carita de Eren. Como fuera… animado por eso y por lo cerca que estaba de cumplir la meta de sus horas extra, decidió tener una conversación con Niles sobre sus vacaciones. Acordaron algunas fechas tentativas para el próximo mes, que Levi esperaba poder discutir con Eren para confirmarlas al día siguiente.

Esa buena noticia le dejó una satisfacción que no hizo más que aumentar cuando, durante el almuerzo, recibió una selfie de Eren desperezándose en su colchón.

"Es muy difícil abandonar su cama, capitán".

Frente a él, en la mesa, Hange se destornillaba de risa mientras Moblit intentaba disimular cuanto podía.

—Ver tu cara cuando recibís una foto de Eren entró en mi topten de cosas favoritas para hacer en la vida, enano.

—¿Qué hacés mirándome fijo mientras reviso el celular? —se quejó Levi, esforzándose por ignorar el sonrojo que le subía a las mejillas—. Voyeur asquerosa.

—Asqueroso tu novio que andá a saber qué te mandó para que pusieras esa cara.

—No creo que "asqueroso" sea la palabra adecuada —intervino Moblit.

—¿"Pornográfico" es más preciso?

—Yo creo que sí.

—¡Dejen de especular sobre lo que hago o no hago con Eren, metiches! —gritó Levi, irritado.

Luego del horario laboral, al fin volvió a permitirse ir al gimnasio por más de una hora. Le hacía falta. Al terminar, se preguntó durante unos segundos si debería organizar otro encuentro con Eren pero, en verdad, ya era tarde. Lo confirmó cuando le llegó una foto suya en la que se veía una mujer cocinando. Evidentemente, se trataba de una toma realizada a escondidas, desde detrás de algún mueble, pero se llegaba a distinguir un perfil amable cerrando el repulgue de unas empanadas.

"Como dijimos ayer, las madres son lo más! Mire qué rico lo que cocina la mía". Levi sonrió mientras leía. Que el chico pudiera pasar al menos un momento con su madre era algo valioso. De pronto, notó que esa semana lo había acaparado mucho y tal vez la mujer lo echara en falta. No tenía que abusar.

Como fuera, sí conversaron por teléfono antes de irse a dormir. Levi le comentó sus opciones de vacaciones y Eren dio un grito de alegría. Estaba encantado de acompañarlo. Barajaron lugares y fechas. Bariloche y Córdoba fueron los destinos en los que más coincidieron. El chico necesitaba hablarlo con su jefe también, pero estaba seguro de que no habría problemas. Al día siguiente podrían terminar de decidir. Sería solo una semana (Niles le había explicado que, dado que su ascenso sería pronto, no era buena idea que se fuera demasiado tiempo), sin embargo ya eso era algo y los dos se sentían bastante satisfechos.

—Por cierto, hay algo que olvidé contarte —dijo Levi, finalmente.

—¿Qué? ¿Es algo bueno?

—Podría llegar a serlo… el lunes es mi cumpleaños.

—Aiiii ¡al fin me lo contás!

—¿Qué…? ¿Ya lo sabías?

—Y sí, sale en tu Facebook, tontito.

—Uh.

—Y quiero decir que… ya tengo tu regalo.

—¿Qué? ¿Ya?

—Sí, y es un regalo anticipado así que estaba cruzando los dedos para que me lo dijeras de una vez o no te lo iba a llegar a dar jaja…

—¿Cómo anticipado?

—Bueno… a riesgo de repetirme… organicé una salida para mañana.

—¿Hay otro partido de exhibición?

—No, mejor… ¿no viste los carteles del teatro Colón, el último mes? Trabajás enfrente, Levi.

Levi trató de hacer memoria. Recordaba un gran cartel del ballet estable, luego un anuncio de un futuro concierto de Daniel Baremboim y Marta Argerich y también…

—¡Porgy and Bess! ¡Compraste entradas para ver la ópera de Gershwin!

—Exactamente. Esta es la última función, así que vamos mañana o mañana. Recordé que te gustaba mucho Gershwin y según leí esta presentación es con actores y músicos internacionales y no sé qué…

En efecto, Levi recordaba que, según el cartel, se trataba de la ópera de Ciudad del Cabo. Era una ironía hermosa que, después de los problemas que había tenido Gershwin para presentar la obra con actores negros en Estados Unidos ahora fuera una compañía africana la encargada de difundir por el mundo aquella creación espectacular. Estaba muy emocionado pero a la vez le daba un poco de vergüenza ser demasiado obvio. Dio un poco de vueltas en su mente mientras Eren le explicaba los líos en los que se había metido para conseguir asientos en la fila ocho (había recurrido a los contactos de su padre, porque sino era imposible). Finalmente, se decidió.

—Eren. Es el mejor regalo que me hayan hecho.

El breve silencio que siguió habló de la emoción contenida por ambos.

—¿De verdad? —murmuró el chico, la voz temblándole—. Eso me da mucha alegría… quería que fuera algo especial pero después de lo del viernes pasado y todo, bueno, no era tan fácil. Ya te imaginarás… a mí me gustan los regalos sexuales y esas cosas pero me pareció que no era lo tuyo, ja.

Levi quedó atrapado entre la excitación que le generaba imaginar a Eren desnudo con un moño en la cabeza y el odio irracional y desbordado que lo atacaba al pensar que había hecho regalos sin dudas mucho más zarpados que eso a sus infinitos ex. Con esfuerzo, logró articular:

—No descartes ese tipo de regalos. Pero dejémoslos para más adelante, por ahora.

—¡Entendido!

—Entonces, mañana… ¿A qué hora empieza mi regalo?

—¡A las ocho! Podríamos encontrarnos en la puerta del Colón a las ocho menos cuarto, ¿te parece? Así llegás a volver a tu casa y eso… conociéndote, no creo que quieras venir directo desde la oficina.

—Tanto tiempo sin bañarme podría ser insoportable, tenés razón. Bien… ocho menos cuarto.

—Y después te invito a cenar. Eso va como regalo de Navidad.

—¿Regalo de Navidad? ¿Tenemos que intercambiar regalos de Navidad? Creía que eso era solo para los nenes. En lo de Hange solo reciben regalo sus primos más pequeños. Yo aporto con algo de comida y ya está.

—¿Qué decís? Cualquier excusa es buena para hacerse regalos. Obvio que vamos a hacernos regalos. Andá pensando qué vas a darme.

—Carajo, no sabía que tener novio me iba a meter en estos quilombos.

—La vida es dura, Levi.

—Duras son otras cosas.

—Mmm eso me interesa, contame más.

Tontearon un rato y lo que comenzó como un chiste, terminó con ambos con el pulso bastante alterado, cada uno en su respectiva habitación. Apenas terminó la llamada, Eren le envió una foto de cómo quedó después de aquello y a Levi casi le da un ataque cardíaco. Juntó valor para responderle con una suya, aunque ocultó parte de su rostro y se enfocó sobre todo en su torso. Era consciente de que sus músculos le resultaban atractivos al muchacho y que esta era una buena carta. Los smileys y stickers llenos de corazones no se hicieron esperar.

A pesar de la pesadilla de la noche anterior, después de ese intercambio de fantasías pudo conciliar el sueño sin dificultad. Esta vez, por suerte, siguió de largo hasta que sonó el despertador.

El viernes pasó rápido. Casi todos sus momentos libres los usó para pensar el regalo de Eren, aunque sin muchos resultados. El lado bueno era que probablemente no lo vería hasta el 26 o cuanto mucho el 25 a la noche, así que tenía un poco más de tiempo para pensar… pero los negocios le cerrarían el 24, tampoco era tan fácil. Se maldijo por no haber pensado en eso antes… ¡es que no sabía que la gente adulta también se hacía regalos! Antes de que su madre se mudara, en Navidad tan solo la llevaba a cenar a un restaurant caro. Y con Hange, pues… en su familia había unos cuantos niños, por lo que los mayores solo se concentraban en ellos y no quedaba plata para seguir gastando en los demás. Ahh… las fiestas eran un momento complicado.

Apenas fueron las 18hs, salió disparado de la oficina. Hoy no haría ninguna maldita hora extra, ¡mierda! Había trabajado como un condenado, en verdad se merecía vacacionar el próximo año entero. En fin… se bañó minuciosamente… y volvió a ponerse esa camisa negra que había usado dos mil veces. En serio tenía que hacer algo con su guardarropas… no sabía qué, pero algo.

Una vez en el teatro, quedó maravillado de la comodidad de los primeros asientos, que no se parecía en nada a la situación de los pisos superiores, a los que había asistido en más de una ocasión y podía dar fe de que era imposible extender las piernas y ni hablar de aguantar la temperatura.

Luego, fue el turno de impresionarse por la obra en sí. Definitivamente no era lo mismo escuchar los temas sueltos en su casa mientras limpiaba que ver la actuación allí mismo, delante de sus ojos. Aunque el argumento era intrincado y además turbio, pudo seguir lo indispensable para disfrutarlo. Cuando finalizó, se tomaron una foto juntos con el escenario de fondo y luego salieron comentando la obra con entusiasmo.

—La música fue realmente alucinante —declaró Eren, que en realidad antes de esto no había escuchado de Gershwin más que lo que le recomendara Levi.

—Sin dudas. No importa que la haya escuchado miles de veces, en vivo es otra cosa.

Mientras paseaban buscando un sitio donde cenar, se tomaron de las manos.

—¡Exacto! Lo que me hizo un poco de ruido es que los personajes, bueno… son algo estereotipados, ¿no creés?

—Y… es lo que pasa en las óperas y los musicales, no hay tiempo para desarrollar un personaje en profundidad.

—Mmm es cierto, puede ser, la verdad que no tengo mucha ópera encima.

—Mirá, pensá que Porgy and Bess es de las primeras óperas que se realizan en Estados Unidos para un elenco negro. Y además, como tomaba elementos del jazz y del blues, que se consideraban "música popular", ni siquiera querían llamarlo ópera. Fue revolucionario. Nada menos estereotipado que Gershwin, en esa época.

—¿En serio? ¿No había óperas con actores negros?

—Nop. Si era necesario, un actor blanco se pintaba la piel. Así como suena.

—Tremendo… A veces me cuesta entender cómo era posible que antes fuera incluso peor que ahora, con esto de la discriminación, quiero decir. O sea… ya bastante insoportable me es que me digan cosas por la calle por mi ropa o mi modo de caminar, ¡y pensar que hubo un momento en que salir como salgo yo, de la mano con vos, podía implicar que te mataran o que te llevaran presos!

—Sí, es verdad, y… esperá… ¿cómo que te dicen cosas por la calle? ¿Qué te dicen?

—Y… ¿qué me van a decir? Pelotudeces… "putito"… "trolo"… y… qué sé yo, alguna propuesta indecente. Como les hacen a las mujeres, que creo que la pasan peor que yo, en realidad.

Levi apretó el puño izquierdo, intentando relajar el derecho para que Eren no lo notara.

—¡¿Que te dicen qué?! Si alguna vez reconocés a uno de esos idiotas, decímelo y lo muelo a palos.

Eren rio.

—Solo hay que ignorarlos, Levi… qué sé yo. Me pongo los audífonos y ya.

—Yo puedo ignorar a un gil que me esté molestando a mí, pero nunca ignoraría a uno que te molestara a vos. Si alguien te dice algo delante de mí, lo liquido.

El chico sonrió, levantó su mano y le besó el dorso.

—Levi… nadie podría molestarme cuando estoy con vos. Porque si estamos juntos, ninguna otra cosa podría importarme.

Un tanto sonrojados, juntaron sus labios suavemente, antes de continuar su camino. Levi sintió deseos de corresponder a la declaración de Eren, decirle lo mismo, sí… pero se contuvo. Algo lo hacía dudar. Volvieron a él imágenes entrecortadas de su pesadilla del día previo. ¿Realmente sería capaz de olvidarse de todo cuando estaba junto a Eren? ¿De verdad nada más le importaba? Todavía no lo sabía. Lo que presentía, sin embargo… era que, al menos, con él a su lado algunas cosas dolían un poco menos.


Notas de Autora: tardé en actualizar porque ahora que al fin tengo computadora nueva (este año me robaron una y después la que me prestaron para reemplazarla murió) resulta que anda super mal D: y bueno, no se prendía la guacha. Como sea… ¿qué les pareció el capítulo? Les cuento que yo había escrito hasta el capítulo 41, este lo terminé recién ayer y bueno, ahora se viene lo difícil jaja. Aunque tengo una síntesis de todo lo que tiene que pasar, a medida que fui desarrollando el fic le fui agregando cosas y ahora debo pensar bien cómo no dejar ni un cabo suelto… en fin. Por cierto, ¿me ayudan a pensar un regalo para Eren? Yo me había olvidado tanto como Levi xD Escucho sus ideas. Finalmente, les cuento que como la pasé bien haciendo el vivo la semana pasada, haré otro el próximo sábado a la misma hora (16hs en Argentina), ¿les interesa? Seguiré leyendo "35 y solito", quedé en el capítulo seis la otra vez. Ojalá podamos cruzarnos de nuevo allí. Les agradezco infinito por sus comentarios, para mí es muy lindo conocer sus impresiones de los capítulos. Me disculpo por todas las veces que no llego a contestar. Les dejo un fuerte abrazo!