El capitulo anterior fue muy bonito pero con un final triste.. creen que le haya afectado a Alec esa situación..? Esperemos que no retroceda todo lo ya avanzado..=)
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Try..!
Pasaron dos días después de eso, y Alec estaba evitando hablar con Magnus a toda costa. No había huido al Instituto como solía hacerlo, pero el Brujo se daba cuenta de que lo evitaban. Alec había aceptado mas misiones de lo ordinario cada día, y al llegar a casa tomaba largas duchas, y después se distraía jugando con Presidente Miau, a la hora de la cena le sacaba platica a Magnus de cualquier tema que el Brujo adorara para que no quisiera cambiarlo, y por último se iba a dormir extremadamente temprano para evitar toda conversación.
Ese día, Alec acababa de llegar de patrullar junto con John e Izzy y ahora tomaba una ducha. Odiaba ser el mal tercio, pero requería una excusa para evitar a Magnus sin herir sus sentimientos. Tenía que evitarlo a toda costa hasta que se le ocurriera alguna excusa para no volver a intentar lo de hacía unos días. Le daba miedo, se sentía aterrado de ser culpable de lastimar a Magnus. Nunca se perdonaría herirlo del mismo modo que Aldergold lo había hecho con él. Se estremeció antes de cerrar la llave de agua y tomar una toalla. Magnus había estado ocupado en su estudio cuando había llegado, así que no había tenido que evitarlo. Pero ahora debía apresurarse y entretenerse con su libreta u otra cosa para tener excusa. Salió del baño con cuidado, ya vestido con su pijama, echó una mirada hacia el estudio de Magnus y suspiró al ver que la puerta seguía cerrada.
-Alexander- pegó un tremendo brinco cuando escuchó la voz de Magnus en un susurro a su espalda.
-Magnus! Que... me asustaste- dijo el ojiazul al ver a su novio, de pie junto a la puerta del baño, mirándolo con brazos cruzados.
-Por qué te andas escabullendo?- preguntó el Brujo entrecerrando los ojos.
-No me escabullo- dijo Alec removiéndose en su lugar, incomodo. Magnus suspiró.
-Vamos- le dijo Magnus, tomándolo de la mano.
-A... a donde?- preguntó el ojiazul, poniéndose aun más nervioso.
-A sentarnos, anda- respondió el Subterráneo, llevándolo a la sala e indicándole que se sentara a su lado. Alec comenzó a morder la manga del suéter que se había puesto. Magnus lo había atrapado intentando evitarlo, no podía mentirle- ya sabes que se que me evitas.
-No te...
-Alec- lo interrumpió el mayor. Alec soltó un suspiro.
-Se de lo que quieres hablar, Magnus- soltó el chico, bajando la mirada.
-Ya has tenido varios días para prepararte para la plática entonces- le dijo el Brujo alzando una ceja.
-Es solo, con lo que pasó la otra noche...
-Fue solo un intento, cariño- aseguró Magnus, tomándole una mano entre las suyas- así comienza todo, recuerdas? Intentando. La próxima vez lo...
-No- lo interrumpió Alec con voz cortante, el Subterráneo lo miró fijamente- no quiero intentarlo de nuevo, Magnus.
-Alec...
-Estamos bien así- siguió Alec, tomando fuertemente la mano de Magnus y mirándolo a los ojos- podemos hacer tantas cosas, tu lo dijiste antes, podemos seguir haciendo las cosas que ya hacemos. Todo lo que he alcanzado y conseguido fue gracias a ti, y no voy a lastimarte.
-Cariño, no me lastimas- le dijo Magnus firmemente.
-Claro que si- dijo Alec, sintiendo que comenzaban a picarle los ojos debido a las lagrimas que se formaban en ellos- yo sé lo que se siente estar en esa posición. Duele, y es horrible. No voy a hacerte eso.
-Amor...
-No lo intentaré mas, Magnus, no quiero- zanjó Alec, poniéndose de pie y yendo al balcón para tomar su libreta. El Brujo lo miró soltando un suspiro. Alec había tomado la costumbre de huir a su libreta cuando algo lo abrumaba. El Subterráneo se quedó en el sofá, mirando al ojiazul a través del enorme ventanal. Tronó sus dedos y apareció un martini en su mano. Tal vez debía darle un poco más de tiempo antes de volver intentar convencerlo. La falla de hacía unos días aun estaba fresca, tenía que dejar que Alec se calmara para hacerle entender que lo que intentaban no era malo. Soltó un suspiro dándole un trago a su bebida y tronando sus dedos para encender el televisor.
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Pasaron unos cuantos días mas y ya todo había vuelto a la normalidad. Después de la plática que habían tenido al respecto, Magnus había decidido darle tiempo a su novio, y Alec pensaba que el Brujo ya había aceptado sus razones y no lo presionaría mas. Así que Alec había dejado de evitarlo y habían vuelto a sus rutinas de siempre. Como había dicho, el Nefilim no tenía problema alguno en intimar con su novio del modo que siempre lo hacían, y el Brujo no había vuelto a insistir con que intentaran algo nuevo, por lo menos no ahora.
Magnus se alegraba en verdad que el incidente no hubiese afectado los avances que ya había logrado Alec. Y sabía que esa fortaleza mental del chico se la debía en cierto grado a la libreta. Esa simple libreta que ya estaba llena de manchas de café, garabatos y huellitas de Presidente Miau. El ojiazul ya había llenado media libreta y hasta Magnus se daba cuenta de que le había ayudado. Ese día, Alec estaba garabateando en la libreta distraídamente. El Brujo sabía que eso significaba que había terminado de escribir algo pero se pensaba si escribir otra cosa o no.
-Te traigo otra taza, cariño?- preguntó el Subterráneo sentándose en la silla al lado de Alec. El Nefilim miró la taza de café vacía a su lado y luego a su novio.
-No, gracias, estoy bien- sonrió el ojiazul, cerrando la libreta y dejándola a un lado.
-Terminaste por hoy?
-Sí, además ya me bebí tres tazas, ya no es sano- dijo Alec y Magnus le sonrió.
-La libreta te ha ayudado mucho- dijo el Brujo, no era una pregunta, sino una afirmación. Alec sonrió, mirando el objeto.
-Es fácil desahogarme en la libreta- dijo el Nefilim después de unos segundos de silencio- es extraño, cuando escribo... escribo las cosas que me hizo Aldergold, o cuando pongo algún pensamiento negativo que me viene a la cabeza con respecto a eso, siento que esas cosas ya no están en mi cabeza, atormentándome constantemente, es como si la libreta los atrapara dentro de sus páginas- dijo Alec, mirando fijamente la libreta antes de levantar la mirada de nuevo hacia los ojos de gato- se que suena estúpido...
-No es estúpido, Alec- lo interrumpió Magnus rápidamente- me parece que es excelente que la libreta te ayude de ese modo. De verdad me alegro que te haga sentir mejor.
Alec le sonrió tiernamente y se estiró para besarlo suavemente en los labios. El Brujo le sonrió también y ambos se acomodaron en sus sillas en la terraza. Magnus chasqueó los dedos y Alec lo miró para ver que había hecho.
-Pastel de chocolate?- preguntó el ojiazul al ver la enorme rebanada de pastel y dos tenedores que había aparecido en la mesita entre ellos.
-Después de tanto café supuse te vendría bien algo de dulce- dijo Magnus, tomando uno de los tenedores.
Comieron el pastel tranquilamente, hablando de las cosas que tenían por hacer. Aun no habían ido a comprar el traje para Alec a Time Square, el ojiazul tontamente había pensado que su novio lo había olvidado, y Magnus también quería comprarse uno para él. Después de una discusión falsa en la que el Nefilim argumentaba que Magnus ya tenía demasiada ropa, a lo cual el Brujo se ofendió de sobremanera, la mente de Magnus vagó hasta ese día en el que no habían tenido suerte buscando trajes para Alec en el centro comercial de Brooklyn. Miró las ranas en la portada de la libreta de Alec.
-Cariño- lo llamó con cuidado.
-Dime?- Alec seguía distraído con lo que quedaba del pastel de chocolate.
-Has pensado en volver a las reuniones?- preguntó señalando la libreta. Alec se quedó muy quieto, con el tenedor aun en su boca. Sí lo había pensado, pero no estaba seguro. Había estado enviando mensajes a Shou, y a pesar de las insistencias del chico para que volviera a alguna reunión, Alec no había confirmado nada.
-Si lo he pensado- respondió Alec después de unos segundos- pero no lo sé. Escuchar las desgracias de otras personas, solo me mortifica mas.
-No lo pienses de esa manera, Alec. A esas personas les está costando muchísimo ir a hablar frente a un montón de extraños, pero lo hacen porque sienten que su historia si le importa a otros, que puede ayudar a otros- Alec lo miró con los ojos muy abiertos- mira lo mucho que te ha servido la libreta, y la descubriste gracias a las reuniones. Tal vez si vas de nuevo podrías encontrar algo nuevo que también te ayude.
El ojiazul se quedó en silencio, pensando en las palabras del Subterráneo. Magnus tenía razón. Esas personas en las reuniones de RANA no hablaban solo para desahogarse, hablaban porque creían que alguien más podría relacionarse con su historia e intentar cualquiera que fuera su método para sentirse mejor.
-Tienes razón- dijo Alec finalmente- creo que asistir a una reunión propiamente será bueno.
-No solo llegar al final- dijo Magnus con una sonrisita. Alec le medio sonrió también, tomando el ultimo pedacito de pastel de chocolate.
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Cuando Alec le preguntó a Shou cuando sería la próxima reunión, el chico puso tantos emojis en un solo mensaje emocionado que el teléfono de Alec se había trabado por cerca de una hora. Sábado por la tarde y Magnus y Alec llegaban al Barclays Center, el chico llevaba su libreta abrazada contra el pecho. Shou los esperaba junto a la puerta del lugar donde sería la reunión, al verlos corrió hacia ellos emocionado. Magnus casi pudo ver una colita de cachorro moverse de lado a lado cuando llegó junto a ellos.
-Alec! Magnus! Hola!- saltó el chico, abrasándolos a ambos en la emoción. Alec se tensó un poco, pero le sonrió.
-Es bueno verte también, Shou- dijo Magnus, dándole un par de palmaditas en la cabeza.
-Me alegro tanto que decidieras venir!- dijo el chico mirando a Alec, el chico sonrió apenado.
-Lamento no haber venido antes, a pesar de todas tus invitaciones- se disculpó el Nefilim, rascándose la cabeza.
-No te preocupes, lo bueno que ya estas aquí- dijo el rubio- aun faltan un par de minutos para que inicie la reunión, quieren café?
-No, gracias, no soy fan de esas cafeteras gigantes, diluyen el café demasiado- dijo Magnus con un ademán de su mano.
-Oh- dijo el pequeño rubio, mirando con tristeza la enorme cafetera industrial a la que se refería Magnus- si quieres puedo ir por un café a Green Bean, esta justo en frente.
-No te preocupes, pequeño. Está bien, ya iré por uno al terminar la reunión- dijo Magnus, acariciando su cabeza nuevamente.
-Podemos ir por un café al terminar- dijo Alec y a Shou le brillaron los ojos.
-De verdad?!- preguntó emocionado.
-Sí, hoy estoy libre toda la tarde- le dijo el ojiazul con una sonrisa, y Shou sonrió aun más ampliamente.
-Adelante, bienvenidos- escucharon la voz de la psicóloga, Linda, llamándolos desde la puerta.
-Vamos, deje mi mochila apartando lugares adentro- dijo Shou, señalando la puerta con el pulgar.
-Bien hecho, pequeño- dijo Magnus palmeándole la cabeza- quieres un chocolate?
-Gracias!- sonrió Shou tomando el pequeño chocolate que le tendía Magnus y comiéndolo con gusto antes de girarse y caminar hacia la puerta. Magnus y Alec lo siguieron.
-Magnus, ya te vi, deja de tratarlo como cachorrito- lo regañó Alec en voz baja. El Brujo soltó una risita.
La reunión era de una hora. Los tres se sentaron juntos, no muy lejos pero no muy cerca del pequeño pódium al frente. Shou les explicaba en voz baja el procedimiento de las reuniones. Linda comenzaba dando la bienvenida y felicitando a los que habían logrado algún reto personal que se habían propuesto la reunión anterior, luego daba paso a las personas que querían proponerse retos para esa semana. La mayoría eran cosas simples pero que eran bastante difíciles para ellos, dejar que un desconocido los abrazara, contarles un poco de su historia a algún conocido que no lo supiera, uno de ellos se propuso estar en un elevador solo con otra persona, una chica se propuso mirar un video pornográfico.
Después de tomar nota de los retos, Linda continuaba cediendo la palabra a cualquiera que quisiera hablar y contar su experiencia. Una chica subió al podio, Shou les susurró que su nombre era Susan y que ya había asistido a varias reuniones y había hablado antes. Podías subir al pódium las veces que quisieras, compartiendo cualquier detalle que te hubiera pasado. Alec y Shou pusieron atención a las palabras de la chica.
Susan, hablaba ahora sobre como había ido mejorando poco a poco, gracias a las reuniones, al apoyo de su familia y amigos, pero lo que más le llamó la atención a Alec, fue el énfasis que hizo la chica en mencionar esos pequeños detalles que ella había olvidado y que habían tenido algo que ver con lo que le había pasado. Susan recordaba como una de sus mejores amigas le había presentado al tipo que había abusado de ella. Ella no culpaba a su amiga, claro que no, su amiga no tenía idea de la locura de ese hombre. Pero hablar con ella al respecto, darle a entender que no la culpaba, le había quitado un peso de encima que no se había dado cuenta que tenía.
La reunión siguió con otros dos testimonios, otra chica y luego un chico. Después Linda volvió a subir al pódium, agradeció a los participantes de ese día antes de ofrecer libretas y dar unas palabras de apoyo a todos los presentes. La reunión terminó y todos se pusieron de pie y comenzaron a hablar entre ellos. La psicóloga había visto a Alec y Magnus desde el inicio de la reunión, pero no se había acercado. Ahora que ya terminaban y Shou había ido a atacar la mesa de galletas, Linda había aprovechado para acercarse a la pareja.
-Alec, Magnus- dijo a modo de saludo. Los dos asintieron con la cabeza- que bueno que al fin vinieron a una reunión completa.
-La libreta me ayudó bastante, creí que era necesario darle otra oportunidad a las reuniones y venir desde el inicio- dijo Alec, mostrando su libreta. Linda sonrió.
-Me alegra escuchar eso- dijo la mujer- si quieres otra libreta puedes pedirla cuando quieras.
-Gracias, aun me queda espacio- respondió Alec- supongo que pediré otra la próxima vez que asista.
-Perfecto- dijo la psicóloga sonriéndole amablemente. Shou llegó junto a ellos en ese momento con las manos cargadas de galletas.
-Hola, Linda!- saludó alegremente a la psicóloga.
-Hola, cosita- dijo la mujer, revolviéndole el rubio cabello cariñosamente- te traje de los que te gustan.
-Ritter!- saltó el chico, tomando como pudo el chocolate que le tendía Linda. La mujer rió pellizcándole las mejillas cariñosamente.
-Vez, no soy el único que lo trata...
-Basta- volvió a regañar Alec a su novio.
-Linda, puedo hablar contigo?- preguntó un chico, acercándose a ellos lentamente.
-Claro que si, Wilbert. Discúlpenme- se despidió de ellos tres y se giró hacia el otro chico. Shou, Alec y Magnus salieron del lugar, donde había menos gente.
-Bien, fue una buena experiencia- dijo Magnus, mirando a su novio, Alec se limitó a asentir.
-Ahora podemos ir a Green Bean, si quieren- dijo Shou, guardando las galletas en el bolsillo de su chamarra. Magnus lo miró hacerlo con una ceja alzada, negó con la cabeza quitándole importancia.
-Suena bien- dijo Alec con una pequeña sonrisa. Shou sonrió ampliamente y después miró a Magnus. El Brujo miró a los dos chicos frente a él. En realidad primero bajó la mirada hacia Shou y luego la levantó hacia Alec. Ese par tenía bastantes cosas en común, ambos habían pasado por lo mismo cuando eran pequeños. Pero aun no habían tenido una conversación propia, tal vez sería mejor si les daba algo de espacio para que se conocieran mejor, si él no estaba tal vez Alec se sentiría un poco más libre para abrirse con alguien que lo entendiera por completo.
-Saben qué? Por qué no van ustedes, yo los alcanzo en un rato- dijo Magnus, retrocediendo un par de pasos.
-Pero tu también querías café- dijo Shou. Alec lo miró, confundido.
-Si quiero, de hecho solo voy a ir a comprar un par de cosas al centro comercial y luego los alcanzo, está bien?- les dijo el Brujo, señalando la plaza que estaba justo cruzando la calle.
-Y si te acompañamos?- preguntó Shou, mirando a Alec. Magnus también miró a su novio con una ceja alzada.
-Si entramos en un centro comercial junto con Magnus, no saldremos al menos por las próximas tres horas- dijo el ojiazul seriamente, Magnus asintió como quien no quiere la cosa- mejor huyamos ahora que podemos.
-De acuerdo, estaremos en el café- dijo Shou, despidiéndose de Magnus con la mano y comenzando a caminar hacia la esquina para cruzar la calle. Alec se acercó y se despidió del Brujo con un suave beso en los labios.
-Gracias- murmuró el Nefilim al separarse, mirando a los ojos de gato. Magnus le sonrió tiernamente.
-Shou!- exclamó Magnus en cuanto Alec comenzó a alejarse. El pequeño rubio se volvió a mirarlo y Magnus le lanzó otro chocolate. Shou se lanzó como perrito por un frisbee, sorprendiendo a los otros dos cuando saltó cerca de metro y medio para atrapar su chocolate en el aire. Magnus aplaudió y Shou se acercó a él- wow! Bien hecho, muchacho!
-Gracias!- se alegró Shou, tanto por su chocolate como por las palmaditas en la cabeza que le daba Magnus.
-Buen chico- decía el Brujo mientras acariciaba el rubio cabello.
-Magnus Bane!- lo regañó Alec por lo bajo, tomando a Shou por el brazo y dirigiéndolo a la cafetería para que a su novio no se le ocurriera adoptarlo como compañero para Presidente Miau.
Llegaron al café y tomaron una mesa en una esquina, algo alejada de todos los demás, para poder hablar en paz. Alec pidió su café negro, como siempre con un poco de azúcar, y Shou... lo que Shou bebía cabía mas en la categoría de postres que cafés. Hablaron sobre ellos y sus familias, el rubio no tenía contacto alguno con sus padres, y solo tenía a su abuela, también tenía una hermana mayor, y si hablaban, pero no eran muy allegados. Por esa razón, a Shou le encantó escuchar sobre la enorme familia de Alec, todos sus hermanos, de sangre y adoptados, el tío siempre sonriente, pero más que nada, Magnus.
-Debe ser genial tener un novio como Magnus- dijo el chico soñadoramente mientras Alec le daba un trago a su café- es tan guapo, y alto, y te apoya.
-Ha sido sumamente paciente conmigo- dijo Alec, asintiendo suavemente con la cabeza.
-Te costó mucho decirle?- preguntó Shou, mirándolo fijamente. Alec soltó una risa seca.
-Me costó mucho decírselo hasta a mis hermanos- respondió el ojiazul- en realidad no planee decírselo a Magnus, lo descubrió por accidente.
-De verdad? Nunca lo hablaste con nadie?- preguntó Shou, confundido. Alec soltó un suspiro, mirándolo.
-Nunca tuve ayuda profesional, Shou- comenzó a explicar- mis padres hacían lo mejor que podían. Jace, uno de mis hermanos, si sabía, y también intentaba ayudarme, pero también era un niño. Como te dije antes, la persona que... el que me hizo esto era psicólogo, yo no confiaba mas en ellos, ni siquiera mis padres lo hacían. Fue muy difícil mejorar. Pero Magnus...
Alec quedó en silencio con una pequeña sonrisa en los labios. Shou se sonrojó un poco al ver la mirada llena de amor que el Nefilim tenía al recordar a su novio. El pequeño rubio dio un sorbo a su malteada de café con vainilla y tomó uno de los palitos de galleta que sobresalían de la crema batida.
-Que hay de ti? Tu abuela te llevó con un psicólogo?- preguntó el ojiazul después de unos momentos.
-Psicólogo pediátrico, si- respondió Shou- al principio también era difícil, pero el psicólogo hacía las sesiones como si fueran juegos. Me ponía a dibujar, o a actuar con muñecos y títeres. Aun sigo yendo con el mismo psicólogo, a pesar de que ya tengo casi veinte años.
-Él conoce tu caso, es mas fácil así- dijo Alec con una sonrisa.
-Exacto!- asintió Shou- antes iba cada semana, pero desde que comencé a venir a las reuniones, ya solo voy con el psicólogo una vez al mes.
-Hace cuanto que vienes?- a Alec le interesaba eso, aunque sabía que la alegre personalidad de Shou no la había obtenido por terapias y ayuda, el chico era así. Pero él era tan abierto, tenía esperanza de encontrar un novio con el cual pasar toda su vida, quería una relación. Alec, antes de conocer a Magnus, nunca se hubiera ni siquiera atrevido a pensar en tener una relación. La única relación que había tenido antes había sido Oliver, y eso no había terminado nada bien.
-Ya llevo poco más de un año viniendo- respondió el rubio, dando una mordida a su galleta- como te digo, todas las reuniones tratan de cosas diferentes, y se siente bien poder ayudar también.
-Tienes que asistir constantemente?- preguntó Alec, con curiosidad, el chico ya llevaba mucho tiempo asistiendo.
-No necesariamente, hay personas que solo vienen y van, asistiendo a una reunión cada mes o cada dos meses. Hay otros que solo vienen un par de veces y luego no se vuelven a presentar- explicó Shou- pero yo... no lo sé, siento que me sirve, y mi abuela esta más tranquila al saber que estoy haciendo algo por mi y no me quedo con todos esos horribles recuerdos en la cabeza.
-Supongo que tu abuela tiene razón- dijo el Nefilim, dándole otro sorbo a su café.
-La tiene, mira nada mas tu libreta- dijo Shou, señalando la libreta de Alec, escondida debajo de su chamarra en la silla que no usaban- la has utilizado mucho y te sirve, no?
-La verdad si- tuvo que admitir el Cazador de Sombras.
-Es como si... como si al escribir tus recuerdos y de mas en la libreta, esta te protegiera, no?- preguntó Shou, emocionado.
-Como si atrapara todos los malos recuerdos en ella, si- dijo Alec, sorprendiéndose por que alguien en realidad entendía como se sentía. Shou le sonrió ampliamente.
-Las reuniones les sirven mucho a las personas como tú, Alec- le dijo Shou- la doctora Linda brinda su apoyo a las personas que no pueden o no se atreven a pedir ayuda.
-Yo... es solo...
-No te estoy juzgando! Claro que no- le dijo Shou, alarmado- solo quiero que entiendas que, aunque no te des cuenta, estas reuniones están diseñadas para ayudar. Cualquier cosa que escuches puede afectarte o darte una respuesta, solo tienes que prestar atención.
Alec pensó en las palabras de Shou. Había notado como su atención se centraba en ciertas de las cosas que había escuchado durante la reunión ese día. Suponía que era porque se relacionaba con esas cosas, pero nunca pensó que eso podría ayudarle.
-Lo que dijo la chica hoy, Susan- dijo Alec, recordando las palabras de la muchacha- que ella ignoraba ciertos detalles pequeños, pero que una vez que los tomó en cuenta, superarlos le ayudó a mejorar.
-Es mejor sacarlo todo- dijo Shou encogiéndose de hombros- en situaciones como esta, guardarse secretos no es bueno. Quiero decir, solo mejoramos cuando enfrentamos las cosas, no?
Alec se quedó pensando, tomando una galleta de las que Shou se había robado de la reunión y masticando lentamente. Enfrentar las cosas. Alec ya había enfrentado a Aldergold, le había lanzado varias dagas. En realidad no había salido muy bien, pero en ese momento era lo mejor que había podido hacer. Ahora Aldergold estaba muerto y no podía enfrentarlo de nuevo. Ya había hablado con sus padres, aclarándoles que no los culpaba y agradeciéndole que lo sacaran de ese infierno. Oliver había sido el origen de todo su problema, pero nunca más lo había vuelto a ver, y había muerto durante la batalla contra el Circulo al caer Valentine. Valentine...
Valentine había sido el que había planeado todo, pero a última instancia se había arrepentido, incluso lo había ayudado a encerrar a Aldergold. Si bien una parte de él lo culpaba, ya no podía hacer nada, Valentine también había muerto ya. Después estaba Florian, dudaba poder encontrarlo en cualquier prisión Mundana en la que se estuviese pudriendo en ese momento. El horrible mayordomo que nunca se había tocado el corazón para ayudarlo de alguna manera, ya estaba recibiendo su castigo y eso era suficiente para él.
Se quedó paralizado al darse cuenta, Oliver no había sido el origen de todo. Valentine lo había planeado, había usado a Oliver para atraparlo y enviarlo a "recuperarse". Pero todo había iniciado por un pequeño detalle que él había evitado por tanto tiempo que casi lo olvidaba. Un detalle que jamás se lo había contado absolutamente a nadie, ni siquiera a Magnus. Jace. Su atracción por su Parabatai había desencadenado todo. Valentine se había dado cuenta de eso y lo había usado en su contra. Las únicas personas que sabían de su enamoramiento por Jace habían sido Valentine y Aldergold, y ahora estaban muertos, llevándose ese secreto con ellos. Michael también lo sabía, pero confiaba en él ciegamente, sabía que nunca le diría a nadie.
-Aaaaalec, yuju!- el ojiazul parpadeó rápidamente cuando Shou sacudió una mano frente a su rostro- vaya, te súper desconectaste.
-Lo... lo siento, es solo...
-Lo que dijo Susan te hizo darte cuenta de algo, no es cierto?- le preguntó el rubio con una pequeña sonrisa.
-Yo...
-Cualquier cosita que escuches te puede ayudar- siguió Shou- cualquier detalle que creas innecesario, en realidad no lo es. Es mejor soltar cualquier cosa en tu cabeza.
Alec se limitó a asentir. La libreta en realidad le había ayudado bastante. Tal vez este nuevo tip le serviría también. Hablar con Jace sobre... sobre lo que había sentido por él cuando vivían en el Instituto en Idris. Un escalofrío lo recorrió de solo pensarlo y sintió que se le revolvía el estomago. Le serviría de algo decirle eso a Jace? Tal vez solo perturbaría a su Parabatai, tal vez... sintió la mano de Shou posarse sobre la suya, pero no la apartó. Levantó la mirada hacia el rubio, lo miraba fijamente con una pequeña sonrisa en los labios. Soltó un suspiro antes de asentir levemente con la cabeza. Shou tenía razón, los pequeños detalles importaban. Solo tenía que armarse de valor y saber explicar las cosas para no hacer sentir mal a Jace.
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Magnus había llegado con ellos al café varias horas después. Después de dos tazas de café para Alec y tres postres para Shou. El ojiazul aun se preguntaba cómo era que tanto dulce cabía en un cuerpo tan pequeño. Después de que Magnus pidiera un café para llevar, y que Shou lo hiciera jurar que iría a beber café con ellos la próxima vez, la pareja se despidió del pequeño rubio, quien los abrazó efusivamente. Alec tuvo que quitarle a Magnus de un manotazo otro chocolate que estaba por lanzarle al chico. El ojiazul miró a su novio alzando las cejas como advertencia.
-Deja de tratar a mi amigo como perrito- le dijo una vez que entraron al vagón de metro.
-Oh, vamos, si es una ternura. A Presidente Miau le agradaría. Además tienes la costumbre de que tu familia adopte a tus amigos- le dijo burlonamente, Alec rodó los ojos.
-Y aun así ahí esta Simon... estaba Simon- dijo la ultima parte en voz baja. Magnus apretó su mano y ambos quedaron en silencio unos segundos.
-Y de que hablaste con Shou?- preguntó el Brujo, intentando calmar el ambiente.
-Sobre nuestras familias y, ya sabes, como hemos superado cosas- respondió Alec. Magnus se preguntó si había logrado calmar los ánimos o solo empeorarlo- en realidad me hizo entender algunas cosas.
-De verdad?
-Cosas que he ignorado y que ahora me doy cuenta que es mejor no hacerlo- dijo Alec, jugueteando con un hilo suelto en su camisa.
-Oh, como qué?- preguntó Magnus, alzando una ceja. Alec se mordió el labio, bajando la mirada, y Magnus entendió- está bien, no tienes porque decírmelo.
-Es solo... me gustaría hablarlo primero con... bueno yo...
-Está bien, cariño, lo entiendo, no tienes porque excusarte- le dijo Magnus, tomándole la barbilla y haciendo que levantara la mirada- mientras te ayude, yo estoy aquí para apoyarte.
-Gracias- le dijo Alec, sonriéndole tiernamente. Después se le ocurrió algo- de hecho, podrías hacerme un favor?
-Lo que quieras, cariño- respondió el Subterráneo.
-Podrías hacerme un portal a Idris?- pidió el Nefilim. Magnus lo miró con una ceja alzada, y simplemente asintió. Al llegar al departamento, Alec tomó una mochila y guardo una pijama y un cambio de ropa.
-Te quedarás allá a dormir?- preguntó Magnus, observándolo.
-No sé cuánto tiempo me quede allá, y no quiero molestarte si se me hace muy tarde- le dijo Alec, cerrando la mochila y echándosela al hombro.
-Bueno, allá debe ser muy temprano- dijo Magnus revisando el reloj. Según sus cálculos, en Idris deberían ser las 6 de la mañana.
-Sí, pero aquí ya será muy tarde, así que me quedaré allá hasta que sea hora decente en Nueva York- dijo el ojiazul.
-Decente es...
-Esperaré hasta después de las nueve, lo prometo- rió Alec al ver la preocupación de su novio por que fuera a despertarlo a sus horas Nefilim. Magnus respiró aliviado.
-Vas a la casa de Michael o a la que le dan al Inquisidor?- preguntó Magnus, yendo hacia el ventanal del balcón para hacer el portal.
-A la del Inquisidor, mi papá se queda ahí- respondió Alec, acariciando a Presidente Miau, que al parecer sabía que Alec se iba y había corrido hasta él para despedirse. El Brujo hizo un par de movimientos con sus manos y el portal apareció a su lado.
-Envíame mensaje de fuego cuando llegues?- le dijo Magnus, abrazándolo por el cuello y besándolo suavemente.
-O sea cuando llegue del otro lado del portal?- preguntó Alec, esa rara costumbre que tenía su novio de pedirle que le avisara al llegar, cuando llegaría exactamente un segundo después de haberse ido.
-Solo envíame mensajes, si?- pidió el Brujo rodando los ojos. Alec rió y lo besó otra vez antes de separarse y dirigirse al portal. Se despidieron con la mano y el Nefilim cruzó el circulo de luz.
La luz del sol lo encandiló al llegar del otro lado del portal. En Alicante apenas pasaban de las seis de la mañana. Sabía que su padre estaría despierto, los Nefilim estaban educados para madrugar. Un par de personas ya caminaban tranquilamente por la calle. Rápidamente se dirigió a la casa del Inquisidor y tocó la puerta suavemente, esperó unos segundos hasta que su papá abrió la puerta, sorprendiéndose al verlo.
-Alec?- preguntó un muy sorprendido Robert.
-Hola, papá- saludó el chico con una sonrisa culpable.
-Pero que... que haces... digo, pasa, ven- Robert abrazó a su hijo a modo de saludo y lo dirigió dentro de la casa. El adulto ya iba vestido con su ropa de Inquisidor, el menor supuso que estaba por irse a trabajar, aunque el olor a café le hizo saber que probablemente había llegado a la hora del desayuno. Su papá lo dirigió hacia el comedor, donde Michael estaba sentado disfrutando de un pan francés y una taza de café.
-Alec, hola- dijo Michael, sorprendiéndose pero alegrándose al verlo.
-Hola, Michael- el rubio se puso de pie y abrazó al chico.
-Ya desayunaste, hijo?- preguntó Robert, sentándose a la mesa donde había dejado su plato a medio comer.
-Cené- respondió el chico, sentándose en la mesa junto con ellos. Robert se dio cuenta de la mochila que el chico había dejado en el suelo junto a la puerta.
-Vas a quedarte?- le preguntó antes de dar un sorbo a su café.
-Solo hasta que amanezca en Nueva York- respondió Alec, tomando una fresa del plato de su padre y comiéndola.
-Magnus te hará un portal?- dijo Michael comiendo otro bocado de pan francés.
-Sí, pero tengo que esperar a que despierte- respondió Alec.
-Uff, entonces te quedaras hasta mañana- se burló su papá, haciendo reír a Michael, Alec lo miró con ojos entrecerrados pero no pudo evitar sonreír.
-Y que te trae por la ciudad de cristal, Alec?- preguntó Michael con interés. Alec se mordió el labio, jugueteando con una servilleta entre sus manos.
-En realidad, quería hablar contigo, Michael- dijo el chico, mirando al rubio un poco avergonzado.
-Oh- fue todo lo que dijo Michael, echándole una miradita a su Parabatai.
-Lamento haber venido sin avisar...
-No, no, no te preocupes, hijo- dijo Robert, quitándole importancia con un ademan de su mano- siempre eres bienvenido, lo sabes.
-Además, hoy la oficina estará tranquila- dijo Michael- puedo pedirle permiso al jefe para faltar- dijo, mirando fijamente a su Parabatai. Robert rodó los ojos.
-De acuerdo, pero quiero esa queja de los Kelpies en el río Rosenbauen resuelta para mañana- dijo Robert, terminando su café de un trago y poniéndose de pie.
-Sí, señor- dijo Michael haciendo un saludo militar.
-Vendré a la hora de la comida, hijo- dijo Robert despidiéndose de los otros dos con un movimiento de su mano. Michael y Alec se despidieron igual y vieron al hombre salir de la casa, llevando un par de papeles entre los brazos.
-Solo déjame limpiar aquí- dijo Michael, tomando los platos de la mesa y llevándolos a la cocina.
-Te ayudo- Alec ayudó con las tazas vacías y el cesto de pan. Entre los dos acomodaron las cosas y dejaron la cocina limpia rápidamente- siempre te deja limpiando?
-Nah, si ayuda, pero Jia lo citó temprano hoy- respondió Michael, sirviendo dos tazas de café y dirigiéndose a la sala- los Seelies no se rinden en sus intentos por terminar con la Ley Fría.
-Y... el reemplazo de Magnus, como va?- preguntó Alec como quien no quiere la cosa, sentándose en el sillón.
-No te preocupes por eso, Alec- respondió el rubio, depositando las tazas en la mesita de centro y dejándose caer a su lado- Davon es bueno. Tiene mucho conocimiento en política, leyes y se sabe los Acuerdos de pies a cabeza. Si, algunas veces se altera, pero tu padre es igual de explosivo, así que entre ellos se calman- Alec asintió con la cabeza, agradeciendo en sus adentros que no pensaran llamar a Magnus en un futuro cercano- entonces, querías hablar conmigo?
-Tú me dijiste una vez- comenzó Alec- que estaba bien si quería contarle a Jace, que si quería decirle lo que había sentido por él, que él lo entendería.
-Sí, lo recuerdo- dijo Michael, recordando esa primera conversación que había tenido con Alec. En ese tiempo, el chico no hablaba, pero era fácil darse cuenta de los sentimientos del Lightwood hacia su Parabatai, los cuales, en ese entonces, lo habían aterrado a más no poder.
-Crees... aun crees que lo entienda?- preguntó el chico, bajando la mirada. Michael lo miró fijamente, sorprendiéndose por dentro. Alec estaba considerando contarle a Jace ese secreto que se había guardado por tanto tiempo.
-Claro que lo entenderá, Alec- le dijo Michael claramente. El chico fijó sus ojos azules en él- no debes sentirte culpable por tus sentimientos. No son algo malo. El amor que sentías por Jace, el que aun sientes, es algo precioso. Nadie se sentiría mal de ser amado por una de las personas más importantes en su vida.
-Es que yo... creo que necesito tomar valor, es todo- rió el menor nerviosamente. Michael lo miró con una sonrisa, entendiéndolo completamente.
-Sabes, cuando al fin le confesé a tu padre que estaba enamorado de él, me costó muchísimo trabajo- le dijo Michael, recordando viejos tiempos- estaba muy asustado. Pensé en ir y beberme un trago del agua del Lago Lyn para marearme y poder decírselo- rió el rubio y después se dio cuenta del peligroso brillo en los ojos de Alec- no, Alexander, yo lo decía en broma. Nada de andar alucinando con el agua del lago.
-Yo... también bromeaba- dijo Alec desviando la mirada. Michael suspiró rodando los ojos.
-Como sea- siguió Michael- cuando se lo dije, no esperaba que correspondiera mis sentimientos, claro que no. Estaba preparado mentalmente para su rechazo, bueno no esperé que su rechazo fuera tan extremo, pero aun así...
-Y que tal si Jace también me rechaza... si... si me dice que...
-Alec, Jace no te va a decir nada malo- lo interrumpió Michael- Jace no es como era tu padre. Robert estaba aun confundido al pertenecer al Circulo, él solo quería encajar. Eran otros tiempos, Alec.
El menor bajó la mirada, asintiendo levemente. Sabía que había ido a Idris a hablar con Michael solo para retardar su plática con Jace. Pero hablar con Michael al respecto le servía. Sintió al mayor acercarse y pasarle un brazo por los hombros. Alec lo miró, Michael sonreía paternalmente y el chico le devolvió una sonrisa. Si, la confesión de Michael no había salido nada bien en el pasado, pero ahora estaba aquí, formaba parte de la familia de su Parabatai y seguían mas unidos que nunca. Y tenía toda la razón, Jace no era nada como había sido su padre, siempre lo había apoyado, dejándolo dormir junto a él, cumpliendo todas sus peticiones. Jace lo entendería, solo tenía que convencerse a su cerebro de que no se acobardara en el último segundo.
-No sé si hablar con Jace va a hacer una diferencia- dijo Alec en voz baja.
-Lo hará, Alec- le dijo Michael rápidamente- es un peso sobre tus hombros del cual ya estas tan acostumbrado que no notas que te molesta. Si tú crees que es necesario decirlo, entonces lo es.
Alec se mordió el labio, justo eso le había dicho Shou. Gracias a su platica había decidido contarle a Jace ese secreto que se había guardado por tanto tiempo. Pero había otro pequeño detalle que nunca jamás se atrevería a decirle a su Parabatai. De hecho, estaba convencido de que podría suprimirlo por el resto de su vida para que nadie se enterara de algo tan horrible. Pero Michael tenía razón, Shou tenía razón, por más insignificante que fuera el detalle, valía la pena intentar hablarlo y así sentirse mejor.
-Hay... hay otra cosa que... yo...- comenzó a decir el ojiazul, mordiéndose el labio.
-En realidad creo que puedes hablar libremente con Jace, Alec- le dijo Michael firmemente, intentando darle fuerzas al chico.
-No yo... no quiero... no se lo diría a Jace, nunca, no podría- dijo el menor, negando efusivamente con la cabeza, luciendo aterrado. Michael alzó una ceja mirándolo, entendiendo rápidamente.
-Sabes que puedes decirme lo que sea, cierto?- preguntó el rubio. El chico soltó un suspiro entrecortado.
-Nunca le he dicho esto a nadie, absolutamente nadie lo sabe- explicó Alec bajando la mirada. Michael pasó saliva y tomó la mano del chico.
-Está bien, hijo- Alec comenzó a mover nerviosamente un pie y a juguetear con un hilillo suelto en su pantalón. Michael lo notó pero no mencionó nada.
-Cuando... cuando estaba en Islandia... cuando Aldergold... emr...- Alec sentía que su corazón se le saldría del pecho. Un escalofrío lo recorrió al recordar esos horribles días. Michael dio un apretón a su mano- siempre... cada vez que... cada vez que Aldergold estaba... torturándome...- habló Alec entrecortadamente, había comenzado a temblar incontrolablemente. El adulto apretó la mano de Alec entre las suyas- él me decía... siempre me decía que... sabía que me gustaría que Jace estuviera haciéndome eso en lugar de él...- Alec soltó un sollozo y las lagrimas comenzaron a salir. Michael sintió que su corazón se detenía dolorosamente- sabía... que a mí me gustaba Jace y... cada vez... él mencionaba a Jace cada vez...- Alec soltó otro sonoro sollozo y Michael se apresuró a abrazarlo fuertemente- porque yo... porque a mí me gustaba... utilizó el nombre de Jace en mi contra...
-Hijo, no fue tu culpa. No fue culpa de Jace tampoco. Aldergold era un hombre enfermo y horrible- susurró Michael a su oído, sin soltar el abrazo.
-Él me hizo temerle a mi Parabatai- sollozó Alec y Michael lo abrazó aun más fuerte.
-Tranquilo, tranquilo, cariño. Sabes que Jace nunca haría algo tan terrible- el rubio le acarició la cabeza suavemente, intentando calmar sus sollozos.
-Él... por mi culpa... él ensució el nombre de Jace...- siguió Alec soltando mas y mas lagrimas. Seguía temblando fuertemente y se aferraba a la camisa de Michael como si su vida dependiera de ello.
-No, Alexander, no fue tu culpa- Michael le tomó el rostro entre sus manos y lo hizo mirarlo- escúchame, nada de lo que pasó fue tu culpa.
-Odiaba que mencionara a Jace... lo odiaba- dijo Alec sin dejar de llorar. Michael volvió a abrazarlo.
-Lo sé, cariño, tranquilo- lo dejó llorar en su hombro, apretándolo fuertemente, como si así quisiera evitar que el chico se rompiera en pedazos. Alec lloró fuertemente durante un par de minutos, dejando salir todo el dolor que sentía al recordar a Aldergold susurrar el nombre de Jace a su oído tantas veces. Michael susurraba cosas a su oído, intentando calmarlo. Poco a poco, las lagrimas dejaron de salir y los sollozos se calmaron hasta solo sacudirlo un poco de vez en cuando.
-No quiero que Jace lo sepa- murmuró Alec.
-Te entiendo, no tienes porque decírselo- le dijo el adulto, acariciando su cabello. El ojiazul sorbió fuertemente por la nariz antes de separarse del abrazo- te sientes un poco mejor?
-Mucho, en realidad- respondió Alec, limpiándose el rostro con las mangas de su suéter. Michael le sonrió, dándole un pañuelo- creo que voy a dormir un poco- dijo Alec poniéndose de pie lentamente. El adulto asintió, poniéndose de pie también.
-Te despertaré cuando sea de mañana en Nueva York- le dijo el rubio, dándole un apretón a su hombro. Alec simplemente asintió y tomó su mochila para dirigirse a las escaleras, rumbo a la habitación que había compartido con Jace. Michael lo vio alejarse y soltó un suspiro. Después se inclinó y tomó las tazas que habían quedado abandonadas en la mesita de centro.
-Michael- escuchó la voz de Alec desde las escaleras y levantó el rostro hacia el chico- muchas gracias por escucharme.
-Siempre voy a estar aquí para ti, Alec- sonrió el mayor suavemente. El chico respondió con una sonrisa igual antes de subir las escaleras.
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El tío Michael siempre al rescate..!=D Levante la mano quien ama a Michael..!3
