Kara miraba aburrida a través de la pequeña ventana del carruaje. Llevaba días sola encerrada allí. Ella prefería ir a caballo como el resto, pero Alex y Lena habían insistido en que nadie la viera por el norte hasta que no estuvieran seguras en el interior de Gimina.
En un principio, Kara les había dicho que no quería saber nada de ellas, quería estar sola, así que las había echado del carruaje en cuanto intentaron poner un pie dentro. No habían vuelto a intentar hablar con ella.
Kara no entendía por qué se la llevaban tan lejos de la capital. La Voz de Rao iba a ser ejecutado igualmente, ¿qué más daba quien lo había hecho y quien no? Sus amigos, por llamarlos de alguna manera, pecaban de alarmistas algunas veces. Y encima la llevaban a Gimina. No había mejores sitios donde llevarla.
Además, también la habían desarmado. Ni un triste cuchillo le habían dejado. Decían que era un peligro si llevaba armas con ella. Quizá no estaban tan equivocadas. La claustrofobia empezaba a ser tan grande que hubiera sido tentador abrirse paso revólver en mano.
¿Qué si se arrepentía de haber matado a la Voz de Rao? No, lo único que lamentaba es que el hombre había muerto demasiado rápido y no sufrió más. Debería pedirle al torturador de la corte que le enseñara a hacer las muertes más largas y dolorosa.
Desde allí dentro no tenía manera de orientarse o saber dónde estaba. Pero por el frío que empezaba a hacer y las montañas agrestes que lograba ver por la ventanilla, dedujo que estaban cerca del paso de montaña que separaba el norte y el sur de Thera. Sus sospechas se cumplieron cuando, llegada la noche, oyó la voz de Sam que daba la bienvenida al norte a Alex y Lena.
*/*/*/*
Cinco días más tarde, al fin, la dejaron salir del carruaje. Cerca, Gimina se alzaba imponente sobre uno de los turones. Era tal y como la recordaba.
Lena se le acercó con las riendas de un caballo y se las entregó. La morena empezó a decirle algo, pero Kara solo subió a su caballo y se colocó junto al resto de caballeros esperando a que remprendieran la marcha ignorándola. Alex y Sam estaban en la parte delantera de la marcha. Lena se unió a ellas. Algo les dijo que las tres giraron sus cabezas para mirarla.
Su hermana arreó al caballo para que la llevara junto a ella.
- Me da igual si quieres continuar con tu pataleta, pero ocupa tu lugar al frente. - le ordenó Alex.
- ¿Ahora no soy algo de lo que os tenéis que avergonzar? - respondió Kara ofendida.
- Hemos hecho esto para protegerte.
- Mejor no contesto eso. - acabó Kara antes de dirigirse al frente de la marcha donde Lena y Sam las esperaban.
- Hola, princesa. Hacía mucho que no nos veíamos. - la saludó Sam.
- ¿Cómo está Ruby? - la saludó Kara de vuelta.
- Feliz ahora que vuelve a vivir en casa. - la atacó.
- Me alegro.
- ¿Vamos? - interrumpió Alex la conversación colocándose entre las dos.
Ambas asintieron y se centraron en el camino.
Lena se colocó a su lado durante la marcha.
- Kara, ¿podemos hablar?
- No.
- Quiero explicarte que pasó. Por favor, escúchame. - rogó Lena.
- Lena, de verdad, no quiero hablar del tema. - gruñó Kara.
- Ahora entiendo lo que me contabas, Lena. - rio Sam. - Todo un carácter.
Lena lanzó una mirada asesina a Sam. Kara prefirió ignorarlas.
Su camino no llegó mucho más lejos antes que Lex acompañado de su ejército les esperara en la falda del turón de Gimina. La miró directamente enfadado y luego a su hermana.
- Se suponía que ibas a venir tú sola con nuestros soldados. - dijo Lex claramente furioso.
Lena se adelantó a la marcha y se puso a la altura de su hermano en el camino.
- Hola a ti también, Lex. - le contestó Lena.
- Te has plantado aquí con la princesa, una Danvers y sus tropas. - le echó en cara.
- Y por eso te vas a asegurar de que llegamos sanas y salvas al palacio. Ahora ya estamos aquí.
- La próxima vez que quieras traer tus juguetes problemáticos, avisa. - le gruñó.
Lena solo asintió como respuesta mirando de reojo a Kara.
Lex ordenó a sus tropas que rodearan las reales, envolviéndolas. Anduvieron en esa formación hasta las puertas de la ciudad. Fue difícil cruzarlas así, pero era necesario. A medida que iban avanzando por las calles, aparecía gente enfadada de todas partes que empezaban a abuchearles. Qué diferente de la capital, pensó Kara divertida. En algún momento, la rubia vio pasar alguna lechuga volando cerca de ellos.
A medida que avanzaban por las calles, Kara fue reconociendo algunos edificios que ella personalmente mandó quemar. Si no recordaba mal, alguno de ellos había sido una panadería; otro, un almacén de carne; otro, la taberna donde murió James. De hecho, allí solo quedaban una manzana de casas reducida a un montón de escombros quemados. Todo era culpa suya.
También vio muchas casas medio en ruinas y a gente sucia y hambrienta tirada en las calles.
Era desolador.
Entonces no pudo evitar sentir una punzada de dolor y culpabilidad al observar el estado en el que había dejado la ciudad. Así que a esto se referían con "la purificadora de Gimina".
Llegaron a la plaza central, donde estaba el palacio de Sam. Allí una multitud les estaba esperando para recibirlos con más insultos y objetos voladores. Alex y Kara bajaron rápido de sus caballos en frente de las puertas del palacio y subieron los escalones que la separaban de la calle. Lograron colarse sin que nada las golpeara. Mientras tanto Lex escoltaría a sus tropas al exterior de las murallas donde estarían más seguras de la multitud.
Sam y Lena entraron poco después de ellas siguiéndolas.
- Bien, esto ha sido incómodo. - bromeó Lena cuando estuvieron las cuatro juntas en el vestíbulo del palacio, pero nadie le siguió la gracia.
- Esperemos a que vuelva Lex para ver cómo continuamos. Pasad. - dijo Sam señalando el camino.
Llegaron a una gran sala con tapices dorados y rojos decorando las paredes de piedra. Había tres sofás alrededor de una chimenea apagada. Las cuatro se sentaron allí, las hermanas en uno y las dos amigas en otro, unas frente a las otras.
Kara apoyó los codos en sus rodillas y miraba el suelo pensando en lo que había visto dentro de los muros. Recordaba haber quemado edificios, pero no recordaba que fueron tantos. Tampoco recordaba mucho lo que había estado haciendo esos días por Gimina. Solo recordaba estar obsesionada con Lena, encontrar traidores y el dolor de la muerte de James.
Por el rabillo del ojo, veía su hermana jugando con sus manos sin decir nada. Lena y Sam tampoco hablaban.
Un silencio incómodo invadió la habitación.
- Así que eres la famosa Alex Danvers, general de los ejércitos de la Corona. - comenzó Sam con curiosidad.
- Así es, mi señora. - asintió la Danvers.
Lena pudo ver con un poco de alivio como Kara abandonaba su estado meditabundo para empezar a prestarles atención.
- Por favor, llámame Sam. Creo que podemos dejarnos de formalismos a estas alturas. - insistió la gobernadora. - Tienes mejor cara que la última vez que nos vimos, Kara. - bromeó mirando a la rubia.
- La última vez que nos vimos, estuve a punto de morir de hambre. - respondió Kara seria cruzándose de brazos y dejándose caer contra el respaldo.
- Cierto. Para ser sinceros, fue algo agradable de ver. - dijo Sam con algo de rencor en su voz.
- Sam… - la advirtió Lena.
- No la defiendas, Lena. - respondió la otra ahora enfadada. - Me alegro que haya venido. Así podrá ver lo que hizo. No entiendo como has dejado atrás todo lo que hizo.
- Estábamos en guerra, Sam. Y…
- Nosotros también perdimos gente aquí. - intervino Kara antes de que pudiera continuar Lena.
- Esto es solo un aviso. – continuó Sam. - Arruinaste esta ciudad. Ya has visto como ha reaccionado la gente al verte. Ni Lena podrá protegerte de ellos.
- Veo que ya les estás dando la bienvenida. - dijo Lex entrando a la sala seguido de un par de sirvientes. - Lena. - dijo acercándose a esta y extendiendo sus brazos cuando estuvo en frente. La morena se levantó y lo abrazó con cariño. - De verdad que me alegro de verte a pesar de tus compañías.
- Kara ha venido aquí a reparar sus errores, ¿verdad? - respondió Lena rápidamente saliendo del abrazo y mirando a la rubia.
Kara estaba confundida con el ceño fruncido. No sabía de lo que Lena estaba hablando.
Alex empezó a hablar por ella antes que la kryptoniana pudiera reaccionar.
- En el contexto de cambio de régimen dentro del Raoismo en Thera, hemos considerado hacer una limpieza de cara a las figuras que alimentan a los radicales raoistas. Eso incluye a la purificadora de Gimina. A la corona, le interesa que cambie la fama de Kara.
- Así que cambio en el régimen del Raoismo… Lena, ¿podrías iluminarme? - preguntó divertido Lex mientras se sentaba en el último sofá libre.
La morena lo imitó volviendo a sentarse en su sitio.
- La Voz y otra gente poderosa del sur planearon un complot para derrocar a Kal. Los detuvimos a tiempo. De hecho, la Voz de Rao ya ha sido juzgado y ejecutado por traición. - explicó tranquilamente.
- Tengo que decir que la ironía me parece tremendamente divertida. ¿No lo crees, Sam? - rio Lex.
- Pues sí, es gracioso ver cómo son incapaces de vivir en paz. - añadió Sam. - Necesitan estar en guerra constantemente.
- Espero que, ahora que ya se han peleado entre ellos, no decidan volver a por nosotros. - continuaba burlándose el Luthor.
- Por favor, comportaos. - intervino Lena.
- La causa de esta traición es que hemos desarrollado políticas a favor vuestro. - gruñó Kara. - Podríais mostrar un poco de respeto.
- No puedes hablar de respeto aquí, princesa. - gruñó Lex de vuelta encarándose. Luego volvió a una posición más relajada y suspiró. - Bien, a estas alturas todo Gimina debe saber que estáis aquí. Ya que esto no tiene solución, ¿por qué no las ayudamos a instalarse? - dijo mirando a Sam que asintió como respuesta. - El camino tiene que haber sido largo. Los sirvientes están listos para llevaros a vuestras habitaciones. - dijo señalando la puerta de la sala. - Vuestras cosas ya deberían estar ahí.
- Entonces, si nos disculpáis… - dijo Lena levantándose.
Kara y Alex la imitaron.
Salió de la sala seguida de cerca por las dos hermanas.
Un grupo de tres sirvientas las estaban esperando al salir de la sala. Una chica joven llamada Amanda se presentó a Alex. Lena pareció reconocer a una chica joven que se le acercó. Y, para acabar, una mujer mayor se acercó a Kara.
- Princesa, durante el tiempo que esté aquí, yo seré vuestra sirvienta personal. Mi nombre es Isabela, aunque todo el mundo me llama Ela. Cualquier cosa que necesite, no dude en pedírmelo. - se presentó haciendo una reverencia. - Si hace el favor de seguirme.
Acto seguido, la mujer empezó a andar por los pasillos del palacio. Kara asintió y la siguió. Delante de ellas, Alex ya seguía a Amanda y Lena hablaba animadamente con la otra chica.
Subieron hasta el segundo piso por una gran escalinata de piedra clara. Ese piso constaba de un gran pasillo con diferentes puertas y, al final, una pequeña escalera de caracol que subía a pisos superiores. A Lena le indicaron que su habitación estaría en una de esas puertas. Alex y ella, en cambio, tuvieron que seguir y subir las estrechas escaleras. Las sirvientas les contaron que estaban subiendo por la torre del palacio. En la pared, de vez en cuanto, se iba abriendo una pequeña ventana por la que se veía el exterior. Agujero tras agujera, la ciudad se veía más y más pequeña. De vez en cuanto, se abría un pequeño rellano con una sola puerta de madera. Alex paró en la segunda. Kara llegó hasta la tercera. Empezaba a estar sin aliento después de tantas escaleras. Hubo un momento en el que sufrió por la mujer que tenía delante, pero, viendo la energía con la que las subía, parecía estar más en forma que la misma rubia.
Kara no se podía quejar de la habitación. Era grande, más grande que la suya en la capital. Tenía grandes ventanas en las paredes que le quedaban a izquierda y derecha. Desde ellas, podía ver prácticamente toda Gimina. En la pared del fondo, había una gran cama de matrimonio de sábanas blancas y patas y dosel de madera oscura. Pegada a su derecha, al lado de la entrada, había otra puerta.
- Princesa, si me permitís el atrevimiento, os he preparado el baño para que podáis limpiaros la suciedad del camino. - le explicó la mujer. - El señor Lex ha solicitado su asistencia a la cena de hoy. Se servirá en una hora.
- Muchas gracias, Ela. Voy a agradecer este baño. - dijo Kara intentado ser amable.
- ¿Queréis que os ayude a limpiaros? - ofreció la mujer abriendo la puerta de su derecha.
Era un pequeño baño donde había una tina de madera con líquido humeante en el interior.
- No, gracias. Me las apañaré yo sola. ¿Mis cosas están aquí? - dijo Kara pasando al interior.
- Sí, está toda vuestra ropa colocada en armarios y estanterías. ¿Necesitáis algo más? - respondió Ela parada en la puerta del baño.
- No, gracias. Puedes retirarte.
La mujer asintió y salió de su habitación. Realmente, no se le había podido pegar mucha suciedad del camino encerrada en un carruaje. Pero se había pasado casi una semana sin limpiarse y hacía mucho tiempo que no podía relajarse en condiciones. La mañana siguiente de su encontronazo con la antigua Voz, se despertó ya en el incómodo carruaje. Tumbarse un rato allí no le haría ningún daño.
Se quitó la ropa y la dejó tirada en el suelo allí mismo. Entró con cuidado notando el agua ardiente contra su piel. Era una sensación agradable y relajante después del viaje. Cuando estuvo completamente dentro, se tumbó. Apoyó su espalda contra el recipiente y cerró los ojos soldando un suspiro. Se preguntaba que estaría haciendo Lena, si estaría haciendo lo mismo. Había tres pisos de distancia entre ellas. Se preguntaba si Lex lo había hecho intencionadamente.
Con el paso de los minutos, Kara pudo notar como su cuerpo se iba relajando. Pero no habían pasado ni treinta minutos cuando volvió a salir del agua que ya empezaba a estar fría. Fuera en la calle se oía mucho ruido. Se secó y se acercó levemente a la ventana para ver qué pasaba.
La plaza central se había llenado de gente. No parecían contentos. Lex tenía razón. No había tardado mucho en correr la noticia por toda Gimina.
Se apartó de la ventana y se vistió de nuevo con alguna muda limpia. Se sentía expuesta con esas ventanas tan grandes. Se apoyó en el marco de la ventana y miró a la multitud mientras esperaba que fuera la hora de ir a cenar. Después observó la ciudad. Podía ver que en casi todas las manzanas había un agujero donde antes debía haber habido un edificio. Entonces, Kara recordó estar sentada en esa misma plaza observando columnas de humo de las casas que ella había mandado quemar.
Volvió a sentir una punzada de culpa. ¿Cómo había hecho todo aquello? Sentía los ojos arder de la rabia y el asco que sentía por sí misma. Pero, ¿quién era ella para llorar? Ella no era la que había sufrido. No se merecía ese derecho.
Alguien golpeó la puerta sacándola de sus recuerdos.
- Está abierto. - respondió Kara sin apartar sus ojos de la ciudad.
- Hola, veo que ya estás lista. - la saludó Alex y se acercó a su lado a observar lo mismo que Kara. - ¿Vamos para abajo?
- ¿Sabes? Una parte de mí quería pensaba que lo de la "purificadora de Gimina" era una exageración. - dijo Kara con media sonrisa triste.
- Vamos a compensarlos. Y vamos a quitarte ese horrible apodo. - la consoló Alex colocando su mano sobre el hombro de la rubia.
- Eso espero. - suspiró Kara.
*/*/*/*
La palabra que Kara usaría para describir la cena es "incómoda". La conversación básicamente la condujeron Lena y Alex. Estuvieron poniendo al día a Lex sobre las novedades en el sur con los judicios y cambios en la fe y el consejo. Pero todo ese entretenimiento no impidió que el hombre aprovechara cualquier excusa para lanzar comentarios contra la kryptoniana.
A la primera oportunidad que tuvo, la rubia escapó a su habitación. Por las ventanas podía ver el cielo totalmente oscuro y la habitación estaba iluminada por algunas lámparas de aceite repartidas por toda la habitación. Ela llegó unos segundos después explicándole que tenía la cama y su ropa lista para irse a dormir. Kara se lo agradeció y la despidió por lo que quedaba del día.
Necesitaba estar sola.
Se sentó a los pies de la cama. Colocó los codos sobre sus rodillas y escondió su cara entre sus manos. Suspiró.
Miró hacia la ventana. Las calles de la ciudad estaban iluminadas. Se podían distinguir las ruinas que ella había dejado atrás. Notó como la punzada de culpa que había sentido antes crecía y crecía en su pecho. Era casi asfixiante. Volvió a esconder su rostro.
Se volvieron a oír unos golpes en la puerta de su habitación. Ella solo quería estar sola. Kara no quería ni imaginarse la cantidad de visitas que sufriría si, en vez de tener la habitación más aislada, tuviera una en el pasillo.
- Está abierto. - suspiró Kara levantando la cabeza para ver quién era esta vez.
Lena entró por la puerta con una media sonrisa y vestida con ropa de cama. Kara bajó de nuevo la cabeza mirando al suelo entre sus pies.
- ¿Cómo estás? - preguntó la morena apoyándose en la puerta que había vuelto a cerrar detrás de ella.
- Estupendamente. - ironizó la rubia.
- Me imagino. Lex ha estado un poco desagradable.
- Eso es un eufemismo, Lena. - se quejó Kara mirándola.
- Lo siento.
- No es tu culpa, es mía. - respondió Kara quedándose un rato en silencio pensativa. - ¿Sabes? Las vistas de mis destrozos son espectaculares desde aquí. - añadió mirando la ventana.
- Kara, no te tortures. Eso está en el pasado. - dijo Lena acercándose a la rubia poco a poco para consolarla.
- ¡Está en el presente! - explotó Kara levantándose de golpe dirigiéndose hacia ella. - ¡¿O es que no lo has visto?! ¡El dolor que cause, la ruina que deje atrás, todo está ahí fuera! - seguía gritando mientras daba otros pasos más hacia delante.
- Se puede arreglar. - contestó la morena dando un paso hacia atrás asustada por el repentino cambio de actitud de la rubia.
- Sí, las casas se pueden reconstruir. Pero no borraras lo que hice. Maté a tus amigos. Maté a los Graves. ¿Cómo puedes perdonarme? - le preguntó ahora completamente derrotada.
Ese tono en la voz de Kara logró recuperar a Lena del susto.
- Kara, yo maté a gente que querías. - la intentó consolar. - Claro que al principio te guardaba rencor, pero he llegado a entender que el contexto nos forzó a hacerlo. Prefiero dejarlo todo atrás. ¿Cómo si no vamos a poder construir de nuevo Thera? - dijo con media sonrisa.
- Entonces, ¿por qué no me contasteis lo que te había hecho ese cerdo? - preguntó la rubia mirando el suelo. No era capaz ni de mirarla.
- Era complicado, Kara. - suspiró Lena. - Yo se lo pedí a Alex y Kal. Acababas de salir del calabozo. No quería que hicieras nada estúpido.
- No confías en mí. - murmuró Kara llevándose las manos detrás de la cabeza. Se irguió con expresión de dolor y empezó a pasearse por la habitación.
Lo que habían empezado con pequeñas punzadas de culpa se había convertido en un dolor atroz en su pecho. ¿Cuál era su papel allí? ¿Qué pintaba ella en toda esa historia? ¿Era solo la salvaje a la que se le tenían que ocultar las cosas porque no sabía controlarse? ¿Era la bestia que destruía ciudades? ¿Era una niñata molesta? ¿Qué era ella?
- Sí, amor. Claro que confío en ti. - oyó la voz de la morena entre esa nube de pensamientos.
- Mentira, Lena. Eso es una mentira. - escupió con rabia contra ella misma. - Lo peor de todo es que era evidente, pero no lo vi. Me siento idiota por no haberlo visto antes, por no haber podido cuidar bien de ti.
Kara se dirigió hacia la ventana y se apoyó con las manos contra su marco. No dijo nada. Respiraba entrecortadamente y con dificultad mientras veía las ruinas a sus pies.
- Kara, por favor. - dijo Lena acercándose a ella poco a poco.
Llegó a colocar su mano en su hombro, pero Kara se la apartó rápidamente y sin mirarla.
- No, Lena. Necesito estar sola.
Lena se quedó a su lado de pie y suspiró.
- Y yo te necesito, Kara. - confesó. - Y necesito contarte qué pasó, por favor. Kara, amor, escúchame. Tenía miedo de decirte lo que había pasado. Me pasé días encerrada en una habitación dándome asco a mí misma. Lo único que me mantenía cuerda era pensar que lo había hecho por ti. No soportaba ver a nadie. - le explicó del tirón casi quedándose sin aire. Sabía lo que estaba pensando la rubia y lo sentía en el alma. Pero eso no estaba bastando para hacerla reaccionar, así que continuó confesándose. - Alex lo supo porque fue quien me encontró de vuelta esa madrugada y curó las heridas. Kal lo supo por Alex. Nunca le conté nada. Si hubiera tenido elección, nadie lo habría sabido. No quería que nadie lo supiera.
Kara no dijo nada. Solo continuó en la misma posición.
Al cabo de unos instantes empezó a murmurar.
- Esos días, cuando Alex nos llevó hasta la capital, quería cuidar de ti y hacerte feliz. Y ahora descubro lo que tuviste que sufrir por mi culpa, Lena. Yo te hago daño.
- No es verdad, Kara. La guerra nos lo hizo. Pero eso se ha acabado. - dijo Lena. Esta vez agarró suavemente el brazo de la rubia y tiró de él. Cuando tuvo el suficiente espacio, se coló entre sus brazos y la abrazó. Kara no tardó en corresponder el gesto. Se quedaron así quietas un rato. - Después de tanto, ahora no te rindas.
- ¿Qué no me rinda? - se burló Kara triste. - Tampoco he hecho nada que merezca la pena. Por lo menos, nada que sea positivo. Mi nombre pasará a la historia como una asesina, una tirana. Solo soy la purificadora de Gimina. Mira la ciudad, Lena.
- Eso lo podemos cambiar. - respondió Lena apretando su agarre en el cuerpo de la otra. - Y sí que has hecho cosas positivas. Me sacaste de los calabozos de la capital, me mantuviste con vida, protegiste a mi gente en el hospital durante las revueltas. Salvaste muchas vidas, ¿lo sabes? Has hecho el bien y te queda mucho por hacer. Te necesitamos para sacar esto adelante.
- Da igual. No quiero hablar de ello.
- Como quieras. - suspiró Lena separando su cabeza del cuerpo de la rubia para poder mirarla. - Vamos a la cama, amor. Ha sido un viaje muy largo.
- ¿No vuelves a tu habitación? - preguntó confundida Kara separándose un poco más de Lena.
- Quiero estar aquí contigo. - respondió Lena como si fuera algo obvio.
- ¿Y Lex no se va a enfadar?
- ¿Por qué tendría que hacerlo?
- Somos las que tienen las habitaciones más separadas. No creo que sea casualidad.
- Quién sabe. - dijo Lena encogiéndose de hombros. - Lex sabe de sobras qué tipo de relación tenemos. No creo que piense que separar nuestras habitaciones unos metros más o menos cambie eso.
- Si tú lo dices… - respondió Kara un poco insegura.
- Deja de darle vueltas a esa cabecita tuya y descansa, Kara. - bromeó Lena saliendo del abrazo y tirando de la rubia hasta la cama.
Una vez tumbadas, Lena apoyó su cabeza sobre el pecho de Kara.
- Buenas noches. - le deseó la kryptoniana.
- Buenas noches, amor. - contestó Lena. Después se incorporó levemente para besar a la rubia y volvió a su posición.
*/*/*/*
Al día siguiente, la multitud que se agrupaba en la plaza empezó a ser tan grande que llegaba a extenderse por las calles cercanas. Era una marea de gente que no se cansaba. Estaban allí todo el día recordando a Kara el monstruo que era. Ella se los miraba desde su habitación. Evitaba bajar al resto de pisos del palacio a toda costa. No quería interactuar con nadie. Sentía vergüenza de ella misma. Quería estar sola para poder pensar en paz.
A Alex, eso le había quedado claro cuando la había visitado esa mañana y la había echado de malas maneras. Ela se encargó de subirle la comida y el vino para que se pudiera alimentar allí sola.
En cambio, Lena había bajado a desayunar junto a su hermano y había vuelto casi al atardecer. Por lo visto, había estado ocupada entre reuniones y visitas sociales. Cuando la morena llegó, Kara seguía mirando por la ventana. Por lo menos, pensó Lena con dolor, había rastros de que la rubia había estado entrenando y comiendo. No hablaron mucho. Kara no quería hablar. Solo se tumbaron y se pusieron a dormir. Esa noche, Kara rechazó cualquier gesto de cariño que Lena le había hecho. Eso le había dolido a la morena que comprendía el dolor de la rubia y que solo quería ayudarla, consolarla, pero la otra no la había dejado. Se durmieron esquinas opuestas de la cama.
Al segundo día, la multitud estaba más caldeada. Los gritos habían aumentado de tono. Ya no eran solo insultos. También eran amenazas. Habían quemado toda la comida de las tropas reales que había fuera de las murallas. Alex subió a informar a Kara de que había mandado las tropas a repostar lejos de allí bajo los consejos de Sam y los hermanos Luthor. La rubia simplemente asintió cuando escuchó las noticias y continuó con su encierro.
Cuando Lena volvió esa noche, intentó interactuar de nuevo con la rubia, pero actuaba igual o peor que la noche anterior. La morena no podía soportar el dolor de verla en ese estado y que no la dejará ayudarla. Esa fue la primera de muchas noches en la cual durmieron separadas en Gimina.
Para el tercer día, Lex y Sam tuvieron que sacar sus soldados a la plaza para echar a la multitud que empezaba a lanzar piedras contra el palacio. Esa misma tarde se convocó una reunión de emergencia de los gremios. Alex tuvo que arrastrar a Kara hasta la reunión.
Por lo visto, las reuniones de los gremios tenían su propia habitación reservada en el edificio. Era una gran sala con muros de piedra casi blanca. Sobresalía de las paredes un banco que rodeaba toda la sala. Había diferentes posiciones separadas por pantallas de madera. Encima de cada posición, había un tapiz con el símbolo de los diferentes oficios.
Esa era la primera vez que un kryptoniano había sido invitado a la reunión de los gremios después de más de veinte años. Alex la había advertido que debía comportarse. Los últimos y los primeros que habían tenido esa oportunidad habían sido sus propios padres.
Otra vez alguien sufría por miedo de que ella no se comportara en una reunión. ¿Tan baja era la opinión que todos tenían de ella?
Una vez estuvieron todos los líderes, empezaron. Básicamente la primera parte consistió en que Lena explicara las novedades de la corte, las nuevas leyes y las detenciones que se habían realizado. Por lo que contó la morena, la mayoría de los traidores habían sido ejecutados y todos sus negocios ahora eran propiedad de la Corona. Era la primera noticia que recibía sobre ello. Supuso que llegaron las noticias los días que ella había estado encerrada en su habitación o en el carruaje. Tampoco le importaba mucho.
- Todo eso está muy bien. Pero, ¿cómo nos beneficia todo esto? Me refiero a que, de momento, no hemos visto nada real que la Corona haya hecho para merecer la paz. - intervino un tal Morgan Edge. Era el líder del gremio de alquimia. Lena le había contado más tarde que fue el que sustituyó al tal Ben Lockwood después de que fuera ejecutado por el incendio de la taberna.
- La Corona se ha asegurado de que la antigua religión dote de los mismos derechos que el Raoismo. Hemos protegido todo aquel que la practica. Hemos realizado grandes esfuerzos para que la capital sea un lugar seguro para todos por igual. ¿Qué más quieres, Edge? - preguntó Alex.
- Todo eso son detalles muy bonitos, pero nuestra economía, nuestra forma de vida sigue estancada. No ha habido cambios en ese sentido. Los templos de la antigua fe robados por el Raoismo siguen sin ser devueltos. Los gremios prácticamente seguimos ocultando nuestra actividad para poder comerciar con el sur. Por no hablar de los baños que siguen estando prohibidos o de los prisioneros que siguen sin ser liberados. - enumeró el hombre.
- Son aspectos en los que tenemos que trabajar, pero es algo que el rey tiene previsto abordar. - se defendió Alex.
- ¿Cuándo? Porque creo que prácticamente todo su círculo de confianza está en Gimina. - respondió Edge señalándolas. - En vez de estar aquí, intentado aparentar compasión o arrepentimiento, deberíais estar en la capital arreglando todo esto.
- Edge, un poco de respeto. Recuerda que estás hablando con una de las dos grandes familias, los Danvers. - se burló Lex.
Una mujer del gremio de los granjeros se levantó y escupió en el suelo.
- Esto es lo que pienso de los traidores de los Danvers. - gruñó entre dientes mirando a Alex.
- Señoras y señores, ¿podemos comportarnos como personas? - intervino Sam. - Alex no tuvo nada que ver con la traición que sus padres perpetraron. Era una niña. Ella es tan inocente de ello como el resto de nosotros.
- Pero bien que nos cazó. - se quejó otro líder.
- No vamos a llegar a ninguna parte así. - intervino esta vez Lena. - ¿Qué queréis? ¿Qué volvamos a estar en guerra? ¿Volver a tener que ocultarnos? ¿Es eso lo que queréis?
- Queremos a la princesa lejos de Gimina y a la otra traidora, también. - contestó otra líder.
- La princesa Kara ha venido en son de paz y para mostrar al resto de raoistas cuál es el camino a seguir. - la defendió Lena. - Vosotros no estuvisteis en la capital cuando los radicales atacaron a nuestra gente. La princesa nos protegió y luchó contra su apodo. Ella no se siente orgullosa de lo que hizo y si está aquí es para remendar sus errores.
- Tiene un largo camino por delante. ¡Por Thera! - dijo Morgan Edge dando por acabada la reunión. Se levantó y se fue. El resto de líderes siguieron su ejemplo.
- Bueno podría haber ido peor. - suspiró Lena en cuanto estuvieron a solas los cinco.
- Sí, podrían haber pedido su cabeza clavada en una pica. - bromeó Lex mirando a Kara. - Consideraos afortunada.
Lena le lanzó una mirada cargada de rabia, pero Kara solo se levantó y se marchó sin decir nada. Tanta reunión le había dado sed, así que pidió a Ela que le subiera una jarra de vino.
*/*/*/*
Kara había perdido la noción de los días que llevaba allí encerrada. Solo sabía que Ela la visitaba para traerle la comida o el vino que pedía la rubia.
Kara creía recordar que Alex y Lena habían ido en algún momento de algún día, pero no estaba segura.
Estaba sentada en una silla colocada delante de uno de los ventanales. Tenía una jarra en la mano, pero estaba casi vacía. Tenía que pedir a Ela que le subiera otra.
Desde allí, podía ver el lugar donde estaba situada la antigua taberna. James… Recordó como ella le había ordenado ir allí. Si hubiera ido ella misma en vez de ir él…
Cerró los ojos y dejó que los recuerdos de momentos con James invadieran su mente empujados por el vino.
*/*/*/*
Lex y Lena se encontraban sentados en los sofás en frente de la chimenea encendida cada uno con un vaso de licor en sus manos. Durante las dos semanas que habían pasado en Gimina, había refrescado bastante y el frío del otoño ya se había instalado en Gimina.
- ¿Estaba buena la cena? - preguntó Lex con curiosidad.
- Sí, ¿por qué? - respondió Lena desconfiada.
- Tranquila, no te pienso envenenar. - rio él. - Le he pedido al cocinero que preparara comida típica de Daxam.
Lex dio un pequeño trago de su bebida ocultando media sonrisa.
Lena bufó. Sabía perfectamente qué era lo que quería su hermano.
- Por enésima vez, no me voy a casar con el príncipe Mon-El. - aseguró Lena y dio un sorbo a su licor.
- Como quieras. - respondió él encogiéndose de hombros. - Solo era que, puestos a estar con un idiota, por lo menos cásate con uno que pueda llegar a ser rey.
- Prefiero a Kara antes que cualquier corona, gracias.
- Sí, Kara ha demostrado ser un gran partido. Espero que en vuestro futuro hogar tengáis una bodega más grande que la de aquí. Prácticamente se ha acabado todo el vino que teníamos. Espero que el próximo cargamento llegue pronto o moriremos de sed. - se burló empezándose a reír.
- Muy gracioso, Lex. - respondió de forma irónica completamente seria. Empezaba a sentirse ofendida.
- No, en serio. - continuó volviendo a ponerse serio. - ¿Ha decidido ya la princesa como va a pagar por todos sus errores o espera encontrarlo en el fondo de la jarra de vino? Que la gente haya dejado de acumularse en las puertas del palacio no significa que todo esté solucionado.
- Estamos organizando un plan. - mintió Lena.
- Ya, te he estado observando. No has estado pasando tiempo con ella. Bueno, solo el vino ha estado pasando tiempo con ella.
- Kara necesita reflexionar. - la defendió.
- Pues que reflexione pronto, Lena. Si no hace nada, no pintáis nada aquí. Os tendré que echar de la ciudad. - sentenció Lex.
Lena se quedó en silencio pensando mirando las llamas. Tenía que conseguir que su hermano diera una oportunidad a Kara y confiara en ella. Quizá una confesión por su parte iba a comprar algo de tiempo a Kara, por mucho que le doliera hablar de ello.
- Kara asesinó a la Voz. A sangre fría. Sin juicio. De hecho, lo torturó hasta la muerte. - explicó y dio un sorbo a su bebida sin separar la vista del fuego.
- Oh, por fin la dulce verdad. - oyó mofarse a Lex.- Típico de los kryptonianos. ¿Por qué no me sorprende?
- La Voz me violó. Cuando Kara lo supo… Bueno, ya te puedes imaginar. - le respondió mirándolo.
- ¡¿Qué la Voz hizo qué?! - gritó Lex poniéndose de pie furioso.
- No te alteres. Kara ya hizo el trabajo sucio por ti. - le dijo Lena tranquila. Decidió que en ese momento lo mejor que podía hacer con su alcohol era bebérselo de un trago. Y así lo hizo. No estaba disfrutando del tema de conversación.
- Eso es una pena. - respondió Lex otra vez calmado y sentándose en su sitio. - Debería haber dejado eso para los profesionales como yo.
- Ves. Parece que tenéis más en común de lo que te piensas.
- Sigo sin ganarle simpatía. Por una vez, solo hizo lo correcto.
- Vaya, escúchate. Un kryptoniano haciendo lo correcto. - se burló Lena.
- ¿Dónde está tu punto, Lena?
- Te pido que tengas paciencia y que nos des más tiempo. - le pidió. - Kara es mejor persona de lo que ha demostrado aquí. Solo necesita la oportunidad.
- Eso me lo puedes decir a mí si quieres. Pero no cambia el hecho de que la gente seguirá queriendo su cabeza.
- Lo solucionaremos. - prometió.
- Lena, querida hermana, a veces eres demasiado optimista. - respondió Lex y se acabó su bebida de un trago también.
*/*/*/*
- Alex, ¿hay novedades sobre los prisioneros? - preguntó Lena a la Danvers que acababa de entrar al despacho de Sam.
Las dos norteñas habían estado repasando algunos documentos hasta que llegó la otra.
- Llegaran en un par de días. - asintió Alex cruzándose de brazos. - Las tropas que los acompañan ya han recibido las órdenes de llevarlos hasta las puertas de la ciudad y dejarlos allí sin llegar a entrar.
- Bien. Esperemos que esto nos haga ganar más tiempo. - suspiró Sam. - Aun no entiendo como habéis conseguido arrastrarme hasta esto.
- Porque en el fondo también te cae bien Kara y quieres su bien tanto como nosotras. - rio Lena.
- Bueno no compares lo que me importa a mí y lo que os importa a vosotras dos, su hermana y su… ¿amante? ¿Qué sois realmente? - le preguntó Sam confundida.
- Por favor, es mi hermana. - se quejó Alex. - Estos temas cuando yo no esté presente.
- Danvers, has pasado demasiado tiempo con kryptonianos. - se burló Sam.
Alex se puso roja y se volvió hacia Lena ignorando a la otra.
- ¿Has hablado con Kara? - preguntó la Luthor.
- Lo mismo de siempre. - respondió Alex encogiéndose de hombros. - Hoy he intentado entrenar con ella, pero me ha dicho que ya había entrenado hoy y que estaba cansada. Pero me he dado cuenta que su equipo lleva en la misma posición desde hace días. No los ha tocado.
- Así que va a peor. - murmuró Lena derrotada. No podía soportar ver a la rubia en ese estado.
- Sí. Yo he intentado todo lo que está en mi mano, Lena. Quizá tú puedes hacer que reaccione. Se supone que tiene que ir a la inauguración de la legalidad de los baños. Es en dos días.
- Vete haciendo a la idea de que tendrás que ir tú y no, Kara. - le avisó la Luthor.
- No, por favor. - lloriqueó Alex. - No sé ni que se supone que tengo que hacer allí.
- ¿Es que en el sur no se limpian? - preguntó Sam a Lena sorprendida.
- Si yo te contara… - murmuró Lena llevándose las manos a la cara de forma dramática.
- Estoy aquí, gracias. - dijo Alex llamando la atención de las otras dos.
- Hagamos una cosa, si no consigo que vaya Kara conmigo, vas tú con Sam. - sentenció Lena.
- ¿Cómo? ¿Por qué? No, no… No me parece un trato justo. - respondió nerviosa la Danvers.
- Venga, Alex. - se rio Sam. - Que lo de los kryptonianos lo decía en broma. Si rezas a nuestros dioses, tienes que utilizar nuestros baños.
- Una cosa no tiene nada que ver con la otra. - aseguró Alex.
- Tienes que theranizarte otra vez. - se burlaba Sam.
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Lena entró despacio en la habitación. Kara estaba sentada en el suelo mirando hacia la ventana. Tenía la espalda y la cabeza apoyadas contra la cama. Todo su pelo rubio se expandía desordenado desde su cabeza por todo el colchón.
- ¿Ya han organizado como van a ejecutarme? - se burló Kara dando un trago a su copa vacía. Cuando se dio cuenta que no había líquido allí dentro, se alargó hasta la jarra que tenía cerca.
- No, todavía no. Pero a este ritmo, no les falta mucho. - le contestó Lena acercándose hasta ella.
- Vaya, y yo que pensaba que iban a ser más rápidos. - dijo Kara dándole un trago directamente de la jarra. El líquido tampoco llegó a su boca. Confundida, miró la jara y vio que también estaba vacía. Esto con Barry no pasaba. Lanzó la jarra y, luego, la copa por los aires y quedaron perdidas por el suelo de su habitación.
- Hemos estado cubriendo tus espaldas. - le echó en cara la morena.
- No teníais por qué. - rio la rubia.
- Sí, sí que teníamos. Tienes cosa que hacer, Kara. - la riñó.
- Me he retirado, no voy a quemar más casas. - bromeó Kara.
- Kara, ¿te estás escuchando? Tienes la oportunidad de arreglar tus errores y prefieres encerrarte aquí para beber. - dijo Lena con dolor. Notaba como las lágrimas empezaban a acumularse en sus ojos.
- Veo que lo vas pillando. - dijo divertida Kara.
- Esta no eres tú, Kara. Por favor, reacciona. Por Alex, por Kal, por mí. Sal de este pozo. - le rogó la morena arrodillándose a su lado, pero Kara ni tan siquiera la miraba.
- No lo entiendes, Lena. Lo mejor que puede pasar es que muera aquí. El norte toma su venganza y yo pago por mis errores. Todos ganamos.
- No puedo creer que estés diciendo esto. - le respondió derrotada negando con la cabeza.
Lena se fue corriendo intentando evitar que Kara viera sus lágrimas caer. Tampoco lo hubiera visto. No la había mirado ni una vez.
Kara se quedó mirando la puerta una vez Lena se fue. Otra persona que salía herida… Realmente era un monstruo.
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Ela entró poco a poco sin hacer mucho ruido, como siempre.
Kara veía que el cielo estaba anaranjado así que era primera hora de la mañana o última hora de la tarde. No estaba muy segura.
La mujer mayor cambió la jarra vacía por una llena que dejó encima de la mesa y se acercó de nuevo a la puerta dispuesta a irse.
- Dime, Ela. - la interrumpió la rubia. - El resto de Gimina me demuestra lo mucho que me odia. ¿Por qué tú no? - preguntó Kara que seguía sentada en el suelo mirando la ciudad.
- Mi trabajo consiste en servirle, no en odiarle, señora. - explicó tranquila la mujer.
- Pero me odias. - dijo Kara con media sonrisa.
- Os guardo rencor, sí. Mi hija y mi yerno perdieron el trabajo y la casa el día que vos los descubristeis. No hay trabajo en la ciudad para ganar lo suficiente para reconstruirla. Ellos viven conmigo y mi marido. Soy la única que lleva dinero y comida a casa. Así que voy a seguir haciendo mi trabajo, aunque os guarde rencor, por ellos.
- ¿Me quieres muerta? Solo soy un monstruo que destruyó vuestra ciudad. - insistió Kara echando la cabeza para atrás y mirando a la otra.
Ela se quedó unos instantes en silencio observándola.
- Con todo el respeto, señora, pero ahora solo parecéis una borracha lamentable. - le respondió sincera. - La señorita Lena dice que queréis arreglar lo que nos hicisteis. Yo prefiero que lo cumpláis y volver a tener comida para todos sobre la mesa. Y xvestra muerte no va a solucionarlo.
- Lo que hice no se puede deshacer. - lamentó Kara.
- No, las llamas lo consumen todo. - reflexionó Ela. - Todo lo que se perdió, no volverá. No os estoy diciendo que devolváis todo al punto donde estaba.
- ¿Entonces qué es lo que quieres? - preguntó Kara confundida levantándose y agarrando la jarra llena para llenarse la copa.
- Somos un pueblo que hemos podido vivir sin vosotros, sin Krypton, todo este tiempo. No necesitamos mucho para renacer. Supongo que solo necesitamos un empujoncito para empezar a subir esta cuesta.
- Un empujoncito, ¿eh? - rio Kara dando un trago.
- Sois más útil para Gimina fuera de esta habitación haciendo lo que promete la señorita Lena que aquí compadeciéndoos y bebiendo. Sí, la ciudad piensa que sois un monstruo. Si tanto os duele, cambiadlo.
- Ni que eso fuera tan fácil. - se burló Kara.
- Todo empieza por pequeños gestos. Por ejemplo, esto me lo voy a llevar. - dijo Ela quitando la jarra de las manos de Kara. - Si queréis vino, lo vais a buscar a la cocina.
- ¿No se supone que estás para servirme? - rio Kara.
- Sí, pero usted no es quien me paga. Estoy segura que la señorita Lena me doblará el suelo por esto. - rio Ela como respuesta mientras se marchaba.
¿De verdad era posible compensar lo que había hecho?
