Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Capítulo 37
Rukia
3 meses más tarde.
Toco a la puerta de Kaien y entro con un montón de dosieres. Está hablando por
teléfono, al verme me señala su mesa para que los deje sobre ella y luego me hace un
gesto para que espere. Aunque no me lo hiciera, no pensaba irme sin decirle algunas
cosas.
—¡Soluciónalo!, no me valen las escusas. Te pago para que hagas tu trabajo —
cuelga y me mira—. ¿Has encontrado lo que te pedí?
—Sabes, empiezo a entender por qué todas las secretarias que contratas no te duran
ni una semana. ¿Eres consciente de la cantidad de trabajo que esperas de una sola
persona? ¡Si no he tenido tiempo para tomarme un maldito café y es la hora de comer
ya. Estoy desmayada, Kaien, por tu culpa.
—Lo siento —me dice, muy serio—. Pero no creo que sea tan difícil seguir mi
ritmo.
—No, no es difícil, ¡es humanamente imposible! porque tu ritmo no es el de una
persona normal. Necesitas descansar. Y te lo digo enserio.
Kaien me mira, dejando claro que no me meta en sus asuntos, mientras yo recuerdo
cómo he acabado aquí. Cuando se fue Ichigo, hice la maleta decidida a irme. Recogí
todo y estaba a punto de hacerlo cuando la familia de Ichigo entró en mi piso con las
llaves que Ichigo había dejado. Les había llamado para decirles que se iba y que no
podían dejar que me marchara. Masaki, su marido y los mellizos vinieron casi
corriendo y hasta Kaien estaba ahí para convencerme. Mientras Masaki me decía por
qué no podía irme y que si lo hacía me pensaba encontrar fuera a dónde fuera, Yuzu
y Ashido deshacían mi maleta sin que me diera cuenta. Cuando Masaki acabó de hablar
me miró a los ojos, me abrazó y me dijo:
"No eres la única que tiene ganas de matarlo, y que está enfadada con él. Sé que
lo quieres y que entiendes por lo que estoy pasando. Aunque Ichigo piense que no
sabemos nada, a una madre no se le escapa una y sé que Ichigo cuando está en la
ciudad, hace cosas lo suficientemente importantes como para engañarme y que no
sufra. Si te importo, no me dejes sola esperando a que vuelva. Si no lo quieres lo
suficiente, pese a que me dolerá perderte, entenderé que te quieras ir...
"No sé qué vería en mis ojos para que dijera eso. Tras su abrazo se marcharon
dejándome sola para pensar. Fui a coger mi maleta y me di cuenta de que estaba casi
todo recogido. Me senté observándola y sintiendo que, por primera vez, lo que tenía
no cabía en una simple maleta y que eran cosas que si me iba tal vez las perdiera para
siempre. Tenía algo parecido a una familia. Y a Ichigo, aunque aún no sabía qué hacer
con respecto a él.
Conforme pasaron los días y volví a la rutina, me di cuenta de que en verdad no
podía irme sin saber si Ichigo estaba bien. Sin que regresara de una pieza, sano y
salvo. Me quedé sólo para asegurarme de que estaba bien y luego irme. Al final, con
el paso de los días, acepté que en verdad me quedaba porque lo amaba con toda mi
alma y la idea de irme se me antojaba imposible.
Durante el día el estar rodeada de gente o en la librería hacía que me distrajera pero,
por las noches no podía dormir pensando en si Ichigo estaba bien. Su misión es tan
peligrosa que apenas puede llamar a Kaien o a Byakuya para decirles cómo está. A
los pocos días de irse Ichigo fui a la comisaría a buscar a Byakuya ya que me había
llamado para decirme que él sabía si Ichigo estaba bien y que si quería saberlo se lo
preguntara. Y, desde entonces, he ido a verlo a comisaría a menudo para saber de
Ichigo. Al final, Byakuya decidió pasarse por las tardes por la librería e informarme
cada día y su visita me aliviaba, y a Masaki también. Byakuya me cae muy bien, es un
buen hombre. Aunque a veces me observa de una forma que no sé cómo identificar.
Le gustan los libros de misterio y ha comprado varios que luego me comenta. Lo que
empezó como una visita rápida ahora es una visita esperada donde hablamos de todo
un poco. Y mientras hablo con él y observo sus cálidos ojos castaños, siento que no
pasa nada, que si hubiera pasado algo, lo sabría y sólo por eso instantes tengo un poco
de paz. Pero por las noches no puedo acostarme sin mirar internet y ver todo lo que se
dice de la banda de ''Arrancar'', y todo es espeluznante. He leído tantas cosas sobre
ellos para saber de Ichigo que ahora anoto las que me parece más importantes.
Últimamente están cogiendo a varios de los suyos porque están cometiendo errores.
Esto sólo puede hacer que el jefe de la banda esté nervioso por si alguno de estos lo
delata, si es que lo conocen... o porque tendrá que meter a nuevos componentes para
que no disminuya su fuerza. Sea como sea, no creo que las cosas allí sean fáciles y
Ichigo está en el ojo del huracán.
Lo hecho terriblemente de menos. No he podido subir a su casa desde que se fue.
No puedo.
Observo a Kaien, quien en este tiempo se ha trasformado en alguien más serio y
sólo vive por y para el trabajo. Si ya cuando lo conocí lo era, tras lo de su esposa lo
es aún más y más sabiendo que la historias de Ichigo es la misma que la suya. Que de
niño tuvo que ver como su padre lo apuntaba con un arma. Kaien trató de tomar otro
comino, de pensar que la vida no era como Ichigo creía y todo le ha salido mal, y esto
ha hecho que ahora piense que no merece la pena arriesgarse por nadie. Todo esto me
lo cuenta Masaki, que ahora que sabe que lo sé todo de su hijo se desahoga conmigo y
yo con ella, la verdad.
Al poco de irse Ichigo la secretaria de Kaien se jubiló y desde entonces Kaien
busca secretaria pero ninguna le dura ni una semana. Yo hace dos meses acepté la
propuesta de Masaki de quedarme en la tienda a tiempo completo y trabajar allí, donde
era más feliz, y Yuzu quedarse en mi lugar, ya que cada día se adapta mejor. Kaien
me dio la opción de subir de nivel en su empresa en un puesto mejor, pero al final
elegí quedarme en la librería. Pero viendo que las secretarias no le duran ni medio
telediario, vino a buscarme hace un mes para pedirme que fuera su secretaria hasta
que encontrara una, palabras textuales; "que no se fuera llorando a la primera de
cambio bajo el abrigo de su madre".
Cuando le dije que por qué yo me dijo:
"Tú no me ves como un dichoso mito erótico. Ni te gusto, ni me gustas y estás
enamorada de mi hermano. Y sólo aceptas por tu trabajo. Estoy harto de que la
gente acepte este trabajo por cuestiones equivocadas".
—Ponte una máscara —lo piqué y me pareció ver algo parecido a una sonrisa en
sus ojos.
—Te necesito, Rukia.
—No sé si seré capaz de soportarte.
—Soportas a Ichigo, que es peor que yo...
—No, tú eres peor que Ichigo —Kaien me miró, a la espera-. ¿Y qué hago con mi
trabajo?
—Yo me ocupo —dijo Masaki—. Y cuando Kaien encuentre una secretaria que no se
quieran meter en su cama, vuelves.
—Está bien, pero te advierto que no te pienso pasar ni una y que como algo no me
guste te lo diré seas mi jefe o no.
—Por eso sé que lo harás bien.
Kaien se fue sin decir nada más.
—Es un huraño; prepárate, Rukia. Kaien últimamente se olvida de que los seres
humanos tienen necesidades.
Y así es. Kaien no para de trabajar. No descansa, es insaciable. Nunca tiene
suficiente y tienes que seguir su ritmo. Un ritmo inhumano. No para de pedir, nunca
está conforme y es muy exigente. Conclusión; que más de una vez lo he mandado a la
mierda y he tratado de irme. Y digo tratado, porque al final Kaien viene tras de mí y
me dice que lo siente con esa mirada que me ponía Ichigo y no puedo negarme.
Así que aquí estoy, soportando al tirano de mi jefe al que, aunque no se lo diga,
aprecio mucho y sé que si llegara a conocerlo tanto como a su familia, lo querría
como a ellos.
—Te dejo que subas a la cafetería y pidas lo que quieras a mi nombre. Ahora
llamaré.
—Es lo menos que puedes hacer por tener que soportarte. Por cierto. ¿Cómo han
ido las entrevistas?
—Mal, fatal, mejor dicho. Creí que tenía a la adecuada, una mujer de cuarenta y cinco
años con dos hijos y un currículum excelente. Pero entonces se desabrochó el botón
de la blusa cuando creía que no me daba cuenta...
Me entra la risa.
—Yo no lo veo la gracia.
—Lo de la careta no sería mala idea. O contratar a un hombre.
—También lo he intentado. Y nada. No soy tan tirano.
—Eres insaciable y no paras. Me tienes agotada.
—Y consumida, por lo que veo. ¿Acaso no comes, Rukia?
He perdido varios kilos desde que Ichigo se fue, no me entra la comida, tengo un
nudo en el estómago por todo esto. Y aunque no dejo de comer obligada, no consigo
disfrutar de ello y acabo por comer poco.
—Sí que como, y te pienso dejar sin dinero con todo lo que me voy a pedir en la
cafetería.
—Rukia, no vuelvas a quedarte sin almorzar. Vete, y si te exijo mucho me mandas a
la mierda, que es algo que se te da muy bien.
Sonrío y asiento.
—Voy a comer y ahora bajo a terminar con el trabajo y, por cierto, lo que me has
pedido está en tu correo. Estos informes sólo eran para que vieras entre cuanta
información he tenido que sacar lo que me pedías. Y no soy un robot leyendo.
—Podrías quedarte para siempre en ese puesto. No entendemos bien.
—Ya, cuando no quiero matarte sí, pero no, mi sueño siempre fue tener una librería
con cafetería y mientras no puedo costearme una, prefiero aprender del oficio.
—Ve a comer algo —dice, tras asentir y aceptar que sólo estoy de paso por aquí.
Subo a la cafetería tras recoger mis cosas y cojo un menú para ver que quiero. Lo
bajo cuando el camarero se acerca con varios platos de comida.—Yo no he pedido esto.
—El jefe ha llamado y lo ha pedido para ti. Y me ha dicho que te dijera que es una
carne muy cara y que si te dejas algo en el plato te lo descontará de tu sueldo.
—Nuestro jefe es un tirano —se ríe, a entendido que lo decía en broma y ambos
sabemos que Kaien no me descontará nada.
—Disfruta de la comida —asiento y observo los platos que tengo ante mí. Me llega un
mensaje de Kaien:
Digo enserio lo del sueldo, por si lo has dudado. No te dejes nada.
Me lo como todo sin ganas pero tratando de disfrutar de esta buena comida. Estoy
esperando el café cuando alguien se sienta a mi lado. Me giro y veo a Yuzu con la
cara descompuesta.
—Es horrible...
—Ichigo... —empiezo a decir, alterada.
—No, no, lo siento Rukia. Es otra cosa —me relajo—. Es por el nuevo fotógrafo, el
que va a sustituir a Renji.
Renji se fue hace quince días a otra empresa, seducido por una oferta mejor y
aunque Kaien se la igualó no quiso quedarse. Desde que empecé con Ichigo, Renji se
había distanciado bastante de mí. Yuzu pensaba que era porque le gustaba, yo no lo
veía así. Pero sea cual fuera el motivo, eso hizo que cuando se fuera y que nuestra
despedida fuera tensa. Me invitó a su cena de despedida y fui con Ashido, pues Yuzu
no quiso apuntarse. Renji casi no me habló y cuando se despidió de mí dijo:
"Si no te digo esto reviento y total ya no importa —lo miré sabiendo que lo que
me iba a decir no me gustaría—, pensé que no eras una oportunista caza maridos.
Me equivoqué. Que te aproveche el señor Kurosaki".
Su palabras me hicieron ver el motivo del distanciamiento y que me había
equivocado mucho con él si pensaba que de verdad no estaba con Ichigo por algo más.
Una vez más alguien que había creído sincero y buena persona me demostraba que en
esta vida las personas tienen más de dos caras y que una de ellas es posible que te
defraude.
—Es por Jinta —miro a Yuzu, regresando al presente y olvidándome de Renji y
de sus dañinas palabras—. El chico del que te dije hace tiempo que había estado
enamorada.
Asiento. Hace un tiempo me contó lo de su primer gran amor y que aún no había
podido olvidarlo del todo.
—¿Y qué pasa con él? —el camarero trae mi café y Yuzu le pide otro igual.
Yuzu saca su móvil y busca una foto. Me muestra a un joven de más o menos mi
edad con el pelo rojizo, ojos oscuros y lleva una cámara en la mano. Es muy guapo.
—Gracias —dice Yuzu al camarero que le acaba de traer su café—. Es amigo de
Ashido del instituto. Iban juntos a clase, aunque Jinta es una año mayor que nosotros.
O casi dos, porque el cumple los años en enero y nosotros en diciembre.
—¿Y no iba tu clase?
—No, en el instituto nos separaron para que yo me relacionara más y ya sabes lo
maravillosamente bien que me fue —ironiza—. Desde que entré al instituto Jinta me
llamó la atención. Y cuando se hizo amigo de Ashido y venía a casa, los espiaba en
secreto. Me encanta todo lo que descubría de él... menos su novia. Salía con una
idiota del instituto. Yo sabía que no era para mí y quería olvidarlo. Por eso cuando...
bueno ya sabes lo tonta que fui cuando me dejé seducir.
—Tú no fuiste tonta, fue él.
—Sea como sea, tras eso yo dejé varios meses el instinto y estudiaba en casa y
cuando volvimos a vernos, la distancia entre los dos era mayor. Yo pensé que era
porque pensaba lo mismo que el resto. Y me dolió que lo hiciera. Él dejó de venir a
casa y se distanció de Ashido. Hasta que Ashido le dijo que él no tenía la culpa...
—¿Y por qué iba a tenerla? ¿Acaso era uno de los que apostaron?
—No, era el hermanastro de quien me lo hizo... yo no lo sabía. No se parecían en
nada y no fue hasta que fuimos al juicio que lo vimos junto a su madre y el padre del
que me había hecho aquello que atamos cabos y todos supimos en el instituto que eran
hermanastros porque sus padres se casaron cuando eran pequeños.
—¿Y pensaste que había tenido algo que ver?
—No, si no Ashido le hubiera dado una paliza y Ashido lo buscó tras saber de quién
era hermanastro y hablaron, no sé de qué, pero siguieron siendo amigos. Ashido nunca
le hubiera perdonado algo así. Pero yo ya no estaba para habar con nadie. Y cuando
un día se sentó a mi lado en el patio, le dije que se marchara y me dejara en paz. Y fin
de nuestra historia. Luego se fue a la universidad y compaginó los estudios de diseño
y artes gráficas con los de fotografía. Después de acabar la carrera se fue a ver el
mundo tras su objetivo. Han publicado varias de sus fotos en famosas revistas.
—Y ahora ha vuelto.
—Al parecer se ha cansado de ir de un lado para otro y quiere sentar cabeza junto a
su novia aquí. Ashido le propuso trabajar para nosotros y aceptó. Será quien sustituya a
Renji.—Y a ti te gusta.
—No lo sé. Nunca hablamos lo suficiente para que pudiera llegar a amarlo... pero
sentía una atracción hacia él que nunca he vuelto a experimentar con nadie.
—Te entiendo. Es lo que me pasó con Ichigo desde que lo vi.
—La diferencia es que Ichigo es tu novio...
—No, ya no lo es —se lo he dicho muchas veces pero es tan cabezota como su
madre, que no acepta que Ichigo y yo ya no estamos juntos—. Lo dejamos antes de que
se fuera. Le dije que si se iba, lo nuestro acababa.
—Ya por eso Ichigo llamó a mi madre a pedirle que no te dejara ir. Ichigo nunca
había pedido nada.
—Ya hemos tenido esta conversación muchas veces. Él es libre y puede hacer lo
que quiera...
—¿Y soportarías que estuviera con otras?
—O yo con otros —Yuzu me mira sabiendo que yo no he hecho ni haré tal cosa.
—Deja de engañarme, sé que lo estás esperando.
—¿Y de qué sirve? Si de verdad le importara, se hubiera puesto en contacto conmigo
de alguna forma...
—A Kaien siempre le pregunta por ti.
—Le pregunta si sigo aquí, sólo eso.
—Rukia... ya sabes que donde está mi hermano no es un patio de recreo —dice,
muy bajito y tras comprobar que no hay nadie cerca.
Asiento, pues aunque no sepan la verdad de todo si saben que es peligros y con eso
les basta para preocuparse con Ichigo.
—No, no soportaría saber que ha estado con otras en este tiempo. Todo esto hace
más dura su ausencia.
—Te entiendo, Rukia.
Nos terminamos los cafés y me acompaña a mi puesto para ayudarme con el trabajo
que me queda. Kaien cuando ve a su hermana, en vez de decirle que se vaya, le pide
que haga unas cosas. Este hombre es insaciable. No puede seguir a este ritmo de vida.
Cuando llego a casa estoy agotada. He estado esta tarde en la libraría, necesito estar
allí para sentir esa paz que me proporcionan los libros. No he terminado de quitarme
las zapatillas cuando me suena el móvil. Al ver que es Kaien me tenso por si sabe
algo de Ichigo.
—Hola. ¿Está Ichigo bien?
—Supongo que sí, te llamo como jefe.
—Te pienso cobrar un plus por disponibilidad. ¿Qué quiere mi jefe, el incansable?
Seguro que sigues en la oficina.—No seas tan cotilla como mi madre —me dice con voz cansada
Quiero que prepares una maleta para mañana, tenemos que hacer un viaje, pasaremos noche allí.
Te recojo a las ocho en tu casa. No tardes.
—Te recuerdo que los sábados por la mañana trabajo con tu madre...
—Ya está todo solucionado.
—Kaien manda, Kaien dispone. Está bien —le digo, resignada—. Nos vemos mañana.
A la mañana siguiente, cuando Kaien pasa a por mí, ya estoy en la puerta lista para
irnos. El viaje lo hacemos repasando la reunión. Me pone triste porque me recuerda a
la reunión a la que fui con Ichigo.
—Rukia —me dice Kaien cuando me quedo en silencio—. Céntrate.
—Sabes que hago bien mi trabajo, no me agobies.
No dice nada y seguimos hablando de la reunión.
La reunión es todo un éxito y Kaien cierra el trato de la reunión de por la mañana.
Comemos con unos conocidos de Kaien y luego vamos a otra reunión que consigue
cerrar con un buen contrato pero tras sudar tinta. Ver trabajar a Kaien me gusta mucho.
Es muy competente y sabe lo que hace, lo que está haciendo que poco a poco la gente
se olvide de su padre y se centren en el buen mandato de Kaien. Llegamos a nuestro
cuarto al hotel. La habitación de Kaien está frente a la mía y el hotel es está algo
alejado de la ciudad. Es una zona tranquila.
—Voy a pedir que me suban la cena a la habitación, aunque si lo profieres bajamos
a cenar.
—Ya he tenido suficiente de ti por hoy —bromeo.
—¿Se te ha pasado el dolor de cabeza?
—Sí, esa aspirina que me dieron ha hecho milagros.
—Me alegro. Buenas noches, Rukia, y mañana no tengas prisa en levantarte.
Asiento y agradezco tener algo de tiempo para descansar. Aunque sé que no podré.
No hasta que Ichigo regrese. Entro en el cuarto y enciendo la luz. Me quito los tacones
y la chaqueta y es entonces cuando siento que no estoy sola. Que alguien me está
mirando. Me pongo alerta y pienso en salir corriendo, hasta que alzo la vista y mis
ojos se encuentran con unos amados ojos ámbar que conozco muy bien. Ichigo.
