Advertencia: alto contenido sexual
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Las manos recorrían su piel canela centímetro a centímetro.
No eran dos manos, ni cuatro, ni seis, eran un total de ocho manos que la tocaban por todas partes. Cálidas y grandes manos se fundian sobre su cabello, otras vagaban por sus piernas, unas apretaban con fuerza sus muslos mientras las otras sujetaba su cuello y cadera al unísono.
El ambiente era espeso, las sábanas se pegaban a su piel ya sudorosa. Un olor a menta, miel, chocolate y jazmín inundaban sus fozas nasales que jadeaban por las sensaciones que producían el tacto sobre ella.
Una mano pasó directamente a sus pliegues húmedos y comenzó a frotar con fuerza sobre ella. Su visión se nublaba, apenas podía ver los rostros a su alrededor, y a pesar de eso, el sólo hecho de tocar cada cuerpo la hacía saber quién era quién, en medio de la oscuridad de la habitación.
La gran mano de Marcus tiró su cabello, hundiendo sus labios en el hueco de su cuello mientras subía y bajaba a lo largo de su barbilla, pasando por su garganta, para terminar en su pecho.
Theodore en cambio, era tan suave, sus toque era lento y conciso, acariciando lentamente la parte superior de su vientre, brillando por el pequeño rayo de luz que entraba por una de las ventanas.
Un dedo paso sobre su punto más sensible, bajando desde el monte de venus hasta el comienzo de su zona, palmeando y haciendo firmes círculos sobre ella. Los dedos eran ásperos y duros, y sólo por ello logró divisar a Blaise.
Y cuando la calidez de una lengua se introdujo en su interior, haciendo que su espalda se arqueara sobre la cama en la que yacía completamente desnuda, vio el cabello rubio de Draco entre sus piernas, mirándola con regocijo a cada lamida de su dulce humedad.
Gemidos era todo lo que lograba salir de su boca. Ella necesitaba más. No le bastaba que solo la tocaran, necesitaba sentirlos más cerca aún.
Draco se separó de su entrepierna y, como si todo estuviera perfectamente planeado, los cuatro giraron de ella, Uno al frente, otro atrás, y dos contemplando la imagen con ojos brillantes y llenos de lujuria.
Nunca se había sentido tan llena de extasis. Jamás había pensado que esto pudiera llegarle a pasar. Y lo peor era que no estaba arrepentida para nada.
Sintió la mano del que parecía ser Draco, subir por su espalda, sus dedos entrelazandose entre sus castaños y enredados mechones de pelo para tirar con fuerza de su cabeza, dejándola a plena vista de Marcus, que la miraba con tanto deleite que sentía que su corazón podría salirse en cualquier momento.
Él tomó su barbilla, y esperaba que la obligara. Que des sus labios salieran las palabras tan posesivas que le gustaba soltar cuando estaba con ella. Pero en cambio, sólo la embistió. Follaba su boca con tanta brusquedad que las lágrimas comenzaron a inundar sus ojos, corriendo a borbotones por sus calientes mejillas.
Y cuando otro golpe se sintió desde la parte posterior de su cuerpo, no pudo evitar jadear alrededor de la polla que estaba dentro de su boca. Las manos de Draco tomaron de sus caderas y comenzaron a rodar contra ella, golpeandola con la mayor de las fuerzas, lo que la hizo pensar que cada golpe dejaría un dolor en su cuerpo después de un tiempo.
Sus ojos a medio cerrar, su espalda húmeda, el sonido de su boca, y su trasero golpeando. Todo era un remolino de sensaciones y se preguntaba cuanto tiempo podría aguantar ese martirio.
Nuevamente, dedos en su clitoris mientras Draco seguía golpeando su coño con fuerza. Quizo mirar y no lo logró, aunque a esta altura, ya no le importaba quien pudiera estar haciéndole algo, solo necesitaba la sensación de ser tocada.
Suaves dedos corrieron el pelo que estaba pegado en su frente para luego bajar a sus senos, apretandolos con suavidad mientras se balanceaba sobre la cama.
Hasta que nuevamente, Marcus, se permitió disfrutar del rostro de ella al ahogarla, dejando su miembro en el fondo de su garganta, lo que fue aún más siniestro que la primera vez ya que las embestidas de Draco hacían que la punta entrará cada vez más en la entrada de su tráquea. Empezó a jadear cuando sintió que los dedos en su clitoris estaban casi martilleando y los piñizcos en sus pezones dolían más que antes.
Para su suerte, Marcus fue rápido, y salió de su garganta en el segundo justo en que ella sentía que perdería la conciencia. Un vacío se extendió por su cuerpo cuando notó que ya nadie la tocaba. En cambio, los cuerpos se movieron a su alrededor.
Unos dedos se enterraron en su cintura, ahora, tirándola a la cama para recostarla de medio lado, la parte izquierda de su cuerpo reposando sobre las almohadas. Pará su sorpresa, ahora era Zabini quien estaba a la cabecilla, poniendo su miembro palpitante frente a ella. No se negó y separó sus labios, dejando su boca lista para la embestida.
Una de sus piernas fue levantada sobre una cadera y la punta en su entrada se introdujo lentamente. No podía mirar quien era pero por la suavidad supuso que Nott era el que se daría el gusto de follarla ahora.
Draco se paró frente a ella y puso las manos en uno de sus hombros, mientras con la otra, tomaba la longitud de su pene y comenzaba a bombearlo frente a su pecho. Marcus, hizo todo lo contrario. Caminó hasta uno de los asientos frente a la cama y se sentó, admirando la escena mientras se lubracaba, como si esperara nuevamente su turno para estar dentro de ella.
Zabini tiraba su cabello. Ella se preguntaba por qué gustaban tanto de tirar su cabello.
Nott no era como los demás. Él se tomaba su tiempo, la apreciaba, se daba el valor de sentir cada estocada como si fuera la última. A ella le parecía incluso más tentador de esa manera, aunque no podía mentir que cuando la follaban sin piedad, la sensación era mucho más indescriptible.
Los quejidos de Draco llenaron sus oídos y en ese momento podía haber decidido que su voz era lo más erotico que había escuchado alguna vez, pero su mente no le permitía tomar decisiones en el estado en el que estaba, por lo que podía decir que todos estaban a igual nivel.
Todo sucedía tan rápido que no contó cuántas embestidas pasaron para que Marcus se parara de su asiento y caminara nuevamente hasta ella.
No se había tomado el tiempo de mirar sus longitudes, y le parecía increíble que cada una pudiera caer tan bien en su estrechez.
Ahora, Nott salió de su interior al igual que Zabini, y Draco tiró de su brazo, haciéndola ponerse de pie. Él tuvo que enrollar su brazo alrededor de ella porque si no, sus piernas habrían cedido a dejarla tendida en el suelo. Apenas podía estar parada, aunque no fue mucho tiempo el que tuvo que hacerlo.
Marcus tomó asiento, tras ella, tomando de sus caderas para dejarla sobre su regazo, de frente a él. Tuvo que enterrar sus uñas en los hombros suaves de Marcus cuando comenzó a bajar lentamente a lo largo de su miembro, pensado que no lograría caer por completo.
Él no se preocupó por eso, apretó su trasero, una mano en cada nalga, y tiró de ella con fuerza hacia abajo, llenando hasta el más mínimo hueco que quedara en su interior.
A esta altura ella era una muerta en vida. Sus labios temblaban y su rostro aún estaba húmedo ya que las lágrimas nunca habían parado de brotar desde sus ojos. Sus boca estaba seca, ellos no la besaban, sólo la tocaban, y en ese momento añoro algo de contacto más allá del sexo.
No fue difícil. Ellos parecían leer su mente como la palma de su mano.
Draco tomó su barbilla y la besó. La besó tan violentamente que, cuando Marcus comenzó a chocar sus caderas contra ella, ni una gemido podía salir de su boca ya que Draco ahogaba cualquier sonido.
Como si todos la desearan, otra mano apareció, tomando su cuello para apretarlo con fuerza, la otra agarro su mejilla desde el otro lado, quitando los dulces y refrescantes labios de Draco, para ahora, llenarlos con su miembro palpitante.
Ella ya no podía más. Estaba sorprendida de sí misma, de no haberse corrido en las primeras rondas. Quizá porque el hecho de no hacerlo implicaba más placer en su interior, o era sólo que estaba esperando la persona correcta con quien correrse.
Pero en este instante, ya no había persona correcta.
Nuevamente, las manos la soltaron y las embestidas pararon. Su cuello se entibio por el aire caliente que emanaba una de las bocas que lentamente lamia el lóbulo de su oreja.
"Clarisse, ¿estás bien?"
Ella asintió de manera exagerada, queriendo volver a sentirlos a todos. A todos recorriendo cada parte de ella. Simplemente los necesitaba, y eso la alteraba.
Una sacudida en su hombro, suave y calida, pero a la vez brusca y despistante."Clarisse, ¿estás bien?"
Sus ojos se abrieron de golpe, las palmas de sus manos se enterraron en el colchón de su cama mientras se levantaba entre jadeos, quedando sentada en la cama.
La luz eran enceguesedora. ¿En qué momento se hizo de día?
El lago estaba de un color verde agua y la habitación iluminada gracias a la nieve que hacía que fuera todo más claro de lo normal.
"Responde, ¿estás bien?"
La voz de Theodore la sacó de lugar. Miró a su lado, él estaba sentado en su cama, con un gesto preocupación.
Ella recordó, sus manos pasando por su cuerpo, las embestidas suaves, su aliento recorriendo su ardiente piel.
"¿Tuviste una pesadilla?" volvió a preguntar al ver que Clarisse no respondía. "¿Es eso?"
"Theodore..." su garganta estaba rasposa, ansiaba algo de líquido para refrescarse. "¿Qué haces aquí?"
"Pues, sentí ruidos extraños." respondió, tomando un pequeño vaso de jugo de la mesa de noche. "Más bien jadeos, y... no lo sé, gemidos desesperados. Creí que algo sucedía y abrí tu puerta con un encantamiento.".
"Mierda..." susurró ella, pasando una de sus manos por su frente. Sentía el sudor correr por su cuerpo. Estaba acalorada y su cuerpo se sentía pesado.
Fue un sueño.
Había sido todo tan exitante que no podía ser cierto. Ella jamás tendría a cuatro chicos sobre su cama. Mucho menos a ésos cuatro chicos.
"Clarisse, dime, ¿qué soñaste?" preguntó Theo, arreglando la almohada de la cama para que pudiera volver a recostarse.
Ella se veía desorientada y lo único que corría por su mente era como enredaban las manos en su pelo. La manera en la que la hicieron sentir. Ella no había tenido sentimiento por ninguno. ¿O sí?
No encontraba las razones por las cuales esto podría haberle ocurrido. Una hipótesis era que pasaba demasiado tiempo con ellos, lo que llevó a su mente a maquinar este tipo de situaciones, pero aún así, era imposible de creer.
"Debe de haber sido algo muy terrible ¿no?" siguió diciendo él, mientras apoyaba sus manoz en los hombros de Clarisse para que se recostara nuevamente. "Digo, por la manera en la que despertaste."
Sus dedos, mierda sus dedos. Se habían sentido demasiado reales para ella.
"La batalla." mintió ella, evitando sonrojarse al tener presente la escena en su mente. "Soñé que peliabamos en la batalla, eso fue todo."
"Y, ¿qué sucedía?"
Maldición Nott, puedes cerrar la boca.
"Pues, perdíamos a muchos pero, después todo ganábamos." respondió ella, creando la historia en su mente.
El se encogió de hombros mientras se rescotaba a su lado. "Ya te dije que no le des más vueltas al asunto. No quiero que te llenes de miedo antes de que cualquier cosa pueda pasar."
"Ya lo sé Theo," suspiró ella. "pero no puedo evitar pensarlo."
