Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi. La trama me pertenece en entereza, aunque a ustedes no les parezca.


Capítulo 36.


—No… —bufó— esto no se ve bien.

Frunció el ceño, quitando uno de sus cuadros de aquel lugar. El departamento había sido comprado ya amoblado, por lo que el trabajo no era demasiado, sin embargo, algunas de sus pinturas necesitaban al fin, ser expuestas en lo que sería su nuevo hogar. No cabía de la felicidad y del asombro: al fin tendría un lugar propio dónde vivir y todo gracias a Kōga. Bueno, a Kōga y a Yura.

Siempre estaría agradecida con los dos. Aunque pensaba que definitivamente él merecía a alguien que lo amara, no a quien quisiera aprovecharse de su fortuna. Suspiró, colocando otra obra en lugar de la anterior. Sonrió, porque esa sí le gustó más.

En esos días había estado pasando tiempo con la pareja. A pesar de las citas rápidas en cafés y el negocio con el dueño del edificio, había conocido algo más a Kōga y podía aseverar lo que estaba pensando. Ese día se suponía que no lo vería y que Yura estaría ahí para ayudarle a arreglar sus cosas. Las pocas que tenía. Pero no, ella había preferido ir a hacerle la vida imposible a su ex. Pobres almas, también las compadecía. Si Yura ya había conseguido todo lo que quería, ¿por qué tenía que separar a Sango de su novio? Además, ya la había visto desde lejos, en algún momento que fue hasta la editorial por Yura y se veía una buena mujer.

Ya se estaba sintiendo arrepentida por haberle ayudado a tomar esas fotos. Las arruinaría, pero ese tampoco era su asunto.

Ese día hacía calor. Traía unos shorts negros de algodón, bastante cortos y un top a juego. El sencillo aire acondicionado no parecía suficiente.

—Vaya, no sabía que pintabas.

No pudo evitar dar un grito enloquecido de horror, resbalando del pequeño banco en el que estaba parada para poder alcanzar su cuadro en la pared.

Antes de llegar al piso, y golpearse la cabeza, ya el desconocido le había evitado la caída. Tembló por unos segundos cuando aquellos ojos ¿celestes?, la miraron. Nunca lo había visto tan de cerca, tampoco le había tomado importancia al color. Los recordaba azules.

Desde su posición, veía su rostro al revés, pero él sonrió. Su cabello largo de la coleta caía por su cuello y le estaba tocando la cara. ¿Qué demonios estaba haciendo allí?


InuYasha estaba que se daba contra la pared. Después de haber dejado a Kikyō en su departamento, fue rápidamente con Miroku. Sango aún no llegaba de su viaje, pero él la había llamado y le dijo que todo estaba bien y que iría el jueves.

—Pienso terminar con Sango. —Comentó, con la voz muy fría. Miraba hacia el suelo. No traía más que ropa ligera. No sentía ganas ni siquiera de comer. Esos días habían sido el peor infierno de su vida—. Sango nunca me lo va a perdonar.

—Estás loco. —Sentenció—. Y estás diciendo muchas estupideces. No puedes terminar con Sango por eso, además, ni siquiera pasó algo. —Tomó el celular y reanudó la grabación.

—No me lo va a creer, las fotos no mienten. Aunque esta grabación diga estas cosas, las fotos indican que la besé y, aparte, ¿por qué aceptaría acostarme con ella, en un principio? —Casi podía imaginar a Sango diciéndole eso.

InuYasha pensó muy seriamente por unos segundos. ¿Qué podía hacer? Miroku siempre había estado para él en las buenas y en las malas, nunca lo había juzgado por su relación incestuosa con Kagome. Había sido su mejor amigo desde que tenía uso de razón. Y ahora se sentía tan inútil.

—No podemos decírselo a Kikyō y mucho menos a Kagome. Esto solo lo sabemos tú y yo. —Bloqueó el celular, poniéndolo sobre la mesilla de centro de la sala—. Pero por favor, Miroku, no le digas nada a Sango, renueva tu relación, haz algo por ella. Sé que no soy el más indicado para darte consejos de amor, pero no sabes lo horrible que es ver que cada día estás peor. ¿Cómo vas a justificarte con Sango si parece que ya vas a morir?

Vio sus ojeras, su piel demacrada y el semblante triste. Estaba pálido y parecía más flacucho. No estaba bien, Miroku no estaba bien.

«—…renueva tu relación, haz algo por ella.»

«—…renueva tu relación, haz algo por ella.»

Algo hizo clic en el cerebro de Miroku y abrió los ojos sobremanera. Miró despacio para su amigo, que lo observaba casi espantado. ¡Claro! ¡Tenía que hacer algo por ella! ¡Algo diferente! Algo que sabía que le iba a encantar.

—Sabía que hablar contigo me ayudaría.


—¿Qué estás haciendo aquí? —Inquirió hosca, mientras se levantaba—. Y sí, sí sé pintar.

—La puerta estaba abierta. Sino venía, te habrías lastimado mucho con la caída.

Kōga sonrió de nuevo, observando las piezas. Era magnífico, verdaderas obras de arte. Y hacia retratos, a más de naturalezas vivas. Increíble. Había al menos ocho cuadros recostados a la pared.

—Gracias. —Se sonrojó apenas, volviendo a mirar sus trabajos—. Enmarcarlos costó mucho.

—Podrías venderlos. —Comentó entusiasmado—. Te pagarían una fortuna.

—No lo sé… —Kagura casi sonrió, ante la idea. Nunca nadie había elogiado sus obras, ni siquiera Yura—. Lo pensaré.

—Yura me dijo que viniera a ayudarte porque ella iba a salir a resolver algo de su antiguo trabajo, mencionó. —Alzó una pequeña mochila—. Traje ropa para cambiarme y ayudarlas.

—Pues ella…

—¡Ya estoy aquí! —advirtió la aludida, fingiendo una sonrisa. Había advertido que Yura diría que no le había avisado nada o quién sabe qué—. Hola, amor. —Le plantó un ligero beso en los labios a su novio.

—Vienes despeinada —señaló al instante, alzando una ceja, desconfiando. El recuerdo de su ex oficio de «dama de compañía» no pudo dejar de atormentarlo.

—Oh… —se pasó los dedos por el cabello. Kagura quiso reír, en serio—. Un pequeño incidente con una de mis ex compañeras.

—¿Estás bien? —La tomó del brazo, acercándola.

—Sí, cariño.

—Kōga me decía que venía a ayudarme. —Intervino por fin, la chica de ojos rojos como el fuego—. Pero yo ya he terminado. —Mintió. Sabía que Yura tenía intenciones de decirle algo, así que lo hizo más por su amiga, que por ella misma.

—Bien, entonces es hora de irnos. —Tomó a Sakasagami por la cintura y la asió con fuerza. No supo por qué hizo eso sin dejar de mirar a Kagura, directamente a los ojos que parecían brasas ardientes—. Nos vemos, Kagura.

—Adiós.

—Cariño, ¿puedes adelantarte? Aún tengo que hablar cosas íntimas con Kagura. —Soltó, con su expresión típica de suspicacia a la que ya todos estaban acostumbrados. Moría por contarle, aunque fuera un resumen a Kagura de todo lo que le había sucedido con la rata de Miroku.

Kōga la observó, pero ya no sentía demasiada desconfianza. Se despidió nuevamente de Kagura y le dio una última mirada a su novia. Sentía que algo no andaba bien y eso no le gustaba, ya que apenas llevaban un par de días de relación.

Yura volvió su mirada a Kagura cuando se aseguró de que Kōga se hubiese ido de verdad. Rápidamente su odio se encendió como llamas. Solo quería matar a alguien y no dejaba de dar vueltas, vociferando e insultando a Sango. También decía cosas que no se entendían muy bien, pero de seguro eran ofensivas. Golpeaba sus pies contra el suelo y, por último, gritó. Se sentó en un mueble y le dio la vieja, pero aún útil cámara de vídeo.

Observó el vídeo con detenimiento y no podía creer lo que había pasado. El audio no era del todo bueno, pero alcanzaba a entender lo que decían.

—Te dije que esto no funcionaría. Él la ama.

—Cállate —la miró con furia contenida—. Encárgate del vídeo, algún provecho debo sacarle.

—Sería muy contraproducente. —Extendió la cámara, sin recibir respuesta. Sabía lo que tenía que hacer. Con su ya oxidado computador portátil que había comprado de segunda mano, hacía ya un par de años, podía sacar el vídeo en un disco—. ¿Qué quieres que haga?

—Capturas, para imprimirlas como fotos. Las más candentes. Pero tenlas allí. —Se levantó decidida. Se secó las pequeñas lagrimillas que le habían salido en su ataque de ira—. Quiero que cuando te las pida, me las des al instante.

—Aún no entiendo de qué te sirven.

—Lo que sea que arruine su vida, está bien para mí.


Se había quedado un día más. Ese era el tercero y, probablemente, último.

Kohaku había sido dado de alta el día anterior, pero sí necesitaba reposo y una dieta estricta para sobrellevar su infección. Gracias a eso, aún podía justificar 24 horas más de su ausencia laboral. De todas maneras, no estaba demasiado lejos, y en caso de emergencia, saldría corriendo a Shibuya.

Había hablado poco con Miroku, en realidad él nunca la llamó, siempre ella. Le parecía tan extraño, su tono de voz se oía vacío y distante. ¿Estaría bien? Lo único que repetía era que la extrañaba.

Se miró al espejo, pálida como un papel. Había vomitado casi nada, ya que no había empezado su desayuno cuando tuvo que salir corriendo al baño.

—¿Sango? —su madre tocó a la puerta, se oía muy preocupada. Era la tercera vez que vomitaba desde que estaba en casa—. Hija, ¿estás bien?

—Sí, mamá —respondió no tan alto, pero lo suficiente para que la escuchara. El cólico volvía a ella y se tomó el vientre. Estaba menstruando, poco, pero menstruaba. ¿Realmente estaba bien? Malditos quistes—. Ahora salgo.

Después de unos segundos abrió la puerta, dejando el sonido de válvula atrás. Regresó con su mamá a la mesa y su padre y hermano la esperaban con una expresión desencajada.

—Sango, ¿estás bien? —Taijy se levantó inmediatamente, al observar el rostro de su hija—. Estás muy pálida y tus ojos están hundiéndose.

—Sí, papá, es solo estrés. Me puse así cuando supe lo de Kohaku. —Sonrió. Los amaba tanto y tenía miedo de causarles un dolor muy grande. Él no pareció contentarse con esa respuesta.

Ella sentía que algo no estaba bien dentro, y si era lo que se estaba imaginando, tendría que despedirse muy bien esa tarde.

—¿Estás segura?

Cuando estuvo a punto de responder, el sonido del timbre de la puerta llamó su atención. La muchacha de servicio se encargó de abrir la puerta mientras ellos volvían a su comida. Aún era temprano, así que sería extraño que algún socio de sus padres los estuviera visitando.

Sus sentidos se pusieron alerta cuando le pareció reconocer la voz que saludaba a Meyin.

—Buenos días, lamento la interrupción. —Hizo una reverencia, ante las miradas asombradas de la familia—. Sango, mi pequeña. —Extendió la mano hacia ella, con un enorme ramo de sus flores favoritas.

—Por Dios… —susurró, sin podérselo creer. No podía ser verdad. Su familia tenía una enorme sonrisa en el rostro, la miraban con detenimiento—. ¡Miroku!

Después de un abrazo que duró más de una eternidad, de los besos y las lágrimas, de los saludos pertinentes y de preguntar qué hacía allí tan temprano, y con aquella prisa, Miroku tomó a Sango por la cintura y la besó.

—Solo vine a decirte que quiero —sacó algo de su bolsillo y lo puso frente a ella— que te cases conmigo.

Continuará


AIROT TAISHO: Jamás creí que podría hacerte llorar con eso, lo creí que le fuera a llegar la escena. Qué linda. Para hacerte spoiler, a Yura todavía no le llega el dolor. Muchísimas gracias por estar realmente pendiente de mis actualizaciones. Espero que disfrutes esta actualización y pronto subiré la otra.

Elyk91: Miroku sabe que eso no le va a funcionar con Sango, pero espera secretamente a que Yura se rinda, ya que sabe que no querrá caer junto con él. A ese tiempo, todo le vale, pero al darse cuenta de que Yura no podrá hacer nada, decide pedirle matrimonio a Sango. Pagando una deuda con otra, pues. Sí, quería meterle la relación de hermanos ahí. ¡Diste en el blanco! Todo esto es un red de mentiras. Me alegro mucho de que así sea.

laurita. herrera. 186: ¡Sí, al fin pensó XD! Kōga se va a enterar de todo, pero de otra manera XD que no te de pena ese hombre, está loco. Pero volví a actualizar, vi que les gustó este capítulo, por qué hacerlo esperar. Besos enormes.

dav. Herreras: Es gracioso que encontraras emocionante este capítulo. Yo me sentí muy bien al escribirlo y esperaba transmitir lo mismo a ustedes. Eres adivino o qué XD, es exactamente así sobre la relación de Miroku y Sango.

angiecuellar10: ¡Bienvenida otra vez, bella! Bueno, qué hace Miroku con la grabación es algo que yo también quisiera saber XD bueno, ya lo verás por ti. Yo sé que ahorita estamos en el arco MirSan, pero ya vamos a pasar a los hermanos, no te preocupes.

¿Se acuerdan que les dije que faltaban 5 episodios para el casamiento de InuYasha? Pues no, para su boda civil faltan exactamente [ahora sí es verdad] dos capítulos. En el cap. 38 será.

En el próximo capítulo:

«—Lo siento… —susurró apenas en un hilo de voz—. Estoy muy nervioso, no sé cómo explicarlo, pero por supuesto que quiero casarme contigo. —Estiró la mano en un gesto torpe para acariciarle el rostro, pero ella se apartó.

—Sí que quieres casarte, parece —sus ojos brillaban, pero era por las lágrimas que estaban a punto de salir— pero con otra.

[…]

—Dice Lan que eres muy buena. —Comentó, sintiendo ya el vino subiendo salvajemente a su cabeza.

—Me pude pagar un curso. Tenía dos trabajos. —Se echó para atrás y suspiró—. Hace mucho calor. —Se sacó la blusa instintivamente, sin pensar en nada.

—Sí que hace. —Comentó él, extasiado. No supo por qué de sintió tan bien al verla más libre de ropa.

—Oh, lo siento —echó a reír— eres el novio de mi amiga. —Comentó con sarcasmo.»

Espero estén disfrutando de mis actualizaciones.