—Mejorará — aseveró Shaadi abandonando la habitación seguido de Téa y Rouxx Anne—. Necesitará tomar una infusión de alcachofa antes de cada comida, por lo menos tres veces al día. Eso ayudará a que se recupere de este pequeño infarto – La verdadera condesa lo escuchaba con mucha atención mientras descendían las escaleras—. También te recomiendo incluir ajo en sus comidas, de esta forma estaremos ayudando a que su sangre fluya mejor... no sé si me entiendes— concluyó Shaadi al tiempo que llegaban a la sala principal del Castillo de Beeston. Entonces fijó sus ojos en ella.
Tea, al percatarse de que la observaba, analizó lo que acababa de decir. Tras unos instantes de reflexión, habló con incertidumbre:
—¿Quieres decir que su sangre no circula bien y eso provocó su infarto?
—Exacto— dijo Shaadi al tiempo que se acomodaba en uno de los sillones y abría su maletín—. Te escribiré las medidas exactas para que puedas prepararlos.
Tea también tomó asiento.
Al notar la parsimonia con la que el médico del condado extraía una libreta y una pluma de su característico maletín, Rouxx Anne decidió salir un momento al jardín. No tenía caso esperar a que Shaadi culminara de redactar las recetas, seguramente demoraría unos cuantos minutos y no porque las mismas fueran complejas.
Decidió salir afuera un rato. Si bien este alcázar no era una maravilla, tenía que admitir que su jardín era hermoso. Una verdadera obra de arte diseñada y custodiada por Mai Valentine, aunque eso ella no lo sabía.
Sin embargo, no pudo contemplar mucho tiempo su entorno, ya que enseguida se percató de que el mayor de los hermanos Kaiba también estaba allí, sentado junto a una fuente de mármol blanco, que tenía en sus extremos cuatro esculturas de dragones blancos de ojos azules. Estos orbes se formaban por piedras de zafiro incrustadas en la piedra, y eran de gran tamaño. Podría decirse que en ese jardín se encontraba un tesoro muy valioso.
Seto tenía la mirada perdida, como si estuviera sumido en sus pensamientos. Quizás trataba de darle una forma final a su estrategia.
Rouxx Anne se acercó decidida a conocer la totalidad de ese plan que, sin haberlo pretendido, la tenía como participante.
Seto, al advertir que se acercaba, la observó extrañado. Por lo general ella lo evitaba, o al menos esa era la sensación que él tenía.
—¿Cuál es el plan, exactamente?— Le preguntó de una vez por todas. Quizás no era la mejor forma de iniciar una conversación, pero los interrogatorios no eran su especialidad.
Kaiba respiró profunda mientras lo consideraba, y luego suspiró dándose por vencido.
Con Salomón enfermo, no tenía a nadie más con quien discutir este asunto, y esta chica era la única persona, aparte de ellos dos, que tenía conocimiento, aunque parcial, de lo que estaba ocurriendo. Podía contarle todo, porque en definitiva ella no constituía una verdadera amenaza.
Además, el ínfimo poder que ella tenía a partir de lo que sabía era incomparable con el suyo. Con un simple tronar de dedos, él podía quitarla de su camino fácilmente. Pero actualmente no tenía la más mínima intención de que eso sucediera.
Y además, la necesitaba, al menos por ahora, por lo que ganarse su confianza era favorable... y podía decirse que era parte de su estrategia.
—El gran plan es que Rouxx Anne no se aloje aquí— explicó con su mirada fija en ella—. El primer paso fue hacerle creer a todos que tú eres ella, y lo conseguimos. El segundo es lograr que Rouxx Anne crea que hay una razón muy poderosa para que no se acerque al castillo, y contaba con que Shaadi me ayudara con este punto, pero aún no logro convencerlo— al mencionar ese detalle apartó su mirada. No se sentía cómodo admitiendo que no lograba lo que se proponía.
La principal conclusión que pudo sacar era que la verdadera Rouxx Anne debía ser muy peligrosa o muy poderosa, o ambas. ¿Por qué Seto Kaiba quería mantenerla alejada de su castillo y, por lo tanto, de su familia? ¿Qué sabía o era capaz de hacer esa mujer?
La verdadera condesa y ella tenían algo en común: representaban una amenaza para los hombres más influyentes del condado: Seto Kaiba y Pegasus J. Crawford, respectivamente.
Cuando estaba a punto de comentarle a Seto que, por lo que conocía a Shaadi era evidente que no se prestaría para ese tipo de farsa, el médico salió junto con Téa y Joey.
Seto los observó acercarse, convencido de que con unos minutos más y deshaciéndose de los testigos (su hermana, Joey y la chica cuyo verdadero nombre había olvidado preguntar nuevamente), lograría convencer a Shaadi. Y entonces recordó lo que este le había comentado.
—Seto – al instante notó que su hermana, molesta, estaba a punto de regañarlo—, Joey me contó que estabas en la casa de Shaadi cuando él llegó. Ya te dijimos que no puedes salir y, sobre todo, tienes que hacer repo...
—Me sentía mal— interrumpió (mintió) el mayor de los nobles—, por eso tuve que ir y SOLO, ya que nadie se quedó a mi disposición. Podría haberme ocurrido cualquier cosa...
Internamente se felicitó por haber salido de ese problema. Detestaba cuando sus hermanos – o Shaadi— se comportaban como mamá gallina.
Téa, sintiéndose un poco culpable por no haber dejado a nadie en el castillo para atenderlo, desvió su mirada hacia Shaadi sin saber cómo excusarse.
Este mismo dijo:
—No me comentaste que te sintieras mal.
Seto trató de controlarse. Comenzaba a pensar que Shaadi tenía algo en su contra. Pero también zafaría de esta.
—No tuve tiempo... Wheeler llegó enseguida. Lo que sí alcanzaste a mencionarme es que tenías pactada una consulta con mi hermana a pedido de Atem. ¿Ya la examinaste?
—Yo no...
Shaadi hubiera terminado tranquilamente la frase si Téa no lo hubiera impedido.
—¿Ustedes pactaron una consulta sin ni siquiera avisarme? ¿Por qué? ¡Yo me encuentro perfectamente bien!
Nuevamente, uno de los hermanos condes interrumpió al médico:
—Por lo que Shaadi me comentó Yami ha notado un comportamiento extraño en ti durante las noches. Podría ser algo que esté debilitándote, eso haría más probable que contrajeras cualquier enfermedad contagiosa.
—Téa, no sabremos que tienes hasta que te examine— Shaadi consideró necesario intervenir al notar que Seto estaba manipulando la situación a su antojo.
—Exacto, así que lo mejor será que hasta que no sepamos qué tienes te mantengamos aislada de las personas. ¿No lo crees, Shaadi?
—La examinaré en unas horas— le aclaró, consiente de a dónde Seto quería llevarlo—. Yami quedó en llevarte a mi casa cuando volviera, yo ahora tengo otros clientes a los que atender.
Sin decir más, comenzó a caminar hacia la salida del castillo. No estaba irritado, simplemente ya había tenido suficiente de los Condes de Chester por ese día... y el anterior.
Joey lo siguió para acompañarlo hasta la salida. Si para él resultaba un camino bastante largo, al paso de Shaadi sería eterno recorrerlo. Pero ser cortés era parte de su trabajo y, sobre todo, de su forma de ser.
Téa, luego de superar la noticia, volvió a prestarle atención a su hermano.
—Ni pienses que me voy a quedar encerrada. Ya mismo voy a ir a ver a la modista.
—Lo mejor será que ella venga aquí – Seto dijo sin ánimos de prolongar el asunto. Se levantó dispuesto a entrar nuevamente al castillo, no sin antes pedirle a "Rouxx Anne":—. Cuando Wheeler regrese, envíalo a buscar a la dichosa costurera.
—¡¿Cómo te atreves a ser tan desubicado?!— gritó Téa irritada, más aún porque su hermano se alejaba si prestarle atención— Ella no es tu sirvienta, es nuestra huésped. ¡No puedes darle órdenes!
Más tarde, cuando Yami se adentró en el castillo, faltaba un par de horas para la cena.
Se había retrasado un poco, pero por su excelente amistad con Shaadi, no dudaba que lo comprendería.
Regresaba junto con Tristán, luego de haber estado recorriendo gran parte de los campos de Cheshire durante toda la tarde. Había revisado en todos los rincones, había interrogado a todos los campesinos, había ofrecido tentadoras recompensas pero no había dado con su objetivo.
Al principio, cuando decidió suspender la búsqueda por el momento, se había sentido un poco desanimado. Pero ya se sentía mejor, aún faltaban dos días para el torneo, y él no era el tipo de hombre que se diera por vencido antes de que el tiempo se agote.
Ni bien cruzó la puerta principal, no pudo evitar alarmarse al ver a Mokuba sentado en medio de la sala, con una mirada que expresaba tristeza y decepción. Se sintió terriblemente mal, le había prometido llevarlo a la tela, pero lo olvidó completamente al salir de la herrería.
No se animó a dar un paso, más. No contaba con ninguna excusa, y no se creía capaz de inventar una buena.
—Dime que no nos estuviste esperando hasta ahora en la Tela— de pronto Joey, al verlo en la puerta le dirigió la palabra. Era lo peor que le podía pasar, porque ahora Mokuba tenía su atención en él, justo cuando lo que Yami más quería era que no lo notara. Estaba a punto de balbucear algo sin sentido, pero su escudero no se lo permitió—. Yami, no pudimos ir a la tela porque en el camino tu abuelo comenzó a sentirse mal y debimos regresar. No había forma de que te avisáramos.
—Lo siento, Yami. Realmente quería ir— Mokuba bajó la cabeza, desconsolado.
Rápidamente Yami cayó en la cuenta de lo que acababa de suceder. Miró a Joey aliviado y agradecido, pero frunció el ceño al repasar lo que acababa de decir.
—¿Cómo está mi abuelo?
—Está descansando. No te preocupes, Shaadi lo estuvo examinando.
Un poco más tranquilo, se acercó y se sentó junto a Mokuba.
—Mañana iremos a la tela – Mokuba alzó la vista, y sus ojos estaban mucho más animados. Yami sonrió—. Te doy mi palabra, nuevamente.
—¡Genial!— gritó Mokuba entusiasmado, mientras lo abrazaba.
Tristán miró a Joey a la vez que asentía sorprendido; su amigo había salvado a Yami.
—Cuando lo veas el día del torneo vas a comprobar que es hermoso— Tea descendía las escaleras otra vez, y otra vez iba acompañada de Rouxx Anne,—. Negro y verde, es la mejor combinación – al oír esto Yami se tensó y se desprendió del abrazo de Mokuba para prestarle más atención a su esposa—. Apuesto a que será el único...
—Ni se te ocurra— la interrumpió Yami, autoritario, mientras se acercaba a las escaleras—. Es mío. Yo pensé en adquirirlo primero. Y su lugar es junto a mí, no junto a ti. Abandona ahora mismo esa absurda idea de llevarlo al torneo porque no lo permitiré. No arruinarás mis planes...
—¿El vestido?— preguntó Rouxx Anne, sin comprender nada. Téa tampoco entendía lo que Yami decía...
—Sí, el vesti...— Yami se dio cuenta de lo que iba a decir y cerró la boca.
No así Joey y Tristán que se tentaron de risa.
—Pensaste en adquirir su vestido— Wheeler se dobló y abrazó su estomago, sus carcajadas eran dolorosas y difíciles de contener.
Pero una mirada fulminante del pentacampeón de Justas de Cheshire bastó para que ambos recordaran su lugar.
Aprovechando el silencio, Yami aclaró:
—Pensé que te referías a otra cosa... Ven conmigo a ver a Shaadi, aún estamos a tiempo. Falta un rato para cenar.
—No.
