¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.
¡PIDO MIL PERDONES POR LA TARDANZA! Se que no tengo perdón de Dios pero esta historia me lleva bastante mas tiempo ya que no me gusta escribir y ya, investigo mucho acerca de la historia de japón y todo lo relacionado con el fin de la era samurai. Es un fic que crea controversia lo se, y a veces me tomo amplios respiros porque tengo muchas ideas y poco tiempo así que la actualización es mas lenta. Es una historia a la que le tengo muchísimo cariño y se que mucha gente también y eso es lo que me motiva a seguir investigando y escribiendo, recibo miles de mensajes diciéndome que amáis esta historia, contándome vuestras teorías y creedme que lo disfruto muchísimo, ver que la gente ama esta historia como yo.
Espero de corazón que la espera mereciera la pena, algunos lectores me han expresado su desagrado con los capítulos anteriores, algunos incluso han tirado la toalla con la historia y una parte de mí está bastante apenada pero otra piensa: vaya, puede que esos sentimientos de tristeza y desesperación que intento plasmar de verdad están siendo plasmados. Se que esta historia no es muy feliz que digamos pero sobretodo lo que intento plasmar es una relación tóxica, una relación de amor odio que tanta gente en su día a día tiene y que no puede dejar por más daño que nos que esta última parte del capítulo os guste y que me dejéis un review para hacerme saber que tal. Espero no tardar de nuevo tanto tiempo en actualizar.
En el capitulo de hoy llega a casa de los Saotome alguien que dará problemas en el siguiente capítulo. Ahora empezará la acción y veremos a nuestra Akane como lo que es, una guerrera indomable.
Muchas gracias por todos y cada uno de los mensajes, tanto los privados como los reviews que cada poco me mandabais preguntando por la historia. Siento mucho no poder contestarlos a todos, simplemente MIL GRACIAS DE CORAZÓN POR EL APOYO Y EL CARIÑO. No sabéis lo feliz que me pone ver lo mucho que os gusta mi historia.
Prometo volver pronto pero no se cuando, lo que podéis tener por seguro es que Protectora no va a ser abandonada nunca y que cada huequito que tengo, aunque sean cinco minutos al día lo uso para escribir. MIL PERDONES también si se me cuela alguna falta de ortografía pero tras releer y releer siento que se me caen los ojos por lo que si veis algo que no esté bien me lo comentáis por favor con un mesajito y lo solucionaré cuanto antes.
Una vez mas mil disculpas por la tardanza.
Sin mas a leer.
Capítulo treinta y cinco.
Enero 1868
— Estamos en guerra, el emperador pide a todos sus fieles que se unan a sus filas para luchar contra los traidores del shogunato.
Akane se removió en su sitio y tomando la mano de la pequeña Akane tiró de ella hasta salir de aquel círculo de gente que nos rodeaba.
— Madrina...
— Calla y camina — mis pies se movían rápido esquivando a la gente que corría inquieta por la ciudad sin una dirección aparente.
El ambiente en Edo era tenso, se veía en la cara de la gente que la noticia había calado hondo en la sociedad. La guerra era una amenaza que llevaba años sobre Japón pero esa mañana en la que los emisarios se dedicaron a reclutar a los jóvenes fue como un jarro de realidad. Todos esperaban la guerra pero todos deseaban que con el tiempo el malestar remitiría y todo quedara en una amenaza lejana.
Por desgracia no fue así.
— ¿Qué pasa Madrina? — preguntó la pequeña Akane incómoda ya que prácticamente la arrastre hasta Kaze.
Sin contestar la tome en mis brazos y la subí al caballo. Ajuste bien las correas y se las pase. Mi ahijada me miró preocupada — Vete a casa y avisa a Nodoka-sama que llegaré pronto.
— Pero madrina, yo quiero ir contigo.
Los ojos de A-chan estaban brillantes y asustados. Aunque mi ahijada era una niña fuerte y valiente no dejaba de ser una niña. No quería que escuchara o viera nada que tuviera que ver con la guerra por eso debía investigar por mi cuenta dejando a un lado la mañana de compras que le había prometido.
— Escúchame A-chan — dije tomándola del brazo y hablándole con seriedad, como si fuera una adulta — se avecina una tormenta — la niña miró al cielo — no, no de ese tipo, una tormenta que nos afectara a todos los ciudadanos de Japón, una tormenta que arrasara todo y a todos si no tenemos cuidado. Yo necesito ir a buscar información por eso necesito que estés en casa y protejas a Nodoka-sama y a todos los de la casa.
— Pero yo...
— Confió en ti, eres la niña más valiente del mundo y la única a la que le confiaría la seguridad de la casa — A-chan me miró emocionada — por eso necesito que vayas a casa y avises a Nodoka-sama de que volveré pronto con información importante. Luego avisa a Sasuke y dile que vigile la casa hasta que yo llegue ¿podrás hacerlo?
La pequeña asintió varias veces sirviéndose la nariz ya que no había podido evitar soltar unas lágrimas. Acaricie su cara para borrar el rastro de estas. El camino a casa era corto por lo que Akane no tendría problema para llegar sana y salva, llevaba mucho tiempo entrenándola para que montara a caballo con destreza y sabía que Kaze no permitiría que le pasara nada a mi ahijada. Era una yegua lista.
— Ten cuidado madrina.
— No te preocupes — me acerque a Kaze y le acaricie la cabeza con ternura — llévala sana y salva a casa — mi yegua relincho como si estuviera asegurándome que así lo haría.
Me separé de ella y me acerqué de nuevo a mi sobrina — Directa a casa — la niña asintió. Le di unas palmaditas en el lomo a Kaze y la yegua avanzó veloz hasta que la perdí de vista en el horizonte.
Cuando me asegure de que Akane ya estaba lejos camine de vuelta a la ciudad agarrando mi espada con fuerza. Si antes era peligroso ir por la ciudad ahora que la guerra estaba asegurada era prácticamente un suicidio caminar por Edo sola.
Y más siendo una mujer.
Grupos de personas hablaban asustadas e incómodas, algunas mujeres lloraban abrazando a sus hijas y los ancianos se lamentaban por no poder pelear.
Camine hasta una vieja cabaña donde al entrar vi a Mousse sentado frente a Ryoga y otros hombres a los cuales algunos conocían de vista. Otros tantos eran completos desconocidos pero todos parecían compartir la tensión en su rostro.
— Akane...
— ¿Es verdad? — Pregunte recibiendo miradas desconfiadas e incómodas — ¡¿es verdad?!
Ante mi grito de insistencia Mousse y Ryoga se levantaron — Si, el emperador y el shogun han roto relaciones definitivamente y han iniciado una guerra.
— ¡maldición! — murmure con rabia llevando mis manos a mis caderas mascullando entre dientes cosas que no recuerdo pero que estoy segura que eran insultos dirigidas a aquellos dos hombres que acababan de condenar a muerte a miles de personas inocentes.
— ¿Y que vamos a hacer? — pregunte mirando a mis amigos.
Uno de los hombres soltó una risa irónica — ¿Vamos? ¿Es que te vas a unir?
Lance una mirada asesina a aquel grandullón que me estaba subestimando — ¿es que tú eres tan cobarde que no piensas hacerlo?
El hombre dejó de reír y frunció el ceño — Pues claro que me pienso unir lo que no entiendo es que hace una mujer aquí.
— ¿no sabes quién es? — preguntó Mousse.
— Solo veo a una mujer enfundada en ropa de hombre, con pelo de hombre e ínfulas de hombre — dijo con asco mirándome como si fuera un bicho raro.
— Pues es una Protectora, es la protectora de la familia Saotome — explicó Ryoga.
El hombre abrió los ojos de par en par y la sala se sumió en silencio. De repente note como todos los ojos de la sala se centraban en mí.
— Pero... ¿eres tú de verdad? — Hablo el más joven — es decir... la primera mujer protectora... ¿eres tú de verdad?
— Lo soy.
Un carraspeo resonó en la sala, una vez más el grandullón me miró con asco — pues aun así, los protectores son miembros fieles al shogunato, solo las familias de samuráis tenían protectores... ¡es una sucia traidora del emperador!
— ¡No lo es! — Gritó Ryoga perdiendo por primera vez los nervios — La señora Saotome es fiel al emperador, aunque sea descendiente de una noble familia samurái renunció a ello cuando se casó con Gemma Saotome.
— Pero tiene protectora.
— Eso no prueba nada — dije con voz tensa — las razones que tuvo mi señora para hacerme su protectora son de mi señora y mías — me acerque a paso lento a aquel hombre que me miraba entre enfadado e incómodo. A medida que me acercaba se removía incómodo en su sitio pero no se movía — y si tienes algo que objetar — me acerque lentamente a su oído y con la voz grave susurre — ven y lo arreglamos como los hombres arregláis las cosas.
El hombre tragó saliva con tensión pero no movió ni un músculo. Sonreí con petulancia y me aleje lentamente de él — ¿alguien más tiene algo que decir? — Nadie dijo nada y los hombres bajaron la mirada avergonzados — bien.
Mousse miró al grandullón con una torcida sonrisa en la cara antes de decir — Tenéis menos huevos que ese cerdo del shogun.
Esta vez me tocó a mí sonreír. Sabía que a pesar de ser mujer, a pesar de que siempre aprovechaban para infravalorarme y burlarse de mi al final nadie tenía las narices suficientes para enfrentarse a mí.
Con los años me había criado mi fama, muchos sabían sobre mis habilidades ya que para ser Protector debes pasar un exhaustivo examen y demostrar tu técnica y poder, todos saben que los protectores era fieles y bravos guerreros por eso cuando sabían lo que era a pesar de ponerse bravucones nadie movía un pelo.
Cobardes.
— No debemos pelear entre nosotros — hablo Ryoga con calma paseando la mirada por la sala — ahora más que nunca debemos estar unidos y pelear como uno solo.
— No será fácil — dijo uno de los hombres — el ahoguen tiene muchos fieles.
— Así como también los tiene el emperador — la voz de Ryoga era firme y clara, parecía un líder hablándole a sus subordinados — además de contar entre sus filas con los mejores Guerreros del país.
— ¿Hablas del heredero Saotome? — preguntó el más joven.
Ante la mención de Ranma mi cuerpo se tensó pero no deje entrever mis emociones, tampoco es que el chico mintiera. Con los años Ranma se había creado un nombre y una fama de guerrero sinigual.
— Por ejemplo.
— Saotome lleva entrenando desde la cuna para ser lo que es hoy en día — dijo uno de los hombres que había permanecido en silencio — vosotros también, incluso ella estuvo bajo el entrenamiento de los Saotome, pero nosotros no somos guerreros.
Varios hombres asintieron y le dieron la razón — Si vamos a la batalla moriremos.
— No iréis a la batalla sin ser entrenados — explicó Mousse — para eso están los campamentos, seréis entrenados en combate.
— No hay tiempo — replicó otro hombre — Kitamura tiene razón, si vamos a la batalla moriremos como perros en el campo de batalla, no sabemos luchar — una vez más varios hombres asintieron dándole la razón — somos orfebres, herreros y campesinos... no somos Guerreros.
— Sí que lo sois — hable de repente consiguiendo que el barullo cesara y la atención de los hombres cayera sobre mí.
— No lo somos.
Una vez más el silencio reinó en la sala y la tensión en el ambiente fue más notable que nunca. Hecho un vistazo a la sala y pude comprobar que en efecto ninguno de los presentes más allá de Ryoga y Mousse tenía planta de guerrero pero ¿que era un guerrero?
Chasque la lengua y camine por la sala — Si lo sois, sois hombres sanos y fuertes, hombres que pueden pelear... ¿que no sois Guerreros? — Solté una risa burlona — ¿qué es ser un guerrero?
Los hombres se miraron entre sí sin entender a donde quería llegar. Me acerqué a un chico y le miré, era joven y parecía nervioso — ¿cómo es un guerrero? ¿Es un hombre? — El chico asintió nervioso — ¿y tú eres un hombre? — El chico volvió a asentir — pues eres un guerrero.
Luego camine hacia otro — ¿los Guerreros son altos? ¿Para ser guerrero hay que tener una altura? ¿O una complexión?
— No hay nada escrito — dijo el hombre sin entender.
— Exacto — dije apuntándole con el dedo — no hay nada escrito sobre cómo se debe ser para ser un guerrero, por lo tanto... tú también lo eres.
Camine otro par de pasos con mi mano firmemente agarrada a mi katana y la otra agarrando mi cinturón de forma despreocupada. Iba y venía por la sala siendo seguida por todos los hombres que apenas pestañeaban.
De repente al pasar al lado del grandullón desenvaine mi Katana con rapidez y le ataque con firmeza siendo detenida al instante por una barra de hierro que agarró rápidamente para defenderse.
Algunos ahogaron un grito y otros murmuraron cosas que no llegaron a mis oídos. Mis ojos y los de aquel hombre estaban peleando, fijos uno contra el otro sin pestañear, luchando por ver quien cedía primero.
Para sorpresa de mucho baje la espada y la metí de nuevo en su funda bajo la atenta mirada del hombre que seguía en posición de defensa.
Sonreí con superioridad y le dije — tú también eres un guerrero.
El hombre me miró con sorpresa, sus pequeños ojos se abrieron tanto que casi se le salen de la cuenca. Ryoga y Mousse me miraban entre curiosos y orgullosos.
Suspire y mire a todos y cada uno de los hombres que había allí y con voz firme y clara dije:
— Todos los que estamos aquí podemos pelear, los Guerreros luchan por lo que creen y lo que aman. Mujeres, hombres, pobres y ricos... todos los que estamos aquí tenemos la oportunidad de luchar por nuestra Libertad, por proteger lo que creemos, por defender a nuestras familias.
— ¡es cierto! — dijo un hombre y otros tantos me secundaron.
— Debemos ir a luchar por nuestras creencias, por nuestra tierra y nuestra familia — de nuevo los hombres me secundaron — tenéis valor, el valor que tienen los Guerreros, da igual donde hayáis nacido, los dioses os protegen y os dan la valentía que necesitáis para defender vuestro honor.
Los hombres gritaron y asintieron. Sonreí al ver como poco a poco los ánimos iban subiendo — No nos rendiremos, lucharemos hasta que ya no podamos más y si morimos, moriremos con honor — los hombres gritaron emocionados y se levantaron llenos de valor y emoción.
Busque con la mirada satisfecha a mis amigos quienes apoyados en la pared me miraban con orgullo. Varios hombres se acercaron a mí y me halagaron de distintas formas.
Nos quedamos un par de horas más recabando información y formando una especie de comando donde decidimos cubrirnos las espaldas entre todos, protegiéndonos entre nosotros y a la ciudad hasta que nos tocara un destino y tuviéramos que separarnos.
Pasadas las horas llegamos a casa, yo iba en el caballo de Mousse ya que el mío había sido el encargado de llevar a A-chándal a casa.
Cuando llegamos a los establos suspiré tranquila al ver a Kaze bebiendo agua en un cubo de madera. Me acerqué a ella y sacando una manzana de una bolsa que había colgada de un gancho se la di a mi fiel compañera.
— Gracias por traerla sana y salva — la yegua relinchó y acaricie su hocico con cariño.
— Debemos hablar con Nodoka-sama — dijo Ryoga mientras guardaba a su caballo — debemos preparar la casa para futuros ataques.
— ¿Crees que llegarán hasta aquí? — pregunte preocupada.
Ryoga asintió levemente — será una guerra larga y cruenta, estamos demasiado cerca de Edo, es cuestión de tiempo que la casa sea atacada.
— Pero por suerte te tienen a ti — dijo Mousse palmeando mi hombro — mientras Ryoga y yo estamos en el frente tú te quedarás cuidando a las mujeres y niños.
— No pienso quedarme aquí, también quiero pelear.
Mis amigos se miraron entre ellos confusos — Pero Akane, tú eres la protectora de esta casa, tú deber es quedarte aquí. Si no estás aquí, sería peligroso.
Gruñí molesta ante las palabras de Ryoga. Aunque me molestara tenían razón, debía tener el permiso de mi señora para poder ir al frente pero si me iba la casa quedaría sin seguridad...
— Tengo que irme hablaré con Nodoka-sama...
Camine fuera de los establos y me adentre en la casa cruzándome en el camino con alguno de los criados que se veían terriblemente asustados.
— Akane ¿es verdad lo que se dice? ¿Habrá guerra?
— Así es Yuka, se acercan tiempos oscuros — le di una leve sonrisa intentando animarla — ¿y la señora?
Yuka apuntó hacia la sala y al entrar encontré a Shampoo y Ukyo mirándose preocupadas mientras Nodoka-sama y Momo-Chan leían una nota amarillenta.
— Mi señora.
Ante mi llamado Nodoka-sama me miró a los ojos y pude ver como se tornaban asustados — Esta mañana llego esta nota — dijo pasándomela temblorosa — luego A-Chan nos dio tu mensaje...
Leí por encima la nota y pude ver que era una carta del emperador dirigida a Genma donde le pedía que se presentara cuanto antes en Kioto para una reunión de urgencia.
— Entonces es cierto ¿habrá guerra?
— Así es Ukyo — dijo mi señora que de repente había mudado su rostro asustado y ahora se veía serio — debemos ser fuertes y estar preparadas.
— preparadas ¿para qué? — preguntó esta vez Shampoo cuyos hombros y manos temblaban levemente.
— Para sobrevivir — respondió mi señora — Akane tienes que reforzar las puertas y la seguridad de la casa, pídele a Sasuke que reúna hombres.
— Quiero ir al frente — solté de repente cortando las instrucciones de mi señora. En los ojos de las mujeres se vislumbraba la sorpresa, supongo que ninguna esperaba que quisiera ir a primera línea de batalla como harían los hombres.
Nodoka-sama frunció el ceño nada contenta con mi petición — De eso nada. Tú te quedas aquí a salvo.
— Pero debo ir a luchar con Ryoga y Mousse.
— Ni hablar, me niego no iras tienes que quedarte a ti, es tu deber protegernos.
Sabía que no sería fácil convencerla pero debía intentarlo, algo dentro de mí me decía que mi deber, mi destino era luchar en primera línea como la guerrera que era.
— No pienso dejarla a merced de los enemigos señora, como usted me pidió reforzaré las defensas y Sasuke se quedará aquí para...
— ¡No! — Gritó haciéndome pegar un bote — y es mi última palabra.
Sus ojos eran como dos volcanes a punto de explotar. Fue al mirarla directamente a los ojos cuando supe que si insistía más se cerraría en banda.
Debía dejarla tranquila durante un rato y volver a intentarlo más adelante porque en aquel momento Nodoka-sama era un muro inquebrantable.
— ¿Necesita algo más la señora?
— No — dijo con firmeza — puedes retirarte.
Asentí levemente y tras dar una leve reverencia salí de la sala directa a los establos. Me monte en Kaze y salí hacia Edo donde sabía que estaría Sasuke.
Según me había contado Mousse camino a casa, mi fiel compañero estaba en la ciudad buscando información. Su capacidad de camuflaje y su sigilo Ninja le hacían el espía perfecto.
Me pase parte del día buscándolo y reclutando hombres para trabajar como guardas de los Saotome. No valía cualquiera, Sasuke y yo necesitábamos hombres que fueran de confianza y que no se dejaran sobornar con facilidad.
Por suerte para nosotros los Saotome eran respetados y muchos jóvenes deseosos de entrenar en él dijo familiar juraron fidelidad a la familia con tal de entrar como pupilo y protector de esa familia.
Cuando teníamos a unos cuantos elegidos volvimos a casa, escuché con gracia como el estómago de Sasuke gruñía.
— ¿tienes hambre?
Mi amigo asintió con pesar — no he comido en... — empezó a contar con los dedos haciéndome reír — unas siete horas.
— siento mucho que no haya podido comer — dije con pesar — cuando llegues a casa vete directo a las cocinas, Nodoka-sama no está de buen humor yo me encargaré de contarle las nuevas más tarde.
Estábamos llegando, cada vez se veía más cerca la puerta del hogar de los Saotome — Akane, van a morir muchos jóvenes inocentes...
— Lo harán — murmure mirando al horizonte.
Sasuke suspiro y se limpió el sudor de la frente con el antebrazo — estoy nervioso... yo... nun... nunca... ¡no se luchar en batalla!
— Ni se te ocurra decir lo que estás pensando Sasuke — le conocía muy bien, demasiado bien. Sasuke era un buen peleador y mejor ninja, pero le faltaba confianza en sí mismo. Su mejor amigo estaba asustado y tenía morir en esa absurda y anunciada guerra pero ella no lo iba a permitir.
— Pero es posible que yo...
— Podemos morir todos Sasuke, pero no podemos pensar eso porque si lo hacemos estamos perdidos — dije firme frenando a Kaze en seco para fijar mis ojos en los de Sasuke que se veían terriblemente asustados — sé que tienes miedo, yo también lo tengo ¡estoy aterrada! Pero no podemos dejar que esos sentimientos negativos nos dominen porque entonces sí que tenemos el pie en la tumba.
— Onee-Chan... lo siento mucho — dijo avergonzado — no quería asustarte ni preocuparte.
Respire hondamente — No pasará nada Sasuke, vamos a luchar y vamos a sobrevivir ¿sabes por qué? — mi amigo negó levemente — porque eres un guerrero excepcional, eres la única persona a la que le confiaría mi vida, yo te cubriré a ti y tú a mí — dije con voz profunda fijando mis ojos en los suyos quienes ahora se veían algo más emocionados — yo te protejo a ti y tú me proteges a mí, como siempre hemos hecho.
Sasuke sonrió emocionado — ¡Si, lo haremos así! Gracias Onee-Chan.
Le di una sonrisa y seguimos rumbo a la casa de los Saotome. Cuando dejamos a los caballos Sasuke se dirigió directamente a la cocina y yo me desvié al jardín.
Seguramente Nodoka-sama seguía enfadada y yo no tenía gana de hablar ni ver a nadie, ni mucho menos enfrentarme a la ira de mi señora por lo que camine por el jardín para pensar un rato.
No me gustaba el ambiente que había en el aire, ni siquiera había empezado la gente a batallar y ya se olía en el aire el dolor y la muerte que se avecinaba sobre nosotros.
Las palabras de Sasuke seguían dando vueltas en mi cabeza, tenía toda la razón, posiblemente mucha gente moriría, muchos conocidos y amigos perderían la vida en una lucha estúpida que ninguna había decidido empezar.
Yo misma podía morir, Ryoga, Mousse... Ranma... todos los que en esa casa vivían podían perder la vida pero debía sobreponerse al miedo y luchar por quien eso no sucediera. Daria mi vida por mantener la de aquellos que vivían bajo ese techo.
Era mi deber, era mi destino...
Llegue a mi zona del jardín, suspire y baje la vista hacia aquel banco que me había visto crecer a mí y mis amigos.
Tenía miedo, maldita sea estaba muerta de miedo pues aunque para muchos e incluso para mí misma fuera un guerrero valiente y leal, en el fondo no dejaba de ser una niña asustada de 22 años.
Sentí los ojos aguarse producto de las lágrimas pero apretando los puños con fuerza me limpié esas malditas lagrimas acusadoras con rabia.
No solo tenía miedo por mí, tenía miedo por mi señora, porque le pasara algo. También tenía por Momoha y los niños, moriría de tristeza si alguien les hacía daño. Temía por los criados y por Mousse que era un hombre impulsivo que primero atacaba y luego pensaba, tenía por Ryoga que a pesar de ser un guerrero excepcional era tan gentil que en el campo de batalla seria como un niño asustado en el momento de matar a alguien.
Y también temía por otra persona, por la que más riesgo corría... temía por...
— Hola Akane.
Abrí los ojos de par en par al escuchar aquella gruesa voz que hacía años no escuchaba. Alce la cabeza poco a poco y temblé ante la presencia que estaba para tras de mí.
Una pequeña lágrima se escapó de mi ojo izquierdo pero no deje salir ni una más. Estaba paralizada.
Poco a poco recuperando la compostura giré lentamente y aún con la sorpresa pintada en la cara me topé por primera vez en años con aquellos ojos azules que tanto me habían gustado a los atrás.
Aquellos ojos que solo poseía el.
— Ranma...
El hombre frente a mi sonrió levemente y pude notar como su pecho y espalda se habían ensanchado aún más, su cuello era fuerte y largo y su postura se veía tensa y alerta. Lo que no había cambiado nada eran sus malditos ojos, seguían siendo dulces y juguetones.
Tras recuperar un poco el hilo de la realidad moví mi cabeza de un lado a otro y fruncí el ceño — ¿qué haces aquí?
— Yo también me alegro de verte — dijo con ironía cruzándose de brazos.
— ¡Contesta!
Ranma me miró fijamente pero puso una torcida sonrisa en la cara que desee borrar de un puñetazo — Las cosas no cambian — apreté los puños con rabia y el heredero Saotome subió los brazos en gesto de rendición — órdenes del emperador.
— ¿órdenes? ¿Eres su mejor guerrero y te pide que te alejes de la corte? No tiene sentido.
— Puede que me debiera un par de favores y esperara este momento para cobrarlos — dijo con burla.
Por un momento mi corazón saltó en mi pecho al ver de nuevo frente a mí a aquel niño que había conocido años atrás. Pero ya no éramos esos niños, había muerto y ahora éramos dos adultos en medio de una guerra.
— Me alegro de ver que estás bien, he oído mucho sobre ti — me dijo con dulzura — incluso el emperador sabe que eres una gran guerrera.
— Me alegra saberlo.
— No lo parece.
— Pues lo siento mucho.
Ranma suspiró sabiéndose derrotado, todo en mi demostraba rechazo, mi mirada, mi postura, mi aura… no quería tenerle cerca, no quería estar allí ni que él estuviera allí, era el mejor de los guerreros del emperador ¿Qué diablos hacía en casa?
— Estoy tan sorprendido como tú de estar aquí Akane — habló con calma — pero el emperador por alguna razón me quiere aquí, en casa.
Protesté por lo bajo — ¿sabe Nodoka-sama que estas aquí?
— Ya la he visto… a todos…
Solté una risa irónica sabiendo perfectamente con quien se refería a todos — ¿a tu mujer?
— También — sus palabras sonaron tensas.
— Espero que hayas dejado bien protegida a tu maiko de Gion — dije con veneno sorprendiéndole — ¿sigue siendo aprendiz o ya ha superado esa etapa y es tu geisha particular? Debe ser un honor para ella ser tan joven y tener como danna a un hombre tan importante entre las filas del emperador.
Tuve ganas de cortarme la lengua, no debía demostrar debilidad o enfado ante él y menos por el tema de que fuera otra mujer la que recibía su atención, pero no podía evitarlo.
Ranma tomo aire con fuerza intentando tranquilizarse — no tengo porque darte explicaciones.
Me quedé de piedra ante las palabras de Ranma. Una parte de mi deseaba que me explicara que tenía esa mujer que no tenía su esposa… o que no tuve yo. Necesitaba saber que había en la mente de Ranma respecto a esa chica, pero solo recibí crudeza y enfado.
Apreté los puños con fuerza, enfadada con él y enfadada conmigo por haber dejado fluir mi lengua sin control — tienes razón, no tienes por qué.
Me dispuse a pasar a su lado y largarme de allí pero para mi sorpresa usando una enorme rapidez me tomo del brazo para frenarme — pero te las voy a dar.
— Ahórratelas, no las necesito.
— Puede que no las necesites — dijo con fiereza — pero las quieres.
Bufé intentando soltarme de ese férreo agarre pero solo conseguí que se apretara. Debía escucharle porque si no con su maldita cabezonería no me dejaría ir nunca.
— ella no significa nada para mí, la gente habla y murmura sin saber… ella y yo nunca fuimos nada, ni soy su danna ni quiero serlo porque ella no me interesa y yo para ella soy como un hermano mayor — solté un bufido ante sus palabras recordando la vez que Ryoga me contó que ella si se le ofreció varias veces — Asuko es… un espejismo nada más.
— Esto deberías decírselo a tu esposa no a mí.
— Ella ya me pidió las explicaciones y yo le di las que creía convenientes, pero ahora quiero explicártelo a ti.
Con rabia me solté del agarre trastabillando levemente — ¡ya te dije que no quiero saber nada! No me importa lo que hagas con tu vida Ranma, toma tus decisiones y sigue tu camino, porque yo seguiré el mío. El pasado queda atrás, mira hacia delante y déjame en paz.
No le deje terminar, con paso ligero caminé hacia el hogar de los Saotome teniendo unas repentinas ganas de llorar. Pase por el pasillo y subí hacia mi habitación deseando meterme en el futón y no salir jamás de allí, no quería cruzarme de nuevo con él, no quería verle… ¿Por qué siempre que avanzaba aparecía de nuevo a destrozarlo todo?
Arrojo con rabia su espada al suelo y se sentó sujetándose la cabeza con las manos — maldita sea, maldita sea…
Me estaba entrando un ataque de pánico, notaba la ansiedad recorrer cada fibra de mi cuerpo. Quería llorar y gritar, quería que mi señora me diera permiso para ir al frente y alejarme de esa casa si así podía estar lejos de Ranma Saotome.
Y si tenía que morir en el campo de batalla que así fuera, pero moriría peleando.
Maldito Ranma, malditos ojos y malditos sentimientos. Maldito el por no dejarla en paz y maldita yo por seguir perdiendo la cordura y la lógica cada vez que él estaba cerca. Era mi maldita debilidad y así pasaran mil años Ranma Saotome seguiría grabado a fuego en su piel.
— Akane — la voz de Nodoka-sama me llamo, abrió la puerta y pude ver su preocupado rostro observarme. Me cuadre rápidamente intentando disimular el torbellino de sentimientos que me habían poseído.
— Mi señora, que se le ofrece.
Nodoka-sama cerró la puerta tras de sí y se acercó a mí. Con un movimiento de cabeza señalo el futón para que me sentara siendo imitada por ella.
— ¿Le has visto? — sabía perfectamente a quien se refería, tras dar un ligero asentimiento mi señora suspiro — que esté aquí no es una casualidad Akane.
— Me lo figuro señora, según el fueron órdenes del emperador pero me consta que es el mejor guerrero de su corte así que no es lógico que le mande a casa, hay algo más.
— Que Ranma esté en casa no es cuestión de azar, tanto yo como las grandes familias pertenecientes a los altos mandos del emperador hemos pedido que los primogénitos vuelvan a casa.
Quise intuir por donde iba — ¿no quiere que Ranma pelee?
Tras un largo silencio Nodoka-sama asintió — no puedo permitir que mi único hijo vaya al frente.
— Es su deber señora, usted misma…
— ¡Pero es mi hijo! — Gritó con rabia — mi único hijo, mi heredero… si algo le pasa el apellido Saotome morirá con él ya que aún no ha sido capaz de darnos un heredero varón.
— Ranma no sabe tampoco porque está aquí — medito más para sí misma que para su señora recordando la conversación que tuvo con él. Habían engañado a Ranma, estaba segura de que el heredero Saotome estaba en casa sin ser consciente de que era una manera de que no luchara — señora, Ranma quiere pelear, si se entera de que ha estado conspirando con las familias para que no pelee se enfadará muchísimo señora, debe hablar con él.
— No voy a permitir que mi hijo vaya a una muerte segura… aun es un niño.
— Es un hombre señora, un hombre que lleva entrenando toda su vida para pelear.
Nodoka-sama se removió incómoda en su sitio ya que sabía que tenía razón pero también sabía que antes muerta que dármela.
— Creo que... debo hablar con él y explicarle por qué...
— Haga lo que crea conveniente señora pero Ranma no se quedará de brazos cruzados por mucho que usted y el emperador intenten frenarle.
— Ranma está entrenado para cumplir órdenes.
— Su hijo está entrenado para luchar y ser un guerrero — dije con rabia mirándola fijamente a los ojos — pero yo no soy quien para decirle que hacer o que decir.
Mi señora suspiro y miró sus manos sobre su regazo. No hablamos más ese día, ninguna estábamos de humor para hablar, quizás nadie en aquella casa tenía gana de hablar.
A la hora de la cena me quede en mi cuarto, no tenía hambre. Pedí el favor a Sasuke de vigilar de cerca la casa y poder descansar.
Aquella noche a pesar de estar agotada no pude dormir, me pase las horas dando vueltas y vueltas sobre el futon. Me dolía la cabeza como mil demonios, la llegada de Ranma, la declaración de la guerra, saber que podíamos morir en un futuro cercano...
De repente por mi cabeza paso el recuerdo de alguien que hacía muchos años no aparecía. Mi familia. Mi hermana kasumi... ¿seguiría viva? ¿Cuántos hijos tendrían? ¿Se acordaría de ella?
Suspire y me refregué los ojos con rabia, no tenía ganas de pensar en nada más. Poco a poco deje que el sueño me venciera.
A la mañana siguiente baje a desayunar, la sala estaba en un profundo silencio y bastante oscura, el cielo había amanecido gris y encapotado augurando un día de lluvia y tormenta. Todos en la sala me miraron pero no dijeron nada, no había ánimos para hablar.
Al sentarme ignoré la intensa mirada que me daba Ranma recogiendo el plato que me ofrecía Yuka con una débil sonrisa. Shampoo también debió notarlo pues tomo a su marido del brazo y lo zarandeo con fuerza llamando su atención.
Vi por el rabillo del ojo como Nodoka-sama fulminaba a su nuera con la mirada pero no dijo nada. El único ruido que había en el comedor era el sonido de los palillos contra los cuencos, ni siquiera A-chan que era una pequeña parlanchina soltó prenda.
Casi al finalizar el desayuno Tomoe entró de manera tímida en la sala y le entregó un papel a Nodoka-sama quien lo leyó en silencio. Al verla fruncir el ceño su hijo le pregunto — ¿Algún problema madre?
— No hijo, tu padre vendrá hoy con un emisario del emperador.
— ¿Un emisario? — Preguntó con curiosidad Mousse — tal vez vengan a indicarnos el destino al que debamos partir para unirnos al ejército.
Lance una leve mirada a mi señora quien se removió inquieta en su sitio — tal vez…
Fruncí el ceño ante las palabras de mi señora, seguía mintiendo y ocultándole a Ranma que le habían tendido una trampa y que no iría al frente. Sin poder evitarlo pose con rabia mi tazón en la mesa haciendo que todos los ojos se posaran sobre mí.
— Señora, no me parece bien lo que está haciendo.
— No sé de qué hablas — me dijo con rabia en la mirada.
Me mordí la lengua, los dioses saben que apreté con fuerza hasta hacerme daño para contenerme y no faltarle el respeto a aquella mujer. Mis ojos en los suyos por el contrario sí que le expresaban lo que mi lengua no podía. Que era egoísta, que solo miraba por sus intereses, que dañaría a su hijo… Ranma quería pelear y ella no se lo permitiría.
— ¿Qué diablos pasa aquí? — preguntó Ranma con curiosidad notando la tensión entre nosotras.
— Nada — espetó Nodoka sin apartar sus ojos de los míos en una clara advertencia — Akane está un poco nerviosa últimamente pero se le pasara pronto ¿verdad?
Respiré con fuerza, llenando mis pulmones de aire intentando calmarme — Así es, señora — no entendía porque estaba haciendo eso. Por supuesto que como madre la entendía, es decir ¿Quién en su sano juicio querría que su hijo fuera a la guerra? Pero Ranma no era un hombre cualquiera, no era un campesino o un orfebre, Ranma era un guerrero, un hombre entrenado en el noble arte de la guerra desde que nació.
Si no le daba permiso para ir significaría la muerte de su estatus, de su reputación como guerrero ya que su propia madre desconfiaba de sus habilidades. Sería un insulto hacia el tan grave que Ranma no podría perdonar jamás.
Estaba cavando su propia tumba en la relación con su hijo y no se daba cuenta.
— Si me disculpa, tengo que entrenar — dije sin poder aguantar más un minuto allí.
Salí de la sala y me encerré en el dojo, una vez más vacío. Suspire recargándome en la puerta para luego mirar la sala de madera decorada con el emblema de los Saotome y diferentes armas, armas que había usado mil veces.
Me dispuse a entrenar para dejar de pensar en mi señora y en la guerra. Comencé con un kata ligero de principiante, pero luego poco a poco fui subiendo la intensidad. Tome una naginata de la pared y comencé a luchar con un enemigo invisible.
Saqué durante horas la rabia y la frustración que sentía por mí, por mi señora y por Ranma. Estúpido Ranma, siempre era el culpable de todo.
Con fiereza gire a la par que movía el arma con fuerza y frené en seco al ver el rostro de Mousse frente a mí. El cuello de mi amigo estaba ligeramente inclinado y me miraba a los ojos con sorpresa.
— Pensé que me rebanarías la cabeza.
— Idiota, casi te mato — dije furiosa bajando mi arma viendo a mi amigo sobarse el cuello — ¿a quién se le ocurre ser tan silencioso? Por kami.
Mousse soltó una risita y se cruzó de brazos — eso significa que soy un buen guerrero — rodé los ojos con aburrimiento esperando que mi amigo continuara su discurso. Le conocía bien no había ido solo a verme entrenar.
— Escúpelo — le dije harta de su escrutinio.
Mi amigo se encogió de hombros y se apoyó despreocupadamente en la pared — solo quiero saber qué diablos os pasa a ti y a Nodoka-sama.
— No es tu asunto Mousse.
— ¿Es porque no te deja ir al frente? ¿O porque no quiere que Ranma vaya? —Abrí los ojos de par en par y una torcida sonrisa se formó en su rostro— así que es eso….
— ¿Cómo sabes eso?
— Se muchas cosas y veo muchas cosas — dijo con calma — Sasuke no es el único con habilidades ninja.
Apreté con furia la naginata entre mis dedos — esto que estamos hablando no puede salir de aquí.
— ¿Por qué? ¿No quieres que Ranma se entere de que su madre le considera un niñito inútil?
— ¡No es eso! Me importa poco lo que Nodoka-sama piense de él, pero ante todo soy una guerrera y me da mucha rabia ver como alguien a quien considero un gran peleador y que se ha ganado a pulso una reputación como tal sea insultado de esa forma por su propia madre.
Mousse me miró fijamente a los ojos logrando incomodarme por un momento. Seguía cómodamente apoyado en la pared, con la cabeza hacia atrás y los brazos cruzados sobre su pecho.
Noté como algo se movía dentro de mí, sus ojos, aquellos ojos azules me miraban de tal forma que casi me estaba desnudando el alma. Intenta ponerme seria y mirarle fijamente yo también pero solo conseguí que pusiera una burlona sonrisa en su rostro, sonrojándome.
¡Maldito fuera! No podía negarlo, Mousse era muy guapo, nada quedaba de aquel chico torpón y tímido, ahora Mousse era un hombre terriblemente guapo que tenía una sonrisa devastadora ¡Y sabía cuándo usarla!
— Mira, se lo que estás pensando y no es lo que crees — dije intentando alejar esos pensamientos de mi mente — me molesta que Nodoka-sama nos infravalore a todos, como si los años que llevamos entrenando fueran un juego de niños cuando para nosotros es nuestra vida ¿o a ti no te molesta que mientras los hombres están luchando por el país tú te quedes en casa por órdenes de Nodoka-sama, sin poder cumplir aquello por lo que has trabajado tan duro de niño?
Una vez más Mousse se encogió de hombros — No sé lo que se sentirá porque yo si tengo permiso para ir al frente — sus palabras fueron como un golpe en la boca del estómago — La señora solo ha abogado por ti y Ranma, el resto le somos indiferentes — escupió con ironía — es más estoy seguro de que si Tomoe se presenta voluntario le importaría un bledo, aun sabiendo que ese viejo caerá el primero.
Me quede en silencio unos segundos pensando en las palabras de Mousse. Note como se alejaba de la pared y se acercaba a mí para poner su mano en mi hombre — No es tan así, es entendible.
— No lo es, nosotros…
— Akane, Ranma es su único hijo y heredero y tú eres para ella una hija más… el resto solo somos personas que viven bajo su techo.
— No es cierto — gruñí encarándole — Nodoka-sama os tiene aprecio, os ha criado desde niños.
— Pero no es lo mismo, cada persona quiere de forma diferente y aunque nos aprecie nuestra vida le es indiferente, es como cuando amas a alguien.
Le miré arqueando una ceja sin entender muy bien el parecido. Mousse soltó una risita juguetona y revolvió mi pelo como si fuera una niña pequeña — está claro ¿no? Tú puedes conocer a muchos hombres y tenerles aprecio, pero solo te enamoras de verdad de uno.
— Hay gente que ama muchas veces en la vida.
— Pero solo una te conquista verdaderamente el corazón — dijo Mousse mirándome a los ojos pero esta vez en sus orbes azules no había malicia ni juego, sus ojos expresaban ternura como los de un hermano mayor aconsejando a su pequeña hermana — al final quieres a muchas personas, pero te enamoras de una — me acaricio con dulzura el rostro haciéndome estremecer y cerrar los ojos, no era la primera vez que lo hacía, Mousse siempre era muy bueno y dulce conmigo, pero desde hacía años su toque me calmaba, y esta vez no había sido la excepción — tengo que irme, Nodoka-sama quiere que vaya con Ryoga y Ranma a Edo a comprar varias cosas para la cena.
— Tened cuidado — le susurre con preocupación.
— No lo necesitamos, somos grandes guerreros — dijo en broma intentando hacerme reír, con cuidado beso mi frente haciéndome cerrar los ojos, disfrutando de la calidez de su toque.
— Mousse debemos…
Nos apartamos prácticamente de un salto para ver a nuestro captor. Ante nosotros estaba parado Ranma, mirándonos con el ceño fruncido y hielo en la mirada. Sentí como algo se removía en mi estómago pero no se lo deje notar, puse el rostro más serio e inmutable que pude encontrar y miré a Mousse ignorándole.
— Mejor te vas yendo — Mousse asintió y camino hacia Ranma que seguía mirándonos fijamente. Sonreí de forma cruel al ver como fulmino a Mousse al pasar a su lado. Cundo me miró de nuevo vi como tenía los hombros tensos y las orejas rojas de rabia, si fuera un león y yo una gacela estaría muerta.
— ¿Necesitas algo? — pregunté con burla, pero no recibí respuesta. Ranma apretó la mandíbula y salió de allí sin dirigirme una palabra.
Noté para mi desconcierto una extraña alegría al ser pillada con Mousse, como si una parte de mi quisiera ver sufrir a Ranma al verme con otro hombre ¿podía ser mi ego femenino clamando venganza? No lo sabía pero no quería saberlo tampoco, mejor me deshacía de esas estúpidas mariposas y seguía entrenando.
Era lo mejor que podía hacer por el momento.
Me encontraba en mi cuarto vistiéndome para la cena cuando Nodoka-sama me abordó — Akane — no le contesté seguía muy enfadada con ella pero por el tono de voz que uso supe que mi señora había ido allí buscando apoyo y hacer las paces — por favor querida, perdóname.
Me giré para mirarla con seriedad — no hay nada que perdonar señora, usted es la dueña de la casa y quien manda en mi vida. Puede disponer de ella como le plazca.
— No es mi intención que te sientas insultada pero entiende, estoy aterrada pensando que tanto tú como mi hijo podéis morir.
— ¿Y Mousse? ¿Y Sasuke? ¿Ellos no importan?
— Por supuesto que sí.
— ¿Entonces porque no impide que vayan también al frente?
Nodoka bajó la vista avergonzada y me conmoví por dentro — señora, debería decirle a Ranma lo que piensa y siente así como hace conmigo, la entenderá.
— Se pondrá furioso.
— Es lógico, peor ¿no cree que deberá decírselo cuanto antes y no cuando lleguen a por Mousse y Sasuke y se entere de que tiene prohibido pisar el campo de batalla? ¿No será peor para usted?
— Se enterara hoy — murmuro con pesar — hoy traerán varios pergaminos para Mousse, Hiroshi y Sasuke… también hay uno para ti.
Mis ojos se abrieron de par en par ante las palabras de mi señora ¿podía ser que había dado su permiso para que fuera yo también a la batalla? — No me mires así, no es cosa mía… pero el emperador desea tenerte entre sus filas, ha oído grandes historias sobre ti y tu valentía…
— Si, algo he oído — dije recordando las palabras de Rama en el jardín.
— Es tu elección Akane. Solo recuerda que te mandaran muy lejos.
Sin más se levantó y salió de la sala sin darme tiempo a responder. Una vez más un tremendo dolor de cabeza me tenía al borde del colapso, necesitaba tomar el aire. Salí de mi cuarto y camine hacia el jardín, estaba anocheciendo y el olor a humedad penetró en mi nariz haciéndome suspirar.
Era una noche tranquila…
— Déjala en paz Ranma — escuche a lo lejos la voz de Mousse. Por lo visto no sería una noche tranquila.
— No te atrevas a decirme que hacer — esta vez fue la voz del heredero Saotome la que sonó en el aire — y menos con ella.
Me acerque con curiosidad hacia ellos, siguiendo las voces que aunque eran susurros se notaban acaloradas. Me acerque con cautela para no ser descubierta y me escondí tras el tronco de un árbol esperando que ninguno de los presentes notara mi presencia.
— Tengo todo el derecho de…
— No tienes derecho Ranma — dijo Ryoga sorprendiéndome— tú fuiste el cobarde que la dejo atrás, ahora asume tus actos.
— Voy a recuperarla Ryoga — mi corazón se aceleró ante las palabras de Ranma — la he amado toda mi maldita vida.
— Y aun así te casaste con otra — escupió Mousse con rabia — déjala vivir en paz Ranma, tú tienes a tu mujer y te casaste con ella por tu propia voluntad, deja a Akane ser feliz no seas un jodido egoísta.
— ¿Y con quien será feliz? ¿Contigo? — Escuche como el tono de Ranma se volvía ácido y mordaz, sabía que el heredero Saotome estaba intentando hacer daño a mi amigo.
Espere intranquila a que Mousse explotara y se lanzaran a los golpes el uno contra el otro pero el chino soltó una risita burlona — eres patético.
— ¿Qué has dicho?
— Lo que has oído — respondió Mousse con calma — No te mereces el amor que te profesa Shampoo así como no te mereces a Akane — apenas respiraba intentando calmar su corazón — y si, Akane sería mucho más feliz conmigo que contigo… es más ahora que tienes a Shampoo yo cuidaré de Akane.
Escuche la burlona risa de Ranma — Sigues siendo un estúpido ciego — dijo con rabia — por mucho que lo niegue sé que el corazón de Akane sigue siendo mío, jamás se dejaría seducir por un imbécil como tú.
— ¿Ves cómo eres patético? — temblé al notar el leve cambio en la voz de Mousse. Puede que para otros pasara desapercibido pero para mí que le conocía tan bien había sido muy obvio de que ahora Mousse se había enfadado de verdad— lo que hay entre Akane y yo es más que algo físico Ranma, es una conexión especial que tú no puedes entender porque eres incapaz de amar a alguien más allá de ti mismo.
Tuve que frenar el impulso que sentí al escuchar como ambos hombres se enzarzaron a golpes tras las palabras de Mousse, escuchaba el impacto de los puños sobre la piel del otro y como Ryoga intentaba separar a esas dos bestias salvajes que eran sus amigos.
Para mi suerte y la de Ryoga la pelea no duro mucho porque en la distancia escucho la voz de Shampoo llamando a su marido. Escuche como uno de ellos escupía con rabia en el suelo y luego la voz burlona de Mousse dijo — tu mujer te busca.
Un breve silencio reino en el jardín — Ranma, ve — dijo Ryoga ante la insistencia de la china. Para su suerte noto como alguien se movía y escucho unos pasos alejándose furiosos. A lo lejos el eco de la voz mal humorada de Ranma cuando se topó con su esposa rebotó en el aire.
— Vamos también nosotros amigo, debemos volver.
Mousse suspiró y junto con Ryoga camino alejándose también de mí, que seguía inmóvil tras aquel tronco frenando mis ganas de gritar y patear algo. No debí haber salido a tomar el aire buscando alivio porque mi cabeza ahora dolía el triple.
Malditos fueran todos, maldito fuera Mousse por enfrentarse estúpidamente a Ranma y maldito Ranma por decir aquellas tonterías solo para enfadar a su amigo como si tuviéramos quince años…
¿Por qué lo había dicho por enfadar a Mousse cierto? No tenía pensado reconquistarla… estaba casado ¿Qué más quería de mí? Me sobe el puente de la nariz con rabia para luego golpear con mi hombro el tronco de aquel enorme árbol.
Odiaba a Ranma, lo odiaba tanto que le dolía, odiaba que fuera su maldita debilidad y odiaba que a pesar de todo el daño que le hizo le siguiera amando. Le amaba tanto como lo odiaba, pero no se dejaría vencer así pasaran mil años lograría olvidarme de ese hombre.
No me dejaría vencer, no le dejaría volver a usarme y hacerme daño, nunca más sería una muñeca en las manos de aquel hombre. Ya no le importaba nada que no fuera su deber y su deber en aquel momento era luchar.
— Madrina — la suave voz de A-chan me saco de mis pensamientos.
— Dime ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
La pequeña se rasco la mejilla sin entender muy bien mi pregunta — acabo de llegar, Nodoka-sama quiere que vayas ya al salón el señor Genma y el emisario acaban de llegar.
Asentí y seguí a la pequeña hasta la sala evitando el contacto visual con mis tres amigos. Lo que si pude ver por el rabillo del ojo es que Mousse se limpiaba con un pañuelo una herida en su labio, seguro producto de uno de los golpes de Ranma quien también debía estar magullado pues los reclamos de Shampoo eran audibles para todos.
Nodoka-sama me miró con intriga pero me encogí de hombros fingiendo no saber nada sobre la reyerta que había ocurrido en el jardín. Pareció no creerme pero tampoco insistió más.
— Buenas noches familia — dijo Genma entrando pomposo en la sala — mirad a quien nos han traído los astros.
Al apartarse pude ver a un hombre alto y de pelo castaño. Sus ojos, esos ojos los había visto alguna vez. Su rostro era atractivo y tenía una cálida sonrisa puesta en su cara, una sonrisa dirigida a mi persona.
— Hola Akane.
Abrí los ojos de par en par al escuchar aquella voz, entonces los recuerdos de aquellos ojos y dulce rostro me golpearon — Shinnosuke… has vuelto.
Aclaraciones:
Maiko: Aprendiz de geisha
Gion: El barrio de geishas de Gion, en Kioto, es uno de los barrios de geishas más conocidos de todo Japón, aunque pocos saben que lo que llamamos típicamente Gion son en realidad dos hanamachi diferentes: por un lado tenemos el pequeño barrio de Gion Higashi (祇園東) y por el otro el más grande y conocido Gion Kobu (祇園甲部).
Danna: Un danna era generalmente un hombre adinerado, algunas veces casado, que tenía recursos para financiar los costes del entrenamiento tradicional de la geisha y otros gastos considerables. Aunque una geisha y su danna podrían estar enamorados, la relación está sujeta a la capacidad del danna para entregar algún aporte financiero. Los valores y convenios ligados a este tipo de relaciones no son bien comprendidas, incluso entre los japoneses.
Naginata: es un arma de asta usada por los samurái del Japón feudal, compuesta por una hoja curva al final de un asta larga.
