Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.
Por obligación, serán un dragón y una víbora
52. Cuarto año: Consecuencias previstas e ignoradas
Astoria llegó al despacho del profesor Slughorn y conteniendo el aire se animó a tocar la puerta.
—Adelante —dijo el profesor, desde el otro lado de la puerta y Astoria no dudó en entrar.
—Buenas tardes, profesor —saludó la chica con algo de ingenuidad, entrando al despacho del hombre.
—Buenas tardes, querida. ¿Qué pasa? —dijo el hombre, que con aire afable observaba una repisa llena de fotos.
—Pues es que creo que perdí mi anillo de compromiso y solo me falta revisar el aula de pociones —mintió la pequeña Greengrass, con un tono lastimero y muy creíble, con una cara de desesperación.
—¡Oh, señorita Greengrass! —exclamó el profesor, volteando a ver a la niña.— ¿Su anillo de compromiso ha dicho?
—Sí, es una serpiente con ojos de esmeraldas —explicó Astoria.— Es el símbolo de los Malfoy —añadió con sorna, notando cierta avaricias en los ojos del profesor Slughorn.
—Así que no solo es novia del joven Malfoy, sino que ¿también es su prometida? —preguntó el hombre con curiosidad y Astoria sonrió con dulzura.
—Los errores del padre de Draco no deberían de opacar lo extraordinario que es él —dijo la castaña con un ligero tono soñador.— Es guapo, inteligente y rico —enumeró la chica.— Así que creo que el prestigio de mi familia es suficiente como para ignorar los pequeños infortunios de los Malfoy —concluyó Astoria.
El profesor miró perplejo a la chica y luego sonrió con aprobación, dando golpes en su prominente barriga.
—Es una chica astuta, muy astuta como buena Slytherin, señorita Greengrass —alagó el profesor.— Sin duda, muy astuta y me ha demostrado que es grandiosa en pociones —añadió con una sonrisa.— Sí, señorita Greengrass, sus pociones han sido las mejores de la clase —concluyó, al tiempo que tomaba un conjunto de llaves que le entregó a la chica.— Ande, vaya al aula a buscar su anillo y no olvide traer las llaves de regreso —concedió el rubio.
—Muchas gracias, profesor —agradeció la chica, tomando las llaves del profesor y sonriendo con satisfacción.
No dudó un solo segundo en salir del aula y entrar al salón de pociones. Echó un vistazo al lugar y sin tomar conciencia, abrió el armario de ingredientes para tomar una pequeña porción de todo lo que necesitaba para volver a preparar la poción de Despertares y los guardó en su mochila, para luego sacar el anillo de compromiso que Draco le había devuelto en cuanto habían regresado, después del chantaje de Pansy.
Cerró todo con cuidado y tomó un pequeño caldero de peltre tamaño uno, para después salir del aula de pociones. Regresó con el proesor Slughorn y entró con euforia, obvio que se alegraba por tener un éxito en su mañoso plan, pero el profesor lo interpretó como alegría por el anillo.
—Me alegra que encontrara su anillo, señorita —dijo el hombre.
—Gracias a usted por ayudarme —contestó, haciendo un movimiento gracioso a forma de reverencia.
—¿Sabe algo, señorita Greegrass? En mis años anteriores, solía dar cenas para un selecto grupos de alumnos y no le negaré que su padre fue parte de dichas cenas en varias ocasiones —comentó el profesor.— Así que no veo problemas para que usted no esté presente en las cenas que planeo dar este año —añadió el hombre.
—Por supuesto, señor, sería un honor para mí —respondió la chica, sonriendo.
—Perfecto, me parece perfecto, yo le haré llegar la invitación —declaró Slughorn, dando por terminada la charla.
Astoria asistió y se despidió con la mano, para enseguida salir de ahí. Sin embargo, Astoria no regresó a la sala común como era de esperarse, por el contrario se fue al segundo piso y se encerró en el baño de las chicas. Sacó todo lo que necesitaba de su mochila y se dispuso a preparar la poción.
Sí, sabía que estaba quebrantando un sin número de reglas al hacer eso, pero un vocesita en su cabeza le decía que necesitaba esa poción para seguir. Si la tomaba, tendría tiempo de hacer sus deberes y además, pasaría tiempo con Draco. Ya podría descansar el fin de semana o en vacaciones. La prioridad en esos momentos era mantenerse despierta y sobrevivir a sus clases.
—Hace años que nadie venía aquí a preparar una poción —comentó Myrtle, saliendo de uno de los cubículos y mirando a la castaña.
—¿Hace años? —interrogó la Greengrass, mientras agregaba el polvo de colmillos de serpiente al caldero.
—Sí, hace cuatro años, antes de que llegaras a Hogwarts, la amiga de Harry preparó aquí una poción multijugos —contó la fantasma, volando alrededor de Astoria y la poción,
—Sí, creo que me lo había contado —respondió la castaña, siguiendo a Myrtle con la mirada. Por alguna extraña razón se sentía como si fuera un ave carroñera, asechando a su victima a medio morir. Pero hizo caso omiso de eso, siguió preparando la poción para finalmente guardarla en varias ampolletas de cristal que luego utilizaría según fuera necesario.
O-O-O
La semana continuó con un ritmo muy acelerado, tanto para Astoria como para Draco. La pequeña Greengrass tomaba dos ampolletas diarias para sobrevivir y aunque cualquiera otro que supiera pegaría el grito en el cielo, ella se sentía de maravilla, haciendo todos sus deberes y pasando el mayor tiempo posible de Draco. Mientras que él hacía circo, maroma y teatro para mantenerse al flote en las clases, llevar a cabo la misión que le había encomendado el Señor Tenebroso y todo aquello sin descuidar a Astoria, aunque se estaba volviendo algo neurótico y loco.
El viernes llegó y el rubio se encontraba encerrado en la biblioteca, finalmente haciendo algunos de sus deberes, porque una cosa era no tener ganas y pensar que era todo inútil, pero de ahí a que lo terminaran echando del colegio por desobligado, no, no se podía dar ese lujo.
Miraba un libro con aburrimiento y con la varita en la otra mano, se concentraba en realizar los hechizos ahí escritos. Aunque era obvio que después de haber aprendido los maleficios imperdonables no había nada que fuera tan difícil como aquello, su único problema era que debía de hacerlos de forma no verbal. Algunos salían, otros no y eso lo desesperaba aún más.
"Crucio" pensó muy molesto y apuntando a una pequeña araña que pasaba por la mesa donde estaba sentado. El indefenso incecto se retorció de dolor, haciéndose pequeño hasta que dejó de moverse. El rubio se quedó observando lo que había hecho y soltó la varita como si le hubiera quemado la mano. Sabía que era solo un insecto, pero la idea de haber matado de dolor... ¡Merlín! Le resultaba grotesco y espeluznante. ¿Sería capaz de matar a un ser humano?
—¡Buu! —susurró alguien a su oído y por mero instinto, tomó su varita y en silencio maldijo un "Flipendo." La persona que estaba detrás recibió el hechizo.
Lo había hecho sin pensar y cuando se volteó y notó a quien había maldecido, soltó una palabrota que no recordaba que sabía.
—Mi amor, ¿estás bien? —le preguntó Draco a Astoria, visiblemente alterado, hincándose a su lado. La castaña solo se había golpeado contra un anaquel y se había caído, posiblemente por el susto de la impresión.
—Nunca —murmuró la pequeña.— Nunca, en lo que me resta de vida, te vuelvo a asustar —declaró, sobándose la cabeza, con visible dolor.
—Lo siento, de verdad que lo siento —se disculpó Draco, acariciando la cabeza de su niña.— Estaba practicando los hechizos no verbales y...
—Y te puedo decir que te quedó muy bien —se rió la pequeña Greengrass, sonriendo para tranquilizar al rubio y darle un beso fugaz.
—Eso no es consuelo, te pude lastimar de verdad —dijo él, con seriedad y abrazándola con delicadeza, notablemente preocupado.
—Vamos, amor —animó ella.— Ni que el profesor Flitwick te enseñara a matar —se burló, aunque a Draco no encontró muy gracioso el chiste, al contrario, se puso más serio y un escalofrío lo recorrió.
—Cualquier cosa, por más pequeña que sea, lo más mínimo que te pase, me preocupa, porque te quiero —confesó Draco, mirando directamente a Astoria.
—Gracias, mi amor, pero no te preocupes, estoy bien —respondió la castaña, repartiendo más y más besos juguetones por todo el rostro puntiagudo al rubio, hasta robarle una sonrisa.
—Y a todo esto, ¿qué haces aquí a estas horas? —interrogó el heredero Malfoy.
—Vine por un libro para la clase de criaturas mágicas, me quedé con unas dudas sobre si los vampiros son criaturas o algo así... la verdad es que no le entendí al profesor y por eso vine aquí —contestó Astoria, encogiéndose de hombros.
—No le deberías de dar mucha importancia a lo que diga el zopenco de Hagrid —le dijo el rubio con desdén.
—Soy curiosa, lo sabes —murmuró ella, dándole otro beso sobre los labios.
—Andas muy besucona, ¿verdad?, pequeña curiosa —declaró Draco, robándole un beso a su niña.
—Ando contenta y feliz por verte —le susurró.— Aunque nuestro encuentro no ha comenzado de lo más romántico —bromeó.
—Ya te dije que lo siento, princesa —volvió a disculparse el príncipe de Slytherin.
—Tranquilo, no me pasó nada. Mejor vamos a la sala de los menesteres —propuso la menor, sonriendo de forma traviesa.
—Vale, solo tú y yo —concedió Malfoy, dándole otro beso fugaz a su novia y ayudándola a levantarse. Tomaron sus cosas con prisa y saliendo hacia la sala de los menesteres, evitando que alguien los viera.
Se divirtieron todo el camino, jugando a las escondidas con los alumnos, fantasmas e incluso con los profesores. A los cuadros no los podían evitar, pero poco les importó cuando llegaron a la sala de menesteres y se olvidaron del resto del mundo.
Se quedaron ahí, charlando y soñando despiertos. Astoria bailó para él y Draco le dio el gusto a su niña, volviendo a tocar la guitarra para ella. Aunque el rubio había desafinado más de una vez, el simple hecho de que accediera a tocarle, significaba mucho para la pequeña Greengrass.
Continuaron la noche charlando de diferentes cosas, hasta que Draco se quedó dormido, sin intención de ir a los dormitorios. El rubio se quedó dormido sobre Astoria, literalmente usándola como almohada y ella lo dejó, observándolo y soñando despierta con varias obras de ballet y teatro. Sin embargo, al cabo de unas horas se comenzó a impacientar, porque por más que quería conciliar el sueño entre los cálidos brazos de su novio, no pudo cerrar los ojos y cuando la luz comenzaba a filtrarse por la ventaba de la habitación, la castaña se vio obligada a tomar su última ampolleta para no quedarse dormida o inconsciente.
—¿Madrugaste? —preguntó Draco, somnoliento y estirándose en la cama.
—Los nervios me despertaron, ¿qué tal si se dieron cuenta de que no dormimos en Slytherin? —mintió ella, acomodándose la ropa.
—Tranquila, nadie se meterá con nosotros, igual nadie nos vio entrar aquí y nuestras cuartadas son buenas, ¿no? —tranquilizó el rubio, levantándose y también acomodando su vestimenta. Astoria asistió, ya sabía que sus amigos no los delatarían, pero algo tenía que decir.
Se tomaron de las manos y salieron de la sala de los menesteres, asegurándose de que nadie los viera. Se dirigieron directo al Gran Comedor, pues el estómago del apuesto rubio exigía algo de alimento. Llegaron y vieron como las lechuzas ya habían hecho su acto de presencia, entregando todo tipo de cartas y correspondencias.
—Mamá y papá nos mandaron una carta —le informó Daphne a su hermana, cuando la pareja tomó asiento junto al grupo de serpientes de sexto año.
—¿Alguna novedad? —preguntó la pequeña Greengrass, sirviendo algo de avena a su plato.
—Lo de siempre, que nos cuidemos y eso —respondió la rubia, entregándole la dichosa carta a su hermana. Astoria miró el pergamino, lo leyó rápido y sonrió de lado, para luego guardarlo y seguir comiendo.
—¿Ha muerto alguien? —preguntó Draco con ligereza, mirando a Theo, quien leía El Profeta sin mucho ánimo.
—No, realmente no, pero si ha habido más ataques de dementores y mira esto —indicó el castaño, pasándole el periódico a su amigo.
—«Stanley Shunpike, el cobrador del autobús noctámbulo (el popular vehículo), ha sido detenido como sospechoso de ser mortífago. El señor Shunpike, de veintiún años, fue detenido a última hora de anoche tras una redada en su casa de Clapham...» —leyó Draco en voz alta.
—¿Que Stan Shunpike es un mortífago? —se asombró Daphne, mirando a su novio y al novio de su hermana con asombro.— ¡No puede ser! ¿Qué clase de payasada es esa? —bufó, sobre todo al mirar la foto del chico que tenía la cara llena de acné.
—Quizá esté bajo una maldición imperius —sugirió Astoria, mirando a los chicos mayores.— Nunca se sabe —añadió cuando la voltearon a ver.
—No lo parece —discrepó Draco, que seguía leyendo.— Aquí dice que lo detuvieron porque en un pub lo oyeron hablar acerca de los planes secretos de los mortífagos... —levantó la cabeza y soltó una carcajada.— Es la mayor estupidez que he escuchado en mi vida —se burló.— Este pobre idiota solo intentaba aparentar que sabía más de la cuenta, no es más que un pobre diablo, ¿para que querría el Señor Tenebroso a un imbécil como él? —añadió desdeñoso, dejando el ejemplar de lado.
—Al parecer los del ministerio quieren probar que son eficientes —remarcó Nott, tomando El Profeta para seguir leyendo.
Daphne resopló y siguió comiendo con tranquilidad, Draco hizo lo mismo y Astoria simplemente los imitó.
O-O-O
Después de desayunar, las dos parejas se separaron. Theodore y Daphne se fueron a hacer deberes juntos, mientras que Draco y Astoria fueron a tomar un baño a sus habitaciones y a cambiarse de ropa. Porque, si bien sus amigos no les habían dicho nada, no era creíble que dos alumnos vistieran las túnicas negras del uniforme un sábado. Así que se fueron a asear y como era de esperar, Draco terminó primero que la niña y decidió esperarla en la sala común.
—Hoy no —les dijo secamente a Crabbe y Goyle, cuando los chicos aparecieron por ahí, con un montón de bombones y dulces.
—¿Por qué? —indagó Vincent, con la boca llena.
—Quiero estar con mi novia, vayan por ahí a comer o qué sé yo, pero hoy no quiero acercarme a ese maldito lugar —declaró con seriedad.
Los dos corpulentos chicos sonrieron y se encogieron de hombros, para ir a los dormitorios a terminar de devorar el botín que acaban de obtener.
Draco suspiró y se frotó el rostro.
—¿Mal sueño, Malfoy? —dijo Cole Greyback de manera desdeñosa, con su placa de perfecto puesta.
—Creas o no, dormí de maravilla —le respondió el rubio, con una sonrisa altanera.
—Me imagino, los brazos de Astoria han de ser muy acogedores —atacó el chico de ojos azules, mirando de forma asesina a Malfoy.
—Bastante —aceptó Draco con descaro, levantándose para ponerse frente al chico y retarlo. El rubio era por unos diez centímetros más alto que Greyback.— ¿Y sabes qué? Nunca tendrás la dicha de estar entre ellos, dormido y descansando en su pecho —añadió de forma venenosa.
—Nunca digas que nunca —le retó Cole.
—Deliras, Greyback —le espetó Malfoy, chasqueando la lengua.— Y más te vale que mantengas tus narices fueras de lo que me concierte o le podría ir muy mal a toda tu familia —amenazó directamente, con un brillo malicioso en sus ojos grises.
—¿Sabes por qué no te pongo en evidencia, Malfoy? —dijo seriamente el chico menor.
—Porque no te conviene que todos se enteren que eres medio lobo y medio Veela —le susurró Draco con asco.
—Quizás, pero tampoco quiero que Astoria sufra al descubrir que está comprometida con un verdadero patán —espetó Cole, mirándolo de forma retadora.
—¿Qué pasa aquí? —se escuchó la femenina y aniñada voz de la pequeña Greengrass, que acaba de hacer presencia en la sala común.
—Nada, mi amor, tu amigo me está diciendo que entiende porque dejé de ser prefecto —se apresuró a responder Draco.
—Sí —le siguió el juego Greyback.— Tengo muchas cosas que hacer, con permiso —se despidió, saliendo de la sala común a pasos largos.
—Se me figuró que estaban discutiendo —comentó la castaña, enarcando una ceja, imitando algo a su novio. Él rió y negó con la cabeza.
—Mejor olvídate de él y vamos a caminar por ahí, que necesito estirar las piernas un poco. Ha sido una semana muy pesada —añadió, rodeando a su niña por los hombros para comenzar a caminar.
—Y que lo digas —suspiró Astoria, sintiéndose algo nerviosa al recordar que esa mañana se había agotado su provisión de poción. Pero sabía que no podía huirle a Draco, de hecho no quería, porque si se había tomado tanta poción era para tener tiempo con él. Aunque la verdad, los ojos le ardían un poco y se sentía euforicamente cansada. Su cuerpo seguía con energía, pero el cansancio mental la mataba.
Salieron a caminar por los terrenos de Hogwarts, alejándose considerablemente del resto de los estudiantes. Anduvieron un buen rato, rondando por los terrenos del bosque prohibido, pero guardando la distancia por los limites de la barrera protectora.
—Cuando estaba primero me castigaron y me tocó entrar en el bosque prohibido —narraba el rubio, mientras andaban por ahí. Astoria estaba abrazada a su brazo y lo observaba con una sonrisa.— Entré con Potter y su bola de amiguitos, para varear el inútil de Hagrid era el que nos guiaba.
—¿Y que andaban haciendo ahí? —indagó Astoria.
—Buscando no sé que cosa que estaba matando a los unicornios —respondió él.
—¿Por qué alguien querría matar a un unicornio? —preguntó la niña, mirando fijamente hacia el bosque, intentando distinguir algo en la oscuridad. Por un fugaz momento, la imagen de Bellatrix cruzó por su cabeza y hubiera jurado que una sonrisa blanca se formó a la distancia, entre los árboles, pero antes de decir nada, Draco le contestó.
—La sangre de un unicornio te mantiene con vida, aunque estés al borde de la muerte —dijo Malfoy.— Pero también te da una maldición, de la que no estoy muy seguro como funciona, pero algo así era la cosa —rió por lo bajo y siguió caminando, cruzando los pastizales que poco a poco perdían el color verde, hasta llegar al Lago Negro, obviamente que Astoria lo siguió, pero poco a poco y con fome la mañana pasaba, se comenzaba a sentir más cansada.
—Amor, vamos adentro —murmuró la pequeña Greengrass, sintiendo que todo le daba vueltas.
—¿Te sientes bien? —indagó Draco, tomando firmemente a su niña, que parecía que en cualquier momento se fuera a desplomar. Y dicho y hecho, Astoria no llegó a contestar la pregunta, pues se desvaneció. Lo último que vio fueron los preocupados ojos de mercurio y luego todo se volvió negro.
O-O-O
Para cuando Astoria volvió a abrir los ojos, se encontraba en la enfermería y por el ambiente, juraría que era de noche. Bien, no podía estar tan mal entonces, dormir unas horas era lo único que necesitaba. Volvió a cerrar los ojos, pensando que al día siguiente, que era domingo, todo estaría normal y tendría tiempo de preparar más poción para sobrevivir la siguiente semana.
No obstante y como era de esperar, cuando la pequeña Greengrass abrió los ojos al día siguiente, se llevó la desagradable noticia de que era Viernes y se había quedado inconsciente seis días.
—¡No puede ser! ¡Me voy a atrasar aún más en Runas! —chilló exasperada al recibir la información de la enfermera.
—Señorita, baje la voz y cálmese, que ya tendrá tiempo de eso. Ahora necesita descansar, mínimo tendrá que estar aquí otros dos o tres día más, hasta que estemos seguros de que sus signos vitales funcionan con normalidad —la reprendió Madame Pomfrey.
—Pero... —suplicó Astoria, aunque su suplica llegó a oídos sordos, pues la mujer la obligó a tomar una poción revitalizadora.
Astoria pasó la mañana sin nada que hacer, mirando el techo de la enfermería y repitiéndose una y otra vez que era una tonta, pero como eso no era suficiente, Daphne apareció para decírselo de forma más clara.
—¿Te querías morir o simplemente eres estúpida? —fue lo primero que espetó la rubia cuando estuvo frente a su hermana.— Todos los días se muere alguien allá afuera, pero como eso no es digno de ti, te querías morir aquí adentro. ¡Como si mamá y papá no nos quisieran mandar lejos por nuestra seguridad! ¡Tú quieres que nos encierren bajo llave y vigilancia por tu insensatez! ¿En qué estabas pensando? —gritó con todas sus fuerza.
—Señorita, si no puede dejar de gritar, le pediré que salga —le advirtió Madam Pomfrey, asomándose desde su despacho. Daphne chasqueó la lengua, pero asistió con la cabeza, para que la mujer regresara a su oficina.
—¿Y? ¿Algo que decir a tu favor? —preguntó con reproche a su hermana menor.
—¿Draco está enojado? —quiso saber Astoria, ignorando el discurso anterior de Daphne.
La mayor de las Greengrass abrió la boca, como ofendida y luego resopló de mala gana, negando con la cabeza ante las prioridades de la castaña.
—Enojado es poco, se puso como loco cuando te trajo aquí en brazos, sin contar que varios lo han molestado, echándole la culpa de lo que te pasó.
—Obvio que él no tiene la culpa, ¿qué imbécil se tragaría eso? — gruñó la menor.
—Todos los que no lo quieren y le recordaron que su padre está en Azkavan —respondió Daphne.— Draco ha estado mal, apenas y nos ha dirigido la palabra y se la pasa sabrá Merlín donde y haciendo que, pero apenas y se deja ver. Según Zabini, la otra vez se saltó la clase de Defensas Contra las Artes Oscuras. Además de que el sábado por la tarde, salió en El Profeta que el ministerio había ido de nuevo a registrar la casa de los Malfoy, te imaginaras como se puso.
—Por Merlín —suspiró Astoria, bajando la mirada al saber lo que su tontería había causado en su prometido.
—Nos diste un verdadero susto a todos —dijo la rubia, ya más tranquila y sentándose en la cama para abrazar y apachurrar a su hermanita.— Maldita pulga, por un momento pensamos que no volvías a despertar.
—Así que nuestra princesa ya despertó de su dulce sueño —bromeó Zabini, seguido de Theo. Ambos chicos entraban a la enfermería, con unas ranas de chocolate en las manos.
—Espero que una sea para mí —sugirió Daphne, mirando a su novio, que tras darle un beso en los labios y sonreí, le dio la suya a la Greengrass mayor, mientras que Blaise le dio la otra a Astoria.
—Gracias —dijo la niña, sonriendo.— ¿Y Draco? —interrogó, mirando a los dos amigos de su novio.
—Ni idea —admitió el moreno.— No fue a Trasformaciones y después de esto, yo que él ya ni me aparecía porque McGonagall está furiosa —añadió.
—Ha andado raro —terció Nott.— Supongo que le pegó duro lo que pasó y ni siquiera se presentó a las pruebas de Quidditch del domingo, si sigue siendo buscador titular, es porque Urquhart al igual que los demás, no deja de agradecer las Nimbus 2001 que tiene el equipo.
—Si que se compró el puesto —susurró Daphne, rodando los ojos y ganándose una mala mirada de su hermana.
—Como sea, Draco sigue siendo el buscador de Slytherin y muchos se quejaron de eso, son ellos los mismos que han jodido a Draco con lo de su padre y que es un maldito corrupto y así —explicó Blaise.— Harper quedó como suplente anotado y creo que fue solamente porque fue el único que no insultó a Urquhart cuando este les dijo a los chicos que ni se molestaran en mostrar nada porque ya teníamos buscador desde hace cinco años.
—Pero que malditos —masculló Astoria, refiriéndose a los que habían insultado a su novio.
—Pues sí, así que el equipo ya está formado. Tu amorsito sigue siendo el buscador, le pese a quien le pese, Vincent y Gregory siguen como golpeadores, Urquhart y Vaisey son nuestros cazadores y tú amiguito Leo es nuestro nuevo guardián —comentó Theo.— Oh y bueno, ya sabes que este es nuestro otro cazador —añadió divertido, cuando Blaise lo volteó a ver feo por omitir que era parte del equipo. Astoria rió sonoramente igual que Daphne.
—Consideraré seriamente volverme un golpeador, para agarrarte a golpes con el bate —espetó Zabini, mirando a su amigo.
—Jajajaja, sabes que me gusta molestarte —argumentó el castaño a su favor.
Los chicos pasaron un rato ahí, hasta que el timbre del descanso sonó y se retiraron al Gran Comedor. Por suerte, la pequeña Greengrass no pasó mucho tiempo a solas pues Paige y Leo no tardaron en aparecer, con algunas provisiones robadas del comedor.
—De verdad que no puedo creer que lo hicieras cuando explícitamente te dijeron que era peligroso —le dijo bruscamente la pelirroja.
—Si, hola, Paige. ¿Cómo estás? ¿Bien? Que bueno, me alegra mucho. Yo también te extrañaba —se burló un poco Astoria, robándole una risa a Leo.
—Hola, Tory —le saludó el chico.— La verdad es que si te echamos de menos, ya no había a quien copiarle en pociones —comentó sonriendo.
—Hola, Leo —respondió la chica, ignorando a su amiga que se había puesto tan roja como su cabello.— Ya me contaron que quedaste como guardián del equipo de Quidditch, felicidades —añadió, regalándole una sonrisa a su amigo.
—Hola, Astoria —resopló Paige, para llamar la atención.— ¿Ya entendiste que no es bueno tomarse calderos enteros de poción? — la regañó.
—Sí, ya lo entendí. Por algo llevo casi una semana metida aquí —contestó la castaña, haciendo una mueca.
—Nos asustaste mucho —dijo Rowle en un tono más suave y subiéndose a la cama para abrazar a su amiga.
—No fue nada —argumentó Astoria, restándole importancia al asunto.
—Fue mucho —terció Leo, con seriedad.— Te pudo dar un infarto si seguías funcionando 24 horas seguidas, ¿qué parte de que la gente necesita dormir no estaba clara en tus ideas? —dijo con cierto reproche.
—Vale, cometí un enorme error, pero fue por una buena causa —se defendió.
—¿Qué es más importante que tu salud? —la reprendió la pelirroja, dándole un tope con la cabeza.
—¡Au! —se quejó Astoria y luego hizo un puchero de niña pequeña y mimada.— Solo quería pasar más tiempo con Draco —declaró y notó la expresión sombría y reprobatoria de sus amigos.
—Ese es otro que parece que le vale un sorbete la salud —gruñó Paige.— No se deja ver por el Gran Comedor, no se deja ver por la sala común y cuando lo ves en los pasillos, el pobre está más delgado y pálido de lo que recuerdo —informó la pelirroja, aún cuando su primo no parecía muy de acuerdo de que diera esa información.— Se nota que le golpeó duro lo que te pasó —añadió.
—Lo que me sorprende es que no se haya pasado por aquí —murmuró la pequeña castaña, con sus ojos verdes llenos de lagrimas.
—Sabrá Merlín donde se mete —comentó Leo.— Según sé, ha faltado a varias clases estos días.
—Lo sé, mi hermana y los demás me dijeron algo —respondió Astoria, mordiéndose el labio inferior para evitar llorar.
¿Dónde demonios estaba metido Draco? Todo mundo coincidía y le decían que el rubio estaba mal, pero los ojos grises parecían no dar señales por la enfermería. La campaña volvió a sonar y sus amigos tuvieron que irse. Así trascurrió la tarde, cuando su hermana apareció con unos ejemplares de "Corazón de Bruja" y como cortesía especial de Luna, unos cuantos ejemplares del "Quisquilloso", para que así pasara el tiempo que le restaba ahí.
Pasó buen rato hojeando las revistas y aguantando el sueño que sentía, solo en el remoto caso de que Draco hiciera acto de presencia, pero la noche cayó y la pequeña Greengrass se durmió con lágrimas en las pestañas. Su príncipe no había aparecido.
O-O-O
Draco salía de la sala de los menesteres. Ya debería de ser más de media noche, pero sus fieles amigos ahí estaban esperándolo en las sombras. Crabbe y Goyle se encontraban sentados, espalda contra espalda, la poción multijugos ya había perdido su efecto algunas horas atrás, pero no importaba mucho, pues hace horas que los estudiantes se habían ido a dormir y por suerte ningún profesor pensaba dar rondas por ahí.
—Despierten —les llamó Draco, sacudiéndolos un poco, para llamar su atención.
Ambos chicos reaccionaron, primero con un gesto agresivo, pensando que era algún entrometido, pero al notar que se trataba de Draco, bajaron la guardia y bostezaron. Con pesadez se pusieron de pie y siguieron al rubio, con pasos lentos y pesados.
Los tres chicos llegaron a las mazmorras y entraron a Slytherin, sigilosamente como serpientes, se escabulleron hasta los dormitorios de los chicos y sin tomarse la molestia de bañarse o cambiarse, se acostaron en sus respectivas camas. Y se quedaron profundamente dormidos.
Si hubiera sido por Draco, el rubio hubiera continuado dormido hasta medio día, pero Blaise, lo despertó con muy malos modos, primero reclamándole que no fuera a clases y luego diciéndole que Astoria había despertado por fin.
—Deberías de ir a verla —sugirió el moreno, mirando a su amigo, quien bostezó con pereza.
—Tengo cosas que hacer —declaró Malfoy, sin darle mucha importancia al asunto.
—¿Y qué demonios es eso que tienes que hacer? Porque estoy seguro de que no son deberes, ya que ni te has presentado en las clases —le acusó Zabini.
—¿Qué demonios te importa? Solo tengo cosas que hacer y punto —sentenció el rubio, levantándose con lentitud y hurgando en su baúl para sacar las cosas que necesitaba ese día.
—¿Esas cosas son más importantes que la salud de tu novia? —interrogó Blaise, sin dar crédito al desinterés que mostraba Draco ante la situación. El aludido volteó a ver a su amigo y arrugó el ceño, negándose a responder esa pregunta, tomó sus cosas para bañarse y tomó rumbo al baño.— Solo dime, y así le digo de una vez a Astoria que deje de esperar por ti —añadió, antes de que Draco azotara la puerta del baño con fuerza.
El rubio entró y abrió el grifo de agua caliente, mientras se desnudaba.
Cada día que pasaba se le hacía más pesado y lejano al anterior. ¿Donde había quedado la euforia de poner el apellido Malfoy más alto de lo que estaba? ¿Donde habían quedado las ganas de inspirar miedo y respeto? ¿Y el jubilo de ser un mortífago elegido por el mismo Señor Tenebroso? ¡Él tenía entusiasmo! ¿Donde había quedado su iniciativa? ¿Qué a caso sus neuronas se habían ido de vacaciones? Al iniciar el año tenía todo prácticamente planeado y destinado a triunfar. ¿Entonces porque no salían las cosas de acuerdo al plan? ¿Por qué el armario no se arreglaba con la facilidad que pensó?
Nada parecía estar fluyendo de acuerdo a sus planes. Quizás había planeado las cosas antes de tiempo, sin prever que todo fluiría más lento. ¿De que le servía Madame Rosmerta si posiblemente ni siquiera habría excursiones a Hogsmeade ese año? Sí, la vieja le daba información, como que veía a Dumbledore pasar por ahí muy a menudo, pero eso le servía menos. ¿Como demonios matar al viejo, si éste se largaba de la escuela?
Quizás podría decirle a Rosmerta que agarrara a Dumbledore y le pusiera el collar de Opalo que ya estaba en su poder, pero sería demasiado obvio y si exponía a la mujer y el plan no funcionaba, seguro perdería una buena informante. ¡Maldición! Aunque también existía la posibilidad de maldecir a la odiosa de McGongall para obligarla a matar al director... ¡No! Aquello sonaba patético y estúpido.
Pateó el gabinete del baño y luego soltó una palabrota, pues su pie descalzo recibió más daño que la estructura de madera. Siguió maldiciendo por lo bajo, aunque sus insultos dejaron de ser exclusivos del gabinete. Maldijo a todo el que cruzaba por su mente, llevándose entre palabras anti-sonantes el nombre del Arthur Weasley, quien hace poco había ido a irrumpir la tranquilidad de su madre y hasta el nombre de su padrino quedó entre un insultó y un grito frustrado.
Se metió debajo del chorro de agua tibia, que ya había regulado. Y dejando que el vital liquido corriera por su cuerpo, dándole algo de confort, recordó a Astoria y el escalofrío que había sentido cuando la vio desfallecer en sus brazos. Maldita mocosa insensata que casi lo había matado de un susto y ella misma casi se había muerto por su insensatez. Quizás esos chicos que lo jodían tenían razón y había sido en parte su culpa lo que le había pasado a su niña... ¡No! Él sabía que no la habían envenenado y que no tenía nada que ver con los mortífagos, ¡maldición, él era uno! ¿Como diantres podía pensar en eso? Lo único que había pasado era que la mocosa se había excedido con el trabajo y esa maldita manía de presentarse como señorita perfecta, andando con él a todas horas y haciendo los deberes en lugar de descansar.
De hecho, el año pasado ya había pasado algo muy similar, pero Astoria parecía simplemente no entender que con la salud no se debía jugar. La mini-Greengrass parecía creerse inmortal y le daba lo mismo dejar de comer, practicar ballet hasta que le sangraran los pies, excederse de trabajo o dejar de dormir. La mocosa parecía no conocer la palabra "limites" y aunque se buscaba convencer a sí mismo de que no era su culpa, la voz de Theo ya lo tenía hasta la coronilla.
Lo mejor era cortar por lo sano, marcar una distancia y ponerle ciertos limites a Astoria. Suficientes problemas tenía, como para además de todo, tener que hacerla de niñera con la pequeña e insensata Greengrass. Suspiró con molestia y sacudiendo la cabeza, se dedicó a bañarse rápidamente, para luego salir como alma que lleva el diablo hacia la enfermería. ¿Astoria quería verlo? Bien, lo iba a ver y él le iba a decir los puntos bien marcados sobre las íes. A ver si la niña entendía de una vez por todas que con la vida propia no se debía de jugar. Quizás él no era el mejor ejemplo de aquello, pero vaya que lo iba a escuchar o se dejaba de llamar Draco Malfoy.
O-O-O
Dormitaba, entre despierta y dormida mientras pretendía leer un articulo de Corazón de Bruja. Hablaba algo sobre los hombres más guapos y poderosos y luego mencionaba que la mayoría de los poderosos no tenían nada de atractivos, pero que el poder seguía siendo el poder. Ahora entendía porque esos ejemplares no podían hacer falta en las cosas de su hermana o Paige. Cualquier serpiente ambiciosa hubiera hecho una lista de esos hombres, escogido al más joven y menos feo para que se convirtiera en su futuro marido. Por suerte ella ya tenía un guapo prometido, aunque no se encontraba en la lista.
Sonrió de lado y bostezó, sin evitar que los ojos se le humedecieran un poco. Dejó la revista de lado y se talló los ojos, volviendo a bostezar. Parpadeó un par de veces y en uno de esos parpadeares, notó que alguien estaba ahí a su lado. Enfocó su mirada y se topó con él.
—Hola —saludó Astoria, sonriendo de forma radiante al notar quien estaba ahí con ella.
—Hola —respondió el rubio de ojos grises, con sequedad. Draco no podo suprimir un dolor en su pecho.
—¿Y como has estado? —indagó la menor ante la visible falta de emoción que mostraba su prometido.
—He estado mejor en otros tiempos —dijo de forma fría, mirando de arriba a abajo a la niña.— Aunque creo que estoy mejor que tú —añadió.
Astoria sonrió de lado, aunque más que una sonrisa fue como si le hubiera dado repentinamente un dolor de muelas. La menor observó al chico detenidamente, comprobando que sus amigos tenían razón al decir que Draco lucía más pálido y delgado que antes.
—¿Tan enojado estás qué no me darás ni un beso ni un abrazo? —preguntó frustrada. El rubio le estaba regalando una indiferencia increíble.
—No sé si 'enojado' sea la palabra correcta —murmuró él.— Te pudiste morir —dijo con seriedad.— ¿Cuantas veces no has caído aquí por irresponsabilidad?
—Menos que tú, te lo aseguro —intentó bromear la castaña, pero a Draco no pareció hacerle gracia y ella bajó la mirada, avergonzada.
—Sabes que cuando yo vengo aquí no es nunca nada grave —aclaró él.— Puede que haga mucho escándalo para que le den su merecido a los que me lastimaron, pero sabes que jamás he estado inconsciente por una semana con el peligro de no despertar —espetó el rubio.— Tus padres te quisieron llevar lejos y si tú y Daphne siguen aquí es porque Madame Pomfrey dijo que era peligroso moverte.
—No lo sabía —susurró, haciéndose pequeña en su lugar.
—¿Y tampoco sabías que tomarte un caldero de poción de ojos abiertos te podía matar? —bramó con reproche.— ¿El año pasado tampoco sabías que si no descansabas te iba a dar un colapso? ¿O durante tu primer año tampoco sabías que si dejabas de comer te iba a dar algo? —le dijo con frialdad. La menor abrió la boca y luego la volvió a cerrar, incapaz de decir algo a su favor y volviendo a admirarse de la gran memoria que tenía su prometido.
—Lo siento, de verdad que lo siento —murmuró, mordiéndose el labio inferior.
—Yo lo siento más —sentenció Draco, entornando los ojos y haciendo ademán de irse, pero Astoria lo tomó de la mano.
—No puedes terminar conmigo, estamos comprometidos —rezongó la menor, arrugando su nariz.
—Jamás he dicho tal cosa, solo quiero que te quede claro que una cosa: Hay prioridades y si tomas una mala decisión debes lidiar con las consecuencias —le dijo con firmeza, soltándose del agarre de su niña.
—¿Entonces la consecuencia de lo que hice es que estés enojado conmigo de forma indefinida? —se quejó la pequeña Greengrass.
—No, mi enojo y decisión de guardar distancia es solo mía. La consecuencia fue que casi te mueres y hasta que no lo entiendas, creo que soy mala influencia para ti —declaró finalmente, incapaz de decir las cosas más claras o argumentar algo que tuviera más sentido que sus divagaciones.
Astoria se cruzó de brazos y suspiró. El golpe que sintió ante las palabras de Malfoy la dejaron en trance y no reaccionó hasta que el rubio ya se había ido, aunque igual no tenía nada que decir o pensar. Se quedó ahí en la enfermería, meditando sobre lo que acaba de pasar. Daphne volvió a aparecer por la noche, igual que Paige, Leo y Cole, pero no entabló mucha conversación con ellos. El día terminó y los días siguientes fluyeron, haciendo que el lunes llegara antes de lo que a Astoria le hubiera gustado. Draco no volvió a hacer acto de presencia y la pequeña Greengrass no volvió a preguntar por él.
O-O-O
El lunes por la tarde Astoria tenía tantos deberes como regaños. No hubo profesor que no la regañara durante la clase, haciéndola sentir avergonzada. Incluso el profesor Slughorn había hecho mención de lo ocurrido en la clase e informó que había puesto un hechizo en la entrada para identificar a cualquier que saliera con algo que no le pertenecía. Si bien, había resultado insultante, fue divertido cuando el hechizo detector sonó justamente con Romilda Vane. La Gryffindor argumentaba que solo quería comprobar lo del hechizo, pero al profesor le dio igual aquello y la castigó por tomar huevos de Doxy.
Claro que como no todo podía ser diversión, el profesor Snape le había dicho que la castigaría, como era de esperarse, pero aclaró que por el momento la dejaría descansar y ponerse al corriente. Astoria no dudó en tomarle la palabra al jefe de su casa y se dedicó a recuperar fuerzas, descansar y hacer deberes. Nadie se extrañó con eso, pero si se extrañaron mucho al notar la distancia que habían marcado ella y Draco. Sin contar que la apatía mutua que mostraban era alarmante para aquellos que los conocían bien, mientras que resultaba grata para aquellos con Pansy.
Si bien, al principio los amigos del príncipe y princesa de Slytherin, se mostraron alarmados, al cabo de unos días desistieron, sobre todo cuando ambos argumentaron que nadie debía de meterse en sus problemas de pareja. Así que al cabo de unos días todo fluía con relativa normalidad. Slughorn volvió a mostrarse afable con Astoria, alagando sus pociones e invitándole de nuevo a las cenas. Siendo que no tenía nada mejor que hacer, la castaña aceptó encantada y asistió un par de veces junto a Zabini, quien no perdía oportunidad de indagar para saber si podía ayudar a que ella y Draco se juntaran, pero como buena serpiente ella argumentaba que solo le diría algo si él le confesaba por fin qué era aquello con lo que amenazaba a Pansy y solo entonces el moreno desistía de sus intentos de cupido.
Las semanas pasaron tranquilas y monótonas, llenas de deberes y con frío. El clima exigía que los alumnos usaran bufandas y guantes para salir del castillo, aunque a nadie se le antojaba andar afuera. Las noticias no parecían mejorar mucho con forme pasaban los días y la única razón para alegrar a los estudiantes llegó a mediados de octubre. Cuando se anunció que se realizaría la primera excursión del curso a Hogsmeade. Cualquiera hubiera jurado que esas excursiones no se continuarían realizando por las medidas de seguridad, pero el saber que podrían salir unas horas del castillo pareció subirle el animo a muchos.
No obstante, la alegría no fue para todos. Paige animaba a su amiga para que fuera con ellos a pasar un buen rato y distraerse, pero antes de que la menor de las Greengrass pudiera decir que si o que no, Snape le dejó saber que estaría castigada ese sábado en particular.
—Es un pesado, tuvo varias semanas para castigarte y te viene a castigar el día de la excursión —le decía la pelirroja a Astoria, para animarla, pero a la castaña pareció darle igual ir a Hogsmeade que quedarse a pulir a mano los trofeos de Quidditch.
—Por mi encantada, igual no tenga razones para ir a Hogsmeade —declaró la castaña, sumergida en sus deberes de Runas Antiguas.
—Que no vayas a ir con Malfoy no significa que ir a Hogsmeade no sea divertido. Vamos, la próxima excursión podremos por fin ir en grupo como amigos —dijo Leo, quien devoraba sus últimas provisiones de grajeas de todos los sabores.
—No tiene nada que ver con Malfoy —se defendió Astoria, arrugando el entrecejo.
—Bueno, si le ves el lado bueno, nos haremos compañía —comentó Cole, sentándose a un lado de la pequeña castaña y rodeando sus hombros con un brazo.
—Sí, si le veo el lado bueno te tendré disponible para que me ayudes con esto —respondió Astoria, apuntando el libro de Runas que estaba en sus piernas.
—Me hubiera gustado más que dijeras que practicaríamos Ballet, pero con las Runas me conformo —aceptó el chico de ojos azules, sonriendo con algo de arrogancia, sobre todo al notar que cierto rubio de ojos grises había hecho su aparición en la sala común.
—Ten algo de consideración con ella —le dijo Leo.— No tiene ni un mes que ha salido de la enfermería y ya la quieres poner a bailar —añadió con cierta burla. Los aludidos rieron y Cole observó de reojo como Draco hacía una mueca mal humorado, pero eso pasó desapercibido por la chica, quien al parecer ni siquiera notó que el rubio había pasado por ahí.
El grupo de amigos siguió platicando un rato, haciendo muchas menciones sobre el hecho de que Leo fuera el nuevo guardián de Slytherin y sobre los privilegios que Cole tenía como prefecto.
—Seguro que la próxima prefecta será Astoria —declaró Leo, recibiendo un codazo por parte de su prima.
—¿Y qué hay de mí? —se quejó la pelirroja.
—Tú tendrás un buen puesto en el profeta, seguro que Rita te contrata cuando sepa que eres su fanática numero uno —se burló Astoria, obteniendo risas por parte de sus amigos, aunque Paige hacía un puchero.
—¿Y quien será el prefecto? Porque no creo que seas tú —gruñó la chica, mirando a su primo de mala manera.
—No lo sé, a lo mejor Aaron o Andrew —respondió Leo, encogiéndose de hombros.— ¿No han notado que en Slytherin hay más chicas que chicos? —añadió al hacer cuentas de las posibilidades que había para los prefectos del año siguiente.
—Bueno, si lo pones de esa forma, también somos la única casa que tiene puros hombres como miembros del equipo de Quidditch —comentó Astoria.
—Es que las Slytherin somos delicadas —se inmiscuyó en la platica una chica del curso de Astoria, curiosamente con la que tenía Runas y a la que no le hablaba. ¿Cual era su nombre? ¿Gena... Gersa...? ¡Geraldine! Se llamaba Geraldine Jenkins.
—Apoyo eso —concedió Paige, sonriendo.— Las Slytherin somos señoritas y eso de montar en escobas con un 90% de terminar todas llenas de moretones, no es nuestro estilo —dijo con convicción.
—Deberías de sacar un articulo sobre eso, podrías titularlo: "Las damas de Slytherin no se rompen las uñas" —observó Astoria, a forma de broma y recibiendo un coginazo por su comentario.
—Jajaja, yo creo que si hay algunas por ahí a las que les gustaría entrar al equipo, pero igual la mayoría no entra porque los chicos acaparan todo y eso que son menos que las chicas —dijo Geraldine.
—Bueno, somos una casa fuera de lo normal, aunque si revisamos por ahí seguro que si ha habido mujeres en el equipo de Quidditch de Slytherin —intervino Cole, con seguridad en sus palabras.— Solamente que este año los estereotipos están muy marcados.
—¿Estereotipos? ¿Eso de que todos aquí somos parientes de mortífagos? —se burló la chica, que tenía el cabello rubio-dorado y un par de ojos castaños.
—Argumentaríamos a tu favor, pero creo que Leo y yo si caemos en ese estereotipo —resopló la pelirroja y la rubia rió por lo bajo.
—Bueno, pero eso no implica nada. No es como si ustedes fueran mortífagos y el día de mañana fueran a andar por ahí matando mestizos ¿o sí? —interrogó.
—No, obvio que no —declaró leo, sonriéndole a la chica y Astoria hubiera jurado que Paige se había puesto celosa.— Pero somos un cliché personificado de esta casa —añadió con algo de burla, robándole una carcajada a Gerladine.
La rubia se incluyó en la plática hasta que llegó la hora de dormir y cada quien se fue a su habitación.
O-O-O
El día de la excursión amaneció tormentoso, con fuertes corrientes de aire que se mezclaban con copos de nieve. La mayoría de los Slytherin, de tercer año hacia arriba, decidieron abandonar la calidez de la sala común para tomar algo de aire fresco. Paige y Leo no fuera la excepción, aunque por desgracia no fueron juntos, porque Leo invitó a Gerladine con ellos y la pelirroja, dejando muy claros sus celos, prefirió pedir asilo en el grupo de Blaise, quien encantado de la vida la aceptó.
Los amigos se despidieron de las serpientes que no iba a ir a la excursión y prometieron comprarles varios dulces a los que se quedaran, sobre todo Daphne prometió comprarle ranas de chocolate a su hermana, si ella prometía portarse bien. Astoria puso cara de elfo domestico a medio morir y juró que lo haría, aunque no llegar a ser cierto, pero tanta generosidad de la rubia Greengrass no se podía desperdiciar.
Astoria terminó de desayunar en compañía de Cole y al rededor de las diez, se despidió de su amigo y tomó rumbo al despacho de Filch, con quien debía de cumplir su castigo y se llevó una gran sorpresa al notar que no era la única Slytherin castigada.
—Vaya, vaya —dijo el conserje con sorna.— Una linda pareja de Slytherin para que limpien juntos todos los trofeos, hasta que vean sus odiosas caras ahí reflejadas —se burló.— Mocosos mal educados —añadió, antes de entregarles una cubeta llena de limpiadores y trapos viejos.
Draco Malfoy la miró pero no dijo nada, solo tomó la cubeta y le abrió la puerta a Astoria, por cortesía, para ir a la sala de trofeos, aunque aventó la puerta hacia atrás cuando Flich pretendía salir detrás de ellos. Ambos escucharon unos insultos y no pudieron evitar reír por lo bajo.
Llegaron al lugar y dejaron que el conserje abriera las vitrinas y los dejara solos para hacer su trabajo. Astoria tomó un trapo y comenzó la limpieza, decidida a no decirle nada al rubio y él la imitó, sin intenciones de explicar porque estaba castigado también.
Empezaron su trabajo, ignorando que los dos estaban ahí pagando las consecuencias de su irresponsabilidad. Aunque para Draco resultaba muy conveniente aquello, pues nadie podría echarle la culpa ese día, cuando Madame Rosmerta cumpliera sus ordenes y por fin uno de sus planes diera resultado.
Después de un rato y de varios trofeos relucientes, se dio la casualidad de que ambos, perdidos en sus pensamientos, tomaron el mismo trofeo al mismo tiempo. Sus manos se tocaron y en un parpadear, como si les quemara el contacto, soltaron el trofeo que estrepitosamente azotó contra el suelo. El dichoso trofeo se rompió en cachitos y ambos suspiraron al caer en cuenta que esa era otra cosa por la que debían de pagar.
—¡Merlín! Aquí está otro fin de semana limpiando las armaduras del colegio —masculló Astoria.
—Ya, tranquila —le indicó Draco, con cierto aire de despreocupado.
Ella lo miró y arrugó su naricita, algo molesta, pero al mismo tiempo muy feliz de haber escuchado la voz del rubio. El chico sacó su varita, volteó hacia todos lados y recitó el hechizo «Reparo», ante la anonada mirada esmeralda.
—¿No tendremos problemas con eso? —interrogó la castaña, levantando el trofeo que lucía como nuevo.
—Tú no le dirás a nadie y yo no le diré a nadie, así que nadie tiene porque saber —respondió, con una sonrisa cómplice.
Astoria sonrió también y dejó el trofeo en su lugar, dispuesta a continuar su castigo, pero un mariposeo en su estómago no la dejó continuar.
—¿Aún sigues molesto conmigo? —indagó, dejando de lado el tropo viejo con el que limpiaba.
—Jamás me molesté contigo, mi amor —confesó el rubio, imitando a Astoria y acercándose a ella para tomarla del mentón.— Solo me espanté y pensé que si te dejaba pensar que estaba enojado, aprenderías la lección —añadió con algo de arrogancia.
—Te tomaste muy bien tu papel —bufó ella.— Eso de actuar extraño te sale bien.
—Eso es otro asunto —cortó, tajante y soltando a su niña, para volver a tomar su trapo y seguir limpiando una maldita medalla que decía "James Potter."
—¿Otro asunto? —preguntó Astoria, enarcando una ceja, pero no consiguió respuesta, pues Draco solo hizo una mueca de asco.
—Esta porquería es del padre de Pottet —masculló el rubio, dejando la medalla de lado.
—Draco, te estoy preguntando, ¿en qué andas metido? —insistió la pequeña Greengrass, haciendo un puchero al ser ignorada.
—Astoria, solo ignoralo, ¿sí? —sentenció él, maldiciendo mentalmente por hablar de más.— No es nada que importe.
—Pasas mucho tiempo haciendo sabrá Merlín qué cosa y faltas y a clases y ¿no me dirás qué es? —declaró indignada, dándole un golpe a la medalla de Potter.
—Perfecto, si la rompes te doy un beso —propuso el rubio, riendo por la bajo y mirando con desdén la medalla.
—¡Uff! Eres insoportable cuando te lo propones —bufó ella, agachándose por la medalla.
—Y a ti te encanta —se defendió él, haciendo que la niña volteara a verlo y se sonrojara, para luego ponerse rápidamente de pie.
—¿Me dirás por lo menos por qué te castigaron? —pidió saber, mientras acomodaba el trofeo de Gryffindor en su lugar y seguía limpiando más cosas.
—La vieja bruja de McGonagall se molestó porque no le llevé la tarea —informó con descaro, imitando a su prometida y limpiando las cosas.
—¿Y no haces la tarea de McGonagall, porque...? —indagó, pero solo consiguió una carcajada de Malfoy.
—No te diré y si quieres que sigamos por la paz, no sigas insistiendo y no hagas más idioteces por el amor a Salazar —respondió Draco.
—Solo porque te echaba mucho de menos, te dejaré pasar esta, pero tarde que temprano me enteraré en que andas metido —amenazó la niña.
—Claro que te enterarás —murmuró él, sintiendo que un escalofrío lo recorría. No quería imaginar como se pondría Astoria cuando supiera en lo que andaba metido, pero mientras no fuera necesario, de su boca no saldría media palabra.
Siguieron su castigo, ya de mejor humor, charlando y demás, hasta que los profesores que los habían castigo hicieron acto de presencia y se los llevaron para que copiaran unas lineas como parte final del castigo. Las lineas de Astoria decían: "No debo de tomar cosas de los profesores para hacer cosas peligrosas e ilegales", mientras que las de Draco decían: "Debo de hacer los deberes que me ponen los profesores y no contestar cuando me regañan por no hacerlas."
Así pasaron una buena parte de la tarde y ya después de eso se toparon en las mazmorras, frente al muro de piedra que ocultaba la sala común de Slytherin.
—Opalo y plata —murmuró Draco, para que el muro les abriera el paso.
Entraron y pasaron buen rato ahí sentados, Draco mascullaba que le dolía la mano y Astoria, acurrucada en su regazo, estudiaba algo de Runas. Cole apareció más tarde y aunque la pequeña castaña se vio tentada a pedirle ayuda a su amigo, decidió que quizás y solo quizás por esa vez podría darle prioridad al regazo de su prometido y quedarse ahí en sus brazos, sin que se molestara. Estuvieron unas horas ahí, hasta que Crabbe y Goyle aparecieron y el rubio le susurró a su prometida que tenía cosas que hacer. La niña iba a rezongar, pero la mirada de plata la dejó callada y resoplando por no tener idea de lo que él hacía.
Resignada, aprovechó la ausencia de Draco para pedirle ayuda a Cole con las runas y al cabo de dos horas, Leo y Geraldine aparecieron con varias golosinas que habían comprado en Hogsmeade. Pero lo verdaderamente sorprendente llegó cuando el grupo de su hermana apareció con bolsas de las tiendas de Hogsmeade y con una noticia escalofriante.
Pansy y Daphne se encargaron de divulgar la noticia de lo que le había pasado a Katie Bell y toda la sala de Slytherin se volvió un verdadero nido de serpientes con comentarios venenosos, crueles y uno que otro burlón o lastimero. Lo que más sobresalía y producía especulaciones era el hecho de que, como siempre, Potter se encontraba por ahí cuando todo había pasado.
—Ahorita se ha de encontrar en la enfermería... —fue lo primero que Draco escuchó de la noticia cuando entró a la sala común y por unos segundos sonrió con satisfacción, jurando que se trataba de Dumbledore, pero la ilusión le duró demasiado poco, porque más tardó en sonreí que en escuchar:— Pobre Katie, con todo y que no es Sangre Sucia le tocó la de malas —concluyó Pansy con veneno.
—¿Draco, ya te enteraste de lo que pasó? —preguntó Theo a su amigo, quien tenía la cara desencajada.
Así que al final todo había salido mal. ¡Maldita fuera! Bien decían que si uno quería que las cosas salieran bien tenía que hacerlas uno mismo. Pateó una mesa, provocando que la lampara que ahí estaba se cayera y recitando un montón de maldiciones, se fue a los dormitorios de los chicos, seguido de Crabbe y Goyle, dejando a sus amigos y a su prometida con la palabra en la boca y extrañados ante la reacción de Malfoy por la noticia de lo que le había pasado a Katie.
