Advertencia: BDSM

*discreción del lector*

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"Es de madrugada Draco y -"

Sus dedos se posaron con suavidad sobre sus labios, cerrándolos para evitar cualquier sonido. "Sólo hazme caso ¿si?"

Ella se quedo ahí. Inmóvil. La seda rozando su torso desnudo.

Ella no lo había notado hasta ese momento, pero él solo traía su pantalón de pijama. Su piel estaba descubierta por completo, sus músculos marcando su abdomen, y podía notar la marca en v sobre la cinturilla de su bóxer.

Intentó mantenerse estable cuando sus dedos pasaron por dentro de la bata, apretando su cadera con suavidad. "No hagas un solo ruido hasta que estemos abajo."

«¿Abajo?»

Sus pies se deslizaron por el suelo. Había olvidado colocarse zapatos. O mas bien, no sabía que los necesitaría.

Draco había tomado ahora su muñeca, tirando de ella por el pasillo. Bajaron las escaleras con rapidez y sigilosamente se sumergieron en un pasillo que era desconocido para Clarisse debido a la oscuridad. Cruzaron una enorme sala con una larga mesa en su centro, y dieron a otro corredor algo más estrecho.

Su mirada bajo a los dedos de Draco cerrando su muñeca con fuerza. Su cuerpo tensándose a cada movimiento, su espalda flexionándose y su cabello desordenado .

Intentó frenar, asumiendo que lo que hacían no era bueno. Ella pensó. No había visto Mortífagos desde su llegada pero ella sabía que estaban aquí. La mansión era lo suficientemente grande para que una gran multitud estuviera en ella. Solo esperaba no encontrarse con ninguno en su camino, si no, las cosas se pondrían peores.

Su mente se expandió cuando notó hacia donde se dirigían. La escalera hacía la planta baja de la mansión le recordó los gritos de la mujer. Los grito provocados por la varita de su padre.

Sus pies dolieron al sentir piedrecillas enterrarse en su piel. Bajaban las escaleras a paso acelerado y Clarisse comenzó a temer de lo que Draco podía estar planeando.

Cuando la escalera terminó, miró a su alrededor. Antorchas diminutas colgaban de las paredes, iluminando de un color amarillento el pasillo. Avanzaron unos cuantos pies y ella vio las mismas celdas que encontró la primera vez que bajó allí. Un ligero escalofrío recorrió su cuerpo cuando vio las armas, en las mismas posiciones, ordenadas y limpias. Filos brillantes y cuero gastado.

Miró hasta el fondo del pasillo y notó que varias celdas estaban ocultas con una tela color café, arrugada y desarmada. No le tomó importancia e intentó seguir los pasos de Draco.

Creyó que la llevaría hasta donde ella conocía, pero en cambio, dobló en un siguiente pasillo, largo y frío, que parecía no acabar nunca.

Miró hacia todos lados. Al parecer el subterráneo lograba ser del mismo tamaño de toda la mansión. Allí podrían tener a cientos de personas y nadie lo sabría. Quizá, eso planeaban.

Un tirón más y llegaron a un cuarto de gran tamaño. Aquí, las antorchas eran aún más grandes y la pesada luz daba claridad de esquina a esquina.

Clarisse sintió que su estómago daba un vuelco.

Mesas con cadenas, más látigos, cuchillos, y en el centro... en el centro había una gran estructura de madera. Firmes y robustos pedestales de los cuales colgaban cadenas brillantes y sogas rígidas. Sobre sí, una desliz que conectaba cada parte superior de fierro a una palanca en su costado.

Desde la posición de Clarisse, aquel mueble se veía aterrador y tortuoso, y tragó saliva cuando Draco lo miró con una sonrisa en el rostro.

"Draco... ¿por qué me trajiste aquí?"

Él la miró. Pero no fue una simple mirada. La mirada que el le envió fue lasciva y sensual, obsesiva y algo exacerbada.

Ella se quedó congelada, sintiendo como Draco se acercaba a ella, lamiendo la comisura de su labio. Bajo la luz anaranjada de las antorchas ella podría jurar que se veía aun más atractivo de lo que era. El tono de su piel se veía cálido y sus cabello rubios, ahora tomaron un tono oscuro, haciéndolo ver más macizo.

"¿Quieres saberlo?" murmuró.

Asentí perezosamente. "Si..."

Clarisse tembló cuando sus dedos rozaron su camisa, acariciando la tela del borde de ella, levantándola lo suficiente para dejar ver su vientre contraído, provocándole un suave jadeo. Su mano saltó hasta él, dando pequeños toques sobre si, avanzando hasta llegar a su espalda baja. Su otra mano se elevó, enterrando su dedo índice en la cinturilla de su pantalón corto, tirando de él hacia abajó para desnudarla poco a poco.

En un momento Draco ya estaba a centímetros de ella, susurrando sobre su boca. "Dije que te follaría, Clarisse, y no pude..." sus rizos rubios se combinaron con los mechones que caían por su frente. "Ahora, tengo todo el tiempo del mundo para hacerlo, y no aceptaré que te niegues, porque, aunque lo hicieras, te follaría de todas maneras."

Clarisse sintió como sus piernas tiritaban, haciéndole perder el equilibrio. Ella subió sus manos hasta los hombros de Draco, enterrando las uñas en su piel, provocando que un silencioso y brusco gemido saliera de su boca.

"¿Me dejarás hacerlo, Clarisse?" preguntó, ahora, sus sensibles labios tocando los de ellas. "¿Me dejarás follarte?"

Sus palabras hicieron que su punto débil cediera, encendiendo su interior por completo. Podía sentir el fuego, el ardor corriendo por su sangre. Asintió apenas sintió sus manos bajar hasta su monte de venus, acariciándola por sobre la tela de algodón que los separaba.

"Me harás caso en todo ¿verdad?" preguntó, sacando la mano de su pantalón para acomodar sus mechones de cabello. "¿Serás una buena niña para mi esta noche?"

«Merlín, por ti sería lo que quieras»

"¿Por qué haces esto?" preguntó ella, apartandose cuidadosamente.

"¿Eso importa?" su tono fue brusco y molesto. Sus ojos fulminandola desde la distancia.

Clarisse asintió de una manera tan leve que pensó que él no lo había notado. "Si.. además -" su garganta se cerró y trago saliva. "¿qué si no hago lo que quieres Malfoy? ¿Realmente eres capaz de obligarme?"

"Soy capaz de muchas cosas." murmuró, volviendo a cortar su distancia.

Ella bajó la mirada. "Sabes que no soy así ¿verdad?"

"Claro."

"Sabes que no me gusta que me den órdenes."

"Lo sé..."

"Entonces - ¿por qué me pides que haga esto?"

"Porque me resulta magníficamente placentero que te niegues, Clarisse." en pocas palabras el la tenía en sus garras de nuevo, estremeciéndola sin siquiera tocarla. "Porque a pesar de tus estúpidos principios, sé que te gusta esto." sus dedos golpearon el hombro de su bata, dejándola caer por uno de sus brazos. "Sé que te encanta poner las cosas difíciles." ahora, su dedo golpeo el otro hombro. La bata cayó al suelo, enrollándose a sus pies. "Y resulta... que a mi me encantan los retos."

"¿Por qué sabes ese tipo de cosas?" siguió preguntando, teniendo la idea desde ya que cualquier cosa que saliera de su boca podría molestarlos. "Nunca hemos sido - sido cercanos. Es extraño que me conozcas tanto."

"No es necesario conocerte para saber esas cosas." le respondió tranquilamente. "Solo te he mirado. Siempre te miro."

Su respiración se cortó. "Eso suena algo psicópata Malfoy."

"Cuando me obsesiono con algo hago lo que sea - para obtenerlo."

Cerró los ojos y se dejó llevar, escuchando la respiración pesada de Draco. A ojos cerrados podía centrarse más en sus sensaciones.

Cuando los dedos de Draco tomaron los tirantes de su camisa ella apretó los ojos, sintiendo como él empezaba a desnudarla, tanto física como mentalmente.

"Levanta tus brazos." ordenó él, pero de un modo distinto. Su voz era suave y meditada.

Ella reacciono, alzando sus manos para que él tirara de la parte superior de su pijama, separando la tela fuera de su cuerpo.

Al instante sintió sus pezones endurecer con el frío de la habitación, y Draco bajó la vista hacia ellos, casi devorándola con sus plateados ojos. Clarisse estaba nerviosa. Intentaba relajar su cuerpo pero la figura de Draco era tan imponente que se sentía pequeña y débil junto a él.

"Sube a la tarima." volvió a ordenar, dándose la vuelta para caminar hasta la estructura.

Clarisse sintió sus pies pesados. Por más que su mente le pidiera que se moviera, ella no podía hacerlo. Sus mano estaban colgantes y en un estado inerte. Draco llegó hasta la esquina de la estructura, mirándola con cuestionamiento.

Antes de que el pudiera volver a darle una orden, sus pies cedieron, casi arrastrándose por el piso de cemento. Sentía sus dedos congelados y un dolor singular recorría sus talones.

Bajó la cabeza dejando que su cabello cayera por sobre sus hombros para tapar la vergüenza que sentía en ese momento por la desnudes de su pecho. Al llegar a la fina pieza de madera dada por base, Draco estiró su mano, haciendo un gesto a modo de ayuda para subir sobre el mueble.

Ella lo miró, subiendo sus temblorosos dedos hacia él para levantar uno de sus pies y apoyarse en un esponjoso cojín color negro. Cuando estuvo ya, de pie sobre la estructura, Draco subió, quedando tan cerca de ella que podía ver cada uno de sus rasgos a la perfección. Piel pálida, labios rosados y limpios, brillantes. Mejillas y mandíbula marcadas y una pequeña cicatriz sobre su pómulo, tan insignificante, que ella jamás la abría notado si no se hubiera dado el momento.

Sin más, el tomó sus muñecas con una mano, mientras con la otras, agarraba una de las sogas que colgaban desde la parte superior. La más gruesa.

Con agilidad, enrolló la cuerda por sus muñecas creando varios lazos y ajustándola lo más fuerte pero soportable posible. Clarisse sentía como su corazón golpeaba su caja torácica. Sus piernas no paraban de temblar y apenas podía llevar la mirada a sus manos. Lo único que le permitía estar en la realidad era el rostro de él.

Draco se alejó, bajando de la tarima y tomando la palanca. "¿Estás lista?"

Ella recorrió con la mirada la soga, alzando la cabeza para ver como grandes rodetes se juntaban con cadenas sobre su cabeza. Tragó saliva y negó.

Negarse no sería una restricción para él, que al instante tiró de la palanca, haciendo que los brazos de Clarisse se elevaran sobre sí, dejando sus manos volar sobre su cabello.

Ella por impulso tiró de la cuerda, pero era imposible. Sus muñecas se apretaban entre si, y la posición la hacia sentirse aun más expuesta.

Draco esbozó una sonrisa satisfactoria y de placer, volviendo a acercarse a ella.

Sus manos pasaron a su cintura, dibujando pequeños y perfectos círculos sobre ella. Clarisse tomó aire y levantó la cabeza, volviendo a mirar sus grises ojos que ahora se volvían negros de euforia.

Sus anillos se enterraron en su piel cuando el subía la mano por su costado, llegando a la parte baja de sus senos, pero privándose de tocarla. "Tienes un cuerpo pecaminoso ¿lo sabías'" Ella ahogó un suspiro, cerrando los ojos al sentir su respiración llegando a su barbilla. "Y estoy dispuesto a pecar por él."

Su boca se hundió en el hueco de su cuello, dejando un pequeño rastro de besos hasta el centro de sus senos, deslizando sus manos a ellos para tomarlos. Ella no podía pensar. No podía crear pensamientos coherentes por lo que decidió centrarse solo en sus sensaciones.

El volvió a subir hasta su mejilla y por un segundo pensó que la besaría. Que sus labios se fundirían el uno en el otro. Pero eso - eso sería imposible.

Un beso seria algo demasiado personal, y estaba claro que Draco Malfoy no buscaba algo como eso.

Repentinamente, el bajo.

Bajó hasta quedar frente a su vientre, enganchando sus dedos en las orillas de sus pantalones, tomando junto con ello sus bragas.

Clarisse sintió sus mejillas arder y podía imaginar la rojez de su rostro. Ella había tenido sexo, claro, como cualquier persona. Pero jamás había sido un sexo tan al borde de la locura. Ella nunca había estado completamente desnuda ante un hombre y la sola idea le apretaba el estómago.

"Draco -"

Sus dedos bajaron, dejando la ropa caer por sus piernas hasta llegar a sus tobillos. Ella volvió a cerrar los ojos, apretando sus piernas para sentirse un poco protegida. Supo que Draco lo notó, cuando sus manos tomaron sus rodillas, haciendo fuerza para separarlas.

"Clarisse, abre las -"

"Draco no." respondió ella al instante.

Se sorprendió cuando él dejo de hacer fuerza, y en cambio, la miró. "¿No quieres hacer esto?"

«Claro que quiero, joder, si quiero»

"No es eso - es..."

Sus ojos se opacaron y su gesto se ablandó. "Puedes decírmelo."

Ella respiró, dejando que el aire fuera una fuente tranquilizadora. "Es solo que -. Es solo que me avergüenza estar - estar..."

"Estar desnuda." terminó él. Pasando una mano por su brazo pálido mientras se ponía en pie.

"Si..."

Ella estaba preparada. Estaba preparada para que él se burlara. Que le dijera lo estúpida que podía llegar a ser. Incluso esperaba que usara los tradicionales términos de zorra o puta para justificar el hecho de que había sido tocada por más personas como para que se sintiera avergonzada.

O al menos eso era lo que creía que pasaría.

"Te acabo de decir que tienes un cuerpo pecaminoso, Clarisse." repitió, tomando su mejilla para acariciarla. "No deberías avergonzarte de eso."

"Lo ves desde tu punto de vista." respondió ella. "Es distinto."

"Bien," dijo él, volviendo a caer a sus pies. "Haré todo lo posible para demostrarte cuanto estoy amando tu cuerpo en este momento. Terminarás amándolo también."

Y con esas palabras, tomó una de sus piernas con fuerza, pasándola por sobre su hombro, y sin hacer la espera más larga, introdujo su cabeza entre las piernas de Clarisse, haciéndola tambalear ante la sensación.

Los movimientos de su lengua eran rápidos y con fluidez, pasando por cada parte de su humedad. Clarisse echó la cabeza hacia atrás. Su estómago se contrajo haciendo marcar sus costillas y tiró de sus caderas hacia atrás para alejarse de su tacto.

Draco en cambio, enterró los dedos en la parte lateral de sus muslos, apretando con fuerza para pegarse aún más a ella. Clarisse mordía su labio desesperada, sintiendo como rompía la piel rosada e hinchada.

En un momento, él se alejo, pero sin soltarla por completo. Ella se obligó a mirarlo. A buscar sus ojos para preguntarle porque había parado. Y lo encontró.

Lo encontró mirándola. Admirando cada parte de su cuerpo antes de chocar con ella. "Quiero que me mires, Clarisse." le dijo, volviendo a acercarse a sus pliegues. "Mírame."

Ella asintió, viendo como él pasaba la lengua desde la parte baja hasta el clítoris, sin dejar de vislumbrarla desde su posición. Clarisse sintió como su punto débil se tensaba, dándole punzadas fuertes en su entrada. Draco introdujo la lengua, tan lentamente, que ella podría haberse corrido en el mismo instante. Pero no podía hacerlo, ella quería más.

Estaba loca por querer más.

Vio cómo sus rizos platinados se despeinaban cuando comenzó a agitarse, lamiendo de manera desenfrenada sobre ella. Clarisse jadeo, ya no podía privarse de los gemidos que su boca quería sentir.

Y lo hizo. Gimió con tanta fuerza que creía que podrían haberla escuchado, pero estaban en las mazmorras más bajas de la mansión. Ella podía gritar todo lo que quisiera y nadie lo sabría.

Por un segundo la habitación desapareció, y recordó su sueño.

Draco, en la misma posición, haciéndole sentir exactamente igual que ahora.

«No, ahora se siente mil veces mejor»

Sus manos subiendo a su vientre mientras sigue follándola con la lengua.

«Ahora es real»

Y se paró.

Él se paró, tirando con rapidez sus pantalones a la vez que tomaba la cintura de su bóxer para lanzarlos lejos.

Ella estaba complemente desnuda, amarrada, y expuesta.

Él estaba desnudo, libre, y con sed de más.

Bajó de la tarima, caminando hacia una de las paredes donde varios frascos yacían ordenados de manera que el estante relucía con perfección.

Él comenzó a buscar y rebuscar, haciendo tintinearan los vidrios entre sí.

Clarisse jadeaba, sus brazos dolían y la soga estaba picando sus muñecas. Estaba cansada y no podía mantenerse en pie, pero soltar sus piernas haría que sus hombros se tensaran y ese dolor sería aún peor.

Luego de leer varias etiquetas y alorosar distintos viales, Draco tomó un frasco entre sus dedos y lo sacó, acercándose a Clarisse mientras quitaba el pequeño corcho.

El líquido era cristalino y podría verse algo rosado a la luz, pero ella no podría estar segura ya que su visión estaba borrosa y distante.

Él tomó su barbilla y puso la entrada del frasco en sus labios, tirando de él mientras ella se llenaba del líquido amargo y espeso.

Hizo una mueca de disgusto cuando su paladar saboreó la poción. "¿Qué..."

"No usaré condones contigo, Clarisse." respondió antes de tiempo, dejando el frasco vació en una mesa cercana. "Necesito sentirte."

Una ola de placer recorrió su cuerpo cuando escuchó aquellas palabras, y aunque ella se había obligado a creer que su fijación en Draco había sido tonta y mimada, estaba logrando llegar a pensar que quizá, todo había estado pronosticado.

Draco avanzó, esta vez, por detrás de la tarima. Clarisse quería darse la vuelta. Ella quería verlo, tal como él se lo había pedido, pero la posición en la que estaba no se lo permitía, y no podía hacer nada más que esperar que él la dejara deleitarse con sus movimientos.

Las manos aparecieron por sus muslos, subiendo hasta su trasero para -

Él la golpeo. La golpeo con tanta fuerza que el chasquido sonó en toda la habitación mientras el ardor brotaba por sus poros. Un sollozo salió casi inaudible y pudo sentir una pequeña risa por parte de Draco.

"Quién diría que te gusta el dolor, Clarisse." susurró sobre su cuello. "¿Serás mía por esta noche verdad?"

Nuevamente, otro golpe, sobre la misma zona en la que ya había marcado su palma. Esta vez, el dolor se desvaneció, transformándose en una mezcla de placer, lujuria, y deseo.

"Te hice una pregunta y como la niña educada que has demostrado ser todo este tiempo, esperaría una respuesta de tu parte."

Sintió su longitud rozar su espalda baja y tiró de sus caderas hacia atrás, queriendo que la llevara en el mismo instante.

Un ligero golpeteo en sus caderas la hizo hablar. "S-si..."

"Si qué."

"Seré tuya." jadeo entre suspiros. "Seré completamente tuya."

La sonrisa que se formó en los labios de Draco cuando estuvo parado nuevamente frente a ella fue completamente sádica y maliciosa, y cuando tomó sus caderas para elevarla y engancharla en su cintura, su jadeo fue mágico. Tan mágico que Clarisse tuvo que hacer acopio de fuerzas para no caer rendida ante él.

Draco pasó su mano entre ellos, tomando su miembro y bombeando con suavidad. Clarisse suspiró débilmente cuando lo vio escupir hacia ella, dejando que su entrada se humedeciera más de lo que ya estaba. Sus dedos enrollaron su pene mientras se balanceaba por sus pliegues, lubricándose con sus propios jugos. Ella sentía como sus brazos ardían debido a la fuerza que estaba realizando por mantener las piernas en las caderas de Draco, pero el sufrimiento se desvaneció cuando él puso la cabeza en su entrada, tomando sus caderas con una mano mientras que la otra tomaba el pedestal lateral para poder afirmarse.

No se sentía lista.

La longitud de Draco era grande, y estaba segura que aquello dolería. Lo peor, es que él lo notó. Él notó su inseguridad.

"Si te lo preguntas - no. No pararé aunque quieras. Te follaré tan duro Clarisse, que suplicaras que pare. Pero no lo haré. No pienso hacerlo."

Ella tragó saliva y se mentalizó.

La brutalidad con la que la embistió fue exageradamente fuerte. Sintió el ardor en recorrer desde su entrada hasta su interior, y jadeo de dolor. Pero a él no le importó. No le importó en absoluto y en cambio, comenzó a embestirla con violencia, chocando su cuerpo de tal manera que podría dejar hematomas en la parte posterior de sus muslos.

Clarisse sentía como su visión se nublaba mientras su cuerpo daba saltos a cada ruedo de sus caderas contra las de él. Pequeñas lágrimas rodaron por sus mejillas pero tampoco le importó. No le importó ni a él, ni a ella. Porque golpe a golpe, el dolor desaparecía, como si de una metamorfosis tratara.

No le costó adaptarse. Aunque su pene no entrara por completo podía sentirlo profundo, más profundo de lo normal. Él llegaba a lugares que ella no imaginaba, llenándola sin dejar ni un solo hueco.

Mientras la follaba, recorría su cuello con gruñidos exasperados. "Joder - Clarisse - qué mierda..."

Un gemido que había intentado evitar salió de sus labios, cayendo sobre los cabellos de Draco que picaban contra sus mejillas. Él se separó y le sonrió mientras miraba sus senos saltar frente a su rostro.

"Te gusta..." jadeo él, mordiendo su labio mientras miraba el punto de intersección en que sus cuerpos se unían. "Te gusta que te hagan daño."

"Draco - más lento." sollozó ella, mientras tiraba de la soga que cada vez, rompía más la piel de sus muñecas.

"No," respondió él, cortante y frío. "vas a tener que hacerlo a mi ritmo."

La petición de Clarisse solo hizo que él la golpeara con más fuerza, apuñando sus dedos en su trasero para apretarlo y pegarlo más a él a cada embestida.

Ella tiró su cabeza hacia atrás, haciendo que sus mechones castaños se desparramaran en su espalda. Su espalda se arqueo cuando la boca de Draco absorbió uno de sus pezones ya duros, lamiéndolo y mordisqueándolo sensiblemente.

Ella ansiaba tocarlo, anhelaba pasar las manos por su cuello, por su espalda, por su torso desnudo, su musculatura, sus caderas.

Comenzó a tirar sus manos con desesperación, esperando que de alguna manera la soga se soltara, pero estaba tan bien anudada, que simples tirones no le servirían de nada.

Otro golpe en su trasero la sacó de su misión, bajando la mirada a Draco que tenía los labios entre abiertos, maldiciendo en voz baja cada vez que entraba por completo.

"¿Quieres que te suelte?" preguntó, en un tono grave y jactancioso.

"Por-por favor Draco" suplico ella, apretando los labios para evitar sollozar.

"Qué Clarisse." dijo en tono burlón. "Qué quieres."

"Suéltame." rogó, volviendo a sacudirse. "Necesito tocarte Draco, por favor."

Él rió entre dientes, dando unos últimos golpes antes de salir de su interior, dejando sus piernas tocar el cojín nuevamente. "Te soltaré pero - no podrás mantenerte en pie, te lo aseguro."

A ella no le importaba, sólo necesitaba tocar su piel. Rozar con sus dedos la tes pálida y calurosa.

Draco se quedó en su lugar, tan solo estirando su brazo hasta la palanca para devolverla a su lugar. Cuando lo hizo. los brazos de Clarisse cayeron y sus piernas temblaron sin control, haciéndola doblar sus rodillas, pero Draco, que le había advertido, la tomó por la cintura, pegándola a él para bajarla con suavidad de la tarima.

Con rapidez y en unos cuantos pasos la sentó sobre un largo mesón de fierro que la hizo gimotear cuando tocó su trasero, aún adolorido.

"Bien, ¿querías tocarme?" dijo él, separando sus piernas con rapidez para posicionarse en su entrada. "Pues tócame, Clarisse. Maldición, tócame."

Sin pensarlo rodeo su cuello en respuesta, plantando su rostro en su cuello. La embestida ahora fue más profunda, la posición de la mesa dejaba que ellos encajaran de manera perfecta, pero no tan perfecta como para meterlo completo. No aún.

Sentía el chirrido del fierro arrastrándose por el suelo a cada golpe mientras sus manos bajaban por sus pectorales, dibujando con sus dedos sobre su piel. Desde su cuello podía sentir el fresco olor a menta y aquello la envolvió de una manera embriagadora.

"Mierda -" volvió a quejarse él cuando sintió su cuerpo tensarse. "¿Por qué mi maldita polla encaja tan bien en tu coño Clarisse?"

Ella ya no podía más. Estaba a punto. A punto de correrse de una manera dura y exagerada en la cual nunca se había corrido.

Y era ahora cuando entendía por qué Draco Malfoy se siente tan poderoso.

Quizá, él realmente tiene el poder en sus manos.

"Un - un poco más y -" apenas podía articular sus palabras mientras tiraba las caderas de ella al borde de la mesa, aprovechando los últimos momentos en que estarían unidos.

Ella le devolvió los golpes. Lo necesitaba. Su cintura empezó a hacer circulos mientras empujaba con sus caderas hacia él. Sintió la necesidad de dejar de tocarlo para apoyar sus manos sobre la mesa y hacer de su cuerpo hacia atrás, teniendo la vista perfecta de Draco follándola.

Draco follándola.

Solo pensarlo era extraño.

Una ráfaga de calor choco en su interior y su cuerpo tembló. Sus piernas temblaban. Ella temblaba por completo mientras los quejidos salían de boca sin cesar.

Pudo sentir como se contraía al rededor de la longitud palpitante de Draco mientras el fruncía el ceño, concentrándose en el monte de venus frente a él.

Y de golpe, ella se corrió. Se corrió mientras el seguía embistiéndola.

El alivio apenas la dejaba respirar. La sensación de calor era inexplicable e incluso única.

Fue traída de vuelta a la tierra cuando el gemido fuerte y quebradizo de Draco la llenó, sintiendo como el líquido tibio la llenaba por completo. Sus mejillas se ruborizaron cuando él paso su mano por su vientre, acariciándola mientras la miraba sin salir de ella.

"Joder - me haré adicto a esto."