Ha pasado un tiempo!

Ayer, por fin, por fin de los porfines, hice el último examen de la carrera (aun estoy que no me lo creo). Así que, para celebrar que por fin tenía esta pseudo libertad hasta que me toque empezar el trabajo final de grado, decidí ponerme a escribir y no sabéis cuánto lo había echado de menos :'(((

Solo decir que espero que os guste este capítulo ^^

Bueno, como siempre: Detective Conan y todos sus personajes le pertenecen a Gosho Aoyama.


Capítulo 37: ¿Qué pasó hace ocho años?

...

Jonathan estaba herido. Durante la batalla, cuando su vida pendía de un hilo, prácticamente se había olvidado de la herida de su espalda, pero ahora, tras entrar en la oficina de seguridad en busca de un teléfono y a medida que iba entrando poco a poco en razón, se daba cuenta de que en realidad la herida le dolía con cada movimiento y que tenía toda la parte trasera de su camiseta manchada de rojo. Necesitaba detener el sangrado o a ese paso iba a desmayarse.

Jonathan irrumpió en el puesto de seguridad, reclamando un teléfono y diciendo ser agente del FBI y mostrando su placa ya sin importarle mucho que no tuviera ningún derecho a reclamar nada en un país extranjero. De momento aquella gente no necesitaba saber eso.

—Necesito hacer una llamada urgente —reclamó con tono serio.

Y probablemente debido a que el FBI imponía bastante, a su mirada colérica y a su apariencia desgastada que dejaba ver que la cosa iba en serio, los dos hombres que estaban allí sentados no dudaron ni un segundo en prestarles un terminal para que hiciese lo que quisiese, aunque no dejaron de mirarlo con ojo curiosos y asustados.

Jonathan se sabía de memoria el numero de Edogawa. El mismo inspector se lo había hecho memorizar cada una de las veces que hacía cambiado de teléfono. Así que se apresuró a marcar ordenando las ideas y pensando qué debía decir y en qué orden.

Mientras Murakami se pegó a él como una lapa, temeroso de que el asesino que habían dejado desangrándose en el almacén se las apañara para perseguirlos de nuevo.

—Tú —lo llamó el policía de pronto. Luego le ordenó—: Presiona eso contra mi espalda.

Murakami entendió al cabo de unos segundos que se refería a su chaqueta, así que se la quitó e intentó hacer lo que el otro le ordenaba, pero la situación le superaba. Era farmacéutico, no médico. No soportaba ver tanta sangre junta.

Jonathan ya había marcado el número y estaba a la espera de que su superior le respondiese al teléfono. Aunque su concentración estaba en otra parte, fue capaz igualmente de darse cuenta de que el científico no estaba pasando por sus mejores momentos. Chasqueó la lengua y tuvo que tragarse un quejido de dolor cuando difícilmente el otro se las apañó para atar la venda improvisada a su espalda.

Necesitaba llamar a una ambulancia y ya no solo para Jack.

Sin embargo, en ese segundo la llamada comunicó y ya no tuvo más tiempo para preocuparse por su propio bienestar.

—Jonathan, ¿qué ha pasado? —sonó la voz de Edogawa.

—Tengo muchas cosas que contar —el policía decidió que lo mejor era abordar el tema de frente, así que se dejó de secretismos y dijo—: Teníamos un traidor en el FBI. ¿Recuerda a Jack? Pertenecía a la organización y acaba de intentar matarnos.

—¿Matarnos? ¿En plural? ¿Quién está contigo?

—Murakami Akira, el científico que terminó el APTX para la organización. Está dispuesto a testificar en nuestro favor a cambio de protección por parte de la policía.

—Entiendo. Bien hecho.

—También —Jonathan se apresuró a añadir la segunda parte importante que había descubierto. No había forma sutil de hacerlo y hacía tiempo que se rindió en tratar de ser sutil—: la organización sabe quién eres, Kudo-san. Jack te estaba investigando desde incluso antes de que llegases al FBI.

Edogawa no mostró ninguna señal de estar sorprendido porque hubiera descubierto su verdadera identidad, por el contrario, dijo:

—Lo sé. El líder ya se ha puesto en contacto conmigo. Han secuestrado a Ran.

La sorpresa de escuchar eso fue grande, sobre todo porque el inspector sonaba tan frio cuando soltó semejante noticia que Jonathan sintió un escalofrío recorrerle la espalda y esta vez no fue debido a su herida.

—¿Qué vamos a hacer? —preguntó, intentando averiguar si su superior tenía algún plan.

—Ese científico, estoy seguro de que tienen información valiosa. Necesito que lo interrogues por mí, necesitamos saber la mayor cantidad de información posible sobre la organización. Peleando a ciegas no ganaremos esta guerra.

—Sobre eso, en realidad este hombre no pertenece a la organización.

—Probablemente fue obligado a trabajar para ellos —el propio inspector dedujo lo que Jonathan estaba a punto de explicar.

—Sí, pero según me ha dicho, no es la organización con quienes tiene una deuda.

Hubo un silencio expectante. Un silencio durante el cual Jonathan pudo escuchar a su interlocutor aguantar la respiración y a continuación inspirar profundamente.

—Hay alguien más involucrado en esta guerra —dijo de pronto, casi como si fuera algo que cayera de cajón y que se le había escapado hasta ahora.

Jonathan no paraba de sorprenderse con la habilidad que tenía Edogawa, o Kudo, en averiguar lo que le estaba a punto de contar antes de que lo hiciese.

—Jonathan, necesito que me hagas un favor, ¿podrías?

—En realidad estoy herido —se vio obligado a admitir, aunque le pesase—. Si es algo que suponga mucho esfuerzo no puedo comprometerme a conseguirlo.

—No te preocupes. Solo tienes que hacer una llamada.

—¿Una llamada? ¿A quién debería llamar?

—Te lo cuento ahora. Ahora, dime absolutamente todos los detalles que has conseguido averiguar de ese científico. Creo que tengo un plan.

Jonathan pudo sentir como se le erizaba el vello de la nuca al escucharlo decir. El increíble Edogawa tenía un plan y eso solo podía significar algo bueno.

Así que, a pensar del cansancio, a pesar del dolor de su herida, a pesar de tener la mirada asustada de Murakami deseando marcharse de allí clavada en su nuca y del pensamiento de que necesitaba llamar a una ambulancia si no quería convertirse en un asesino, Jonathan empezó a relatarle absolutamente todo lo que acababa de averiguar a su superior, a Kudo Shinichi, el hombre que llevaba peleando aquella guerra tantísimos años.

Le habló del laboratorio del almacén, de toda la labor de investigación de Murakami, de su relación con la organización, del mercado negro y de Julian Hayes.

Le contó absolutamente toda la información que necesitaron para crear el plan que terminaría de una vez por todas con ellos.

Después de eso, Jonathan colgó el teléfono y se dejó descansar un rato antes de prepararse mentalmente para hacer la siguiente llamada decisiva.

—Llamen a una ambulancia —pidió a los dos hombres de seguridad que lo miraban incrédulos— Me estoy desangrando y hay un hombre en peores condiciones que yo atado en el almacén. Ah, es un asesino despiadado así que yo no me acercaría —apuntó cuando se dio cuenta que uno de ellos, llamado por la curiosidad, se estaba levantando probablemente para dirigirse al almacén.

—¿El teléfono…? —el otro guardia lo miró como pidiéndole que le devolviese el aparato.

—Todavía lo necesito —se limitó a responder sin dar más explicaciones.

Las fuerzas le estaban fallando, así que se dejó caer al suelo, recostándose de lado porque hacerlo de espadas quedaba totalmente descartado.

—Estoy bien, solo necesito hacer esta llamada —respondió cuando sintió los pasos apresurados del de seguridad a su alrededor—. Necesito silencio—pidió, y su tono sonó tan frio y serio que a todos los presentes les resultaba difícil creer que procediese de un hombre a punto de desmayarse en el suelo.

Jonathan sabía que en cualquier momento caería inconsciente. La cabeza le daba vueltas, la espalda le dolía y notaba las manos entumecérsele poco a poco, así que apretó con más fuerza el teléfono y, tras marcar el número que le acababa de dar su inspector, se lo llevó al oído.

Solo necesitaba hacer esa última llamada.

Aquella era la última orden del inspector del FBI Edogawa Conan.

La última orden de su preciado inspector. Porque a partir de aquel día, si todo salía bien, aquel nombre desaparecería del mundo para siempre.

-o0o-

Conan tenía el teléfono en manos libres mientras hablaba con Jonathan porque todavía le quedaba un trecho para llegar al puerto y no podía permitirse perder el tiempo. Así que continuó conduciendo mientras en su cabeza ideaba un plan.

Descubrir que existía un segundo enemigo lo había sorprendido y por unos instantes no supo como reaccionar. Su cabeza se quedó en blanco y su primer pensamiento fue "lo que nos faltaba" mientras empezaba a invadirlo un fatalismo que no ayudaba para nada.

Sin embargo, tan pronto como recordó el tono de voz de Ran en aquel último mensaje que le había dejado, se dio cuenta de que, si ella no se había rendido, él tampoco podía hacerlo. No importaba cuántos fueran los enemigos.

Así que se serenó y empezó a pensar en lo que podía suponer la existencia de aquel tal Julian Hayes. Fue entonces cuando muchas cosas cuadraron en su cabeza.

Hattori y él ya habían pensado esa posibilidad antes, pero se había olvidado de ella a medida que avanzaba la investigación porque las cosas habían ocurrido demasiado rápidas:

La organización de ahora y la organización de hace ocho años son distintas.

Su modus operandi no era igual, su anterior líder había muerto en prisión y el nuevo líder se hacía llamar por un nombre que no coincidía con el anterior. Tenían el APTX porque se lo robaron a la anterior organización, pero no eran lo mismo. No, probablemente, el actual líder era un miembro de la antigua organización que no estaba de acuerdo con la forma de actuar que tenían en aquel entonces. Se había revelado y aprovechó la caída de la organización para hacerse con el poder, robar el APTX y renacer en las sombras.

O eso había pensado hasta ahora.

Ahora empezaba a pensar que no fue algo tan simple.

Después de todo, siempre le pareció muy extraño lo fácil que había sido acabar con la antigua organización.

No es que fuera fácil, es que alguien ya les había allanado el camino. Y ese alguien probablemente fue el actual líder, el mismísimo Black Silver.

Pero eso no era todo.

Las piezas empezaban a encajar en la cabeza de Conan y empezaba a ver la verdad detrás de los incidentes que habían ocurrido hace ocho años y la relación que tenía Hachecelle en todo aquello. Y, por supuesto, la figura de Julian Hayes también cobraba una importancia especial.

Jonathan había mencionado que se trataba de un hombre importante en el bajo mundo y que llevaba muchos años liderando prácticamente el mercado negro, muchos más de los que él llevaba lidiando con la organización. Julian era alguien que siempre había estado ahí, alguien con quien incluso la organización del pasado tuvo que verse obligada a dialogar.

Si en el pasado la organización también planeaba vender el APTX en el mercado negro, también necesitó el permiso de Julian, y cuando en el mercado negro hablas de permisos, se habla de dinero.

Probablemente la organización anterior tuvo que pagarle una gran cantidad de dinero a Julian para que le dejase comerciar en su territorio y Conan no podía evitar preguntarse qué pasaría si el dinero que estaba destinado a pagar por ese favor acabara desapareciendo misteriosamente. Obviamente, Julian se enfadaría. Se enfadaría bastante y empezaría a desconfiar de la organización y de su anterior líder. Y cuando el líder de una mafia con el que quieres hacer negocios desconfía de ti, no puede pasar nada bueno.

Por supuesto, todo aquello no eran más que sus propias deducciones, pero había un pequeño detalle que confirmaba esa teoría: curiosamente, después de la caída de la primera organización, Black Silver renació de sus cenizas bajo la fachada de una cada vez más famosa empresa de ropa que actualmente había alcanzado récords de ventas por todo el país.

De la noche a la mañana, Hachecelle fue comprada por un nuevo dueño y pasó de ser una pequeña tienda de ropa a una gran distribuidora. Y para eso se necesitaba mucho dinero. Más o menos la misma cantidad que necesitas para mantener contento a un líder del bajo mundo.

Si su deducción era correcta, Black Silver le robó ese dinero al antiguo líder, consiguió enemistarlo con Julian y debido a esos problemas internos le allanó el camino al FBI para acabar con la organización.

Black se guardó ese dinero y con él empezó un nuevo negocio, creó una nueva identidad y se consiguió una tapadera ideal. Y así fue como creció durante ocho años.

Robó también la formula del APTX y estableció una nueva alianza con Julian con vistas a poder vender la droga bajo su supervisión en el futuro.

En resumidas cuentas: Black Silver había manipulado a un alto mando del bajo mundo a su gusto para derrotar a su propio jefe y robarle el puesto para dirigir las cosas como a él le viniera en gana.

Era un plan maestro en el que ni siquiera había tenido que mancharse las manos.

Sin embargo, eso también les brindaba una oportunidad de oro a ellos.

-o0o-

Mitsuhiko había llegado al puerto hacía rato y estaba inspeccionando el perímetro. Ya había encontrado el barco, pese a lo grande que era el lugar, porque únicamente había dos que encajasen con la descripción que le había dado Haibara: grande, con mucha capacidad de transportar mercancía, lleno de contenedores, relativamente nuevo y además con pinta de estar a punto de partir. El otro que encajaba con esa descripción lo había descartado casi inmediatamente porque al acercarse un poco consiguió entender a la tripulación que hablaba en inglés que su próximo destino era corea, y estaba seguro de que Haibara había dicho que el barco que buscaban partía hacia Taiwán.

En el puerto había varios marineros, vestidos con ropas adecuadas para su trabajo y a juzgar por sus manos, sus rostros y su forma de moverse por el lugar, Mitsuhiko podía estar bastante seguro de que no eran más que marineros normales. Era gente que probablemente no tenía nada que ver con el enemigo y que simplemente trabajaba para "Hachecelle", tal y como había llamado Conan a la empresa dueña de aquel barco. Debido a eso, probablemente la mejor forma de abordar aquel barco era camuflarse entre esa gente, porque probablemente los malos no conocerían todos los rostros de la gente que trabajaba ignorantemente para ellos.

El navío tenía varias entradas. Había gente subiendo por la parte trasera, cerca de la popa, pero esa entrada no subía hasta cubierta sino que se quedaba en una altura que apenas alcanzaba un tercio del total. Esa era probablemente la entrada de los trabajadores de bajo rango y la que menos vigilada estaría, la más adecuada para ellos. Por el contrario, había otra entrada que subía por una pasarela hasta aproximadamente la cubierta del barco, por donde se dedicaban a subir un par de hombres mejor vestidos que los marineros. Entre ellos incluso podría distinguir a esa gente ataviada con un traje pulcramente negro que le había descrito Conan-kun. Le bastaba con una simple mirada para saber que eran alguien a quien necesitaba evitar, así que esa entrada estaba por completo descartada sin querían hacer una incursión silenciosa.

Finalmente, en la parte anterior, los operarios se dedicaban a cargar con grúas de gran envergadura los últimos contenedores sobre la cubierta del barco. En cuanto terminaran con esa misión este estaría listo para zarpar y le perderían la pista, así que Mitsuhiko tenía clara cuál era su función.

Escondiéndose entre la maquinaria y los contenedores, se acercó con cuidado y sigilo al lugar de carga, ideando formas de hacerlos perder el tiempo.

¿La solución que encontró? Una bomba de humo.

El joven se llevó una mano al bolsillo y tanteó las bolitas que de milagro cargaba aquel día consigo. No era más que un juguete, el profesor Agase se los había dado una semana antes de la llegada de Conan a Tokio para que usaran en el festival escolar que, con todo el ajetreo, la llegada de su antiguo amigo y la bomba, habían olvidado. La idea es que funcionasen como simples bombitas rellenas de polvo con capacidad para crear pequeñas nubes de humo, únicamente lo suficientemente espesas como para hacer una aparición "mágica" en el escenario. Invento basado en las increíbles bombas de humo usadas por el famoso ladrón de guante blanco, Kaito Kid.

Mitsuhiko ni siquiera estaba seguro de cual sería el alcance exacto porque al final nunca tuvieron oportunidad de probarlas, pero conocía al profesor y su manía de hacer las cosas a lo grande, así que depositando sus esperanzas en eso y en el "cuantos más mejor" se sacó todas las bolitas del bolsillo. Tenía en total unas cinco bolitas del tamaño de una canica cada una que, con un poco de suerte, al tirarlas al suelo todas juntas, harían una humareda lo suficientemente grande como para asustar un poco a los operarios, especialmente si conseguía hacerlo cerca de alguna máquina de carga pesada.

El chico volvió a vigilar sus alrededores, trazando mentalmente el camino ideal hacia la grúa más cercana al tiempo que apretaba las bombas en sus manos temblorosas. Se estaba poniendo nervioso. Si por alguna razón su plan salía mal, los malos probablemente no tardarían en localizarlo porque lanzar aquellas bolitas sería como anunciarle a todo el mundo donde estaba y cual era su plan y su objetivo. No podía fallar.

De pronto, algo interrumpió en su campo de visión sacándolo de sus pensamientos pesimistas: un coche de cristales teñidos irrumpió en la explanada a su izquierda, cerca de la segunda entrada al barco donde estaban los hombres trajeados, se detuvo con un frenazo en seco y las puertas se abrieron. Del coché bajó primero un hombre extranjero, ataviado igual que los que había a su alrededor, con una gabardina negra y un traje del mismo color. Dio una orden en un idioma que Mitsuhiko no logró reconocer y tras eso uno de sus hombres corrió a abrir la otra puerta y sacar a empujones a alguien que el chico sí pudo reconocer: Ran-neechan.

El chico contuvo la respiración cuando descubrió que la mujer tenía los ojos llorosos. Tuvo que contenerse para no gritar su nombre y salir en su ayuda, recordándose que probablemente el que más deseaba de corazón hacer eso era Conan-kun y que se estaba conteniendo por algo. "Tienen un rehén" se recordó Mitsuhiko tratando de mantener la compostura.

Ahora estaba un poco más tranquilo, por un momento se había olvidado por qué estaba haciendo todo aquello y por el bien de quien, ahora estaba más seguro de que no se había equivocado al elegir hacer caso de la petición de Conan-kun. De lo contrario se hubiera arrepentido toda su vida. La mirada desafiante y segura de sí misma de Ran, por muy llena de lagrimas que estuviera, se lo demostraba.

Se armó de valor, tomó aire y echó a correr, serpenteando escondido entre contenedores, hacia la enorme grúa con la que estaban cargando el barco. Si quería hacer las cosas bien tenía que hacerlas a lo grande, y nada mejor para retrasarlos que crear un falso fuego justo delante de sus narices. Una vez se hubo acercado lo máximo que pudo antes de quedar al descubierto se detuvo, sacó toda la bolsa en la que guardaba las bolitas y la amarró con un nudo, cerrándola, para asegurarse que durante el vuelo no se abriese y desperdigase inútilmente las bolitas por todas partes. Apuntó a la base de la grúa, donde había agrupadas un grupo de maderas para ayudar en el contrapeso.

De repente, antes de darle tiempo al chico a lanzar nada, un ruido atronador sonó por todo el puerto, procedente del frente del barco. Todo el mundo se sobresaltó al escucharlo, incluidos los hombres de negro que escoltaban a Ran al interior del navío. Sin embargo, Mitsuhiko aprovechó ese momento en el que nadie estaba mirando para lanzar la bolsa con toda la fuerza que fue capaz de reunir en su esquelético brazo. Por suerte, aunque carecía de fuerza, tenía buena puntería. La bolsa impactó contra la estructura base de la grúa y su contenido explotó satisfactoriamente.

Demasiado satisfactoriamente, en realidad.

"Maldita sea, profesor" se quejó Mitsuhiko tosiendo cuando la nube de polvo llegó a toda velocidad hasta donde se encontraba él. "Se suponía que eran pasa usar en una obra de teatro, ¿a dónde pretendías que llegara esta onda expansiva?".

Las bolitas no solo habían cumplido con su cometido, asustando a los trabajadores, sino que habían cubierto por completo la explanada de carga y descarga, llegando hasta donde estaba él escondido.

Ahora solo tenía que gritar "¡Fuegoooo!" para que todo el mundo entrase más en pánico, pero estaba demasiado ocupado tosiendo como para conseguirlo. Por suerte, no necesitó hacerlo porque alguien desde el otro lado de la explanada le hizo el favor de asustarse y gritarlo por él.

¡Fire! —el resto de los trabajadores empezaron a alejarse despavoridos del lugar, repitiendo a gritos la misma palabra de alerta.

El chico se retiró triunfante, tosiendo y tratando de buscar aire puro antes de que terminase por ahogarse. Había perdido de vista a Ran-neechan y estaba preocupado, además, no podía evitar preguntarse que había sido ese estruendo de hacía un minuto. Replegarse y recaudar información desde la lejanía era la mejor opción ahora mismo.

Sin embargo, no tuvo tiempo a buscar ninguna de esas respuestas, porque mientras retrocedía medio ciego por culpa de la niebla y tosiendo, se chocó de bruces con alguien, cayendo al suelo de culo por el impacto.

—Mocoso. —Escuchó una voz ronca y grave sonar por encima de él y su cuerpo se estremeció instintivamente —. ¿Esto es obra tuya?

.

.

Continuará...


Espero que os haya gustado ^^

Hoy, por fin, os he contado la verdad sobre la caída de la antigua organización. Me sentía un poco dudosa sobre esto, porque claro, hago parecer a la temible organización de Gosho Aoyama como una inútil que cayó por culpa de su propia incapacidad para organizarse, cuando todos sabemos el respeto que impone la organización original del autor. Pero debo decir que la idea de introducir el personaje de Julian Hayes me gustó. Fue una idea que me dio un amigo, que no tiene ni idea de quien es Detective Conan pero que le molan las series de mafias y esas cosas, así que fue gracias a él que la historia llegó hasta aquí (si no os gusta es su culpa, no mía).

En cuanto a la parte de Mitsuhiko, bueno, yo simplemente sabía que tenía que parar ese barco, pero no tenía muy claro cómo. Así que decidí echarle la culpa al profesor Agase, porque después de todo este anime empezó con una de sus explosiones (he vuelto a verme el inicio del anime, sí, en efecto).

¿Quién será la persona misteriosa con la que se encuentra Mitsuhiko? ¿En qué consistirá el plan final de Conan? ¿A quién tiene que llamar Jonathan? Nos leemos en el siguiente capítulo para averiguarlo!