Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.
Por obligación, serán un dragón y una víbora
53. Cuarto año: Rivalidades
Theodore Nott se encontraba sentado en la sala común de Slytherin, intentando estudiar un poco, nada fuera de lo normal si se lo preguntaban, y a no mucha distancia estaba Daphne, observando sus uñas como si fueran lo más interesante del mundo, aunque era más que obvio que quería que su novio le pusiera algo de atención, pero pedirle a Theo que no estudiara era como pedirle a Draco que no alardeara o a Blaise que no maldijera.
A unos cuantos metros de ellos, Cole Greyback leía lo que parecía ser una carta, de esas que son selladas con un sello de cera roja y sus ojos azules recorrían las lineas con algo de desesperación. Tan concentrado estaba Cole en la carta, que no notó cuando su amigo salía de los dormitorios, aun frotándose los ojos, y se acercaba.
—¿Y eso? —le preguntó de repente Leo a su amigo, provocando que el mayor se sobresaltara.
—Nada en especial —mintió, doblando el pergamino con rapidez y guardándolo en su túnica, sin darle mucha importancia.
—Si no fuera nada en especial, no tendrías esa cara —insistió su amigo, pero Cole solo sonrió y se encogió de hombros, para luego ponerse de pie.
—Daphne —llamó el Slytherin de cuarto año.— ¿Sabes donde está tu hermana? —preguntó con naturalidad, como si se hablaran de siempre. La rubia levantó la vista, algo desdeñosa y desconfiada, pero aún así contestó.
—Debe de andar con Draco —dijo, defendiendo la posición de su cuñado.— Mencionaron algo de querer privacidad.
—¿Si Astoria está con Draco, con quien está Paige? —preguntó Leo, más para si mismo que para los demás, pero igual obtuvo una respuesta de Theo.
—Le pidió a Zabini que la ayudara con pociones, deben de andar en la biblioteca —dijo el castaño, sin despegar los ojos del libro que leía con tranquilidad.
Daphne sonrió por sobre el respaldo del sofá y luego se volvió a dedicar a sus uñas, dejando a los dos amigos con una expresión de celos difícil de ignorar, aunque ninguno dijo nada al respecto. ¿Qué podían decir al final de cuentas? No eran quienes para reclamar nada a sus amigas.
Ambos mascullaron algo que la hermana mayor de Astoria no fue capaz de entender, aunque logró escuchar algo como "no aprenden" antes de que los amigos salieran de la sala común, dejando a la pareja sola en esa hermosa y soleada mañana de un sábado. Daphne rió con ganas y se dejó caer sobre el regazo de su novio, ignorando el hecho de que acaba de truncar la lectura del chico.
—Que mala eres, amor —le susurró Theodore, negando con la cabeza, aunque era difícil saber si lo decía por su libro o por lo que le acaba de decir al amigo de su hermana menor.
—Y tú no te quedas atrás —rectificó ella sonriendo de medio lado.— ¿Por qué dijiste lo de Zabini? —indagó.
—¿Por qué dijiste lo Draco? —respondió el castaño, regalándole a la rubia una sonrisa de superioridad y desistiendo de una buena vez eso de leer.
—Defiendo los intereses de mi cuñado y ese mocoso me cae mal —respondió ella, sonriendo y buscando una posición más cómoda en los brazos de Theo, una donde preferentemente el libro de pociones no le jodiera la espalda.— ¿Y tú? —insistió saber.
—Cuido los intereses de mi novia y de paso le hecho algo de tierra a Blaise por ponerse mis calcetines esta mañana —contestó, riendo un poco por lo bajo y acariciando la cabellera rubia que descansaba en su regazo.
Ella sonrió y él le volvió a regresar la sonrisa, pensando en lo curioso que era que ellos dos estuvieran así. Digo, eran una pareja de lo más normal, o al menos la definición que caía dentro de lo normal en Slytherin. Porque Daphne había andado con Blaise desde prácticamente segundo año y había estado enamorada de Draco desde que había aprendido a decir Quidditch. Mientras que él no había andado antes con otra chica, pero si le hubiera preguntado antes él hubiera dicho que terminaría con Tracey, porque era a lo más que aspiraba. Aunque como era costumbre en Slytherin, o al menos eso parecía, había terminado con quien menos creían.
Sí, así parecía funcionar Slytherin, dando sorpresas sentimentales a casi todo el mundo. Buen ejemplo de ello era Tracey que andaba con Goyle o incluso Draco con Astoria. No, ahí no había parejas normales o predecibles, uno siempre terminaba con el que menos pensaba.
—¿Qué piensas? —preguntó Daphne al percibir ese aire ausente del castaño con ojos azules.
—¿No se te hace raro que estemos así? —le dijo Nott, con un tranquilo aire de despreocupación, sin dejar de enredar sus dedos en la rubia cabellera.
—No, somos novios, es de lo más normal —respondió ella.— De hecho, comprándonos con Draco y mi hermana, hasta somos decentes —bromeó y él rió.
—Me refería más bien a que antes nos gustaban otras personas —aclaró él y ella hizo una mueca desagradable al recordar.
—¿Aún te gusta Tracey? —cuestionó enarcando una ceja y arrugando la nariz.
—No, preciosa, no hay punto de comparación, de hecho eres más de lo que podía añorar —se apresuró a decir Theo, curvando los labios en una sutil sonrisa.
—¿Lo dices por Malfoy? —masculló la rubia Greengrass para luego carraspear, cuando él cabeceó a forma de afirmación.— Bueno, supongo que todos tenían razón y no era más que obsesión, porque... Seamos honestos, amenazar a mi hermana menor, envidiar a Pansy y usar una maldición para ligar, son serios síntomas de in-sanidad mental —comentó, negando con la cabeza.
—A Pansy no tienes nada que envidiarle —aseguró el chico, riendo un poco al recordar todas las historias que Daphne le había contado sobre todo lo que había pasado en ese periodo de su vida. Sí, le había contado todo, desde las botellas de sabrá Merlín qué que se había tomado una noche que balbuceaba que Pansy era hermosa, hasta la navidad cuando había intentado ligar con Draco por medio de un hechizo. Sí, su novia estaba loca, pero así la quería.
—No, nada, pero sigue siendo raro que dejara en paz a Malfoy y a mi hermana —añadió con aire pensativo.
—Ni idea, de eso a mí no me han comentado nada —aclaró el castaño.
Ambos sonrieron y se quedaron ahí recostados. No, eso de andar al aire libre no era muy lo suyo, a él le gustaba leer y a ella estar cómoda. ¿Qué como le haría para su trabajo de Magizoologistas? Ella sería la que trabajaría con lindos animales que ya existían, no de los locos que se iban a explorar por ahí a ver que encontraban. No, su hermana tenía razón, ella no sobreviviría en una selva ni nada por el estilo, primero aprendía a vivir sin respirar que a vivir sin comodidades.
O-O-O
Mientras tanto, dos amigos hablaban en sus dormitorios. Dichos dormitorios tenían camas con doseles rojos y adornos dorados, dicha combinación entre el escarlata y el oro se repetía en la habitación, y por si no quedaba muy claro aún, la cabeza de un león rugía en el poster de uno de los chicos que ahí dormía. Sí, se trataba de los dormitorios de Gryffindor, más exactamente los de tercer año.
—No sé si esto sea correcto —dijo un chico castaño, arrugando el entrecejo.
—Te juro que no es ilegal —se burló un poco su amigo, dándole unas palmadas en la espalda del chico para animarlo más.
—Muy chistoso, Remy —regañó Iván Osborne, resoplando y rascándose la cabeza.— Sé que no tiene nada de malo, pero seguro que se enoja —añadió.
—Bueno, esos son detalles, pero si quieres, olvidate de todo y sigue actuando como si no la conocieras, mientras murmuras su nombre entre sueños —comentó Remy, con cierta burla en sus palabras.
—¿Qué clase de ayuda es esa? —se quejó el otro chico.
—Vamos, son solos unos chocolates —le volvió a animar.— Se los das, le dices no sé que cosa y te vas antes de que aparezca Malfoy a maldecirte.
—¿Y qué le digo cuando me pregunte por qué le estoy dando chocolates? —argumentó a su favor.
—Bueno, no hagas nada —concedió.— ¡Iván, me vas a volver loco! —gruñó molesto Olivier ante la cara de tristeza que había puesto su amigo.
—¡Arg! Es que ni siquiera le hablé cuando estuvo en la enfermería... —masculló, mirando una caja de Ferrero Rocher que llevaba media hora sobre su cama, el mismo tiempo que llevaba hablando con Remy sobre si sería buena idea o no hablar con Astoria, sobre porque esa noche había soñado con ella.
Había sido un sueño ridículamente cursi, donde él y Astoria bailaban en el baile de navidad de hace dos años, pero de la nada había salido Malfoy y lo había maldecido para convertirlo en un enorme sapo rojo, luego ella y él se habían puesto a bailar, para que finalmente Dumbledore los casara ahí y cuando se acercaba saltando a Astoria, notaba que la castaña tenía una barriga de embarazada. Ahí había terminado y despertado.
No le hubiera gustado contarle aquello a nadie, pero su amigo lo había sonsacado hasta que terminó aceptando. Remmy le había propuesto que hablara con ella y le diera esos chocolates que su madre le había mandado y aunque al principio se mostraba entusiasta, la duda le había entrado antes de siquiera cruzar la puerta.
—¡Ahí está! Dile que son por eso de que estuvo enferma —aconsejó.
—Hace más de un mes que salió de la enfermería, sería ridículo —suspiró, sacando por fin de quicio a su amigo.
—¡Vas allá y le preguntas por la tarea de Snape, cuando te conteste les das los chocolates en forma de agradecimiento y listo! —vociferó irritando ante la negativa de su amigo. O mejor dicho, la indecisión de Iván sobre hablar con Astoria desde que había comenzado el curso.
—¿Y si aparece Malfoy? —dijo el chico, mostrando más de su negativa.
—Le partes la cara, lo dejas como moco de trol y te robas a Astoria —gruñó Remy, haciendo uso de sus últimas reservas de paciencia, aunque lo que más quería en esos momentos era tomar a su amigo y zarandearlo o tirarlo por la ventana también sonaba bien.
—Claro y luego ella me escupe en la cara por lastimar a su prometido —ironizó Iván, rodando los ojos.
—No te consta que sean prometidos—masculló su amigo, con una vena en su frente que amenazaba con explotar en cualquier segundo.
—Romilda nos mostró ese periódico a finales del año pasado —informó el chico con aire solemne.
—Era una sola palabra en una noticia que no tenía nada que ver con un compromiso, sino con un encarcelamiento y lo escribió Rita Skeeter —argumentó el león de ojos negros.— Esa mujer miente con todos los dientes para provocar morbo en noticias tan sencillas como podría ser el clima.
—Pero El Profeta dejó que lo publicara, no dejaría que mintiera —insistió el otro chico.
—El Profeta ha mentido antes en cosas peores, ¿de verdad crees que van a reparar en una sencilla linea?
—Esa línea decía: «Incluso se rumora que sus hijos Draco Malfoy y Astoria Greengrass están comprometidos.» —recitó Osborne.
—¡Joder! Que memoria y que cabeza dura eres —dijo Remy, ligeramente sorprendido.— Tú mismo lo acabas de decir: "Se rumora..." No es un hecho.
—Romilda... —intentó argumentar Iván.
—Odia a Astoria desde el primer año porque siempre ha sido más linda que ella —sentenció el otro.— A Romilda le cala en el alma desde hace mucho que Astoria reciba más atención que ella aún cuando la Slytherin no se de ni cuenta —añadió para reafirmar su punto.
—Bueno, pero entonces no ganaría nada... —balbuceó a su favor, pero siguió sin poder terminar la frase.
—Malfoy ya no le interesa, si no has notado desde que comenzó el año, nuestra querida Vane ya no anda detrás del rubio rico de Slytherin, ahora a puesto sus ojos sobre nuestro "Elegido" —declaró Olivier con un tono obvio que causó que Iván resoplara y rodara los ojos. La verdad es que no tenía nada para contrariar eso.— ¿Vas a ir a hablar con ella? —preguntó al cabo de unos segundos.
—No —dijo secamente.
—Bien, entonces me voy a hacer los deberes, porque ya me cansé de lo mismo. Y si vuelves a mencionar lo de Astoria, jura que personalmente iré a hablar con ella para aclarar el asunto —finalizó el chico antes de salir de los dormitorios, cerrando la puerta detrás de él.
O-O-O
Por otro lado el capitán del equipo de Quidditch de Slytherin caminaba molesto y maldiciendo, sudando y con el unirme aún puesto.
—Dolohov, ¿qué demonios crees que has estado haciendo? —bramó Urquhart, mirando de mala manera al chico que suponía ser el guardián del equipo, pero que caminaba muy quitado de la pena a un lado de Cole por el pasillo del vestíbulo.
—¿Qué? Pues... ¡Maldición! —balbuceó Leo, golpeando su frente.— Lo olvidé por completo —se disculpó, mirando al capitán del equipo de Quiddtich, quien lo fulminaba con la mirada.
—No olvidas la cabeza porque todavía la tienes pegada al cuerpo —le insultó con burla Draco Malfoy, quien se acercaba a ellos, junto con el resto de todo el equipo, quienes también sudaban y llevaban los uniformes puestos, junto las escobas en la mano.— Estuvo de lujo practicar sin guardián —añadió desdeñoso.
—¿Qué tú no andabas con Astoria? —preguntó Greyback ingenuo.
—Eso quisiera y sería hasta más útil que practicar con el equipo incompleto —señaló de mala gana, para luego seguir su camino, pasando de largo a un lado de Urquhart y los otros dos amigos de su novia.
—¿A donde vas? —llamó el capitán, mirando como el buscador se alejaba.— Vamos a practicar otra hora más, ahora que apareció nuestro guardián —informó, pero lo único que obtuvo fue una seña obscena de Malfoy quien siguió caminando sin inmutarse.
—¿Qué tú no andabas con Paige? —interrogó Leo mirando a Zabini e ignorando todo lo anterior. El moreno clavó sus ojos en el Slytherin menor, elevó una ceja con ironía y contestó.
—Claro, ¿qué estás ciego o qué? Aquí la traigo a un lado —espetó, mostrando la escoba.— Llevamos horas platicando —ironizó, para después seguir los pasos de su rubio amigo, hacia las mazmorras.
—Pero que maldito equipo tengo —resopló Urquhart, negando con la cabeza y apretándose el puente de la nariz.— No me sorprende que sigamos sin ganarle a los de Gryffindor, si cada vez vamos de mal en peor.
—¿Podemos irnos a comer? —preguntaron repentinamente Crabbe y Goyle a espaldas del capitán del equipo, quien los miró de mala manera y les hizo una seña para que se retiraran. Luego se fue caminado y maldiciendo por el mismo camino que habían tomado su golpeador y buscador.
Cole y Leo se miraron entre ellos y sonriendo de medio lado se encogieron de hombros ante la ridícula situación que acaban de presenciar.
—¿No te va a traer problemas lo que pasó? —preguntó Greyback a su amigo, mientras comenzaban a caminar, tomando rumbo a la biblioteca.
—No creo, ya ves que igual todos se fueron por su lado —respondió, restando importancia al asunto.— Lo que me pregunto es, ¿por qué nos habrán mentido la hermana de Astoria y su novio? —comentó pensativo.
—Es claro que Daphne no me traga y seguro Nott fue solo para molestar —aclaró Cole con seguridad.
—Vaya, eso me anima. Que no te quieran a ti por andar detrás de Tory es una cosa, pero ahora que se la vayan a agarrar contra mí...—dijo con tono de broma, ganándose una mala mirada de su amigo.— Ya, hombre, solo molestaba. Como si me importara —concluyó despreocupado, sonriendo.
Ambos chicos rieron y siguieron su camino, a ver si de casualidad las dos chicas que buscaban estaban en el la biblioteca.
O-O-O
—Ni uno solo, a no ser que cuenten los besos en la mejilla —le decía una pelirroja a su amiga castaña, ambas sentadas en una mesa de la biblioteca.
—¿De verdad? —preguntó Astoria con cierta burla, tapándose la boca con las dos manos.
—No todas somos como tú, ¿sabes? —bramó Paige, tan roja o más que si cabello.
—¿Qué quieres decir con eso de "como yo"? —la expresión burlona y de sorpresa se borró para darle paso a unos ojos verdes entrecerrados que destellaron con furia ante las palabras de su amiga.
—Tú eres muy linda y parece que jamás has notado como te miran los chicos —dijo con tranquilidad, jugando con su pluma de halcón.
—¡Por favor! —resopló la castaña, rodando los ojos y suavizando su expresión.— Tú también eres muy linda —añadió, intentando animar a la otra chica.
—Sobra destacar que no hay punto de comparación —declaró de forma cortante.— Tenías doce años cuando varios chicos ya andaban detrás de ti...
—¿Cuales chicos? Si solo era Iván y notaras que no es el gran galán de Hogwarts —informó, enarcando una ceja.
—Serás despistada, ¿verdad? —se rió la pelirroja, intentando no hacer mucho ruido por si Madame Pince andaba por ahí cerca.— Tú entre las francesas eras la más envidiada de las Slytherin. Quizás tú no te dabas cuenta, pero entre todas esas francesas de vestido azules los chicos no dejaban de comentar que jamás habían notado lo linda que la hermana de Daphne —comentó tranquilamente.
—¿Qué la linda hermana de Daphne qué? —se escuchó la voz de Cole cerca de ellas, antes de que Astoria siquiera pudiera procesar la información.
—Aquí Astoria que no se cree que es la más guapa de Slytherin —bromeó Paige, consiguiendo que las mejillas de su amiga se tiñeran de rojo, sin contar que la fulminó con la mirada por el comentario ante la presencia de sus dos amigos. Se suponía que aquello era platica de chicas.
—¿Qué no? Si no se te acercan es porque eres novia de Malfoy —dijo tranquilamente el chico mayor, sentándose a un lado de la castaña, mientras que Leo tomaba asiento a un lado de su prima.
—Eso no es verdad, puedes contar con los dedos de una mano a los que les gusto —se defendió Astoria, intentando lucir indiferente.
—Te aseguro que son varios y más de la mitad son de la edad o mayores que Draco —aseguró Leo, intentando robar la pluma de su prima, pero recibiendo un manotazo por parte de ella, quien seguía molesta por la amistad del chico con Gerladine.
—Lo dudo —volvió a decir la pequeña Greengrass, negando con la cabeza.
—Vale, yo te enumero algunos —dijo Cole. — Empezamos conmigo —comenzó con aire burlón, levantando un dedo se su mano.— Seguimos con Derrick, aunque Draco lo amenace con desfigurarlo, Harper, aunque lo disimule, a Hitchens se le van los ojos cuando te mira, Andrew también piensa que eres guapa, luego está Osborne... —levantando enumerando con la otra mano.
—Ya, ya deja —lo interrumpió Astoria, con las mejillas tintadas de rojo.— Eso es irrelevante, podré gustarle a quien sea, pero...
—Pero andas con Malfoy —completó Leo con sorna.
—Amo a Draco —corrigió ella, arrugando el entrecejo.
—Bueno, solo te aclaramos que tendrías de donde escoger si decidieras dejar a el desabrido de Malfoy —comentó Greyback con cierta burla, ganándose una mirada asesina por parte de la chica de ojos verdes y cabello castaño.
—Ni siquiera estábamos hablando de eso —gruñó rodando los ojos y dado por terminado el tema, que debía admitir, la incomodaba. ¿Qué cualquier chica se sentiría alagada? Bueno, ella no era cualquiera.
—¿De que estaban hablando entonces? —indagó Leo.
—Nada que te importe, entrometido —se apresuró a responder Paige, no fuera a ser que Astoria le regresara la pedrada diciendo lo de los besos. Esos besos en la boca que Paige nunca le había dado a nadie.
Astoria asistió con la cabeza y luego dirigió una mirada a Leo, quien muy campante seguía molestando de forma distraída a su prima, moviendo su pergamino o tintero o libro o lo que alcanzara, sin importarle que recibiera manotazos de vez en vez.
—¿Qué no deberías estar entrenando con el equipo? —preguntó Astoria para cambiar el tema.
—Debería —contestó, levantando la mirada para ver a su amiga.— Pero lo olvide y ya el resto del equipo dejó de entrar —aclaró, encogiéndose de hombros.
—¿Como lo olvidaste si estaba en el tablón de anuncios de la sala común? —lo regañó su prima, pero antes de que él contestara, Astoria habló.
—¿Dejaron de entrenar? —indagó, al tiempo que acomodaba sus cosas, en un claro gesto de que pensaba retirarse.
—Malfoy se fue a las mazmorras, con suerte lo alcanzas —informó Cole, mirando sus uñas, como si le importara repentinamente la apariencia de estas.
—Con suerte —sentenció, tomando sus pertenecías y poniéndose de pie antes de emprender la partida.— Nos vemos al rato —dijo a modo de despedida antes de perderse entre los anaqueles llenos de libros.
—No sé porque te pones así, si sabes de ante mano que lo quiere —comentó Paige, mirando como Cole seguía mirando sus uñas, aunque más que nada sus ojos delataban cierta molestia e indignación.
—Porque él no es bueno para ella —dijo sin siquiera mirar a la pelirroja.— No entiendo que le ven todas a Malfoy, no es el más atlético, no es el más inteligente, vale que a lo mejor es el más rubio y pálido de por aquí, pero tampoco es muy atractivo eso de ser una lagartija alvina, además de que habla como retrasado mental, siempre arrastrando las palabras —gruñó.— Quizás sea el más rico del colegio y aún con eso sigue sin ser suficiente para que las chicas lo miren como un "príncipe" —añadió, golpeando la mesa con cierto fastidio.
—Primero, Draco es un Slytherin con todas las de la ley y siempre ha hecho todo a conveniencia de nuestra casa, sin contar que es el favorito de Snape. Por eso es el príncipe de Slytherin —aclaró Paige.— Segundo, sí es guapo y no habla como retrasado.
—¿Qué tiene de guapo estar pálido como la muerte y delgado como una escoba? —bramó Cole, mirando enseguida a los alrededores por si alguien se quejaba.
—Baja la voz o nos van a echar de aquí —le reprendió Paige, arrugando el entrecejo.
—Al menos hablo como la gente normal y que desesperación con ustedes, mujeres —acusó el castaño de ojos azules.— Malfoy no es nada del otro mundo y tú, aún siendo chica, no negarás que Astoria es muy guapa, demasiado guapa para él y no me acuses, porque no soy el único que piensa eso —dictaminó con coraje.
—Ellos dos hacen una buena pareja, digan lo que digan —defendió la chica a su amiga.
—Ella se merece algo mejor, es inteligente, educada, baila ballet como un ángel, camina como flotando por las nubes, se ve linda con cualquier cosa que se ponga, no es prejuiciosa, es un amor, es la mujer... bueno, es la niña perfecta. —se corrigió.— Es la única chica que vale la pena de Hogwarts —dijo con aire soñador.— Creme que ella se merece algo mejor que Draco con toda su arrogancia y existimos muchos que somos mejores partidos que él —sentenció.
—Pues tendrán que vivir con eso y notar que en la escuela hay más chicas —declaró la pelirroja, dándole un buen golpe a Leo, quien indiferente a todo, había comenzado a dibujar en su pergamino de Adivinaciones.— El mundo no está lleno de chicas guapas, inteligentes, finas y ricas —añadió, molesta. Tomando sus cosas y guardándolas de mala gana, para dirigirles una última mirada a sus dos amigos.— Yo llevo con ustedes desde que entramos a Hogwarts y al parecer ni siquiera cuento como chica. ¡Y no! No es que me guste ninguno de ustedes —se apresuró a decir—, pero es desesperante ver que a Astoria la alagan de buenas a primeras por cualquier cosa —chilló, golpeando a Leo con la mochila antes de abandonar el lugar.
—¿Yo que dije? ¡Si eras tú el que estaba alagando a Astoria! —se quejó el agredido, sobando su brazo.
Cole solo miró a su amigo y negó con la cabeza. Leo si que era despistado o quizás solo se hacía, aunque igual aquello sí había sido su culpa por hacer sentir menos a Paige con tanto hablar de Astoria. Cabe destacar que no era la primera vez que lo hacía, aunque también era más que obvio que Rowle por muy buena amiga que fuera, se molestaría como cualquier otra chica a la que le dijeran que había chicas mucho más guapas que ella y a ella la ignoraran.
O-O-O
Astoria entró a la sala común de Slytherin, ubicando enseguida a su hermana y a Theo sentados en el mismo sofá que no había abandonado desde la mañana.
—Se está bañado y dijo que lo esperes —informó Nott, antes de que su cuñada pudiera preguntar por Draco.
—Que eficaz —bromeó la castaña, sentándose cerca de ellos y dejando sus cosas en el suelo. Suspiró y se frotó el rostro un poco, recordando la platica que había tenido con sus amigos. Durante el camino se había topado con varios chicos y como no queriendo, los había mirado para ver si la veían a ella y quizás era por paranoica, pero al menos la mitad de los chicos habían girado la cabeza para mirarla.
—¿Qué tienes, pulga? —preguntó Daphne, notando que su hermana se quedaba con las manos en el rostro.
—Nada —mintió, intentando sonreír de forma muy forzada.
—Anda y yo te creo porque soy vampira —ironizó la rubia.— Habla —exigió, mirando fijamente a su hermana, igual que Theo, quien por enesima dejaba su lectura de lado. No, no era fácil estudiar en Hogwarts, a no ser que te fueras a refundir en un hoyo en la biblioteca.
—Estaba hablando con Paige de cosas de chicas y... —comenzó a decir, mordiéndose el labio inferior, indecisa de continuar y mirando a Nott.
—Me voy al cuarto a estudiar —suspiró el castaño, interpretando la mirada de la hermana menor de su novia.
—No, no es eso, es que mencionaron algo tonto sobre que yo les gusto a muchos chicos y... —confesó.
—Theo no le dirá nada a Malfoy —sentenció Daphne, tomando a su novio del brazo y obligándolo a que se sentara de nuevo. Él refunfuñó y luego sonrió.
—No sé que podría decirle a Draco que no sepa ya —dijo el chico, soltando una pequeña risa.— Ya le ha callado la boca a muchos y de muy mala forma cuando han hablado de ti —informó, mirando a Astoria.
—¿Hablan de mi hermana y tú no me dices? —recriminó la rubia Greengrass.
—¿Daph, vives debajo de una piedra o qué? Tú has estado ahí cuando llaman guapa a tu hermana y solo dices: 'La belleza es herencia familiar' —declaró Theo, aguantando la risa ante los muchos colores que cruzaban por el rostro de su novia.
—La que vive entonces debajo de una piedra soy yo —suspiró Astoria, fastidiada.
—¿Que vives debajo de dónde? —se escuchó la voz del susodicho rubio.
—Debajo de una piedra —masculló la pequeña Greengrass, haciendo un puchero.
—¿Por qué traes ese humor? —indagó Draco, sentándose a un lado de su novia.
—Si me acompañas a caminar por el lago negro, te digo —chantajeó la castaña, mirando al joven con una ceja alzada.
—Astoria... —murmuró, haciendo una mueca. Era más que obvio que tenía planeada alguna otra cosa que Astoria seguía sin saber que era.
—Me voy a dormir un rato —declaró, levantándose de mala gana y con toda la intención de irse a los dormitorios, pero su hermana la detuvo.
—¿Como que a dormir? Si es medio día —la regañó.
—No tengo nada mejor que hacer —se defendió la menor de las Greengrass, retando a su hermana con la mirada. La rubia volteó a ver a su cuñado en busca de ayuda y Draco suspiró con resignación. ¿Qué más daba encerrarse en la sala de los menesteres si no conseguía nada?
—Vamos a caminar —ofreció el rubio, levantándose para tomar a Astoria de la mano.
—Lo haces solo para que no duerma y no tiene nada de malo dormir —se quejó la castaña, enfatizando más su puchero.
—Conociéndote —le murmuró al oído.— Hay que cuidarte mucho, no sea que se te de por dormir todo el día y dejar de comer de nuevo y así, al grado de que luego no te quieras levantar de la cama —le dijo con seriedad, pero en voz baja, concluyendo sus palabras con un beso detrás de la oreja de la pequeña.
—Pero que mal concepto tienen de mí —murmuró mal humorada ante la acusación, pero con las mejillas rojas por el beso.
—Solo te queremos cuidar —sentenció Draco, tomando a la chica de la mano para que salieran de la sala común. Cuando cruzaron el muro de piedra quedaron en el solitario pasillo de las mazmorras y él volvió a hablar.— ¿Ya me dirás que traes?
—Me comentaron algo que me incomodó —confesó ella.
—¿A quién tengo que maldecir? —dijo el rubio, chasqueando la lengua de forma despectiva.
—No fue así —corrigió Astoria.— Lo que pasó fue que Paige y yo hablábamos sobre chicos y luego me dijo que yo era muy... cotizada, por así decirlo.
—Bueno, eso no es novedad. Tú siempre has sido muy guapa —declaró Malfoy sin inmutarse y ganándose un codazo por parte de su novia.
—Eso no ayuda, ¿sabes? —se quejó.
—Yo no le veo nada malo —indicó Draco, encogiéndose de hombros, restándole importancia al asunto.
—Claro, por eso has amenazados a mucho —ironizó con cierta burla.
—Porque eres mi novia y no me gusta que te incluyan en oraciones donde destacan "está buena" y "me gustaría tirármela" —manifestó, consiguiendo que los colores se subieran al rostro de la pequeña Greengrass, quien masculló algo de lo que solo se entendió 'pervertidos' y 'desocupados'.— ¿Ves porque te defiendo? Pero en sí, no tiene nada de malo que te tachen de guapa, malo fuera que te llamaran trol como a Millicent.
—Como son crueles —rezongó la castaña.
—¿Qué esperabas? Así somos los chicos —fanfarroneó él, riendo un poco, aunque la sonrisa se le fue con la pregunta siguiente que hizo Astoria.
—¿Qué dicen de Paige? —indagó, para convencer a su amiga de que ella también era guapa.
—¿De tu amiga? —preguntó ingenuo, rascándose la barbilla de forma pensativa. ¿Había alguna respuesta correcta para eso? Era como si él preguntaba a Astoria que qué pensaba de ella de Zabini o Nott. Seguramente él se cabrearía si ella respondiera algo bueno, pero las chicas siempre eran tan raras que... — La suelen comprar con la zanahoria con patas, por eso de que son pelirrojas, aunque por alguna rara razón, los chicos descerebrados suelen preferir a la traidora de la sangre.
—¿Qué? —la menor parpadeó e hizo una mueca como si acaba de comer mocos de duende.— ¿Encuentras a Ginny más guapa que Paige? — interrogó con tono de reproche y cara de disgusto.
—¡Claro que no! —se apresuró a decir Draco. ¡Sabía que algo así pasaría!— No me gustan las pelirrojas, son odiosas, solo me gustas tú —declaró solemne, pero como nada parecía salir bien aquel día, le tocó la suerte de que la amiga pelirroja de su novia bajaba las escaleras de mármol. Los ojos verdes aceituna de Rowle derramaron finalmente las lagrimas que intentaba contener desde la librería y acelerando el paso, pasó de largo a un lado de Astoria, golpeándola fuerte en el hombro.
—¡Au! ¡Paige! ¿Qué te pasa? —se quejó la otra, pero sus palabras llegaron a oídos sordos. Astoria volteó a ver a su novio y arrugó el ceño.— ¿Por qué tenías que decir eso justamente cuando pasaba ella? ¿No ves que siente que yo le quito atención por ser "guapa"? —acusó la menor.
—¿Yo? ¿Yo qué iba a saber? —se defendió, sin dar crédito a lo ridículo de la situación.
Astoria solo resopló y se soltó de la mano de su novio para ir detrás de su amiga. Draco pateó el suelo, maldijo y se dispuso mejor a ir a arreglar el dichoso armario evanescente, si no progresaba, por lo menos se podría desquitar haciendo explotar algunas cosas de ahí adentro.
O-O-O
Los días continuaron y no de muy buena manera. Paige se mostraba tajante y distante de Astoria, de hecho, había preferido empezar a juntarse con Geraldine en lugar de estar con ella. Además de que como Leo prefería estar con su prima y la rubia, mientras que Cole se mostraba en la misma actitud que Paige para con ella. Si Astoria no se quedó sola, fue por Draco y Blaise, que le hacían compañía cuando podía, aunque igual en las clases, le comenzó a tocar trabajar con cualquier de otra casa, porque Paige trabajaba con Geraldine y Leo con el chico de siempre.
—Yo no pretendo tomar tu lugar —le había dicho la rubia durante la clase de Runas Antiguas, cuando se pusieron a trabajar juntas para traducir unos pequeños cuentos.— Por el contrario, les digo a cada rato que no entiendo porque te dejan de lado.
—Porque al parecer soy demasiado buena que los opaco —había contestado Astoria de mala gana, antes de decidir que prefería trabajar con el chico de Ravenclaw porque le ayudaba más y la profesora le dio gusto.
Así siguió mal humorada con la actitud de sus amigos, firme en su posición de no hacer nada por acercarse a ellos, pues estaba convencida de que ellos le debían primero una disculpa. Aquello lo único que provocó fue que Paige se molestara más, pensando que ahora Astoria se sentía superior a ella y se fulminaban con la mirada cuando estaban presentes en los entrenamientos de Quidditch de Slytherin. Astoria animando a Draco, cuando este se dignaba a ir, y Paige animando a Leo, quien no lo hacía del todo mal.
—Me haces sentir culpable —le recriminó el rubio a su novia, cuando finalizó uno de los entrenamientos previos al primer partido de la temporada que cada vez se aproximaba más. El clásico, Slytherin contra Gryffindor.
—No es tu culpa que ella sea una cabeza hueca envidiosa —sentenció la pequeña castaña molesta.
—Astoria, te diré lo que me dijiste cuando peleé con Blaise... —intentó argumentar el rubio, mientras caminaba con su novia hacia las mazmorras.
—No es lo mismo, a Blaise lo conoces de más tiempo y él no hizo nada malo, por el contrario Paige está diciendo cosas de mí, como que soy una creída por andar contigo y que me siento más que ella o que las demás —declaró Astoria.
—Princesa, a ti no te consta que todo eso saliera de la boca de Rowle —informó él, parando en seco a mitad del pasillo, girándola y tomándola de la cintura para que quedaran frente a frente.— Mirame, Tory —pidió y refunfuñando, la niña volteó a verlo a los ojos.— Pansy no te traga, ni tampoco esas mocosas de primero y segundo que están mal de la cabeza porque creen que yo andaría con ellas si no estuviera contigo o que tú les puedes quitar a sus novios —dijo con seriedad.
—Vale, pero eso no cambia que ella era mi amiga y se supone que debería de apoyarme, yo jamás me metería con nadie que le gustara a ella —se defendió.— Mejor dicho, yo no me metería con nadie porque te amo —sentenció.
—¿Ya se te olvidó lo me que dijiste, cuando me regañaste? Ella se siente inferior a ti por todos esos comentarios y por como te trata Slughorn y que tú formes parte de ese chanchuyo de los enchufados —se burló.
—Hablando de eso —dijo Astoria, cambiando de forma abrupta el tema que ya la tenía fastidiada.— Slughorn va a dar una fiesta para navidad y bueno, podemos llevar a alguien y... creo que es obvio —insinuó la niña, sonriendo como si le dolieran las muelas.
—No —se rió Draco.— Me niego a ir si no me invita personalmente el viejo, va a pensar que estoy desesperado porque me tome en cuenta —añadió molesto, mirando sin conmoverse mucho ante el puchero de su novia.— Ve con Zabini —le dijo con seriedad.
—Blaise quiere ir con Arise Lympha de Ravenclaw —bufó la castaña, cruzándose de brazos.
—¿La pelinegra esa que me llamó: Molvoy? —preguntó haciendo una mueca de disgusto.
—Vaya, que memoria —se burló un poco.— Pero sí, esa misma es con la quiere ir Blaise.
—Claro que la recuerdo y bueno, también lo he visto un poco con esa, pero no pensé que le interesara tanto —comentó, encogiéndose de hombros.
—Pues, entonces no iré a la dichosa fiesta —sentenció Astoria haciendo un puchero algo chantajista, pero su novio solo negó con la cabeza y la animó para que continuaran caminando hacia la sala común de Slytherin.
El tema de la fiesta de Navidad no se volvió a mencionar entre Draco y Astoria, aunque las chicas que no dejaban de molestar y hacer comentarios venenosos sobre la princesa de Slytherin.
O-O-O
Para el jueves de la siguiente semana Astoria estaba hasta la coronilla con los comentarios y se había puesto en algo parecido a una huelga de silencio. Dirigía miradas desdeñosas y a los únicos que les hablaba era a los maestros a y los que no les podía dejar de hablar (Draco, Blaise, Daphne y Theo), pero de ahí en fuera solo hacía muecas y señas de disgusto.
—¿Podrías hacer algo? —le exigía el rubio Malfoy a Zabini, pero el moreno solo resoplaba y respondía lo mismo.
—A no ser que quiera que las embruje o envenene, que no lo haré, no puedo hacer nada. A Pansy la tengo controlada por lo que le sé, pero aún así no puedo controlar a las otras chicas que no tragan a Astoria.
Aquello solo irritaba más a Malfoy quien encontraba entre la misión frutada que seguía sin progresar y la preocupación por Astoria. El rubio había decidido que a no ser que quisiera quedarse sin novia y que lo expulsara de la escuela, tenía que concentrarse un poco más en los deberes que en arreglar el desdichado armario. Aunque cuando llegaban las cartas de su madre no podía evitar ponerse nervioso y siempre respondía lo mismo: "Estoy trabajando en ello, quizás para Navidad ya esté todo listo", para luego irse a intentar de nuevo los malditos planes que no avanzaban.
La noche del viernes, después de maldecir mucho y mandar a Crabbe y Goyle a la cocina en lo que se les pasaba el efecto de la poción multijugos, Draco se topó con Astoria saliendo de los baños de chicas del segundo piso. No entendía porque la niña salía cuando esos baños llevaban años sin funcionar, pero todo cuadró al ver como se limpiaba las lagrimas del rostro con las mangas de la túnica.
—¿Qué te hicieron? —fue lo primero que preguntó, abrazándola por la espalda y haciéndola sobresaltar del susto.
—Paige me llamó hipócrita —susurró, girándose para acurrucarse en el pecho de su novio.— Quise hacer las paces con ella de una buena vez, pero según ella yo he dicho no sé cuantas cosas de ella a sus espaldas —siguió hablando con voz cortada por las lagrimas.
—Tranquila —intentó calmarla el rubio, abrazándola con fuerza y besando sus mejillas coloradas que sabían saladas.
—¡Ey! ¡Ustedes! ¿Qué creen que hace? ¡Los pasillos no son para andarse besuqueando! —gritó una autoritaria voz, que para su desgracia, Draco identificó.
—¿A ti que demonios te importa para que usa la gente los pasillos? —bramó Malfoy, fulminando con la mirada a Ron Weasley, quien se acercaba a ellos con la reluciente placa de prefecto en su pecho y una cara de pocos amigos muy impropia de él.
—Ah, son ustedes —dijo desdeñoso, resoplando.
—¿No, en serio? Pensé que éramos otros —le respondió despectivamente el rubio, aún sosteniendo a Astoria, quien había hundido su rostro en el pecho de él.
—Mejor váyanse a su hoyo de víboras o los reportaré —amenazó con aires superiores. No había que ser muy listo para asumir que Ron andaba de muy mal genio, no solo porque no aguantaba a Malfoy, si no porque hace no más de 24 horas había discutido con su hermana de forma muy fea.
—¿Qué tú qué? —se rió Draco.— Son las siete, imbécil, tanto Astoria como yo aún tenemos permiso para andar por donde se nos de la gana. Mejor largate a hacer el ridículo por otra parte o a cuidar a la buscona de tu hermana que ha de andar manoseándose por ahí con algún tipo —bramó con veneno.
—¿Cómo te atreves, tú maldito cerdo? —en un ágil movimiento el pelirrojo sacó su varita, dispuesto a llenarle la boca de babosas a ese rubio prepotente como hace años quería hacerlo, pero antes de acordarse de la maldición, una varita de palo de rosa lo apuntaba a él.
—Ya dejen de discutir —pidió Astoria con voz gélida y los ojos figos, aunque rojos por el llanto.
—¿Estabas llorando? —preguntó Ron algo ingenuo, olvidándose por unos segundos de Malfoy.
—Sí —admitió la pequeña Slytherin.—Y Ginny no es ninguna buscona, Draco —añadió, volteando a ver a su novio, quien solo resopló de mala gana.
—Mejor vayámonos que aquí ya comienza a apestar y no lo digo por el baño —dijo el rubio con desdén y haciendo una mueca.
—Huyes como una maldita rata —masculló Ron, volviéndose a cabrear y manteniendo su varita en alto.
—Yo que ti tendría cuidado con eso Weasley, no la sabes usar para nada —molestó con burla.— Hasta tu hermana 'la cualquiera' tiene mejor fama de menear la varita —dijo jocoso, sonriendo de manera mordaz.— Si entiendes, ¿no?
—¡Draco! —lo reprendió Astoria, dando un codazo hacia atrás y golpeando el abdomen del rubio quien gruñó ante la agresión.— Si no se comportan, la que les mostrara lo que se hace con una la varita voy a ser yo —amenazó con cierta ingenuidad en las palabras que acaba de pronunciar, causando una débil risa en los chicos.
—La varita de Malfoy estaba más abajo, Astoria —bromeó Ron, ganándose una mirada asesina que vagamente le recordó a Hermione, solo que ahí había ojos verdes en lugar de los castaños de su amiga. El Gryffindor masculló algo y decidió mejor dejar las cosas de ese tamaño, si solo hubieran sido Malfoy y él seguramente se hubiera peleado pero, pero con Astoria de por medio, defendiendo ambos lados, no era tan fácil que los chicos pelearan.
El pelirrojo caminó por el desolado pasillo, aún iluminado por velas y antes de doblar al fina, echó una mirada hacia donde se habían quedado los Slytherin, topándose con que ahora la pareja se besaba. Hizo una mueca de asco y luego masculló algo donde solo se entendió: «Harry y Cho»... «Malfoy con Astoria»... «Ridículo»... «Hermione»... «Beso»...«Krum»... «Patético yo»...
O-O-O
El día de partido entre Slytherin y Gryffindor se aproximaba y lo único que parecía provocar algo de emoción en Astoria era que Draco atrapara la Snith Dorada y le callara la boca a todos esos que seguían molestado con que el rubio tenía el puesto comprado y no servía para nada. Ya que no podía hacer nada con las habladurías sobre ella, se concentraba en defender mejor a Draco.
Sin embargo, para desgracia de la rubia, el día antes del partido sucedieron dos cosas que no esperaba nadie. Crabbe golpeó sin querer a Vaise con una bludger en la cabeza. El pobre chico se había caído de la escoba y además del descalabro, se había roto una pierna. Nada que no se curara con unos días en la enfermería, pero sin duda tenían que sustituirlo y por decisión unánime el suplente de última hora fue Cole.
—¡Me niego! —bramó Draco en la sala común, mirando a los demás miembros del equipo de forma asesina, incluyendo a Crabbe y por mandar a la enfermería a Vaise y Zabini quien apoyaba la decisión de Urquhart.
—No tenemos a nadie mejor y no voy a hacer audiciones a estas horas —argumentó el capitán del equipo.
—¡Pon a Warrington! —insistió el rubio, negándose a jugar en el equipo con Cole.
—¡Yo soy golpeador, no cazador! —gritó el aludido desde una de las mesas del lugar.
—Si tanto te molesta, pues largate tú del equipo, finalmente jamás le hemos ganado a Gryffindor con tu ayuda —dijo Greyback fríamente, mirando de manera retadora a Malfoy, quien le regresó la mirada gélida. Ambos ojos claros parecían dos pares de cubos de hielo, hasta que finalmente Draco esbozó una sonrisa burlona.
—Perfecto —sentenció, ante el asombro del equipo y los metiches que ahí andaba, incluyendo a su novia.— Pongan a Harper como buscador y si llegan a ganar el juego de esa manera, con este de cazador, renuncio permanentemente y les doy diez galeones a cada uno del equipo —propuso Draco.
—¡Estás loco! —le gritó Blaise, saltando de su asiento.— No haremos tal cosa, sin Vaise ya estamos en desventaja...
—Este de aquí cree que sin mí en el equipo les irá mejor —bramó, señalando a Cole.— ¡Quiero que me lo demuestre!
—No me interesan los galeones —habló Greyback fríamente.— Y yo acepto, pero apostemos algo que valga nuestro orgullo Malfoy —retó el castaño.
—Habla Greyback —animó el rubio, enarcando las cejas.
—Decir el secreto que sabemos del otro —dijo tranquilamente ante la incomprensión de los demás.
—Tú no sabes lo mío —respondió de forma burlona Draco, sonriendo de medio lado.
—Me doy una buena idea que estoy segura está muy cerca de la verdad —declaró con una sonrisa de triunfo, viendo como la sonrisa se borraba del rubio.
—Si dices semejante idiotez te demando por difamación —contestó a la defensiva.
—Claro, la bronca es que sabes que te iría mal si abro la boca. ¿A caso tienes miedo, Malfoy? —molestó Cole. Draco echó una mirada al rededor, si se echaba para atrás seguro que quedaría como un cobarde y ¡Merlín! ¡por el Señor Tenebroso que él aún tenía orgullo propio! ¿Pero arriesgarse a que Greyback sugiriera que era un mortífago...? Bueno él lo había insinuado pero solo con los que sabía que no dirían nada, que no usarían dicha información a su contra. Aunque igual solo podrían comprobarlo si miraban su brazo... y ¿podría ocultarlo? ¿abría algún hechizo que disimulara aunque fuera momentáneamente la marca? Nunca lo había pensado...
—Ya basta con esto, es ridículo —intervino Astoria, levantándose para tomar a Draco del brazo y fulminar a Cole con la mirada.
—¿Te comió la lengua un león, Draco? —insistió de forma burlona.
—Acepto —dijo sin pensar y tres segundos después se maldijo mentalmente. ¿Qué demonios haría si Slytherin ganaba y Cole exponía la idea de que era mortífago? ¡Arg! Nunca pensó que llegara a decir aquello, pero: Ojala que Gryffindor ganara. No, peor aún, él se encargaría de que Slytherin perdiera. Su cabeza le valía más que la casa, además mostraría que él era esencial para el equipo.
—Perfecto, mañana ganaremos —sentenció Cole, ignorante de que así como Malfoy era capaz de hacer cualquier cosa por Slytherin, estaba dispuesto a hacer más por su propia cabeza. No por nada pretendía matar a Dumbledore, era su cabeza o la de ese viejo decrepito.
El rubio chasqueó la lengua y se soltó del agarre de Astoria para ir a dormir, aunque más que eso se encargó de maldecir las camas de Crabbe y Goyle para que los chicos no pudieran dormir. No hizo lo mismo con Zabini, porque sabía que si el moreno sentía algo raro sospecharía de él, no por nada se conocían, pero con Vincent y Gregory no había tanto problema con eso.
Claro que Draco no se conformó solo con eso de que los golpeadores anduvieran más dormidos que despiertos. Les aplicó un confundus después del desayuno y sutilmente dio a entender a Harper lo agradecido que estaría si por pura casualidad perdía. No dijo nada en concreto que alguien pudiera interpretar como soborno, pero los ojos del chico menor brillaron un poco con eso de "ya pronto será navidad." ¡Oh, sí! No por nada era un Malfoy, el chantaje emocional y la buena labia era herencia.
Para la hora del partido las condiciones eran ideales para un buen juego y aunque Draco hubiera querido ir y si podía maldecir a Leo o a Cole en el campo para asegurarse completamente de que Slytherin perdiera, prefirió quedarse en la sala común para hacer más creíble eso de que estaba enfermo.
—Suerte, chicos —dijo Astoria a forma de despedida para luego ir con Draco a hacerle compañía en la sala común.
—Cáiganse de la escoba —murmuró el rubio, antes de bajar por las escaleras de piedra hacia la mazmorra.
—No puedo creer que aceptaras —volvió a decirle Astoria por tercera o cuarta vez en la mañana. Malfoy solo chasqueó la lengua.— ¿Tanto es el orgullo? ¿Qué tienes en contra de Cole? —insistió ante la falta de respuesta.
—Cuando perdamos contra Gryffindor sabrás —sentenció.— Aunque me sorprende que no sea obvio para mucho —añadió desdeñoso.
—Odio que me ocultes cosas, ¿sabes? —indicó mal humorada.— Y me gustaría también saber que eso que Cole supuestamente te sabe.
—Nada creíble —mintió.
—Aja, o sea que seguiré sin saber —se quejó Astoria.
—Lirio de plata —dijo Draco, frente al muro de piedra que les abrió paso a la sala común de Slytherin.
—¡Draco! Te estoy hablando, no me ignores —exigió la menor y antes de que pudiera decir 'Quidditch' el rubio le dio toda su atención. Se paró frente a ella, la tomó de la cintura, la cargó, la llevó al sofá de cuero negro que estaba frente a la chimenea, la recostó y la besó.
—Deja de discutir por necedades y aprovechemos que tenemos casi Slytherin para nosotros solos —susurró Malfoy, sin siquiera darle tiempo de contestar pues la volvió a besar con fiereza.
Astoria refunfuñó un poco al principio, pero al cabo de unos segundos en los que la lengua de Draco jugó dentro de su boca y las mariposas comenzaron a danzar ballet dentro de su estomago, simplemente se dejó llevar. Así pasaron todo el rato en el que se llevó acabo el partido de Qudditch. Mientras afuera anotaban goles contra el equipo verde-plata, Draco y Astoria se besaba y acariciaban sobre el sofá de la sala común, manteniendo pequeñas e intimas conversaciones sobre ellos. No negarían que se la estaban pasado muy bien, seguramente mejor que como se la pasaban allá afuera. Para cuando el partido terminó y llegaron los estudiantes, seguidos del equipo, ellos charlaban del pasado con sonrisas bobas en el rostro, pero sin duda alguna la sonrisa del rubio se acentuó más al ver las caras de todos. Sabía lo que había pasado, pero aún así espero a que le dieran la noticia.
—Perdimos —informó Cole, mirando al arrogante de Malfoy y a Astoria sentada en su regazo. No pudo dejar de pensar que se trataba de un maldito tirano con una bella princesa a su disposición.
—Claramente se diría que perdiste —aclaró Draco con tono de triunfo.
—Cuanto amor para Slytherin —le echó en cara Blaise.— ¡Quedamos en cero! ¡Vergonzosamente en cero contra docientos cincuenta! ¿Sabes lo que es eso? ¡Tendríamos que ganar por quinientos al Hufflepuff! Ni aunque atraparas la snitch en diez segundos podríamos llevar esa ventaja.
—Yo no perdí, porque no jugué —se excusó el rubio, encogiéndose de hombros.
—¡Draco! —chilló Pansy, saliendo de entre el grupo de chicas, que llevaban como siempre sus bufandas verde-plata y algunas banderas de apoyo.— No puedes hablar en serio, ¡no puedes dejar que perdamos la copa de Quidditch y la copa de la casa! —dijo con voz dramática.
—¡Hablas como si éste fuera el único de todo Slytherin que hiciera algo para ganar! —le gritó Cole a la pelinegra.— Por si no has notado, todos aquí aportamos puntos para la casa...
—Vale, que eso no me importa ahora —cortó Draco, pidiéndole a Astoria que se levantara para poderse poner de pie y encarar a Cole.— Perdiste, así que... ¿lo dices tú o lo digo yo? —sentenció, causando que los presentes guardaran silencio absoluto.
—Bien, sé perder —aceptó el castaño, mirando fugazmente la pequeña Greengrass que contenía la respiración igual que varios presentes.— Lo digo yo, aunque me sorprende que nadie antes reparara en ello, porque realmente Greyback no es un apellido común ¿o sí? —dijo encogiéndose de hombros y levantando las manos de forma despreocupada.
—¿Quieres decir qué...? —tartamudeo Astoria, retrocediendo unos pasos.
—Sí, creo que hasta el más tonto de Hufflepuff lo hubiera deducido antes, pero aquí no nos distinguimos por la inteligencia, ¿verdad, Malfoy?
—Llevo una serpiente de escudo, no una águila —masculló con ironía.— Dilo de una vez, deja de darle vueltas —ordenó.
—Soy pariente de Greyback, Fenri Greyback, el hombre lobo —confesó finalmente y el silencio que inundaba hasta entonces la sala común de Slytherin, se quebró el cachitos con los varios gritos de horror.
Astoria abrió la boca asombrada y luego la volvió a cerrar, dejando de ver a Cole para ver a Draco, quien sonreía con triunfo. ¡Merlín! Aquello no era nada bueno, no, ni siquiera un poco, aunque ahora entendía varias cosas, sobre todo porque su prometido no quería a su amigo.
